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CONSTITUCIÓN Y PRIVACIDAD SANITARIA

Soledad Mª Suárez Rubio

Valencia, 2015


Copyright ® 2015 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de la autora y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com (http://www. tirant.com).

© Soledad Mª Suárez Rubio

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A mis hijos, Antonio y Manuel


Índice ABREVIATURAS.................................................................................... 13 PRÓLOGO.............................................................................................. 15 PREFACIO............................................................................................... 19 INTRODUCCIÓN.................................................................................. 21

1. LOS DERECHOS CONSTITUCIONALES APLICABLES A LA PRIVACIDAD EN EL ÁMBITO SANITARIO 1.1. Breve estudio del derecho comparado aplicable................................ 25 1.2. Vida privada e intimidad.................................................................. 29 1.2.1. Concepto de vida privada..................................................... 29 1.2.2. Concepto de intimidad.......................................................... 35 a) Dignidad humana............................................................ 49 b) Derechos de la personalidad............................................ 54 c) Caracteres del derecho a la intimidad.............................. 57 1.3. Los derechos del articulo 18.1 Ce..................................................... 58 1.3.1. Honor................................................................................... 62 1.3.2. Intimidad personal, familiar y corporal................................. 65 a) Intimidad personal.......................................................... 66 b) Intimidad familiar........................................................... 67 c) Intimidad corporal.......................................................... 71 1.3.3. Propia imagen....................................................................... 79 1.4. Inviolabilidad del domicilio.............................................................. 85 1.5. Secreto de las comunicaciones.......................................................... 93 1.6. Protección de datos.......................................................................... 96 1.7. Protección constitucional de la salud: consideraciones generales...... 112 1.7.1. Administración Sanitaria...................................................... 120 1.8. Derechos constitucionales en relación con la salud: integridad física y moral............................................................................................. 125

2. PRIVACIDAD SANITARIA: CONCEPTO, CONTENIDOS Y DELIMITACIÓN 2.1. Privacidad sanitaria desde la perspectiva constitucional................... 129 2.1.1. Fundamentación................................................................... 129 2.1.2. Titularidad............................................................................ 131


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2.1.3. Contenido............................................................................. 132 2.1.4. Límites y garantías................................................................ 134 2.2. Análisis de los distintos derechos que engloba la privacidad sanitaria 137 2.2.1. Intimidad stricto sensu en ámbito sanitario........................... 137 2.2.2. Protección de datos sanitarios............................................... 142 2.2.3. Secreto profesional médico................................................... 151 2.2.4. Otros derechos en el ámbito sanitario................................... 170 2.3. Incidencia de la informática en los derechos anteriores.................... 184

3. PROBLEMAS Y MANIFESTACIONES ESPECÍFICAS EN LA PROTECCIÓN DE LA PRIVACIDAD SANITARIA 3.1. Privacidad respecto de la documentación sanitaria........................... 197 3.1.1. La protección de la confidencialidad de los datos y documentos sanitarios......................................................................... 198 3.1.2. Personal en contacto con los datos y documentos sanitarios. 206 3.1.3. Historia clínica: definición, tipos y caracteres........................ 214 3.1.4. Acceso a la historia clínica: protección del paciente.............. 225 3.1.5. Informe de alta médica......................................................... 233 3.2. Intimidad del paciente versus nuevas tecnologías, internet y redes.... 234 3.2.1. Telemedicina y e-Salud.......................................................... 235 3.2.2. Correo electrónico................................................................ 239 3.2.3. Videoconferencias y foros de discusión................................. 240 3.2.4. Teleconsulta.......................................................................... 242 3.2.5. Protocolos multicéntricos de investigación............................ 244 3.2.6. Intranet................................................................................. 244 3.3. Intimidad del paciente e información epidemiológica....................... 246 3.4. Intimidad del paciente en casos de vih/sida....................................... 251 3.5. Intimidad del paciente versus información de datos genéticos y biológicos.............................................................................................. 254 3.6. Intimidad del paciente versus técnicas de reproducción asistida....... 274 3.7. Intimidad del paciente versus salud laboral...................................... 283

