LA HISTORIA DE LOS JUEGOS OLÍMPICOS: A TRAVÉS DE SUS PROTAGONISTAS
COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT HUMANIDADES Manuel Asensi Pérez
Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València
Ramón Cotarelo
Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia
Mª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València
Juan Manuel Fernández Soria
Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València
Pablo Oñate Rubalcaba
Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València
Joan Romero
Catedrático de Geografía Humana Universitat de València
Juan José Tamayo
Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid
Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales
LA HISTORIA DE LOS JUEGOS OLÍMPICOS: A TRAVÉS DE SUS PROTAGONISTAS
RICARDO MERCADO BRAVO
tirant humanidades Ciudad de México, 2021
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© Ricardo Mercado Bravo
© EDITA: TIRANT LO BLANCH DISTRIBUYE: TIRANT LO BLANCH MÉXICO Av. Tamaulipas 150, Oficina 502 Hipódromo, Cuauhtémoc CP 06100, Ciudad de México Telf: +52 1 55 65502317 infomex@tirant.com www.tirant.com/mex/ www.tirant.es ISBN: 978-84-18802-81-2 MAQUETA: Disset Ediciones Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index. php/empresa/politicas-de-empresa nuestro procedimiento de quejas. Responsabilidad Social Corporativa: http://www.tirant.net/Docs/RSCTirant.pdf
Índice Prólogo..................................................................................................... 9 Epílogo: ¿Qué será del olimpismo moderno?............................................. 13 Introducción.............................................................................................. 17 Much Wenlock y Coubertin: El nacimiento de los Juegos Olímpicos......... 27 Alfréd Hájos: el delfín húngaro................................................................. 31 Mujeres: Margaret Abbot y el caos olímpico............................................. 35 St. Louis 1904: el zoológico humano más grande de la historia................. 39 El primer gran perdedor de la historia: Dorando Pietri y la carrera que marcó a los Juegos Olímpicos para siempre.............................................. 43 Jim Thorpe: entre la gloria y la tragedia.................................................... 47 Un símbolo para todos: los aros olímpicos................................................ 51 Betty Robinson: renacer entre las cenizas.................................................. 55 Johnny Weissmüller: no solo en las películas............................................. 63 Harold Abrahams y Eric Liddell: detrás de Carros de fuego...................... 67 Uruguay 1924: el orgullo de América Latina............................................. 71 Paavo Nurmi: temple de hielo................................................................... 75 Mildred ‘Babe’ Didrikson Zakarias: por voluntad propia.......................... 83 Berlín 1936: el nazismo seduce a los Juegos Olímpicos............................. 87 Gretel Bergmann y Dora Ratjen: una cuestión de identidad...................... 91 Jesse Owens: enemigo interno................................................................... 95 Fanny Blankers Koen, contra todo pronóstico........................................... 99 Ludwig Guttmann: curar a través del deporte........................................... 103 Emil Zátopek: la forma no es igual al fondo............................................. 107 Sangre en el agua: Hungría frente a la Unión Sovíetica.............................. 111 Wilma Rudolph: del polio al Olimpo........................................................ 115 Cassius Clay y el oro en Roma: Ali antes de Ali........................................ 119 Abebe Bikila: el conquistador descalzo...................................................... 123 Dick Fosbury: revolución de espaldas........................................................ 129 El podio eterno: Tommie Smith, John Carlos y Peter Norman en 1968..... 135 Bob Beamon: aquellos seis segundos en México........................................ 143 Múnich 72: entre odio e incompetencia..................................................... 149 Olga Korbut: el socialismo con rostro humano......................................... 155 Por la dignidad: el boicot de la África negra a los JJOO............................ 159 Nadia Comaneci: las múltiples facetas de la perfección............................. 163 Rafaela Silva: de Ciudad de Dios al Olimpo.............................................. 169 Caster Semenya: talento natural................................................................ 173 Michael Phelps: está bien no estar bien..................................................... 179
