PENSAR POR UNO MISMO
COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT HUMANIDADES Manuel Asensi Pérez
Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València
Ramón Cotarelo
Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia
M.ª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València
Juan Manuel Fernández Soria
Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València
Pablo Oñate Rubalcaba
Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València
Joan Romero
Catedrático de Geografía Humana Universitat de València
Juan José Tamayo
Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid
Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales
PENSAR POR UNO MISMO
ENRIQUE ORTS BERENGUER Universidad de Valencia
tirant
humanidades
Valencia, 2019
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© Enrique Orts Berenguer
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Índice 1. Prólogo................................................................................................................ 9 2. Introducción ..................................................................................................... 11 3. Sugerencias......................................................................................................... 15 4. Ejercicio.............................................................................................................. 71 5. Algunas propuestas de solución.................................................................... 183 6. Epílogo................................................................................................................ 193
1. PRÓLOGO He tenido muchas cosas en común con mi buen amigo Enrique que ha dado en escribir este libro. En él pone de manifiesto que su principal preocupación, como lo era de Kant al que apela, es la respuesta a la segunda de las preguntas kantianas, qué debo hacer. Esa pregunta nos acompaña durante toda nuestra vida a cada momento y ante cada actividad que se nos plantea: es totalmente cotidiana. Pues bien, al pedirme un prólogo para este libro Enrique no me ha puesto en la tesitura de elegir entre el sí o el no, el sí o el no, no es problemático, para mí no es un problema decidir si debo escribir un prólogo o no escribirlo en el caso de un libro de Enrique. El problema no radica en el sí sino en el cómo. ¿Cómo se escribe un prólogo a un libro de esta naturaleza? Es decir, un libro que pretende sintetizar el deber, el conjunto de deberes y el conjunto de prohibiciones que llenan nuestra vida. Él hace una tentativa desde luego elogiable, pero ¿es realmente una respuesta? Pensamos que sí, pero nos sería difícil justificarlo, yo estaría de acuerdo en la mayoría de cosas que dice aunque jamás he reflexionado sobre ellas. Pero, después de una reflexión ¿haríamos lo que el libro sugiere que se haga? ¿o la virtud del libro no está en decirnos qué es lo que
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debemos hacer si no en decirnos que debemos reflexionar antes de hacerlo o no hacerlo? Yo creo que ahí radica el quid de la cuestión. El libro nos invita a planearnos el problema que generalmente eludimos de si debemos elegir lo que elegimos y su virtud principal es esa, que no es poca. He compartido con Enrique muchos amigos que ya se han ido, algunos de los que menciona en la lista han sido muy importantes para mí, y por lo que veo, también para él, de modo que ha escogido un camino no de decirnos cuál es la verdad moral, ni de decirnos cuál es en cada caso nuestros deber moral, cosa que nos provocaba a veces interminables discusiones, si no el de decirnos de modo básico cómo puede cumplirse ese deber y eso no puedo considerarlo si no un acierto. Es un acierto exigir que nuestras acciones moralmente discutibles respondan a una decisión tomada tras un proceso concienzudo de reflexión. Tomás S. Vives Antón
2. INTRODUCCIÓN ¿Cuántas veces las personas, de cualquier edad, hemos de enfrentarnos con un problema e intentar resolverlo de la mejor manera posible? ¿Cuántas veces hemos de tomar decisiones muy variadas? Naturalmente, hay problemas sencillos y problemas difíciles; hay decisiones elementales y decisiones complejas, y todos los días se han de tomar muchas: ¿me levanto o me quedo en la cama calentito/a? ¿Desayuno cacao con leche y unas galletas, o un zumo de naranja y una tostada? ¿Qué ropa me pongo? ¿Voy andando o en autobús? ¿Estudio o me voy a jugar? ¿Cómo soluciono este problema de Matemáticas? ¿Cómo le digo que no a una amiguita que me ha pedido que la invite a dormir en mi casa, porque no me apetece, sin que se moleste? ¿Cómo convenzo a mis padres para que me dejen ir a la fiesta de unos niños que no les gustan, ni ellos ni sus padres, pero a mí sí? Lucía y Carmen se han portado mal conmigo y se han burlado de mí ¿debo ir a hablar con ellas y decirles claramente que no está bien lo que han hecho, pero las perdono, o debo hablar con ellas por separado y decirle a Lucía que Carmen cuenta chismes de ella, y a Carmen que Lucía la pone verde por detrás, para así conseguir que se enemisten y fastidien mutuamente? Andrés está enamorado de Laura y a Laura le gusta Andrés, pero también le gusta Eduardo ¿lo mejor que puede hacer Andrés es decirle a Lau-
