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Mariano Otero, el Diplomático Dos lecturas del derecho a la asistencia consular

Luis Efrén Ríos Vega - Irene Spigno Directores

estudios de derecho comparado

Coordinadores Oscar Flores Torres Magda Yadira Robles Garza

estudios de derecho comparado


Mariano Otero, el Diplomático Dos lecturas del derecho a la asistencia consular

Directores

Luis Efrén Ríos Vega - Irene Spigno Coordinadores

Oscar Flores Torres - Magda Yadira Robles Garza Academia Idh Universidad Autónoma de Coahuila


Academia Interamericana de Derechos Humanos

Luis Efrén Ríos Vega Director General

Irene Spigno

magdalena lópez

Secretaria Académica

Valdez

Secretaria Administrativa

Colección “Estudios de Derecho Comparado”

Irene Spigno Directora

Comité Científico Presidente

Luis Efrén Ríos Vega Universidad Autónoma de Coahuila

Adrienne Stone

Universidad de Melbourne

Richard Bauman

Universidad de Alberta

Eduardo Ferrer Mac-Gregor

Universidad Autónoma de México

Tania Groppi

Universidad de Siena

Giancarlo Rolla

Universidad de Génova

José Ramón Cossío Díaz

Instituto Tecnológico Autónomo de México

Laurence Burgorgue-Larsen

Universidad París I Panthéon-Sorbonne

Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales


Mariano Otero, el Diplomático

Dos lecturas del derecho a la asistencia consular

Directores Luis Efrén Ríos Vega - Irene Spigno Coordinadores

Oscar Flores Torres - Magda Yadira Robles Garza Coautores Luis María Aguilar Morales Oscar Flores Torres James Graham Joel Hernández García Luciano Ernesto Maldonado Ojeda Javier Mijangos y González Humberto Morales Moreno Alberto Pérez Dayán Luis Efrén Ríos Vega Magda Yadira Robles Garza Irene Spigno Octavio Spíndola Zago

Ciudad de México, 2017


Copyright ® 2017 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de los autores y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch México publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com/mex/

© Luis Efrén Ríos Vega Irene Spigno

© EDITA: TIRANT LO BLANCH DISTRIBUYE: TIRANT LO BLANCH MÉXICO Río Tiber 66, Piso 4 Colonia Cuauhtémoc Delegación Cuauhtémoc CP 06500 Ciudad de México Telf: (55) 65502317 infomex@tirant.com www.tirant.com/mex/ www.tirant.es ISBN 978-84-9169-519-6 MAQUETA: Tink Factoría de Color Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro Procedimiento de quejas.

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Índice Prólogo de Luis María Aguilar Morales..................................................................... IX Presentación de Luis Efrén Ríos Vega e Irene Spigno.............................................. XVII Tabla de Casos............................................................................................................ XXI Tabla de Legislación.................................................................................................... XXV Tabla de Abreviaturas…………………………………….............................................. XXIX Lista de Autores …………………………………………................................................ XXXI

ESTUDIO INTRODUCTORIO Mariano Otero: el Diplomático................................................................................. 3 Alberto Pérez Dayán

PRIMERA PARTE

Perspectiva histórica Capítulo 1. Mariano Otero Mesta y los orígenes del derecho a la asistencia consular...................................................................................................... 19 Oscar Flores Torres

Capítulo 2. Mariano Otero, el Radical..................................................................... 41 Lucio Ernesto Maldonado Ojeda

Capítulo 3. Mariano Otero y la Soberanía Nacional: 1842-1850............................. 57 Humberto Morales Moreno Octavio Spíndola Zago

SEGUNDA PARTE Perspectiva jurídica

Sección I El derecho a la asistencia consular en el Derecho Internacional Capítulo 4. Estándares internacionales en materia de asistencia consular............ 81 Joel Hernández García

Capítulo 5. El caso Avena, una mirada desde los derechos consulares de los mexicanos en los Estados Unidos........................................................ 95 James Graham


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Índice

Sección II El derecho a la asistencia consular en el Derecho Comunitario e Interamericano Capítulo 6. El derecho a la asistencia consular en la Unión Europea. Una experiencia sui generis.................................................................................. 111 Irene Spigno

