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monografías ALTA CALIDAD EN INVESTIGACIÓN JURÍDICA

REYNALDO BUSTAMANTE ALARCÓN

LA MORAL DE LA LIBERTAD


LA MORAL DE LA LIBERTAD


COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT LO BLANCH María José Añón Roig

Catedrática de Filosofía del Derecho de la Universidad de Valencia

Ana Cañizares Laso

Catedrática de Derecho Civil de la Universidad de Málaga

Jorge A. Cerdio Herrán

Catedrático de Teoría y Filosofía de Derecho. Instituto Tecnológico Autónomo de México

José Ramón Cossío Díaz

Ministro en retiro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y miembro de El Colegio Nacional

Eduardo Ferrer Mac-Gregor Poisot

Presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM

Owen Fiss

Catedrático emérito de Teoría del Derecho de la Universidad de Yale (EEUU)

José Antonio García-Cruces González

Catedrático de Derecho Mercantil de la UNED

Luis López Guerra

Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Carlos III de Madrid

Ángel M. López y López

Catedrático de Derecho Civil de la Universidad de Sevilla

Marta Lorente Sariñena

Catedrática de Historia del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid

Javier de Lucas Martín

Catedrático de Filosofía del Derecho y Filosofía Política de la Universidad de Valencia

Víctor Moreno Catena

Catedrático de Derecho Procesal de la Universidad Carlos III de Madrid

Francisco Muñoz Conde

Catedrático de Derecho Penal de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla

Angelika Nussberger

Jueza del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Catedrática de Derecho Internacional de la Universidad de Colonia (Alemania)

Héctor Olasolo Alonso

Catedrático de Derecho Internacional de la Universidad del Rosario (Colombia) y Presidente del Instituto Ibero-Americano de La Haya (Holanda)

Luciano Parejo Alfonso

Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Carlos III de Madrid

Tomás Sala Franco

Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad de Valencia

Ignacio Sancho Gargallo

Magistrado de la Sala Primera (Civil) del Tribunal Supremo de España

Tomás S. Vives Antón

Catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Valencia

Ruth Zimmerling

Catedrática de Ciencia Política de la Universidad de Mainz (Alemania)

Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales


LA MORAL DE LA LIBERTAD

REYNALDO BUSTAMANTE ALARCÓN

tirant lo blanch Valencia, 2020


Copyright ® 2020 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito del autor y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com.

© Reynaldo Bustamante Alarcón

© TIRANT LO BLANCH EDITA: TIRANT LO BLANCH C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: www.tirant.es ISBN: 978-84-1355-294-1 MAQUETA: Tink Factoría de Color Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro procedimiento de quejas. Responsabilidad Social Corporativa: http://www.tirant.net/Docs/RSCTirant.pdf


Para los “angelitos de luz”: los que están entre nosotros, aquí y allá. Por quienes seguimos trabajando en la construcción de un mundo más justo y reconciliado.


Índice Introducción.............................................................................................. 11

Capítulo I CATEGORÍAS, PROBLEMAS Y PERSPECTIVAS 1. La moral y sus clasificaciones.............................................................. 17 2. La ética o Filosofía Moral y sus clasificaciones.................................... 22 3. Dos problemas filosóficos fundamentales. Una delimitación metodológica...................................................................................................... 25 4. La razón situada en la historia............................................................. 29 5. Un modelo de relación entre la moral, el poder y el Derecho............... 33 5.1. La posición del positivismo clásico o formalista.......................... 37 5.2. El positivismo remozado y las posturas no positivistas................ 40 5.3. La interrelación moral, poder y Derecho. La concepción tridimensional de lo jurídico............................................................... 44

Capítulo II EL MARCO CULTURAL Y LOS APORTES DEONTOLÓGICOS Y CONSTRUCTIVISTAS 1. Un marco cultural afín al proyecto ilustrado y moderno..................... 53 2. Los criterios deontológicos de raíz kantiana........................................ 57 3. El procedimiento del contractualismo rawlsiano................................. 60 3.1. Un procedimiento para generar y justificar principios de justicia. 62 3.2. Desobediencia civil, resistencia y objeción de conciencia............. 73 3.3. Críticas y diferencias.................................................................... 75 4. El procedimiento de las éticas comunicativas....................................... 80 4.1. Participación, deliberación y consenso......................................... 82 4.2. Los discursos de fundamentación y de aplicación........................ 94 4.3. Críticas y reconocimientos........................................................... 96

