HISTORIA ACTUAL DE AMÉRICA LATINA, 1959-2009
JOAN DEL ALCÀZAR (ED.) WALDO ANSALDI GERARDO CAETANO LEONARDO CURZIO SILVIA DUTRÉNIT SERGIO LÓPEZ RIVERO
Valencia, 2011
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Director de la colección JOAN ROMERO GONZÁLEZ Catedrático de Geografía Humana Universitat de València
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Índice
INTRODUCCIÓN ..............................................................................................................
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1. AMÉRICA LATINA VISTA DESDE WASHINGTON (1959-2009)............................
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LEONARDO CURZIO Centro de Investigaciones sobre América del Norte, Universidad Nacional Autónoma de México
2. FUEGO CRUZADO. GUERRILLAS, DICTADURAS MILITARES Y VIOLACIONES MASIVAS DE LOS DERECHOS HUMANOS EN ÉPOCA DE GUERRA FRÍA ...... JOAN DEL ALCÀZAR Y SERGIO LÓPEZ RIVERO Universitat de València
3. NOS FUIMOS DE CASA, NOS FUERON DE CASA: LA REALIDAD DE LA MIGRACIÓN ..................................................................................................................... SILVIA DUTRÉNIT BIELOUS Instituto de Investigaciones Dr. José Luis Mora, México EVELYN MEJÍA CARRASCO Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México.
4. LOS EXILIOS: UNA IMPRONTA REGIONAL .......................................................... SILVIA DUTRÉNIT BIELOUS Instituto de Investigaciones Dr. José Luis Mora, México
5. EL VERDE OLIVO EN DESUSO. NUEVOS PROTAGONISTAS Y NUEVOS ESCENARIOS CONTRAHEGEMÓNICOS EN AMÉRICA LATINA ............................
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JOAN DEL ALCÀZAR Y SERGIO LÓPEZ RIVERO Universitat de València.
6. EL NARCOTRÁFICO Y LA DEMOCRACIA EN AMÉRICA LATINA......................
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LEONARDO CURZIO Centro de Investigaciones sobre América del Norte. Universidad Nacional Autónoma de México.
7. DEMOCRACIA Y APARTHEID SOCIAL EN SOCIEDADES FRAGMENTADAS .... WALDO ANSALDI Universidad de Buenos Aires, Argentina
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ÍNDICE
8. ¿DEMOCRACIAS INCIERTAS O DIFERENTES? IMPACTOS DE LA CRISIS MUNDIAL, CAMBIOS EN LA CIUDADANÍA Y NUEVAS FORMAS POLÍTICAS EN AMÉRICA DEL SUR .............................................................................................
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GERARDO CAETANO Universidad de la República, Uruguay
9. EL CAMBIO POLÍTICO Y SUS EFECTOS EN LAS ESTRATEGIAS DE REINSERCIÓN INTERNACIONAL EN AMÉRICA DEL SUR. (1999-2009)............................ GERARDO CAETANO Universidad de la República, Uruguay
BIBLIOGRAFÍA GENERAL .............................................................................................
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Introducción Desde una perspectiva europea, la época cronológica que cabe englobar bajo la denominación que da título a este libro (y podía haber sido otro: historia contemporánea [estricta], al modo que se utiliza en el mundo anglosajón; historia del tiempo presente, tal y como se dice en Francia), queda bastante definida porque arranca tras la finalización de la II Guerra Mundial. La pregunta podría ser: ¿es válida esta compartimentación cronológica para trabajar en el ámbito latinoamericano? La pregunta no tiene una fácil respuesta. Podríamos dar argumentos a favor y en contra. América Latina, obviamente, no está al margen de las grandes fracturas mundiales que acontecen en la que por estas latitudes denominamos época contemporánea (aquella que arranca para los historiadores con la Revolución Francesa); y desde luego no es ajena al punto y aparte que significa la victoria de las democracias occidentales y el comunismo soviético sobre los fascismos italiano y alemán y el imperialismo japonés. Ahora bien, parece que 1945 no deja de ser una referencia cronológica exógena a América Latina. Desde esta posición, la pregunta puede formularse así: ¿podemos encontrar una fecha de mayor ruptura, una fecha que marque un antes y un después de la historia continental; una fecha que enmarque la que llamamos historia actual de América Latina? En nuestra opinión, 1945 no es una buena fecha de inicio, una buena puerta de entrada para la historia actual de América Latina, ya que es una puerta que, querámoslo o no, resulta externa al subcontinente. Es por ello que proponemos considerar otra fecha de inicio, una fecha de mayor significación continental: nos referimos a 1959. Probablemente, la Revolución Cubana, más que cualquier otro proceso político continental, marca el antes y después en la historia latinoamericana. La victoria castrista genera una convulsión que se irradia, con mayor o menor rapidez, a la práctica totalidad de la geografía continental. La izquierda latinoamericana de filiación marxista, filosoviética o no, junto con los populismos que han proliferado por las tierras americanas, aparecen desnudos a los ojos de quienes con asombro contemplan a un grupo de barbudos sin grandes ínfulas teóricas que acaban de derrotar a un aliado fiel del imperialismo norteamericano. La Revolución cubana significó un punto y aparte, un antes y un después como hemos dicho, en la historia del continente americano y, especialmente, en la de las tierras que van del sur de Río Grande hasta la Patagonia. El 1 de enero de 2009 se cumplió medio siglo de aquella victoria épica y de apariencia romántica mediante la que unos fotogénicos barbudos que fumaban sus buenos cigarros habían vencido a uno de los muchos dictadorzuelos propiciados o amparados por el imperio estadounidense. En estos cincuenta años,
