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monografías ALTA CALIDAD EN INVESTIGACIÓN JURÍDICA

ALICIA GUTIÉRREZ GONZÁLEZ LOURDES MARGARITA ARCE RODRÍGUEZ Coordinadoras

EL FUTURO DE LA UNIÓN EUROPEA: IMPLICACIONES PARA EL SISTEMA INTERNACIONAL


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EL FUTURO DE LA UNIÓN EUROPEA Implicaciones para el Sistema Internacional


COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT LO BLANCH María José Añón Roig

Catedrática de Filosofía del Derecho de la Universidad de Valencia

Ana Cañizares Laso

Catedrática de Derecho Civil Universidad de Málaga

Jorge A. Cerdio Herrán

Catedrático de Teoría y Filosofía de Derecho. Instituto Tecnológico Autónomo de México

José Ramón Cossío Díaz

Ministro de la Suprema Corte de Justicia de México

Eduardo Ferrer Mac-Gregor Poisot

Juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM

Owen M. Fiss

Catedrático emérito de Teoría del Derecho de la Universidad de Yale (EEUU)

José Antonio García-Cruces González

Catedrático de Derecho Mercantil de la UNED

Luis López Guerra

Juez del Tribunal Europeo de Derechos Humanos Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Carlos III de Madrid

Ángel M. López y López

Catedrático de Derecho Civil de la Universidad de Sevilla

Marta Lorente Sariñena

Catedrática de Historia del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid

Javier de Lucas Martín

Catedrático de Filosofía del Derecho y Filosofía Política de la Universidad de Valencia

Víctor Moreno Catena

Catedrático de Derecho Procesal de la Universidad Carlos III de Madrid

Francisco Muñoz Conde

Catedrático de Derecho Penal de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla

Angelika Nussberger

Jueza del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Catedrática de Derecho Internacional de la Universidad de Colonia (Alemania)

Héctor Olasolo Alonso

Catedrático de Derecho Internacional de la Universidad del Rosario (Colombia) y Presidente del Instituto Ibero-Americano de La Haya (Holanda)

Luciano Parejo Alfonso

Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Carlos III de Madrid

Tomás Sala Franco

Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad de Valencia

Ignacio Sancho Gargallo

Magistrado de la Sala Primera (Civil) del Tribunal Supremo de España

Tomás S. Vives Antón

Catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Valencia

Ruth Zimmerling

Catedrática de Ciencia Política de la Universidad de Mainz (Alemania)

Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales


EL FUTURO DE LA UNIÓN EUROPEA Implicaciones para el Sistema Internacional

Coordinadoras

ALICIA GUTIÉRREZ GONZÁLEZ LOURDES MARGARITA ARCE RODRÍGUEZ

2017


Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de los autores y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch México publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com/mex/ EL FUTURO DE LA UNIÓN EUROPEA: Implicaciones para el Sistema Internacional fue determinado a doble ciego y financiado por el programa P/PFCE-2016-14MSV0010Z-1-03 del CUCSH.

© EDITA: TIRANT LO BLANCH DISTRIBUYE: TIRANT LO BLANCH MÉXICO Río Tiber 66, Piso 4 Colonia Cuauhtémoc Delegación Cuauhtémoc CP 06500 Ciudad de México Telf: (55) 65502317 infomex@tirant.com www.tirant.com/mex/ www.tirant.es ISBN: 978-84-9169-309-3 MAQUETA: Tink Factoría de Color D.R. © 2017, Universidad de Guadalajara Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades Coordinación Editorial Juan Manuel # 130, Zona Centro 44100 Guadalajara, Jalisco, México Visite nuestro catálogo en http://www.publicaciones.cucsh.udg.mx/ ISBN: 978-607-742-966-1 Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro Procedimiento de quejas. Responsabilidad Social Corporativa: http://www.tirant.net/Docs/RSCTirant.pdf


Índice PRESENTACIÓN.................................................................................... 9 Alicia Gutiérrez González

