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Vania en la calle 42 (Louis Malle, 1994) es una de las mejores «pequeñas películas» de la historia del cine. Fruto de la confluencia de una serie de felices coincidencias que van desde el encuentro de Malle, al final de su vida, con los ensayos que el director teatral André Gregory hacía de un Tío Vania adaptado por David Mamet, en un pequeño teatro de Nueva York, al estado de gracia de actores como Wallace Shawn o Julianne Moore, el filme trasciende las posibilidades del teatro filmado para constituir una obra de arte originalísima llena de sugerencias para quienes les interese el estudio de las pasiones y los conflictos humanos. Escribió el sociólogo T. H. Marshall, en sus célebres ensayos sobre la ciudadanía, que la desigualdad podría mantenerse siempre que no generara en aquellos que la padecían, la sensación de merecer una vida mejor. Pero, ése es, justamente, el conocido lamento de Voinitski. La frustración, la sensación de vida malgastada, la crítica al mérito académico, fueron temas sobre los que Chéjov escribió y que el autor de Glengarry Glen Rose, David Mamet, supo sublimar con una serie de estilemas muy personales que evocan su propio universo temático: el revés del sueño americano, los desajustes profundos del modelo socio-económico del capitalismo, las promesas no cumplidas de la tierra de las oportunidades, la decepción sobre los nuevos valores morales que la modernidad debería haber traído consigo. La extraordinaria intuición y sensibilidad humana del dramaturgo ruso todavía permite ilustrar cuestiones actuales como los efectos a pequeña escala de las grandes ideas sociales, jurídicas y políticas. Este libro aborda el filme de Malle a partir de las ideas de decepción y de mérito personal, sin olvidar otras cuestiones que interesan a los lectores de esta colección: la esperanza, el poder, la ecología o la solidaridad.

VANIA EN LA CALLE 42

cine y derecho/cinemateca

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VANIA EN LA CALLE 42 MÉRITO Y DECEPCIÓN JESÚS GARCÍA CÍVICO

cine y derecho • cinemateca


VANIA EN LA CALLE 42 Mérito y decepción


COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT LO BLANCH

María José Añón Roig

Javier de Lucas Martín

Ana Cañizares Laso

Víctor Moreno Catena

Catedrática de Filosofía del Derecho de la Universidad de Valencia Catedrática de Derecho Civil de la Universidad de Málaga

Jorge A. Cerdio Herrán

Catedrático de Teoría y Filosofía de Derecho. Instituto Tecnológico Autónomo de México

José Ramón Cossío Díaz

Ministro de la Suprema Corte de Justicia de México

Eduardo Ferrer Mac-Gregor Poisot

Presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM

Owen Fiss

Catedrático emérito de Teoría del Derecho de la Universidad de Yale (EEUU)

José Antonio García-Cruces González

Catedrático de Derecho Mercantil de la UNED

Luis López Guerra

Juez del Tribunal Europeo de Derechos Humanos Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Carlos III de Madrid

Ángel M. López y López

Catedrático de Derecho Civil de la Universidad de Sevilla

Marta Lorente Sariñena

Catedrática de Historia del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid

Catedrático de Filosofía del Derecho y Filosofía Política de la Universidad de Valencia Catedrático de Derecho Procesal de la Universidad Carlos III de Madrid

Francisco Muñoz Conde

Catedrático de Derecho Penal de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla

Angelika Nussberger

Jueza del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Catedrática de Derecho Internacional de la Universidad de Colonia (Alemania)

Héctor Olasolo Alonso

Catedrático de Derecho Internacional de la Universidad del Rosario (Colombia) y Presidente del Instituto Ibero-Americano de La Haya (Holanda)

Luciano Parejo Alfonso

Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Carlos III de Madrid

Tomás Sala Franco

Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad de Valencia

Ignacio Sancho Gargallo

Magistrado de la Sala Primera (Civil) del Tribunal Supremo de España

Tomás S. Vives Antón

Catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Valencia

Ruth Zimmerling

Catedrática de Ciencia Política de la Universidad de Mainz (Alemania)

Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales


VANIA EN LA CALLE 42 Mérito y decepción

Jesús García Cívico

CINE Y DERECHO

cinemateca Valencia, 2018


Copyright ® 2018 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito del autor y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com.