Prólogo El deporte sin memoria es solo un cascarón. La historia de una gesta deportiva no se puede entender sin darle un vistazo a sus pioneros y a sus revolucionarios. Hay que rebobinar para comprender y valorar. ¿Cómo entender la gimnasia exquisita de Simone Biles sin mirar atrás a Olga Korbut? ¿Sin el tritón Johny Weissmüller la natación sería uno de los grandes deportes en cada ciclo olímpico? ¿Por qué el apellido Beamon es indeleble en el atletismo? El periodismo y la historia se han encargado de registrar las hazañas deportivas, aquellas capacidades físicas descomunales que maravillaron a distintas épocas. Esa labor de conservar los relatos ha sido crucial para reconocer el papel de las heroínas y héroes deportivos. Y es que el deporte funciona también como una herramienta de cambio social. Sí, suena romántico o antaño el planteamiento de que el deporte ayuda a cambiar una sociedad. Y, sin embargo, ocurre. Basta apuntar hacia los Juegos Paralímpicos. El neurólogo Ludwig Guttmann, quien huyó del horror del nazismo, estableció una fórmula inédita para brindarle una mejor calidad de vida a los pacientes que habían sufrido graves lesiones medulares. Muchos de ellos eran antiguos combatientes de guerra que veían sus últimos días aferrados a la morfina y al postramiento. Guttmann no quería que sus pacientes tuvieran un desenlace gris, así que impulsó que participaran en talleres y, después, en actividades físicas. Los pacientes en Stoke Mandeville (Reino Unido) empezaron a tener una mejor vida gracias a la actividad física y prolongaban su media de edad. El deporte era un escape y un impulso. Sin buscarlo, en un hospital se gestó la organización de los Juegos Paralímpicos que tan solo en su más reciente edición, en Tokio, asistieron 4.510 atletas de 162 países. El boxeo para México y, en general para Latinoamérica, ha sido un escape para su realidad. El deporte de los puños ha sido uno de los sinónimos de redención, dolor y superación. Su gran popularidad radica en los barrios y pueblos marginales del país de donde han emergido los ídolos de época como Rubén Púas Olivares o Raúl Ratón Macías. Niñas y niños se ven en el espejo de las y los grandes boxeadores que cobran miles de dólares por cada combate. La vida llena de glamur y millones de seguidores en redes sociales. Y, además, este deporte se ha
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convertido en una forma de empoderamiento para las mexicanas que lo practican como defensa personal ante la violencia machista que azota al país. El deporte profesional contagia al amateur de su mística de grandeza. La fuerza del deporte es visible y, de alguna forma, palpable cada que hay Juegos Olímpicos. Al público no le interesa llenarse de estadísticas que no son digeridas, ni el cúmulo de récords por batir. No. Lo que le atrae son los protagonistas y sus caminos que los llevaron hasta ese momento. Los relatos son clave para enganchar a un televidente, un lector o escucha. Esas historias deportivas son las que, con los años, se convierten en elementos de arrebato e inspiración para las siguientes generaciones. Hay un ingrediente muy importante para el caldero: no se puede construir un relato sobre la estadounidense Mildred Babe Didrikson sin hablar de su contexto. La tres veces medallista en Los Ángeles 1932 tuvo que competir contra sus rivales en variadas disciplinas del atletismo y también contra la discriminación y misoginia de las autoridades del deporte. Y mirar hacia el retrovisor también sirve para evaluar si han mejorado las condiciones o se siguen tomando decisiones en una cúpula llena de hombres blancos, sin apertura ni diversidad. Aquí es donde entra la pluma de Ricardo Mercado. En La historia de los Juegos Olímpicos: a través de sus protagonistas, Mercado disecciona cada ciclo olímpico a través de los rostros que sacudieron una época: un movimiento, una protesta, una hazaña, una derrota inverosímil. El autor utiliza como emblema a una serie de seres humanos dotados de un gran despliegue físico para hablar de los problemas de la sociedad. ¿Cómo hablar de Múnich 1972 sin hacer referencia al brutal ataque terrorista donde 11 miembros del equipo israelí fueron asesinados? Mercado, un ávido coleccionista de historias del deporte, supo elegir muy bien a un escuadrón de grandes deportistas que merecen ser reivindicados. La explosión de las redes sociales y del internet en su esplendor deja de lado aquellas historias de largo aliento a las que hay que consultar para entender los cimientos del deporte moderno. En su lugar se privilegian los highlights en vídeo, lo cuantificable en estadísticas. La calidad, sin embargo, está en esos relatos.
