HISTORIA DE LAS IDEAS JURÍDICO-POLÍTICAS EN OCCIDENTE
COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT HUMANIDADES Manuel Asensi Pérez
Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València
Ramón Cotarelo
Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia
M.ª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València
Juan Manuel Fernández Soria
Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València
Pablo Oñate Rubalcaba
Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València
Joan Romero
Catedrático de Geografía Humana Universitat de València
Juan José Tamayo
Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid
Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales
HISTORIA DE LAS IDEAS JURÍDICO-POLÍTICAS EN OCCIDENTE
LEONARDO BROWN GONZÁLEZ GUILLERMO TEJEDA BECERRA MANUEL ANDREU GÁLVEZ (Coord.)
tirant humanidades Ciudad de México, 2023
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ÍNDICE INTRODUCCIÓN.......................................................................
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NOCIONES PRELIMINARES PARA EL ESTUDIO DE LA CIENCIA JURÍDICO-POLÍTICA OCCIDENTAL........................................ 13 ¿Por qué la historia del derecho?............................................................ Ciencia jurídico-política y ciencia histórica como ciencias humanas...... Concepto de historia: ¿ciencia humana o ciencia social?........................ Concepto de derecho............................................................................. La historia del derecho........................................................................... Periodización de la historia.................................................................... Bibliografía............................................................................................
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LOS INICIOS DE LA HISTORIA Y EL MUNDO ANTIGUO.....
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Prehistoria............................................................................................. Mesopotamia y Egipto........................................................................... La Antigua Hélade................................................................................. Roma.....................................................................................................
48 49 52 66
Roma arcaica y República Romana.....................................................
66
Principado...........................................................................................
76
Bajo imperio........................................................................................
83
La filosofía político-jurídica clásica........................................................ Bibliografía............................................................................................
87 99
LA «EDAD MEDIA», O EL MILENIO CRISTIANO...................
101
ANTIGÜEDAD TARDÍA.............................................................
113
El Imperio Romano de Oriente.............................................................. Las ‘Edades Oscuras’. Los pueblos germánicos en Occidente................. Los francos: merovingios, carolingios y el Islam....................................
113 114 120
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Índice
PLENA EDAD MEDIA, O SOCIEDAD FEUDAL.........................
125
El ius commune medieval.......................................................................
136
El ius civile..........................................................................................
141
El derecho canónico............................................................................
145
BAJA EDAD MEDIA....................................................................
151
La formación del derecho mercantil....................................................... La filosofía escolástica: realismo y nominalismo.................................... La filosofía político-jurídica medieval.................................................... Bibliografía............................................................................................
155 159 165 171
MODERNIDAD...........................................................................
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El Renacimiento..................................................................................... La ruptura de la Cristiandad, la revolución del protestantismo y las guerras de religión............................................................................ El Estado moderno................................................................................ El racionalismo y la revolución científica............................................... El mercantilismo, el liberalismo económico y la revolución industrial.... El siglo de las luces................................................................................ Las revoluciones liberales-burguesas...................................................... Las escuelas modernas del derecho........................................................
181
El mos gallicus y la jurisprudencia elegante.........................................
216
El Iusnaturalismo racionalista.............................................................
217
El ‘common law’.................................................................................
220
Codificación y constitucionalismo.......................................................
225
El siglo XIX...........................................................................................
231
El liberalismo decimonónico................................................................
231
El positivismo jurídico.........................................................................
233
Romanticismo nacionalista..................................................................
235
El socialismo y el marxismo................................................................
240
La reacción contrarrevolucionaria.......................................................
244
La filosofía político-jurídica de la modernidad....................................... Bibliografía............................................................................................
247 256
BIBLIOGRAFÍA GENERAL.........................................................