Director de la Colección:

Javier de Lucas

Catedrático de Filosofía del Derecho Coordinador:

Mario Ruiz Sanz

Profesor Titular de Filosofía del Derecho

© Jesús García Cívico

© TIRANT LO BLANCH EDITA: TIRANT LO BLANCH C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: www.tirant.es ISBN: 978-84-9169-888-3 MAQUETA: Tink Factoría de Color Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor lea, en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro Procedimiento de quejas. Responsabilidad Social Corporativa: http://www.tirant.net/Docs/RSCTirant.pdf


«El escritor es alguien que observa y entiende el mundo en el que vive antes de materializar este conocimiento en historias, personajes, escenificaciones, imágenes o sonidos (...) ¿Qué mejor introducción de las conductas y las pasiones humanas que sumergirse en la obra de los grandes escritores que se dedican a esta tarea desde hace miles de años?» Tzevan Todorov La literatura en peligro VOINITSKI: ¡Una vida perdida! Yo soy un hombre de talento, inteligente, audaz... Con una existencia normal, de mí habría podido salir un Schopenhauer, un Dostoievski... ¡Me he hundido! Estoy perdiendo el juicio... ¡Madre mía, qué desesperación! ¡Madre! Antón Chéjov, Tío Vania


ÍNDICE Ficha técnica......................................................................................................... 11 A modo de introducción........................................................................................ 13

I. ¿POR QUÉ VANIA EN LA CALLE 42 EN LA COLECCIÓN CINE Y DERECHO?.......................................................................................................

13

II. VANIA EN LA CALLE 42: UN ENCUENTRO.............................................. 17

III. LAS DOS TRAMAS................................................................................... 19

IV. ANTÓN CHÉJOV: UNA ESTÉTICA PARA UNA ÉTICA................................

V. LOUIS MALLE: EXTRAORDINARIO EJEMPLO DE LA SUSPENSIÓN DE LA MORAL............................................................................................... 27

VI. DAVID MAMET: LA FRUSTRACIÓN, EL REVÉS DEL CAPITALISMO Y LOS SERES PEQUEÑOS UN SIGLO DESPUÉS DE CHÉJOV.............................

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VII. MAMET: TEMAS SOCIALES Y POLÍTICOS................................................ De Emerson a Mamet: el lado oscuro del sueño americano...................... El individuo echado a su suerte: movilidad vertical y mérito individual.....

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VIII. DOS POÉTICAS PARA DOS ESTILOS: TÍO VANIA Y VANIA EN LA CALLE 42............................................................................................................

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IX. SOBRE LAS POSIBILIDADES DEL RELATO LITERARIO Y CINEMATOGRÁFICO.................................................................................................

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X. UNAS NOTAS SOBRE LA INJUSTICIA: CUESTIONES DE SENSIBILIDAD HUMANA.................................................................................................

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XI. EL MÉRITO, EL TALENTO: DOS IDEAS DE VANIA EN LA CALLE 42......... 63 El personaje de Tío Vania:......................................................................... 67 El esfuerzo sin recompensa...................................................................... 67 La infelicidad: unos apuntes..................................................................... 78 El suicidio (el episodio de la morfina)........................................................ 81

XII. ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE EL PODER A PROPÓSITO DE LA VENTA DE LA FINCA.......................................................................................

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XIII. ASTROV: EL ALEGATO ECOLÓGICO....................................................... 91 XIV. LA (S) PUESTA (S) EN ESCENA ACORDE CON DOS ESTILOS.................. 97 Finales: a modo de síntesis.................................................................................... 103 Bibliografía............................................................................................................ 107


VANIA EN LA CALLE 42 mérito y decepción

FICHA TÉCNICA Título original

Vanya on 42nd Street

Año

1994

Duración

119 min.

