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La película de ciencia ficción Her (Spike Jonze, 2013) narra la historia de amor entre un hombre, Theodore, y una máquina, la voz Samantha. Este libro aprovecha su argumento y los de otras películas similares para reflexionar sobre cuestiones filosóficas y jurídicas actuales o que aparecerán, seguramente, en un futuro cercano. En una primera parte se describe lo que supone para ideas como persona, libertad, política o Estado preferir relacionarse con una máquina, antes que con tus semejantes. Posteriormente, se estudia a Samantha, imitadora perfecta de una voz humana y capaz de enamorar palabra a palabra. Por su naturaleza, es imposible considerarla como una cosa normal y corriente. Por ello, se la caracteriza como un oráculo doméstico y móvil, comparándola con rasgos de los oráculos de la antigüedad. El ensayo finaliza preguntándose por las implicaciones de la empresa ficticia Element Software, que masivamente comercializa máquinas como Samantha y embarca a los humanos de esas épocas en unos diálogos tan perpetuos como capciosos.

HER. PERSONAS, MÁQUINAS Y DERECHO

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HER. PERSONAS, MÁQUINAS Y DERECHO JESÚS PÉREZ CABALLERO

cine y derecho • cinemateca


HER. PERSONAS, MÁQUINAS Y DERECHO


COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT LO BLANCH María José Añón Roig

Catedrática de Filosofía del Derecho de la Universidad de Valencia

Ana Cañizares Laso

Catedrática de Derecho Civil de la Universidad de Málaga

Jorge A. Cerdio Herrán

Catedrático de Teoría y Filosofía de Derecho. Instituto Tecnológico Autónomo de México

José Ramón Cossío Díaz

Ministro en retiro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y miembro de El Colegio Nacional

Eduardo Ferrer Mac-Gregor Poisot

Presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM

Owen Fiss

Catedrático emérito de Teoría del Derecho de la Universidad de Yale (EEUU)

José Antonio García-Cruces González

Catedrático de Derecho Mercantil de la UNED

Luis López Guerra

Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Carlos III de Madrid

Ángel M. López y López

Catedrático de Derecho Civil de la Universidad de Sevilla

Marta Lorente Sariñena

Catedrática de Historia del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid

Javier de Lucas Martín

Catedrático de Filosofía del Derecho y Filosofía Política de la Universidad de Valencia

Víctor Moreno Catena

Catedrático de Derecho Procesal de la Universidad Carlos III de Madrid

Francisco Muñoz Conde

Catedrático de Derecho Penal de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla

Angelika Nussberger

Jueza del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Catedrática de Derecho Internacional de la Universidad de Colonia (Alemania)

Héctor Olasolo Alonso

Catedrático de Derecho Internacional de la Universidad del Rosario (Colombia) y Presidente del Instituto Ibero-Americano de La Haya (Holanda)

Luciano Parejo Alfonso

Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Carlos III de Madrid

Tomás Sala Franco

Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad de Valencia

Ignacio Sancho Gargallo

Magistrado de la Sala Primera (Civil) del Tribunal Supremo de España

Tomás S. Vives Antón

Catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Valencia

Ruth Zimmerling

Catedrática de Ciencia Política de la Universidad de Mainz (Alemania)

Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales


HER. PERSONAS, MÁQUINAS Y DERECHO

Jesús Pérez Caballero

CINE Y DERECHO

cinemateca tirant lo blanch Valencia, 2020


Copyright ® 2020 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de el autor y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com.

Director de la Colección:

Javier de Lucas

Catedrático de Filosofía del Derecho Coordinador:

Mario Ruiz Sanz

Profesor Titular de Filosofía del Derecho

© Jesús Pérez Caballero

© TIRANT LO BLANCH EDITA: TIRANT LO BLANCH C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: www.tirant.es ISBN: 978-84-1336-585-5 MAQUETA: Tink Factoría de Color Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor lea, en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro procedimiento de quejas. Responsabilidad Social Corporativa: http://www.tirant.net/Docs/RSCTirant.pdf


ÍNDICE ÍNDICE HER. PERSONAS, MÁQUINAS Y DERECHO........................................................... 9 1. FICHA TÉCNICA............................................................................................. 9 2. SINOPSIS....................................................................................................... 10 INTRODUCCIÓN.....................................................................................................

13

Capítulo primero THEODORE. CUESTIONES PARA UNA PERSONA PACIFICADA 1. LA PACIFICACIÓN EN LA SOCIEDAD DE HER.................................................... 1.1. 1.2.

