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Josep Vicent Boira

Valencia. La ciudad “Todos vivimos en nuestra ciudad como errantes viajeros…” Marco Tulio Cicerón

tirant lo b anch Valencia, 2011


Copyright ® 2011 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito del autor y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com (http://www.tirant.com).

© Josep Vicent Boira

Imagen de la portada: "Vista de la ciudad de Valencia en la obra "De la institució, govern polític i jurídic... de les il·lustres Fàbriques Vella, dita de Murs e Valls, i Nova, dita del Riu, de la insigne, lleal i coronada ciutat de València" (1675), del jurista valenciano Francesc Llop (c. 1630-1685)" Imagen de la contraportada: Escudo del Hospital General de Valencia. Panel cerámico del siglo XVIII

© TIRANT LO BLANCH EDITA: TIRANT LO BLANCH C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com http://www.tirant.com Librería virtual: http://www.tirant.es DEPOSITO LEGAL: BII.S.B.N.: 978-84-9985-029-0 IMPRIME: Gráficas Díaz Tuduri, S.L. MAQUETA: PMc Media Si tiene alguna queja o sugerencia envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia por favor lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro Procedimiento de quejas.


Al mestre Manuel Sanchis Guarner “Nos in nostra urbe peregrinantes errantesque, tanquam hospites, tui libri quasi domum deduxerunt, ut possemus aliquando, qui, et ubi essemus, agnsocere. Tu aetatem patriae, tu descriptiones temporum, tu sacrorum iura, tu sacerdotum, tu domesticam, tu bellicam disciplinam, tu sedem regionum locorum, tu omnium humanroum divinarumque rerum nomina, genera, officia, caussas aperuisti” Tots nosaltres vivíem en la nostra ciutat com viatgers errants i com si fórem gent estranya, fins a que els teus llibres ens recondugueren, per així dir-ho, als nostres mateixos llocs i ens ensenyaren, per fi, a adonar-nos de qui érem i del lloc en que vivíem. Tu ens revel.lares l’edat de la pàtria, la cronologia de la seua història, els drets de la religió i dels sacerdots, les institucions polítiques, la disciplina militar, la situació de les comarques i dels llocs, i, en una paraula, els noms, espècies, funciones i causes de totes les coses divines i humanes.

Elogi de Marcus Tullius Cicero a l’historiador Varró (Acad. Quaest., I, 3).


—¿Por qué persiste en ser inmortal el espacio, indiferente al tiempo? Cuando acaba la representación, el escenario debiera perecer…

“Cuatro noches romanas” (2009) Guillermo Carnero


A quienes son parte de la ciudad de mi infancia, mi padre y mi madre. A qui s贸n part de la ciutat present i futura, Ana, Claudia i Carles.


ÍNDICE

INTRODUCCIÓN ........................................................................................................

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LOS CIMIENTOS DE LA CIUDAD: DE LA MEMORIA A SU NOMBRE ......................

19

EL AVE FÉNIX DE LA ROMANIDAD ...........................................................................

31

LA FUERZA DE UNA IDEA ..........................................................................................

51

LA BANDERA VERDE LLEGA A LA CIUDAD ..............................................................

69

EL SIGLO MÁGICO (1238-1375)..................................................................................

93

LA CIUDAD DE LA BELLEZA ÚTIL (1375-1510) .........................................................

115

LA CIUDAD ARISTÓCRATA (1510-1609) ....................................................................

141

ENTRE LA MELANCOLÍA Y LA VOLUNTAD (1608-1704) ..........................................

169

DERROTA Y VENGANZA AUSTRACISTA (1707-1792)................................................

195

LOS AÑOS DE LA INSURGENCIA (1792-1843) ...........................................................

225

LA CIUDAD QUE VENDIÓ SU ALMA (1843-1900) ......................................................

255

VALENCIA NO FUE PROVINCIANA (1900-1940) .......................................................

287

LA RECONSTRUCCIÓN (1940-2010) ..........................................................................

319

BIBLIOGRAFÍA ............................................................................................................

349

ÍNDICE SISTEMÁTICO ...............................................................................................