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América Latina ha registrado diversos procesos históricos de distinto calado. Si hubiéramos de seguir un hilo vertebrador de esas cinco décadas podríamos utilizar la secuencia revolución-dictadura-democracia. La revolución, esto es la reversión de una estructura continental de injusticia y desigualdad social insoportable para muchos, pareció ser posible a la luz de la experiencia guerrillera cubana. La Doctrina de Seguridad Nacional, que Washington no necesitó imponer a las élites políticas, económicas y financieras de sus vecinos hemisféricos, alimentó las dictaduras institucionales de las fuerzas armadas que acabaron con los deseos transformadores al tiempo que practicaban la violación de los derechos humanos hasta el genocidio. Entre la década de los setenta y la de los ochenta, cuando la democracia se impone como sistema político deseable en el mundo occidental, incluso para la izquierda partidaria, América Latina afronta con más ilusiones que garantías de éxito la recuperación o la instauración, según países, de la institucionalidad democrática. Con el cambio de siglo, diversos factores han aparecido en el escenario continental. De una parte, las nuevas propuestas de dos izquierdas políticas: una de corte clásico e inspiración socialdemócrata, y otra que algunos han dado en llamar democracia revolucionaria mientras que para otros no es sino un neopopulismo. Paralelamente, se ha producido la emergencia de un actor político que había aparecido con protagonismo insospechado en 1994 en la selva chiapaneca, y que ahora lo hace en la América andina: los indígenas. En tercer lugar, la escasa atención de los Estados Unidos hacia sus vecinos del sur, más que evidente a partir del 11 de septiembre de 2001. Finalmente, hay que remarcar una incapacidad digna de estudio de los gobiernos de la región para reducir en términos efectivos la extrema desigualdad, el abismo socioeconómico y cultural, que divide a sus países. Nos proponemos abordar estas cuestiones centrales desde una dimensión histórica que debe permitirnos comprender de forma más efectiva y mejor la realidad actual de aquel enorme territorio que llamamos América Latina. El libro esta dividido en nueve capítulos, y comienza con una panorámica de la región vista desde la que podemos considerar la capital del Continente, desde la sede del gobierno, del gran vecino del norte, como llamara José Martí a los Estados Unidos de América. Patio trasero o zona de influencia restringida, los Estados Unidos han mirado históricamente su hemisferio desde la sentencia de “América para los americanos” del presidente Monroe, en el primer tercio del siglo XIX. Washington, contra lo que muchos creen, no hizo anticomunistas a los militares latinoamericanos tras la II Guerra Mundial, lo eran desde mucho antes. Cuando la Guerra Fría comenzó, los ejércitos mejor preparados del Cono Sur ya habían practicado el anticomunismo activo y violento sin que nadie más allá de sus propias fronteras se lo hubiera pedido. Sí encontraron desde entonces la colaboración de los Estados Unidos, la ayuda, el adiestramiento, la logística y la intendencia para combatir de manera eficaz —con la Guerra Sucia, como ellos mismos la denominaron— al llamado enemigo interior. Pareciera
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que con las transiciones democráticas, en marcha desde los años ochenta del siglo pasado, los norteamericanos perdieron interés por América Latina (quizá con la excepción de Nicaragua). Eso que era una sospecha, se convirtió en certidumbre tras los atentados del 11 de septiembre de 2001. Con la excepción la sempiterna política anticastrista, del Plan Colombia y de las escaramuzas con Hugo Chávez, las dos administraciones de G. W. Bush relegaron a la parte sur del continente al negociado de problemas migratorios y al de problemas con el narcotráfico. La nueva Administración Obama, pareciera, ha abierto una nueva era, pero eso está todavía por confirmar. La experiencia cubana irradió la práctica totalidad de las tierras al sur del río Grande. Todo parecía fácil tras la victoria de los hombres de Castro y el Che. Un grupo de revolucionarios que habían desembarcado en Cuba, comenzaron a moverse como pez en el agua entre los guajiros de la Sierra Maestra y tras apenas tres años de lucha, habían entrado victoriosos en La Habana. Cuba y su revolución se convirtió, para miles de jóvenes latinoamericanos, en un ejemplo a imitar. Con los matices que convendrá destacar, la lucha armada pareció a muchos la vía más rápida para construir el socialismo, un sistema que no se sabía hasta que punto correspondía con el modelo soviético. Pese a la indefinición, se entendía que era un estadio superior al capitalismo. El pueblo podía ser liberado con las armas en la mano, sin que importara demasiado la existencia de los ejércitos nacionales. El error de cálculo fue tremendo. El sueño acabaría en pesadilla. El desafío lanzado por esa izquierda nueva, deslumbrada por el éxito cubano, fue aceptado por los estados nacionales. Las fuerzas armadas, en buena medida adiestradas por los Estados Unidos, supieron adaptarse al reto con rapidez. Y su respuesta fue tan brutal como insospechada. La tesis del enemigo interior, la delimitación imprecisa de los hechos punibles y la imposición clandestina de medidas de sanción prohibidas por la ley, junto a otros principios de parecido tenor abocaron a lo que técnicamente se denomina, desde la ciencia jurídica, Terrorismo de Estado. A la represión brutal, a la persecución del disidente, a la detención ilegal, a la tortura y a la desaparición forzada de personas, entendidas como una forma de acción política de exterminio de quienes no simpatizaban con el nuevo régimen militar, le acompañó una política económica revolucionaria. Los principios del neoliberalismo económico más radical vinieron de la mano de los militares. El aparente milagro económico de los primeros momentos pronto se desvaneció y los costes sociales de la nueva política económica fueron desastrosos. Más allá, no obstante, de los fatales resultados en política económica y social de los regímenes militares que se expandieron por doquier, la Declaración de los Derechos Humanos que la ONU había realizado en 1948 pasó a formar parte de la agenda política internacional tras la asunción violenta del poder por los militares. El Informe Rettig chileno, el Informe Sábato argentino, o el de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico guatemalteca, por poner tres ejem-
