ACTUALIDAD DEL PENSAMIENTO DE MAX WEBER A CIEN AÑOS DE SU FALLECIMIENTO
COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT LO BLANCH MARÍA JOSÉ AÑÓN ROIG
Catedrática de Filosofía del Derecho de la Universidad de Valencia
ANA CAÑIZARES LASO
Catedrática de Derecho Civil de la Universidad de Málaga
JORGE A. CERDIO HERRÁN
Catedrático de Teoría y Filosofía de Derecho. Instituto Tecnológico Autónomo de México
JOSÉ RAMÓN COSSÍO DÍAZ
Ministro en retiro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y miembro de El Colegio Nacional
JAVIER DE LUCAS MARTÍN
Catedrático de Filosofía del Derecho y Filosofía Política de la Universidad de Valencia
VÍCTOR MORENO CATENA
Catedrático de Derecho Procesal de la Universidad Carlos III de Madrid
FRANCISCO MUÑOZ CONDE
Catedrático de Derecho Penal de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla
ANGELIKA NUSSBERGER
Catedrática de Derecho Constitucional e Internacional en la Universidad de Colonia (Alemania). Miembro de la Comisión de Venecia
EDUARDO FERRER MAC-GREGOR POISOT
HÉCTOR OLASOLO ALONSO
OWEN FISS
LUCIANO PAREJO ALFONSO
Juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM Catedrático emérito de Teoría del Derecho de la Universidad de Yale (EEUU)
JOSÉ ANTONIO GARCÍA-CRUCES GONZÁLEZ
Catedrático de Derecho Mercantil de la UNED
LUIS LÓPEZ GUERRA
Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Carlos III de Madrid
ÁNGEL M. LÓPEZ Y LÓPEZ
Catedrático de Derecho Civil de la Universidad de Sevilla
MARTA LORENTE SARIÑENA
Catedrática de Historia del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid
Catedrático de Derecho Internacional de la Universidad del Rosario (Colombia) y Presidente del Instituto Ibero-Americano de La Haya (Holanda) Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Carlos III de Madrid
TOMÁS SALA FRANCO
Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad de Valencia
IGNACIO SANCHO GARGALLO
Magistrado de la Sala Primera (Civil) del Tribunal Supremo de España
TOMÁS S. VIVES ANTÓN
Catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Valencia
RUTH ZIMMERLING
Catedrática de Ciencia Política de la Universidad de Mainz (Alemania)
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ACTUALIDAD DEL PENSAMIENTO DE MAX WEBER A CIEN AÑOS DE SU FALLECIMIENTO
JAVIER HURTADO Coordinador
tirant lo blanch Ciudad de México, 2021
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© Javier Hurtado
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ÍNDICE PRESENTACIÓN..................................................................................................... 9 JAVIER HURTADO
PRIMER APARTADO. TRABAJOS PRESENTADOS EN EL SEMINARIO “ACTUALIDAD DEL PENSAMIENTO DE MAX WEBER A 100 AÑOS DE SU FALLECIMIENTO” MAX WEBER: RACIONALIDAD, DOMINACIÓN Y RESPONSABILIDAD EN EL MUNDO MODERNO........................................................................................ 17 HÉCTOR RAÚL SOLÍS GADEA
LA TEMÁTICA CENTRAL DE LA OBRA DE MAX WEBER: DE LA PARADOJA DE LA RACIONALIZACIÓN AL DESENCANTAMIENTO DE UN MUNDO CRECIENTEMENTE TECNOLOGIZADO, INSTRUMENTAL Y BUROCRÁTICO. 35 FRANCISCO GIL VILLEGAS M.
