ra
Lectu en la
nube
978-84-1183-151-2
9 788411 831512
Francisco Jarauta / Javier de Lucas / Sami Naïr
LA
LA AMISTAD COMO UNA DE LAS BELLAS ARTES
Tres reconocidos intelectuales, Francisco Jarauta, Javier de Lucas y Sami Naïr nos ofrecen en estas páginas, tal y como escribe Naïr, ”un ejercicio práctico de la amistad misma considerada como «una de las bellas artes», una suerte de estética del arte de pasarlo bien juntos”, para celebrar más de 30 años de encuentros, debates y proyectos en común. El hilo que recorre los ensayos reunidos aquí es el valor de la amistad y el amor por la literatura. Con Francisco Jarauta, y de la mano del The Enchafted Flood de W. H Auden, descubrimos a Melville, Verne y Conrad como “viajeros en la línea de la sombra”. Javier de Lucas nos ofrece otro viaje, por algunos de los textos clave para entender la construcción de la alteridad, desde la Biblia y Homero, a los ilustrados, con especial detenimiento en Swift, Kafka y Ph.K.Dick, y sin olvidar la mirada desde el cine. Sami Naïr, por su parte, privilegiado testigo y buen amigo de tres de los grandes intelectuales que marcan nuestra época, Simone de Beauvoir, Edgar Morin o José Saramago, desvela con maestría el alma de la vida y obra de esos relevantes pensadores en los tres textos de su autoría. Estas páginas quieren ser en definitiva, un tributo a la amistad como una de las bellas artes, en la estela de la fórmula inmortal acuñada por Montaigne en homenaje a su querido amigo de La Boétie, pero también, como recuerda el editor del libro, Javier de Lucas, a lo que de forma tan bella supo expresar Pessoa al explicar su amistad con el poeta Sá Carneiro, “Nosotros/éramos un diálogo en un alma”.
AMISTAD COMO UNA DE LAS
BELLAS ARTES
Francisco Jarauta Javier de Lucas Sami Naïr
Edición de Javier de Lucas
Francisco Jarauta, catedrático de filosofía y profesor en Universidades europeas y norteamericanas, miembro y patrono de los Consejos científicos de museos como el IVAM, el Reina Sofía, la Fundación Botín o el Instituto Europeo di Design y curador de exposiciones internacionales como Micro-Utopías. Arte y Arquitectura (2023). Sus ensayos son una acreditada brújula en las microfisuras de la política, la estética, la filosofía, el arte.
Javier de Lucas, catedrático de filosofía del derecho y filosofía política, fundador y director del Instituto de Derechos Humanos de la Universitat de Valencia, ha sido director del Colegio de España en París, senador y actualmente consejero electivo del Consell Juridic Consultiu de la Comunitat Valenciana. Es una voz de referencia en el análisis de los derechos humanos,
Sami Naïr, filósofo y catedrático de ciencias políticas, ensayista de prestigio internacional, ha codirigido con Simone de Beauvoir la revista Les Temps modernes, y ha sido Delegado interministerial sobre Migraciones y codesarrollo, eurodiputado y Consejero de Estado. Es una autoridad mundial en el análisis de la gestión de políticas migratorias.
La amistad como una de las bellas artes
COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT HUMANIDADES Manuel Asensi Pérez
Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València
Ramón Cotarelo
Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia
Mª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València
Juan Manuel Fernández Soria
Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València
Pablo Oñate Rubalcaba
Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València
Joan Romero
Catedrático de Geografía Humana Universitat de València
Juan José Tamayo
Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid
Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales
Francisco Jarauta Javier de Lucas Sami Naïr
(edición de Javier de Lucas)
La amistad como una de las bellas artes
tirant humanidades
Valencia, 2023
Copyright ® 2023 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de los autores y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com.