4. CONCLUSIONES 4.1. Vida privada en derecho comparado................................................ 289 4.2. Vida privada en nuestro ordenamiento jurídico y su relación en el ámbito de la salud............................................................................ 292 4.2.1. Derecho al honor.................................................................. 293 4.2.2. Derecho a la intimidad.......................................................... 294 4.2.3. Derecho a la propia imagen.................................................. 296 4.2.4. Derecho a la inviolabilidad del domicilio.............................. 297


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4.2.5. Derecho al secreto de las comunicaciones............................. 297 4.2.6. Derecho a la protección de datos personales......................... 298 4.3. Protección constitucional de la salud................................................ 299 4.4. Privacidad sanitaria desde la perspectiva constitucional................... 301

5. BIBLIOGRAFÍA 5.1. Libros y revistas............................................................................... 313 5.2. Tesis doctorales................................................................................ 336 5.3. Otros documentos............................................................................ 336


Abreviaturas AEPD CC CE CEDH

AGENCIA ESPAÑOLA DE PROTECCIÓN DE DATOS. CÓDIGO CIVIL. CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA DE 1978. CONVENIO EUROPEO PARA LA PROTECCIÓN DE LOS DERECHOS HUMANOS Y LIBERTADES FUNDAMENTALES. CP CÓDIGO PENAL: LEY ORGÁNICA 10/1995, DE 23 DE NOVIEMBRE. FJ FUNDAMENTO JURÍDICO. LGS LEY GENERAL DE SANIDAD. LOPD LEY ORGÁNICA 15/1999, DE 13 DE DICIEMBRE, DE PROTECCIÓN DE DATOS DE CARÁCTER PERSONAL. LORTAD LEY ORGÁNICA 5/1992, DE 29 DE OCTUBRE, DE TRATAMIENTO AUTOMATIZADO DE DATOS DE CARÁCTER PERSONAL. LOTC LEY ORGÁNICA DEL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL. LPRL LEY 31/1995, DE 8 DE NOVIEMBRE, DE PREVENCIÓN DE RIESGOS LABORALES. RD REAL DECRETO. STC SENTENCIA DEL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL. STEDH SENTENCIA DEL TRIBUNAL EUROPEO DE DERECHOS HUMANOS. STS SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO. STSJ SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPERIOR DE JUSTICIA. TC TRIBUNAL CONSTITUCIONAL. TEDH TRIBUNAL EUROPEO DE DERECHOS HUMANOS. TIC TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN Y DE LA COMUNICACIÓN. TSJ TRIBUNAL SUPERIOR DE JUSTICIA.


Prólogo Por su propia naturaleza, la Constitución tiene dos objetivos tendencialmente contradictorios: por un lado, permanecer y dotar de una estabilidad básica a la regulación de los poderes y de los derechos fundamentales; y, por otro lado, adaptarse a una realidad cada vez más cambiante dando respuesta a nuevos retos desconocidos con los mismos principios y valores. Esta doble función implica un difícil equilibrio, y quizá por ello siempre me ha parecido del mayor interés el estudio de lo que podríamos denominar “nuevos derechos fundamentales”, que las más de las veces son creaciones jurisprudenciales y/o legales para adaptar los preceptos constitucionales a esas nuevas circunstancias. El presente libro se sitúa en alguna medida en ese ámbito de estudio, aunque con más propiedad creo que en este caso, más que de “nuevos derechos”, cabría hablar de “nuevas manifestaciones de los derechos”, ya que en realidad se centra en las peculiaridades de los derechos recogidos en el artículo 18 de la Constitución en el ámbito sanitario. Es, con las adaptaciones propias del caso, el resultado de la tesis doctoral de Soledad Mª Suárez Rubio, que yo tuve el placer de dirigir. Ello me ha permitido, por un lado, acercarme a su objeto específico, aprendiendo mucho sobre tan interesante materia, incuestionablemente actual y práctica. Y, por otro lado, la dirección de este trabajo me ha reportado importantes satisfacciones, como la de conocer más a su autora y compartir con ella muchas conversaciones y debates académicos sobre estos temas, o la de comprobar cómo mi impresión altamente positiva sobre su trabajo se confirmaba al obtener la valoración cum laude de manera unánime por parte del Tribunal encargado de juzgarla. Creo que este trabajo viene a colmar una importante laguna, ya que hasta ahora no se había abordado este tema en nuestra doctrina de forma global y monográfica, desde una perspectiva constitucional, y en particular desde la consideración de los derechos fundamentales de privacidad. Es difícil saber si este escaso tratamiento obedece a la suposición de que no hay propiamente peculiaridades ni dimensiones propias de los derechos de privacidad en el ámbito sanitario (y por