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plos señeros, nos permiten conocer hasta dónde, a qué profundidad del horror, fueron capaces de llegar los seres humanos en la represión política. Otro efecto más que relevante de los regímenes militares será la aparición de la figura del exiliado. Nos referimos a los exilios políticos. Desde el exilio cubano post revolucionario, la gusanera de Miami, como la denominó el castrismo oficial; al exilio de quienes huían de la represión de los militares responsables de las dictaduras de Seguridad Nacional. Existe un exilio tradicional que marcha al exterior, al extranjero; y existe un insilio, que mueve grandes contingentes de población en el interior de los países, donde se abandonan, de grado o por fuerza, territorios declarados zonas de guerra. Las dictaduras militares, además, profundizaron la brecha de la desigualdad interna de las repúblicas latinoamericanas. Es un tópico que responde a una cruda realidad el decir que América Latina es el continente de la desigualdad. Podemos encontrar el tercer y el primer mundo dentro de la misma nación, de la misma ciudad, bajo las mismas autoridades y la misma bandera. Se trata de realidades alejadas físicamente por los planes urbanísticos de las grandes urbes, y separadas en niveles de vida y en satisfacción de las necesidades básicas por un abismo dantesco. Recorriendo cualquier gran ciudad latinoamericana encontraremos sus villas miseria, favelas, poblaciones callampas, tugurios, poblados jóvenes, ranchitos; son distintas formas, según cada denominación nacional, de señalar la misma cosa: barrios de viviendas de autoconstrucción (ladrillo, madera, plásticos, cartón), sin servicios básicos (alumbrado, agua potable, desagües, escuelas, atención sanitaria, seguridad), en las que, por ejemplo, las tasas de mortalidad infantil pueden ser tercermundistas. Mientras, en la misma capital, a una distancia que se puede recorrer en un autobús urbano o sencillamente caminando, nos encontramos con zonas que forman parte inequívoca del Occidente más dinámico: una bajísima tasa de mortalidad infantil y todo tipo de servicios y adelantos de las sociedades más avanzadas. En algunas de estas ciudades es frecuente ver las urbanizaciones, los condominios o las colonias, en las que vive la clase alta e, incluso, la clase media, protegidas por altos muros, puentes levadizos, alambradas electrificadas y hombres pertrechados con armas de combate. Si las dictaduras ahondaron la brecha social, las democracias de mayor o menor calidad actualmente existentes no han paliado el problema. La ola democratizadora que el subcontinente vivió durante la década de los ochenta y los noventa presenta asincronías importantes. No es lo mismo, claro está, recobrar la democracia en un país donde ya existía y fue bruscamente interrumpida por los militares golpistas, que instaurar la democracia en otro en el que nunca se ha podido hablar con propiedad de la existencia de un régimen democrático. Hay quien piensa, desde el pesimismo de la razón, que la democracia simplemente no puede afianzarse en América Latina en las actuales condiciones socioeconómicas. Y eso porque las políticas neoliberales han producido una fragmentación social tan brutal que puede hablarse de la existencia de un régimen de apartheid
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social, que se plasma en la segregación socioeconómica y cultural de grandes contingentes de población (en algunos países hasta el 70 por ciento). No son ajenos a esta realidad los grandes movimientos de población que se están produciendo en las últimas décadas. La brecha de la desigualdad interna se amplía, y los que con razón se consideran excluidos emigran hacia donde pueden a la búsqueda de un futuro que no alcanzan a ver en sus lugares originarios. Caminando hacia el norte atravesando el Río Grande, hacia Europa en avión con pasaje de bajo coste, o en el interior de la región hacia las grandes capitales de sus países para engrosar las villas miseria, o a los países vecinos si consideran que puede encontrarse un trabajo que permita sobrevivir y enviar dinero a los que se quedaron en casa. El eterno reto del emigrante económico, un contingente que desde España es percibido con mucha nitidez. Llegamos así, con estos mimbres, al problema central de la América Latina actual, que es el de la eficacia social de la democracia. Tras las transiciones post dictatoriales, la totalidad de los países latinoamericanos, con la notable excepción de Cuba, han instaurado regímenes democráticos. Más allá de la reciente asonada hondureña, los analistas no han encontrado una posición de consenso para tipificar esa realidad democrática. Por cuanto hace a esa falta de acuerdo académico, el lector de este volumen será testigo de discrepancias fundamentadas en cuanto a la consideración que a los diversos autores nos merecen procesos políticos de mucho calado que están dirimiéndose en estas fechas. Se habla de democracias formales, de democracias minimalistas, de democracias de mala calidad, de democracias precarias, de democracias inciertas, de democracias diferentes, de neodemocracias, de democracias neopopulistas, de democracias radicalizadas o, incluso, de democracias revolucionarias. En los últimos años, al calor de lo que supuso un giro político hacia la izquierda que, con la señalada excepción de México, se produjo en la región, parecen haberse configurado dos bloques más o menos definidos, con fuerte perfil personalista uno, más institucionalmente republicano el otro; más a la imagen de la socialdemocracia europea o más a la contra de las formas convencionales de las democracias representativas; más proclives a la sintonía con el gobierno de Washington y su propuesta de integración económica americana (ALCA o TLC) o más a la contra de aquél y de ésta (ALBA). La capacidad de incidencia política continental que exhibe el presidente Hugo Chávez al frente de su República Bolivariana es más que notable. Pareciera que el militar venezolano ha tomado el relevo al anciano Fidel Castro, con quien mantiene una relación entre fraternal y filial. Un relevo no sólo como enemigo número uno del Departamento de Estado y de la Casa Blanca, sino como líder indiscutido de los pobres del continente. Además, Chávez cuenta con el aval democrático de su incontestable apoyo popular, reiteradamente manifestado en las urnas. Desprecia las formas diplomáticas habituales en el escenario internacional y se ha hecho una reputación entre la izquierda radical occidental y entre los colectivos antisistema, como la que otrora tuviera Castro. Venezuela, como