© Francisco Jarauta Javier de Lucas Sami Naïr
© TIRANT HUMANIDADES EDITA: TIRANT HUMANIDADES C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email: tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: www.tirant.es ISBN: 978-84-1183-152-9 Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index. php/empresa/politicas-de-empresa nuestro procedimiento de quejas. Responsabilidad Social Corporativa: http://www.tirant.net/Docs/RSCTirant.pdf
Índice Prólogo. La amistad, una de las bellas artes................ Sami Naïr
9
Viajeros de la línea de sombra: Melville, Verne, Conrad.............................................................................................. Francisco Jarauta
13
1. La estela de Moby Dick....................................................... 2. Capitán Nemo........................................................................ 3. El corazón de las tinieblas..................................................
13 21 28
Miradas sobre el rechazo, la acogida y el reconocimiento............................................................................ Javier de Lucas
37
1. Deshumanizar al otro, la vieja lección de la dialéctica del reconocimiento.............................................................. 2. Dos mitos literarios, en los orígenes del rechazo al otro........................................................................................... 3. La alternativa de la hospitalidad y la acogida del otro en otros mitos clásicos........................................................ 4. La ironía que descubre la humanidad del otro: Montaigne (1533-1592)......................................................... 5. Dos figuras del otro, en Shakespeare (1564-1616)......... 6. El «nuevo otro»: la literatura del contrato social......... 7. El otro, más allá de lo humano, en nuestra literatura contemporánea: de Conrad y Kafka, a Orwell y Ph. K. Dick..........................................................................................
37 42 45 52 56 61 71
8. Apéndice: las nuevas Anábasis de los desplazados....
82
Afinidades electivas.................................................................. Sami Naïr
91
Entre la amistad y la tragedia............................................... Sami Naïr
95
1. Simone de Beauvoir, Elizabeth Lacoin, Maurice Merleau-Ponty....................................................................... 2. Zaza, la pura amistad........................................................... 3. Merleau-Ponty, el drama..................................................... Edgar Morin................................................................................... Sami Naïr Fernando Gómez Aguilera lector de José Saramago........................................................................................ Sami Naïr Epílogo............................................................................................. Javier de Lucas
8
Índice
95 100 106 121
137
145
Prólogo. La amistad, una de las bellas artes Sami Naïr
Tras la gran tradición romana inaugurada por Séneca y Cicerón y el insuperable maestro francés del ensayo a partir del siglo XVI, Michel de Montaigne, sabemos que la amistad puede ser también una filosofía de sabiduría y de vida. El autor de Essais dedica una reflexión sobre la amistad con su fallecido amigo, Etienne de la Boetie, cuya obra, La servitude volontaire, es un clásico del pensamiento crítico sobre la dominación y la servidumbre entre los seres humanos. En todo su texto, Montaigne intenta definir esta amistad, pero sin poder llegar a su esencia. Al fin y al cabo, casi frustrado por el intento, vuelve al recuerdo nostálgico de su amigo, preguntándose «¿Por qué él?» y contestando «Porque era él, y porque era yo». Esta respuesta, difícilmente descifrable pese a su aparente sencillez, pone singularmente de relieve la ambigüedad de toda relación humana y la imposibilidad de contemplarla desde una perspectiva racional. De hecho, unos años después de Montaigne, Blaise Pascal, el pensador francés más profundo, con Descartes, renunció a la posibilidad de conseguir una explicación satisfactoria a la oscura respuesta de Montaigne; prefirió desplazar el interrogante a otro campo, al de la enigmática correlación entre la pasión y la razón, con