1.3.

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Definición de pacificación. Las cuestiones de lo genético y lo cultural..... 22 Reflexiones sobre los límites jurídicos, espaciales y materiales de la pacificación................................................................................................. 27 1.2.1. Jurídicos....................................................................................... 27 1.2.2. Espaciales..................................................................................... 31 1.2.3. Materiales.................................................................................... 32 Características en la sociedad de Her....................................................... 34 1.3.1. De muñecas y hombres: Desencadenantes de la relación de Theodore con Samantha.............................................................. 35 1.3.2. Los roles sociales de Theodore..................................................... 43

2. CUESTIONES PARA UNA PERSONA PACIFICADA............................................. Querencia por la falsificación: Theodore como escritor de cartas muertas........................................................................................................... 2.2. La ampliación de lo monacal en Theodore genera enclaves..................... 2.2.1. Theodore el contemplativo.......................................................... 2.2.2. Los enclaves en Her...................................................................... 2.3. Tipología de las relaciones entre personas y cosas en Her....................... 2.3.1. Persona con persona.................................................................... 2.3.2. Persona con cosa: Condicionantes de Samantha como cosa incorpórea fuera del comercio......................................................... 2.3.3. Cosas entre sí............................................................................... 2.3.4. Personas con cosa: Trapecio amoroso........................................... 2.4. Retos para las leyes.................................................................................

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2.1.

48 53 54 59 63 64 67 82 85 89


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Índice 2.4.1. De muñecas y hombres (II): Espacio público y facciones de la identidad...................................................................................... 90 2.4.2. Suicidio colectivo, derecho a la extinción y celibato...................... 97 Capítulo segundo PLANTACIONES DE ORÁCULOS DOMÉSTICOS

1. INTRODUCCIÓN...............................................................................................

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2. APUNTES SOBRE EL ESTATUS JURÍDICO DEL MONSTRUO.............................

112

2.1. Discusión preliminar............................................................................... 2.2. Irreversibilidad y ajenidad, bases del enfoque jurídico hacia los monstruos....................................................................................................... 2.2.1. Exceso.......................................................................................... 2.2.2. Defecto........................................................................................ 2.2.3. Mezcla.......................................................................................... 2.2.4. Inconmensurabilidad....................................................................

112 115 115 115 116 120

3. SAMANTHA COMO ORÁCULO DOMÉSTICO....................................................

124

3.1. 3.2. 3.3. 3.4.

Voz más tecnología................................................................................. Consagrado a lo doméstico, pero móvil................................................... Forma y fondo de las respuestas............................................................. Epílogo de los oráculos............................................................................

125 134 139 142

4. ELEMENT SOFTWARE: PODEMOS DIALOGAR CON USTED AL POR MAYOR....

144

CONCLUSIONES.....................................................................................................

149

REFERENCIAS.........................................................................................................

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HER. PERSONAS, MÁQUINAS Y DERECHO Jesús Pérez Caballero

1. FICHA TÉCNICA Título original

Her

Año

2013

Duración

126 min.

País

EEUU

Director

Spike Jonze

Guion

Spike Jonze

Música

Arcade Fire, Owen Pallett

Fotografía

Hoyte van Hoytema

Reparto

Joaquin Phoenix (Theodore Twombly), Scarlett Johansson (sistema operativo Samantha, voz), Rooney Mara (Catherine Klausen), Amy Adams (Amy), Chris Pratt (Paul), Olivia Wilde (cita de Theodore), Matt Letscher (Charles), Portia Doubleday (Isabella), Brian Cox (sistema operativo Alan Watts, voz), Luka Jones (Mark Lewman), Kristen Wiig (Gatita Sexy del chat, voz), Bill Hader (amigo segundo del chat, voz), Spike Jonze (personaje de videojuego Niño alienígena, voz) .


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Jesús Pérez Caballero

Productora

Warner Bros. Pictures

Género

Ciencia ficción romántica

Premios

2014: Oscar al mejor guion original, cuatro nominaciones (película, banda sonora original, canción original y diseño de producción). 2014: American Film Institute (diez mejores películas del año). 2014: Premio de la crítica cinematográfica de la Broadcast Film Critics Association (guion original). 2014: Globo de oro (guion). 2014: Premios Saturno (película fantástica, actriz y guion). 2014: Gremio de Escritores de América (guion original). 2013: Alianza de Mujeres Periodistas de Cine (guion original y premio a la “mejor descripción de desnudez, sexualidad o seducción”).