259
187 195 199 203 208 213 216
INTRODUCCIÓN El libro que tiene el lector en sus manos obedece a la idea de confeccionar un manual interdisciplinario que ofrezca la posibilidad de proveer de una estructura teórica básica a varias disciplinas del mundo de los hechos e ideas. A diferencia de otros manuales específicos de derecho o de ciencias políticas (pareciera que hechos e ideas forman parte de estancos independientes, aunque la realidad no puede entenderse sin un estudio entrelazado), lo que hemos intentado realizar entre tres profesores que se dedican a las ciencias jurídicas y políticas, es embonar en un único manual los aspectos más relevantes que se interrelacionan entre ambas esferas. Así pues, esa multidisciplinariedad que caracteriza el estudio que presentamos está diseñada bajo tres líneas muy claras, como son las de corte histórico, jurídico y filosófico-político, cuya correspondencia se encuentra en las ramas para el estudio de la historia del derecho, las repercusiones del derecho romano en la historia de occidente y en los elementos básicos para la filosofía política de nuestra tradición. Es por ello que, partiendo de un análisis histórico de la civilización occidental, se haya pensado en realizar un estudio cronológico desde los albores de la historia hasta la modernidad. A la estructura histórica, la cual recoge los acontecimientos más relevantes que han tejido nuestra experiencia, se añade el plano jurídico, que bajo la línea romanista abarca desde el nacimiento mismo de la ciencia jurídica en Roma (pues nuestro derecho como disciplina científica nace allí), hasta las repercusiones que de forma helicoidal ha tenido su legado en la codificación misma decimonónica. El tránsito de la antigüedad tardía hacia una vulgarización del derecho romano bárbaro en occidente, tuvo un sentido inverso en oriente, donde se acontecía al período de esplendor justinianeo. Asimismo, ya en los siglos centrales de la Cristiandad, sobrevino el momento de oro para la ciencia jurídica moderna, en lo que Floris Margadant acuñó como «la segunda vida del derecho romano». Es entonces cuando se retoma ese estudio de la ciencia jurídica ya en sentido moderno, pues mediante una metodología escolástica centrada en la interpretatio (Grossi) y un expansionismo del utrumque
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Dr. Manuel Andreu Gálvez
ius, las diferentes escuelas, universidades e instituciones como la monarquía y su recepción, retomaron la base del derecho romano en el hemisferio noroccidental, adaptándolo a la realidad histórica de las comunidades políticas de la Cristiandad. Además, la deriva de su llegada, tuvo un efecto profundo hacia la centralización del poder y el Estado, hacia las posteriores escuelas de la Edad Moderna, el propio common law y por supuesto hacia la codificación revolucionaria, donde las ramas del derecho francés y alemán (pandectismo y exégesis) tomaron al derecho romano como guía. Es por esa razón que la historia del derecho en occidente está estrechamente ligada al derecho romano, además de que ningún otro saber antiguo llegó a alcanzar ese grado de cientificidad en el ámbito jurídico. En este sentido, es importante advertir que a pesar de que la historia de la cultura jurídica occidental tenga esta inmensa influencia latina, el derecho romano y sus derivaciones no pueden verse como una mera utilidad histórica, algo común desde la óptica historicista/ positivista decimonónica respecto a la ciencia de la historia. Aun así, pese a que el derecho romano es producto de su cultura e historia, y de que el humus que respalda a todas las disciplinas jurídicas actuales proviene de una clara base romana, no es nuestro ser un mero proceso que muta por el paso del tiempo, y por el que la teoría de la historia determina su acontecer sin que se tenga en cuenta el plano de las ideas bajo el intelecto, la razón o la libertad humana. En el fondo, la complejidad de la realidad hace que hechos e ideas vayan siempre conectadas al estudiar cualquier proceso histórico, fusionándose las dos grandes teorías que existen al respecto (las ópticas de Platón y Marx) para entender la historia de forma integral, sin que así caigamos en el reduccionismo de ver una estricta teoría de la historia como la acuñada por diversos teóricos imbuidos por el positivismo de su época, como los casos de Wilhelm Dilthey o Savigny entre otros grandes teóricos. El derecho romano es el arquetipo de estructura elemental para todas las materias científicas del derecho y de ahí su importancia, aparte de que a pesar de las diferencias entre el sentido clásico y posrevolucionario que tiene el mundo jurídico, los aspectos fundamentales de las obligaciones, los contratos, la ley o el derecho penal, entre otros
Introducción
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muchos,1 proceden de esta cultura e historia mediterránea. Ello no quiere decir que se deba eclipsar la influencia del derecho medieval o los sustratos que el cristianismo le ha dado al derecho bajo una moral recta (directum), pero a la vez, no se puede desechar ese manto latino que ha servido como cimiento. Finalmente, en cuanto al aspecto filosófico-político, la aportación que se pretende hacer en este manual es la integración de los distintos elementos del proceso político que se han ido imbricando en la historia occidental desde el mundo antiguo hasta la modernidad. Por esta razón, no es de extrañar que además de los bloques básicos del mundo jurídico, se hayan añadido los estudios de escuelas políticas, de obras de filosofía política por bloques historiográficos y una serie de sinopsis que en cada epígrafe general del libro presentan un panorama en el que se engloban las cuestiones fundamentales del mundo político en el plano de las ideas. Por todas estas razones, esperamos que sean de gran utilidad los aportes de este libro, en el que se presenta una integración de las tres disciplinas científicas señaladas, historia, derecho y filosofía política, engarzadas para comprender mejor la complejidad de nuestro entorno.