el enunciado «El corazón tiene razones que la razón no entiende»: porque la amistad es, a la vez, pasión razonable y razón apasionada. Esta llave «pascaliana» permite penetrar en la complejidad de las relaciones humanas sin alterarlas, siempre desde esta «razón sin razón» presentida por el gran Quijote, que conlleva el respeto y el cariño, la admiración y la solidaridad, la justicia y el bien común. Y que no tiene nada que ver, pese al desasosiego del buen Sancho Panza, con la locura. Tan resistente como el amor irracional, la amistad es dedicación y confianza otorgadas al otro. La esencia de la palabra «amistad» es, en sí misma, amor. Debería ser el sueño de toda filosofía política sabia y sagaz del vínculo social. Estos textos, por cierto, no aparecen reunidos aquí para glosar sobre la amistad, sino por su capacidad de ilustrar una manifestación amistosa, sin ninguna pretensión intelectual pero con la confianza que acompaña a unas relaciones humanas basadas en el respeto y el afecto mutuos. Recuerdo el día que coincidimos los tres autores en Cartagena con motivo de un coloquio. Paco Jarauta, con el que Javier y yo mantenemos una complicidad de amigos desde los años 90, lanzó la idea de publicar algo en común que fuera testigo de esta amistad. Era, en efecto, una oportunidad que no había que dejar pasar; me atreví a proponer, no sin ciertas vacilaciones, la idea de un librito a tres con nuestros respectivos textos. Paco, cuyo pensamiento vuela más rápido que el tiempo, no tardó en estrenar las primeras páginas; Javier escribió el suyo sobre el hilo de una brillante inspiración…, pero yo, que había promovido esta aventura, tuve que disculparme reiteradamente por el retraso, temiendo cada vez más agotar la 10
Sami Naïr
paciencia de mis cómplices. ¡Finalmente, esta aquí el librito! No es una obra filosófica sobre la amistad, sino, más bien, un ejercicio práctico de la amistad misma considerada como «una de las bellas artes», una suerte de estética del arte de pasarlo bien juntos.
Prólogo. La amistad, una de las bellas artes
11
Viajeros de la línea de sombra: Melville, Verne, Conrad Francisco Jarauta
1. LA ESTELA DE MOBY DICK
En 1950 W. H. Auden publica The Enchafted Flood, ensayo que el autor presenta como «un intento de comprender la naturaleza del romanticismo a través del análisis de un único tema, el mar». El punto de partida es la descripción de un sueño que Wordsworth cuenta detalladamente al inicio del quinto libro de su Preludio en la versión de 1805. Un amigo del poeta, mientras lee el Don Quijote a orillas del mar, se duerme y sueña encontrarse en un desierto en el que un personaje, mitad beduino y mitad Don Quijote, trata de salvar de un inminente diluvio una piedra (los Elementos de Euclides, la razón abstracta) y una concha (la imaginación, el arte). El mar es el desierto, la piedra y la concha, Ismael (el primer beduino) y Don Quijote constituyen el título de los tres capítulos del libro que como puede entenderse discurren mediante la contraposición de figuras y conceptos entre sí opuestos. La intención de Auden no es la de una reconstrucción de variantes que bien hubieran podido interesar a un comparativista erudito, atento a los usos con los que una tradición literaria da cuenta de sus estrategias simbólicas o alegóricas. Sino más bien su punto de vista e interés es recorrer un paysage moralisé en el que se había
