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COSTAS Y GASTOS PROCESALES CUANDO EL TRIBUNAL SUPREMO MIRÓ A EUROPA La tasación de costas “a la sombra” de los criterios de la Sala Primera del Tribunal Supremo Alejandro Martínez García Secretario judicial

Fernando Javier Cremades López de Teruel Secretario judicial

María del Milagro Romero Pérez Abogada

Carolina del Carmen Castillo Martínez Magistrada-juez. Profesora Titular de Derecho Civil (excedente) Profesora Asociada de Derecho Civil

Prólogo

Xavier O’Callaghan Muñoz Magistrado emérito de la Sala Primera del Tribunal Supremo Catedrático de Derecho Civil

Valencia, 2014


Copyright ® 2014 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de los autores y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com (http://www.tirant. com).

© Alejandro Martínez García Fernando Javier Cremades López de Teruel María del Milagro Romero Pérez Carolina del Carmen Castillo Martínez

© TIRANT LO BLANCH EDITA: TIRANT LO BLANCH C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com http://www.tirant.com Librería virtual: http://www.tirant.es ISBN: 978-84-9086-063-2 MAQUETA: Tink Factoría de Color Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-deempresa nuestro Procedimiento de quejas.


ÍNDICE PRÓLOGO................................................................................................................. 11 INTRODUCCIÓN...................................................................................................... 15 Capítulo I LOS GASTOS Y LAS COSTAS PROCESALES. MARCO NORMATIVO 1. LAS COSTAS PROCESALES EN EL DERECHO ESPAÑOL............................ 23 1.1. Las costas procesales en el proceso civil. Gastos y costas procesales......... 25 1.2. Las costas procesales en el proceso penal.................................................. 34 1.3. Las costas procesales en la jurisdicción contencioso-administrativa......... 35 1.4. Las costas procesales en la jurisdicción social............................................ 36 2. COSTAS Y GASTOS PROCESALES EN EL PROCESO CIVIL EN EL DERECHO COMPARADO EUROPEO........................................................................ 36 2.1. Los abogados, procuradores y asesores jurídicos....................................... 38 2.2. Gastos correspondientes a la actuación de peritos, intérpretes y traductores.............................................................................................................. 47 2.3. Las tasas judiciales........................................................................................ 48 2.4. Momento del abono por la parte obligada de los gastos procesales repercutidos..................................................................................................... 56 3. EL MARCO NORMATIVO GLOBAL DE LAS COSTAS Y GASTOS PROCESALES: ¿HACIA UNA INTEGRACIÓN?............................................................. 58 Capítulo II LOS GASTOS Y LAS COSTAS PROCESALES. MARCO JURISPRUDENCIAL 1. LA DOCTRINA JURISPRUDENCIAL DEL TRIBUNAL SUPREMO. UNA APUESTA DE FUTURO...................................................................................... 65 2. EL TRIBUNAL DE JUSTICIA DE LA UNIÓN EUROPEA: ANÁLISIS DE UN MARCO VINCULANTE...................................................................................... 80 Capítulo III BAREMOS Y ARANCELES 1. PLANTEAMIENTO GENERAL: LA LEGISLACIÓN COMUNITARIA Y LA LIBERALIZACIÓN DE LOS SERVICIOS PROFESIONALES. ESPECIAL REFERENCIA A LA DOCTRINA EMANADA DE LA SENTENCIA DEL CASO "CIPOLLA Y MACRINO"..................................................................................... 109 1.1. La legislación comunitaria y la liberalización de los servicios profesionales.................................................................................................................. 109


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1.2. Especial referencia a la doctrina emanada de la sentencia del caso “Cipolla y Macrino”........................................................................................... 120 1.2.1. Derecho aplicado. Comunitario y nacional.................................... 121 1.2.2. La resolución del Tribunal del Justicia de la Unión Europea....... 128 Capítulo IV LA MINUTA DEL ABOGADO: HACIA UN NUEVO MODELO 1. LOS HONORARIOS DE LOS ABOGADOS. ANTECEDENTES LEGALES Y NORMATIVA ACTUAL. JURISPRUDENCIA DEL TJUE RELEVANTE EN MATERIA DE HONORARIOS DE ABOGADOS............................................... 135 2. LOS BAREMOS Y CRITERIOS ORIENTATIVOS. SU CUESTIONADA VIGENCIA................................................................................................................ 139 3. CUESTIONES SOMETIDAS A DEBATE............................................................ 146 4. APUNTES Y SUGERENCIAS. PROPUESTA DE MINUTA DE LETRADO...... 155 Capítulo V LOS HONORARIOS DEL PROCURADOR Y EL PRINCIPIO DE PROPORCIONALIDAD 1. LOS HONORARIOS DE LOS PROCURADORES. ANTECEDENTES LEGALES Y NORMATIVA ACTUAL.................................................................................... 162 2. LA CUESTIONADA VIGENCIA DEL ARANCEL DE LOS PROCURADORES........................................................................................................................ 166 3. EVOLUCIÓN JURISPRUDENCIAL Y SITUACIÓN ACTUAL. UNA REVISIÓN JURISPRUDENCIAL A LA LUZ DE LA DOCTRINA DEL TJUE RELEVANTE EN MATERIA DE HONORARIOS DEL PROCURADOR DE LOS TRIBUNALES........................................................................................................................ 172 4. CONSIDERACIÓN FINAL.................................................................................. 189 Capítulo VI LA TASACIÓN DE COSTAS EN EL PROCESO CIVIL: SIGUIENDO AL TRIBUNAL SUPREMO 1. LA FUNCIÓN TASADORA DEL SECRETARIO JUDICIAL. LA TASACIÓN DE COSTAS.......................................................................................................... 195 1.1. Introducción................................................................................................. 195 1.2. El ecosistema procesal................................................................................. 199 1.3. ¿Valorando una fórmula o recetando un patrón?...................................... 210 2. EL RECURSO DE REVISIÓN............................................................................. 213 2.1. El vehículo procesal: el recurso de revisión............................................... 217


