LA PRODUCCIÓN DE LA CALIDAD EN EL SECTOR AGROALIMENTARIO Un análisis sociológico
COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT HUMANIDADES Manuel Asensi Pérez
Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València
Ramón Cotarelo
Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia
Mª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València
Juan Manuel Fernández Soria
Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València
Pablo Oñate Rubalcaba
Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València
Joan Romero
Catedrático de Geografía Humana Universitat de València
Juan José Tamayo
Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid
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LA PRODUCCIÓN DE LA CALIDAD EN EL SECTOR AGROALIMENTARIO Un análisis sociológico
CARLOS DE CASTRO ALICIA REIGADA Mª ELENA GADEA Editores
tirant humanidades Valencia, 2022
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ÍNDICE INTRODUCCIÓN...................................................................................
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CARLOS DE CASTRO ALICIA REIGADA Mª ELENA GADEA
PRODUCIR LA NATURALEZA: AGRICULTURA INTENSIVA, ESTÁNDARES DE CALIDAD Y CONTROVERSIAS AMBIENTALES EN EL MAR MENOR....................................................................................
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ANDRÉS PEDREÑO CARLOS DE CASTRO MIGUEL ÁNGEL SÁNCHEZ-GARCÍA
LA SALUD DE LAS TEMPORERAS DE FRUTOS ROJOS BAJO EL PRISMA DE LAS CERTIFICACIONES PRIVADAS: LÍMITES Y DESAJUSTES DE UN SISTEMA TECNICISTA Y ESTANDARIZADO.........
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CARMEN MOZO JUANA MORENO ALICIA REIGADA
LA CALIDAD COMO GOBERNANZA DEL TRABAJO. LAS TRABAJADORAS DE LOS ALMACENES DE CÍTRICOS................................... FRANCISCO TORRES YAIZA PÉREZ
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Índice
LA CALIDAD VITIVINÍCOLA COMO ESPACIO DISPUTADO. PROCESOS, ACTORES Y DISCURSOS EN LA DENOMINACIÓN DE ORIGEN UTIEL- REQUENA..................................................................
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Mª ELENA GADEA FRANCISCO TORRES
IMPLANTACIÓN DE ESTÁNDARES DE CALIDAD Y DE RESPONSABILIDAD SOCIAL CORPORATIVA EN LA ACTIVIDAD HORTOFRUTÍCOLA EXPORTADORA DEL NOROESTE DE MÉXICO...........
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KARINA ADALESSA BAÑUELOS BELEM AVENDAÑO FEDERICO MARTÍNEZ-CARRASCO
AUTORES................................................................................................
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INTRODUCCIÓN
CARLOS DE CASTRO ALICIA REIGADA Mª ELENA GADEA
Hace ya tiempo que normalizamos la presencia de productos fuera de temporada que han viajado, a veces miles de kilómetros, para llegar a la sección de frutas y hortalizas de los supermercados de nuestro barrio. Más recientemente hemos ido integrando en nuestra dieta diaria aquellos otros, alejados geográfica pero también culturalmente, que nos resultan exóticos. En la actualidad, vamos familiarizándonos con la creciente presencia de etiquetas y sellos que certifican la calidad y seguridad de estos alimentos. Recuerda Narotzky (2007) que detrás de cada alimento y de cada marca que consumimos existen relaciones sociales de producción y distribución que difícilmente podemos rastrear, entre ellas, las que atañen a la calidad del producto, a las condiciones de trabajo de quienes lo recolectan o al impacto medioambiental que generan. En su análisis sobre el lado oculto del consumo, esta antropóloga invita a explorar las relaciones de producción y distribución que hacen posible una forma de aprovisionamiento específica, atendiendo a los marcos económicos, políticos y culturales, los actores sociales y las localizaciones geográficas en que se insertan (2007: 28). Este libro se detiene en un fenómeno que interviene de forma decisiva en las relaciones sociales implicadas en la producción y distribución agroalimentaria en el contexto actual, la construcción y gobernanza de la calidad. Los estándares de calidad se han convertido en una pieza clave en el funcionamiento de las cadenas globales agrícolas y en la redefinición de las relaciones, alianzas y conflictos que las atraviesan. Debe retenerse que, aunque la gran distribución desempeña un rol central en la regulación de los estándares y las certificaciones privadas expanden su dominio a nivel global, se trata de un fenómeno complejo en
