COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT HUMANIDADES
Manuel Asensi Pérez
Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València
Ramón Cotarelo
Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia
Mª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València
Juan Manuel Fernández Soria Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València
Pablo Oñate Rubalcaba
Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València
Joan Romero
Catedrático de Geografía Humana Universitat de València
Juan José Tamayo
Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid
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WALEED SALEH
LIBREPENSAMIENTO E ISLAM
Valencia, 2016
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Juan José Tamayo
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Agradezco a la Colecci贸n Di谩spora - Ciencias de las Religiones de la editorial Tirant por publicar esta obra. Un agradecimiento especial al profesor Juan Jos茅 Tamayo, director de la colecci贸n por su apoyo, su amistad, sus consejos, por haber aceptado este libro y haberlo prologado.
Para Nabil, mi hijo, que seguramente con los años descubrirá la grandeza de la cultura árabe.
PRÓLOGO. LIBREPENSADORES: RELIGIOSAMENTE HETERODOXOS, POLÍTICAMENTE LAICOS JUAN JOSÉ TAMAYO
La arrogancia de Occidente no tiene límites. Lo demuestra en su tendencia a hacer tipologías sobre las diferentes culturas y civilizaciones de pasado y del presente, establecer jerarquías entre ellas, colocarse él en lo más alto de la clasificación y considerarse la cultura más desarrollada y avanzada en todos los terrenos: científico, técnico, religioso, social, artístico, filosófico, político, jurídico, literario, etc. Occidente dice ser la cuna de todas las revoluciones y estar en la vanguardia de todos los avances de la historia de la humanidad. Lo que se ha producido fuera de él es solo remedo, imitación, pálido reflejo, bisutería. Más aún, se ha apropiado de los conceptos “cultura” y “civilización” hasta identificarse con ellos y considerar otros mundos sin cultura y fuera de la civilización. Lo que dice el escritor uruguayo Eduardo Galeano de la actitud de desdén de la cultura dominante hacia los indígenas y afrodescendientes de América Latina es aplicable a la de Occidente de Occidente en relación con otras culturas: “La cultura dominante admite a los indígenas y a los negros como objeto de estudio, pero no los reconoce como sujetos de la historia; tienen folklore, no cultura; practican supersticiones, no religiones; hablan dialectos, no idiomas; hacen artesanías, no arte”. Y yo añado: son naturaleza salvaje, no cultivan la naturaleza; tienen ídolos, no dioses; practican cultos idolátricos, no ritos sagrados; tienen supersticiones, no sacramentos; poseen usos ancestrales, no conocimientos; hacen magia, no ciencia; ejercen la adivinación, no tienen visión de futuro; están anclados en el pasado, carecen de sentido histórico; no cambian ni re-crean la reali-
dad, la reproducen; no trabajan, contemplan; no tienen filosofía, sino mitología; duermen, no sueñan; no razonan, improvisan. Occidente se considera el juez de las demás civilizaciones a quienes valora en función de su grado de aproximación o distancia a él. Se considera el canon que toda otra cultura debe seguir, si bien es consciente de que nunca conseguirá llegar a su perfección, solo aproximarse. Se cree investida de una misión civilizatoria que le lleva a expandir su cultura por el ancho mundo Hace un par de décadas el politólogo estadounidense Francis Fukuyama calificó la democracia liberal de “fin de la historia”. Después de ella, no cabe esperar cambio político alguno. La historia deja de ser historia y se convierte en repetición cansina del modelo económico y político liberal. El liberalismo se convierte así en conservadurismo. Lo dicho en abstracto creo que es aplicable a la visión que Occidente tiene del mundo musulmán, su cultura, su lengua, su religión, al que considera incompatible con la democracia, contrario a los derechos humanos, anclado en el pasado, enemigo del progreso fundamentalista, patriarcal, sometido a la revelación coránica, ajeno a la filosofía, en guerra con Occidente, etc. El politólogo italiano Giovanni Sartori se opone a conceder derechos y libertades a los inmigrantes musulmanes que vienen a Europa porque, dice, “piensan con la espada”. Por supuesto, Occidente se autoproclama la cuna del librepensamiento