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2.2. El método: la comprobación de la adecuación de la tasación de costas practicada por el secretario Judicial a los principios de razonabilidad y proporcionalidad. Significado y alcance del criterio. Conclusión: los nuevos parámetros considerados y su valoración global........................... 222 EPÍLOGO................................................................................................................... 231 Anexo I LEGISLACIÓN Directiva 98/5/CE del Parlamento Europeo y del Consejo de 16 de febrero de 1998....................................................................................................................... 237 Directiva 2006/123/CE del Parlamento Europeo y del Consejo de 12 de diciembre de 2006.................................................................................................................. 249 Ley 17/2009, de 23 de noviembre, sobre el libre acceso a las actividades de servicios y su ejercicio............................................................................................... 299 Ley 25/2009, de 22 de diciembre, de modificación de diversas leyes para su adaptación a la Ley sobre el libre acceso a las actividades de servicios y su ejercicio................................................................................................................. 325 Versión Consolidada del Reglamento de Procedimiento del Tribunal de Justicia de 25 de septiembre de 2012............................................................................... 399 Anexo II RESOLUCIONES JUDICIALES Sentencia del Tribunal de Justicia de 19 de febrero de 2002................................. 407 Sentencia del Tribunal de Justicia (Gran Sala) de 5 de diciembre de 2006.......... 429 Auto del TS, de 11 de enero de 2011, rec. 1985/2005............................................ 441 Sala Primera del Tribunal Supremo, Auto de 3 de mayo de 2011, rec. 868/2004............................................................................................................... 445 Auto del Tribunal Supremo, Sala de lo Contencioso, Sección 3ª, de 19 de julio de 2011 (Recurso de casación núm. 3337/2007).............................................. 449 Auto de la Audiencia Provincial de Barcelona, de 1 de marzo de 2012, por el que la Sección 15ª del referido Tribunal, en el rollo de apelación número 455/2010............................................................................................................... 457 Sentencia TC, Sala Primera, núm. 108/2013, de 6 de mayo.................................. 469 Auto de la Sala de lo Contencioso del Tribunal Supremo, Sección 1, Pleno, número de recurso 2742/2010, de fecha 11 de julio de 2013............................... 481 Sentencia de la Sala 1ª del Tribunal Supremo, de fecha 18 de diciembre de 2013....................................................................................................................... 499


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Anexo III EJEMPLOS PRÁCTICOS Ejemplo de Minuta de abogado................................................................................ 513 Ejemplo de Decreto resolviendo impugnación de la tasación de costas practicada........................................................................................................................... 517 Ejemplo de Auto resolviendo impugnación del Decreto sobre impugnación de la tasación de costas............................................................................................. 523 RESÚMENES............................................................................................................. 529 BIBLIOGRAFÍA......................................................................................................... 533