LA UNIÓN EUROPEA. LOS PROBLEMAS DETRÁS DE LA CRISIS.... 11 Laura Ibarra García

LAS REFORMAS ESTRUCTURALES EN LA CRISIS ECONÓMICA DE LA UNIÓN EUROPEA..................................................................... 33 Lourdes M. Arce Rodríguez

LA EVOLUCIÓN HISTÓRICA DEL REINO UNIDO EN LA UNIÓN EUROPEA............................................................................................... 59 Alicia Gutiérrez González

PERSPECTIVAS DE LA ASOCIACIÓN ESTRATÉGICA BIRREGIONAL EUROLATINOAMERICANA. LA CUMBRE DE BRUSELAS UE-CELAC 2015............................................................................................................ 79 Jorge Alberto Quevedo Flores

2017: EL REGRESO DE LA RELEVANCIA EUROPEA EN LA AGENDA MEXICANA............................................................................................ 107 Stephan Joseph Sberro Picard

LA COOPERACIÓN ENTRE MÉXICO Y LA UNIÓN EUROPEA: «EL LABORATORIO DE COHESIÓN SOCIAL II DE LA UNIÓN EUROPEA EN EL ESTADO DE SAN LUIS POTOSÍ (2015-2018)».................. 119 Enriqueta Serrano Caballero Devora Jael Salamanca

LA UNIÓN EUROPEA Y SU POLÍTICA DE DERECHOS HUMANOS.... 145 Klaus Jörg Ruhl José Trinidad Padilla López

ÍNDICE DE AUTORES........................................................................... 169


Presentación El presente libro «El futuro de la Unión Europea: implicaciones para el sistema internacional» integra los trabajos de siete profesores investigadores de prestigiadas instituciones de educación superior de México, como la Universidad de Guadalajara (UdG), la Universidad Anáhuac México, el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y el Colegio de San Luis A.C. Esta obra es multidisciplinaria, ya que las contribuciones provienen de diversas áreas de las ciencias sociales como la sociología, las relaciones internaciones, el derecho, la ciencia política y la historia. Dos de los profesores investigadores que contribuyen a esta edición han recibido la distinción de la «Catedra Jean Monnet», que otorga la Unión Europea. Cinco de los autores pertenecen al Sistema Nacional de Investigadores del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) y obtuvieron su grado de doctor en universidades de Alemania, España y Francia, motivo por el cuál, el análisis y el dominio del tema acerca del futuro de la Unión Europea les resulta familiar. Esto se ve reflejado en el alto nivel y calidad de los artículos. El libro aborda temas relevantes que giran en torno a la Unión Europea: sus problemas fundamentales, la salida del Reino Unido de la UE, las relaciones México-UE, las relaciones euro-latinoamericanas, y la política de protección de los derechos humanos de la institución comunitaria. El primer artículo analiza los problemas fundamentales de la Unión Europea, de los cuales se desprenden la crisis económica, la crisis política y la crisis cultural. De igual manera, explica en qué consiste el déficit democrático en la UE y cómo ha ido cambiando a lo largo del proceso de integración. El segundo artículo describe y aclara la crisis económica de 2008 y las reformas estructurales. La evolución histórica del Reino Unido dentro de la UE, el estatus especial del que disfrutó durante 44 años y el Brexit son temas analizados y explicados en el artículo tercero. Las relaciones euro-latinoamericanas, las relaciones de la Unión Europea con la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y los objetivos de la Cumbre de Bruselas de 2015 forman la parte medular del artículo cuarto. En lo que respecta al quinto artículo, éste trata sobre los beneficios que Mé-


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xico puede obtener en la renegociación del Acuerdo Global o Tratado de Libre Comercio entre México y la UE (TLCUEM) en el aspecto económico y político. Por su parte, el artículo sexto profundiza en la cooperación México-UE y revisa el funcionamiento del Laboratorio de Cohesión Social II en San Luis Potosí, México de 2015-2018, atendiendo las dimensiones sociales, económicas y culturales de este proyecto. El último artículo expone las políticas de protección de los derechos humanos dentro y fuera de la Unión Europea. Esta obra pretende dar al lector una visión general de los recientes acontecimientos en la Unión Europea y por ende dirigir la atención al futuro de la Unión Europea y a las relaciones México-UE.