Capítulo III UNA MORAL RELEVANTE PARA LA POLÍTICA Y EL DERECHO 1. El presupuesto axiológico: la dignidad de la persona........................... 101 2. La distinción entre ética pública y ética privada.................................. 106 2.1. La ética privada como camino hacia la libertad moral................. 109


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Índice

2.2. La ética pública como justicia del orden social............................ 116 2.3. Conexiones y patologías. Los casos de difícil distinción............... 131 3. El paso de la ética pública al Derecho a través del poder político........ 140 4. Críticas a la distinción y respuestas integradoras................................. 144 5. Los valores de la ética pública............................................................. 157 5.1. Libertad: protectora, promocional y participativa....................... 159 5.2. Igualdad: igual libertad e igualdad para la libertad...................... 165 5.3. Seguridad: en relación con el poder, el Derecho y la sociedad...... 176 5.4. Solidaridad: cooperación y responsabilidad................................. 180 Bibliografía............................................................................................... 189 Biografía................................................................................................... 201


INTRODUCCIÓN Una sociedad que pretenda ser justa no puede dejar de lado a la moral: la reflexión y práctica de lo que es bueno y justo para que la convivencia entre los seres humanos y con el resto de la naturaleza sea realmente liberadora y vivificadora. La experiencia histórica nos enseña que las sociedades que descuidaron, que no alentaron entre sus integrantes, la reflexión sobre las cuestiones morales y la práctica de la bondad y la justicia, tarde o temprano padecieron una realidad deshumanizante, caracterizada por el egoísmo, la corruptela, el desprecio, el juego sucio, la manipulación, el abuso del poder, entre otros vicios que generan estructuras de violencia y dominación. La reflexión moral nos proporciona criterios para la acción, la crítica de la realidad y, sobre todo, su transformación. La práctica de lo bueno y lo justo contribuye a generar las condiciones para que las personas alcancen su desarrollo más pleno, para que la convivencia con los demás sea civilizada, armoniosa y pacífica. Este trabajo continúa una investigación que procura contribuir a ese propósito. Buscamos reconstruir un modelo axiológico, al que identificamos como la moral de la libertad, haciendo uso de diversos aportes intelectuales. No abordamos todos los aportes (tal empresa sería imposible para un solo hombre), sino aquellos que por su influencia representan a las principales racionalidades parciales que, modernamente, han contribuido a desarrollarla. Ordenamos esas racionalidades, seleccionando las que consideramos útiles, y ensayamos con ellas —junto con nuevos aportes— una síntesis integradora que supone un paso más en el camino del conocimiento. La moral de la libertad que se reconstruye aquí tiene, en ese sentido, semejanzas, pero también marcadas diferencias con las reflexiones de otros autores. Desde una perspectiva diacrónica, la moral de la libertad es expresión de múltiples aportes culturales y construcciones teóricas, realizadas a lo largo de la historia, donde el proyecto ilustrado y moderno ocupa un lugar importante. Un depósito dinámico de la razón, abierto hacia el futuro, constituido a través de las obras de una pluralidad de


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personas (filósofos, juristas, politólogos, científicos, etc.), cuyas contribuciones se comunican entre sí a través de un diálogo abierto a lo largo de la historia, la mayoría de las veces mediante la escritura en la que se cristalizan esas reflexiones. Se puede decir que contiene la razón histórica, dentro del gran proceso de racionalización y humanización que caracteriza al mundo moderno y que se diversifica en varias dimensiones: liberales, socialistas, republicanas, entre otras. Desde una perspectiva sincrónica, la moral de la libertad es un proyecto moral que se construye mediante una racionalidad práctica, a partir de la idea de persona y dignidad humana. Una propuesta de una moral relevante para contribuir a edificar una sociedad justa, a la altura de nuestro tiempo. Un cierto tipo de sociedad donde todas las personas podamos encontrar las condiciones adecuadas para el desarrollo de todas las dimensiones de nuestra humanidad y vivir de manera armoniosa en comunidad y con el resto de la naturaleza. Tal tipo de moral distingue el ámbito de la felicidad (ética privada) del ámbito de la justicia (ética pública), admitiendo sus conexiones e intersecciones, pero exigiendo el respeto a sus respectivos ámbitos de influencia. Una moral que actúa sobre la política y el Derecho orientándolos, presionándolos y criticándolos para alcanzar los objetivos de racionalización y humanización que se persiguen, para que el poder político sea legítimo y el Derecho justo*. Este libro se encuentra organizado en tres capítulos. El primero empieza abordando el significado de la moral, de la ética y la Filosofía Moral, presentando varias clasificaciones para tener una mejor comprensión de nuestro objeto de estudio. Continúa describiendo dos problemas filosóficos fundamentales que se abordan en este trabajo:

*

A pesar de las particularidades conceptuales e históricas que distinguen al derecho objetivo del derecho subjetivo, en el sistema de la lengua española la palabra derecho identifica ambas categorías. Eso no ocurre en algunos otros idiomas, donde existe una palabra diferente para cada una de ellas. Por esa razón, para evitar equívocos, a lo largo de nuestra exposición escribiremos Derecho (con mayúscula) para referirnos al derecho objetivo, y derecho (con minúscula) para significar derecho subjetivo, dejando a salvo sus matices, consecuencias e interconexiones. Un uso común en ciertos ámbitos del conocimiento jurídico. Sin perjuicio de ello, intentaremos mantener las reglas del sistema español para las referencias bibliográficas.


Introducción

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la existencia de criterios o procedimientos racionales para justificar la validez de los juicios de valor, es decir, para demostrar que un juicio moral es válido de tal forma que esa demostración sea, en principio, asequible a cualquier persona normal que estuviera en las condiciones adecuadas; y los valores o principios que permiten enjuiciar los comportamientos humanos desde un punto de vista moral, así como determinar sus implicaciones sobre materias específicas. Seguidamente, en este capítulo realizamos una delimitación metodológica: la cuestión moral es abordada en este libro desde una perspectiva filosófica; concretamente, a partir de una antropología integral y humanista con un optimismo realista, que reflexiona sobre la relación que la moral presenta con la política y el Derecho, resaltando el valor de cada persona, pero sin desconocer la importancia de la comunidad, ni olvidar el resto de la naturaleza. Dejamos constancia que si bien las ideas que se desarrollan en este trabajo son idóneas para abordar cuestiones morales concretas que atañen a la vida del ser humano (como la objeción de conciencia, la eutanasia o los límites de la libertad de elección), no se busca examinar aquí esas cuestiones, sino ocuparnos desde un punto de vista abstracto de aquellos aspectos de la moral que son relevantes para que los diversos órdenes de la vida social, en especial la política y el Derecho, se organicen de manera justa. El capítulo continúa explicando el uso de la razón situada en la historia —como herramienta metodológica— y exponiendo algunas de las concepciones de la filosofía jurídico-política sobre la relación entre la moral y el Derecho, la moral y el poder, como ocurre con el positivismo clásico o formalista, el positivismo remozado y las posturas no positivistas, para acabar presentando a otra de las perspectivas de la que hacemos uso: una manera de interrelacionar la moral, el poder (la política) y el Derecho, así como la concepción tridimensional de lo jurídico. El capítulo segundo inicia refiriéndose al marco cultural dentro del cual la moral de la libertad encuentra especial sentido: el proyecto ilustrado y moderno. No se trata de una recepción carente de crítica, que pierda de vista las deficiencias u omisiones de la Modernidad; mucho menos que deje de lado los periodos anteriores o el avance de las ideas que generalmente acompaña al futuro. Lo que hace es preservar todo lo que la Modernidad tuvo de esencialmente bueno y positivo en materia de valores, principios y derechos para la organización de