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se dice, flota sobre petróleo y el mercado está ávido por comprarlo, lo que genera unos recursos que están permitiendo una acción exterior que aúna propaganda, ayuda e injerencia en asuntos internos de buena parte de los países del área. ¿Qué es Chávez y el chavismo? No son pocos los especialistas que niegan que se trate de una nueva forma de populismo; pero parece imposible dejar de señalar que la relación entre el régimen y el concepto es tangible, aunque no lo define al completo. ¿Es el chavismo, o puede convertirse en, una propuesta política de validez continental? Si el militar venezolano es un inequívoco referente para muchos, en parecida medida en la que es enemigo a batir para otros, mayor consenso parece concitar otro gran líder continental como es el presidente brasileño Lula da Silva, quien ya al final de su mandato exhibe no sólo una valoración excelente entre sus conciudadanos que mucho tiene que ver con la mejora de los indicadores de pobreza de su país, sino que se ha convertido en un reconocido estadista mundial que está situando a Brasil como una potencia imprescindible no sólo para la región, sino para el mundo. ¿Podemos dividir los sistemas políticos realmente existentes en dos grupos, y adscribirlos a uno u otro de los campos, o eso es una simplificación excesiva? Creemos que en estas páginas encontrará el lector argumentos para dar respuesta a las distintas preguntas que están abiertas en la América Latina de nuestro presente. Derrotadas y fracasadas, —las dos cosas—, las propuestas revolucionarias de los sesenta y los setenta, otras propuestas insurgentes vendrían después durante los años ochenta y noventa del siglo pasado a las que no se puede ignorar. Descontando el empate catastrófico colombiano que tiene empantanado al país tras décadas de guerra a cuatro bandas (guerrillas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia y del Ejército de Liberación Nacional, paramilitares de las llamadas Autodefensas Unidas de Colombia, contingentes de hombres armados pagados por los cárteles del narcotráfico y, en cuarto lugar, el propio Estado Colombiano), prestaremos atención a dos insurgencias armadas: la del singular maoísmo andino de Sendero Luminoso, y la del sorprendente Ejército Zapatista de Liberación Nacional —la llamada guerrilla postmoderna— que apareció a la luz de las cámaras de televisión el 1 de enero de 1994. En el siglo XXI, las propuestas de revolución armada han desaparecido prácticamente del escenario, con la sempiterna y ya citada excepción colombiana. Ahora, la democracia, la calidad de ésta, su eficacia social es, como hemos dicho, el eje vertebrador de la recientísima historia de América Latina. Y en este elemento central es fundamental atender a lo que podemos denominar la emergencia de los descendientes de los pobladores originarios, la asunción efectiva del papel de actores políticos de primer nivel de los indígenas. Un concepto que arranca de la década de los setenta y que triunfará igualmente en la de los noventa es el de etnodesarrollo, que fue acuñado en la Declaración de Costa Rica en 1981 como el más pertinente para sustentar que el grupo étnico ha de ser
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la unidad político-administrativa con autoridad sobre su propio territorio y con capacidad de decisión en los ámbitos que constituyen su proyecto de desarrollo dentro de un proceso de creciente autonomía y autogestión. Ya no se trataba simplemente de tomar en consideración la opinión y las aspiraciones de los descendientes de los pobladores originarios, sino que se afirmó que han de ser ellos, y únicamente ellos, los que han de tomar en sus manos las riendas de su propio destino histórico. Los pueblos originarios expresaban de esta forma su derecho a hacer compatibles el desarrollo y la modernidad con su identidad étnica, sus tradiciones y su continuidad histórica. Más allá de los enunciados teóricos, la realidad concreta ha sido bastante más contradictoria, incluso desde el propio seno de las comunidades indígenas. El Subcomandante Marcos en 1994 al frente del EZLN y el indígena aymará Evo Morales, elegido presidente de Bolivia en 2005 con más del 53 por ciento de los votos, son los referentes más claros de la emergencia indígena, aunque para nada los únicos. Los resultados tangibles de estas presencias estelares para los pobladores originarios están pendientes de evaluación, tanto más porque estamos viviendo procesos muy importantes en esta línea. Dos problemas relevantes cierran el presente volumen, y ambos tienen mucho que ver con la fortaleza democrática y con la calidad de la democracia, de las diversas repúblicas. El primero es el de la violencia urbana y la aparente o real impunidad con la que actúa el crimen organizado. Se ha escrito con fundamento que el Estado latinoamericano, rabiosamente adelgazado, por grado o por fuerza, por convicciones neoliberales extremas de los gobiernos o por presiones indecentes del Fondo Monetario Internacional, prácticamente desapareció no ya en el terreno de la sanidad o la educación pública, sino que se reveló absolutamente incapaz ante fenómenos como la nueva delincuencia organizada (tráfico de narcóticos, de armas, de personas, prostitución, secuestros) y, especialmente, ante el que parece haberse convertido en el principal problema de la ciudadanía latinoamericana: la violencia urbana que se ha adueñado ya de las grandes capitales y va extendiéndose al resto de las ciudades. Lo que los sociólogos llaman la zona gris, aquel espacio abandonado por el Estado que ha quedado a merced del control que puede ejercer el crimen organizado, es cada vez más amplio. El segundo problema al que aludíamos es el de la inserción mundial de la región latinoamericana y, especialmente, de la América del Sur. Los procesos que se están registrando en los últimos años a un ritmo creciente no pueden dejar de producir cambios severos en la estructura institucional continental. La crisis económica mundial, la confirmación de un escenario multipolar, la crisis que atraviesan buena parte de los más importantes organismos internacionales, las expectativas generadas por la elección de Barak Obama como presidente de los Estados Unidos, el ensimismamiento europeo aparentemente incapaz de encontrar su lugar en el espacio internacional, las previsiones respecto al cambio climático, los profundos efectos generados por los impactos migratorios, o las consecuencias rotundas de la agresividad de las economías asiáticas, por citar