Alicia Gutiérrez González

Profesora Investigadora en la Facultad de Derecho de la Universidad Anáhuac México Ciudad de México, junio 2017


La Unión Europea. Los problemas detrás de la crisis Laura Ibarra García1 INTRODUCCIÓN La historia de la Unión Europea (en adelante UE o Unión) en los últimos años se caracteriza por una sucesión de crisis: El rechazo de Francia y Holanda al proyecto de Constitución Europea, la crisis griega, los países de la euro-zona con altos déficits presupuestarios, el Brexit, la falta de consenso en la política europea hacia los refugiados, etc. La percepción de los problemas y las estrategias para superar los problemas se realiza normalmente dentro de los estrictos marcos de una conducción política a corto plazo. Si se amplía el nivel de análisis, se podrá apreciar que las verdaderas causas subyacen en conflictos de carácter sistémico, en el sistema mismo o en la relación entre sistemas, y que las crisis son sólo las formas visibles de cuestiones no resueltas, algunas de ellas en la estructura misma que ha adoptado la organización comunitaria. De ahí que sea válido preguntarse, ¿Cuáles son estas situaciones sistémicas y estructurales fundamentales de la UE, que se manifiestan bajo ciertas condiciones en crisis abruptas y que se mantienen de manera latente como posibles generadoras de serios conflictos? Si vemos esto desde una perspectiva evolutiva, es decir, considerando la génesis que ha tenido la UE y se observan sus avances, retrocesos o parálisis, la pregunta bien puede formularse de la siguiente manera: ¿Cuáles son las líneas de desarrollo que, debido al estado sistémico en que se encuentran, determinan una serie de problemas en el plano empírico, o sea, en el terreno de lo fáctico? Se trata entonces de identificar los problemas clave desde una perspectiva de las ciencias sociales que los sitúe en una dimensión explicativa y que,

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Doctora en sociología por la Universidad de Friburgo, Alemania. Catedrática Jean Monnet. Profesora investigadora titular C de la Universidad de Guadalajara. Fundadora y directora del Centro de Estudios Europeos de la misma Universidad. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores del CONACYT, nivel III.


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por lo tanto, contribuya a superarlos, evitarlos o, de menos, esclarecerlos. Desde luego que existe ya una literatura sobre cada una de estas cuestiones, pero el objetivo es hacer un diagnóstico —de menos un acercamiento— a un cuadro general que ahora se vislumbra como un panorama crítico detrás de las crisis coyunturales.

EL DÉFICIT DEMOCRÁTICO Es cierto que todos los Estados miembros de la Unión son, de menos de manera formal, democracias, y que el Tratado de Lisboa reconoce como fundamento de la Unión los valores de la libertad, la democracia y la igualdad, pero esto no significa, en suma, una democracia europea. Una observación a la organización comunitaria permite constatar con rapidez que ninguna institución de la Unión representa legítimamente a los europeos. Los gobiernos nacionales representan dentro de la Unión solamente los intereses de su propio electorado. En realidad, no existe ningún gobierno nacional que se haga responsable del interés europeo general. Además, algunos Estados miembros, como Hungría y Polonia, atentan a través de sus políticas contra el fundamento democrático de todo Estado de Derecho, limitando la libertad de expresión, los derechos de las minorías o la igualdad de género. Los miembros de la UE coordinan sus políticas solamente cuando sus intereses coinciden, tan pronto estos difieren, Europa se vuelve ingobernable (Collignon, 2016). Ciertamente el Tratado de Lisboa comprende una serie de nuevas disposiciones que buscan hacer de la Unión un organismo más eficiente, más democrático, más cercano a los ciudadanos y más transparente. Su empeño se orienta principalmente a introducir mejoras claras en el papel institucional del Parlamento Europeo. En el artículo 9 del Tratado de Lisboa, los derechos del Parlamento se fortalecen a través de tres especificaciones: 1. En el proceso legislativo, el Parlamento Europeo tiene el mismo estado junto al Consejo de la Unión Europea (en adelante Consejo). 2. El Parlamento Europeo amplía su influencia sobre el presupuesto. 3. Tiene la facultad de elegir al presidente de la Comisión a propuesta del Consejo.