País

Estados Unidos

Dirección

Louis Malle

Guión

David Mamet (Obra: Antón Chéjov)

Música

Joshua Redman

Fotografía

Declan Quinn

Reparto

Julianne Moore, George Gaynes, Brooke Smith, Wallace Shawn, Larry Pine, Phoebe Brand, Jerry Mayer, Lynn Cohen, Madhur Jaffrey, Andre Gregory

Productora

Mayfair Entertainment International / Channel Four Films

Género

Drama | Teatro


I. ¿POR QUÉ VANIA EN LA CALLE 42 EN LA COLECCIÓN CINE Y DERECHO?

A MODO DE INTRODUCCIÓN Pensar que una película como Vania en la calle 42 tiene algo importante que decir a aquellos interesados por el derecho es una forma acertada e inteligente de pensar, pero creo que requiere una matización previa. Concretamente, creo que considerar valiosa la adaptación que el cineasta francés Louis Malle y el guionista norteamericano David Mamet hicieron de la obra clásica de Anton Chéjov, Tío Vania, a los efectos de echar luz sobre alguna cuestión importante relacionada con la justicia y con el fenómeno jurídico significa compartir o asumir, junto a la valoración de la interdisciplinariedad (o al menos de la multidisciplinariedad), uno o dos de los siguientes presupuestos: el primero es que el derecho tiene una profunda dimensión cultural; el segundo es que el discurso científico, en el sentido más extendido del término, no agota las posibilidades del conocimiento del ser humano, particularmente de sus contradicciones, anhelos y vicisitudes, de su complejidad, de sus inquietudes existenciales y de esos conflictos que, al fin y al cabo, son, desde antiguo, el principal objeto de preocupación de la justicia y el derecho. Lo primero, la dimensión cultural del derecho, apunta a una concepción del mismo que excede tanto de visiones formalistas como de concesiones sociológicas del mismo concentradas únicamente en cuestiones de eficacia. Lo segundo, la pertinencia de otras formas, distintas de la científica, de conocer al sujeto de las normas jurídicas (los seres humanos, sus relaciones sociales públicas y privadas, etc.) implica compartir, entre otras, aquella reflexión bellamente expresada por Milan Kundera, acerca de que desde la modernidad corresponde a la literatura hacerse cargo de


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aquel «olvido del ser» en el que Husserl cifraba la decadencia de la cultura europea. Este libro tiene una naturaleza formal muy sintética, por ello es interesante dejar claro ya cuál o cuáles son los temas que Vania en la calle 42 trata como para resultar una obra sugerente para los estudiosos del derecho: en mi opinión, la extraordinaria película de Malle, una de las mejores del cine que se hizo a finales del pasado siglo, consigue sublimar la extraordinaria intuición (y la gran sensibilidad humana y social) del dramaturgo ruso, esto es, la intuición de que había un mundo muy bien conocido, un universo (o micro-universo) de normas, instituciones e interrelaciones personales cuyas estructuras se estaban comenzando a desmoronar para abrir paso a otro mundo (éste más amplio y global) que se conocía menos bien. En ese «nuevo mundo de relaciones interpersonales» se entreveían ya, si se tenía la sensibilidad de Chéjov, una serie de aspiraciones inéditas y de nuevos deseos que tenían que ver con el desarrollo personal, con la igualdad y con las ambiciones legítimas, y, correlativamente, una serie de nuevas frustraciones desde las que aún se padecían, y a la vez ya se cuestionaban, antiguas distribuciones de roles y de poder. Un microcosmos antiguamente ordenado, el de la vida del campo, o «de provincias», que comenzaba a resquebrajarse y sobre cuyas fisuras hizo Chéjov una obra inmortal y la pareja Malle/ Mamet una obra cinematográfica de primera categoría, una obra, el filme que nos ocupa, desde la que es posible reflexionar sobre cuestiones tan distintas como el amor, la igualdad, la solidaridad, el sacrificio, la decepción, el mérito personal o la ecología. La extraordinaria película de Malle, una de las mejores del «cine pequeño» de todos los tiempos, consigue sublimar, a través de los estilemas propios de la literatura de Mamet, a través de un estilo y una poética dramática muy actual, muy peculiar, la extraordinaria intuición (y sensibilidad humana y social) del dramaturgo ruso y a la vez ilustrar ese tipo de ámbitos de proximidad que resultan siempre actuales y donde resultan perceptibles los efectos de las grandes ideas sociales, jurídicas y políticas. El desarrollo de nuestro estudio incluye un breve estudio comparativo entre la obra del dramaturgo ruso Antón Chéjov, Tío Vania (1899) y la película Vania en la calle 42 (1991) del cineasta francés Louis Malle. Básicamente aborda la adaptación cinematográfica del clásico de Chéjov por


