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Mª Luisa Aguilar García / Rosario Guarino Ortega
El objeto axial de esta monografía es la relación de la mujer con la literatura, ya sea como referente, como destinataria o como generadora de textos literarios. La apreciación y la admiración por la literatura clásica arrinconan a menudo el debate sobre la realidad que los textos clásicos representan, y lo cierto es que, del mismo modo que los hechos acontecidos en el pasado tienen una herencia o repercusión indiscutible en el presente, los textos transmiten un mensaje cuya vigencia y repercusión en la sociedad y los lectores actuales han de ser consideradas. Con las debidas precauciones y sin perder de vista lo arriesgado que resulta analizar textos que describen sociedades y realidades que nada tienen que ver con la nuestra, es indudable que muchas de las formas de control sobre la mujer que se constatan en estas y otras obras han contribuido a forjar patrones de relación que continúan vigentes a día de hoy, estereotipos, modelos y problemas sociales que implican una relación de desigualdad entre hombres y mujeres aún sin resolver. Por ello nuestro mensaje no mira al pasado con el tono acusatorio y el resentimiento de la injusticia, sino al presente y al futuro con intención reparadora. Asumimos, pues, mediante la difusión de estos textos, una labor de concienciación que, a nuestro juicio, dista aún de ser prescindible en nuestros días.
PALABRA DE MUJER MUJER Y LITERATURA EN LA ANTIGUA ROMA Antología de textos para mujeres, de mujeres y contra mujeres
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Mª LUISA AGUILAR GARCÍA ROSARIO GUARINO ORTEGA
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PALABRA DE MUJER MUJER Y LITERATURA EN LA ANTIGUA ROMA Antología de textos para mujeres, de mujeres y contra mujeres
COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT HUMANIDADES
Manuel Asensi Pérez
Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València
Ramón Cotarelo
Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia
Mª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València
Juan Manuel Fernández Soria
Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València
Pablo Oñate Rubalcaba
Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València
Joan Romero
Catedrático de Geografía Humana Universitat de València
Juan José Tamayo
Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid
Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales
PALABRA DE MUJER MUJER Y LITERATURA EN LA ANTIGUA ROMA Antología de textos para mujeres, de mujeres y contra mujeres
Mª Luisa Aguilar García Rosario Guarino Ortega
tirant humanidades Valencia, 2021
Copyright ® 2021 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento elec trónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de las autoras y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com. Dibujo de la portada de Meluca Redón a partir de la pintura mural pompeyana del siglo I aC que se encuentra en el Museo Arqueo lógico de Nápoles y que se suele identificar con la poetisa Safo. Director de la colección Quadriga Jorge Tárrega Garrido
©
Mª Luisa Aguilar García y Rosario Guarino Ortega
© TIRANT HUMANIDADES EDITA: TIRANT HUMANIDADES C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: www.tirant.es ISBN: 978-84-18656-49-1 MAQUETA: Tink Factoría de Color Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/ politicas-de-empresa nuestro procedimiento de quejas. Responsabilidad Social Corporativa: http://www.tirant.net/Docs/RSCTirant.pdf
Índice general INVITACIÓN A LA LECTURA........................................................ 9
1. LITERATURA PARA MUJERES................................................... 13 1.1. 1.2. 1.3. 1.4. 1.5. 1.6. 1.7.
Literatura para enseñar............................................................. 15 Productos de su tiempo............................................................. 18 Corrientes literarias paralelas................................................... 22 Las destinatarias......................................................................... 23 El sentimiento amoroso............................................................. 30 Nuestro trabajo........................................................................... 31 Nota a las traducciones.............................................................. 37
Selección de textos:
Tito Livio “La violación de Lucrecia”...................................... 39 Publio Ovidio Nasón “Cómo conquistar a un hombre y mantener su interés” (El arte de amar III)................................. 44