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lo tanto sirve en este ámbito cualquier estudio de alcance general), o más bien, casi en sentido contrario, lo que justifica el escaso acercamiento al tema es el implícito entendimiento de que, por las peculiares características y circunstancias en las que se suele desarrollar a veces la relación entre el paciente y la Administración sanitaria, es difícil sostener que el mismo esté realmente en condiciones de ejercer sus derechos más vinculados a la intimidad. En mi opinión, cualquiera de estas dos explicaciones serían totalmente insatisfactorias y supondrían ignorar que los derechos vinculados a la vida privada son, desde luego, plenamente predicables en el ámbito sanitario, aunque su ejercicio se vea con frecuencia sometido a especiales condiciones, y en ocasiones a restricciones inexistentes en otros ámbitos. Pero ello es precisamente lo que hace más necesario el estudio, desde la propia perspectiva de la definición de los derechos fundamentales, de cuáles son esas peculiares condiciones de ejercicio de los derechos en este ámbito, lo que conlleva en ocasiones afirmar la necesidad de preservar nuevas dimensiones o específicos ámbitos de protección que resultan imprescindibles para dar respuesta a los retos especiales que plantea la condición de paciente. De este modo, el problema, afectando a derechos que casi ya podríamos denominar “clásicos” plantea dimensiones completamente novedosas, dado que solo las nuevas amenazas o riesgos para los derechos (o aquellos que, existiendo previamente, habían pasado inadvertidos) conllevan a buscar el perfilamiento de nuevos ámbitos preservados y nuevos instrumentos de garantía. En el ámbito sanitario, los avances científicos y tecnológicos y la cada vez mayor concienciación de que el paciente debe ser dueño de su propia situación y de su destino, han llevado a la preocupación creciente por sus derechos fundamentales. Sin embargo, hasta ahora los esfuerzos doctrinales que han querido plantear esta cuestión desde la perspectiva constitucional se han centrado sobre todo en el ámbito de la protección de su libertad y de su salud, y en particular en su consideración como titular de las decisiones que afectan a su salud, especialmente la elección del tratamiento médico previo conocimiento de los que son adecuados a su dolencia. Todo ello ha puesto en el centro de estudio la cuestión del consentimiento informado, que ha sido, junto a otros aspectos como la protección de datos, el centro de los estudios en esta materia.


Prólogo

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El trabajo de Soledad Mª Suárez Rubio resulta, por lo tanto, muy oportuno al centrarse en un aspecto tantas veces ignorado, como es el relativo a los derechos del paciente en el ámbito de su privacidad. Para ello, la autora logra una excelente combinación entre un enfoque teórico desde la perspectiva jurídico-constitucional, y un análisis práctico y bastante casuístico de las muy diversas situaciones en las que estos derechos están en juego. Ello ha implicado acercarse a la elaboración de conceptos constitucionales del mayor interés, como el propio de “privacidad” que literalmente no aparece en nuestra Constitución pero del que existen buenas referencias en el ámbito comparado e internacional, que lo aproximarían a un amplio concepto que engloba, entre otras, las manifestaciones expresamente mencionadas en los distintos apartados del artículo 18 CE. Pero también ha conllevado un análisis de la normativa legal y de la jurisprudencia, así como un conocimiento detallado de las situaciones problemáticas que habitualmente se plantean. El resultado es, a mi juicio, un trabajo de gran valor, y aunque su perspectiva es jurídico-constitucional, será útil a juristas de cualquier especialidad, interesados en el Derecho sanitario, así como a cualquier profesional vinculado a la práctica sanitaria.

Francisco Javier Díaz Revorio Catedrático de Derecho Constitucional Universidad de Castilla-La Mancha

Toledo, enero de 2013.