Capítulo 7. La configuración del derecho a la asistencia consular en las sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos...................... 131 Magda Yadira Robles Garza

Sección III El derecho a la asistencia consular en el Derecho Nacional Capítulo 8. El debate de la asistencia consular en la Suprema Corte de Justicia de la Nación. El caso Florence Cassez.................................................... 165 Javier Mijangos y González

ESTUDIO FINAL La asistencia consular como derecho fundamental. Una aproximación nacional e internacional......................................................................................... 189 Luis Efrén Ríos Vega

Índice Analítico......................................................................................................... 205


Prólogo Luis María Aguilar Morales

Ministro Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y del Consejo de la Judicatura Federal “En los días en que la sociedad se agita y discute sus más caros intereses, las grandes inteligencias y los caracteres fuertes se muestran y ocupan su lugar.” Mariano Otero

Este año celebramos en México el bicentenario del natalicio de Mariano Otero Mestas (1817-1850), uno de los padres del juicio de amparo, la institución más importante de nuestro sistema jurídico nacional para la defensa de las libertades fundamentales y los derechos humanos. Además de su importante contribución al derecho y la justicia, Otero fue un agudo observador y analista de su época, de su organización económica y estructura social. Fue autor de importantes ensayos, artículos y una amplísima correspondencia que reflejan las preocupaciones de su tiempo y la búsqueda de soluciones a los graves problemas que enfrentó el país después de su independencia. También fue un hombre de acción que desde la tribuna legislativa, la función pública y la representación diplomática, contribuyó a la defensa de la soberanía nacional y a forjar principios básicos del constitucionalismo mexicano como el federalismo, la división de poderes, la representación política y el sistema republicano de gobierno. Por ello, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (Scjn) organizó durante este año una serie de eventos conmemorativos para difundir su vida y obra, analizar su rico legado, descubrir la vigencia de su pensamiento y conocer las otras facetas que lo colocan entre los más importantes juristas mexicanos. Para entender la obra de Otero, es necesario conocer el momento histórico que vivió. Nació el 4 de febrero de 1817 en Guadalajara, Jalisco, cuando aún no se consumaba la independencia de México, y nuestro país vivía una época de enormes divisiones políticas, crisis económica e inestabilidad social. Fue testigo y protagonista de las pugnas entre liberales y conservadores. Participó en dos congresos constituyentes: el de 1842 y el de 1847; en el primero, defendió el federalismo y, en el segundo, expresó su famoso voto particular —donde incluyó el juicio de amparo— que se tradujo con algunas modificaciones en el Acta de Reformas que se adicionó al texto constitucional; vivió dos invasiones extranjeras: la francesa de 1838 a 1839 y la norteamericana de 1846 a 1848; fue