Prólogo
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La tarea de construir un relato es tan minuciosa como ágil. Ricardo Mercado esquiva lo más posible salirse de la rutinaria forma de contar el deporte y no caer en los lugares comunes del lenguaje. Hay una elegancia por desgranar las historias de Abebe Bikila, Nadia Comaneci y Caster Semenya sin que parezca un mero recital de un currículum. Y, claro, también es muy plausible la crítica a todo un sistema como lo es el Comité Olímpico Internacional que ha pecado de ser injusto con las minorías y que, por suerte, intenta cerrar las brechas. El viaje histórico que propone Ricardo Mercado en este libro es uno de esos en los que uno quiere quedarse más tiempo. Si ganar una medalla en unos Juegos es como tocar el Olimpo, el que su legado siga en el recuerdo es un galardón de la memoria que muy pocos pueden alcanzar. Estas son algunas de sus historias.
DIEGO MANCERA DELGADO Periodista mexicano de El País
Epílogo: ¿Qué será del olimpismo moderno? Los Juegos Olímpicos que imaginaron las élites europeas del siglo XIX han ido cambiando de forma pero no de fondo. Su dominio sigue perteneciendo a los directivos nacidos en cuna de oro y a los intereses de promoción nacional que son los que cada cuatro años ponen el efectivo y la infraestructura necesaria para que la rueda del dinero en la que se ha convertido el COI siga operando con total normalidad. Pero, a pesar de todo, también han sido escenario de reivindicaciones sociales y protestas que han marcado y concientizado a millones de personas alrededor del mundo. su poder de representación no puede ser subestimado. Menos ahora que el COI sigue con su inamovible política de no dejar a los atletas expresarse sobre las injusticias que suceden a lo largo y ancho del mundo.1 Como se ha señalado en varias historias de este libro, política y deporte siempre han estado entrelazados aunque a muchos pesos pesados del olimpismo no les agrade del todo. Pero ni siquiera lo anterior es el mayor problema para el movimiento olímpico en la actualidad. Lo más preocupante es cómo podrán los Juegos Olímpicos adaptarse a los tiempos que corren si sus gigantes costos y sus innumerables listas de requisitos cada vez son más perjudiciales para las ciudades que deciden llevarlos a cabo. Hacer una propuesta para hospedar unos Juegos Olímpicos, lo que en otros tiempos atraía votos de manera inmediata, ahora es de un costo político y económico del que pocos quieren hacerse cargo. Los estadios abandonados en Grecia o los centros de entrenamiento en ruinas en Brasil han puesto en tela de juicio los supuestos beneficios que llevan los cinco anillos olímpicos ahí por donde pasan. Ya no basta con mejorar estructuras urbanas y promocionarse ante los ojos del mundo. Los Juegos Olímpicos han ido perdiendo prestigio, y si esa pérdida se refleja en los ratings televisivos, el movimiento olímpico solamente irá dando pequeños pasos hacia el abismo.