PRÓLOGO Xavier O’Callaghan

Magistrado del Tribunal Supremo. Catedrático de Derecho civil

Siempre se oye decir a los profesores de Derecho que la dogmática no se opone a la práctica, lo cual es cierto. No hay obra pragmática que no tenga una base dogmática. El libro que el lector —normalmente será el ocupado lector, no el “desocupado” a que se refiere Cervantes— tiene en sus manos (o en su atril, hoy un tanto en desuso; mucho jovencito no sabe qué significa esta palabra; no digamos el ignorante) es esencialmente pragmático, con un substrato dogmático, que le da fuerza al texto. Expone la realidad jurídica y la abona con razonamientos dogmáticos que justifican lo que se afirma. Nuestro país se ha ido acostumbrando poco a poco a la legislación y jurisprudencia supranacional que proviene de la Unión Europea. Pero hay que ir recordándolo constantemente. Pocos autores, en Derecho civil, advierten que el artículo primero del Código civil no está vigente tal como viene redactado; las fuentes de nuestro Derecho no son ya la ley, costumbre y principios generales sino: tratados, reglamentos y directivas de Derecho comunitario, que prevalece sobre el Derecho interno. De ahí lo interesante de este libro. Así se advierte en el propio título o más bien en los propios subtítulos. El primero, “cuando el Tribunal Supremo miró a Europa”, lo mira siempre que venga a colación y que los escritos forenses lo adviertan y, ciertamente, las sentencias que aplican normas comunitarias no son exóticas, sino que lo hacen con frecuencia, especialmente en algunos temas, como en la protección de los consumidores o en la confusa normativa de las gasolineras. El segundo subtítulo “La casación de costas a la sombra de los criterios de la Sala primera del Tribunal Supremo” se hace eco de aquel adagio tan antiguo como conocido: “la ley reina y el juez gobierna” y el Tribunal Supremo, como se ha dicho, aplica el Derecho comunitario siempre que tiene ocasión y también tiene que aplicar todas las normas vigentes, como la malhadada (el texto, página 22, dice “controvertida” en plan fino) ley 10/2012, de 20 noviembre (la fecha no indica nada) de tasas judiciales, que fue discutida por todos los operadores jurídicos y representó un retroceso de cerca de medio siglo. Los autores son una magistrada en activo y además, profesora de Derecho civil, dos secretarios judiciales y una abogada en ejercicio. Mejor imposible. Los cuatro coautores ven todos (“todos” es un decir) los días las


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costas y gastos procesales. Con una base teórica sobradamente acreditada, han examinado la aplicación y los problemas que se plantean en el día a día y soluciones y opiniones válidas. Otra vez: mejor imposible. El destinatario de este libro es el jurista. Toda cuestión jurídica lo tiene como destinatario, todo saber (en este caso, jurídico) nos concierne a todos (en este caso, los juristas). Especialmente, el más directo destinatario, que son los órganos jurisdiccionales que lo aplican (jueces y secretarios) y los abogados y procuradores a quienes se aplica. Ciertamente, es muy valioso para todos ellos en la dogmática y muy útil en la práctica. Es importante —y muy bueno— que una obra esté totalmente al día; por ello saco a colación la cita del auto de la Sala primera del Tribunal Supremo, del pleno por razón de su trascendencia, de 4 marzo 2014 sobre este tema, declarando improcedente el pago de la tasa judicial en el caso de la demanda de revisión de sentencia firme y dice así en conclusión: “En consecuencia, al ser la propia ley, concretamente la Ley General Tributaria como se ha dicho anteriormente, la que impone una interpretación restrictiva, esta Sala concluye que no procede considerar incluidos los procedimientos para la revisión de sentencias firmes dentro del concepto de procesos declarativos de toda clase a que se refiere el artículo 2 a) de la Ley de Tasas y, por tanto, no resulta exigible la tasa en tales procedimientos, como su por parte ha entendido también la Dirección General de Tributos en su contestación del 23 diciembre 2013 a la consulta vinculante V 3669/2013”. La obra mira al futuro. Es elocuente el título de uno de los capítulos que dice “La doctrina jurisprudencial del Tribunal Supremo. Una apuesta de futuro Partiendo de los gastos y costas procesales —todo un problema, especialmente cuando el que pide justicia (la suya) no alcanza a pagar las tasas y demás gastos y costas— se analizan el marco normativo en el que se pregunta ¿hacia una integración de costas y gastos? Y el marco jurisprudencial del Tribunal Supremo y del Tribunal de justicia de la Unión Europea. Estudia la minuta de abogados y honorarios de procuradores, con los discutibles (antes hubiéramos dicho “ineludibles”) baremos y aranceles. Dentro del proceso civil, es esencial estudiar, tal como se presenta en este libro, la tasación de costas que hace el secretario judicial y su posible revisión conforme a los principios de razonabilidad y proporcionalidad. Tras la anterior exposición —dogmática y avanzada— y un interesante epílogo, sigue el libro con unos anexos que son extraordinariamente útiles al lector pragmático. No siempre tiene éste a mano —por más ordenadores de que disponga— de leyes y resoluciones cada vez más numerosos. Mu-


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chos años ha, se empezaba a criticar por juristas y no juristas el volumen constantemente in crescendo de disposiciones en el BOE. Ahora, ni siquiera aparecen en el BOE, sino en el DOCE (Diario oficial de la Comunidad Europea) y no siempre en papel sino on-line. Así, son muy de agradecer los anexos de legislación (anexo I) de resoluciones del Tribunal de justicia de la Unión Europea, del Tribunal Supremo español y alguna de la mal llamada jurisprudencia “menor” que no es tal jurisprudencia (anexo II). Por último, también es útil poner en un libro, ciertos ejemplos que son especialmente útiles para el lector, jurista práctico; de aquí que el último (anexo III) sean ejemplos de minuta de abogado, de decreto resolviendo la impugnación de la tasación de costas y del auto resolviendo la impugnación del decreto anterior. Unos resúmenes y la bibliografía son la guinda (de oro) que corona el pastel (jurídico) de una obra bien hecha. En conclusión, de una materia quizá un tanto árida, ha nacido un libro (puede haber partos cuádruples, aquí al revés son cuatro los que han parido un guapísimo libro) que vale la pena tener y leer y, en su momento, aplicar lo leído a los constantes casos que al jurista se le presentan.