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Además, con el Tratado de Lisboa (Art. 8 A, 16 C y 21), los ciudadanos pueden intervenir en el proceso de toma de decisiones de la UE de diferentes formas. Los órganos de la Unión otorgan a los ciudadanos y a las ciudadanas y a las asociaciones representativas la posibilidad de dar a conocer e intercambiar sus puntos de vista en todos los ámbitos de las actividades de la Unión y buscan mantener un diálogo abierto, transparente y regular con la sociedad civil (Art. 8 B). Para garantizar la coherencia y la transparencia de las actividades de la Unión, la Comisión Europea realiza una gran cantidad de conversaciones con los implicados o afectados. Especialmente innovador es la nueva disposición del Tratado sobre las iniciativas ciudadanas: los ciudadanos de la Unión cuyo número mínimo sea de un millón y cuya nacionalidad corresponda a un número considerable de Estados miembros, pueden presentar una iniciativa. Sin embargo, estas medidas resultan insuficientes para asegurar una adecuada democracia, como quedó demostrado en la actuación de la UE ante la crisis griega, en que los jefes de Estado determinaron la estrategia a seguir. Un camino que dejó de lado al Parlamento y que a muchos observadores les pareció que se caracterizó por una muy escasa legitimación democrática. Una buena cantidad de académicos ha elaborado críticas a la falta de responsabilidad democrática de los organismos y las instituciones de la Unión, así como de la política y el proceso de toma de decisiones, sus argumentos se pueden resumir en los siguientes: 1. El Parlamento Europeo no puede considerarse un auténtico representante de los ciudadanos europeos, debido a la escasa participación de electores en las elecciones europeas (véase la tabla 1 que muestra la participación electoral en las elecciones del Parlamento Europeo) y la ausencia de impugnación política. Además, hasta ahora las elecciones europeas han sido consideradas por buena parte del electorado como una forma de aprobar o desaprobar a sus respectivos gobiernos nacionales. En realidad, el Parlamento Europeo no es un parlamento del pueblo europeo, sino un parlamento de los pueblos europeos: Es elegido por pueblos nacionales, conforme a leyes electorales nacionales en elecciones nacionales, en los cuales participan partidos nacionales en campañas nacionales por contingentes nacionales. Aunque, desde luego, la falta de un auténtico parlamento no puede considerarse como un obstáculo para avanzar en la democratización de la Unión Europea.


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Tabla 1 Participación en las elecciones europeas Año y número de miembros de la UE Porcentaje 1979 61.99 EU9 1984 58.98 EU10 1989 58.41 EU12 1994 56.67 EU12 1999 49.51 EU15 2004 45.47 EU25 2009 42.97 EU27 2014 42.61 EU28 (TNS/Scytl en colaboración con el Parlamento Europeo, 2017)

2. Los ciudadanos sólo tienen participación directa en las elecciones del Parlamento, fuera de ellas, no tienen posibilidades de expresar sus preferencias. Además, la organización institucional de la UE es considerablemente diferente de las instituciones domésticas democráticas, por lo que los ciudadanos carecen de un entendimiento suficiente para influir en los procesos. 3. La formulación de políticas está dominada por actores ejecutivos. Por ejemplo, las acciones de la Comisión y del Consejo siguen estando fuera del control del Parlamento. Las decisiones políticas las toman los comisarios que no fueron elegidos democráticamente y que los ciudadanos apenas conocen. Existe además una monopolización del poder de decisión de la política económica. El déficit democrático también se manifiesta en las contradicciones entre la política europea y los intereses de la mayoría de un país. Un ejemplo de ello es la política de austeridad que Alemania impuso como medida para superar la crisis a los países altamente endeudados, y que encontró, en el caso de Grecia, un fuerte rechazo por parte de la mayoría de los ciudadanos griegos. En la circulación del dinero en la dinámica económica, el dinero que el gobierno ahorra proviene del