DR. MANUEL ANDREU GÁLVEZ
En Ciudad de México, otoño de 2022 (En agradecimiento a José Antonio Ullate Fabo, por todos sus consejos, perspectivas y conversaciones mantenidas, sin las cuales no habría sido posible hacer este estudio).
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La centralización del poder monárquico en el periodo final de la Cristiandad medieval (el paso del rey caudillo, del iudex, al rey legislador de la Baja Edad Media y su vinculación a la ley, rex-lex) bajo las fórmulas latinas de la recepción del Digesto como «Rex imperator in regno suo» (el Rey es emperador en su reino), «Quod placuit principis, legis habet vigorem» (lo que complace al rey tiene fuerza de ley) o «rex superiorem no recognoscens in regno suo est imperator» (el rey no reconoce superior en su reino, en el que es emperador), llevó siglos más tarde al surgimiento de la forma política de la modernidad, al Estado moderno, gracias a la adopción de toda esta estructura centralizadora del poder imperial justinianeo.
NOCIONES PRELIMINARES PARA EL ESTUDIO DE LA CIENCIA JURÍDICO-POLÍTICA OCCIDENTAL De forma preliminar, en este primer apartado del manual trataremos los aspectos metodológicos que conforman la estructura histórica, jurídica y política sobre la cual se cimientan los capítulos que componen la obra. A este respecto, para estudiar el trasfondo teórico de la historia de la cultura jurídico-política occidental, es muy importante tener en cuenta el legado que ha tenido en nuestro mundo la Antigüedad, así como las múltiples transformaciones y aportaciones que tuvo en la cultura occidental la Cristiandad durante más de dos milenios, para culminar en las metamorfosis sociales impulsadas por las revoluciones liberales burguesas, que dieron paso al régimen contemporáneo. No está de más recordar la perspectiva clásica de las ciencias que nos competen, que profesores como Ayuso Torres —en la línea de Álvaro D´Ors— han rescatado en las últimas décadas. En el caso del derecho o la propia política, se tratan de disciplinas científicas «humanas-prudenciales», pues la política se basa en la prudencia del gobernante, así como el derecho (la jurisprudencia en el sentido romano) se centra en la prudencia del jurista, del iurisprudente.2 Asimismo, en Roma, la iurisprudentia encargada a los jurisconsultos obedecía a un estadio previo, en donde los pontífices (pons-facere) eran los encargados de establecer vínculos (literalmente, puentes) entre lo divino y lo humano (el que conecta lo divino y lo humano bajo un sentido natural y divino del derecho).
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Adame Goddard afirma que el ius es la doctrina que crean los juristas para discernir lo justo. El derecho es lo que es justo para el caso concreto; por ejemplo, es justo que el comprador pague la cosa cuando la compra. El acto justo es un servicio en favor de otra persona o en favor de la comunidad, es decir, se trataría de una ciencia solidaria que determina los deberes que tienen los hombres entre sí, a diferencia de la conducta individualista insolidaria de los tiempos modernos.