2. LITERATURA ESCRITA POR MUJERES................................... 69 2.1. 2.2. 2.3. 2.4. 2.5. 2.6. 2.7. 2.8. 2.9.
Emancipación femenina............................................................ 71 Doctae: mujeres instruidas......................................................... 76 Sulpicia (I).................................................................................... 80 Sulpicia (II).................................................................................. 85 Ovidio, la elegía y Cartas de las heroínas................................... 89 Lo femenino en Cartas de las heroínas....................................... 91 Dido en Cartas de las heroínas..................................................... 95 Nuestro trabajo........................................................................... 97 Nota a las traducciones.............................................................. 98
Selección de textos:
Sulpicia (I), selección de poemas.............................................. 100 Sulpicia (II), selección de poemas............................................ 103
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Índice
Publio Ovidio Nasón “De por qué has de quedarte a mi lado” (Cartas de las Heroínas 7).................................................. 106
3. LITERATURA CONTRA MUJERES............................................ 113 3.1. 3.2. 3.3. 3.4. 3.5. 3.6. 3.7. 3.8.
Vnivira o «la mujer de un solo hombre»................................. 116 Catulo, un poeta de vanguardia............................................... 120 Lesbia, una mujer sin ataduras................................................. 125 Historia de una traición............................................................. 128 Petronio y el Satiricón................................................................. 131 El cuento de la matrona............................................................. 135 Nuestro trabajo........................................................................... 140 Nota a las traducciones.............................................................. 142
Selección de textos:
Gayo Valerio Catulo, selección de poemas................................... 143 Gayo Petronio Árbitro, “El muerto al pozo y el vivo…” (Cuento de la matrona de Éfeso, Satiricón 111-113).................. 146
ÍNDICE DE NOMBRES PROPIOS.................................................. 151 ÍNDICE DE GENTILICIOS Y PATRONÍMICOS.......................... 175 COMENTARIO BIBLIOGRÁFICO.................................................. 177
Invitación a la lectura El antiquísimo relato del poeta griego Hesíodo, que se remonta a los comienzos del siglo VIII aC y forma parte de su obra Los trabajos y los días (90-105), nos habla de Pandora, la primera mujer, ‘la de todos los dones’ o el dechado de virtudes, como la etimología de su nombre revela. Cada uno de los dioses había contribuido en su creación otorgándole un don, como la belleza, la gracia y distintas habilidades físicas o intelectuales, pero Hermes, el Mercurio romano, puso en su corazón la mentira. Zeus había ordenado que esta mujer fuera enviada a los hombres en castigo por el robo del fuego a manos del titán Prometeo, su creador y benefactor. Era un regalo: un regalo envenenado. El mito de Pandora es un reflejo del pensamiento sobre la mujer que prevaleció en la Antigüedad clásica, época en la que, no obstante, debido a su extensión temporal y espacial, es posible distinguir notables diferencias. Con creciente interés se aborda desde hace unas décadas el papel de la mujer en la historia, en todos los ámbitos, incluido el literario, donde, al igual que en las demás artes, su papel predominante ha sido el de musa. Como sujeto pasivo de inspiración su presencia es continua, pues es el ámbito al que ha sido prácticamente relegada, con menoscabo de su vertiente creadora. Si en pleno siglo XXI apenas comienzan a cambiar las cosas en este sentido, podemos imaginar que en la Antigüedad grecolatina el panorama no era más halagüeño, pues, además, una seña de identidad de la literatura clásica es la de estar marcada por un sesgo misógino indubitable, más o menos explícito, que en algunos casos llega a extremos superlativos, como en el ejemplo que acabamos de mencionar. Sin embargo, cualquier aproximación a una época distinta a la nuestra ha de tener en cuenta sus circunstancias históricas y socioculturales para no incurrir en anacronismos ni interferir subjetivamente en los hechos. Es a partir de mediados del siglo XX cuando los estudios de género empiezan a tomar protagonismo y es dentro de esta perspectiva