y el lugar privilegiado para su ejercicio, al menos desde el Renacimiento europeo hasta nuestros días. Dicha actitud de desprecio demuestra ignorancia, intolerancia y falta de sentido autocrítico, comportamientos que no se compaginan fácilmente con el saber universal, el sentido crítico y la tolerancia de los que presume la cultura Occidental. El libro de Waleed Saleh que me cabe el placer de presentar a los lectores y lectoras de lengua castellana desmiente buena parte del argumentario precedente, cargado de prejuicios, muy arraigados en el universo popular, mediático e intelectual, que con frecuencia son falaces y no se corresponden con los momentos más brillantes de la historia del pensamiento islámico, caracterizado por el predominio de la racionalidad frente a la credulidad y por el librepensamiento frente a la censura, ni con la realidad presente, caracterizada
Juan José Tamayo
por un movimiento intelectual en permanente debate en torno a las cuestiones fundamentales del islam. Waleed Saleh es un intelectual iraquí ubicado en España desde hace varias décadas, profundo conocedor del mundo árabe, de su lengua, su pluralidad cultural, su religión, sus sistemas políticos, y especialista en literatura, antropología, ciencia política y sociología del islam, campos de estudio e investigación que desarrolla en numerosos ensayos sobre el tema, y en su docencia como profesor de Estudios Árabes e Islámicos en la Universidad Autónoma de Madrid. Waleed Saleh es uno de los más prestigiosos intelectuales del mundo árabe, que interviene en el espacio público con rigurosos análisis políticos y culturales, que no se muestra complaciente con el poder, sino muy crítico con las dictaduras, las autocracias, los regímenes autoritarios y los Estados islámicos confesionales. Es también conciencia crítica de la ciudadanía cuando no reacciona ni se moviliza contra los abusos del poder. Es un excelente analista de las “primaveras árabes” hoy tristemente convertidas en un largo invierno por mor de un fundamentalismo radical que ha desembocado en terrorismo islamista y por el intervencionismo militar en la mayoría de los países donde con más vitalidad se desarrollaron procesos de cambio. El profesor Saleh es un librepensador y ejerce como tal en el ámbito académico, en sus libros, artículos, conferencias e intervenciones públicas a través de los medios de comunicación. Es desde esta función de librepensador como ha escrito este estudio sobre Librepensamiento e islam, en el que desmiente los estereotipos instalados en el mundo académico e intelectual sobre la ausencia de ilustración, de pensamiento crítico y de pensamiento libre dentro del islam. Un desmentido fundado que debería llevar a un cambio de actitud al menos en los medios académicos, que llevara a reconocer las relevantes aportaciones de no pocos autores del mundo musulmán en la defensa de los derechos humanos, la democracia, el pluralismo político, el laicismo, el Estado laico, la separación de la religión —musulmana y de todas las religiones— de la política, la lectura crítica y no apologética de la historia del islam y la recuperación y puesta en valor hoy de las dimensiones transformadoras de la religión musulmana.
Prólogo
Es esto precisamente lo que hace Waleed con competencia, rigor y conocimiento del mundo islámico a través de un detallado recorrido por los hitos más importantes, más creativos en todos los terrenos y de mayor brillantez de la historia del islam, incluyendo tendencias, escuelas, movimientos y personalidades relevantes. Un recorrido que comienza con la prestigiosa y madrugadora escuela racionalista de los Mu’tazila, que data de la primera mitad del siglo VIII, defensora del libre albedrio y de la responsabilidad del ser humano y del recurso a la razón como criterio de verdad, sigue con los librepensadores del islam tradicional que se guían por la racionalidad, continúa con los intelectuales musulmanes renacentistas y liberales con los defensores posteriores de la libertad y de la laicidad, y termina con una visión crítica de la experiencia de un siglo de laicidad en Turquía. El profesor de Estudios Árabes e Islámicos de la Autónoma de Madrid nos ofrece una amplia y muy sugerente galería de más de cincuenta librepensadores musulmanes, la mayoría religiosamente heterodoxos, políticamente incorrectos, culturalmente innovadores y literariamente creativos: poetas, científicos, sociólogos, políticos, politólogos, filósofos, teólogos, artistas, juristas, escritores, literatos, críticos literarios, historiadores del islam, profesores universitarios, educadores, jueces, sindicalistas, etc. Son personalidades que pertenecen a las más plurales tendencias ideológicas y culturales: racionalismo, humanismo, liberalismo, socialismo, marxismo, laicismo, feminismo, escepticismo, ecologismo, activismo, etc. De todos y cada uno de ellos elabora un perfil intelectual en el que destaca sus aportaciones más importantes en la especialidad o especialidades correspondientes. En cada uno de ellos nos vemos sorprendidos —en mi caso gratamente, en los fundamentalistas me imagino que escandalosamente— por la radicalidad de sus análisis, la creatividad de su pensamiento y la originalidad de sus propuestas en un clima la mayoría de las veces adverso y con la oposición, e incluso la persecución inquisitorial, de las instituciones políticas, culturales y religiosas. Precisamente Waleed describe con todo detalle la permanente oposición de que son objeto los librepensadores de todos los tiempos en el islam, y las embestidas lanzadas contra ellos en las más variadas modalidades, a cuál más irracional e intolerante: acusaciones verbales de herejía, Juan José Tamayo
apostasía y enemistad hacia el islam, persecución religiosa y política, control de la libertad de investigación y de expresión, expulsiones de las cátedras y de los cargos públicos, censura de sus libros, exilios, divorcios forzados, detenciones, procesamientos, encarcelamientos, amenazas de muerte, condenas a muerte, ejecuciones. Waleed Saleh expone también las réplicas que dan a los librepensadores los defensores de la ortodoxia islámica y los enemigos de la laicidad y del librepensamiento en el islam. Tras mi lectura de los perfiles intelectuales trazados por Waleed Saleh, creo que pueden destacarse una serie de características que definen a los librepensadores dentro del islam: Revisión crítica de la historia preislámica de los árabes, poniendo en valor aspectos de la misma desconocidos o minusvalorados por los historiadores, del nacimiento de la nueva religión y de la historia religiosa, política y cultural del islam. Crítica de las tendencias irracionales, machistas y alienantes del islam, del cinismo con el que se practica el Ramadán y de la fiesta del sacrificio, y recuperación de sus aspectos emancipatorios, como el mensaje social, la condena de la usura, la hospitalidad, la ética social, el profundo sentido religioso. Critica de la manipulación del Corán por parte del poder político (= califas), de los ulemas y de los jueces, que desemboca en fundamentalismo legitimador de los abusos del poder político de los califas, del poder religioso de los imames, del poder teológico de los ulemas y del poder jurídico de los jueces, así como comportamientos reprobables como la violencia contra las mujeres. Recurso a la hermenéutica y a los métodos histórico-críticos en la lectura del Corán, que lleva a contextualizar el texto sagrado y a distinguir dos niveles de afirmaciones: el histórico, que describe acontecimientos reales, y el simbólico, que debe ser re-interpretado en cada momento histórico. Necesidad de una sólida formación cultural, para liberar a la sociedad de la dependencia religiosa, y de una rigurosa formación científica, para sacarla del oscurantismo y del atraso cultural y lograr así la emancipación de las mentes bloqueadas por las creencias; necesidad de liberar a la sociedad musulmana del peso opresor y alienante de los clérigos. Prólogo
Separación de la religión de la filosofía, de la creación literaria y de la investigación científica, y vinculación del laicismo con ambas. Solo liberadas de la religión y en un clima laico son posibles la reflexión filosófica, la creación literaria y la investigación científica en libertad. De lo contrario, vivirían en estado de esclavitud y sometidas al asedio de los sistemas de creencias, como de hecho ha sucedido con frecuencia en la historia, y no podrían desarrollar las creaciones propias del espíritu humano. Diálogo de los intelectuales laicos con Occidente y aportaciones de los mismos en los campos de la ciencia, de la teoría política, de la sociología, del arte, de la filosofía, del estudio de la lengua árabe, de la crítica literaria, del derecho, de la teología, etc. Crítica de los Estados confesionales musulmanes y defensa de la separación entre la religión y política, la ética religiosa