convertido la época moderna, tal como ya la había planteado en su New Year Letter de 1941. Para el Auden de entonces, la época moderna se había transformado en una ciudad inhabitable, casi un desierto habitado únicamente por muchedumbres anónimas y espiritualmente muertas, regidas por el esprit del Hombre Empírico Económico, reductor de las esferas de la vida al espacio cerrado de la posesión y el interés. En este escenario sólo el mar era el lugar que algunos individuos elegían como territorio propio y terrible en el que experimentar todo aquello que la ciudad les negaba. Son aquéllos que «sans savoir pourquoi disent toujours: Allons!», y exponiéndose a la intemperie de mares lejanos, afirmaban con sus gestos la decisión y defensa de un mundo obligado a interpretar la relación individuo-sociedad, privado-público desde la hegemonía de la sociedad y lo público, imponiendo así al individuo un mundo abstracto que Auden, como antes Freud, valoraba como la causa de una nueva ansiedad, tal como había escrito en 1947. La elección del mar como argumento romántico —habría que leer el indispensable Landscape and Memory de Simon Schama— es un recurso que el Auden de The Enchafted Flood hace derivar hacia problemas más complejos como ya hemos podido entender. Por una parte, Auden hace suya la dificultad que atraviesa toda la literatura del XIX a la hora de establecer una forma rigurosa o canónica tanto del relato como de la poesía. El Faust, por ejemplo, ¿qué es? ¿Una «tragedia» tal como escribe su autor? ¿Una gran narración filosófica? Y Moby Dick, ¿Enciclopedia, novel, romance? ¿O quizás un «simple enredo», tal como afirma una recensión anónima de 1851? De Bouvard et Pécuchet Erza Pound ya ha-
14
Francisco Jarauta
bía escrito en 1922 «que no era ya una novela», lo mismo que afirmaba T. S. Elliot unos meses después del Ulysses de Joyce. Este desbordamiento de las formas y los géneros da a entender a Auden la aparición de una desadecuación entre vida y literatura, problema que el romanticismo ya había planteado y que el siglo XIX había llevado a extremos evidentes. Por otra parte, Auden busca situar el problema más allá de los problemas específicos de la crítica literaria. A fin de cuentas, la crisis de los géneros era entendida como el resultado o la consecuencia de otros procesos que afectaban por igual a los diferentes aspectos de la cultura burguesa, tal como los teóricos de las Vanguardias habían ya demostrado. El binomio piedra/concha, tal como aparece en el sueño de Wordsworth interpretado por Auden, remite a un problema más fundamental como es el del primado de la razón sobre la imaginación, o de la ciencia sobre el arte. Esta dificultad se presenta a Auden como el núcleo mismo de la cuestión romántica y no tanto como si de una distribución de competencias se tratara, sino como la inclusión o exclusión de distintos tipos de experiencia. El equilibrio deseado de un sujeto que abarcaba los mundos de la sensibilidad y del conocimiento, había dado lugar al «desorden de las facultades», al imponerse un mundo deificado cuya única moneda era aquélla que se derivaba de los intereses económicos que terminaban por definir el nuevo sujeto moderno. Auden habla de un malestar, de la «grande maladie de l’horreur du domicile», a cuya luz estamos obligados a juzgar los héroes-artistas y los viajeros que parten. Baudelaire siempre cercano, pero también Poe, Melville, y, más tarde, Conrad. Si Auden elige como última cita de su ensayo un fragmento de Saison en enfer de Rimbaud es
Viajeros de la línea de sombra: Melville, Verne, Conrad
15
porque hace suya la duda entre «reconstruir nuestras ciudades o soñar nuevas islas», duda compartida por tantos otros de su generación. Auden, que en 1949 tiene ante sí el escenario de uno de los «más vastos desórdenes espirituales», elige para su ensayo un título —The Enchafted Flood— que es una cita de la tempestad de Otello. Una cita que indica el sentido de las tempestades shakespearianas, las primeras que anuncian aquella actitud romántica en la que vocación y quest se funden. Y si en Otello la tempestad es ya representación objetiva del desorden y del mal, las tempestades de los últimos dramas se presentan como instrumentos purificadores de muerte y de vida, capaces de instaurar nuevas relaciones, nuevas formas de vida. Se trata de sugerir y buscar un nuevo camino, por el que conducir y guiar la cultura moderna. Esta búsqueda podrá ser realizada por héroes-artistas