EN TORNO A MAX WEBER, A LOS CIEN AÑOS DE SU FALLECIMIENTO (1864-1920).............................................................................................................. 63 JACQUES LAFAYE
LA EFECTIVIDAD DEL GOBIERNO DEMOCRÁTICO: CONSIDERACIONES DESDE WEBER........................................................................................................ 69 LUIS F. AGUILAR
SOCIOLOGÍA DEL DERECHO DE MAX WEBER: DESAFÍOS Y PARADOJAS QUE LE PLANTEA EL MUNDO CONTEMPORÁNEO......................................... 85 JAVIER HURTADO
MAX WEBER Y LA TEORÍA POLÍTICA: PATRIMONIALISMO, RACIONALIDAD Y CARISMA.................................................................................................... 105 GINA ZABLUDOVSKY KUPER
MAX WEBER Y LAS ADMINISTRACIONES PÚBLICAS CONTEMPORÁNEAS: UNA RESPUESTA AL PATRIMONIALISMO Y AL MERCADO............................. 125 FREDDY MARIÑEZ NAVARRO
MAX WEBER: EL PATRIMONIALISMO EN NUESTRAS SOCIEDADES.............. 151 JOSÉ FERNÁNDEZ SANTILLÁN
MAX WEBER, RELIGIÓN Y SOCIEDAD ............................................................... 179 ARTURO DURÁN PADILLA
EL ESTUDIO DE LA RELIGIÓN EN WEBER ........................................................ 199 IGNACIO MEDINA NÚÑEZ
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Índice
SEGUNDO APARTADO. CON MOTIVO DE LA PRESENTACIÓN DE ECONOMÍA Y SOCIEDAD, NUEVA EDICIÓN REVISADA, COMENTADA Y ANOTADA POR FRANCISCO GIL VILLEGAS M. PRESENTACIÓN DE LA NUEVA TERCERA EDICIÓN DEL FCE DE ECONOMÍA Y SOCIEDAD, DE MAX WEBER, ELABORADA POR FRANCISCO GIL VILLEGAS................................................................................................................ 225 LUIS F. AGUILAR
ECONOMÍA Y SOCIEDAD. EL TEXTO ENTRE EL AUTOR Y EL EDITOR......... 231 LAURA ANGÉLICA MOYA LÓPEZ
MAX WEBER: ¿SU ECONOMÍA Y SOCIEDAD?.................................................... 237 JOSÉ LUIS REYNA
A PROPÓSITO DE ECONOMÍA Y SOCIEDAD, DE MAX WEBER, FCE, 2014, NUEVA EDICIÓN CRÍTICA, REVISADA, COMENTADA Y ANOTADA POR FRANCISCO GIL VILLEGAS M.................................................................................. 245 GINA ZABLUDOVSKY KUPER
PRESENTACIÓN JAVIER HURTADO El Colegio de Jalisco
El centenario luctuoso de Maximilian Karl Emil Weber (21 de abril de 186414 de junio de 1920), coloquialmente conocido como Max Weber, no puede pasar inadvertido para los estudiosos o interesados en las ciencias sociales. Gracias a la envergadura intelectual y la revolución que significaron sus estudios, en particular campo de la sociología, lo han encumbrado como uno de los más grandes pensadores del siglo XX.1 No es ignorado que sus reflexiones fueron multidisciplinares y abarcan el derecho, la historia, la ciencia política, la filosofía, la economía y, por supuesto, su vasta obra sociológica. Por eso, a cien años de su fallecimiento, no solo es oportuno discutir la continuidad y validez de su pensamiento, sino hasta necesario, por la enorme complejidad que resulta entender nuestro mundo cada vez más ‘desencantado’ y ‘burocratizado’. En El Colegio de Jalisco decidimos no pasar por alto tan importante acontecimiento, y durante los días 23, 24 y 25 de septiembre de 2020, se llevó a cabo el Seminario Internacional “Actualidad del pensamiento de Max Weber a 100 años de su fallecimiento”, que contó con la participación —mediante conferencias magistrales— de tres de los más importantes estudiosos e intérpretes de su obra en Iberoamérica: los doctores Luis F. Aguilar Villanueva, Francisco Gil Villegas M. y Gina Zabludovsky Kuper. Estas conferencias magistrales se vieron complementadas con mesas redondas vespertinas en las que académicos de la propia institución convocante, como de otros centros académicos, disertaron
Al respecto, Gil Villegas en su “Introducción” a Economía y sociedad, en su tercera edición en español, refiere que: Uno de los objetivos del Congreso Mundial de Sociología, celebrado en 1997 en Montreal, Canadá, fue realizar un balance crítico del legado sociológico del siglo XX. En el contexto de este propósito, el Comité del Programa del Congreso de la International Sociological Association (ISA) llevó a cabo una amplia encuesta de opinión entre 1997 y 1998 para identificar los diez libros del siglo XX de mayor influencia para el campo de la sociología. Y los cuatro libros que recibieron la mayor votación entre sociólogos y no sociólogos de más de 30 países se encuentran publicados, en traducción al español, en el catálogo de la Sección de Obras de Sociología del Fondo de Cultura Económica. En efecto, los primeros cuatro libros de mayor influencia de la encuesta de la ISA fueron: 1. Economía y sociedad de Max Weber; 2. La imaginación sociológica de C. Wright Mills; 3. Teoría y estructura sociales de Robert K. Merton, y 4. La ética protestante y el espíritu del capitalismo de Max Weber. Francisco Gil Villegas, “Introducción. La polémica sobre el lugar que ocupa Economía y sociedad en la obra global de Max Weber y la manera en que debería ser editada” y “Notas”, en Economía y sociedad, Max Weber (Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica), 8.