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Leonardo Brown González / Guillermo Tejeda Becerra
Bajo la definición clásica de Ulpiano, la justicia versa sobre el dar a cada uno lo suyo bajo «el conocimiento de las ciencias divinas y humanas, y la ciencia de lo justo y de lo injusto», sin seguir la lógica moderna del principio de la seguridad jurídica. La política, en sentido clásico, es medio de ordenación social para lograr el bien último de una comunidad, no gestión autocrática y estadística de los gobernados, según la politología moderna. Es absurdo descartar las definiciones clásicas por idealistas, siendo que, en realidad, reflejan la realidad constitutiva del ser humano, de acuerdo con sus tendencias naturales. Según lo dicho, y teniendo en cuenta las diferencias fundamentales entre el sentido clásico y el sentido moderno de la naturaleza política y la ciencia del derecho, aunque parezca actualmente que la legalidad y la justicia son sinónimos, es evidente que no es así. La legalidad se centra en un aspecto enteramente formal, en cuanto a procedimiento por medio del cual se expide una determinada normatividad general, abstracta e impersonal; nada tiene que ver sobre si su contenido es justo o no es justo. Es primordial diferenciar entre lo que es la ley, como continente, de su legitimidad, como contenido, atendiendo a parámetros de justicia y de perfeccionamiento moral. El identificar legalidad indisolublemente con legitimidad es lo que ha llevado a algunos autores actuales a referirse al sistema jurídicopolítico contemporáneo como totalitarismo democrático, en el que la verdad, lo bueno y lo justo se definen por la opinión de la mayoría, siguiendo el criterio relativista del consenso liberal.3 Es con fundamento en tal lógica que las democracias contemporáneas conciben todo como cambiante, y dependiendo de los intereses de quien se encuentra al frente del gobierno en turno, definen todo tipo de cuestiones, llegando a tener poder para pronunciarse incuestionablemente sobre quién es o no persona, pensando en el caso de feticidio, ocultado bajo 3
Sobre totalitarismos democráticos. Recordemos que el final de la Segunda Guerra Mundial no implicó la derrota de los totalitarismos, sino el triunfo del primero de ellos: el democrático-liberal. Hemos de hacer memoria de que los mismos que juzgaron a los alemanes en Núremberg fueron los que tiraron la bomba atómica o masacraron en los bombardeos aéreos a las poblaciones del norte de Europa… para poner en una balanza la complejidad de la historia a la hora de juzgar el pasado de manera maniquea. Como recordaba Pablo Pérez, «la bomba atómica no la tiró ningún totalitarismo, la tiró una democracia», o como sostenemos nosotros: la bomba atómica la tiró el totalitarismo democrático.
Nociones preliminares para el estudio de la ciencia jurídico-política occidental
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el eufemismo de la interrupción legal del embarazo y de la esfera inviolable de los derechos individuales de cada uno. Así pues, dejando a un lado los problemas del sistema político contemporáneo, está claro que el hombre es un ser social por naturaleza que vive en comunidad, algo que afirmaba Aristóteles hace veintitrés siglos, aproximadamente, sin que hasta el momento nadie le haya podido desmentir (la filosofía política moderna tiende a considerar el sentido contrario cuando sostiene que el hombre es el lobo del hombre, individual, violento y aislado, o es sencillamente el buen salvaje, que puede dejarse a su suerte sin coexistir con otras personas). Por consiguiente, desde que el hombre es hombre, siempre ha existido la comunidad política, lo cual, como se verá más adelante, no quiere decir que sea de tipo estatal como en el caso genuino de la forma política de la modernidad. Otro punto de ruptura en el aspecto filosófico