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el que convergen diversos tipos de regulación (estándares de calidad de supermercados, normas públicas, certificaciones ecológicas, denominaciones de origen) y numerosos actores sociales (distribución, certificadoras, auditores, personal técnico de calidad, productores y organizaciones agrarias, jornaleros y jornaleras agrícolas, sindicatos, asociaciones de consumidores, movimiento ecologista, instituciones gubernamentales). Mientras que las grandes distribuidoras emplean los estándares como un instrumento de regulación y control del conjunto del proceso de producción y distribución comercial, los productores locales, si bien responden a las nuevas exigencias externas, participan activamente de estas lógicas y tendencias, haciendo uso de los estándares para mejorar su posición competitiva en la cadena. Certificadores, auditores y técnicos de calidad asumen la tarea de implantar el saber experto y los procedimientos estandarizados y burocratizados que acompañan a los sistemas de calidad. Los temporeros y temporeras agrícolas afrontan, desde la base de la cadena, los cambios e impactos que tienen en la organización de la producción y en las condiciones de trabajo. Las instituciones gubernamentales, al tiempo que establecen normativas públicas, ceden progresivamente su espacio de regulación a los agentes privados. La convergencia de distintos actores se traduce en un mapa heterogéneo de estrategias, posiciones y representaciones sociales en torno a la calidad que requiere una aproximación sociológica capaz de explicar el modo en que la calidad es construida, percibida y disputada en los contextos locales. Basándose en investigaciones empíricas, los capítulos que integran este libro analizan la gobernanza de la calidad en el sector agroalimentario atendiendo a distintas dimensiones: el proceso de implantación de los estándares de calidad y seguridad; las concepciones en que se apoyan y los elementos que regulan; las prácticas y transformaciones que introducen; los impactos y presiones que generan en determinados actores de la cadena y en los territorios; las alianzas y conflictos que los rodean. Abordar estos aspectos conectando el modelo de producción agrícola y los estándares de calidad con diferentes problemáticas -la relación con la naturaleza, la salud de las temporeras, la organización del trabajo y las estrategias de los productores- permite ofrecer una visión integral del fenómeno.
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Además, el libro examina ámbitos que no han recibido suficiente atención por parte de las certificaciones. Estas se han centrado de manera prioritaria en la calidad e inocuidad de los productos desde el punto de vista del consumo, y solo más recientemente y de forma limitada han dirigido su atención hacia ámbitos como las condiciones de trabajo, el medio ambiente y, en menor medida, la salud en el trabajo. En este sentido, el libro se propone analizar cómo se expresa la tensión entre la intensa y minuciosa regulación de determinados aspectos del proceso productivo y la relativa indiferencia respecto a otros elementos que tienen un fuerte impacto sobre los territorios y los colectivos sociales. Apoyándose en los resultados del proyecto “Gobernanza de la calidad en las cadenas globales agroalimentarias. Un análisis comparado de los territorios agro-exportadores en España”, financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación y Fondos FEDER de la Unión Europea (CSO2017-85507-P) y coordinado por Elena Gadea desde la Universidad de Murcia, los cinco capítulos que siguen a continuación se basan en estudios de caso situados en algunas de las principales áreas agroexportadoras de España: el sector de las frutas y hortalizas en la Región de Murcia, los frutos rojos en Huelva, los cítricos en La Ribera del Xúquer y la comarca vitivinícola Utiel-Requena, así como en uno de los principales enclaves de exportación de México, el sector hortofrutícola de Sinaloa y Baja California. El libro abre con un capítulo, “Producir la naturaleza: agricultura intensiva, estándares de calidad y controversias ambientales en el Mar Menor”, escrito por Andrés Pedreño, Carlos de Castro y Miguel Ángel Sánchez-García, que examina la contradicción entre la racionalidad formal y la irracionalidad material que está en la base de la producción intensiva de frutas y hortalizas en la Región de Murcia. Tomando como escenario de observación la ruptura del consenso social, mediático y político en torno al impacto ambiental de esta agricultura que supuso la crisis ecológica del Mar Menor de 2016, el capítulo analiza el juego de posiciones y oposiciones que se da entre los actores de este conflicto: agentes del sector agrícola, asociaciones ecologistas, comunidad científica y sociedad civil. Para abordar este objetivo se apuesta por una perspectiva histórica que articula las representaciones ideológicas y simbólicas con las prácticas y estrategias sociales, ateniendo a las condiciones materiales en que estas se despliegan.