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algunos de esos procesos y de esos acontecimientos, tienen y tendrán repercusiones sustanciales sobre la América Latina. A todo ello se dedicará el capítulo con el que cerramos del libro. Un volumen que ha sido el resultado de un esfuerzo colectivo, el de un grupo de profesores de distintas nacionalidades: México, Cuba, Uruguay, Argentina y España. De ellos se da una breve noticia curricular a continuación. Joan del Alcàzar (Valencia, 1954), Doctor en Historia por la Universitat de València, es profesor titular en el Departamento de Historia Contemporánea de esta institución y dedica desde hace años su actividad investigadora a la historia de América Latina en general y a la de Chile en particular. En 1998 actuó como Perito de la Acusación ante la Audiencia Nacional de España, en el Sumario 19/97 Terrorismo y Genocidio “Chile-Operativo Condor”, que instruye el juez Baltasar Garzón contra Augusto Pinochet Ugarte y otros por genocidio, terrorismo y torturas. Ha publicado diversos libros y artículos en España, México, Argentina, Chile y Brasil, y ha sido profesor invitado en distintas universidades americanas como la U. de Virginia en EE.UU, la U. de Sao Paulo y la Universidade Estadual Paulista en Brasil, la U. Iberoamericana y la Benemérita U. de Puebla y la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) en México y la Pontificia U. Católica y la U. de Santiago en Chile. Como docente, ha sido Vicedecano de la Facultad de Geografía e Historia, Vicerrector de Profesorado de la Universidad de Valencia, Director de la Universitat d’Estiu de Gandia y, en la actualidad, es Director del Centre Internacional de Gandia de la Universitat de València. Entre sus libros cabe citar: (con Nuria Tabanera) Estudios y materiales para la historia de América Latina, 1955-1990, Valencia, Tirant lo Blanch, 1998; (con Nuria Tabanera, Josep M. Santacreu y Antoni Marimon), Historia Contemporánea de América, Valencia, Publicacions de la Universitat de València, 2003; “América Latina en el siglo XX”, en Historia de América (Juan Bosco Amores Carredano, Coord.) Madrid, Editorial Ariel, pp. 801-855, 2006. Sus dos últimos libros publicados son Yo pisaré las calles nuevamente. Chile, revolución, dictadura, democracia (1970-2006), Santiago de Chile, Editorial Universidad Bolivaria, 2009; y (con Sergio López Rivero) De compañero a contrarrevolucionario. La Revolución cubana y el cine de Tomás Gutiérrez Alea, Publicacions de la Universitat de València, 2009). Waldo Ansaldi (Córdoba, Argentina, 1943) es, formalmente, Doctor en Historia (Universidad Nacional de Córdoba), pero por formación y vocación sociológica trabaja en un campo de hibridación de disciplinas (sociología histórica). Investiga cuestiones tales como mecanismos de dominación político-social, sistemas de partidos, ciudadanía, dictaduras y democracias. Investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) en el Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe (IEALC) de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Profesor titular consulto de Historia Social Latinoamericana y Taller de Investigación de Sociología Histórica, en la misma Facultad. Fue Secretario Ejecutivo Adjunto del Consejo Latino-
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americano de Ciencias Sociales (1977-1988). Ha sido y es profesor de grado y/o posgrado en varias universidades de su país y del exterior. Profesor visitante en la Universidade de Sâo Paulo (1989) e investigador visitante en la Universitat de Barcelona (1998 y 2001). Ha participado en más de cien congresos académicos nacionales e internacionales. Es autor de más de cien artículos publicados en Argentina, Brasil, España, Francia, México, Perú, Suecia, Uruguay, Venezuela y otros países. Ha publicado doce libros y tiene otros dos en prensa. Los últimos de ellos son: Calidoscopio latinoamericano. Imágenes históricas para un debate vigente, 2004 (2ª ed., 2006), La democracia en América Latina, un barco a la deriva, 2007, Los sonidos del silencio. Dictaduras y resistencia en América Latina, 1964-1989 (en prensa) y, en colaboración con Verónica Giordano, Historia de América Latina, Madrid, 2006, y América Latina. El conflictivo proceso de construcción del orden, Buenos Aires, en prensa. Actualmente dirige el proyecto de investigación Condiciones sociohistóricas de la democracia y la dictaduras en América Latina, 1954-2010. Integra el Colectivo editor de e-l@tina. Revista electrónica de estudios latinoamericanos. Desde el 1 de febrero de 2009 es Director del Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe, de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Gerardo Caetano. (Montevideo, 1958) Historiador y Politólogo. Doctor en Historia, Universidad Nacional de La Plata, Argentina. Coordinador Académico del Observatorio Político del Instituto de Ciencia Política, Universidad de la República (desde el 2005 a la fecha). Entre el 2000 y el 2005 fue Director del citado Instituto. Director Académico del Centro para la Formación en Integración Regional. (CEFIR) Designado como Supervisor Académico de la Investigación y elaboración de la publicación sobre el Terrorismo de Estado y el destino