que debe tenerse en cuenta para el estudio de las ideas político-jurídicas lo podemos observar en la distinta concepción que se tiene de la libertad. Libertad relativa en sentido clásico, o libertades concretas, en las que capacidad humana para obrar se encuentra limitada al orden natural de las cosas, a la realidad misma del propio ser, a diferencia de lo que supuso en la modernidad el concepto de libertad en sentido absoluto, abstracto, en el que la voluntad del hombre se eleva en grado excelso, hacia una autodeterminación que se ha materializado en todos los ámbitos de su vida. El sentimentalismo, el voluntarismo y otros principios filosóficos como son el individualismo, el subjetivismo, el materialismo o el hedonismo… han marcado el rumbo hacia una concepción nueva que ha tomado el sobrenombre de modernidad. Hoy día, los mismos postulados modernos se encuentran en entredicho, lo cual ha conducido a muchos a hablar de que la corriente en la que nos encontramos es la posmodernidad, la modernidad decadente, modernidad líquida o ultramodernidad. Teniendo en cuenta que la modernidad será objeto de estudio en el tramo final de la obra, no abundaremos por el momento en los aspectos específicos de la misma, aunque es importante no perder de vista en estas nociones preliminares para el estudio de la ciencia jurídicopolítica occidental el gran cambio de paradigma que ha tenido lugar entre la histórica concepción clásico-realista prerrevolucionaria y la
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que el liberalismo clásico-postrevolucionario ha introducido a partir de la Revolución Industrial y la Revolución Francesa. Aun así, hay que recordar que el conocimiento científico de las disciplinas política y jurídica como tales, tienen sus orígenes en la Antigua Hélade y en Roma. Pese a que los pueblos antiguos conservaban una enorme base empírica en ramas como la matemática, la astronomía, la arquitectura y otras muchas ramas, transmitiéndolas de generación en generación (caso de Babilonia, Egipto o el mundo prehispánico entre otros), el conocimiento de la realidad por sus causas, o lo que es lo mismo, el conocimiento científico, empezó a desarrollarse en el mundo occidental dentro de la geografía helena, diferenciándose así del mero saber que otras civilizaciones portaban desde antiguo. Como afirma el profesor Rodrigo Fernández Diez, el pensamiento griego es el pensamiento verdaderamente científico, puesto que todo saber tiene que ser capaz de explicar la realidad a partir de las cuatro causas que Aristóteles denominó como: causa eficiente, causa final, causa material y causa formal.4 Sobre este punto girarán los primeros apartados del capítulo, para poder comprender el lugar que ocupan las ciencias que nos atañen y así entender las diferencias que se han generado a partir de las rupturas que el pensamiento moderno ha introducido (la sustitución de la ética en la política o la lógica moderna contrapuesta al orden económico bajo antiguos principios morales en donde el fin no justifica los medios de lucro). Llegados a este punto, podríamos entender por qué se estudia el derecho romano y no otros saberes jurídicos de la antigüedad como base de la civilización, y es que, al igual que hemos afirmado que los padres del saber científico en la mayoría de las disciplinas son los griegos, en el ámbito del derecho, el único saber jurídico que alcanzó cientificidad por encima de otros saberes de su tiempo fue el romano (por encima del código de Manú, del Talión…). Por ser la ciencia jurídica un producto científico romano, hoy se estudia no sólo en Italia sino en todo el mundo occidental y en gran parte del mundo oriental, como es el caso de Corea, China o prácticamente toda África.
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Cognitio rei per causam, según expone Santo Tomás de Aquino.