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Los resultados del estudio descubren cómo opera la racionalización técnico-económica de la agricultura intensiva, edificada en torno a la subjetividad agraria hegemónica basada en el proyecto modernizador y en la imagen heroica del agricultor-regante, la legislación pública orientada a preservar el ecosistema y los estándares privados que regulan el impacto medioambiental de la producción. El análisis concluye que esta racionalización formal ha provocado –o no ha evitado– la irracionalidad material y ecológica sobre el territorio, como evidencia el colapso ambiental del Mar Menor. Este colapso saca a la luz la presión sobre los recursos naturales (suelo, agua, paisaje), la crisis de legitimidad de la identidad heroica del agricultor, la ineficacia de las normativas públicas y las profundas limitaciones de los estándares privados. Al estar orientado a la verificación documental y no factual, a la seguridad alimentaria antes que ambiental y a la protección del producto y no del territorio, el vínculo que Global G.A.P. propone entre agricultura y espacio termina resultando compatible con la contaminación ambiental. La revisión de las limitaciones y contradicciones que presentan unos estándares privados preocupados fundamentalmente por la verificación documental es retomada, desde el ámbito de la salud en el trabajo, en el segundo capítulo, escrito por Carmen Mozo, Juana Moreno y Alicia Reigada y titulado “La salud de las temporeras de frutos rojos bajo el prisma de las certificaciones privadas: límites y desajustes de un sistema tecnicista y estandarizado”. Partiendo del postulado que sostiene que el análisis de los procesos de salud y enfermedad constituye una vía para comprender el funcionamiento del sistema productivo, este capítulo examina cómo se implementan las normas estandarizadas privadas en el cultivo de frutos rojos en Huelva, qué aspectos en materia de salud regulan y qué concepción de la salud manejan. El estudio de los estándares se articula con el análisis de los problemas de salud más comunes que afectan al colectivo de temporeras contratadas en origen. El capítulo ilustra cómo, en la medida en que los estándares son definidos desde arriba y tienen como objetivo responder a las preocupaciones de clientes y consumidores, se hallan desconectados de la realidad local. La concepción tecnicista y restringida de la salud y el bienestar en que se basan, muy centrada en riesgos laborales, y el peso que adquiere la documentación de evidencias y los procedimien-
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tos formales, impide prevenir y abordar de forma contextualizada los problemas de salud que afectan a las temporeras de frutos rojos. La investigación empírica muestra, igualmente, la tendencia a invisibilizar, naturalizar e individualizar las dolencias y lesiones derivadas de la actividad agrícola, a reproducir las desigualdades sexuales, étnicas y de clase, a transformar los problemas de salud en un problema técnico y a externalizar los costes sociales. Al mismo tiempo, los estándares de calidad conllevan una privatización de la regulación de la salud y el bienestar laboral. El tercer capítulo, “La calidad como gobernanza del trabajo. Las trabajadoras de los almacenes de cítricos”, escrito por Francisco Torres y Yaiza Pérez, da continuidad a los análisis preocupados por el mundo del trabajo. A partir de un estudio de caso realizado en el sector de los cítricos en una comarca valenciana, La Ribera del Xúquer, el capítulo examina la conformación de los almacenes como un espacio de gestión de la calidad a partir del análisis de diferentes dimensiones: las transformaciones que introducen los estándares en las actividades de manipulación y envasado; su impacto en la calidad del trabajo de las almaceneras; las vivencias y percepciones que estas tienen de los cambios; las implicaciones particulares en función de la situación contractual, el origen étnico, el sistema sexo-género; y las estrategias de conciliación familiar-laboral que desarrollan las trabajadoras. El análisis revela cómo los estándares de calidad han normativizado los procesos de trabajo en los almacenes de forma drástica con el objetivo de mejorar fundamentalmente las condiciones higiénicosanitarias y la calidad del producto, y no tanto las condiciones de trabajo. Las conclusiones sostienen que, aunque en los almacenes se da un cumplimiento del convenio colectivo por la presencia sindical, la tradición combativa de las almaceneras en esta comarca y la implementación del módulo GRASP, las percepciones y vivencias de las trabajadoras muestran que algunos estándares han empeorado sus condiciones laborales. Junto al aumento de los ritmos de trabajo y el estrés laboral, se observa un empeoramiento del clima laboral, una mayor complejidad para conciliar la vida laboral y familiar, la conversión de los almacenes en espacios impersonales despojados de identidad y el incremento de prohibiciones que se traducen en formas de control del espacio de trabajo y los cuerpos de las trabajadoras.