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Luis María Aguilar Morales

diputado y senador en varias ocasiones, y Ministro de Relaciones Interiores y Exteriores a los pocos meses de haberse firmado la paz con los Estados Unidos. A nivel internacional, vivió la restauración de las monarquías absolutas en Europa, la expansión colonial de las grandes potencias, la independencia de la mayoría de las antiguas colonias españolas en América, la proclamación del destino manifiesto y la doctrina Monroe, la revolución industrial y los adelantos en la ciencia y la tecnología que derivaron de ella, así como los primeros movimientos sociales que reivindicaban mejoras en las condiciones laborales. Siempre fue un apasionado de la ley y las instituciones, ningún progreso económico, ninguna transformación social, podrían alcanzarse sino al amparo de un Estado libre, soberano y democrático, con legisladores que hicieran leyes adecuadas y justas, un gobierno ordenado y eficiente, y jueces que garantizaran los derechos ante los abusos y arbitrariedades. Todo ello, formalizado en una constitución que representara el acuerdo en lo fundamental y pusiera fin a las divisiones internas que paralizaban al país y lo ponían en riesgo ante las potencias extranjeras. En ese contexto, Otero se ocupó formalmente de temas diplomáticos como Ministro de Relaciones Interiores y Exteriores, y materialmente, como analista y legislador en varias etapas de su vida antes y después de ese cargo. Particularmente, durante uno de los periodos más dramáticos en la historia nacional: la invasión norteamericana de 1846 a 1848. Durante la ocupación, fue un férreo defensor de la soberanía, se opuso a la rendición esperando mejores condiciones para pactar una paz justa, exigió castigo para los culpables de las derrotas militares y estuvo en contra de ceder cualquier fracción del vasto territorio nacional. Lo anterior, queda demostrado en las opiniones que expresó en 1847, durante las negociaciones diplomáticas que se celebraron mientras las fuerzas extranjeras ocupaban la capital. El 16 de septiembre, siendo diputado federal, escribió al gobernador de Jalisco para expresarle su punto de vista. En su opinión, las diferencias entre México y Estados Unidos se reducían a Texas y sólo a Texas, la guerra fue una guerra de conquista, el país corría el riesgo de sucumbir ante un tratado ignominioso que entregaría a nuestros vecinos el territorio que codician, los Estados Unidos se creían destinados a dominar todo el continente, y la venta de un estado constituía una violación al sistema federal, a cargo de un gobierno obligado a asegurar la independencia de la Unión y la seguridad común ante una amenaza exterior. Todo lo cual, lo llevó a afirmar: “No encuentro otro remedio sino el de que la Nación por los órganos legítimos que expresan su voluntad, repruebe cuanto antes los términos del tratado ofrecido y manifieste la más decidida y eficaz voluntad de llevar adelante la guerra. Al efecto y si antes no me convencen las razones contrarias, el primer día que se logre una sesión del Congreso General, haré formal proposición para que una ley prohíba al Ejecutivo `hacer, ni admitir proposiciones de paz en que enajene


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Prólogo

ninguna parte del territorio nacional que está fuera de disputa, en el concepto de que la Nación no reconoce otra cuestión pendiente más que la relativa al dominio del territorio de Texas en sus límites legales´” (Reyes Heroles 1995: 548). Y concluyó, diciendo: “Lo que se necesita por ahora es destruir el ejército que ha ocupado de Veracruz a México, y si esto no fuera posible, si la Nación confesara que no tenía recursos para vencer a diez mil extranjeros que se encuentran aislados en un país donde no hallan una sola simpatía, y sin haber dejado tras sí un camino militar suficientemente cubierto, no sería la paz sino la pérdida de la independencia, la vuelta al estado colonial o la adopción de cualquiera otra manera de ponernos bajo la protección de un poder más fuerte la consecuencia que de ello debiera deducirse, y la confesión tácita que el mundo todo vería en esos tratados de paz. […], y a no ser que México se resuelva a perder toda consideración entre las demás naciones, es preciso que la guerra no acabe aquí” (Reyes Heroles 1995: 551 y 552).

En 1848, Otero fue uno de los cuatro senadores que votó en contra de la ratificación del Tratado de Guadalupe Hidalgo, por el cual la Nación perdió la mitad de su territorio a cambio de una indemnización de 15 millones de pesos sujeta a diversas condiciones de pago. En Querétaro, donde el gobierno se estableció luego de la entrada de las tropas invasoras a la Ciudad de México, el afamado orador dirigió un discurso al Senado que nunca fue publicado. Sin embargo, podemos inferir su contenido por la réplica que de él hizo Manuel Gómez Pedraza, y constatar que sostuvo jurídicamente la falta de atribuciones constitucionales del Ejecutivo para negociar el contenido de un tratado como aquél, y recurrió a pensadores como Samuel Pufendorf, Hugo Grocio y Benjamin Constant, para fundamentar teóricamente sus argumentos a favor de la soberanía y la integridad del territorio (Reyes Heroles 1995: 533). El Tratado de Guadalupe Hidalgo, formalmente llamado “Tratado de Paz, Amistad, Límites y Arreglo Definitivo entre la República Mexicana y los Estados Unidos de América”, fue suscrito el 2 de febrero de 1848 por el presidente interino Manuel de la Peña y Peña, presidente de la Suprema Corte que asumió el cargo luego de la renuncia de Antonio López de Santa Anna. En el Tratado se establecieron, entre otras, las siguientes disposiciones: • El cese provisional de las hostilidades y el restablecimiento del orden constitucional en lo político, administrativo y judicial, en cuanto lo permitiera la ocupación militar. • El fin del bloqueo de los puertos mexicanos, el retiro de las tropas americanas a puntos de común acuerdo cerca de ellos, y la puesta a disposición de las aduanas, las constancias de deuda y los aranceles recaudados por los estadounidenses.