Prefacio Este trabajo que se publica a continuación es el resultado de la investigación realizada como tesis doctoral en la Universidad de Cartilla La Mancha, bajo la experta dirección del catedrático D. Francisco Javier Díaz Revorio, al que le doy las gracias por su apoyo y dedicación. Con este libro no se pretende elaborar una monografía del derecho a la privacidad, ni sobre el derecho a la intimidad, pues existen muchas y muy buenas, que me han servido como fuentes metodológicas, sino que pretendo adentrarme en un campo concreto de investigación como es el tratamiento de la privacidad en el entorno sanitario, lo que he venido a denominar “privacidad sanitaria”. No trato tampoco de elaborar un estudio especializado en derecho de la salud, sino que me centraré en el aspecto constitucional del derecho a la vida privada, en especial, del derecho a la intimidad relacionándolo con el derecho a la salud. Así, trato de explicar como el derecho a la vida privada de las personas debe ser protegido, incluyendo también los datos personales de éstas, de modo eficiente y efectivo, sobre todo desde la Administración Sanitaria. Y, aunque podría ser considerado un tema multidisciplinar, o principalmente administrativo debido al estudio de la intimidad y privacidad de las personas ante la Administración Sanitaria, lo planteo desde el punto de vista constitucional, puesto que esencialmente el derecho a la vida privada de las personas es un derecho fundamental que deviene de la dignidad humana y de los derechos de las personas, cuya parte central es el derecho a la intimidad recogido en el artículo 18.1 de la Constitución Española.


Introducción El derecho a la vida privada de los individuos, a su privacidad, requiere que hoy en día se cree una protección, que garantice este derecho frente a las numerosas injerencias que atentan contra la esfera privada e íntima de las personas. La Constitución Española no recoge este derecho a la vida privada como tal, sino que engloba varios derechos fundamentales, como los del artículo 18 CE. Por ello, nuestra doctrina ha venido reconociendo a la denominada “privacy”, término usado en los países de nuestro entorno para referirse al derecho a la vida privada, como la parte externa de una esfera imaginaria que engloba lo que es nuestra vida privada. Desde este punto de vista, la intimidad es el núcleo interno de esa vida privada, que queda salvaguardada de intromisiones no deseadas y bajo el control del propio individuo titular de ese derecho. El concepto de intimidad ha variado a lo largo de los años, de las diversas costumbres que los humanos hemos ido adoptando, e incluso varía según las zonas geográficas donde se desarrolle la vida privada de las personas. De hecho, como veremos después, nuestro Tribunal Constitucional (TC) ha reconocido en numerosas sentencias1 que “… El derecho a la intimidad personal consagrado en el artículo 18.1 CE aparece configurado como un derecho fundamental estrictamente vinculado a la propia personalidad y que deriva, sin duda, de la dignidad de la persona humana que el artículo 10.1 de la Constitución Española reconoce”. Los datos de carácter personal relativos a la salud son considerados por la ley como datos sensibles, que necesitan un alto nivel de protección. Además, veremos cómo existen numerosos casos en los

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STC 231/1988, de 2 de diciembre, FJ. 3º; STC 179/1991, de 19 de septiembre, FJ. 3º; STC 20/1992, de 14 de febrero, FJ. 3º y STC 57/1994, de 28 de febrero, FJ. 5º.


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que la intimidad de los pacientes y de sus familiares puede verse desprotegida por dicha Administración. En la actualidad, el avance de la denominada “sociedad de la información” y de las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) tienen indudables elementos positivos para el desarrollo económico y para la eficacia administrativa, puesto que la informática facilita ilimitadas posibilidades para recoger datos personales, tratarlos, conservarlos y transmitirlos. Pero también presenta riesgos y posibles injerencias en nuestra privacidad, como por ejemplo, el peligro de que las tecnologías de la información entren en conflicto con el derecho a la intimidad de las personas. Ese peligro se genera debido a que la tecnología es capaz de mover un gran volumen de información y de ponerla en relación, de manera que se construyan perfiles de nuestra personalidad, que pueden llegar a justificar decisiones públicas o privadas y que, además, pueden condicionar nuestro modo de actuar, restringiendo nuestra libertad. A través de tratamientos de datos se puede llegar a saber si tengo una enfermedad grave, si estoy afiliado a un sindicato o a un partido político, si tengo yo o mis hijos alguna minusvalía, mi nivel de renta, mi situación personal y familiar, mis hábitos de conducta o mi religión. Es por ello, que hoy se entienda que la informática es un elemento provechoso que no debe ser utilizado para conocer la privacidad de las personas. La Constitución Española fue una de las primeras en ser consciente de este problema. Así, en el mismo precepto donde se reconoce el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar, a la propia imagen y se salvaguarda la inviolabilidad del domicilio y el secreto de las comunicaciones, se obliga a los poderes públicos a limitar el uso de la informática para garantizar el honor y la intimidad personal y familiar de los ciudadanos, así como el pleno ejercicio de estos derechos (artículo 18.4 CE). El derecho a la intimidad, considerado como acceso limitado a la persona y, en su extensión al paciente, ha adquirido un gran desarrollo en el contexto del derecho sanitario. Sin embargo, y pese a su importancia, la protección jurídica del derecho a la intimidad, se sitúa en épocas recientes, y su alcance y contenido está sometido a una revisión permanente como consecuencia de los cambios sociales.