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donde pretendemos incardinar nuestro acercamiento al tema que nos ocupa, procurando que nuestra visión actual no distorsione, sino que ayude a arrojar luz para su mejor comprensión a través de los textos, y señalando lo que, sin que pueda considerarse en modo alguno un ejemplo a seguir, debe entenderse como un signo de la mentalidad de la época. A través de la literatura asistimos al reflejo de la percepción social de la mujer. Es importante tener en cuenta, sin embargo, que la mayor parte de los testimonios que poseemos son masculinos, y por lo tanto la imagen que el espejo nos devuelve es sesgada. Se hace necesario tratar de mantener una neutralidad que no deforme los hechos a través del prisma de la subjetividad ni los tiña de ideologías particulares, para no incurrir, desde un extremo opuesto, en una actitud similar, por errónea y parcial, a la que se ha venido perpetuando. Esta monografía se estructura siguiendo un esquema tripartito en el que abordamos la relación de la mujer con el hecho literario, que constituye el objeto axial del estudio, desde tres puntos de vista, en sendos capítulos: el primero tiene que ver con la recepción y lo hemos titulado “Literatura para mujeres”. Los autores escogidos para ilustrar este apartado han sido Tito Livio y Ovidio, y los textos son el pasaje de la violación de Lucrecia, que pone fin al libro I de Historia de Roma desde su fundación, y el libro III de El arte de amar de Ovidio, en el que el poeta de Sulmona instruye a las mujeres en relación con el comportamiento que, según su consejo ‘experto’, deben observar en asuntos amatorios. El segundo es un ejemplo de la escritura realizada por mujeres y hemos tomado como referente a las Sulpicia: la sobrina de Mesala, en los albores de nuestra era, y la de época de Domiciano, que cultivan el género de la elegía y el epigrama respectivamente, lo que nos permite ser testigos del modo en que la mujer expresa sus sentimientos más íntimos por su propia voz. Pero los ejemplos de hombres que hablan en boca de mujeres son mucho más abundantes que los propios testimonios femeninos en la literatura clásica. Por ello incluimos también un ejemplo de literatura femenina de creación masculina, concretamente el séptimo poema de Cartas de las heroínas de Ovidio, la que el poeta
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pone en boca de la reina Dido, reina de Cartago, y dirige a su amado, el troyano Eneas. En tercer y último lugar nos referimos a la literatura contra mujeres, para lo cual nos hemos basado, por una parte, en las intensas composiciones poéticas que Catulo dedica a Lesbia, concretamente aquellas en las que queda patente el deterioro de su apasionada relación, cuajada de contradicciones, hasta llegar a la ruptura definitiva, y que forman parte de su libro Poemas, y por otra parte, en el episodio de la Matrona de Éfeso inserto en el Satiricón de Petronio, un intento de ridiculización del comportamiento femenino entre los tantos que presenta la literatura romana. Cada uno de los apartados incluye una parte introductoria que motiva nuestra elección y la contextualiza, así como observaciones en torno a la traducción, seguidas de la propia traducción de los textos seleccionados. Pone fin al volumen un índice de nombres propios que pretende facilitar la comprensión del texto al lector no especializado, a disposición del cual ponemos también una bibliografía en la que recogemos estudios en torno al tema general y también otros más específicos sobre los distintos aspectos, autores y obras tratados. Confiamos haber contribuido a llenar un espacio al que cada vez se presta más atención: el protagonismo activo de la mujer en el ámbito literario.