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Luis María Aguilar Morales

• La evacuación de las fuerzas invasoras de la capital, al mes de cumplirse las disposiciones en materia de puertos. • La devolución a México de todas las fortificaciones, posesiones y predios ocupados por las tropas americanas dentro de los nuevos límites territoriales, junto con la artillería, armas, municiones, aparejos de guerra y cualquier otra propiedad pública. • La evacuación final del ejército estadounidense del territorio nacional a los tres meses del canje de ratificaciones, comprometiéndose el gobierno mexicano a usar todos los medios disponibles para facilitarla. • Los mexicanos asentados en territorios que quedaron en posesión de las fuerzas invasoras, podían permanecer en Estados Unidos o trasladarse a México, conservando sus bienes o enajenándolos sin pagar ningún impuesto. • Los mexicanos que decidieran permanecer en el nuevo territorio norteamericano, podían conservar la ciudadanía mexicana o adquirir la estadounidense, debiendo elegir en el término de un año. • Expresamente se dispuso que todos los derechos de propiedad de mexicanos serían respetados como si perteneciesen a ciudadanos americanos. • Asimismo, se acordó que los mexicanos que decidieran quedarse en el nuevo territorio ocupado por Estados Unidos, se incorporarían lo más rápido posible a la condición de ciudadano americano, incluyendo el ejercicio de los derechos políticos. En junio de 1848, a los pocos días de que el Senado ratificó el Tratado, Otero fue nombrado Ministro de Relaciones Interiores y Exteriores por el presidente José Joaquín Herrera, cargo que ocupará hasta noviembre de ese año en un escenario muy adverso e inestable para la República, constituyendo —sin lugar a dudas— la gran paradoja en la vida de Otero: implementar como ministro el Tratado que se negó a ratificar como senador (Reyes Heroles 1997: 529)1. El Tratado de Guadalupe Hidalgo conllevó una agitada acción diplomática, incluyendo la asistencia consular a los mexicanos en el territorio de los Estados Unidos después de fijar los nuevos límites fronterizos, e intensas negociaciones bilaterales pues sus disposiciones no siempre se observaron y los beneficios de

En opinión de Jesús Reyes Heroles: “el 3 de junio de 1848 es nombrado ministro de Relaciones Interiores y Exteriores por el presidente José Joaquín Herrera. A partir de ese día veremos a Otero actuando, sazonado por sabiduría y experiencia, como un hábil y decidido forjador de una nueva realidad mexicana. Son cinco meses y 10 días de actuación en que, sin embargo, sembró en la realidad mexicana semillas que muchos años después fructificaron, o abrió surcos que tiempo después se aprovecharían”. 1


Prólogo

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su implementación no fueron todo lo que se esperaba (Zoraida Vázquez 2010: 137)2. Entre las principales acciones diplomáticas que llevó a cabo Otero resaltan dos: primero, la gestión para la desocupación de las tropas norteamericanas que aún se encontraban en los puertos de Mazatlán, Tampico y Veracruz, este último, la principal puerta de entrada y salida del comercio con el exterior, y la más importante fuente de ingresos para el gobierno en una época donde la hacienda pública estaba quebrada. Dicha ocupación violó los acuerdos convenidos en el Tratado. En segundo lugar, según consta en una circular del 19 de agosto de 1848 resguardada en el Archivo General de la Nación (Ministerio de Asuntos Interiores y Exteriores 1848), Otero informó a los ciudadanos y autoridades del país de un decreto mediante el cual se constituyó un “fondo para la traslación de las familias mexicanas que quisieran emigrar del territorio perdido en el Tratado de Paz de Guadalupe Hidalgo”, conforme a las siguientes reglas: • Todos los mexicanos que a la celebración de la paz se encontraban en territorio que quedó en poder de Estados Unidos y quisieran establecerse en México, serían trasladados a cuenta del erario. • Se nombró a tres comisionados para gestionar el traslado en la Alta California, Nuevo México y Matamoros, para que conforme a las solicitudes que recibieran directamente o a través de los cónsules mexicanos, se encargaran de la conducción de los nacionales hasta el punto de su destino. • Correspondería a las autoridades locales de los estados receptores, reglamentar la organización de las colonias de nacionales repatriados y dictar las providencias necesarias, procurando que se les dotara de tierras para la agricultura o la ganadería.