final de los detenidos desaparecidos durante la dictadura militar. (2005-2006) Designado por unanimidad como Académico Titular en la Academia Nacional de Letras del Uruguay. Miembro correspondiente de la Real Académica Española. Integrante a título individual del Consejo Superior de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO). (2008-2012) Representante alterno por la subregión Argentina-Uruguay en el consejo directivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO). (2009-2012) Es integrante del Comité de Selección del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) del Uruguay, siendo calificado como máximo investigador en su Nivel III. Investigador y Catedrático Titular Grado 5 en la Universidad de la República en la que trabaja desde 1985. Es miembro de varias organizaciones científicas nacionales e internacionales. Docente en cursos de grado y de posgrado (a nivel de Maestría y Doctorado) a nivel nacional e internacional (en este último caso en varios países americanos y europeos). Consultor de distintas instituciones internacionales (UNESCO, PNUD, FLACSO, OEA, Unión Europea, UIP, etc.). Ha publicado hasta el presente más 180 publicaciones, entre las que destacan: La agonía del reformismo (19161925), Montevideo, CLAEH, 1983, 2 Tomos.. El asedio conservador (1925-1929), Montevideo, CLAEH, 1985, 2 Tomos. El joven Quijano (1900-1933). Izquierda
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nacional y conciencia crítica, Montevideo, EBO, 1986. (en colaboración). Breve historia de la dictadura (1973-1985), Montevideo, CLAEH-EBO, 1987. (en colaboración). El nacimiento del terrismo (1930-1933), 3 tomos, Montevideo, EBO, 1989, 1990, 1991. (en colaboración) “La República Conservadora (1916-1929) 2 tomos Montevideo, Editorial Fin de Siglo, 1992, 1993. Codirector de la colección “Historias de la vida privada en el Uruguay”, en tres tomos. (1996-1998) “La secularización uruguaya. (1859-1919). Tomo 1. Catolicismo y privatización de la religión”. Montevideo, Taurus, 1997. (en colaboración) “Los uruguayos del Centenario. Ciudadanía, nación, religión, educación”. Mont. Taurus, 2000. (Coordinador y autor). “Antología del discurso político en el Uruguay. Tomo I. De la Constitución de 1830 a la revolución de 1904.” Montevideo, Taurus, 2004. “Ideas, política y nación en el Uruguay del siglo XX”, en Oscar Terán (coord.), “Ideas en el siglo. Intelectuales y cultura en el siglo XX latinoamericano”. Buenos Aires, OSDE – Siglo XXI, 2004, pp. 309 a 422. “Historia Contemporánea del Uruguay. De la Colonia al siglo XXI.” Montevideo, CLAEH – Ed. Fin de Siglo, 2005. (en colaboración) “20 años de democracia. Uruguay 1985-2005. Visiones múltiples”. Montevideo, Taurus, 2005. (Director y coautor). “Latinoamericana: enciclopédia contemporänea da América Latina e do Caribe”. Río de Janeiro, Boitempo Editorial, 2006. (autor de todas las entradas vinculadas con temas de la historia uruguaya). “Nacionalismos y ciudadanía en el Uruguay del siglo XX. Balances para un prospecto”, en Varios Autores, “Debates de Mayo. Tomo II”. Buenos Aires, Edhasa, 2006. “Uruguay: agenda 2020. Tendencias, conjeturas, proyectos.” Montevideo, Taurus, 2007. (Coordinador en colaboración de toda la obra) Ha obtenido varios premios académicos nacionales e internacionales por su obra. Leonardo Curzio (Ciudad de México, 1962) es doctor en Historia Contemporánea por la Universidad de Valencia. Su trayectoria comprende tres campos de actividad: la docencia, la investigación y el periodismo. Como profesor ha impartido docencia en diferentes Universidades de México, Estados Unidos y España. Asimismo, ha impartido cátedra en instituciones como el Centro de Estudios Navales y el Colegio de Defensa Nacional de México. Ha dirigido más de 40 tesis de grado en distintas Universidades y fue coordinador de Ciencias Políticas en la Universidad Iberoamericana. Ha coordinado más de 30 diplomados en Estudios Estratégicos y Seguridad Nacional. Es “Investigador Titular B” del Centro de Investigaciones de América del Norte de la UNAM y tiene la distinción de Investigador Nacional Nivel II del Conacyt. Ha publicado 8 libros, los dos más recientes “La Seguridad Nacional de México y la Relación con Estados Unidos” (UNAM, 2007) y la “Introducción a la Ciencia Política” (Oxford University Press, 2009) y es coautor de 37 libros publicados por sellos editoriales como: UNAM, Universidad de Valencia, University of Pittsburg, Universidad de California (UCSD), Universidad de Michigan, INAP, Siglo XXI, Plaza y Valdés, Grijalbo, IFE, Australian National University, La Jornada Ediciones, Ariel, Centro de Estudios Hemisféricos, Fondo de Cultura Económica, Grupo Norma, Universidad de los Andes, FLACSO, ITESO, UAM, entre otros. Ha publicado también
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artículos en revistas especializadas en Canadá, Estados Unidos, Colombia, Costa Rica y España. Es conductor de ENFOQUE uno de los espacios informativos más reconocidos en México. También participa en el influyente programa de televisión Primer Plano de canal once. Es editorialista del periódico El Universal. Ha recibido diversos reconocimientos como el “Laurel de Oro a la Calidad” México-España, en 2007 fue distinguido por el Presidente de la República de Italiana con el premio “Italia nel Mondo”, en dos ocasiones ha sido Premio Nacional de periodismo y el premio “Alas de Plata” a la mejor conducción de radio. La revista Líderes lo ubicó en 1997 como un líder del futuro y en su edición de 2008 como uno de los 300 personajes más influyentes de México. Silvia Dutrénit Bielous (Montevideo, 1952) es Historiadora y Doctora en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. Es profesora-investigadora titular del Instituto Mora (México) adscrita al Área de Historia y Estudios Internacionales. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores de México y de Uruguay y a la Academia Mexicana de Ciencias. Está especializada en la Historia reciente de América Latina y del Cono Sur en particular. Sus principales líneas de investigación se han centrado en los comportamientos partidarios durante las dictaduras y transiciones, los exilios y sus distintas facetas, el asilo como política de Estado y como práctica en las embajadas y en las decisiones gubernamentales sobre violaciones de los derechos humanos. Ha coordinado sobre las estas líneas distintos proyectos regionales e internacionales y ha impartido conferencias y cursos en instituciones de América Latina y España. Su obra (libros, artículos, capítulos y documentales) ha sido publicada en países de América Latina, Asia y Europa. Entre sus últimas publicaciones destaca: Tramitando el pasado. Violaciones de los derechos humanos y agendas gubernamentales (S. Dutrénit y G. Varela), FLACSO-México/CLACSO, México, 2010; Tiempos de exilios. Memoria e historia de españoles y uruguayos (S. Dutrénit, E. Allier y E. Coraza), CeALCI-Fundación Carolina/Textual /Instituto Mora, Uruguay, 2008; El Uruguay del exilio. Gente, circunstancias, escenarios (S. Dutrénit, coord.), Trilce, Montevideo, 2006 y el documental Más allá del reglamento (A. Buriano, S. Dutrénit y C. Hernández), México, Instituto Mora, 2010. (55 min.). Sergio López Rivero (La Habana, 1958) ha sido profesor durante quince años del Departamento de Historia de Cuba, de la Facultad de Filosofía, Historia y Sociología de la Universidad de La Habana. En el año 1991, se doctoró por la misma institución académica. Ha participado como profesor investigador invitado en universidades de México, España y los Estados Unidos. Sus estudios, han sido publicados en Cuba, Francia y España. Entre sus libros publicados: 1) Moneda Ajena. Ensayo sobre la transición del régimen monetario en Cuba, 18991915. Editorial Felix Varela, Universidad de La Habana, 1994; 2) Emigración y Revolución. El papel del frente exterior del MR-26-7 en el proceso nacional liberador cubano. Editorial Felix Varela, Universidad de La Habana, 1995; 3) El Viejo Traje de la Revolución. Identidad colectiva, mito y hegemonía política en Cuba. Publicacions de la Universitat de Valencia, 2007; 4) (coautor junto a
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Joan del Alcázar) De compañero a contrarrevolucionario. La Revolución cubana y el cine de Tomás Gutiérrez Alea. Publicacions de la Universitat de Valencia, 2009. En imprenta, por la misma editorial: La Cosecha del Patriotismo. Fidel Castro, su grupo político y la emergencia del nacionalismo en la emigración cubana, 1955-1958. Entre sus artículos: “El milagro de la plantación cafetalera en Cuba”. Tebeto. Anuario del Archivo Histórico Insular de Fuerteventura (Islas Canarias), Especial Canarias-América, Número 5, Tomo I, 1992, pp. 302-320. 2) (coautor junto a Marial Iglesias) “José Martí: l’orígen del símbol fundacional del nacionalisme cubá”. Dossier: 1898 la fi d’ un imperi. L’Avenc. Revista de Historia. Número 217, Setembre 1997, pp. 38-42; 3) (coautor junto a Francisco Ibarra) “Sobre transigentes e intransigentes en la Cuba ocupada, 1898-1902”. Islas e Imperios. Estudios de historia de las sociedades en el mundo colonial y poscolonial. Número 2, Universitat Pompeu Fabra, Barcelona, Primavera 1999, pp. 111-126; 4) “Entre cifras. Acercamiento a la historia económica de Cuba colonial, a través de algunos resultados recientes de los americanistas españoles”. Islas e Imperios. Estudios de historia de las sociedades en el mundo colonial y poscolonial. Número 9, Universitat Pompeu Fabra, Barcelona, Diciembre 2006, pp. 165-179. Además, con la ayuda del Instituto de Literatura y Filología de la Institución Valenciana de Estudios e Investigación (IVEI), Consorcio entre la Generalitat Valenciana y la Diputación Provincial de Valencia, ha realizado la investigación “La imagen de la guerra. La prensa de Valencia y la guerra hispano-cubano-norteamericana” (inédita). Joan del Alcázar
1. América Latina vista desde Washington (1959-2009) LEONARDO CURZIO1 Universidad Nacional Autónoma de México
UN CONTINENTE VISTO DESDE VARIOS PRISMAS En la literatura especializada, así como en el lenguaje político y diplomático de Washington, no se habla de América como una unidad al referirse al continente en su totalidad, se habla de las Américas en plural. Desde sus orígenes como país independiente los Estados Unidos asumieron que ellos representaban al continente. De hecho, la primera Asamblea que reunió a las trece colonias para proclamar su emancipación se autonombró “Congreso Continental”. A falta de un nombre que aglutinara a todas las colonias, celosas de sus particularidades, optaron por apropiarse el nombre de América. Asumir que un país representa a un continente por antonomasia es un gesto más que improbable en otras latitudes en las que cuesta imaginar que Francia, Alemania o Italia se hicieran llamar Europa. América, en singular, se reserva a la denominación genérica de los Estados Unidos. Esta apropiación simbólica del nombre del continente ha sido ampliamente comentada por Edmundo O’Gorman2 quien sugiere que en realidad el continente cartografiado por Américo Vespucio, es una invención cuyo origen se encuentra en lo que hoy son los Estados Unidos. No es éste el espacio apropiado para profundizar en este tema, pero sí es importante tener claro lo que el plural significa cuando se nombra el continente desde Washington. Para los angloamericanos ha resultado complicado aceptar que otros pueblos que han recorrido trayectorias tan diversas y en muchos sentidos divergentes a la de las trece colonias, formen parte de un mismo conjunto3. La pluralidad de orígenes pluraliza el nombre del continente, pero el singular retoma su unidad orgánica cuando se considera a América como una unidad geopolítica. Washington considera al continente americano como un hemisferio
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Investigador Titular del Centro de Investigaciones sobre América del Norte. UNAM. O’Gorman, Edmundo, La invención de América, México, FCE. La primera edición es de 1958, pero ha sido objeto de múltiples reimpresiones. Para profundizar en las trayectorias divergentes de la América inglesa y la América española es imprescindible referirse al portentoso estudio de ELLIOT, John, Imperios del mundo atlántico, Madrid, Taurus, 2005.