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acerca de los siguientes temas: “Racionalidad y dominación en el mundo moderno”, “Patrimonialismo en las sociedades contemporáneas” y “La sociología de las religiones”. Precisamente y en buena medida, los trabajos incluidos en la obra que el lector tiene en sus manos, son producto de las participaciones —ya revisadas y preparadas especialmente para esta edición— que los conferencistas magistrales y los participantes en las mesas de trabajo tuvimos a bien presentar a lo largo del seminario. No obstante, gracias a los buenos oficios del Dr. Francisco Gil Villegas, se incluyen cuatro textos adicionales de la autoría de los doctores Luis F. Aguilar, Laura Angélica Moya López, José Luis Reyna y Gina Zabludovsky, con motivo de la presentación de Economía y sociedad, nueva edición revisada, comentada y anotada por él mismo, publicada por el Fondo de Cultura Económica en 2014. Por lo anterior, para una mejor organización, el presente texto se divide en dos grandes apartados: en el primero se incluyen diez colaboraciones producto del seminario comentado; el segundo contiene los escritos con motivo de la presentación de la tercera edición en español, de la primera en alemán, de la que por mucho es la obra más conocida del sociólogo alemán: Economía y sociedad. Héctor Raúl Solís Gadea, nos recuerda el papel que Weber atribuía a la ciencia social en una Alemania preocupada por tener un desarrollo económico más potente, con un régimen político insuficientemente moderno y democrático, y con una clase política no a la altura de los desafíos de la época. En este sentido la comprensión del sentido de la acción social, adquiere relevancia en una visión que nada tiene que ver con determinismos o leyes del desarrollo histórico, sin soslayar la importancia de la función del Estado y calificación política de las clases dominantes. Bajo esta reflexión el autor nos recuerda la importancia de los conceptos de política, poder, dominación, legitimidad y democracia, sumamente válidos para el análisis del mundo contemporáneo. En el Apartado segundo, con la agudeza y erudición que le caracteriza, Francisco Gil Villegas presenta una importante serie de reflexiones en torno a las diferentes interpretaciones sobre la temática central en la obra de Max Weber. Naturalmente, esto lo conduce a discutir los diferentes tipos y formas de racionalidad, así como sus derivados (racionalización y racionalismo) en la sociología weberiana; a analizar la afamada tesis del ‘desencantamiento del mundo’ —o, como bien le llama, ‘desmagificación’—; a escudriñar la reinterpretación de la obra de Weber hecha por Wilhelm Hennis; y a desmitificar la traducción que en el siglo pasado haría Talcott Parsons de The Iron Cage o ‘jaula de hierro’. Por su parte, Jacques Lafaye, con su implacable prosa de historiador, escudriña sobre la continuidad y permanencia del pensamiento weberiano a cien años de su fallecimiento, desde la circunstancia, contexto y lugar del pensador alemán, y en oposición a los otros dos integrantes de lo que José Luis Leza-
Presentación
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ma denominó “la tríada divina”: Karl Marx y Émile Durkheim, además de Weber.2 Empero, Lafaye hace notar con severa honestidad lo que no pocos han señalado: la fracasada vocación de líder político de Max Weber; con todo, hace evidente su reconocimiento de la vitalidad del pensamiento del sociólogo prusiano. A su vez, Luis F. Aguilar, preocupado por la eficacia de los gobiernos democráticos contemporáneos, coloca en el centro de su texto el concepto de efectividad visto desde los aportes de Max Weber, para quien fue de la mayor importancia su racionalidad directiva, esto es, sus resultados. Para