Vania en la calle 42: mérito y decepción

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parte de Malle y del director teatral André Gregory, tanto como ejemplo de intersección imaginativa de géneros narrativos, como a partir de la comparación de los temas del dramaturgo ruso con algunas de las constantes temáticas propias de los textos del guionista David Mamet: la crítica social, la frustración, la derrota y las relaciones de poder. A menudo, según veremos, los personajes de los guiones de Mamet recuerdan a los de Chéjov por sus vidas rutinarias y por las escasas posibilidades que la vida les ofrece para cambiar su destino. A su vez, la obra de este guionista de Chicago, en la medida en que hace una crítica explícita de los desajustes más profundos del modelo socio-económico norteamericano, permite algunas aproximaciones desde el ángulo de la filosofía política.


II. VANIA EN LA CALLE 42: UN ENCUENTRO ¿Cómo surge una obra como Vania en la calle 42? En Bambi contra Goliat, Mamet insiste en que una película es obra de todos los que participan en ella (Mamet, p. 21). Esto es particularmente cierto en este filme de Louis Malle. Como sucede con algunas obras excepcionales, la que nos interesa aquí es también el resultado feliz de una serie de encuentros casuales, aportaciones colectivas y hallazgos irrepetibles que se dieron en una interrupción del «guión de la vida» del propio Louis Malle, quien en 1994 se encontraba frente a un tiempo inesperado como consecuencia de ciertos problemas de producción de un proyecto cinematográfico malogrado que tenía a la figura de Marlene Dietrich como protagonista. En ese lapso de tiempo libre, por inesperado, y ya acompañado por la amenaza de un infarto, Malle asistió a los peculiarísimos ensayos que su amigo, el director teatral André Gregory, hacía de un Tío Vania adaptado al inglés por David Mamet, en un pequeño teatro de Nueva York. La compañía «Manhattan Project» de Gregory atravesaba, igualmente, su propia crisis. Una crisis de público y de financiación debida, entre otros motivos, al tono crítico que Gregory daba a no pocos elementos de los que nos interesan aquí: el sueño americano, la sociedad contemporánea como presa de las «pesadillas» y reveses del ambiguo discurso sobre «la tierra de las oportunidades»: exclusión, frustración y promesas no cumplidas de una metáfora (y de una poética, en el sentido que la da Clifford Geertz) empeñada en hacer conmovedoras las desigualdades que funda. André Gregory, que participa en el filme, se veía obligado, pues, a otro tipo de improvisación: la búsqueda de un formato nuevo y asequible para poder sacar adelante sus proyectos dramáticos. Ante la falta de medios, y para evitar el desánimo y la dispersión del equipo de actores, Gregory decidió no paralizar los ensayos de Tío Vania, sino continuarlos, como si el estreno fuera inminente, en un teatro abandonado, crepuscular y semiderruido: el New Ámsterdam.


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Con una serie memorable de actores (Julianne Moore y Wallace Shawn a la cabeza) Gregory continuó ensayando, enriqueciéndola, la obra de Chéjov. Sin apenas publicidad, ni cobro de entradas, y a través de un restringido «boca a boca», se invitaba a asistir a una representación insólita: dos horas de teatro «vivo», sin vestuario, ni artificios, con muchos descansos y piscolabis entre actos, el escaso público (entre otros, nombres como los de Susan Sontag, Robert Altman, Richard Avedon o Woody Allen fueron espectadores de excepción) compartía las entrañas de una producción teatral rodeada de actuaciones soberbias y una atmósfera mágica. La formidable impresión que todo esto causó en Louis Malle le llevó a trasladar esa experiencia a la pantalla de cine, con un presupuesto mínimo, escasos medios técnicos, pero con una fuerza dada por el talento y el amor cómplice por el teatro que debieron recordarle los aires frescos de libertad e innovación que caracterizaron en Francia, unas décadas antes, aquella nouvelle vague de la que fue, junto a cineastas como Truffaut, Chabrol o Godard, un imprescindible protagonista. ¿Qué diferencias y similitudes, convergencias y divergencias se presentan entre el texto de Chéjov y el filme que nos interesa aquí?