o por ciudadanos. Auden no resuelve la duda. Sigue oyendo con estremecedora atención la voz del primer verso del Don Juan de Byron: «I want a hero, an uncommon want». Una totalidad «viviente e inseparada» de la individualidad frente a la «vida del Estado», que Hegel había situado en el horizonte paradójico de toda experiencia estética. Una duda que Auden soportará desde el «don del doble fuego» al que nos somete la época por el simple hecho de coincidir con los momentos dramáticos de su historia. Para comprender esta historia, a la luz siempre de los conflictos hasta aquí individuados, Moby Dick es el lugar idóneo. Para Auden, Melville construye un objeto privilegiado, capaz de contar a través de sus elaboradas alegorías, tipologías, parábolas y símbolos, un mundo al que no sólo pertenecen el capitán Ahab y los marineros del Pequod, sino
16
Francisco Jarauta
todos nosotros, en tanto sujetos de una época. Desde el encuentro inicial entre Ismael y Queequeg, con el que se abre el relato, al dramático final del que sólo uno sobrevive para poder contar la historia, una intensa secuencia de días y mares, dominados por una poderosa obsesión, la de cazar a la ballena blanca. Un día será la voz del capitán Ahab la que con un ritual temible impondrá a la tripulación un único y sagrado deber: dar muerte a Moby Dick. Todo se someterá a este destino. No importan esfuerzos ni peligros, sólo el destino explica la obsesión. Los mares, la navegación de océano en océano, sólo se medirá si al final se cumple el destino. «Y le daré caza más allá del Cabo de Buena Esperanza, más allá del Cabo de Hornos, más allá del maelstrom de Noruega». El Pequod se ve empujado más allá de cualquier lugar, ciego y sordo a cualquier circunstancia que le rodea. Ninguna digresión, en este viaje por mar, ninguna curiosidad. Ahab es así un anti-Ulises, su obsesión lo ha cegado hasta destruir la sed de lo nuevo. Sólo cuenta la obsesiva muerte siempre alejada. Así serán las preguntas que dirijan a los otros balleneros que se crucen en la navegación. Todos ellos —Goney, Town-Ho, Jerobam, Jungfrau y Rosebud, Enderby, Bachelor, Rachel o Deligh— contarán su historia, que necesariamente tendrá que ver con la ballena blanca. La única pregunta necesaria será la que interrogue por algún saber o noticia de Moby Dick. Ahab mismo lo reconocerá, quizás ni siquiera importe saber algo de ella. «Todos los objetos visibles no son más que máscaras de cartón. Para mí la ballena blanca es este muro que me ha caído encima. A veces pienso que tras él no hay nada. En ella adivino una fuerza atroz, unida a una malicia inescrutable. Es esta inescrutabilidad la que más odio». Un
Viajeros de la línea de sombra: Melville, Verne, Conrad
17
mundo incierto y oscuro como las obsesiones que nos depara el destino. Es curiosa la retórica de Melville. En primer lugar, se dirige al lector, lo interroga, obligándolo a reflexionar sobre lo que lee. Luego se lo explica. Cierto, Moby Dick es una historia de mar (una especie de Cetología); pero el mar se parece a la tierra, como los marineros a los burgueses. Y entender a Moby Dick significa seguir el hilo de sus analogías. «¡Oh, tú, Naturaleza y tú, alma humana! ¡De qué forma vuestras analogías van más allá de cuanto es visible!» afirmará Ahab, sabedor de la profunda correspondencia entre la naturaleza y el alma, que de formas varias recorre por igual la historia natural y la humana. No por otra razón el narrador de Moby Dick tendrá una sola ambición: reconducir los códigos de la naturaleza y de la cultura a un código moral que unifique experiencia y destino. Quizás sea en este momento cuando la historia resulte irreparable —la muerte es su medida— y sea también entonces cuando la narración enloquezca. La alegoría pierde entonces su univocidad y «enloquece», saliendo al encuentro de significados diversos, de cuya polisemia nacerá la compleja poesía americana. El esfuerzo moral por seguir las huellas de las correspondencias termina en el naufragio de lo innombrable. Los románticos recorrieron este límite, sabiendo los riesgos que conllevaba. Otros, más prudentes, prefirieron la casa del lenguaje. « Ah! Ne jamais sortir des Nombres et des êtres! ». Esta distancia entre realidad y lenguaje se convierte en el espacio en el que se organiza la escritura de Melville. La dificultad para resolver las correspondencias hace que el lenguaje mismo se vaya mimetizando con el real innombrable. 18