355


INTRODUCCIÓN

E

ste no es un libro de historia de Valencia. Al menos, no de la forma habitual. No es tampoco un estado de la cuestión, ni una actualización de tratado alguno. Es más bien un paseo íntimo, un itinerario personal, una geografía subjetiva, vivida, cultural e histórica de mi ciudad. Discutible, lógicamente, pero sincera. Como la ciudad me ha llevado a mí de la mano desde mi nacimiento, he buscado también yo llevar al lector de la mano de aquellos hechos y lugares que me han parecido más significativos en una selección muy particular de sus más de dos mil años de historia de Valencia. Y para ello, he debido elegir. Elegir aquellos sucesos y aquellos entornos que, imaginándome en la cabeza de una persona no avezada en la lectura de libros de especialistas en historia o en geografía urbana, en arte o en sociología, ni tampoco a la última de los artículos de quienes más saben de esta ciudad, pensaba que le podían interesar para tener una idea aproximada de su evolución y de sus rasgos principales. Evidentemente, hay hechos, personajes y episodios que no aparecen en estas páginas, asuntos todos ellos que pueden tener gran importancia para el especialista, pero pienso que el libro, leído en su totalidad, aporta un hilo de continuidad que explica comprensiblemente mi ciudad. Ruego me disculpen los colegas que encuentren a faltar alguna referencia indiscutible no citada, así como alguna incorrección, que he procurado evitar, en la relación de hechos y fechas. Para entender mejor lo que ha ocurrido, cuando he podido, he comparado. Muchos de los libros a mitad camino entre la historia y la cultura de una ciudad se cierran en ella misma y no aportan información que permita situar a un determinado hecho o personaje. Por eso, a veces, en esta obra el lector observará comentarios que quieren ir más allá de los límites urbanos de Valencia: personas que la han elogiado sin haberla pisado en su vida (Friederich Engels por ejemplo), titanes de la historia europea que la conquistaron (Pompeyo), paralelismos entre oriente y occidente (al tiempo que el Cid toma Valencia, comenzaba la primera cruzada hacia Jerusalén), novelas sobre la clase obrera como las de Charles Dickens, escritas cuando Valencia descubría con sorpresa la humillante miseria urbana, santos patronos que trascienden la dimensión local para ser representados en los extraordinarios mosaicos de arte bizantino de San Apolinar Nuevo de Ravena o venerados en iglesias de Roma… El contexto atempera (o exacerba, según los casos), los juicios y permite comprender mejor episodios que, de otra manera, parecen extraordinarios, insólitos o banales. Este esfuerzo por hacer comprender (y no sólo por describir lo ocurrido) ha implicado una narración con una pretendida orientación pedagógica, obligándome a veces, lo reconozco, a dibujar con trazo grueso lo que hubiera necesitado para ser entendido en su totalidad, decenas de hojas de letra pequeña, con anotaciones al pie y referencias bibliográficas de autor, año y página.