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Así, el derecho a la intimidad se ha ido completando con nuevos derechos, como el derecho a la protección de los datos de carácter personal. Pero sigue siendo necesario que este derecho a la intimidad se estudie en profundidad en este ámbito sanitario, sensible de protección para los pacientes y sus familiares. Y que, además, este derecho se complemente en dicha protección con el resto de derechos que forman parte de la vida privada de las personas ante la Administración Sanitaria. En el ámbito sanitario y con los avances de la medicina, existen mayores conocimientos sobre el estado de salud de las personas, y sobre sus datos sanitarios, lo que conlleva que el grado de información relativa a la salud de un paciente e incluso de sus familiares, sea muy amplia. En particular, lo último en el campo de la biotecnología, implica el conocimiento de los genes, que son los que configuran a las personas como únicas. Las estructuras del ADN determinan la singularidad de cada individuo y se transmiten de generación en generación. Estos avances científicos han provocado una gran revolución en el tratamiento terapéutico potencial de enfermedades, hoy incurables, pero a su vez, implican una nueva forma de agresión a la intimidad por el interés que, por ejemplo, el código genético de una persona puede despertar en compañías de seguros, sociedades médicas o en empresas financieras, y también en las Administraciones Públicas. Una cuestión muy relacionada con el derecho a la intimidad es la confidencialidad, que consiste precisamente en guardar la debida reserva sobre informaciones que afectan a la vida privada de las personas, en general. En ciertos ámbitos como es el ámbito sanitario, esta confidencialidad supone la obligación del profesional de mantener en secreto la información que le proporciona el paciente, salvo que éste autorice lo contrario. Constituye un derecho del paciente a mantener con tal carácter ciertos datos relativos a su intimidad, de ahí que ambos derechos se protejan conjuntamente en el ordenamiento jurídico español. En este sentido, son muy clarificadoras la Sentencia del Tribunal Constitucional 183/1994 sobre el secreto profesional y el Auto 600/1989 del mismo Tribunal sobre la relación entre el secreto profesional y el derecho a la intimidad.


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Antiguamente, la relación médico-paciente era una relación estrecha entre el profesional sanitario y el enfermo, pero hoy en día la relación médico paciente no es una relación tan estrecha, sino que está ampliada a un grupo de profesionales sanitarios, que a través del historial clínico conocen los datos sanitarios del enfermo, de su entorno, familia y de sus costumbres o hábitos. Estos datos personales sanitarios se han considerado tanto por el legislador como por la jurisprudencia como datos sensibles de especial protección. Esta protección de los datos personales sanitarios ha venido a reforzarse con el reconocimiento legal de derechos y obligaciones de información y de documentación clínica. Estos derechos son, por ejemplo, el derecho a la información asistencial, el derecho a la intimidad y a la autonomía del paciente, el consentimiento informado, las instrucciones previas y el derecho a la información para la elección de médico y de centro de salud. Por ello, se ha comenzado a percibir en nuestra sociedad un incremento de las reclamaciones ante los organismos sanitarios, tanto públicos como privados, que exigen el reconocimiento de los derechos básicos del paciente referidos a su autonomía de decisión, así como el derecho a su intimidad en el ámbito sanitario, por ello me ha interesado abordar este tema de investigación, que es novedoso e interesante.