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la vida humana; y, naturalmente, utilizarlos como materiales, conjuntamente con los antiguos y nuevos aportes, para la construcción de un sistema moral, político y jurídico orientado a favor de la persona. De unos y otros se toman críticamente los aportes que resultan útiles para construir —en una síntesis armoniosa— una propuesta de organización social orientada a esos objetivos. Con ese marco, el capítulo segundo se ocupa de las contribuciones de dos de las principales concepciones morales afines al proyecto ilustrado y moderno: las éticas deontológicas y las éticas constructivistas. Estas proponen sendos criterios o procedimientos racionales con los cuales justificar los juicios morales, organizar la sociedad con cierto sentido de justicia y resolver los problemas morales concretos que se puedan presentar. Se abordan así los criterios deontológicos de raíz kantiana; el procedimiento del contractualismo rawlsiano para generar y justificar principios de justicia, sin dejar de mencionar a la desobediencia civil, la resistencia y la objeción de conciencia; además del procedimiento de las éticas comunicativas donde la participación, la deliberación y el consenso, junto con la distinción entre el discurso de fundamentación y el de aplicación, ocupan un lugar importante. Tras ordenar las racionalidades parciales, seleccionando las que consideramos útiles, en el capítulo tercero ensayamos con ellas, junto con nuevos elementos, una síntesis integradora que profundiza en la moral de la libertad. Lo hacemos partiendo de un presupuesto axiológico: la dignidad de la persona, con todas las consecuencias que ello implica. El capítulo continúa ocupándose, con detalle, de la distinción entre ética pública (la moral de la política y del Derecho) y ética privada (la moral de las personas), examinando sus características y requisitos, y considerándolas como dos ámbitos de la misma moral: la moral de la libertad. Si bien se admite sus conexiones e intersecciones, se exige respeto a sus respectivos ámbitos de influencia: ni la ética pública puede pretender ser ética privada, ni la ética privada puede invadir los espacios de la ética pública. Con esos materiales, este capítulo se ocupa también del paso de la ética pública al Derecho, a través del poder político, y de desarrollar los valores de libertad, igualdad, seguridad y solidaridad que, junto con los derechos fundamentales, los deberes esenciales y otros principios, integran la ética pública del modelo que se defiende aquí. Tanto la ética pública como la ética


Introducción

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privada, en tanto integrantes de la moral de la libertad, no pueden ser egoístas, utilitaristas o arbitrarias. Por el contrario, deben respetar el dinamismo de la libertad, el equilibrio entre los principios de autonomía y universalidad y estar orientadas al desarrollo integral de las personas, sin olvidar la importancia de la comunidad ni el cuidado de la naturaleza. El método empleado en este trabajo ha sido relacional y reconstructivo: a partir de distintos aportes culturales e históricos se ha procurado reconstruir la moral de la libertad, haciendo un esfuerzo por completar o restablecer lo que falta, matizando algunas propuestas de otros autores e incorporando nuestras contribuciones, de acuerdo con una construcción planificada. La bibliografía utilizada está compuesta por fuentes de diverso tipo, en gran medida por libros y artículos de especialistas en filosofía moral, política y jurídica. Se encuentra organizada en orden lexicográfico y aparece al final de la obra. Kant, Kelsen, Hart, Bobbio, Dworkin, Elías Díaz, Rawls, Apel, Habermas y Peces-Barba son, entre otros, algunos de los autores que han sido estudiados. Si tuviéramos que ubicar este trabajo en un área del conocimiento, diríamos que se enmarca mejor dentro de las principales interrogantes de la filosofía moral y política aplicadas al Derecho. Este libro ha contado con la constante colaboración del Instituto de Derechos Humanos Bartolomé de las Casas de la Universidad Carlos III de Madrid, y con el apoyo decidido del Instituto Solidaridad y Derechos Humanos, así como de la Facultad de Derecho de la Universidad del Pacífico. A todos sus integrantes, nuevamente, mi reconocimiento, respeto y gratitud. No puedo dejar de agradecer a los amigos y compañeros de otras universidades, en espacial de la Universidad Externado de Colombia, de la Universidad Autónoma de Occidente y de la Pontificia Universidad Católica del Perú, por su acogida para exponer como docente varios de los temas que se abordan aquí. Agradezco también a los amigos y profesores Rafael de Asís, Javier Ansuátegui, Fernando Cantuarias, Cecilia O’Neill y Carlos Zelada: su respaldo y compañerismo es siempre alentador. Finalizo agradeciendo, una vez más, a Milagros, mi querida esposa: gracias por tu apoyo para llevar a buen puerto esta obra. Junto


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con Felipe Santiago y Reynaldo Francisco, nuestros hijitos queridos, haces de este mundo uno mejor. San Isidro, 5 de diciembre de 2019 Reynaldo Bustamante Alarcรณn