tales efectos, su trabajo se divide en tres apartados: 1) el Estado y el gobierno, centrado en la discusión que se dio en la Alemania de la posguerra (1918-1919), sobre la forma de gobierno a plasmar en su nueva Constitución política; 2) los conceptos de gobierno y política, según el bagaje y pensamiento del sociólogo prusiano; y, 3) el entendimiento de Max Weber de la efectividad de los gobiernos democráticos, que inmanentemente conllevan a Aguilar Villanueva a analizar la propuesta weberiana de la ‘democracia plebiscitaria del líder’. En cuanto al texto elaborado por quien esto suscribe, intitulado “Sociología del derecho de Max Weber: desafíos y paradojas que le plantea el mundo contemporáneo”, a partir de un análisis de los conceptos racionalidad, acción social y dominación, así como sobre la evolución del derecho, sus características en el mundo moderno y sus tipos, conforme con la sociología weberiana, trata de evidenciar lo que a mi ver pueden considerarse paradojas o problemas que devienen del desarrollo del derecho formal frente al derecho material en las sociedades de nuestro tiempo, y que representan un reto de la mayor importancia ya que van en contra de los rasgos definitorios del primero, como son la universalidad, lo abstracto y su carácter impersonal. Enseguida, Gina Zabludovsky Kuper, a lo largo de los cinco apartados que conforman su texto, explica el contexto y circunstancia histórica del sociólogo prusiano, que en mucha medida permiten entender las inquietudes intelectuales que hoy valoramos por sus aportes significativos y que, en palabras de Zabludovsky Kuper hacen a Weber “un clásico por excelencia”. Entre esas grandes contribuciones del pensamiento weberiano, nuestra autora destaca el papel que el investigador social debe adoptar frente su campo de estudio sin caer en determinismos o en definir ‘leyes’ monocausales; la convicción y la responsabilidad que deben existir en la labor política; las diferencias sustantivas entre poder y dominación; los ‘tipos ideales’ de la dominación; así como el patrimonialismo en América Latina y cómo este se considera rasgo distintivo de esta región del
Véase José Luis Lezama, La naturaleza ante la tríada divida: Marx, Durkheim y Weber (Ciudad de México: El Colegio de México, 2019).
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continente por sus prácticas discrecionales, caudillistas, clientelares, paternalistas e incluso corporativistas. En tanto, Freddy Mariñez Navarro, realiza en su texto una serie de consideraciones en torno a la rendición de cuentas en los gobiernos democráticos, para lo cual coloca en el centro de su análisis el concepto weberiano de ‘dominación legal’ afianzado en dos tipos de cuadros administrativos: el burocrático y el patrimonialista. A partir de lo anterior, nuestro autor presenta una serie de reflexiones sobre los cambios en el paradigma burocrático bajo el modelo de la Nueva Gestión Pública (NGP), identificando así lo que considera como ‘ataques a la administración pública ortodoxa’. Concluye con la propuesta de un modelo renovado de organización cerrada burocrática, en lo que denomina como la post Nueva Gestión Pública, como alternativa a la NGP. José Fernández Santillán analiza desde la sociología weberiana los diferentes tipos de dominación, entre los cuales ubica al patrimonialismo como parte de la ‘dominación tradicional’, cuya característica es la ausencia de cuadro administrativo y la administración de los bienes públicos como bienes privados. En este orden de ideas, explica los importantes cambios que tuvieron lugar en el surgimiento del Estado moderno, caracterizado por ser un sistema legalracional. Con el propósito de circunstanciar al lector sobre los arquetipos del patrimonialismo, Fernández