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ingreso de alguna parte de la población. Con la crisis y las medidas que se aplicaron, el ingreso se redujo un tercio. Sin embargo, a pesar del intento del gobierno por fundamentar el rechazo a la política europea a través de nuevas elecciones, la política europea no se modificó. En este sentido, es urgente dotar al Parlamento Europeo de mayores facultades, de modo que pueda ejercer un control democrático efectivo, que incluya la política europea económica, que hasta ahora se fundamenta principalmente en acuerdos intergubernamentales. Pues, como el caso griego, resulta cuestionable en qué medida disposiciones que no se sustentan en el derecho europeo, sino en un tratado entre Estados, puedan imponerse a determinados Estados y ser realmente legítimas. Sin embargo, hay que señalar que la completa parlamentarización de la UE, que tanto se exige, no significa una democratización de la Unión (Strohmeier, 2007). La idea de que un fortalecimiento de las competencias del Parlamento conduce directamente a una mayor legitimidad es un error. Se ha pretendido identificar el déficit democrático en las limitadas facultades del Parlamento, al que se considera el único órgano sostenido democráticamente, en contraste con el poder efectivo del Consejo, que solamente se apoya en una legitimación democrática derivada. Pero, no hay que confundir el déficit de competencias del Parlamento Europeo y, en consecuencia, el aumento de la parlamentarización, con un aumento del proceso de democratización en la UE. Una completa parlamentarización no contribuiría a superar el déficit democrático, sino a agudizarlo. El déficit democrático obedece más bien a la falta de dos condiciones para el ejercicio de la democracia: la falta de un demos europeo y la falta de una opinión pública. La Unión Europea carece de la fuente de todo orden democrático: un demos europeo, es decir una identidad colectiva. Una democracia sin demos es una contradicción en sí, tanto a nivel nacional como supranacional. Hay que señalar que desde luego que no se pretende argumentar que la condición para el desarrollo de la democracia radica en la soberanía del pueblo y que, por lo tanto, las fronteras del Estado nacional representan las fronteras de la soberanía del pueblo. La existencia de un demos no depende de la unidad popular, sino de la cohesión o unión social. De manera que se puede preguntar, bajo qué condiciones puede formarse un demos supranacional. De acuerdo a Strohmeier, la condición para ello radica en la integración de los pueblos nacionales en un demos supranacional, caracterizado por una identidad colectiva


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(2007). Sin esta identidad, es decir, sin una integración sociopolítica avanzada, la democracia parlamentaria y, con ella, la mayoría parlamentaria, son solamente posibles en muy escasa medida. Por eso, el demos europeo requiere de una sociedad europea, que haya desarrollado un sentimiento de pertenencia, que pueda tomar decisiones mayoritarias y mostrarse solidaria cuando se trata de ejercer políticas sociales que busquen la equidad. Un demos europeo necesita entonces de una sociedad europea integrada políticamente. Pero, tal sociedad no existe, a lo sumo pudiera decirse que se encuentra en estado embrionario. Con ello nos acercamos al siguiente problema, que bien puede considerarse como la verdadera causa del déficit democrático.