y la laica, el poder político y el religioso, la legislación religiosa y la civil; separación cuyo germen encuentran los librepensadores aquí estudiados en la historia del islam. Hay incluso quienes demuestran, con el propio texto coránico y las investigaciones sobre los orígenes del islam, que Mahoma era solo un profeta, un mensajero de Dios, creador de una nueva religión, y no de un Estado islámico ni líder del mismo. Consideración del pueblo como fuente de poder y cuestionamiento del Califato como modelo de Estado por entender que es un sistema ajeno al islam y que constituye la gran herejía política del islam. Crítica del patriarcado islámico, que se traduce en la permanente discriminación de las mujeres, la colonización de su cuerpo, el control y la represión de su sexualidad; defensa de la liberación de las mujeres y de la igualdad de derechos entre ellas y los hombres. La liberación de las mujeres de la Ley islámica es una constante en la teoría y la práctica de los librepensadores, hombres y mujeres, que vinculan directamente la liberación de la mujer con la liberación de los pueblos de mayoría musulmana de la opresión a que se ven sometidos por los dictadores, los ulemas, juristas… Sus propuestas emancipatorias de las mujeres musulmanas les llevan derechamente a luchar contra la ablación del clítoris, la lapidación, la desigualdad en la herencia, el olvido de las madres y la poligamia, que en realidad es poliginia. Las mujeres, argumentan, no están para satisfacer los placeres de los hombres. Juan José Tamayo
Oposición a la aplicación de la Sharia El laicismo en el mundo árabe musulmán no se queda en la separación entre religión y política sino que es una cosmovisión alternativa a la cosmovisión teocrática. No contradicción entre ser musulmán y ser laico Ejercicio de la crítica política desde criterios éticos laicos, lo que convierte a los librepensadores en una permanente amenaza para el poder político, que, lejos de atender sus mensajes y tener en cuenta sus críticas, matan al mensajero, como sucedió con no pocos de los protagonistas de este libro. Las reflexiones de Waleed Saleh sobre la laicidad y el laicismo me parecen especialmente lúcidas y muy clarificadoras para el debate actual que se desarrolla tanto en el entorno sociopolítico y cultural occidental como en el árabe-musulmán. Entiende la laicidad (Al-‘Almanyya) como la imparcialidad del Estado en lo referente a las ideologías y creencias religiosas y, evitando la confusión terminológica al respecto, aclara, muy oportunamente, que la laicidad no va contra la religión, sino contra el Estado religioso uniconfesional. Sostiene la compatibilidad entre ser laico y musulmán, como yo vengo defendiendo la no contradicción entre ser cristiano o creyente de cualquier religión y ser laico. El Estado laico es el que no tiene religión oficial, pero se compromete a conservar y respetar todas las religiones, a eliminar todo sectarismo político y a fortalecer la sociedad civil y a garantizar la igualdad de todos los ciudadanos y ciudadanas. Termino ya. Los librepensadores aquí reunidos, que recorren la historia del islam desde sus orígenes, son parte importante, nada desdeñable, irrenunciable y quizá la más luminosa de la historia del islam, olvidada, la mayoría de las veces conscientemente, por los propios historiadores musulmanes y, más todavía, por los historiadores occidentales. Sin su conocimiento tendríamos —tenemos de hecho— una información sesgada y parcial del islam. Por eso, es mérito del profesor e investigador Waleed Saleh no solo el haberlos recuperado como ejercicio de memoria histórica, sino el haberlos reencontrado y reunido en esta magna galería de retratos de pioneros del librepensamiento, en la que, bien seguro, ninguno se sentirá extraño en el lugar colocado por el autor. Todo lo contrario, cada uno estará muy a gusto en compañía de sus colegas de
Prólogo
pensamiento porque, a pesar de la distancia cronológica y geográfica, todos están en sintonía. Su lectura nos ayudará a superar nuestra ignorancia, en algunos casos enciclopédica sobre el islam, de quien solo se conoce su lado más oscuro, su rosto más deformado, que ciertamente también existe y que los librepensadores de este libro criticaron con severidad. Solo me queda agradecer al profesor Waleed Saleh el gigantesco esfuerzo intelectual e investigador llevado a cabo en esta obra e invitar a su lectura que nos llevará de novedad en novedad.