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El libro pretende también explicar tendencias, identificar escenarios con una cierta permanencia a lo largo de los siglos, narrar, en definitiva, de forma pretendidamente coherente, una evolución geográfica, cultural e histórica. Para ello, he ido hacia adelante y hacia atrás buscando nexos que den consistencia a una narración. Y en esta línea de aproximación, a mitad camino entre la historia y la cultura, entre el ensayo y la narración, adquiere un protagonismo extraordinario las razones de quien escribe para embarcarse en esta obra. Y a mí, por ser sincero, me han movido varios motivos. En primer lugar, escribir un libro para el público interesado en la divulgación, más que para los lectores de manuales académicos al uso. En segundo lugar, recuperar episodios de la historia de mi ciudad olvidados o poco conocidos, reivindicarlos antre una cierta tendencia al descrédito de la ciudad. En tercer lugar, engarzar lo particular con lo general, unir lo acontecido en Valencia con hechos y personajes de la historia y de la cultura española y europea. Y por último, mostrar a los lectores las maravillas de mi ciudad. Lo reconozco, estoy orgulloso de la historia de Valencia. Me siento ciudadano valenciano, en el sentido más profundo de la palabra. Y como tal, es indisimulable un cierto intento de realzar aquellos episodios que han dado lustre a nuestra historia urbana, sobre todo en comparación con otras. Me gusta ostentar, con satisfacción, el título que encontramos en algunos antiguos documentos…, “de civitate Valencie oriundi”. ****** Es imposible citar a todas aquellas personas de cuyos trabajos me he valido para redactar este libro. Este es, como el lector debe saber desde el principio, un texto escrito a partir de fuentes secundarias, de las investigaciones y aportaciones de historiadores, arquitectos, geógrafos y estudiosos de Valencia, entre los que me incluyo modestamente. No he citado a los autores de forma expresa en el texto salvo que entrecomille sus frases de forma literal. Al tiempo, para facilitar la lectura, he decidido no utilizar notas de página ni citas bibliográficas. La relación final de libros y artículos no es ningún estado de la cuestión, en consonancia con el objetivo no estrictamente académico de este libro. Por ello, no figuran con carácter general las investigaciones básicas sobre determinados episodios o personajes, lo que no debe interpretarse, por parte de los especialistas como una descortesía o ignorancia. Sencillamente el objetivo de este volumen no es hacer un estado de los avances de cada época, momento o referente, sino navegar de forma más o menos fluida por esta visión personal de quien escribe. En realidad, esta aproximación a la vida de Valencia es el resultado de muchos años de dedicación a la ciudad y de casi dos años de lecturas y de escritura. Muchas veces, a medida que iba escribiendo, me daba cuenta que aquel libro que se halla en el anaquel más alto de la estantería ahora iba a tener su función. Piezas sueltas han ido encajando en un discurso que he pretendido ordenado para explicar Valencia, mi ciudad.


INTRODUCCIÓN

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Es preciso citar algunas obras básicas que, no sólo han estado junto a mí en la redacción de este libro, sino que forman parte de mi propio itinerario vital, como profesor de geografía, como ciudadano, como vecino de Valencia y como entusiasta defensor de la historia y del paisaje urbano de mi ciudad. El libro clásico de Manuel Sanchis Guarner, “La Ciutat de València. Síntesi d’Història i de Geografia Urbana” (1972, Círculo de Bellas Artes de Valencia, con reediciones posteriores) debe ser citado en primer lugar y, tras él, la obra de María Jesús Teixidor de Otto, “Funciones y desarrollo urbano de Valencia” (1976), en realidad su tesis doctoral publicada por la Institución Alfonso el Magnánimo. En línea cronológica, deben ser citadas también algunas obras colectivas cuya lectura ha sido imprescindible para actualizar informaciones y aportar algunos puntos de vista novedosos. En primer lugar, los tres volúmenes que recogen las ponencias y comunicaciones del primer (y único hasta la fecha) congreso de historia de la ciudad de Valencia, me refiero al I Congrés d’Història de la Ciutat de València. En trànsit a gran ciutat, que organizó el ayuntamiento socialista, con Ricard Pérez Casado en la alcaldía, en 1988. Tras ellos, y después de un período de larga sequía editorial, se materializó la iniciativa del Colegio de Arquitectos de Valencia (y del arquitecto Francisco Taberner) de convocar unas jornadas anuales sobre historia, geografía, arte, arquitectura y urbanismo de Valencia, cuyas actas fueron editadas, en colaboración con el Ayuntamiento de Valencia y las universidades públicas de la ciudad, por vez primera en el año 2000. En 2009, hemos (yo vengo participando desde la segunda) celebrado las sextas jornadas. Los seis volúmenes publicados hasta hoy reúnen varias decenas de trabajos de primer nivel sobre diferentes aspectos de la realidad urbana valenciana. La tercera obra colectiva que debe ser mencionada aquí y que también me ha servido de consulta casi diaria ha sido la “Historia de Valencia” editada conjuntamente por la Universitat de València y el periódico Levante-El Mercantil Valenciano (1999), coordinada por Antoni Furió, Juan Vicente García Marsilla y Javier Martí y en la que colaboraron decenas y decenas de investigadores con textos más o menos sintéticos. Dada la extensísima nómina de nombres que participaron en este volumen, es absolutamente imposible citarlos en la bibliografía pese a que, en muchas ocasiones, han inspirado páginas de este volumen. Por último, y aunque no he podido consultarla con detenimiento por su reciente aparición, es de justicia citar los dos volúmenes (Historia del Arte y Geografía e Historia) de “La ciudad de Valencia” editados por la Universitat de València en la navidad de 2009 bajo la iniciativa del profesor y geógrafo Jorge Hermosilla. Además de estos trabajos (y de los citados en la biliografía final, testimonio concreto de publicaciones consultadas de forma específica), hay inspiraciones que no vienen de un libro, sino de charlas y continuos intercambios de opiniones (incluso de discrepancias) con colegas, compañeros y personas de la vida académica y universitaria cercanas. En el ámbito más próximo, es el caso de la propia María Jesús Teixidor de Otto, directora de mi tesis doctoral sobre la percepción ciudadana de la ciudad, del profesor Vicenç Maria Rosselló Verger, quien confió