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Un marco de gestión de la calidad que, además, no da solución a problemas relevantes para las almaceneras, como el reconocimiento de enfermedades laborales y el mantenimiento de derechos sociales y laborales. El cuarto capítulo, escrito por Elena Gadea y Francisco Torres y titulado “La calidad vitivinícola como espacio disputado. Procesos, actores y discursos en la Denominación de Origen Utiel-Requena”, estudia cómo se articulan los actores, discursos y prácticas que construyen el vino como un producto de calidad. Para realizar el análisis se detiene en la configuración particular que adopta esta articulación en un territorio concreto, la Denominación de Origen Utiel-Requena, situada en el interior de la Comunidad Valenciana. Tomando como guía las herramientas teóricas que ofrece la teoría de las convenciones, el capítulo muestra cómo, a pesar de la importancia de las regulaciones, los discursos y prácticas sobre la calidad no se limitan a las certificaciones públicas o privadas, sino que implican a un conjunto de actores y dispositivos más amplio y permean un cúmulo de representaciones y estrategias de producción y comercialización diversas. Entre estas destacan: la investigación e innovación en procesos de cultivo y elaboración del vino, la diferenciación basada en la producción con variedades propias, la profesionalización de los viticultores, la participación en premios y ferias, la presencia en revistas especializadas, la patrimonialización y las actividades de enoturismo. El análisis de estas estrategias descubre el carácter colectivo y disputado de la calidad; la centralidad que adquieren las convenciones domésticas en este territorio; los significados culturales, la imagen de marca y las señas de identidad del territorio y de la cultura local que se movilizan desde el sector vitivinícola; las tensiones que se generan entre bodegueros, comercializadoras y agricultores; así como el modo en que los actores realizan una utilización pragmática de las diferentes convenciones en función de sus intereses y de la posición que ocupan en la estructura productiva. El libro cierra con un capítulo sobre los estándares de calidad y de Responsabilidad Social Corporativa (RSC) en el sector hortofrutícola del noroeste de México (Sinaloa y Baja California), uno de los principales enclaves de exportación del país. En su análisis, Karina Adalessa Bañuelos, Belem Avendaño y Federico Martínez-Carrasco nos acercan
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a las motivaciones que llevan a las empresas del sector a desarrollar iniciativas, estándares y certificaciones de calidad, las influencias de los distintos grupos de interés, así como los obstáculos, ventajas e inconvenientes que enfrentan las empresas productoras y empacadoras. El estudio realizado permite comprobar cómo la implantación de medidas de RSC y otros estándares está promoviendo, al menos entre las grandes empresas hortofrutícolas, mejoras en diferentes ámbitos: la calidad y seguridad del producto; el cumplimiento de derechos humanos esenciales, como la prohibición del trabajo infantil; la mejora de las prácticas laborales en materia de salarios, asociación sindical y condiciones de vida; la reducción de los impactos medioambientales a partir del control de la sobreexplotación de acuíferos y del uso de insumos. A pesar de los avances observados, el análisis empírico constata que las empresas del sector tan solo alcanzan un adecuado cumplimiento en una de las siete dimensiones consideradas, los derechos humanos esenciales, identificándose otras seis (medio ambiente, prácticas laborales, participación en la comunidad, prácticas justas de operación, gobernanza corporativa y asuntos del consumidor) que requieren importantes mejoras.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Narotzky, (2007). El lado oculto del consumo. Cuadernos de Antropología Social nº 26, pp. 21–39.