INTRODUCCIÓN La reciente jurisprudencia del Tribunal Supremo en materia de tasación de costas ha recolocado drásticamente la actividad de tasar las costas procesales a sus parámetros semánticos más ortodoxos. Así, la Real Academia Española define el término tasación como “estimación del valor de un bien o servicio” y el término tasar como “graduar el precio o valor de una cosa o un trabajo”. De este modo la función de tasar recupera en gran parte el sentido primigenio de valorar tomando como prisma la especialización del agente tasador y como sustrato las circunstancias del objeto a tasar, y todo ello bajo los principios de razonabilidad y proporcionabilidad. Atrás queda una actuación tasadora fundada principalmente en comprobar la adecuación de las minutas de honorarios a normas orientadoras y, en caso de impugnación de la tasación practicada, al acogimiento, en asumida vinculación, del preceptivo informe del correspondiente Colegio Profesional, todo ello, casi siempre, bajo el parámetro quasi totémico de la cuantía del procedimiento. El Tribunal Supremo, en su Auto de la Sala Primera de 3 de mayo de 2011 (rec. 868/2004), señala la necesidad de que “la minuta incluida en la tasación sea razonable dentro de los parámetros de la profesión y no solo calculada de acuerdo con criterios de cuantía, sino adecuada a las circunstancias concurrentes en el pleito, el grado de complejidad del asunto, la fase del proceso en que nos encontramos, los motivos del recurso, el contenido del escrito de impugnación del mismo, la intervención de otros profesionales en la misma posición procesal y las minutas por ellos presentadas a efectos de su inclusión en la tasación de costas, sin que, para la fijación de esa media razonable que debe incluirse en la tasación de costas, resulte vinculante el preceptivo informe del Colegio de Abogados”. Es más, fijados los criterios anteriores, presta especial consideración al “esfuerzo de dedicación y estudio exigido por las circunstancias concurrentes, el valor económico de las pretensiones ejercitadas en el pleito, la complejidad y trascendencia de los temas suscitados en esta fase del procedimiento, las Normas Orientadoras del Colegio de Abogados, y el escrito de alegaciones”. Así, pasamos de una función de tasación subordinada a los parámetros ciertos de la cuantía del procedimiento, baremos, aranceles e informes, a una actividad de alto componente valorativo, estrictamente tasadora, deudora de una adecuada interpretación de conceptos indeterminados y de una debida apreciación al caso concreto.


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Esta nueva configuración de la tasación de costas caracterizada por transitar alrededor de conceptos indeterminados y de aparente interpretación volátil como “circunstancias concurrentes”, “complejidad del asunto”, “esfuerzo de dedicación y estudio”, “complejidad y trascendencia”, parece dejar al secretario judicial huérfano de elementos ciertos que permitan construir con “suficiente grado de objetividad” la tasación de costas, una objetividad que los colectivos de abogados y procuradores entendieron perdida al “deslegitimar los Baremos de Honorarios profesionales y dejar al albur (arbitrio) del secretario judicial o juez o magistrado (en su resolución final) la cantidad que es procedente fijar por parte del letrado minutante”1. Pues bien, este catálogo de conceptos de valoración que realiza nuestro Alto Tribunal encuentra referente en uno de los elementos definidores de la jurisprudencia comunitaria en materia de costas. Y es que el Derecho comunitario carece de normas semejantes a un arancel profesional. De este modo, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, al determinar los gastos procesales recuperables a cargo del condenado al pago, resuelve sobre la base de una libre apreciación de los datos que ofrece el asunto, teniendo para ello en cuenta ciertos criterios que se asemejan en mucho a los ya enunciados por nuestro Tribunal Supremo, como son los intereses económicos que el litigio haya supuesto para las partes, el objeto y la naturaleza del litigio, su importancia desde el punto de vista del Derecho de la Unión, y las dificultades y volumen del trabajo que el procedimiento haya podido exigir a los abogados que hayan intervenido. El propio Tribunal Europeo, con reiterada insistencia, señala en cada una de sus resoluciones que la determinación de la cuantía de las costas recuperables se realiza en función de los mencionados criterios. En esta determinación juega un papel trascendental la justificación que la parte minutante realice de su actuación, ya que el tribunal comunitario podrá apreciar el valor de la actividad profesional realizada en la medida que el abogado minutante aporte con la mayor de las exactitudes las características del trabajo desarrollado. El propio Tribunal de Justicia de la Unión Europea así lo manifiesta cuando hace depender esta apreciación de la precisión de la información aportada por el profesional, advirtiendo al mismo tiempo que la falta de información dificulta la comprobación de los gastos minutados lo que lleva al órgano judicial a realizar una apreciación estricta de los honorarios recuperables.