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en mis primeros pasos por el mundo de la investigación urbana y del profesor Joan F. Mateu, geógrafo físico de indisimulable perfil humanístico. También es preciso citar las charlas con Josep Sorribes, Ramiro Reig, Fernando Gaja, Luis Perdigón o con arqueólogos como Albert Ribera, Pepa Pascual o Josep Vicent Lerma. También con Javier Martí, director del municipal Museu d’Història de València, a quien nunca agradeceré lo suficiente poder haber participado en la realización de ese espléndido centro museístico y como no, a Rafael Company, una de las personas que mejor conoce (y aprecia) los rincones de la geografía urbana y de la historia, artística y no artística, de esta ciudad. Con Amadeo Serra, he compartido trabajos y horas de archivo buscando documentación sobre el Grau de València, nuestra primera investigación conjunta y tenemos, eso creo yo, una cierta similitud de planteamientos cuando observamos nuestra ciudad. He ahorrado expresamente al lector cualquier autocita a mis trabajos anteriores. Forman parte, en todo caso, del bagaje que me ha acompañado a la hora de escribir este libro.


LOS CIMIENTOS DE LA CIUDAD: DE LA MEMORIA A SU NOMBRE

A

ntes de entrar en el relato cronológico de los hechos que, a mi entender, constituyen la espina dorsal de la relación entre cultura e historia de Valencia, deberíamos hacer una mención a la historia de la historia, a esos episodios que, al margen de la explicación temporal, permitieron construir un relato de la ciudad, de su pasado. Nos referimos a los tres elementos que enmarcan la vida de una urbe: el relato de su vida, las piedras de su origen y su nombre.

La primera gran historia de Valencia: Pere Antoni Beuter (1538) La búsqueda de los orígenes, del hecho fundacional, ha constituido siempre una de las tareas fundamentales de los seres humanos. La primera persona que proporcionó a los valencianos (y poco más tarde a todos los interesados) un relato cronológico de la ciudad fue Pere Antoni Beuter, nacido en Valencia entre 1490 y 1495, teólogo y predicador de la ciudad. Ciertamente hubo otros que antes que él se preguntaron por los orígenes de la ciudad, pero fue Beuter a quien debemos citar aquí por su obra. Redactada primero en valenciano (1538) y más adelante en castellano (1546) e italiano (1556), Beuter ofreció a sus vecinos del siglo XVI un completo compendio de historia y cultura urbana. La lectura de las partes supervivientes (las primeras) de su obra es aleccionadora, pero más lo es aún si tenemos en cuenta su engarce con la cultura renacentista que triunfaba en Europa. Beuter, haciéndose eco de otros escritores de menor reconocimiento, fue el primero en acuñar una de las más preciosas leyendas de la ciudad: la que le atribuye el hermanamiento directo y sin intermediarios con, nada menos, que la ciudad caput mundi, Roma. Pere Antoni Beuter fue un ilustrado teólogo de su época. Conoció y leyó a sus principales contemporáneos y, entre ellos, a quienes jugaron un papel importante en la difusión de las ideas clásicas ligadas al nuevo espíritu renacentista. No es de extrañar, por ello, que Valencia se ligara directamente con dos de los referentes principales del renacimiento cristiano: la Biblia y Roma. Para los contemporáneos de Beuter, Valencia había sido fundada en el año 3855 desde la creación del mundo, 1.364 años antes de la encarnación de Jesús y 294 años antes que Rómulo fundara Roma. En el momento en que Beuter escribió su crónica (1538), la ciudad tenía pues una vida de 2.840 años. No estando totalmente de acuerdo con estos cálculos (año arriba, año abajo), Beuter recogía el origen de la ciudad: Valencia había sido creada por Romo, vigésimo rey de la mítica estirpe real que gobernaba España desde tiempos del diluvio, descendiente directo de Jafet, hijo a su vez de Tubal, quien por su parte fue uno de los nietos de Noé y el primer