Capítulo I

CATEGORÍAS, PROBLEMAS Y PERSPECTIVAS 1. LA MORAL Y SUS CLASIFICACIONES La palabra «moral» suele ser tomada con dos significados diferentes: con referencia directa al comportamiento humano y su calificación como bueno o malo, justo o injusto; y como aquella parte de la filosofía que estudia los comportamientos humanos en cuanto morales o inmorales, hablándose así de Filosofía Moral, ética, o simplemente Moral1. Incluso suele distinguirse entre moral, ética y metaética. Según esta distinción, a la moral le correspondería «la tarea de prescribir la conducta en la vida cotidiana, mediante enunciados valorativos o prescriptivos con contenido», que establezcan lo que se debe hacer; a la ética o Filosofía Moral, la «reflexión sobre las formas de las prescripciones y valoraciones morales, que intenta fundamentarlas»; y a la metaética «la misión de dilucidar si la ética es una disciplina autónoma, si es ciencia, y de qué modo se contraponen entre sí las distintas articulaciones éticas»2. A pesar de esta distinción, también es frecuente que se use la palabra «moral» en el primero de sus significados y a la «ética» como su sinónimo. Un uso que por razones metodológicas mantendremos aquí, salvo que se desprenda lo contrario. La moral hace referencia a valores, principios y criterios que sirven de guía para la conducta humana. Se expresa de manera más o menos inmediata en normas —en un deber ser— aunque diferentes a las sociales y a las jurídicas porque proceden, fundamentalmente, del sujeto mismo que se siente obligado por ellas y no de la decisión de terceras personas. Se dice que las normas morales provienen «funda-

Véase: Aranguren, José Luis L. De ética y de moral. Lo que sabemos de moral, moral de la vida cotidiana, personal y religiosa, Círculo de Lectores, Barcelona, 1991, p. 13. 2 Cortina, Adela. Ética sin moral (1990), quinta edición, Tecnos, Madrid, 2004, p. 44. 1


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mentalmente» del sujeto mismo que se siente obligado a ellas porque, si bien su origen y fundamento radica en la conciencia moral autónoma del individuo, se pueden nutrir de valores socioculturales. Lo que diferencia a las normas morales de las sociales y las jurídicas no radica, realmente, en la ausencia de coacción, sino en el origen autónomo de las normas morales y en el heterónomo de las sociales y jurídicas. Mientras en las primeras la coacción proviene exclusivamente de la conciencia moral del propio individuo que se siente compelido a seguirlas, en las dos últimas la coacción reside en el grupo social o en el poder político que las sostiene. De esa manera, y a través de los hábitos del comportamiento, la moral conforma el carácter, el modo de ser de las personas3. Puede clasificarse de diferentes maneras. Una de ellas distingue entre moral personal, social y crítica4. La moral personal suele utilizarse en cualquiera de los siguientes sentidos: para significar que se origina en la conciencia autónoma de la persona, para expresar que corresponde a cada individuo, y para hacer referencia a aquella parte de la moral que tiene que ver exclusivamente con su vida privada. La moral social suele ser utilizada para denotar la influencia que ejerce la realidad social, en el sentido de que la moral se nutre de valores y normas socioculturales; para indicar los valores o normas morales que rigen el comportamiento de los individuos en relación con los demás, es decir, la vida pública o social; y para hacer referencia a la moral de la mayoría o de la totalidad del grupo social: a la moral vigente en una sociedad. Cuando la moral social o personal no coincide con una recta conciencia o una recta razón, cuando existe una sed de justicia mayor o una discrepancia con el orden moral vigente, puede ocurrir que uno o más individuos formulen observaciones, mejoras o pretensiones morales alternativas con la finalidad de que sean acogidas para sustituir o mejorar las vigentes (por ejemplo, la crítica contra la pena de muerte en aquellos países donde exista acuerdo social sobre su apli-

Véase: Díaz, Elías. Curso de Filosofía del Derecho, Marcial Pons, Ediciones Jurídicas y Sociales, Madrid, 1998, p. 43. 4 Cfr.: Fernández, Eusebio. “Sobre la ética y su justificación”, en: Estudios de Ética jurídica, Serie de Derecho, Debate, Madrid, 1990, pp. 101-102. 3