LA FALTA DE UNA IDENTIDAD EUROPEA La Europa del siglo XXI enfrenta una situación paradójica. Si bien la Unión es una realidad concreta que influye directamente en la vida cotidiana de sus habitantes, los pueblos siguen privilegiando de manera considerable sus identidades nacionales. Sin duda, la gran mayoría de los ciudadanos de la UE siente mayor pertenencia a sus países que al bloque regional multicultural. Muchos italianos consideran que tienen poco que ver con los daneses o los alemanes, al tiempo que numerosos franceses sienten que no comparten demasiado con los búlgaros o griegos. En realidad, esto no es de sorprender si se piensa que el lenguaje, la religión, la cultura y la historia son sus fuentes originales de identidad, y que la sociedad europea, como tal, es una sociedad en proceso de formación. Aunque el Tratado de Maastricht (Art. 9) asentó la ciudadanía europea, el sentimiento de identidad europea no constituye una conciencia generalizada en todos los países miembros, ni tampoco mantiene un mismo nivel ante situaciones políticas coyunturales. Como consecuencia de las influencias que afectan la construcción de una identidad y la transforman, la identidad europea es fundamentalmente un constructo dinámico. Desde la formación de la UE, el concepto de identidad europea se ha diferenciado: por un lado, se habla de identidad europea para hacer referencia a la conciencia que le permite a un grupo de personas definirse como europeos y a una actitud positiva respecto a una identidad común («el sentimiento de nosotros»), y por otro, uno que agrega a ello la aceptación de la convivencia con otras personas y pueblos


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en Europa en sentido de una comunidad, un «queremos vivir juntos». Esto último alude a una actitud positiva a las ideas de una integración europea dentro de los marcos de la Unión, por ello, algunos autores prefieren usar el concepto de identidad de la UE (Laux, 2007). Sin embargo, estudios recientes han demostrado que esta identidad también fluctúa y muestra grandes diferencias en los diferentes Estados. En 25 Estados miembros de la UE, la mayoría de los encuestados dijo sentirse ciudadano europeo (Comisión Europea, 2013). Este sentimiento se encuentra bastante generalizado en Luxemburgo (85%) y en Malta (74%). Así como también en Finlandia (73%), y Alemania (73%) Mientras que los ciudadanos de Grecia (42%) y Gran Bretaña (42%) mostraron los valores más bajos. Cuestionados sobre su confianza en la UE, en mayo de 2011, 47% de los ciudadanos de la UE dijeron que no confiaban en la UE, 41% que sí confiaban, mientras que 12% dijeron que no sabían (Bundeszentrale für politische Bildung, 2012).

Fuente: Comisión Europea, 2013. Fuente: Comisión Europea, 2013. Debido a que la identidad europea es una construcción de diferentes elementos

Debido a que la identidad europea es una construcción de diferentesheterogéneos, elementospuede heterogéneos, puede ser entendida como ely resultado ser entendida como el resultado de una europeización la unión de de una europeización y la unión de diferentes identidades sociales que diferentes identidades sociales que se van añadiendo o, si se quiere, una identidad múltiple. se van añadiendo o, si se quiere, una identidad múltiple. Para muPara muchos, se trata una identidad identidad secundaria a una identidad nacional (Risee, 2013: 7chos, se trata de de una secundaria a una identidad nacional (Risee, 2013: 7-10). El problema no se presenta cuando un alemán, 10). El problema no se presenta cuando un alemán, por ejemplo, se siente alemán y por ejemplo, se siente alemán y europeo, sino cuando un británico se europeo, sino cuando un británico se siente solamente británico y lo “europeo” cae más allá

de la frontera de identidad, es decir, la identidad nacional se percibe como opositora a una entidad supranacional, la primera excluye a la otra. Todavía Europa se descompone en