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hombre que, tras el diluvio universal, pisó la península ibérica. El rey Romo, que según las crónicas reinó 33 años en el trono de España “edificà la ciutat de Roma en Spanya, en la provincia Contestànea que aprés se dix, prop de la mar, a la ribera del riu Túria”, recoge Beuter. No hay duda: Valencia era la Roma de España, nacida antes incluso que la itálica. De hecho, según cuentan algunas crónicas del siglo XVI, la Roma romana, una vez fundada por Rómulo, llevó incluso el nombre primigenio de Valentia. Intercambio de nombres que hermanaban el nacimiento y el destino de ambas ciudades. La secuencia final de la trasmutación nominal vino en el momento en que, tras la invasión de la península por los ejércitos romanos en tiempos de Escipión, estos “mudaren lo nom a esta ciutat, dient-li València, perquè no y hagués altra Roma en lo món sinó la sua”. La victoriosa Valencia romana (Roma) debía prevalecer sobre la Roma valenciana (Valencia). ¿No es ésta una leyenda digna de ser recordada? ¿Qué ciudad puede enorgullecerse de una tradición así? La ciudad que nació como Roma, fue refundada por los romanos como Valencia, siendo vocablos exactos sólo diferenciados por la lengua en que se pronunciaban. Además del hecho en sí, de la propia leyenda sobre el mito original de Valencia, lo mejor de la fábula de Beuter son sus fuentes y sus repercusiones en el futuro. El padre Teixidor, uno de los historiadores más rigurosos de Valencia, tuvo que admitir en 1771, a los 78 años de edad, que, de joven, había seguido las indicaciones de Beuter en una de sus obras, de lo que se arrepentía públicamente: “Yo, fray Joseph Teixidor, confieso que escriví estos dos tomos de Anales del convento siendo mui mozo, fiándome de Beuter y Escolano (…) Por eso algunas veces quise quemar estos dos tomos”. Y todavía en 1884, como se puede leer en la memoria documental que acompañaba al proyecto de ensanche de Valencia, el origen de Valencia se liga a la leyenda beuteriana y su historia es, en esencia, la historia de Beuter. ¡En 1884! 1. Portada del volumen que recogía el libro del padre Joseph Teixidor, un importante historiador del siglo XVIII, sobre las antigüedades de Valencia, en su edición de 1895.

Que Valencia fuera Roma antes que ésta es importante para encuadrar la ambición de esta ciudad en el tránsito de la Edad Media al Renacimiento. Que Pere Antoni Beuter se informara de los más avanzados historiadores de la época (y que por su mediación, se equivocara) tiene, en este capítulo, menor importancia. El caso es que la ciudad de Valencia, en el siglo XVI, se hallaba empapada de gusto clásico: se buscaban raíces, se removían escritos, se indagaba en el pasado. Y de él, emergían honores y rangos. Valencia, en el siglo XVI, se hacía acreedora de un pasado a la altura de su presente. No fue una actitud aislada.