1. Literatura para mujeres El último tercio del siglo I aC es el marco temporal en que ven la luz los dos textos que hemos seleccionado para la sección de nuestro libro relativa a la literatura para mujeres: el relato de la violación de Lucrecia, perteneciente a la obra Historia de Roma desde su fundación, del historiador Tito Livio, y el libro tercero de El arte de amar, del poeta Ovidio. El dato temporal resulta significativo a la par que paradójico, puesto que, si de ambos textos suele decirse que son ‘obras de su tiempo’, esto es, estrechamente vinculadas a las circunstancias sociales, políticas y literarias en que fueron producidas, esta vinculación al contexto de la época se manifiesta, como intentaremos explicar, de forma bien distinta en cada caso. Sobre las circunstancias que envuelven la producción de ambas obras se proporcionarán a continuación explicaciones contextuales y datos específicos que podrán ofrecer al lector algunas claves orientativas para facilitar la lectura y comprensión de los textos. Junto con estas informaciones, y dado que hemos escogido extractos de unas obras que clasificamos como literatura para mujeres, comenzaremos por una explicación de la razón de ser y significado de tal epígrafe, así como de los motivos que se han tenido en cuenta para establecer esta clasificación, de forma que el interés de nuestro estudio no resulte vago e impreciso y, en consecuencia, equívoco. En efecto, no escapa a las autoras de este trabajo que un epígrafe titulado literatura para mujeres puede resultar comprometido y que sería extraño encontrarlo en las estanterías de alguna biblioteca o librería en la actualidad. Por más que el citado letrero pretendiera únicamente aludir a «obras literarias habitualmente consumidas por mujeres», en cuyo caso abarcaría una selección de libros basada en datos estadísticos objetivos sobre el género mayoritario o habitual de las compradoras o prestatarias de tales obras, no es improbable que causara cierta incomodidad en algunos de los usuarios de estos establecimientos, tal vez incluso indignación —reacciones que habitualmente acompañan
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a los debates de género—, al entrever en ello el propósito o intención por parte de un tercero de dirigir el consumo de un colectivo, en este caso el femenino: ¿quién puede atribuirse el derecho de condicionar, o tan solo sugerir, lo que han de leer otras personas? Es bastante dudoso que alguna iniciativa comercial u organizativa se arriesgara a ser desacreditada por cuestiones de género al emplear tal epígrafe como reclamo o criterio. Pero la cuestión parece resolverse mucho más fácilmente si situamos el epígrafe en el tiempo y lugar en que las obras escogidas fueron publicadas, en cuyo contexto el enunciado literatura para mujeres evocaría sencillamente una serie de obras de la literatura romana de las que puede extraerse un modelo, un ejemplo, un código de conducta que pretende en última instancia moldear y dirigir el comportamiento de las mujeres. En este caso, un epígrafe de tal significado no resultará llamativo para el público mínimamente familiarizado con las instituciones políticas, jurídicas y sociales de la Roma antigua. El título o epígrafe, por tanto, resultaría aceptado, ¿pero es aceptable sin más? Es curioso cómo en el contexto de los estudios clásicos los asuntos de género u otras cuestiones social y políticamente comprometidas no siempre chocan con la sensibilidad del estudioso: los textos de la literatura romana con que trabajamos describen a menudo —y con la naturalidad propia de la sociedad que las practica— numerosos ejemplos de control y dominación, jerarquías sociales y comportamientos que, aunque inadmisibles en nuestra sociedad, naturalizamos sin más cuando se trata de los textos de la literatura romana. Obviamente no podemos juzgar la sociedad romana con criterio actual y desde la perspectiva de lo que es aceptable o no en el seno de la nuestra: no se trata de aplicar juicios legales o morales de nuestro tiempo a comportamientos y prácticas de hace dos milenios. Sin embargo, tampoco parece lícito realizar una aproximación a los textos y la literatura exclusivamente formal, de manera que el contenido quede postergado al estudio de los aspectos gramaticales y estilísticos y sea visto con distancia e indiferencia.
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La apreciación y la admiración por el mundo clásico, en este caso, por su literatura y el modo fascinante en que esta está escrita, arrinconan a menudo el debate sobre la realidad que los textos representan y es entonces cuando nuestro enfoque, como estudiosos del mundo antiguo, puede resultar cuestionable e incluso inadmisible: en primer lugar, porque los hechos acontecidos en el pasado tienen una herencia o repercusión indiscutible en el presente, y en segundo lugar, porque, del mismo modo que los hechos tienen una trascendencia, los textos tienen un mensaje y su vigencia, validez o repercusión en la sociedad y los lectores actuales han de ser también consideradas.