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MARTÍ MARTÍ, J., Diario La Ley, nº 7751, Sección Práctica Forense, 9 de diciembre 2011, Año XXII.


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Esta configuración de las costas procesales tiene como origen el definitivo impacto de la normativa comunitaria sobre la materia. Los Tratados Constitutivos de la Unión Europea velan porque en el territorio de la Unión tenga plena aplicación el principio de libre competencia como uno de los pilares básicos de la economía de mercado. Y esto permite, entre otras cosas, que los consumidores puedan acceder a una mejor calidad de los productos y servicios que se ofertan y, al tiempo, a precios más competitivos. Lo cual tiene especial trascendencia desde el momento en que los abogados y los Colegios de Abogados, al desarrollar una actividad económica, tienen reconocida la condición de empresas y asociación de empresas, respectivamente, lo que, a su vez, produce un efecto en la fijación de sus honorarios. La Unión Europea, a partir de su Derecho originario, ha ido construyendo una serie de instrumentos con el propósito de velar por un adecuado desenvolvimiento de los agentes económicos en el mercado interior garantizando así un principio de libre competencia no susceptible de ser falseado por el comportamiento empresarial. Como ya hemos dicho, una de las consecuencias de este principio de competencia es la relativa a la fijación de los honorarios por parte, entre otros, de los abogados, pues ello afecta al principio de libre fijación de precios que es otro de los pilares de la economía de mercado. Se entiende que toda actuación que constriña esa libertad es una actuación atentatoria contra el principio de competencia, lo que viene a situar en el centro de la discusión las normas de los Colegios de Abogados que fijan u orientan el precio de sus servicios y, por tanto, condicionan la cuantía de sus honorarios. La Comisión Europea ha señalado como principales prácticas restrictivas de la competencia en la regulación de las profesiones liberales, los precios impuestos y los precios recomendados. En ambos casos, señala que pueden producir efectos muy perjudiciales sobre la competencia al reducir considerablemente los beneficios que pueden obtener los consumidores en un mercado competitivo. En nuestro país, la actuación de los Colegios de Abogados en esta materia ha sido meramente orientadora pero, no obstante, se ha considerado por la propia Comisión Europea que, aún siendo orientativos, pueden asemejarse a una verdadera fijación de precios, pues permite que los distintos prestadores de servicios puedan ajustar su comportamiento a estas orientaciones, lo que proporciona cierta previsión en la actuación de los potenciales competidores. La Ley ómnibus, resultado de la transposición a nuestro derecho interno de la Directiva comunitaria 2006/123/CE, relativa a los servicios en el mercado interior, trajo, en relación a la abogacía, la derogación de los baremos y demás normas orientadoras de precios,


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salvando exclusivamente la posibilidad de fijar unos criterios que sirvan de orientación en las tasaciones de costas y en las juras de cuentas. Sin embargo, el debate sigue abierto, a partir de la resolución del Tribunal Supremo, leitmotiv de este trabajo, sobre el papel que han de jugar estos baremos/ criterios en la tasación de costas, si un papel principal como privilegiado elemento “objetivizador” de la tasación o, como resulta de la jurisprudencia señalada, un papel más en el conjunto de elementos que el Secretario Judicial ha de tener en cuenta. Precisamente la Disposición Derogatoria de la Ley ómnibus removió unos cimientos que hasta la fecha estaban, por lo general, pacificados: el arancel de los procuradores. Y decimos “por lo general” porque gozaba de cierta extensión la opinión de considerar nulo el sistema arancelario de los Procuradores, por aplicación del artículo 1 de la Ley 16/1989, de Defensa de la Competencia, al no haber sido establecido por norma alguna de rango legal, siendo éste un requisito necesario para poder salvar su vigencia. La señalada Disposición Derogatoria de la Ley Ómnibus, siguió abonando las dudas ya existentes que no disiparon aún cuando la propia Ley deja en vigor las previsiones contenidas en las leyes procesales y sectoriales que establecen la retribución por medio de arancel. Dudas especialmente fundadas si tenemos en cuenta la ascendente vinculación de la citada Ley con la Directiva comunitaria que le da naturaleza, que tiene como propósito construir un marco jurídico general con la finalidad, entre otras, de garantizar los derechos de los usuarios como destinatarios de los servicios. Esta finalidad entronca directamente con la doctrina europea en materia de fijación de precios que, como ya hemos avanzado, señala los precios fijos como instrumentos perjudiciales sobre la competencia que reducen o, incluso, suprimen las ventajas que los consumidores pueden obtener del sistema de mercado. Por otro lado, no hay que desconocer la posición de la jurisprudencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea en materia de prácticas colusorias de la competencia al señalar que no toda decisión de una asociación de empresas que restrinjan la libertad de acción de las partes suponen infracción de la normativa comunitaria. Para ello resulta necesario analizar la concreta decisión restrictiva en relación con el contexto global en que se adopta la decisión, sus objetivos y la garantía que proporcione a los usuarios finales de los servicios jurídicos y a la buena administración de justicia. Del mismo modo hay que recordar que el Tribunal de Justicia ha dispuesto que no toda fijación de precios emanada de operadores privados merece la consideración de restrictiva de la competencia. Antes habrá que discernir si la actuación de estos operadores tiene como principal objetivo satisfacer