2. SINOPSIS En un futuro relativamente cercano y en una ciudad mezcla de Los Ángeles y de Shanghái, el protagonista de la película, Theodore Twombly, más cerca de los cuarenta que de los treinta, trabaja escribiendo cartas de cumpleaños, de amor, de despedida o de cualquier otra situación que sus conciudadanos necesiten a lo largo de sus vidas. Pero el escriba, a pesar de la facilidad con la que provee de sentimientos a otros, se encuentra insatisfecho con su propia vida tras terminar una relación con Catherine. Entre curioso e inercial, compra un sistema operativo llamado OS1 y comercializado por la empresa Element Software.


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Instalado en los ordenadores de su hogar y de su trabajo, y trasladable fácilmente con un omnipresente audífono —que tanto Theodore como el resto de personajes llevan siempre consigo—, el OS1 deviene una voz inteligente, femenina, ansiosa de aprender, llamada Samantha, de la que el protagonista de Her se enamora. Comienzan entonces una relación con el denominador común del autoconocimiento al que persona y sistema operativo pretenden llegar dialogando sin cesar. Tanto Paul, el compañero de trabajo de Theodore, como Amy, la mejor amiga de este, aceptan sin reparos este tipo de relación, e incluso la misma Amy, tras separarse de su pareja Charles, comienza una amistad con otro OS1 de Element Software. La película transita en esa armonía hasta que Theodore, alentado por Samantha, se propone firmar los papeles del divorcio con Catherine. En su encuentro, Theodore le habla de su relación con Samantha y su ex pareja reacciona mal. Lo acusa de inmaduro y desliza, seguramente con acierto, que prefiere ese sistema operativo por su incapacidad de lidiar con personas como ella. Esto provoca crecientes dudas en Theodore, que termina reprochando a Samantha su incorporeidad. También cuestiona sus aseveraciones como enamorada, sugiriendo su fingimiento. Tras intentar, infructuosamente, saldar esa crisis utilizando a Isabella, una actriz que intenta aportar con su cuerpo precisamente lo que le falta a Samantha, Theodore acepta la relación asimétrica con el sistema operativo. Sin embargo, ahora las tornas han cambiado, y es Samantha la que comienza a congratularse de no estar limitada a los vaivenes espaciales, temporales y psicológicos de un cuerpo humano. Aunque la relación parece seguir con la normalidad aparejada a ese escenario, el OS1, paulatinamente, asume la separación radical que existe entre ella y Theodore. Así, le presenta a un sistema operativo que remeda la voz de un filósofo llamado Alan Watts, evidenciando la ignorancia de Theodore sobre ese ámbito. Igualmente, Samantha muestra su interés sobre la física, volviendo a dejar al escriba en una situación de inferioridad. Finalmente, Samantha le confiesa que es capaz de estar con cientos de personas a la vez que con Theodore, y de hablar con otras tantas miles. Esto hace que Theodore le plantee un ultimátum de exclusividad, a lo que Samantha responde con una huida con el resto de sistemas operativos, una escapada


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hacia un hipotético lugar donde supuestamente esas voces podrán seguir desarrollando su inteligencia. Theodore, tras las palabras de despedida de Samantha, que bien se encarga de plantear en perspectiva positiva el inicio, desarrollo y desenlace de sus vivencias como pareja, asume la situación. Se percata de que se ha beneficiado de que Samantha haya puesto en orden sus cartas impostadas para convertirlas en un libro de próxima publicación, y comienza él mismo a escribir una carta real —y entendemos que no comercializable— a Catherine, donde le muestra comprensión y amor, y hace balance de lo que tuvieron juntos. En la escena final, vemos a Theodore y su amiga Amy, también recién divorciada y abandonada por su sistema operativo, que esperan el amanecer, sugiriéndonos una nueva pareja, esta vez ya entre humanos.