Juan José Tamayo
INTRODUCCIÓN "Librepensamiento es doctrina que reclama para la razón individual, independencia absoluta de todo criterio sobrenatural" DRAE Cuando fui nombrado Ministro de Cultura encontré que el haram (“prohibido”/ “ilícito”) me perseguía: el baile es haram; el teatro, haram; las canciones, haram; la música, haram; el cine, haram. Todo aquello de lo que yo soy responsable es haram, hasta el punto de que me he puesto el nombre de “ministro del haram”. Faruq Hisni, exministro egipcio de Cultura
1. ¿ATEOS O BUSCADORES DE LIBERTAD? El significado de la Divinidad cambia con el paso del tiempo de modo que los libros fundacionales de las tres religiones monoteístas han sido considerados por muchos pensadores audaces de nuestro tiempo como simples textos literarios y en este sentido deberían ser estudiados. El Islam como fe, el Corán como libro sagrado y la historia de esta religión han sido tema de muchos estudios objetivos fuera de los círculos de la clerecía oficial y tradicional. Sería injusto, por lo tanto, que en este tercer milenio nos olvidáramos de los numerosos pensadores libres que han ilustrado el pensamiento árabe e islámico en los momentos más espinosos. A lo largo de la historia del Islam los librepensadores que representaban una mínima amenaza para el poder han sido acusados de herejes o maniqueos, llamándoles zindiq, “ateo” en persa. Una acusación fácil que iba dirigida a todo tipo de personas que no encajaban en el marco de la doctrina oficial y en los códigos formales de la sociedad. Eran considerados ateos aquellos pensadores que planteaban muchas preguntas y tenían pocas respuestas, entre ellos poetas licenciosos, filósofos, ascetas, hombres de fe, homosexuales, seguidores del mazdeísmo y del zoroastrismo. Incluso existen casos de dinastías que fueron acusadas en su fe como los ismaelitas y fatimíes, o corrientes de pensamiento como los mu’tazila. Pero cuando uno analiza la vida y la historia de estas
personas o grupos apenas encuentra algún elemento común entre ellos. Unos eran ateos declarados, pero la mayor parte de los perseguidos no se diferenciaban de los supuestos devotos, excepto por el hecho de no someterse al dogma oficial de turno. Entre los siglos viii y x decenas de intelectuales, filósofos, escritores y pensadores fueron acusados por su fe. Autores como por ejemplo Ibn al-Muqaffa’, Bashshar b. Burd, Al-Warraq y Salih b. ‘Abd al-Quddus y otros muchos fueron ejecutados. Pero el ateísmo alcanzó su punto más álgido con Ibn al-Rawandi, autor de varios libros acerca de las religiones y en particular del Islam. Este resaltaba en sus escritos la nobleza de la razón frente a la fe, negaba que los profetas tuvieran la capacidad de hacer milagros y, es más, los consideraba magos y farsantes, y rechazaba que el Corán fuera un libro elocuente. Cabe señalar también que el ateísmo solía estar acompañado por la investigación científica y de hecho fueron numerosos los ateos y librepensadores en la etapa abasí que destacaron por su aportación humanística haciendo que esta época conociera un avance sin precedentes en el ámbito de la filosofía, la lógica, la sofística y en las disciplinas científicas en general.
2. LAICIDAD E ISLAM La laicidad, al-‘Almaniyya, es la imparcialidad del Estado en lo que se refiere a la cuestión religiosa, por lo tanto no está contra la religión, sino contra el Estado religioso. Es decir, que está al servicio de la religión, porque a la sombra de la laicidad se practican todas las religiones en paz y seguridad. El Estado laico es el que no tiene una religión oficial, pero se compromete a conservar y respetar todas las religiones, ofreciendo lugares de culto para las diferentes comunidades religiosas. Entre sus obligaciones estará también la eliminación de cualquier sectarismo político; el fortalecimiento de los tribunales civiles para garantizar la igualdad entre los ciudadanos; la elaboración de un código civil que iguale al hombre y a la mujer, ofreciéndoles el derecho a elegir entre el matrimonio civil, religioso o ambos; considerar las leyes como normas Waleed Seleh