Santillán ejemplifica con toda nitidez lo sucedido en América a partir de la Conquista y hasta el siglo XX, cuyo proceso culmina con las recientes transiciones a la democracia. Para continuar con esta lógica, explica la relación entre populismo y patrimonialismo, y cómo en el siglo XXI, ha devenido en una nueva forma de patrimonialismo a través de lo que denomina ‘neopopulismo’. Arturo Durán Padilla, por su parte, lleva a cabo un profundo análisis de la sociología de las religiones en Max Weber, a partir de reconocer tres circunstancias que a su ver dificultan su interpretación: 1) amplitud y complejidad; 2) el desconocimiento de la sociología comprensiva; y, 3) la ausencia de ediciones definitivas en torno a su obra. Posteriormente, pone especial énfasis en la importancia del estudio de las religiones en el pensamiento weberiano, con especial atención en los intereses que motivaron a su autor. Para continuar, Durán Padilla realiza una serie de consideraciones metodológicas en torno al ascetismo protestante. Concluye con una serie de tipologías sobre la renuncia religiosa al mundo en Oriente y Occidente contrastando sus diferencias, al tiempo que hace visible la relevancia que esta tiene en las sociedades contemporáneas, particularmente desde el ascetismo protestante. Finalmente, Ignacio Medina Núñez observa a detalle la importancia de la religión desde la Antigüedad hasta nuestros días, particularmente en Occidente, lo cual es fundamento y razón para que Max Weber —a diferencia de una visión determinista de la historia como lo hizo Marx— se ocupe, en palabras
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Presentación
de Medina Núñez, “en el poder transformador de las religiones y su influencia en el desarrollo de los modelos económicos”. A partir de tales consideraciones, nuestro autor realiza un importante esbozo sobre el contexto y la circunstancia histórica de Weber, al tiempo que describe cómo la religión se convirtió en una de las temáticas centrales del pensamiento weberiano, cuyo eje central de estudio fue el protestantismo y su influencia en la economía capitalista. Como ya se dijo, el apartado segundo incluye cuatro textos adicionales de la autoría de los doctores Luis F. Aguilar, Laura Angélica Moya López, José Luis Reyna y Gina Zabludovsky, con motivo de la presentación de Economía y sociedad, nueva edición revisada, comentada y anotada por Francisco Gil Villegas y publicada por el Fondo de Cultura Económica en 2014. Los cuales no merecen mayor presentación, ya que no hay mejor evidencia de la calidad y pertinencia de sus reflexiones, que el reconocimiento público del que gozan sus autores. Consideraciones que bien podrán auxiliar a las y los lectores, a leer y/o releer Economía y sociedad con ‘otros ojos’, al tomar en cuenta las apreciaciones y razonamientos contenidos en el presente libro. En fin, quienes colaboramos en esta obra esperamos que las reflexiones y consideraciones vertidas en ella, puedan contribuir en el análisis e importancia que se da al pensamiento weberiano para analizar los grandes problemas de nuestro tiempo. El cual, sin duda, mantiene su pertinencia y vigencia como vehículo teórico-metodológico para pensar y repensar las complejidades del mundo contemporáneo. Ojalá que este texto logre tales propósitos.
BIBLIOGRAFÍA Gil Villegas, Francisco. “Introducción. La polémica sobre el lugar que ocupa Economía y sociedad en la obra global de Max Weber y la manera en que debería ser editada” y “Notas”. En Economía y sociedad, Max Weber, 8-128. Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica, 2014. Lezama, José Luis. La naturaleza ante la tríada divida: Marx, Durkheim y Weber. Ciudad de México: El Colegio de México, 2019.
PRIMER APARTADO.