Según lo afirma Josefina Zoraida Vázquez: “Después de la renuncia de Santa Anna a la Presidencia, durante la ocupación de la Ciudad de México por el ejército norteamericano, el gobierno quedó en manos de los moderados, quienes, con un gran espíritu de servicio, arrostraron toda clase de sacrificios para restaurar las instituciones, restablecer una unidad precaria y reorganizar la hacienda y el ejército […] Pero México no pudo consolidar su estabilidad. Eventos internos y externos continuaron combinándose para impedirlo, y turbaron la esperanza moderada de que el Tratado de Guadalupe se convirtiera en la base para el mejoramiento real de las relaciones de México con su ambicioso vecino. Los hechos probarían pronto cuán falsas eran esas ilusiones, y el propio tratado daría lugar a nuevos problemas. Varios de los artículos del Tratado de Guadalupe fueron violados por Estados Unidos. El empeño de los comisionados por garantizar los derechos de los mexicanos resultó inútil, como también lo fue la única ganancia mexicana en el documento: el artículo 11, que garantizaba la defensa de la frontera de ataques indígenas. Además, se iniciaron ataques filibusteros en la frontera, y se presentaron nuevas reclamaciones norteamericanas, en especial una supuesta concesión para construir un ferrocarril en Tehuantepec” 2


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Luis María Aguilar Morales

• Aquellos que quisieran ejercer un oficio o arte en alguna población en particular, deberían informarlo al comisionado para que gestionara ante las autoridades locales su traslado y colocación. • Los repatriados eran libres de hacer el viaje por su cuenta, pero en unión a los demás mexicanos, y podían reservar el todo o parte de la cuota que recibirían para dotarlos de herramientas de labranza dentro de las colonias. • A través de sus respectivos jefes de familia, a cada mexicano mayor de catorce años se le asignarían 25 pesos y a los menores de esa edad 12 pesos, destinados para cubrir los gastos de transporte, aperos, animales de tiro y semillas para su manutención durante el primer año de su establecimiento. • Los mexicanos que no quisieran establecerse en las colonias percibirían la mitad de la cuota asignada, siempre y cuando el comisionado respectivo se asegurara que se trasladarían al territorio nacional. • Los comisionados en coordinación con las autoridades locales, deberían cerciorarse que los solicitantes de repatriación actuaban de buena fe y efectivamente caían en los supuestos que regulaba el fondo, para evitar simulaciones y fraudes. Y también debían evitar que ingresaran a las colonias criminales sujetos a juicio o sentenciados por delitos graves. De los primeros tres millones de pesos que se recibieron como parte de la indemnización norteamericana, doscientos mil pesos se utilizaron para la gestión de este fondo de repatriación, acaso, una de las primeras acciones de asistencia consular en la vida independiente de México. Estas acciones, demuestran la importancia que tuvo Otero en el ámbito diplomático en un momento crítico para el país. Esta y otras muchas facetas que ocuparon su breve, pero prolija vida, nos permiten ver a un hombre singular en nuestra historia y fundamental para entender las instituciones que nos rigen, pues sus ideas trascendieron su época y se proyectan hasta nuestros días. La actual relación entre México y Estados Unidos, fenómenos como la intensa migración entre nuestras fronteras, la posibilidad de renegociar el tratado comercial que nos vincula, la construcción de un muro entre ambas naciones o la expulsión de algunos de los mexicanos que allá residen, obligan a recordar hechos como los que protagonizó Otero, voltear a nuestra historia para entender nuestro presente, y construir un futuro basado en el respeto universal y progresivo de los derechos humanos. Al respecto, la Scjn se ha pronunciado en diversas resoluciones y tesis sobre este derecho fundamental, tratándose de los extranjeros que se encuentran en México, y ha determinado la vinculación de la asistencia consular con otros derechos relativos al acceso a la justicia, debido proceso, igualdad ante la ley, no discriminación y otras garantías que tienen los extranjeros sujetos a un proceso legal, particularmente penal o administrativo, teniendo en cuenta lo dispuesto