III. LAS DOS TRAMAS El argumento de Tío Vania resulta bien conocido: dividido en cuatro actos, se trata, como reza el subtítulo de la obra, de una serie de «Escenas de la vida en el campo». El primer acto comienza con un diálogo que denota pronto una tierna complicidad entre los personajes de Marina, la vieja niñera, y el joven y apuesto doctor Astrov, a los que pronto se les une Voinitski, el tío Vania, quien es el encargado de introducir el hecho sobre el que comienzan a gravitar todos los pequeños acontecimientos: la llegada a la finca del profesor, el ex-catedrático Serebriakov, acompañado de su nueva, joven y bella esposa, Elena Andreiévna. De repente la llegada del académico y su bella esposa ha alterado el orden de los días, Astrov ha acudido a cuidar de un reuma que el quejumbroso Serebriakov, en realidad, no tiene. Es ésa solo una de las muestras de egoísmo, insensibilidad, lejanía e incomprensión que parece traer consigo la pareja recién llegada. Serebriakov es un personaje envanecido al que Vania (hermano de su primera mujer) envidia por el encanto y la belleza de su nueva esposa, Elena, y, quizás, (se verá después) porque ha tenido el protagonismo de una vida ajena al sacrificio y a la privación. El profesor es objeto de todo tipo de atenciones, desde los dados por su hija, Sonia, otro de los personajes principales, al pobre hombre Teleguin, o la misma Elena. Serebriakov se muestra con todos desagradecido, incluso sabemos enseguida de la propia soledad que su matrimonio (lastrado por la diferencia de salud y de edad) arrastra consigo. Pronto se entrevé, en el reducido espacio de la finca, el solitario cruce de pasiones amorosas imposibles o no correspondidas: Sonia, la joven sacrificada en las obligaciones diarias, poco a poco resignada por la forma en la que avanza la vida, presa del trabajo de la finca y del pequeño horizonte que ésta le ofrece, está secretamente enamorada del idealista y amante de la naturaleza Astrov; Vania, por su parte, lamenta lo inaccesible de la bella Elena, esposa, lamentablemente, dice, «fiel a su viejo y quejumbroso


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marido». Pronto Astrov también queda prendado de ella. El acto termina con Vania, entre la comicidad y el patetismo, intentando intimar con Elena en cuyo hermoso rostro ve reflejada inopinadamente su vida pequeña, sacrificada y triste. En un segundo acto, ya es de noche, se pone de manifiesto la infelicidad entre Elena y Serebriakov, la tensión entre éste y Vania. Al mismo tiempo, se acentúan las declaraciones de amor de Vania no correspondidas por Elena. Elena sigue mostrándose distante, frívola e indolente. A continuación, en un monólogo fundamental, Vania, borracho, confiesa que una vez admiró al viejo profesor, y eso empujó muchos de sus sacrificios, hoy se da cuenta de que el profesor de arte, en realidad, no sabe nada: es un ser vacuo, vanidoso y pedante y «como todos», un ser humano vulgar. Sonia y Astrov mantienen un diálogo en el que queda patente la admiración de ésta por el médico, ella le recrimina con dulzura que beba, le sugiere veladamente que alguien (ella misma, aunque no se lo confiesa), le ama, el doctor elude la cuestión, le responde que él anda preocupado por otras cosas, sobre todo, por el bosque. El acto termina con un diálogo cómplice entre Sonia y Elena en el que Sonia le confiesa su amor secreto por Astrov. Elena decide ayudarla, aunque de forma paralela tenga interés en averiguar por su propia vanidad cuáles son los sentimientos que alberga Astrov. El tercer acto supone el desenlace de todas las tensiones, Elena está a punto de perder la paciencia ante las declaraciones cada vez más intensas de Voinitski. Luego se reúne con Astrov, ella se sabe amada por el médico, pero su papel en el diálogo es el de averiguar si la joven y poco agraciada Sonia tiene alguna esperanza. Astrov le dice claramente que no siente nada por Sonia, entendiendo quizás sus palabras (las de Elena) como una sutil, rebuscada y cruel declaración; a continuación, él mismo le declara su amor, la llega a abrazar, se quieren prometer un beso, se besan, pero son interrumpidos por Voinitski, quien interpreta todo como un gesto más de la frívola indolencia de Elena y como la primera traición de su amigo. Serebriakov convoca a todos: ha decidido vender la finca. Las palabras del profesor no pueden ser más insensibles, inoportunas y faltas de comprensión hacia todos los que han hecho su vida en ella, el profesor parece disponer del futuro y de las vidas de todos a su voluntad. Vania, le


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