1. Los derechos constitucionales aplicables a la privacidad en el ámbito sanitario 1.1. BREVE ESTUDIO DEL DERECHO COMPARADO APLICABLE El derecho a la vida privada de las personas debe ser protegido como derecho fundamental. Sin que existan injerencias de terceros o de la Autoridad Pública en el ejercicio de este derecho, salvo que esta injerencia esté prevista en la ley, y sea medida necesaria para la seguridad pública, el bienestar económico, la defensa del orden, la prevención del delito, la protección de la salud o de la moral, o la protección de los derechos y las libertades de los demás. De esta forma se ha recogido en las principales Declaraciones Internacionales de derechos y en los ordenamientos jurídicos de los países de nuestro entorno. En este sentido, se expresan: el artículo 12 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos2 de 1948, el artículo 11 de la Convención Americana de Derechos Humanos de 1969 y el artículo 8 del Convenio Europeo para la Protección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales de 1950 (CEDH)3.

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La Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 proclama en su artículo 12 que nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia. Además de hacer constar que la ley debe proteger a toda persona contra tales injerencias. A su vez, el artículo 11 de la Convención Americana de Derechos Humanos de 1969, recoge en sus párrafos 2º y 3º prácticamente el mismo texto de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Artículo 8 CEDH: Derecho al respeto a la vida privada y familiar. “1. Toda persona tiene derecho al respeto de su vida privada y familiar, de su domicilio y de su correspondencia. 2. No podrá haber injerencia de la autoridad pública en el ejercicio de este derecho, sino en tanto en cuanto esta injerencia esté prevista por la ley y constituya una medida que, en una sociedad democrática, sea necesaria para la seguridad nacional, la seguridad pública el bienestar económico del país, la defensa del orden y la prevención del delito, la protección de la salud o de la moral, o la protección de los derechos y las libertades de los demás”. Hecho en Roma el 4 de Noviembre de 1950, ratificado por España con fecha 26 de septiembre de 1979, y publicado en el BOE de 10 de octubre de 1979.


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Profundizando en el estudio de la vida privada he podido comprobar que la doctrina ha utilizado el término privacy, procedente de la doctrina anglosajona, como el derecho de la persona “a que la dejen en paz”. Para reconocer la vida privada de las personas como una esfera, donde el derecho a la intimidad sería el núcleo interior. Así, por ejemplo, en Italia el término riservatezza aparece como derecho fundamental del ser humano a la inviolabilidad de su vida privada, como componente negativo de exclusión, admitiéndose en los últimos años por parte de algunos autores el término privacy anglosajón que contiene una visión también positiva respecto al derecho de control sobre los propios datos personales. En Alemania, la doctrina ha tratado el derecho a la vida privada como una esfera protegida constitucionalmente por el derecho al libre desarrollo de la personalidad. Y dentro de esta esfera privada serían parte los derechos de la personalidad, entre ellos el derecho a la “autodeterminación informativa”, como derecho fundamental que protege a los individuos frente a la recolección, archivo, empleo y difusión ilimitada de sus datos personales. Siendo el núcleo de esa esfera privada el derecho a la intimidad, como una propia esfera íntima con mayor nivel de protección que el resto de los derechos de la vida privada.

Revisado en conformidad con el Protocolo n° 11 (Fecha de entrada en vigor 1 de noviembre 1998). Merece la pena destacar al respecto el libro de GARCÍA ROCA, J., “El margen de apreciación nacional en la interpretación del Convenio europeo de Derechos Humanos: soberanía e integración”, Cuadernos Civitas, Thomson Reuters, Pamplona, 2010; cuando siguiendo a SÁIZ ARNAIZ, A., “La apertura constitucional al derecho internacional y europeo de los derechos humanos: el artículo 10.2 CE”, comenta que “el instrumento internacional que es el CEDH no es un tratado más, sino que rompió la rígida separación tradicional entre los derechos internacional e interno en el terreno de los derechos humanos, precisamente al crear no sólo obligaciones para los Estados sino derechos accionables para los individuos, fijar un mecanismo de tutela jurisdiccional no dependiente de los Estados parte, y pretender redactar un texto efectivamente vinculante en el que la Comisión y el Tribunal dijeran el derecho como corresponde a toda verdadera jurisdicción”. Y también GARCÍA ROCA, J., SANTOLAYA MACHETTI, P. y OTROS, “La Europa de los derechos: El Convenio Europeo de Derechos Humanos”, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, Madrid, 2009.