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Prólogo

por nuestra Constitución Política, los tratados internacionales y la legislación nacional en la materia. Además, este Máximo Tribunal ha sostenido que la asistencia consular no es sólo un derecho en sí mismo, también es un medio para la defensa de otros derechos e intereses de los que sean tutelares los extranjeros, y ha determinado las obligaciones a cargo de las autoridades nacionales para tener por cumplido dicho deber a favor de los ciudadanos de otro Estado. El fenómeno en nuestro país no es menor, considerando la situación de vulnerabilidad en que se encuentran algunos de los extranjeros que migran a nuestro país provenientes principalmente de regiones como Centro y Sudamérica, en número creciente con la intención de migrar hacia los Estados Unidos, expuestos a muchos riesgos y vejaciones en el trayecto, y que no siempre logran concretar el sueño que los llevó a abandonar su hogar, su familia y su Patria. Esta situación de vulnerabilidad se incrementa tratándose de niñas, niños y adolescentes, mujeres, personas mayores, integrantes de pueblos y comunidades indígenas, personas con discapacidad o cualquier otra condición que agrave su posible situación de riesgo. Sobre el tema, debe tenerse en cuenta la importante y paradigmática resolución de la Corte Internacional de Justicia, en el caso Avena y otros Nacionales Mexicanos, México vs. Estados Unidos de América, 31 marzo 2004, en relación con las obligaciones que se derivan de la Convención de Viena sobre Relaciones Consulares de 1963 en materia de asistencia consular y formalidades esenciales del debido proceso, en asuntos que implicaban a 51 mexicanos condenados a la pena de muerte. También, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte Idh) se ha referido a la asistencia consular en diversas opiniones y casos, resaltando la opinión consultiva sobre El Derecho a la Información sobre la Asistencia Consular en el Marco de las Garantías del Debido Proceso Legal de 1999, y el caso Vélez Loor vs. Panamá, 23 noviembre 2010, donde determinó que: (...) “los extranjeros detenidos en un medio social y jurídico diferente de los suyos, y muchas veces con un idioma que desconocen, experimentan una condición de particular vulnerabilidad, que el derecho a la información sobre la asistencia consular, enmarcado en el universo conceptual de los derechos humanos, busca remediar de modo tal de asegurar que la persona extranjera detenida disfrute de un verdadero acceso a la justicia, se beneficie de un debido proceso legal en condiciones de igualdad con quienes no afrontan esas desventajas, y goce de condiciones de detención compatibles con el respeto debido a la dignidad de las personas. Para alcanzar sus objetivos, el proceso debe reconocer y resolver los factores de desigualdad real de quienes son llevados ante la justicia. Es así como se atiende el principio de igualdad ante la ley y los tribunales y a la correlativa prohibición de discriminación” (Corte Idh 2010: párr. 152).