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Ingle, Sam. “IOC bans athletes from takin a knee and podium protests at Tokyo Olympics.”, The Guardian, 21 de abril de 2021
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Ricardo Mercado Bravo
La autoridad moral del COI se ha visto mermada también por las promesas vagas que, como muchas otras industrias, ha llevado a cabo. El supuesto apego a los derechos humanos y el ambientalismo se ve difícil cuando los Juegos Olímpicos de invierno serán llevados a cabo en la autoritaria China o cuando se sabe que el costo de los juegos de Japón sobrepasan los 15 mil millones de dólares, el doble de lo inicialmente presupuestado y que podría acabar pasando los 26 mil millones de dólares.2 la idea de hacer nuevas instalaciones, en vez de remodelar nuevas, es la que permea tanto en los comités organizadores como en las altas esferas del COI, y en estos presupuestos astronómicos es donde se ven reflejadas. El cuidado del medio ambiente se complica todavía más cuando alrededor de 14,000 atletas tienen que ser recibidos por la ciudad sede, además de lo que implica mover a más de 78,000 voluntarios. Aunado al problema de los costos y del futuro inmediato, está el qué va hacer el COI con el avance de la tecnología y lo que esto implica en varias esferas del deporte. Los escándalos por dopaje muestran que éste ha avanzado por los cada vez más sutiles métodos que le permitieron a Rusia vencer un sinfín de medallas en la década pasada. Como nos enseña la historia olímpica, los problemas con el dopaje no pararán ahí, incluso hay voces que llaman a regularlo en vez de prohibirlo.3 Asimismo, la tecnología implica el avance de los e-sports, que tarde o temprano podrían tener cabida en el programa olímpico, no sin antes de que el tema de si pueden ser llamados deportes, o no, se discuta. La discusión encarnizada sobre temas de género, que tomó fuerza con Caster Semenya, no terminará solo con el retiro de la atleta sudafricana. Es algo que apenas comienza. La inclusión de las atletas intersexuales será un tema que siga golpeando a la puerta del COI y de la World Athletics, cuyo rumor solo incrementará con la posible inclusión de atletas transgénero. En suma, la definición del COI y de sus miembros de sobre a qué género pertenece una o un deportista será crucial para que los Juegos Olímpicos puedan seducir a las generacio-
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Vidal Liy, “Japón contra Tokyo”, El País, 18 de mayo de 2021. Savulescu, Julian. “A doping manifesto”, Aeon Magazine,
Epílogo: ¿Qué será del olimpismo moderno?
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nes futuras, cuyas concepciones se alejan de manera ininterrumpida de aquellas sostenidas por los mandatarios del deporte internacional. Como espectadores es cada vez más difícil tener voz y voto en cómo se están efectuando las cosas en las altas esferas del movimiento olímpico; pero tener una visión crítica e informada de la historia, y de la actualidad del mismo, nos da para pensar si los Juegos Olímpicos siguen siendo el evento deportivo que ilusiona, que hace pensar que un mundo más pacífico y mejor es posible. El mundo se está reinventando, ¿el movimiento olímpico también tendrá la habilidad de hacerlo?