Francisco Jarauta
Ahab no imita la ballena, se convierte en Moby Dick. Transita en la zona de proximidad en la que ya no puede distinguirse de ella, e hiriéndola se hiere a sí mismo. Esta confusión de términos anuncia la destrucción de Ahab. No habrá lugar donde situarse y poder salvarse. El mismo destino arrastra la suerte de Ahab y la ballena blanca. La muerte para uno y otra se presentará como un destino natural. Pero al mismo tiempo Melville lleva su narración hacia otro límite, común en gran parte a la novela americana y, quizás también, rusa. Deleuze ha insistido en este aspecto en su ensayo sobre Bartleby. Se trata de conducir el relato lejos de la vía de la razón y dar así vida a personajes que se mantienen en la nada, que sobreviven en el vacío, que custodian hasta el final su misterio, desafiando toda lógica. Su propia alma, dice Melville, es un «vacío inmenso y terrorífico» y el cuerpo de Ahab es una «concha vacía». Lo que cuenta para un gran novelista, Melville o Dostoievski, Kafka o Musil, es que las cosas permanezcan enigmáticas y sin embargo no arbitrarias: en una palabra, sometidas a una lógica que no conduce a la razón ni explica la intimidad de la vida y de la muerte. La novela no tiene necesidad de ser justificada, una vez que alcanza la zona cercada, lejos de las razones establecidas. Nacen así esos personajes irrepetibles, inconfundibles, individuos, como Ahab, ellos mismos ya un mundo. La cuestión moral se planteará de nuevo entre lo general y lo individual. Es sorprendente la relación entre Kierkegaard y Melville a este respecto. Ahab es la figura que mejor representa la desesperación temeraria y obstinada que Kierkegaard describe en La enfermedad mortal, quizás la más excelsa de toda su obra. Una profecía le había augurado un Viajeros de la línea de sombra: Melville, Verne, Conrad
19
destino extraordinario, de ahí que su madre se decidiera a llamarlo Ahab, el nombre del hijo de Omri, el que levantó un altar a Baal. Real o no, lo que nadie puede dudar es sobre el excepcional destino que le estaba reservado. Ahab se distingue del resto del género humano por una herida. Acerca de ella domina el misterio. Sea cual sea su razón, lo que cuenta es que su herida está asociada al encuentro con Moby Dick. Y una vez más es la herida la que no sólo constituye la excepción del héroe, sino también la que precipita la decisión de un nuevo y vengativo encuentro. Para ello renunciará a lo inmediato. «No quiere ser nadie en particular, entendido en sentido estético», es decir, marido, padre feliz. Ahab se convierte en individuo, pero en sentido negativo. No hay conciliación posible. «Profetizo que mutilaré a quien me mutiló. Y así profeta y ejecutor serán uno solo». Nunca los dioses consiguieron ser ambas cosas. El Fatum lo protege hasta el extremo de invertirlo con el privilegio de la excepción. De ahí el carácter orientado de su errar. Más Wanderer (errante) que Seefarer (navegante), Ahab construirá su propia estela, que no es otra que la de la ballena blanca, Moby Dick. La larga travesía irá dejando atrás mares, nombres, días como en The Rime of the Ancient Mariner o Gordon Pym, pero sólo ahora las partes alcanzan una unidad, una relación que las explica y que no es otra que el propio destino del viaje. Philippe Jaworski ha analizado en sus detalles este mundo en archipiélago y esta experiencia en patschwork. La deriva del lugar, unas veces, viaja hacia un errar sin retorno, otras produce un propio camino cuya lógica sólo desde la experiencia puede interpretarse. Esa zona borrosa que acompaña siempre a la vida pasa a ser el mar que sólo el héroe romántico está
20
Francisco Jarauta