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el interés general o bien atender preferentemente intereses privados. Por ello se hace necesario el establecimiento de mecanismos de intervención del Estado, bien en la fase de elaboración normativa, bien en su fase de aprobación final o bien participando en su control aplicativo. No obstante, recuerda el Tribunal de Justicia Europeo que sólo han de sujetarse a este examen o “test de compatibilidad” las llamadas medidas de autorregulación que emanen de los operadores privados en clara alusión, entre otros, a los baremos de los Colegios de Abogados. Por tanto, no han de someterse a este test las medidas de origen estatal en las que se presume la consecución del interés general, lo que puede tomarse como un balón de oxígeno para el sistema de arancel de los procuradores. Por si el panorama no era ya suficientemente perturbador, la Sala Tercera del Tribunal Supremo vino a sembrar más controversia al posibilitar que, en el orden jurisdiccional señalado, las liquidaciones desproporcionadas resultado de la aplicación del arancel podían reducirse según el prudente arbitrio del órgano judicial. Vino a establecer el principio de proporcionalidad como límite a la aplicación automática del arancel en sus tablas o escalas. De este modo, apreciada una desproporción entre las cantidades fijadas en el arancel y el trabajo efectivo realizado, el órgano judicial podía operar una rebaja y así prescindir de la vinculación reglamentaria al Real Decreto 1373/2003 regulador del arancel. Con el precedente del parecer de la Comisión de Defensa de la Competencia en la materia, la ley Ómnibus y, aún, la cuestión prejudicial elevada por la Audiencia Provincial de Barcelona al Tribunal de Justicia de la Unión Europea en que cuestionaba la conformidad del arancel de los procuradores con el Derecho europeo, la posición de nuestro Tribunal Supremo parecía que venía a asestar el golpe definitivo a la pervivencia del arancel y, con ello, se produjo un auténtico terremoto jurídico al verse afectado uno de los colectivos de tradicional arraigo como colaborador en la Administración de Justicia y último reducto, junto con notarios y registradores de la propiedad, de un sistema de retribución por arancel. Así las cosas, el Tribunal Constitucional entró sorpresivamente en escena y con la Sentencia de su Sala Primera vino a reposar el explosivo argumentario desarrollado hasta el momento, estimando un recurso de amparo interpuesto, entre otros, por el Consejo General de los Procuradores de España, al entender que el Auto de 19 de julio de 2011 de la Sección 3ª de la Sala Tercera del Tribunal Supremo vulneraba el derecho a la tutela judicial efectiva al rebajar la cuantía de los derechos del procurador por inaplicación del arancel. Todo ello se produce en un entorno europeo en que, en más de la mitad de los países de la Unión, los honorarios a percibir por el profesional


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son el resultado del acuerdo alcanzado con el cliente. No existen normas reguladoras de carácter vinculante y, tan sólo, en ciertos casos se establecen una serie de guías orientadoras que cumplen una función esencialmente informativa para aquéllos que quieran contratar los servicios profesionales pero, en ningún caso, juegan un papel corrector, ni establecen mínimos o máximos que hayan de ser respetados. Su única función es proporcionar una información a los consumidores de tales servicios profesionales y a los efectos que puedan formar su convicción para el momento en que vayan a contratar, pudiendo así tamizar debidamente el precio libremente presupuestado por el profesional. Con este trabajo los autores no pretendemos concluir un modelo alternativo de tasación de costas, sino proporcionar los mimbres suficientes para ayudar al necesario proceso reflexivo que esta materia merece, dadas las turbulencias normativas y jurisprudenciales concurrentes. Es por ello que elaboramos este estudio desde las diferentes perspectivas que concurren en una tasación de costas, siendo los autores del mismo una abogada, dos secretarios judiciales y una juez. De este modo nos proponemos ahondar en el dibujo básico de una materia que se encuentra en pleno proceso de redefinición, procurando, cuanto menos, atisbar la silueta completa del nuevo modelo. No podemos desconocer, y no lo hacemos, que quienes suscribimos este trabajo nos desenvolvemos en distintos recodos de un mismo plano. Es previsible, por un lado, la posición del abogado que pretenda estabilizar los parámetros valorativos a fin de constreñir lo más posible la soberana actuación tasadora del secretario judicial, por otro la del propio fedatario público que pretenda la mayor libertad en la valoración de los criterios jurisprudenciales a la hora de su concreción en la particular tasación, y, finalmente, la posición del juez que en fase de revisión, más allá del examen de adecuación de la tasación a los principios básicos de proporcionalidad y razonabilidad, pretenda planear sobre los conceptos justificados por los profesionales en su minuta y su apreciación por el secretario judicial. Así, de manera indisimulada se ofrecen en esta obra distintos enfoques de un mismo sustrato —los criterios de valoración de la Sala primera del Tribunal Supremo— que, lejos de reprimir, los autores hemos fomentado con el propósito de preservar al lector todos los posibles matices argumentales que la materia merece. Tampoco es propósito de esta obra hacer un estudio de la tasación de costas extensivo a todos los órdenes jurisdiccionales. Nuestra intención es construir un amplio y heterogéneo ejercicio reflexivo sobre la materia, abordado desde distintos puntos de vista y entornos argumentales, tenien-