Introducción Dentro de las cátedras universitarias y de los círculos intelectuales de casi toda Hispanoamérica hay un objeto de estudio que ha sido pasado de alto: el deporte. Visto como un tema que interesa a las masas iletradas, el estudio del deporte, y las tramas que se desarrollan en su interior, siempre han sido vistas como un ente extraño y secundario, de menor importancia a pesar de que su rol en la sociedad va más allá de los que pasa en las pistas, duelas y canchas; su peso social es, desde hace más de cien años, tremendamente importante para los millones de personas que lo ven, practican y disfrutan día con día. Los deportes que conocemos hoy en día tienen sus raíces en los juegos medievales europeos, pero su secularización y posterior reglamentación en el siglo XIX por parte de las clases medias y altas, en especial las del Reino Unido y Francia, fueron las claves para que tomaran el rol educativo y de espectáculo que sigue ostentando hasta el día de hoy. A ello también contribuyeron los millones de personas que emigraron del campo a la ciudad para crear las primeras ciudades industrializadas del mundo; sus ansias de ser entretenidos y el despertar de una consciencia de clase, llevaron a las masas del siglo XIX a enamorarse del deporte, en especial de aquellos que se juegan en conjunto. Por ello no se puede separar al deporte, como fenómeno social, del capitalismo. El sistema económico en el que vivimos compartió ciertos ingredientes, como el nacionalismo y el impulso del poder hegemónico de la época, para que su increíble expansión se diera a pasos agigantados. En este libro, que no tiene mayores pretensiones que ser un texto de divulgación de fácil consulta, se busca contar, en su mayoría por medio de historias individuales, cómo se han reflejado ciertos cambios en torno a la raza, la política, la religión, la salud mental, y hasta en temas de género, en el drama deportivo que cada cuatro años despliegan antes los ojos del mundo el Comité Olímpico Internacional (COI) y la ciudad sede en turno. No hay duda que casi 130 años después de su creación, los Juegos Olímpicos siguen siendo el evento más importante en el mundo del deporte. A pesar de que el futbol cada día gana más adeptos en rincones del mundo donde parecía una imposible que algún día llegase, y su
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Copa del Mundo cada vez sea más vista, el evento que se mantiene como la máxima “fiesta” el deporte sigue siendo aquel que cobija a los deportes minoritarios y el que le da un lugar a casi todos los países del mundo. creado en la Francia de la Belle Epoque de la mano de un aristócrata francés, el olimpismo moderno lleva desde 1894 dando de qué hablar y su influencia y poder en diversas esferas de la sociedad no han dejado de tener un avance sostenido. A pesar de ello, las historias de muchas de las mujeres y hombres que han hecho posible que el deporte esté en el lugar privilegiado en el que se encuentra hoy día han sido, en su mayoría, edulcoradas y, por consiguiente, contadas a conveniencia del COI y el status quo que se encuentra detrás de dicha organización. La lógica mercantil que ahora impera dentro del COI, ha llevado al organismo deportivo más poderoso del mundo a no ahondar mucho en su historia y en el abanico de caras negras de su pasado que puedan trastocar la máquina comercial en la que se ha convertido el olimpismo. Esto también se apoya en una extensa literatura que ha perpetuado la forma de ver al deporte como mero entretenimiento, que romantiza las gestas de los personajes que han forjado la leyenda del olimpismo moderno y que lo hace a costa de una visión más preocupada con el contexto y los conflictos sociales que también han tenido, y siguen teniendo, un rol imprescindible en cada decisión del COI. En su mayoría son textos que se escriben desde una perspectiva que está alejada de las ciencias sociales y que tienen un discurso mucho más cercano a la autoayuda. En este conjunto de historias, que son 33 como el número de ciclos olímpicos que ha habido hasta la fecha, se busca ver la historia olímpica desde una perspectiva crítica y los más apegada posible a la verdad histórica, sin que esta sea tediosa, aleccionadora o de difícil digestión para los lectores. Desde Margaret Abbott hasta Rafaela Silva y Caster Semenya; desde las primeras leyendas globales del deporte como Alfréd Hajós y Dorando Pietri hasta Michael Phelps, este libro busca dar una visión global de la historia olímpica a partir de las particulares historias de individuos, símbolos y momentos icónicos que han forjado casi 13 décadas de deporte olímpico moderno. Las historias se dividen en cuatro bloques temporales, por ello el acomodo de las mismas van acorde a una línea de carácter tradi-