PRODUCIR LA NATURALEZA: AGRICULTURA INTENSIVA, ESTÁNDARES DE CALIDAD Y CONTROVERSIAS AMBIENTALES EN EL MAR MENOR1 ANDRÉS PEDREÑO CARLOS DE CASTRO MIGUEL ÁNGEL SÁNCHEZ-GARCÍA
1. INTRODUCCIÓN Weber terminaba su Ética Protestante y Espíritu del Capitalismo con una especie de profecía: “…ese poderoso mundo del sistema económico moderno, vinculado a condiciones técnicas y económicas en su producción mecánica-maquinista, que determina hoy, con una fuerza irresistible, el estilo de vida de todos los individuos que nacen dentro de esta máquina y que quizás lo determinará hasta que se consuma el último quintal de combustible fósil” (Weber, 2019: 273). Pareciera como si Weber presintiera lo que los desarrollos contemporáneos de las ciencias socioambientales (Altvater, 1994 o Malm, 2021) señalan como la contradicción central del capitalismo avanzado: por un lado, se trata de un sistema eficaz y racional (“producción mecánica-maquinista”) que, por otro lado, depreda y orada la base energética fosilista que lo sostiene hasta su agotamiento definitivo 1
El capítulo presenta los resultados del proyecto “Gobernanza de la calidad en las cadenas globales agroalimentarias. Un análisis comparado de los territorios agro-exportadores en España”, financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación y Fondos FEDER de la Unión Europea (CSO2017-85507-P).
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(“hasta que se consuma el último quintal de combustible fósil”). Así, podemos decir que la economía moderna se basa en un cálculo racional y formal (racionalización económica y jurídica) y una irracionalidad material (que agota los recursos naturales que requiere para su funcionamiento)2. En la investigación que venimos desarrollando desde hace décadas en la Región de Murcia sobre el complejo de producción intensiva de frutas y hortalizas, hemos analizado el proceso de racionalización técnico-económico que organiza el trabajo y la producción agrícola (Pedreño, 1999; Segura y Pedreño, 2006, Moraes, Gadea, Pedreño y de Castro, 2012; de Castro, Gadea, Pedreño y Ramírez, 2017, entre otros). Desde un punto de vista material, esta agricultura ha requerido de un uso intensivo y extensivo de suelo y agua que ha conducido progresivamente a la degradación de estos recursos naturales. Es decir, en la agricultura murciana también encontramos una oposición entre un sistema racional formalmente e irracional materialmente, de la que hablaba Weber. La controversia ambientalista sobre el Mar Menor es un escenario privilegiado en el que observar esta contradicción. Nuestra investigación partió de una insatisfacción. Esto es, a pesar de que desde los poderes públicos y los científicos comprometidos se han realizado multitud de investigaciones que muestran las interrelaciones biofísicas entre la agricultura y el estado de la laguna del Mar Menor, son inexistentes las investigaciones realizadas en el ámbito de las ciencias sociales que “abran la caja negra” de una cuestión fundamental: cómo perciben y representan los agricultores del Campo de Cartagena sus prácticas agrarias y los impactos sobre el Mar Menor. En un contexto muy diferente al de nuestro estudio, Larry Andrade (2005), en su trabajo de investigación sobre los productores de ovino extensivos de la Patagonia austral, propuso un acercamiento al
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En Weber, la oposición entre racionalidad formal y racionalidad material estructura las distinciones tipológicas a propósito de la economía, el derecho y la dominación (Weber, 1993, p. 179). Con la acepción “material” de la racionalidad, Weber engloba todas las determinaciones de la acción que hacen intervenir otras consideraciones que no son las propias del cálculo racional del capital (esto es, la racionalidad formal). Es calificada como “material”, por ejemplo, la orientación de la economía en función de consideraciones éticas, políticas, utilitaristas, hedonistas, de estatus, igualitarias, etc.
Producir la naturaleza: agricultura intensiva, estándares de calidad y controversias...