1.1. LITERATURA PARA ENSEÑAR Es difícil encontrar obras de la literatura romana que no tengan un propósito didáctico: la finalidad pedagógica es notable en la mayoría de los géneros literarios romanos e indudable en los dos que nos atañen en esta sección, historiografía y, curiosamente, elegía. Tanto Tito Livio como Ovidio manifiestan un propósito claro de transmitir a sus lectores una lección de vida que, en el caso del primero, con ser beneficiosa para el individuo, servirá además a un fin sociopolítico de reconstrucción y renovación colectiva en una época en la que se ha alcanzado un grado intolerable de depravación, tal y como declara el autor en el prefacio de su obra. Por tanto, siguiendo las indicaciones del propio Tito Livio, en la lectura de Historia de Roma desde su fundación debe procederse como sigue: En la lectura de mi obra, que cada uno preste rigurosa atención al tipo de vida, a las costumbres y a los hombres y las prácticas por las que, en la paz y en la guerra, se forjó y acrecentó el poder de Roma (…) Pues precisamente por esto el conocimiento de la historia es benéfico y saludable, para que puedas contemplar ejemplos de diferentes comportamientos, al ser estos colocados a la luz de un documento escrito. De ellos podrás escoger lo que es posible imitar para tu bien y el de Estado, y lo que debes evitar por ser indigno en su planteamiento y finalidad (Tito Livio, Historia de Roma desde su fundación, prefacio).
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En la obra de Tito Livio lo privado y lo público quedan indisolublemente unidos y la regeneración de lo público mediante la reordenación de lo privado resultará ser la vía más segura para recuperar la fortaleza que caracterizó a Roma en el pasado. El tono es pesimista, el mensaje es grave, la solución urgente y la misión capital: se trata de garantizar la supervivencia del Estado. La propuesta de Ovidio, sin embargo, es muy distinta, y la aplicación de sus enseñanzas no excederá el ámbito de lo privado, aunque esta afirmación ha de ser precisada: es cierto que el amor es un asunto privado, pero el escenario de las enseñanzas de Ovidio es Roma, sus calles, sus lugares más emblemáticos. Por otra parte, Ovidio, como maestro, restringe poco, como veremos, el público al que dirige sus enseñanzas, por lo que puede decirse que lleva a cabo una suerte de instrucción pública de un asunto privado. Esta confluencia de lo íntimo y lo colectivo, y la inevitable deriva pública de lo que enseña, desempeñarán un importante papel en la interpretación extraliteraria de la obra: Octavio Augusto, primer emperador romano, determinó exiliar a Ovidio por lo irreverente de una obra como El arte de amar en el medio social casto que él buscaba restaurar. Con su habitual maestría para introducirse en la piel de distintos personajes y caracteres, Ovidio asume en El arte de amar el papel de maestro y lo reclama para sí empleando diversas fórmulas que lo reconocen «profesor de asuntos amorosos» (praeceptor amoris en I 17 y II 497; praeceptor amandi en II 161 o magister en II 173 y III 341); dando a sus consejos la categoría de «enseñanzas» (praecepta: II 745; III 57, 257, 440 y 651); identificando su cometido con la acción didáctica (docere, en III 43 y 195) y al conjunto de sus alumnos como «instruidos» (doctus, en I 2 y 767 y docta en III 320) o «por instruir» (docenda III 251 y 256) y, finalmente, firmando las diferentes partes de su obra con rúbricas tan categóricas como «Nasón me enseñó» (Naso magister erat, en II 744 y III 812). A ello se unen otros elementos propios del género didáctico como amplios catálogos y enumeraciones, desglosadas desde un punto de vista casi técnico —tipos de peinado o clases de telas destacan en el libro tercero—; ejemplos mitológicos ilustrativos —la amplísima narración de los desdichados amores de Procris y Céfalo en el libro tercero para advertir