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al que llaman “hemisferio occidental”. Existe, en consecuencia, una dualidad de visiones que se sobreponen e imbrican a lo largo de los años. Por un lado tenemos una unidad geopolítica circundada por dos océanos que ha dado lugar a visiones geopolíticas hegemónicas. En el siglo XIX la llamada doctrina Monroe (América para los americanos)4 aspiraba a evitar la injerencia de las potencias europea en el continente. En el siglo XX la concepción unitaria se manifiesta en la creación de una Organización que reagrupa a todos los estados americanos (OEA) y cuya sede es Washington. Por el otro lado, ante la ausencia de un eje articulador similar al que hoy vertebra a la Unión Europea, el continente se pluraliza y entonces se habla de las Américas, una de las cuales ineludiblemente es la llamada Latina. Para los norteamericanos no ha sido sencillo convivir con esa entelequia llamada América Latina (AL) porque desde sus orígenes les resulta una formulación ajena a su tradición. El concepto geopolítico de América Latina fue desarrollado por la política exterior francesa del siglo XIX. Para el renovado espíritu imperial de Napoleón III, América recobraba el interés que Francia nunca logró respaldar en los siglos anteriores en el continente. Los franceses plantearon que el vínculo espiritual que los unía con las naciones americanas era la latinidad, un origen que llegaba a los pueblos americanos, a través de las lenguas romances que se hablan en la región. El origen latino de los países que se ubicaban al sur de los Estados Unidos, ofrecía una forzada identidad pero con el tiempo resultó muy eficaz porque ponía a disposición de las nuevas naciones un paraguas identitario que no pasaba por el tradicional vinculo colonial (luso o hispano) y permitía establecer un contraste con los anglo sajones. Los latinos frente a los sajones era la dualidad que se imponía en las elites americanas y con el tiempo también en el imaginario colectivo. América son ellos (los Estados Unidos) y comparten con otras Américas el territorio continental. La pregunta es: ¿cuántas Américas existen? La primera clasificación es la geográfica que divide el continente en cuatro grandes regiones: la del Norte que incluye a Canadá y a México, la Central va de Guatemala a Panamá, la América del Sur va de Colombia a la Tierra del Fuego, y la insular que incluye todas las Antillas. La división geográfica no excluye otras divisiones como las que se derivan de clasificaciones cuyo eje articulador es la lengua ya sea español, portugués, francés o inglés. Las divisiones no sólo tienen propósitos clasificatorios; implican también una distancia explícita que jerarquiza las relaciones y las hace más cercanas o más lejanas según sea el caso. En algunos se busca la cercanía y por ello el criterio
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Véase: Moreno Pino, Ismael, “Aspectos Históricos” en Orígenes y Evolución del Sistema Interamericano”, México, Colección del Archivo Diplomático Mexicano, Secretaría de Relaciones Exteriores, México, 1977, pp. 48-73. Murphy, Gretchem, Hemispheric imaginings. The Monroe Doctrine and narratives of U.S. Empire, Duke University Press, 2005. Rappaport, Armin, The Monroe Doctrine, New York, Robert Kreiger Publishing Company, 1976.
HISTORIA ACTUAL DE AMÉRICA LATINA, 1959-2009
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para reagrupar se abre o se restringe. Con sus dos vecinos (México y Canadá) los Estados Unidos experimentan con mayor intensidad esta paradoja de ser cercanos y distantes, según el criterio clasificatorio que se use. Canadá, por ejemplo, es un sólido aliado de los Estados Unidos en la OTAN y en el mecanismo de defensa de Norteamérica llamado NORAD; es también un socio comercial de pleno derecho en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y más recientemente ha acoplado su dispositivo de seguridad nacional al esquema regional de América del Norte. Sin embargo, todos estos vínculos no desarrollan una unidad geopolítica coherente como ocurre en Europa. Hoy más que nunca son dos entidades soberanas con sus prioridades propias y sus valores nacionales en conflicto. México, a su vez, tiene, en términos generales, el mismo nivel de integración económica y comercial que Canadá y comparte las prioridades de seguridad regional de EE.UU. No obstante, no se ha desarrollado un principio de identidad regional entre los tres países que los identifique como miembros de un espacio geopolítico dotado de coherencia interna5. México se reagrupa con mayor facilidad en los conjuntos geopolíticos de Latinoamérica o Ibero América (que incluye a Portugal y España). El norteamericano es un modelo de integración basado estrictamente en el libre comercio y en los temas de seguridad, que no reconoce ni el desarrollo de entidades supranacionales que coordinen los esfuerzos de cada uno de los países, ni tampoco la cohabitación de millones de personas de estirpe mexicana y de habla hispana en su propio territorio. Volveremos sobre este punto. La América central y la América insular han sido tradicionalmente consideradas por los Estados Unidos como su patio trasero. Un espacio de libre disposición y con gobiernos débiles para desarrollar cualquier tipo de actividad. Durante la guerra civil norteamericana, por ejemplo, algunos de los miembros del gabinete de Abraham Lincoln, proponían ocupar territorios en América central o el Caribe para enviar a la población afro americana a los mismos, como si esos territorios les pertenecieran. Formalmente no les pertenecían, pero disponían de ellos como si fuesen su trastero o su bodega. El desprecio por la soberanía de estos países ha sido una constante. Demasiados ejemplos podrían distraernos de nuestro propósito central, pero vale la pena recordar algunos episodios que condicionan la mirada que los Estados Unidos tienen sobre la región aún en pleno siglo XXI. El caso más conocido es el de Cuba, país que, como es sabido, experimentó en 1959 una Revolución que derrocó al gobierno pro americano de Fulgencio Batista. Los Estados Unidos han desplegado desde entonces una incomprensible política de negación de los hechos consumados. La actitud de los Estados Unidos hacia la isla combina elementos externos con rivalidades y pugnas de la política
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Un sugerente ensayo escrito desde la perspectiva canadiense sobre este asunto es el de Drache, Daniel, La ilusión continental. Seguridad fronteriza y búsqueda de una identidad norteamericana, México, Siglo XXI editores, 2007.