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Así pues, como sostiene Fernández Diez, no debe presuponerse la idea de que el derecho romano es de utilidad meramente histórica, como si se tratara de un derecho pretérito muerto cuyo único y exclusivo interés es el investigativo, sino porque supone el esqueleto fundamental de todas las materias científicas del derecho en nuestros días. Su interés no es meramente histórico sino estructural. El derecho romano debe estudiarse porque es el único ejemplo histórico de derecho científico que sí es producto de una cultura y de la historia de un pueblo, en lugar de construir una imposición artificial y externa como es el caso de los ordenamientos estatales modernos. Es decir, el derecho romano es un derecho que brota de la enseñanza de la sociedad, no un aparato de fuerza impuesto a la sociedad desde afuera, [como por otra parte se ha considerado desde el siglo XIX a raíz del historicismo].5
Retornando a la idea inicial, debemos recordar que, pese a que las ciencias nacen en la antigüedad, y concretamente la filosofía política y el derecho son ciencias que se remontan a la civilización helena y romana, hoy existen grandes diferencias respecto a su sentido originario. Para los escolásticos, la ley era una parte pequeña del derecho, sin que el imperio de la ley fuera la realidad del todo jurídico.6 Tras la
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El que los romanos desarrollaran la teoría científica de la compraventa o de la propiedad, los diferenció de los saberes de otros pueblos que no llegaron a alcanzar tal grado de cientificidad, he ahí la razón por la que los romanos son los padres del derecho como ciencia. Y es que, como dice el romanista Fernández Diez, «el derecho romano no es el derecho de los antiguos romanos, sino una tradición científica con instituciones como el matrimonio, la compraventa, los contratos o principios como el dolo o la culpa que constituyen una tradición entera». El historicismo como teoría de la historia (Wilhelm Dilthey) presenta por el contrario a la historia como el factor fundamental para entender todos los asuntos humanos. Así la realidad se convierte en producto de la historia que le precede, convirtiéndose el ser humano en un proceso mutable y temporal, en donde el intelecto y la razón quedan mermados en favor de la observancia por parte del sujeto, sin que exista independencia de los valores de cada época: «el hombre es lo que experimenta a través de su historia». Claramente todas estas teorías analíticas positivistas decimonónicas cayeron en la utilización del método científico para encontrar la verdad de las cosas, sin tener en cuenta que no todo acontecimiento puede ser probado por el hombre para ser creíble. El derecho no es igual para todos, pues cada persona tiene sus particularidades, de lo cual es ejemplo inigualable la orientación jurídico-política de la Cristiandad Medieval. En el caso de los Virreinatos, por ello es que cuando a los indios
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influencia del positivismo moderno (en el caso de Napoleón «yo no sé derecho, sé código de Napoleón»), parece que lo que no está en la ley no existe, lo que hace que se convierta el derecho en el estudio de la ley. La ley no es el derecho en su totalidad, y de ahí que la epiqueya para el caso concreto bajo el criterio en favor de la caridad y el amor para procurar el bien se deban imponer al legalismo, pues la ley está hecha para el hombre, no el hombre para la ley.7
¿POR QUÉ LA HISTORIA DEL DERECHO? Hoy en día existe una tendencia a descartar todos los conocimientos que no reporten una utilidad técnica, a partir de la cual sea posible maximizar una posibilidad de ganancia. Al existir un claro enfoque centrado en el desarrollo matemático-científico dentro de las universidades, en términos de las exigencias del mercado, se dejan a un lado todas las reflexiones de corte humanista. En el estudio del derecho, esto no es la excepción: cada vez existe mayor desprecio por todo aquello que no tenga una aplicación directa en el desarrollo de la actividad profesional. De esta forma, materias como la que nos ocupa, Historia de las ideas político-jurídicas, así como otras humanidades, fácilmente se toman como algo superfluo, incluso innecesario. Predomina un pensamiento que considera inútiles las reflexiones de esta naturaleza, sobre todo en vista de solamente obtener una matrícula que sirva para acceder a mejores oportunidades laborales. Es por esta razón que es vital comenzar a partir de su justificación. ¿Por qué tratar estos tópicos?
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americanos que habían vivido durante tres siglos bajo las Leyes de Indias pasaron a convertirse en ciudadanos, iguales ante la ley, acabaron siendo los más desfavorecidos. Es decir, la igualdad, aunque se tome de forma dogmática por los sistemas contemporáneos, es en sí misma cuestionable como principio orientador de las instituciones políticas. José Antonio Lozano Díez señala que este formalismo que nos lleva a la ley es la excepción en la historia, que cuenta con apenas dos siglos de existencia con respecto a toda la historia del derecho, bajo los parámetros del individualismo, el progreso, la simplicidad, el pesimismo y la sistematización.