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de los peligros de dar crédito a los rumores— y, finalmente, expresiones imperativas y otras marcas del discurso que señalan el avance de la instrucción y que salpican toda la narración. Todo ello evidencia una clara intención por parte de Ovidio de imitar los parámetros propios del género didáctico y aplicarlos a la poesía elegíaca, y quizás el propio título El arte de amar —Ars amatoria, en latín— sea el primer indicio de ello, ya que parece inevitable compararlo con otras artes, como la oratoria. Pero más que de imitación, casi siempre cuando se trata de Ovidio resulta más acertado hablar de reinvención o tratamiento peculiar de los precedentes literarios, en este caso, del género didáctico, ya que frente a los temas graves cultivados en la poesía didáctica latina —como la agricultura, en las Geórgicas de Virgilio, o la filosofía, en el tratado Sobre la naturaleza de las cosas de Lucrecio—, Ovidio propone el amor, y frente al carácter formal y severo, un tono jocoso y desenfadado, la frivolidad ingeniosamente revestida de gracia y elegancia. El poeta practica en estos libros lo que se conoce como erotodidaxis o consejo amoroso, que no es, en efecto, un asunto novedoso en la literatura latina: ya los poetas elegíacos Propercio (Elegías IV 5), Tibulo (Colección de los poemas de Tibulo y otros autores de su círculo I 4) o el propio Ovidio en algunos de los poemas de su obra Amores (I 8 y III 2, por ejemplo) se habían iniciado en este magisterio. En Ovidio, sin embargo, existe una notable diferencia de tono y perspectiva: toda la instrucción amorosa ovidiana parece exenta de la aproximación personalista desde la que hablan los poetas elegíacos sobre el amor y sobre el consejo amoroso, y frente a la pérdida de control con la que se vincula el amor en la elegía, en El arte de amar Ovidio da a entender que el éxito amoroso es una cuestión de estrategia, y que la temperancia y la indiferencia son las mejores aliadas del amante. En este sentido, quizá un precedente conspicuo de la enseñanza del amor en Ovidio se halle más bien en la figura de la lena o alcahueta, tan destacada en la comedia latina, que proporciona a la joven prostituta las claves para mantener el interés de sus ricos amantes. Véase el diálogo entre Escafa y Filemacio, alcahueta y joven cortesana, en La comedia del Fantasmita, de Plauto:
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ESCAFA: (A Filemacio) La verdad es que, por Pólux, me sorprende que tú, tan lista, tan instruida y sabionda, ahora actúes tontamente como una tonta FILEMACIO: Bueno, pues explícame, por favor, en qué me equivoco. ESCAFA: Tú te equivocas, por Cástor, porque solo a él esperas y sobre todo a él quieres complacer y desprecias a los otros. Es propio de una matrona, no de una prostituta, servir a un solo amante (…). FILEMACIO: No quiero que me des malos consejos, Escafa. ESCAFA: Estás tonta de remate, si te piensas que él será tu amigo para siempre y te querrá bien siempre. Te lo aviso: él te abandonará con el tiempo y cuando se harte de ti. FILEMACIO: Espero que no… ESCAFA: Lo que no se espera ocurre más frecuentemente que lo que se espera. En fin, si mis palabras no te convencen, para que te creas que mis palabras son verdaderas, conoce la realidad a partir de los hechos. Ves quién soy ahora ¿Y quién fui antes? No fui menos amada que tú y solo complacía a uno, pero, por Pólux, cuando con la edad me cambió el color del pelo, me dejó y me abandonó… Creo que a ti te pasará lo mismo (Plauto, La comedia del fantasmita, versos 186-202. Traducción de Xavier Mata Oroval en La comedia en la antigua Roma, en esta misma colección).
En ocasiones, el praeceptor ovidiano partirá de su propia experiencia como medio de persuadir a la audiencia de la veracidad de sus enseñanzas, pero, en general, la obra se caracteriza por la ausencia de espontaneidad, por la despersonalización o incluso el cinismo en la presentación del sentimiento amoroso y del amante, a quien se instruye sin ambages en que, si quiere conseguir su objetivo, «tiene que representar un papel» (El arte de amar I 611).