TRABAJOS PRESENTADOS EN EL SEMINARIO “ACTUALIDAD DEL PENSAMIENTO DE MAX WEBER A 100 AÑOS DE SU FALLECIMIENTO”
MAX WEBER: RACIONALIDAD, DOMINACIÓN Y RESPONSABILIDAD EN EL MUNDO MODERNO HÉCTOR RAÚL SOLÍS GADEA Siempre resulta oportuno recordar a Max Weber, pero más en nuestros días. Y no sólo porque estamos conmemorando cien años de su fallecimiento, sino por las crecientes dificultades que enfrentamos a medida que el siglo XXI muestra con mayor claridad algunas tendencias atroces que lo definen. Aunque Weber se distinguió por el rigor científico de su trabajo, fue un intelectual comprometido con su tiempo. Como pocos, intentó dilucidar los problemas políticos y morales de la sociedad alemana y la civilización europea. Sus investigaciones histórico-sociológicas y sus reflexiones sobre la acción política y las posibilidades de la ciencia tienen un alcance universal: siguen siendo una fuente de ideas, categorías y visiones para ser exploradas. Muchos problemas que Weber identificó continúan presentes o han adquirido rasgos más definidos en el mundo contemporáneo. Es el caso de las amenazas a la libertad que provienen del control técnico de los comportamientos y las preferencias de las personas. Ahí están los efectos del big data, el branding y la mercadotecnia. Otro problema son las reacciones de irracionalidad política –léase fundamentalismos, populismos e intentos de restauración autoritaria– frente al desencanto provocado por la irradiación global del ethos capitalista, lo que ha socavado la eficacia pública y la legitimidad de las instituciones democráticas. Los ejemplos podrían multiplicarse. La consecuencia de todo ello es que, en los últimos años, se han intensificado las tensiones entre los polos conceptuales –y existenciales– con los que Weber captó la significación de nuestros desafíos: leyes de la naturaleza y particularidades de la historia, razón y voluntad, juicios de hecho y juicios de valor, racionalidad técnica-instrumental y racionalidad con arreglo a valores, ciencia y política, poder y libertad. Por eso, hoy, leer y comentar a Weber con cuidado y rigor crítico tiene mucho sentido; sobre todo, tiene un sentido pedagógico. No debemos considerarlo como un modelo a imitar y mucho menos como una ortodoxia a defender, sino como alguien cuya manera de encarar los compromisos vitales e intelectuales de la época puede inspirarnos para pensar por cuenta propia y enfrentar con responsabilidad nuestro destino individual y colectivo. Uno de los aspectos que mencionó el profesor Francisco Gil Villegas en su conferencia de esta mañana, me llamó particularmente la atención. Refiriéndose a un punto subrayado por el estudioso de Weber, Wilhelm Hennis, señaló que
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Héctor Raúl Solís Gadea
el propósito central de la obra de Weber es determinar qué tipo de ser humano tendría que surgir, o cómo tendríamos que ser, para afrontar con entereza la vida contemporánea. Esto me lleva a considerar que las realizaciones intelectuales de Weber no son sólo un edificio conceptual pensado para ser estudiado por los científicos de la sociedad: también consisten en ejercicios reflexivos útiles para cualquier ser humano. En última instancia, la ciencia social y las humanidades tienen una implicación ética que deberíamos tener más presente: nos ayudan a asumir posicionamientos ante el mundo más conscientes y coherentes. Lo anterior es crucial si queremos preservar la modernidad como proyecto y como horizonte histórico. Viene a mi mente el profesor norteamericano Steven B. Smith quien, en un libro llamado Modernity and its discontents, defiende el modo de vida burgués considerado como un componente clave de la modernidad. A primera vista, a muchas personas esto podría parecerles escandaloso, pero Smith no identifica al burgués con el poseedor de los medios de producción y la encarnación del egoísmo, el utilitarismo y el afán de enriquecimiento mediante la obtención de ventajas sobre los demás. Más bien, Smith ve en el espíritu burgués un compromiso con la responsabilidad, la autonomía y la tolerancia, y con la disposición a conversar racionalmente para asumir posiciones inteligentes. Son valores propios de la modernidad que están a disposición de cualquiera que posea una educación liberal en el pleno sentido de la palabra. Mi propio punto de partida –dice Smith– comienza con la modernidad como el nicho de un tipo único de ser humano, uno totalmente desconocido para los mundos antiguo y medieval que yo quiero llamar el burgués… Yo no uso este término en el sentido marxista de los propietarios de “los medios de producción”, sino para referirme a miembros de la clase media urbana que comenzaron a pensarse a sí mismos como constituyendo una cultura distintiva con un distintivo modo de vida y conjunto de características morales. Entre los rasgos que caracterizan el modo de vida burgués están el deseo de autonomía y autodeterminación, la aspiración a vivir con independencia de los dictados del hábito, la costumbre y la tradición, el aceptar las instituciones y las prácticas morales sólo si pasan el rasero del propio intelecto crítico, y el asumir la responsabilidad última con respecto a la vida y las acciones propias1.