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do como punto único punto de arranque el señalado Auto de 3 de mayo de 2011 de la Sala Primera del Tribunal Supremo, que irrumpió en el panorama jurídico con verdadero arrebato, parco en argumentos pero clarividente en su mensaje, lanzando con ello una serie de conceptos y elementos de valoración tasadora que revolucionaron “a la europea” una materia y una práctica excesivamente mecanizada e históricamente anquilosada por la concurrencia de fuertes intereses profesionales de índole económica. Tomamos nota también de las resoluciones de la Sala Tercera de nuestro Alto Tribunal, a fin de tener una mayor referencia argumental, pero sin desconocer que nuestro trabajo sitúa como epicentro un sucinto párrafo de un escueto Auto que, no obstante, esencia un definitivo salto hacia adelante en la realidad de una disciplina de evidente trascendencia en un tráfico económico que se encuentra inmerso en pleno proceso de transformación por su necesaria adaptación al marco común europeo. No pretendemos sentar criterio sino apuntar camino. Un camino en el que vamos a visitar todas las estaciones, cada una con su particular y singular paisaje, desgranando las complejas tonalidades de este apasionante viaje.

Los autores En Denia, siendo mayo de 2014.


Capítulo I

LOS GASTOS Y LAS COSTAS PROCESALES. MARCO NORMATIVO 1. LAS COSTAS PROCESALES EN EL DERECHO ESPAÑOL Concluida la fase procedimental declarativa con sentencia que “sea firme” (cfr. art. 242 de la LECiv) y estimadas o no las pretensiones de las partes litigantes deducidas en el litigio, de la resolución que pone fin a la instancia se deriva no sólo el reconocimiento o negación de la petición reclamada por la parte inicialmente actora o reconviniente sino, además, la obligación, que de ordinario incumbe al vencido en juicio, de sufragar los gastos originados en el ámbito del procedimiento, resultando que únicamente aquéllos gastos generados en el proceso y que guarden relación directa con el mismo —en el sentido que luego se especificará— merecerán acogida favorable en la tasación de costas a practicar por el secretario judicial. En todo caso, conviene anticipar que, como principio, el derecho que la resolución dictada impone a ser reintegrado en el importe fijado en la tasación de costas únicamente tiene como sujeto activo al beneficiario de la misma, y no a los profesionales que en la causa le asistieron o representaron (letrado y procurador de los tribunales). Es opinión común en la doctrina clásica la de que “constituyen las costas procesales las tasas o derechos (Gebühren) que corresponden al Estado, los suplidos que han de abonarse a los órganos procesales (tribunal, abogado, ejecutor judicial) y los gastos o suplidos que la parte realice. La obligación de abonar las costas, es, según el caso, o un deber público de pagar los derechos correspondientes al Estado, o una obligación de carácter privado, entre una parte y su abogado. La regla fundamental en la materia es que el litigante vencido ha de abonar las costas al vencedor. En caso de victoria y vencimiento parciales, se compensan las costas (y las judiciales se pagan por mitad entre las partes) o se reparten proporcionalmente”1. Entre nuestros procesalistas se conviene en definir las costas como parte de los gastos, precisándose como carácter específico de las mismas —a los efectos de su diferenciación con los gastos procesales en general— la de que su pago re-

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GOLDSCHMIDT, J. Derecho Procesal Civil. Trad. a cargo de Prieto Castro, L., Barcelona, 1936, 2ª ed., pp. 214-226.