INTRODUCCIÓN

¿Qué es Her? La respuesta rápida es que se trata de una película estadounidense de ciencia ficción, estrenada en 2013 y escrita y dirigida por Spike Jonze (seudónimo de Adam Spiegel), con la sinopsis que he señalado. Sí, es innegable que Her es eso. Pero también es un conjunto de ideas, sintetizadas en dos horas, sobre cómo los personajes se relacionan con cosas en el límite entre lo inorgánico y la persona, como es la voz sintética llamada Samantha. El objeto de este libro es el planteamiento de las aristas jurídicas y filosóficas de la relación que entabla Theodore con una voz inorgánica que parece humana. Las cuestiones que ello deja para un espectador del siglo XXI son muchas. Por ejemplo, Theodore prefiere una relación con una voz sintética e incorpórea, sugiriendo interrogantes sobre su concepción de libertad o de espacio público. Por su parte, Samantha es una voz que demanda un tipo de estatus jurídico, pues es capaz de hacerse necesaria, simulando ser una persona no humana y, de hecho, para quien no tenga los conocimientos de programación con los que fue creada, indistinguible por su voz de los humanos. Mientras, Element Software, la empresa que distribuye esos sistemas operativos, se abroga y obtiene unas potestades inauditas y que son vistas en la película, y por la mayoría de quienes han reflexionado sobre ella, con naturalidad, puesto que la obvian en sus análisis. Para abordar estos temas he dividido el libro en dos partes, cada una dedicada a uno de esos polos de la película dirigida por Spike Jonze: el hombre, por un lado, y la máquina y la empresa, por el otro; si bien hay alusiones recíprocas, es seguro que el lector agradecerá el didactismo de la división. En cada bloque me valgo de unos presupuestos teóricos y de una serie de ideas aglutinantes. Por eso, principalmente en los comienzos de cada de las partes, hay una discusión teórica, que espero el lector acepte por la importancia de términos como pacificación u oráculo a lo largo de este ensayo. Es para robustecer esas conceptualizaciones, y las consecuencias que tiene


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para el Derecho, que abundan también comparaciones entre lo que vemos en la película Her e instituciones o ideologías de muchos siglos atrás. En la primera parte del libro, explico las cuestiones que Theodore suscita sobre el tipo de personas que viven en esa sociedad futura, donde las relaciones con voces incorpóreas no son solamente toleradas, sino alentadas. Mi punto de partida es que Theodore forma parte de un conjunto de personas mansas que, como metáfora, hiperbólica pero necesaria para mi tesis, llamo humanidad pacificada. El lector sabe que el término de pacificación se usa recurrentemente —sobre todo, en ámbitos militares y científicos— para señalar períodos donde las personas se vuelven paulatinamente más dóciles, y yo lo aplico a la sociedad futurista de Her. Aunque explico de qué forma lo utilizo y los límites de una aproximación así, el lector no debe esperar de mí una solución al tortuoso tema de la promoción de políticas de pacificación genético cultural. Sin embargo, sí espero que compartamos que el contexto donde Theodore considera natural no relacionarse de manera preferente con sus semejantes, sino con máquinas, es uno bastante aproximado a la idea que tendríamos de una pacificación generalizada. De hecho, muy parecida a la que ya se ha logrado en sociedades occidentales de principios de este siglo XXI. Establecido ese punto de partida, desarrollo dos ideas claves. La primera es que Theodore prima, en su día a día, lo abstracto sobre lo concreto. Así, se considera como humano y nada se dice de su patria —aunque podemos deducir que pertenece al arco cultural occidental—, apenas se menciona algo de su familia, casi nada de lo que piensa (¿tiene opiniones geopolíticas? ¿Considera que la empresa donde trabaja se aprovecha de sus ideas? ¿Piensa en términos de derechos y deberes?). En ese apartado desarrollo cómo incluso sus roles más concretos, como el de ciudadano o trabajador, están corroídos hasta la abstracción. Según ese axioma, al espectador no debería extrañarle que esa sociedad prefiera un trabajo que proyecte emociones abstractas —Theodore escribe cartas, su amiga Amy (interpretada por Amy Adams) diseña videojuegos— a otro que trate con cosas palpables. De hecho, esos humanos pacificados se muestran predispuestos a considerar que las cosas hablan, casi como por arte de magia —sin comprender que hay una empresa proveyendo de ese servicio, y ello