No exagero al decir que Weber vivió de una manera afín al planteamiento de Smith: buscando asumir con dignidad y libertad las responsabilidades del momento, tal y como se derivan de sus propios valores personales y de la consideración de los riesgos que veía para su país y la civilización occidental. Su punto de apoyo permanente fue un compromiso con la racionalidad científica sin concesiones. Wolfgang Mommsen escribió una vez que “Weber consideraba que el sentido de la ciencia consistía en colocar al individuo en una situación tal que pudiera dar cuenta racional de las razones últimas de sus acciones. Su
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Steven B. Smith, “Modernity and its discontents: Making and Unmaking the Bourgeois from Machiavelli to Bellow”, 9-10.
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propia obra política, sociológica e historiográfica responde, con notable coherencia, a esta actitud fundamental”2.
1 Interpretaciones inexactas han provocado que muchas veces se piense que Weber era un profesor insensible, únicamente interesado en la neutralidad valorativa, y tan ocupado en desarrollar una ciencia analítica y rigurosa que deja al mundo como está, de manera que no se involucra en su suerte ni en las posibilidades de su transformación. Tal afirmación es incorrecta. Weber tenía clara consciencia de la importancia histórica y política del saber científico. En cierto modo, trata de encontrar un punto en el que la razón que examina y explica, y la voluntad que desea y decide, se encuentren hasta donde sea posible sin perder los atributos que definen a cada una. Weber se identificaba como miembro de la burguesía y con los intereses del estado alemán, aunque ello no le impedía simpatizar con las políticas de atención a la cuestión social y de ampliación de derechos para la clase obrera. Criticaba a la aristocracia prusiana junker por su control asfixiante de la burocracia estatal, su presencia en los altos mandos del ejército y su poca disposición para democratizar la política y modernizar las relaciones de producción, sobre todo en el este de Alemania en donde muchos campesinos comenzaron migrar buscando condiciones de mayor libertad económica. Weber apoyaba el desarrollo de un capitalismo industrial eficiente y la maduración de las instituciones democráticas, particularmente el parlamento y los partidos, para poner límites al Káiser y el canciller, y hacer madurar una clase de políticos con causa, responsables y carismáticos. Criticaba al Partido Liberal por su incapacidad para asumir el poder y por haber transigido con el canciller Bismarck. Miembro de la aristocracia junker y practicante de una política pragmática, Bismarck garantizó el despegue industrial alemán y fue el artífice de la unidad política del Estado imperial. Asumió un control férreo del gobierno e hizo inoperantes las instituciones democráticas liberales; nulificó el radicalismo de la clase obrera –dando certidumbre al Partido Liberal– al obtener del Partido Socialdemócrata lealtad política y condiciones para aprobar leyes anti socialistas a cambio de legislación social favorable a los asalariados. Este esquema de relaciones políticas y sociales favoreció la modernización de Alemania, pero al precio de una suerte de incongruencia histórica: transitar hacia
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Wolfgang Mommsen, Max Weber: Sociedad política e historia (Buenos Aires: Editorial Alfa, 1981), 7.
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una economía industrial capitalista muy potente, combinada con un régimen político insuficientemente moderno y democrático. Weber consagró gran parte de su actividad intelectual-pública a tratar de subsanar las carencias en el desarrollo institucional y político de la sociedad alemana, así como la ausencia de un liderazgo nacional que fuese capaz de hacer justicia al destino histórico que, desde su punto de vista, le tocaba cumplir a su país en el concierto mundial. Para definir sus posicionamientos políticos, Weber echaba mano de los resultados de sus análisis científicos, pero procuraba dejar claro cuándo hablaba el sabio y cuándo lo hacía el hombre interesado en la política. Buscaba respetar la dignidad de ambas profesiones. Desde la óptica de Weber, la ciencia no tiene como vocación promover el cambio político e histórico de acuerdo con valores ideológicos fundamentados en una supuesta justificación científica. Esto es imposible desde el punto de vista de la lógica del conocimiento; intentarlo implica desnaturalizar a la ciencia. Hay muchos valores y visiones del mundo, y no pueden ser deducidos del avance en el saber empírico. Además, suelen estar en disputa: no es posible decidir racionalmente cuál es mejor