Introducción
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cional; es decir, empieza desde Atenas 1896 y termina en Rio 2016. El primer bloque engloba los difíciles primeros pasos del olimpismo moderno, los personajes, acontecimientos y símbolos que ayudaron a que los Juegos Olímpicos se mantuvieran a flote a pesar de la llegada de la Primera Guerra Mundial. Todo comienza con los traumas personales, y las ideas de la intelligentsia de las élites cosmopolitas de finales del siglo XIX, que llevaron a Pierre Fredy de Coubertin a ser el hombre clave para que el olimpismo moderno primero conquistara el mundo occidental para posteriormente universalizarse. Sigue con la historia de Alfred Hajos, el joven húngaro que conquistó dos medallas de oro en el frío mar Egeo para convertirse en el primer nadador legendario del movimiento olímpico internacional. Dentro del primer periodo del olimpismo también aparecen las primeras mujeres atletas. Margaret Abbot, quien residía en París en 1900, se convirtió en la primera mujer estadounidense en ganar una competición olímpica, aunque murió sin siquiera saberlo por culpa de la tremenda desorganización de los Juegos Olímpicos de París 1900 y su papel secundario frente a la exposición universal organizada por la capital francesa en ese mismo año. Tras la afortunada aparición de la mujer en olimpismo moderno, los Juegos Olímpicos viajaron a St. Louis, Misuri, una ciudad emergente que no podría estar más alejada de la vibrante París de principios del siglo pasado. Otra vez bajo a sombra de una exposición universal, a los Juegos Olímpicos los marcó una de las más grandes manchas negras de su pasado cuando los organizadores de ambos eventos decidieron montar el zoológico humano más grande de todos los tiempos. Un espectáculo terrible que mostraba la cara más fea del colonialismo occidental. Tras las horas más bajas del COI en los primeros Juegos realizados por los Estados Unidos, los Olímpicos llegaron a Londres y con ellos la primera figura mediática internacional de esta competición. Dorando Pietri, un joven corredor de una pequeña ciudad del norte de Italia, se robó los corazones de la prensa, Sir Arthur Conan Doyle y hasta de la Reina de Inglaterra tras el dramático final del maratón que lo vio colapsar pero que fraguó su leyenda deportiva por siempre.
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Antes de que en Europa se desatara la terrible violencia de la Gran Guerra, un joven nativo americano dominó a placer el pentatlón y el decatlón en Estocolmo 1912 para comenzar su encomiable trayectoria como atleta. Jim Thorpe no solo irrumpió con todo su talento en Suecia, también se convirtió en una de las primeras figuras deportivas que escapaban de las élites blancas y adineradas que conformaban el grueso de los atletas de las primeras ediciones de los Juegos Olímpicos. Para cerrar la primera parte, aparece la mayor creación del barón de Coubertin: los anillos olímpicos. En aras de que el movimiento olímpico moderno siguiera en ascenso, a Coubertin se le ocurrió un símbolo que englobase la idea internacionalista y romántica de unión y paz entre las naciones del orbe. El resultado fue un símbolo tan exitoso que es prácticamente el mismo después de más de un siglo desde su creación y que le sigue dando grandes dividendos a un COI diametralmente distinto al que fundó el barón de Coubertin casi 130 años atrás. En la segunda parte, que abarca el periodo de entreguerras y se compone de nueve historias, se busca retratar uno de los periodos más especiales de la historia olímpica a través de figuras que han pasado a ser auténticas leyendas en sus países olímpicos y de otras que han sido castigadas por el paso del tiempo, que con las mujeres de este periodo ha sido especialmente cruel. Betty Robinson, quien sigue siendo la mujer más jóven en ganar los 100 metros planos, es la primera estrella de los primeros Juegos Olímpicos donde las mujeres pudieron formar parte de competiciones puramente atléticas, un esfuerzo que pudo concretarse gracias a Alice Milliat, la madre del deporte femenil, y también a que el profundamente conservador en temas de género, el barón de Coubertin, había dejado la presidencia del COI. Una de las primeras y más grandes figuras de Hollywood también lo fue en las albercas olímpicas. El mítico actor Johnny Weissmuller fue uno de los mejores nadadores de todos los tiempos y su imbatibilidad en París 1924 y Amsterdam 1928 lo encumbraron como un héroe del deporte moderno a pesar de que su atemporal Tarzán de las películas terminara por mandar al olvido su ilustre carrera deportiva.