1.2. PRODUCTOS DE SU TIEMPO ¿Cómo se explica, entonces, que dos obras literarias tan distintas sean consideradas el reflejo o el producto de la época en que se realizaron, siendo esta la misma? Lo cierto es que, si consideramos los datos temporales en detalle y establecemos, como es tradición, que Tito Livio acometería la redacción de los primeros libros de Historia de Roma desde su fundación entre los años 30 y 25 aC, y la publicación de El arte de amar
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por parte de Ovidio se retrotrae a unos siete u ocho años desde la fecha de su destierro en el 8 aC, el resultado es una diferencia de casi veinticinco años. Se trata, además, de una época de cambios políticos estructurales que redundarán en profundos cambios sociales y originarán, como veremos, corrientes literarias bien alejadas, aunque simultáneas. A partir del año 27 aC Octavio Augusto, el heredero legítimo de César, inaugura el sistema político del Principado, una vez concluidas las contiendas civiles causadas por el asesinato de Julio César y, posteriormente, por la aplicación de su testamento, que le llevarían a enfrentarse a Marco Antonio y Cleopatra, a quienes venció en la batalla de Accio en el 31 aC. Este formato político pretende, en apariencia, una continuidad de las instituciones republicanas en cuyo seno Octavio ostentaría la categoría de princeps senatus o autoridad principal del Senado. Pero el Senado, aplacado por el vivo recuerdo de las tribulaciones del último período de la República y los horrores de las guerras civiles, consiente a Octavio una incesante acumulación de poderes y cargos que le proporcionarán imperium maximum —la más alta autoridad—, inviolabilidad y plena potestad en los asuntos religiosos, efectuándose así la evolución constitucional que terminará por suprimir la República romana. La transformación esencial de cinco siglos de vigencia de las estructuras políticas republicanas queda así consumada mediante la estrategia y el ingenio del princeps, quien emprende ahora la labor de transformar también, o redirigir, la conciencia ciudadana. Así pues, con el fin de renovar el genio romano, Augusto hace uso de un ardiente nacionalismo y apela a la recuperación de las tradiciones, las costumbres y los valores de Roma que le concedieron otrora su poder. Pretende de este modo vincular lo público con lo privado y hacer del bienestar de Roma una responsabilidad común, un deber colectivo que halla su punto de partida en el ámbito doméstico y su máxima expresión en la pietas, valor entendido como compromiso y deber hacia la familia, la patria y la religión. A ello contribuyen las reformas religiosas, que pretenden restaurar cultos caídos en desuso, y legislativas, que dictan justicia y convierten en cuestiones de Estado lo que eran hasta el momento asuntos de dominio familiar.
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Destacan en este punto las llamadas leyes Iulia y Papia Poppaea sobre el control del celibato, el fomento del matrimonio y la natalidad, y el ascenso del adulterio a la categoría de delito público. Estas leyes reflejan la preocupación de Augusto por el descenso de la población genuinamente romana y conducirán a la instrumentalización del matrimonio en defensa de la patria. Para justificar estas medidas, Augusto habría apelado de nuevo a los ejemplos del pasado, en concreto, cuenta Suetonio (Vida de Augusto 89), al discurso pronunciado por Quinto Metelo Numídico, censor en el 102 aC, para exhortar a la población romana acerca de la necesidad social y política de contraer matrimonio. Una parte del discurso es recogida por Aulo Gelio, autor del II dC: En medio de una numerosa audiencia formada por varones instruidos se leía el discurso sobre la necesidad de tomar esposa que Metelo Numídico, hombre severo y hábil de palabra, dirigió al pueblo durante su censura para exhortarlo al matrimonio. En aquel discurso se decía así: «Si pudiéramos vivir sin mujeres, ciudadanos, todos estaríamos descargados de esa molestia. Pero como así lo ha establecido la naturaleza, de forma que ni con ellas podamos vivir a gusto, ni sin ellas siquiera sobrevivir, es mejor que atendamos a nuestro bienestar a largo plazo que al placer del momento» (Aulo Gelio, Noches Áticas I 6).
Pero el éxito e incluso la aplicación de estas leyes, especialmente en lo referente al adulterio, suscita dudas entre los estudiosos, tanto por la ausencia de testimonios al respecto como por el rechazo general que habrían provocado, al colisionar de pleno con el modo de vida de la sociedad romana del momento: una sociedad poco disciplinada, menos estricta, profundamente filohelénica, versada en los hábitos, ritos y costumbres de las sociedades griegas y orientales, y que habría adoptado años antes el refinamiento, el lujo y la volubilidad que las caracterizaba y las alejaba, a su vez, de la rigidez —rusticidad— que suponía la vuelta a la herencia cultural patrimonial y sus instituciones convencionales. Ni siquiera el propio emperador consiguió reflejar en su vida privada el respeto y el pudor que exigía públicamente para la institución del matrimonio: Livia, su última mujer, es en número la cuarta, y aunque su matrimonio se prolongó hasta su muerte, las