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Luis María Aguilar Morales

Por ello, celebro la iniciativa de la Academia Interamericana de Derechos Humanos (Academia Idh), la Universidad Autónoma de Coahuila y la editorial Tirant lo Blanch, que sumaron esfuerzos para ofrecer al público este libro dedicado a difundir las contribuciones de Otero a la asistencia consular, y convocaron a un grupo notable de expertos para reflexionar sobre este complejo tema en un momento oportuno y desde diversas perspectivas para analizarlo con una visión integral: histórica, nacional, internacional y regional. La asistencia consular es un tema que en nuestro país tiene una historia desde el siglo XIX y una actualidad que demanda una especial atención de los servidores públicos encargados de su gestión, ya en la protección de los mexicanos en el exterior que realizan nuestros diplomáticos, como de las autoridades encargadas de los asuntos relacionados con extranjeros; así como de los jueces que conocen de los diversos procedimientos que los vinculan, garantizando su acceso a la justicia y protegiendo sus derechos humanos y libertades fundamentales. Este libro se suma así a la serie de actividades conmemorativas que hemos venido realizando diversas instituciones mexicanas durante este año, para rendir un merecido homenaje a un hombre extraordinario como lo fue Mariano Otero Mestas, un jurista excepcional que está en proceso de redescubrimiento y cuya obra debe ser divulgada para conocimiento de las generaciones presentes y futuras, pues se trató de un mexicano visionario que en vida, como dijo Guillermo Prieto, “no tenía conciencia de que había ganado un renombre inmortal” (Prieto 2011).

Bibliografía Herrera, Octavio y Santa Cruz, Arturo (2011): Historia de las relaciones internacionales de México, 1821-2010, Mercedes de la Vega (coord.), vol. 1, América del Norte, Secretaría de Relaciones Exteriores, México. Ministerio de Asuntos Interiores y Exteriores (1848): Circular del 19 de agosto de 1848, en Archivo General de la Nación, fondo: México Independiente/Gobernación y Relaciones Exteriores/Relaciones Exteriores, caja 71, vol. 54981/2, expediente 2, México. Prieto, Guillermo (2011): Memorias de mis tiempos, Colección “Sepan Cuantos…”, núm. 481, Porrúa, México. Reyes Heroles, Jesús (1995): Obras. Recopilación, selección, comentarios y estudio preliminar, Tomo I y II, Porrúa, México. Reyes Heroles, Jesús (1997): “Estudio Preliminar a las Obras de Mariano Otero”, en Obras Completas, Historia, tomo IV, Fondo de Cultura Económica, México. Scjn (2013): La Corte Internacional de Justicia y la Protección de los Derechos del Individuo: el Caso Avena, Scjn, México. Zoraida Vázquez, Josefina (2010): “México y el mundo. Historia de sus relaciones exteriores”, en México y el expansionismo norteamericano, tomo I, El Colegio de México, México. Zoraida Vázquez, Josefina (2000): “Los primeros tropiezos”, en Historia General de México, versión 2000, El Colegio de México, México.


Presentación Luis Efrén Ríos Vega - Irene Spigno Directores

En 2017, México celebra el Bicentenario del nacimiento de Mariano Otero Mestas. Hombre ilustrado con pensamiento liberal del siglo XIX, Otero ha pasado a la historia como Padre del juicio de amparo. Su corta vida de treinta y tres años (falleció por cólera en 1850), contrastan con el poder de su pensamiento que influyo en gran medida en la construcción de las ideas de la República. Mariano Otero, en efecto, es mucho más que una fórmula. Jurista, político, legislador, atento observador de los cambios económicos y sociales de su época, defensor del federalismo, de la separación de los poderes, del sistema republicano, de la representación popular y del sistema de garantías individuales, Mariano Otero también puede ser considerado como Padre del derecho a la asistencia consular en México, por el apoyo y la asistencia brindada a los mexicanos que quedaron en lo que se convirtió en territorio de Estados Unidos después de la firma del Tratado de Guadalupe Hidalgo (1848) en un contexto de vacío normativo. La Academia Idh de la Universidad Autónoma de Coahuila (UAdeC), por tanto, agradece la invitación de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (Scjn), para colaborar en el marco de las actividades que se han organizado a lo largo de este año para celebrar el Bicentenario del nacimiento de Mariano Otero, a partir de una reflexión de su faceta como diplomático. Las razones de esta elección son sencillas y pueden ser resumidas en los puntos siguientes. En primer lugar, su actividad como diplomático resultó clave para Coahuila y los coahuilenses para ser protegidos en sus derechos cuando perdimos más de la tercera parte del territorio después de la firma del Tratado de Guadalupe Hidalgo. En segundo lugar, en virtud de la situación actual que atravesamos en términos de políticas migratorias con los vecinos, Estados Unidos, y con las políticas adoptadas sobre esta materia por la administración de Donald Trump, resulta sin duda necesario acudir a la visión patriota de Otero1