relativas, no absolutas, y a la sociedad su única fuente, pudiendo ser modificadas conforme a las nuevas necesidades; la consideración del gobernante como alguien que toma su poder del pueblo, representa su voluntad y no se inspira en una fuerza divina que esté por encima de la sociedad; el fortalecimiento de la cultura laica y racional; el reconocimiento del derecho de todas las creencias y confesiones; y, por último, la liberación del Estado del poder de la religión y a esta del poder del Estado. Con frecuencia se afirma que el mundo árabe y musulmán ha sido incapaz de alcanzar la modernidad de la que goza el mundo occidental por no haber tenido una Ilustración y no haber separado religión y Estado. Esta segunda afirmación la podemos considerar una verdad a medias. En la mayoría de los países del mundo árabe y musulmán, el Estado es musulmán, no islámico. La constitución de un Estado musulmán indica que la religión oficial es el Islam, pero las leyes que se aplican en este tipo de Estado son seculares, aunque pueden estar combinadas con algunas leyes religiosas. En cambio, la ley que se aplica en un Estado islámico es la shari’a (“ley islámica”). Por lo tanto, podemos decir que estos países musulmanes no están en contra de la modernidad y cuando se presenten las circunstancias idóneas, podrán adaptarse fácilmente. Además, países como Malasia e Indonesia (de mayoría musulmana) son países modernos. Lo que ocurre es que la falta de claridad de visión y la mezcla de papeles hace que se pierdan los límites en las fuentes de la legislación en estos países. Y como ejemplos de estados islamistas podemos mencionar el gobierno talibán (1996-2001) en Afganistán y el de Sudán (1983), alejados de toda clase de modernidad según el concepto occidental. La palabra “secular” se ha traducido en árabe en principio por ’ilmaniyya. Muchos creyeron que el concepto procedía de la palabra ’ilm (“ciencia”) y esta interpretación encontró un enfrentamiento entre la religión y la ciencia. Más tarde, se traduce por ’almaniyya1, una derivación
1
La primera traducción se hace del francés en el Diccionario francés-árabe, publicado en 1828 por Ilyas Baqtar al-Misri, un copto egipcio que sirvió en la campaña francesa de Napoleón. Luego acabó como profesor del dialecto egipcio en algunas escuelas de París. Ver: Al-Shari’a al-islamiyya wa al-‘almaniyya al-garbiyya (‘La shari’a
Librepensamiento e Islam
de ’alam (“mundo”), un mundo alejado de la influencia de los templos y los clérigos. La primera vez que apareció en lengua árabe el término ’almani (“laico”) es en 1828, en el diccionario árabe-francés del libanés Ilyas Baqtar. Después, la Academia de la Lengua de El Cairo lo introdujo en su diccionario Al-Mu’yam al-wasit en 1950. La separación de la religión de la política es una necesidad para que el Estado civil no se convierta en un Estado religioso teocrático, como en Irán, donde la constitución autoriza al líder espiritual al-Waliy al-Faqih (“hasta el regreso del Imam Ausente”) a cesar al presidente del gobierno, disolver el parlamento e incluso destruir las bases de la shari’a para servir al Estado religioso. La constitución iraní no solamente es contraria a la religión, realmente es una constitución absurda. En la sociedad árabe actual, la laicidad es uno de los asuntos más sensibles y polémicos. Para ciertos sectores sociales, la laicidad es un término vago y poco comprensible y se acepta o se rechaza dependiendo de los objetivos coyunturales como, por ejemplo, la afirmación de la lealtad nacional o el fortalecimiento de la cohesión social. Con frecuencia se ha mezclado con el ateísmo tanto por mala fe como por ignorancia. La laicidad es un llamamiento innovador para que domine la razón y la ciencia en los diferentes asuntos de la sociedad, de manera que pueda vivir su tiempo, un tiempo moderno que difiere mucho de lo que los religiosos reclaman. El germen de la idea de la laicidad en la historia y cultura árabes surge con los mu’tazilíes, escuela teológica de los albores del siglo viii que crea el dogma especulativo del Islam. Resaltaba el valor del ser humano, defendiendo el principio de al-ijtiyar, el ‘libre albedrío’, que considera la acción humana como factor esencial de influencia en la historia, frente al principio de al-iybar, “fatalismo” o “predestinación” que piensa que Dios es el único responsable de lo que ocurre en el mundo. El Islam en sí contiene una laicidad política, porque no dicta un modelo concreto al Estado. Atribuye esta tarea al ser humano: “Se consultan
islámica y la laicidad occidental’), de M. ‘Amara, Dar al-Shuruq, El Cairo, 2003, p. 23. Waleed Seleh