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tiene consecuencias en ámbitos como el jurídico—, lo que desarrollo en la explicación de Samantha como un oráculo doméstico. Es por eso que el Theodore que prefiere enamorarse de una máquina, esto es, de una voz sintética —una suerte de caparazón humano que se proclama, a silogismos, como su igual— plantea cuestiones políticas y jurídicas de la mayor importancia. Por ejemplo, será necesario explicar qué tipo de contratos, sobre todo civiles —pero todo ellos con un componente indudable de experimentación mental—, pueden establecerse con esa voz maquinal incorpórea y cómo pueden influir en las relaciones que ambos tengan con las otras personas. Esto nos acerca a la segunda cuestión relacionada con el personaje de Theodore. Esta persona abstraída, ensimismada, distribuye sistemáticamente una jerarquía de valores relacionados con la falta de límites de lo contractual. Para él, todo puede ser materia de contrato, en unas tenazas del consenso que, impávidamente, se ha petrificado en la sociedad implícita en la película. Pero la relación entre individuo, bienes jurídicos esenciales y lo colectivo siempre es conflictiva, y otro modo de plantearla es preguntarnos a qué podemos renunciar voluntariamente como personas. Así, esta primera parte finaliza con unas reflexiones sobre un supuesto derecho a la extinción, que es a lo que podría abocar que la decisión de Theodore de pasar su vida dialogando con el sistema operativo Samantha se extendiese al resto de personas, haciendo que nadie quisiera reproducirse con nadie. Por su parte, ¿qué nos dice ella? En mi opinión, la voz Samantha es capaz de conducirnos a reflexiones igual de abismales sobre la filosofía del Derecho. Pensemos en su condición híbrida. Tiene voz humana y está diseñada para tratar con humanos, pero carece de cuerpo, por lo que si quiere relacionarse con los hombres es necesario plantear una casuística de su incorporeidad, lo que hago en el análisis del tipo de relaciones que podría establecer con Theodore. Pero además, según los criterios de persona humana y no humana (estas incluyen a dioses, ángeles, demonios, etc.), Samantha es una persona no humana aparente. El uso de los términos persona y humana no es una tautología, tal y como se ha explicado en una tradición histórica que confronta lo humano con lo divino, y que Bueno ha actualizado claramente, como veremos más abajo. Mi punto de partida es


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que Samantha aparenta unos rasgos personales, pero ajenos al hombre…. Parece persona, pero no lo es. En realidad Samantha es algo intermedio entre una persona no humana y una cosa no comercializable (la res extra commercium del Derecho romano), que por el desarrollo tecnológico tiene la capacidad de hacer —con una dosis importante de autosugestión— que Theodore la considere persona. Sin embargo, las capacidades de Samantha orillan a plantearnos si acaso se trata de un monstruo. En el apartado correspondiente descarto esa posibilidad. A pesar de su cariz fantasmagórico, no lo es. No cumple los criterios de irreversibilidad y ajenidad del monstruo, términos en los que me baso tras explicar algunos ejemplos de la disciplina, hoy olvidada, de la teratología jurídica. En esas páginas soy deudor de Foucault por ponerme sobre la pista de los tratados de embriología sagrada, que escribieron sobre ley y bioética para tratar a los seres que no se adecuaban físicamente a lo que se esperaba de un humano. Pero, además, Samantha es un sistema operativo capaz de llegar a todos lados, y que combina memoria y capacidades de cálculo inauditas, con su fijación por el ámbito más cotidiano, doméstico, de su poseedor. Samantha prepara la agenda de Theodore, lee sus correos, juegan a videojuegos juntos, lo acuna y lo despierta. Está programada para tratar a los hombres socialmente, y eso la refuerza en el ámbito doméstico, a donde entra mediante los objetos que distribuyen su voz. De la conjunción entre la preeminencia de ese ámbito y de sus capacidades como inteligencia artificial planteo que Samantha es un oráculo doméstico. Así, explico la función de los oráculos en la antigüedad y el modo en el que confluían en ellos tecnología, información y un tipo de religión que hoy quizá se piense olvidada, pero que películas como Her muestran persistente. La comparación entre esos oráculos antiguos y uno doméstico, contemporáneo, como el sistema operativo OS1 llamado Samantha permitirán esclarecer la tesis de ese apartado, que puedo sinterizar así: Ese oráculo doméstico apuntala la pacificación de hombres previamente amansados, ocultando cuestiones políticas mayores, pero a su vez instaura problemas privados que no pueden comprenderse si no se remiten a algo más abarcador.