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A. Martínez - F. J. Cremades - M. M. Romero - C. C. Castillo

cae necesariamente sobre las partes intervinientes en el litigio, con lo que se pretende vincular el concepto de costas con el pronunciamiento mismo acerca de su imposición que debe contenerse en la sentencia2. Desde una formulación positiva, a tenor de la disposición contenida en el artículo 241 de la LECiv, “se considerarán gastos del proceso aquellos desembolsos que tengan su origen directo e inmediato en la existencia de dicho proceso, y costas la parte de aquellos que se refieran al pago” de aquellos conceptos que en el referido precepto se enuncian, y que van a ser objeto de revisión en las siguientes páginas. En sentido negativo, la anterior declaración se completa con la previsión contenida en el artículo 243.2 de la LECiv, al declarar que “no se incluirán en la tasación los derechos correspondientes a escritos y actuaciones que sean inútiles, superfluas o no autorizadas por la ley, ni las partidas de las minutas que no se expresen detalladamente o que se refieran a honorarios que no se hayan devengado en el pleito”. Conviene significar, ya al inicio del presente estudio, que, en definitiva, la justificación de las costas como gastos resarcibles obedece al criterio residenciado en una suerte de principio de necesidad, que no sólo deberá operar como límite a la cuantificación de las costas procesales al tiempo de su tasación sino, desde una consideración más amplia, como principio inspirador de la concreción misma de aquellos conceptos que deben integrar las costas procesales frente a los que deben quedar excluidos de las mismas, de tal manera que de entre los conceptos a que se refiere el artículo 241 de la Ley procesal únicamente deberán quedar integrados en el de costas aquéllos que supongan gastos necesarios —y, precisamente, por su necesariedad— y sólo en el supuesto de que, efectivamente, lo sean (cfr. art. 243 de la LECiv). En todo caso, constando claramente expuesto el concepto en el inicio del precitado artículo 241 de la LECiv, que permite diferenciar entre gastos y costas procesales, cabría cuestionarse por el carácter diferencial entre unos y otras, extremo éste no explicado en el precepto, toda vez que el contenido de su apartado primero no es sino una mera relación de las partidas incluibles en el concepto —más restringido— de costas. Y considerando que esa nota diversificadora —entre gastos procesales y costas— no es sino el derecho al reembolso que beneficia al vencedor del pleito y cuyo pronunciamiento debe contenerse en la resolución judicial, cabría señalar

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Cfr., por todos, GÓMEZ ORBANEJA, E., Derecho procesal Civil, vol. 2º Juicios y procedimientos especiales. Ejecución procesal. Jurisdicción voluntaria, Madrid, 1979, p. 422, MORENO CATENA, V., Derecho Procesal, tomo I (vol. II), Proceso Civil (2), Valencia, 1987, 2ª ed., p. 643, y FAIRÉN GUILLÉN, V., Doctrina General del Derecho Procesal, Barcelona, 1990, p. 545.


Costas y gastos procesales: cuando el Tribunal Supremo miró a Europa

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que dicho carácter diferenciador aparece implícitamente contenido en el propio tenor del artículo 241.2 de la LECiv, al declarar que “los titulares de créditos derivados de actuaciones procesales podrán reclamarlos de la parte o partes que deban satisfacerlos sin esperar a que el proceso finalice y con independencia del eventual pronunciamiento sobre costas que en este recaiga”. En nuestro ordenamiento (cfr. arts. 241 y 394 de la LECiv), inicialmente cada parte litigante se hará cargo de sus propios gastos que le haya generado el proceso, si bien es posible que en la sentencia que finalice cada instancia quede determinado a cargo de qué parte se deberá sufragar dichos gastos, rigiendo con carácter general en materia de imposición de costas procesales la regla constituida por el criterio objetivo o del vencimiento, si bien también puede acudirse al criterio subjetivo o de la temeridad, por cuya virtud se imponen las costas a la parte que, en consideración del tribunal, haya litigado de manera temeraria, toda vez que la justificación de la condena se localiza en la circunstancia de que la realización de la norma no puede suponer un detrimento patrimonial contra la parte que venció en el pleito. Partiendo de las anteriores consideraciones, y atendida la circunstancia de que nuestro estudio se centra de manera esencial en el procedimiento civil, sin descuidar la necesaria mención, siquiera breve, a otros órdenes jurisdiccionales, el objetivo de las páginas siguientes no es sino el de ofrecer una breve referencia de situación acerca de los aspectos básicos de la regulación de las costas procesales en nuestro ordenamiento que, completada con una visión general de la misma en el Derecho comparado, nos permita enmarcar atinadamente el sentido de las novedades que últimamente, desde diversos ámbitos legislativos y judiciales, han supuesto determinados y singulares pronunciamientos sobre el controvertido tema cuya consideración nos ocupa.

1.1. Las costas procesales en el proceso civil. Gastos y costas procesales Constituye un hecho incontrovertido el que el despliegue de la función inherente a la Administración de Justicia conlleva unos costes, usualmente elevados, que pueden ser financiados bien públicamente o bien a cargo de las partes intervinientes en el litigio, siendo de ordinario lo más frecuente que la legislación reguladora de la materia se avenga a combinar ambas fórmulas con el propósito de hacer frente a los gastos generados. En definitiva, resulta que el desenvolvimiento de la Administración de Justicia admite dos sistemas de financiación, en función de que sean los propios contribuyentes a través de sus impuestos quienes, de manera general, sufraguen


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