LOS CIMIENTOS DE LA CIUDAD: DE LA MEMORIA A SU NOMBRE

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Pere Antoni Beuter formó parte de una generación de humanistas que en la España del Renacimiento y especialmente en la Corona de Aragón se dispuso a bucear en las crónicas y conformar un pasado a la medida. Beuter fue el Andrea Mantegna de la historia. Mantegna (1431-1506), “el primer pintor del mundo”, en expresión del cardenal francés George d’Ambroise en 1499, se hizo famoso por su fascinación por la antigüedad. En los “Los Triunfos de César” recreó en su fondo una ciudad romana, que en realidad era fantasía pura. A partir de elementos concretos de la arquitectura clásica, el pintor imaginó una ciudad que jamás existió, pero que tenía todos los visos de haberlo hecho. Obsesión por la antigüedad clásica, reconstrucción de sus cimientos y de sus formas, triunfo de Roma y de su inspiración, convenientemente transformado en el tránsito del siglo XV al XVI… La leyenda de Beuter de una Roma antes de Roma continuaba por los cauces clásicos. Los restos romanos encontrados en diferentes puntos de la ciudad, así como los textos de autores sin mácula y plenamente fiables, certificaban el paso de los romanos por estas tierras. La sucesión era evidente: fundada Valencia por Romo, su historia se vio sacudida por las guerras entre cartaginenses y romanos y la vieja ciudad fue refundada en tiempos de los Escipiones. La historia se cuenta así: una vez destruida Sagunto por Anibal, “per esta causa enviaren los romans a Gneo Scipió en Spanya (…) Per a memòria perpètua que los romans en quant podien eren leals amichs de sos amichs, restant Saguntho destroÿda, en memòria dolorosa de la enemistat dels carthaginesos, prop de Sagunto restaurà y renovà a Roma, millorant y ennoblint-la en perpètua memòria de la amor dels romans, posant-li lo nom de València…”. Así pues, como reparo ante la destrucción de la aliada de Roma, fue refundada Valencia. Para Beuter, con Gneo Cornelio Escipción nacía una nueva ciudad, renacía de sus viejas glorias y se cerraba el círculo que había unido a esta ciudad del Mediterráneo con la capital del mundo.

Lápidas romanas descubiertas en 1652 Podemos decir, excepción hecha de algunos antecedentes menores, que la investigación moderna basada en evidencias sobre Valencia tiene una fecha inicial: el 9 de abril de 1652. En este día, reinando Felipe IV en el trono de España, dieron comienzo las obras de cimentación del principal templo de la Valencia cristiana, dejando aparte la Catedral: la Basílica de la Virgen de los Desamparados o, como se decía en aquel tiempo, la Capilla de Nuestra Señora. A pocos metros de la puerta gótica de la Catedral, se alzaban las casas de los Mercader, una familia ligada desde el siglo XV al empleo y dignidad de archidiácono, cargo importante dentro de la jerarquía eclesial, de la Catedral de Valencia. Derribadas las casas de los Mercader, comenzaron a excavarse los cimientos para un nuevo templo que debía acoger a la Virgen de los Desamparados. Según cuenta el cronista de la época, Joseph Vicente del Olmo en 1653, apenas un año después de los hechos, estando a la profundidad de 30 pies (unos cinco metros), comenzaron a aparecer


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extrañas piedras labradas de diferentes medidas, formas y colores. Las inscripciones se hallaban en lengua latina. Se trataba del primer descubrimiento arqueológico de consideración en la historia de la ciudad de Valencia y con ello, se daban los primeros pasos para construir una historia de la ciudad. 2. Lápidas romanas. Se encuentran incrustadas en la pared de la Basílica de la Mare de Déu.

Como la mayor parte de descubrimientos éste también fue casual. Del Olmo, secretario de la Santa Inquisición en Valencia y que editaría un libro en 1653 recogiendo los descubrimientos realizados, explica que no era habitual excavar cimientos tan profundos, pero que la inconsistencia del terreno obligó a hacerlo. De no haber sido por este hecho, se hubiera construido la basílica sin jamás haber dado con estos testimonios del pasado de Valencia. La magnitud de la obra, tal y como se puede contemplar hoy en día, hubiera cerrado las puertas a cualquier cata arqueológica en tiempos modernos y, entrado el siglo XXI, aquellas piezas romanas seguirían enterradas en aquel lugar, dormidas y ausentes. Pero este no fue su destino. Dejemos hablar a Joseph Vicente del Olmo en el castellano de mediados del XVII: “Se empeçaron a abrir las çanjas para sus fundamentos a nueve de abril del año 1652: por no tener seguridad del terreno fue forçoso hazerlas mas profundas de lo que era necessario, abriolas hasta diez y seis palmos y azia la parte de la Seo se hallaron dos piedras blancas, como las de Valldigna, ambas muy bien labradas, la una es casi quadrada con una inscripcion medio borrada, que parece se borró con pico, aunque por los vestigios de lo borrado se conoce fue dedicada a Iulia Mammea Augusta, por los Valencianos, veteranos y viejos, en esta forma. La otra es en forma de pedestal y parece que la dedico un liberto llamado Anatellon a Antonia Lépida, hija de Marco (…) Halláronse dos medallas de cobre, la una del todo desconocida y gastada tanto que solo se podia percibir el relieve de una cabeça y las dos letras S y C del Senatus consulto de Roma. La otra era del emperador Constatino con su efigie y un simulacro de Sol (…) A la otra parte opuesta de la plaça azia la casa dicha de la Almoyna, se halló un fragmento de estátua sin manos, ni cabeça, de medio cuerpo, era de fino marmol…”.