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siente solamente británico y lo «europeo» cae más allá de la frontera de identidad, es decir, la identidad nacional se percibe como opositora a una entidad supranacional, la primera excluye a la otra. Todavía Europa se descompone en muchas sociedades en las que la historia está presente y en que las rivalidades agudizan el recelo con el que se percibe lo externo (Strohmeier, 2007:3). Desde mediados de los años ochenta, la Comunidad Económica Europea se preocupó por difundir la idea de una identidad europea conforme a su propia comprensión y por ofrecer puntos de referencia a una identidad europea. En 1985, el Consejo Europeo estableció una comisión que debía hacer del continente una «Europa para los ciudadanos», como reacción política a la llamada euroesclerosis. De su trabajo resultó la propuesta de una simplificación o eliminación de los controles en los cruces de las fronteras interiores de Europa, lo que más tarde se concretó en el Tratado de Schengen, y el establecimiento del «Día de Europa». Actualmente la UE es el impulsor más importante del fortalecimiento de la identidad europea. En este apropiamiento conceptual, Europa ha sido definida como una comunidad legal y de valores (Kleger, 2008). Ya desde 1950, los Estados miembros del Consejo de Europa acordaron la fundación de la Convención Europea de los Derechos Humanos, que entró en vigor en 1953. A fin de permitir un control del respeto a los derechos humanos, la Convención instituyó en 1959 la Corte Europea de Derechos Humanos. Teniendo como base un catálogo de derechos fundamentales y humanos, los Estados se pronunciaron por una Europa que comparte una serie de valores y principios. Con el Acta Única Europea, el Consejo Europeo creó en 1986 el fundamento legal para la cooperación política europea, que se sustenta especialmente en el concepto de «cohesión» como expresión de la solidaridad entre los Estados y las regiones, y que pretende influir en la conformación de la identidad. Con el Tratado de Maastricht del 7 de febrero de 1992, se consumó el Tratado de la Unión Europea, cuyo artículo 2 establece: «La Unión se fundamenta en los valores de respeto de la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de Derecho y respeto de los derechos humanos, incluidos los derechos de las personas pertenecientes a minorías. Estos valores son comunes a los Estados miembros en una sociedad caracterizada por el pluralismo, la no discriminación, la tolerancia, la justicia, la solidaridad y la igualdad entre mujeres y hombres». (Comisión de las Comunidades Europeas, 1992).


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En 1993, el Consejo Europeo estableció los criterios de Copenhague para la admisión de nuevos Estados miembros en la Unión Europea. Con ello definió especialmente los estándares democráticos de Estado de Derecho como valores fundamentales e irrenunciables para la Unión y su identidad. En una encuesta aplicada en 2008 y 2010 por el Instituto TNS Infratest en los Estados de la Unión sobre los valores que mejor representan a la UE se encontró que los derechos humanos, la democracia y la paz fueron los que obtuvieron la aprobación más alta (Bundeszentrale für politische Bildung, 2011). Desde entonces, una gran cantidad de sociólogos y filósofos ha participado en el debate en torno al concepto de identidad europea. Con el fin de observar cuáles son los problemas fundamentales en que el estado de desarrollo de la identidad europea afecta el avance de la Unión, y ante la imposibilidad aquí de considerar todas las opiniones que se han vertido sobre el tema, nos limitamos a revisar brevemente el enfoque de dos autores. El filósofo alemán Jürgen Habermas ha señalado que en los Estados miembros de la Unión apenas existe una opinión pública europea que funja como condición de la formación de una identidad colectiva europea. Habermas basa su argumento en la idea de una esfera pública. Afirma que todavía no hay una comunidad europea fuerte y, por eso, no existen intereses supranacionales. Mientras las naciones europeas sigan pensando en lo que es mejor para sus propios países, la UE no tendrá —según Habermas— una democracia legítima. La democracia requiere una esfera pública unida para que los representantes sean responsables ante una única población y no ante 28. Una democracia sin opinión pública y sin capacidad de discusión es tan improbable como una democracia sin demos. Las decisiones parlamentarias exigen la formación de una opinión «pre-parlamentaria» así como una discusión extra-parlamentaria de las decisiones políticas, es decir, una revinculación de los representantes con los representados. De este modo, la realización de una democracia parlamentaria supranacional exige estructuras intermedias que constituyan una opinión pública de toda la sociedad y que articulen un discurso de la sociedad completa. La democracia parlamentaria europea necesita entonces una opinión pública europea que funcione realmente.


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