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¿De qué sirve conocer el panorama general de la historia de la cultura jurídica occidental? Más allá del simple deseo de erudición, en torno a la acumulación de fechas y datos en la memoria, el conocimiento de la historia de la ciencia jurídica en Occidente permite: a) conocer de una mejor manera el pasado (función teórica de la historia), para facilitar la valoración crítica del derecho en el presente, en el entendido de que a todos, como agentes históricos de la actualidad, nos define un pasado común que nos orienta a pensar y a actuar de una determinada manera, y b) cuestionar las narrativas históricas sobre las cuales se edifican pretensiones ideológicas plasmadas en el derecho vigente (función social de la historia). Al reflexionar jurídicamente la historia del derecho, se observará que la valoración de los documentos jurídicos del pasado, así como del contexto dentro del cual surgieron, permite un mayor entendimiento de los del presente, con lo cual naturalmente se desarrolla un criterio que es propio del jurista, no tanto del técnico legista — vulgarmente denominado leguleyo—. Con el estudio de los modelos jurídicos que han operado en el transcurso de la historia, se consolida la jurisprudencia, en la manera de un saber práctico que entiende a profundidad los principios plasmados en la ley o en las sentencias judiciales.8 Se observa así, que conocer históricamente el derecho es indispensable para una formación crítica que permita entender el derecho como herramienta práctica en la obtención de soluciones justas dentro de una comunidad. Todo historiador debe ser jurista, así como todo jurista debe ser historiador. La labor del jurista es analizar hechos y circunstancias relevantes frente a un caso que se le presenta, para después considerar las reglas y los principios jurídicos que les subyacen, para finalmente emitir un juicio. Dentro de este proceder, existen numerosas implicaciones filosófico-políticas que orientarán el sentido de la conclusión que se obtenga, fuera de la aplicación de un silogismo lógico que arroje 8
Las instituciones plasmadas en ley o los criterios en los que se basa la resolución de conflictos no son creación ex profeso de un legislador o de un juez, sino que son interpretaciones de fórmulas establecidas desde hace siglos. Se debe conocer con claridad estos principios para darles una efectividad práctica que permita la justicia.
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una solución matemáticamente precisa como consecuencia, según los planteamientos del iuspositivismo, el cual continúa contaminando gravemente la mentalidad de los operadores jurídicos hoy en día. Es en la valoración de los principios jurídicos en la que la cultura jurídica jugará una importancia fundamental, pues la reflexión crítica se dará en función del conocimiento de distintas herramientas interpretativas, las cuales solo pueden tenerse en cuenta si se sabe de su aplicación histórica. Si no existe una reflexión crítica sobre los principios jurídicos de los cuales derivan las normas, el operador jurídico se limita a ser un engrane en la aplicación práctica del derecho, sin conocimiento de las implicaciones reales de su labor.9 Un verdadero jurista conoce mucho más que las disposiciones normativas vigentes, pues es a partir de todo lo que existe debajo de la ley, que deriva su originalidad y su visión aguda para la orientación del derecho en uno o en otro sentido. Es en la reflexión histórica y filosófica de la ciencia jurídica que el abogado deja de ser una mera extensión del aparato gubernamental, para convertirse en el conocedor de las cosas divinas y humanas, así como de la ciencia de lo justo y de lo injusto, según la definición clásica de Ulpiano. Un jurista está al servicio no del Estado, sino de la justicia. Entender el derecho como realidad histórica permite dimensionarlo como lo que es, no como un ordenamiento jurídico divinizado a grado excelso, sino como el reflejo de las íntimas raíces de una comunidad. El ordenamiento jurídico representa una interpretación del mundo que nos rodea, plasmado en reglas e instituciones que permiten otorgarle un determinado orden. El derecho necesariamente atiende a la naturaleza de las cosas, a la reflexión de lo que la realidad es, lejos de las pretensiones ideológicas que puedan subyacer a los cuerpos normativos. Es así como, entender el derecho desde su historicidad es la herramienta clave para la valoración crítica, para la formación de la mentalidad del jurista, y no del operario. La historia del derecho es indispensable para romper el paradigma estatista, para dejarlo de considerar como un fin en sí mismo establecido, acorde a las reglas
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Ya observaba Nicolás Gómez Dávila que «una educación sin humanidades prepara sólo para oficios serviles».