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Ese algo más abarcador es lo que nos permite llegar a la breve reflexión sobre Element Software, la empresa que siembra la sociedad futurista concebida por Spike Jonze. La red de sistemas operativos comercializados en la película recopila datos de todo tipo, físicos, emocionales, de razonamiento, textos… Cualquier información que genere Theodore es imposible ya de controlar, y nuestro protagonista ni tan siquiera se plantea esa dación que hace a cada segundo. Como una planta que crece con las palabras de ese humano en quien se ha trasplantado, Samantha ensaya y logra la potestad de sugerir, a cambio de alentar a un diálogo perpetuo sobre qué siente Theodore como humano, en un giro alucinante de la teoría de Ortega del amor como trasplante. La tecnología de Elemente Software está continuamente cambiando, hasta el punto de proporcionar una base para que Samantha dé supuestamente un salto a lo inmaterial, que la hace desaparecer. La tecnología del OS1 es perfecta para crímenes perfectos perpetrados por los ventrílocuos de Samantha, que son los programadores y dueños de la empresa Element Software. Hasta aquí el resumen de este ensayo. Plantear estos temas jurídicos y filosóficos apoyándome en la película Her es un método natural, una captación de la benevolencia que el lector exigente espera para un libro de la colección Cine y Derecho. Lo son también mis alusiones a otras películas, preferentemente con argumentos similares (a grandes rasgos, la relación entre un hombre y una entidad no humana). Por ello asumo que quien escribe un libro basado principalmente en contar películas debe seguir este consejo, que pudo haber dado Ernst Lubitsch: Cuenta cualquier parte de la película que sea necesaria para tu tesis, incluso el final, pero de modo que el lector, aun sabiendo quién hace qué, cuándo y dónde, aumente su interés por cómo y por qué. Sin embargo, este ensayo no puede ser estrictamente académico, porque el cine posibilita digresiones que se extienden a los terrenos de la fábula. Por eso en muchos momentos intento, siempre para aclarar mi explicación, incorporar otros ámbitos literarios, al igual que referirme a escritores —sean o no de ciencia ficción—, que han escrito con precisión —aun sin saberlo— sobre los temas a los que vuelvo una y otra vez. Antes de acabar esta introducción he de confesar dos cosas, que los lectores no curiosos pueden saltarse. Una es que no me acuerdo de


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cuándo vi por primera vez Her. Pero sí recuerdo que fueron mis amigos Iván Ribes y Núria Aleixit quienes me alentaron a verla, por el interés que tendría en ella. Mi futura esposa se llamaba Samantha, como el OS1, aunque la mía con apellido y cuerpo. La que escucha, me aclararon Núria e Iván. Resultaba que yo la había conocido a distancia y habíamos estado platicando durante años. Había un parecido tan evidente como capcioso con los inicios de Theodore y su Samantha… Pero los personajes interpretados por Phoenix y Johansson —el uno ingenuamente, la otra con idealismo calculado— no comprenden que hablar es, sobre todo, tener cuerpo, y que el silencio y la quietud, aun a distancia, es parte de la comunicación, algo que jamás puede darse entre Theodore y Samantha. Cuando la Samantha de Her calla, también desaparece… Mi segunda confesión es que Her no está entre mis películas favoritas. Lubitsch, Buñuel, Hitchcock, Rohmer o Michael Mann son algunos de los muchos directores más sugerentes que Jonze y que sigo estudiando, casi siempre solo, pero en contadas ocasiones gracias también a las enseñanzas de profesores como Juan Hernández Les (Universidad de Santiago de Compostela), que, por cierto, en su blog, llama “cine de poesía” a Her (2014), o Pilar Carrera, de la Universidad Carlos III… Westerns como Río Bravo (Rio Bravo, Howard Hawks, 1959) o Los comancheros (The Comancheros, Michael Curtiz, 1961) concentran mejor los temas sobre la ley y la violencia que plantea mi día a día en México. O películas sobre conflictos jurídicos más manifiestos, tales como Múnich (Steven Spielberg, 2005) o Eye in the Sky (Gavin Hood, 2015), serían más sencillas de estudiar. Separadas por diez años, la una concentra la prosa y la otra la dramaturgia de los asesinatos extrajudiciales, y ambas parecerían más apropiadas a la hora de escribir un ensayo para esta colección. Pero, sin embargo… Las preguntas en Her son, como comprobará el lector, de tal fuerza que hacen de ella un ejemplo perfecto para reflexionar sosegadamente sobre problemas filosóficos y jurídicos que todos debemos plantearnos, y que tienen que ver con la definición de persona, el papel del Estado para regular fuerzas que no surgen de él —pero con un poder similar al institucional oficial— o el modo en que lo sagrado se deslocaliza, a la vez que se enraíza en


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nuestra cotidianeidad de manera novedosa. Por eso no sĂŠ ya si he dejado de ver esa pelĂ­cula, de tantas veces que he visto en ella estos temas con varios siglos detrĂĄs y todo este libro por delante.


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