mutuamente” (Corán, 42:38). O sea, el consenso es una cuestión de los hombres que deben decidir y no es un asunto impuesto por la divinidad. El laicismo no se reduce a la idea de la separación de la religión de la política, porque abarca también un modo de pensamiento referente a la visión global del universo, del mundo. No se trata de una simple opinión sobre el tipo de gobierno, sino que la idea se deriva de ‘alam, “mundo”, como alternativa a la visión teocrática que piensa que este universo está dominado por una fuerza metafísica y extraordinaria que dicta sus leyes y sus normas. De aquí el planteamiento del laicismo que insiste en que las pautas o las leyes objetivas del movimiento de la historia surgen del propio mundo y no del exterior. Esto significa que existen relaciones y vínculos fuertes entre el laicismo y el pensamiento científico humano y objetivo al mismo tiempo. El fracaso o la frustración de la laicidad en el mundo árabe está relacionado con los factores económico y social. Es imposible que pueda avanzar en un contexto inapropiado. La debilidad del discurso laicista es un factor más, porque el movimiento desde el inicio era inmaduro, entusiasta y superficial, especialmente por haber surgido durante el colonialismo. En las sociedades europeas la laicidad surgió a raíz de la Ilustración que significó una revolución sociocultural y política que cambió la cara de Occidente. Con el tiempo este movimiento se convirtió en una rebelión política contra el dominio, el poder y el abuso de la Iglesia. En el mundo árabe, concretamente en los tiempos modernos, las primeras manifestaciones laicas aparecieron por dos razones. En primer lugar, por conocer de cerca la tanzimat, organización administrativa del Imperio Otomano que remitía a leyes mundanas y no a la shari’a, la ley islámica. Y en segundo lugar, por el contacto del mundo arabo-islámico con Europa como consecuencia de la campaña napoleónica contra Egipto a finales del siglo xviii, por la que este país y otros vecinos conocieron los avances occidentales como la imprenta, la prensa, algunas manifestaciones artísticas… Y más tarde el envío de misiones culturales desde los países árabes a universidades europeas, especialmente francesas, que formaron un número importante de intelectuales y pensadores que, al regresar a sus países de origen influyeron notablemente en la sociedad.
Librepensamiento e Islam
“La religión es de Dios y la patria, de todos”. Estas palabras pronunciadas por Sa’ad Zaglul -fundador del partido Wafd y artífice de la Revolución de 1919 en Egipto, reclamando la independencia del colonialismo inglés- aún permanecen frescas en la memoria de los individuos, grupos y partidos laicos en el mundo árabe y musulmán. A lo largo de los siglos xix y xx aparecieron en el mundo árabe importantes intelectuales y pensadores que defendieron en sus discursos, artículos y libros la laicidad como el mejor sistema para garantizar las libertades religiosas y la igualdad. Varios se formaron en la Facultad Protestante Siria de Beirut, como Ali Shibli al-Shumayyil y Farah Antun. Otros siguieron sus pasos, como Yuryi Zidan, Yaqub Sarruf, Salama Musa y Niqula Haddad. Compartían una idea común, la idea de que “la verdadera religión es la religión de la ciencia racional”, y reclamaban un Estado árabe único en el que participarían cristianos, musulmanes y otros credos en pie de igualdad. Podemos apreciar por los nombres de estos intelectuales que la mayoría eran cristianos y esto quizá fue uno de los inconvenientes que impidió que sus discursos calaran hondo en las sociedades árabes y musulmanas. Además, su aparición coincidió con el auge del colonialismo occidental en sus países. De hecho, el fracaso del laicismo en el mundo árabe, si aceptamos que hubo fracaso, se atribuye básicamente a estos dos factores. Sus opositores alegaron que el laicismo era un invento occidental que intentaba provocar una ruptura entre los musulmanes y su identidad. En cambio, Halim Barakat, conocido sociólogo, rechaza la idea de que la laicidad haya sido importada de Occidente. [Es] un principio humano y un convencimiento que se ha desarrollado paulatinamente en diferentes ámbitos y distintos lugares como consecuencia de las transformaciones sociales y las necesidades entrelazadas como la de la cohesión social, la igualdad de los ciudadanos ante la ley independientemente de su pertenencia o su fe, la limitación de los abusos de la religión y el dominio de las corrientes salafistas y la defensa de la modernidad y la cultura científica. (…) Algunos piensan equivocadamente que el cristianismo se diferencia básicamente del Islam en su actitud hacia la laicidad. Esta opinión se debe parcialmente al menos al hecho de no poder distinguir entre los textos, la iglesia y los comportamientos cotidianos, y entre la religión y la confesión. Si hubiera una diferencia real entre el cristianismo y el Islam en este ámbito, se referiría a que el cristianismo que ha conservado su relativa independencia ha dominado durante un tiempo al Estado. Mientras Waleed Seleh