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En Francia, el derecho a la privacidad se recoge como un derecho de la personalidad, donde el derecho a la intimidad es un derecho más. Estos derechos se protegen civilmente y no se recogen en la Constitución sino en el Código civil francés. En general, la idea de privacidad que he encontrado en el derecho comparado estudiado, englobaría en su contorno no sólo al derecho a la intimidad, sino además a otros derechos fundamentales como el derecho al honor, a la imagen, a la inviolabilidad del domicilio, al secreto de las comunicaciones y a la protección de datos personales. En la actualidad, esta necesidad de protección se ha puesto de manifiesto con el imparable desarrollo tecnológico e informático. La vida privada se ve invadida, dándose cierta inseguridad puesto que, en ocasiones, las intromisiones en nuestra privacidad son llevadas a cabo sin nuestro conocimiento. Por este motivo, la idea de privacidad y su protección se ha visto amparada en algunos textos constitucionales como derecho fundamental, cuya trayectoria deviene del derecho civil, del reconocimiento de los derechos de la personalidad. Pero también se ha protegido por su vinculación con la dignidad humana4 y el libre desarrollo de la personalidad. En general, la protección de la privacidad sanitaria en los países de nuestro entorno cultural se centra en proteger los datos sanitarios y en reconocerlos como especiales por su materia, debiendo ser confidenciales y amparando también el secreto profesional médico. Quedando, a mi modo de ver, mucho camino todavía para proteger la vida privada en el ámbito sanitario, pues el derecho a la intimidad queda en un segundo plano, dando principal importancia a la protección y confidencialidad de los datos de salud. Y sin entrar a salvaguardar el resto de derechos que conforman la vida privada de las personas en el entorno de la sanidad. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha destacado en varias sentencias que el término vida privada es amplio y no suscep

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En la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea (versión consolidada del Tratado de Lisboa), Título I denominado “Dignidad”, recoge específicamente en su artículo 1 “La dignidad humana es inviolable. Será respetada y protegida”.


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tible de una definición exhaustiva, pero reconoce que elementos como la identificación de género, nombre, orientación, origen racial o étnico, vida sexual, desarrollo personal, grabaciones de imágenes, voces o datos personales de modo sistemático o permanente, informaciones relativas a la salud, huellas dactilares, perfiles de ADN y muestras celulares o biológicas, pertenecen al ámbito de la privacidad de las personas. Reconociendo al derecho a la intimidad como aquel derecho a defenderse de intromisiones en la vida privada de las personas. Constatando además la necesidad de que se den determinados procedimientos y garantías para que se pueda proteger este derecho. Por su parte, el Tribunal Constitucional español también ha reconocido el derecho a la intimidad como un derecho fundamental estrechamente vinculado a la propia personalidad y derivado de la dignidad humana reconocida en el artículo 10 de la Constitución Española. Pero, en su evolución jurisprudencial, nuestro Tribunal Constitucional empezó reconociendo a la intimidad como un reducto de la persona vedado al acceso por parte de otros, conllevando la vertiente negativa en la que su titular podía exigir la no injerencia en la vida íntima y privada, como un derecho garantista o de defensa. Y, posteriormente, ampliando su noción como poder de control sobre la publicidad de la información relativa a la persona y a su familia, dando lugar así al reconocimiento de la privacidad, desde una vertiente positiva. Además, el Tribunal Constitucional español no garantiza una intimidad determinada sino el derecho a poseerla, gracias al poder jurídico de cada persona sobre la publicidad de la información reservada a si mismo y a su familia, con independencia del contenido de aquello que se quiera mantener reservado del conocimiento público. A continuación, pasaremos a estudiar los derechos que en nuestra Constitución protegen la vida privada de las personas, para adentrarnos en el ámbito de la salud, muy importante en este libro. Y observaremos cómo, cuándo y por quiénes debe protegerse la intimidad en dicho ámbito sanitario.


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