desde un punto de vista absoluto; en otras palabras, nadie nos puede aconsejar sobre una base firme, al margen de presupuestos ideológicos o valorativos, a cuál dios o demonio tenemos que obedecer. La decisión que tomemos siempre conlleva una incertidumbre inevitable que ninguna ciencia puede prever o calcular de manera exhaustiva. El mundo es complejo y múltiple en sus determinaciones. Más aún, es imprevisible: se estructura con causas y consecuencias que son prácticamente infinitas, lo que incrementa la posibilidad de error al elegir un determinado curso de acción. Por si fuera poco, lo que se gana realizando un propósito se pierde con respecto a otro que dejamos de alcanzar. Las soluciones de hoy se convierten en los problemas de mañana. Por consiguiente, la tarea de orientar la acción social le corresponde a la imaginación política, a la sensibilidad ética y, sobre todo, al ejercicio de la voluntad que toma decisiones asumiendo los riesgos que ello entraña. Sin embargo, de Weber no se sigue una caída fatal en el irracionalismo o en una lógica del todo vale; tampoco se sigue un imperio de los medios técnicos que se vuelven fines en sí mismos. Nuestras elecciones no tienen por qué hacerse sin tomar en cuenta los hallazgos de la ciencia y el ejercicio de la razón; ésta nos ayuda a conocer el terreno en el que se despliega la acción humana, su contexto y sus efectos posibles, aunque las cosas no resultan sencillas y es necesario considerar que el conocimiento tiene límites. La ciencia no puede ser el preceptor que determine lo que debemos hacer so pena de traicionar la misión que le corresponde: la comprensión y explicación intelectual de la realidad social e histórica, para conocer cómo y en virtud de qué conexiones causales suceden los hechos que nos interesan y determinar
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cuál es su significado cultural, es decir, su sentido en relación con el marco valorativo en el que ocurren. No obstante, hay algo más que la ciencia puede hacer para darle a la razón un papel en el teatro de la acción humana-social: puede examinar los valores en los que creemos para establecer de qué manera suelen o podrían chocar entre sí, dilucidar qué medios son más eficaces para alcanzar las metas que se derivan de aquellos, y determinar las consecuencias provocadas –indeseadas o no– con la persecución de los fines que nos proponemos. La ciencia también nos ayuda a saber si somos contradictorios con respecto a la forma en que intentamos defender, en la práctica, un valor determinado y si nuestros argumentos contravienen las implicaciones lógicas de nuestra visión del mundo. Con todo y sus limitaciones, la ciencia reduce nuestra incertidumbre, amplía nuestro control técnico del mundo y nos permite ser más coherentes con nuestras creencias, a pesar de que jamás podrá dar certeza absoluta a nuestras decisiones y fundamento inconmovible al sentido de nuestra voluntad. La ciencia no sustenta cosmovisiones éticas, pero su ejercicio tiene consecuencias valorativas y morales porque es una especie de tábano socrático que nos incomoda: pone el acento en encontrar inconsistencias en las relaciones entre medios y fines, entre las acciones y sus consecuencias, y entre el contenido de nuestras visiones del mundo y los hechos concretos de la vida (dentro de los que se incluye a nuestro propio comportamiento), los cuales, muchas veces, suelen ser desagradables, es decir, no compatibles con nuestras profecías, ideologías o cosmovisiones. Al posibilitarnos todo esto, la ciencia favorece que miremos críticamente los valores a elegir y que seleccionemos de entre ellos, en determinada coyuntura histórica, el más adecuado o el que presenta menos inconvenientes. Otra posibilidad que nos ofrece es ayudarnos a encontrar puntos de compromiso entre distintos valores o posibilidades de acción. Por ello, la ciencia consiste en una tarea crítica cuyos hallazgos y conclusiones tienen consecuencias pertinentes para nuestra vida práctica. En todo esto descansa la posibilidad de una acción humana en sociedad que, aunque jamás puede aspirar a poseer una fundamentación absoluta, sí puede pretender ser racional dentro de ciertos límites: los que se derivan de la incertidumbre constitutiva del mundo y las dificultades que tenemos para mirar críticamente nuestros valores y deseos poniéndolos ante la prueba de lo que ocurre cuando se intenta que graviten en la realidad. Si estamos dispuestos a examinar nuestros presupuestos normativos y a considerar serenamente sus consecuencias en la experiencia, podemos aspirar a una toma de postura frente al mundo que sea a la vez comprometida con nuestras creencias y que nos lleve a rectificar nuestros cursos de acción cuando sea necesario.