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habitus o disposiciones de los productores agropecuarios en su relación con el entorno natural. Se trata de una problemática de sobrepastoreo ovino que ha degradado el estado del suelo y del pastizal natural. Según Andrade, los organismos técnicos buscan influir en los ganaderos con recomendaciones orientadas a la preservación del pastizal natural, procurando una producción rentable y sostenible en el tiempo, tanto social como económica y ecológicamente. Pero estas recomendaciones chocan una y otra vez con los ganaderos. Andrade propone una investigación sociológica que trate de entender las razones prácticas de los productores a partir de su habitus. Más allá de los resultados concretos de la investigación, nos interesa destacar una de las reflexiones con las que Andrade concluye su trabajo: Quizás el aporte más significativo de este trabajo consista, no tanto en analizar un área prácticamente devastada por la desertificación, como en poner a disposición de un público de investigadores y planificadores elementos de análisis para situaciones similares, pensando que la reconversión no es algo que se promueva y se instale sin más, sino que va a reemplazar una forma de producción vigente y consolidada, encarnada en personas que tienen visiones y pasiones desde las que sus acciones y omisiones encuentran sentido” (Andrade, 2005: 260).
Haciendo nuestra esta reflexión, partimos del supuesto de que la problemática relación entre la agricultura del Campo de Cartagena y el Mar Menor requiere de una aproximación que atienda a los esquemas de clasificación y percepción del mundo de los agricultores, así como de los otros sectores sociales que abanderan la crítica a las prácticas agrarias por sus repercusiones ambientales (sociedad civil, científicos, ecologistas), dando cuenta tanto de las condiciones materiales de posibilidad de esas visiones del mundo, como de los dispositivos duraderos y objetivados en los que se encarnan esas visiones del mundo. Cada una de estas representaciones han de ponerse en relación con el resto de las visiones del mundo con las que dialogan y a las que se enfrentan en espacios sociales concretos. Solamente así podemos dotarlas de sentido. Es lo que tratamos de hacer en este capítulo. El abordaje teórico y metodológico que orienta nuestra investigación sobre las relaciones entre agricultura intensiva y el Mar Menor hace suya una vieja consideración del sociólogo Robert K. Merton: “tanto en el ámbito del conocimiento como en los demás, se establece competencia entre grupos o colectividades por lo que
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Heidegger llamó la interpretación pública de la realidad. De manera más o menos consciente, los grupos en conflicto pretenden imponer su interpretación de lo que las cosas fueron, son y serán” (en Pedreño, Baños y Costantini, 2006: 335). La crisis ecológica del Mar Menor de 2016 supuso la ruptura del consenso social, mediático y político en torno al impacto ambiental de la agricultura intensiva. Una ruptura que ha alterado la correlación de fuerzas existente hasta el momento, amenazando los discursos hegemónicos sustentados por las principales organizaciones agrarias y las comunidades de regantes. Esta nueva coyuntura ha reabierto el espacio de gestión e interpretación que ha organizado y definido la relación de la actividad agrícola del Campo de Cartagena con el ecosistema del Mar Menor en las últimas décadas. En él, agentes del sector agrícola, asociaciones ecologistas, comunidad científica y sociedad civil pugnan en una disputa que es a la vez simbólico-discursiva (de imágenes, significados y diagnósticos) y de prácticas (estrategias y actuaciones). Este capítulo tiene como objetivo analizar el juego de posiciones y oposiciones que se da entre los actores de este conflicto y poner de manifiesto las diferentes ideologías de la naturaleza y la agricultura presentes. Para dar cuenta de ello desarrollaremos los siguientes argumentos: 1. El proceso histórico de racionalización de la agricultura intensiva de la Región Murcia y su inserción en las cadenas globales agrícolas conlleva una desvinculación entre agricultura y territorio y, por tanto, un cambio drástico en las culturas del trabajo y en las identidades de los agricultores. Esta desterritorialización de “la nueva agricultura” implica al tiempo una “reterritorialización”, esto es, la producción social de una segunda naturaleza, tal y como plantearemos siguiendo a Neil Smith (2020), que somete a los recursos naturales (suelo y agua) a un enorme estrés, de la cual emergerá la crisis ecológica del Mar Menor como un límite al cálculo racional del capital agroindustrial. Este argumento se abordará en el apartado 2. 2. Las cadenas globales agrícolas están gobernadas por las grandes distribuidoras alimentarias, las cuales han venido desarrollando estándares de calidad que modelan las formas de trabajo, la sostenibilidad e incluso las visiones del mundo de los productores