La moral de la libertad

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cación). En esos casos, las propuestas de tipo moral reciben el nombre de moral crítica. Esta corresponde a lo que José Luis L. Aranguren denomina «moral como actitud», pues «es siempre de exigencia y de autoexigencia, de sed de justicia, de búsqueda e inquietud, de inconformismo y crítica del código moral vigente que, por perfecto que parezca es siempre perfectible, y de propuesta, a veces solo balbuciente, de un orden moral mejor»5. Otra clasificación de la moral diferencia entre moral crítica, moral positiva y moral legalizada, relacionándolas con la legitimidad, legitimación y legalidad, respectivamente. Según esta clasificación, la moral crítica se presenta como sinónimo de legitimidad crítica, la moral positiva como la legitimación que da el apoyo social, y la moral legalizada como la moral incorporada al Derecho. En esa distinción, la legitimidad aparece como «término equivalente al de justificación (del Derecho y del Estado)», la legitimación como el «hecho social de la aceptación o no de una legitimidad», y la legalidad como «sinónimo sin más de Derecho, de ordenamiento jurídico»6. Mientras la legitimidad se refiere a los valores o criterios que han sido asumidos por un sistema de poder y que sirven para justificarlo; la legitimación alude a la aceptación social de esos valores o criterios y, como consecuencia de ello, a la obediencia de las normas dictadas por el poder. Si a ello se agrega que la legalidad es inherente a la idea de fuerza ejercida conforme a la ley y en nombre de ella, se colige que legitimidad, legitimación y legalidad no son lo mismo, aunque cada una aspire a gozar de las otras dos. Si bien todo poder político pretende contar con legitimidad —además de gozar de legitimación y valerse de la legalidad— no todos los criterios de legitimidad son equivalentes: algunos pueden responder a un mayor contenido de virtud o de justicia en comparación con otros. Incluso unos pueden ser más liberadores y otros más opresores. Ello dependerá, fundamentalmente, de la perspectiva seguida, así como de la idea de persona y de la relación que se postule respecto a su comunidad. En la elección de un criterio de legitimidad u otro se resolverá, en buena medida, el sentido de la organización política y, por ende, las posibilidades de realización de la

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Ética de la felicidad y otros lenguajes, Tecnos, Madrid, 1988, p. 106. Díaz, Elías. De la maldad estatal y la soberanía popular, Colección Universitaria, Debate, Madrid, 1984, p. 26 (la cursiva es nuestra).


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persona. Puede ocurrir, por otro lado, que exista legitimidad sin legitimación (cuando la sociedad no acepta las razones que justifican un sistema de poder) o que la legitimación inicialmente obtenida luego se pierda (porque la sociedad ya no acepta las razones que, justificando un sistema de poder, contaban inicialmente con apoyo social), y también que exista legalidad sin legitimidad y/o legitimación (por ejemplo, cuando la legalidad se sustenta en la sola imposición de la fuerza o no cuenta con el apoyo social suficiente para su vigencia pacífica), entre otras combinaciones posibles. Todos estos tipos de moral se encuentran conectados y hasta cierto punto pueden en algún momento coincidir, pero son conceptualmente distintos. Nos lo recuerda Elías Díaz: «Todo Derecho lleva dentro, desde luego, una u otra ética: legitimidad legalizada, en la terminología convencional que sigo utilizando aquí; pero esta puede coincidir en mayor o menor medida con la moral positiva, social, y encontrar así más o menos libre legitimación; y sobre todo, una y otra pueden ser calificadas de injustas, de inmorales desde alguna diferente concepción ética o perspectiva cultural: base para, en diálogo y razón, construir la moral crítica»7. Finalmente, cuando una moral se corresponde con el proyecto de la Modernidad y de la Ilustración, suele recibir el nombre de moral ilustrada8. Este proyecto no coincide exactamente con un período de tiempo, como el de la Edad Moderna, sino con un programa cultural y un espíritu crítico que teniendo sus orígenes en ella —con antecedentes en el Tránsito a la Modernidad, que en algunos casos hunde sus raíces en la Antigüedad— se proyecta hasta la actualidad9. Tiene

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Curso de Filosofía del Derecho, ob. cit., pp. 45-46. Es el sentido con el que Gregorio Peces-Barba utiliza la palabra «ilustrada» en: Curso de Derechos Fundamentales. Teoría general (1995), con la colaboración de Rafael de Asís, Rafael Fernández Liesa y Ángel Llamas Gascón, Universidad Carlos III de Madrid, Boletín Oficial del Estado, Madrid, reimpresión de 1999, pp. 231 (al final), 236 (penúltimo párrafo) y 290 (primer párrafo). Por Tránsito a la Modernidad se entiende, de manera general, aquel periodo de cambios que significó el paso de la Edad Media a la Edad Moderna. No se trata de una etapa histórica con un principio y un final determinados, sino de un tiempo revolucionario y transformador —que duró más de dos siglos— donde muchas de las estructuras económicas, sociales, políticas y culturales del mundo medieval desaparecen —siendo sustituidas por las nuevas— aunque algunas se


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