1

En 1848 Otero es electo como Senador de la República. Luego de la invasión norteamericana en la ratificación de los Tratados de Paz de Guadalupe Hidalgo, donde México perdió más de la mitad de su territorio a cambio de 15 millones de pesos, Otero participa entre los pocos Senadores que se opusieron a la aprobación de este tratado. En la noche del 25 de mayo de 1848, después de se discutió el tratado, le escribió a su esposa: “Queridísima chatita: Ayer comenzó la discusión en el Senado y hoy concluyó. A los tres cuartos para las tres se


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Luis Efrén Ríos Vega - Irene Spigno

que se negó siempre a entregar a nuestro país a los intereses estadunidenses. Finalmente, porque se trata de una faceta muy poco explorada de Mariano Otero, ya que sobre esta temática especifica no se han desarrollado trabajos de investigación recientes. Por lo tanto, el texto que editamos sobre Mariano Otero, el diplomático. Dos lecturas del derecho a la asistencia consular, pretende ofrecer una reflexión multidisciplinar acerca del derecho a la asistencia consular, tanto en una perspectiva histórica como jurídica, dos dimensiones que en cualquier análisis en materia de derechos fundamentales se entrelazan entre sí. La vida de Mariano Otero y su actividad como diplomático es objeto de análisis en el Prólogo al volumen, por el presidente de la Scjn, Luis María Aguilar Morales, mientras que, por otro lado, el panorama sobre la figura y obra del jurista y político Mariano Otero Mesta se desarrolla en el Estudio Introductorio (autoría del ministro Alberto Pérez Dayán). En la Parte I, Perspectiva Histórica, se analizan los orígenes del derecho a la asistencia consular (por Oscar Flores Torres), el pensamiento radical de Mariano Otero (por Lucio Ernesto Maldonado Ojeda), y la visión de Otero en materia de soberanía nacional (por Humberto Morales Moreno y Octavio Spíndola Zago). La Parte II Perspectiva Jurídica se concentra sobre la jurisprudencia internacional en materia de derecho a la asistencia consular, con particular referencia a los estándares internacionales (por Joel Hernández García), y al caso Avena de la Corte Internacional de Justica (autoría de James Graham), la experiencia sui generis del derecho a la asistencia consular en la Unión Europea (por Irene Spigno), y su configuración en el sistema interamericano (por Magda Yadira Robles Garza). En el ámbito nacional se analiza el derecho a la asistencia consular a la luz de la sentencia de la Scjn en el caso de Florence Cassez (por Javier Mijangos y Gonzalez). Finalmente, las reflexiones finales discurren sobre la consideración del derecho a la asistencia consular como derecho fundamental (por Luis Efrén Ríos Vega). Queremos agradecer, finalmente, a todos los colaboradores de esta obra. En primer lugar, a los coordinadores, Magda Yadira Robles Garza y Oscar Flores Torres, por su trabajo en la elaboración del proyecto, así como en la edición de los textos. A los autores, que con sus investigaciones contribuyen al desarrollo de la faceta de diplomático de Mariano Otero hasta ahora

pronunciaron los últimos votos que separan para siempre de nosotros la mitad del territorio de la República. A pesar de que este resultado era muy fácil de prever, me produjo una sensación profunda. Yo creo, hija, que hemos firmado la sentencia de muerte de nuestros hijos. Al menos, si mis tristes presentimientos se realizan, el día que ellos se encuentren sin Patria y formando parte de una raza proscrita, no tendrán el desconsuelo de ver mi nombre entre los de quienes decretaron esta paz. En el Senado sólo hubo cuatro votos en contra: Flores, Robredo, el general Flores y yo”.


Presentación

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muy poco explorada y a los auxiliares de investigación de la Academia Idh, en particular a Reyna Oviedo Barrales y a Diego García López, así como a Ana Daniela García Hernández, por su apoyo en el diseño editorial de la publicación. agosto 2017, Saltillo (México).


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