Este primer descubrimiento no pudo ser más espectacular: inscripciones romanas, estatuas y una moneda del emperador Constantino. Como suele suceder en muchas ciudades incluso en la actualidad, la obra de excavación quedó en suspenso, aunque no por los restos encontrados, que fueron extraídos y depositados en diversos lugares. El cambio de los planos de la obra aconsejó paralizarla. Se volvió a excavar pasado el verano de 1652 y, cuando el dos de septiembre de ese


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año, se reanudaron los trabajos, aparecieron nuevos fragmentos de columnas y cornisas de extraordinario tamaño, lápidas inscritas y otras monedas. El subsuelo de la ciudad comenzaba a hablar. Y había una persona dispuesta a escucharlo: el inquisidor del Olmo, un hombre encargado, paradójicamente, como él mismo señala en “callar como las piedras”. Así lo escribió en la introducción de su obra: “Al lector. Quando vi estas piedras, que con silencio mudo calificavan las grandezas y antigüedades de Valencia, reparé en quan propio era de quien tenia por officio el callar como una piedra, hazerlas hablar a ellas. Esta consideracion me puso en el empeño de explicarlas y las que primero con mal entendidas señas acreditavan lo insigne de mi patria, sirviéndoles de lengua este discurso publican ya y le aseguran la mayor parte de la antiguedad que tiene y embidian grandes ciudades”.

Envidia de otras grandes ciudades, Valencia podía ufanarse en reivindicar su pasado romano, aunque siempre hubiera escépticos que, desde la ignorancia, pusieron en duda los descubrimientos de la ciencia, otra característica prototípica de esta ciudad. El primer combate que Del Olmo tuvo que librar fue contra quienes se empeñaban en atribuir una menor antigüedad a los restos encontrados. El inquisidor y protoarqueólogo no tuvo más remedio que dedicar un capítulo entero de su libro a demostrar la vetustez de las inscripciones, puesto que “algunos, que ignorando (…) los caracteres Latinos, han creído que en tiempo de los Romanos no se escrivía con letras tan claras y distintas como las que oy usamos. Y asi, aunque cause algun tedio a los muy noticiosos y entendidos, he tenido por conveniente declarar la antiguedad de aquesta letra que bastava dezir que era Latina para que quedasse averiguada…”. No. No bastó a Del Olmo decir que eran piedras con inscripciones latinas de origen romano. Lo tuvo que demostrar mediante el análisis caligráfico y filológico. Es cierto que en Valencia se habían encontrado con anterioridad diversas lápidas que mostraban lo provecto de la fundación de la ciudad, pero la excavación de 1652 tuvo el honor de ser la más fructífera y estudiada hasta el momento. Del Olmo copió, reprodujo y analizó las inscripciones y los diseños de los restos hallados y, en gran medida, les atribuyó un origen correcto. Hoy en día, tres de las lápidas encontradas a mediados de aquel siglo XVII todavía pueden ser admiradas, aunque no sabemos por cuanto tiempo dada su exposición a los meteoros y a los vándalos, incrustadas y adosadas a la fachada principal de la Basílica de la Virgen de los Desamparados. Convendría proteger mejor este testimonio de la historia de la ciudad o incluso retirarlo a las acondicionadas vitrinas de un museo. En este punto, es bueno recordar el diferente destino que algunas otras piedras de origen romano tuvieron en la Valencia anterior a la de Felipe IV. Ya en época medieval y moderna, tenemos testimonios de lápidas inscritas de origen antiguo. Hasta tal punto fue abundante la afloración de restos romanos que en 1549, Pedro de Medina, en su obra “Libro de las grandezas y cosas memorables de España” escribió refiriéndose a Valencia:


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