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ra que Eduardo prefiere a Clara, o que Eduardo es gay, o…? Una niña o un niño a los que aprecias mucho sufren una desgracia, una enfermedad, la pérdida de una persona muy querida... ¿debes procurar animarlos y consolarlos, quitarle importancia a lo sucedido…? En clase, el profesor acusa a un compañero de haber hecho una travesura y le dice que le va a imponer un castigo; pero, tú sabes que no fue él, que fue otro compañero ¿Qué haces? Un hombre sin recursos se enfrenta al dilema de apropiarse de alimentos ajenos o ver como sus hijos pasan hambre… La idea de este librito es fruto de la propia experiencia, de la propia experiencia y de la ajena, en la infancia, en la adolescencia, en la madurez y en la post madurez, y de los estudios de muchos años. Uno recuerda errores cometidos, algunos aciertos, errores en los que probablemente no hubiera incurrido con lo que sé ahora, y bastantes carencias, lo que no significa que no siga equivocándome casi a diario. Soy humano, Al escribirlo he pretendido poner esas experiencias, esos conocimientos y los correspondientes fracasos a disposición de personas jóvenes que no han tenido tiempo de vivir lo suficiente y entrenarse lo bastante para hacer frente a los problemas cotidianos; contribuir a que quienes me lean dispongan de algunos instrumentos más para superar mejor las dificultades que a menudo se plantean tanto cuando se piensa como cuando se habla o cuando se escucha, cuando han de tomarse resoluciones o zanjar una dificultad o remediar un daño o al menos atenuarlo. Porque es esencial discurrir bien ante todas las situaciones con las que nos to-
Introducción
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pamos para enfocarlas lo más adecuadamente posible y determinar qué actitud o qué solución son las más acertadas o menos desacertadas. En otras palabras, quiero recomendar a los posibles lectores que sigan la consigna de uno de los pensadores más importantes de la historia, de Kant: que piensen por cuenta propia, que se atrevan a pensar, que ejerciten su inteligencia con libertad. Kant decía que pensar por cuenta propia es buscar en la propia razón el criterio supremo de la verdad, preguntarse a sí mismo si la solución o el comportamiento elegidos podrían ser aceptados por cualquier otra persona como un principio de actuación universal. Y, modestamente, me gustaría ayudarles a recorrer ese camino, y a que cifren su máxima dicha en la libertad. Desgraciadamente, observa Kant, «el pueblo no cifra su máxima dicha en la libertad, sino en sus fines naturales»: gozar de buena salud, tener a salvo su dinero y superar de algún modo el temor a la muerte. Desde luego, todos queremos gozar de buena salud…, pero no está mal tener otros fines, como esforzarse en ser mejor persona, más cultivada, más preocupada por los demás y por intentar hacer algo por ellos. En cuanto a su estructura, el librito está dividido en tres partes: en la primera, Sugerencias, se ofrecen indicaciones sobre cómo razonar de la mejor manera posible; en la segunda, Ejercicios, se recogen situaciones, ejemplos, historias, más o menos problemáticas con potenciales respuestas; y en la tercera, Soluciones, se sugieren criterios para seleccionar
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contestaciones reflexivas a propósito de algunos de los problemas planteados. Verás que con frecuencia aparecen en el texto algunas líneas en letra cursiva (la utilizo para aclararte alguna cosa o, a lo peor, para confundirte sin querer), y algunas palabras que hayas de buscar en el diccionario (o en google). Pero eso nos pasa a todos. Muchas gracias por tu atención y ojalá el librito te entretenga. En Valencia, a 14 de abril de 2019
3. SUGERENCIAS Empezaré diciéndote que hay formas de razonar inadecuadas, que no conviene olvidar, y que, por encima de todo, se ha de tener claro lo que se quiere. Lo decente, cuando se razona para dentro o para fuera, es buscar la verdad, aproximarse al máximo a ella, ser veraz. Para lo cual es preciso esforzarse y proceder con honradez. Si se busca solamente fantasear, engañarse uno mismo o confundir a otro, se hacen trampas. Puede exponerse una opinión con argumentos bien trabados en apariencia, pero si conducen al disparate o a un mal fin (engañar, justificar lo injustificable, perjudicar a otro…) no se está razonando debidamente. Y aunque te encuentres muchas veces con la palabra “verdad”, no intentaré definirla, porque no sabría hacerlo. Filósofos, científicos…, vienen esforzándose en explicarla desde hace mucho tiempo y…
El buen razonamiento debe ser coherente (lógico) y moralmente correcto. Por lo tanto, hacen falta ante todo sinceridad y honradez, así como conocimientos, pues sin conocimiento de aquello de lo que se habla es casi imposible pensar o decir algo juicioso. No es un problema sólo de estudios, pues pueden tenerse y razonar muy mal o no tenerse, pero sí poseer sensatez y conocer los propios límites e hilar fino. La mayoría de las personas no sabemos una palabra de cómo se construye una nave aeroespacial ni un satélite artificial, ni sabemos
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astrofísica, ni…, y si nos ponemos a hablar de esas cosas deberemos ser muy prudentes y limitarnos a algún aspecto elemental y descriptivo para no dar opiniones descabelladas.
Y, antes de pasar a los verbi gratia, se ha de ser consciente de la importancia de la inteligencia a la hora de razonar. La inteligencia es un don, que te toca en la proporción que te toca. Pero si la inteligencia es inapreciable, tanto o más inapreciable es saber encauzarla y sacarle partido, pues cabe mejorarla o anquilosarla. Tener un coche de gran cilindrada, de muchos caballos es estupendo para muchos, pero si no se sabe conducirlo y controlarlo muy bien se corre el riesgo de no aprovechar con seguridad toda esa potencia y tener un grave accidente.
Y ahora ya, veamos algunos ejemplos. Son preguntas que debes intentar responder razonadamente. Pero antes me parece imprescindible sintetizarte varias reglas o principios muy relacionados con las reflexiones y las formas atinadas y desatinadas de argumentar. En general, cuando razonamos para resolver un problema, una cuestión, una situación, una disyuntiva, que nos surgen en la vida cotidiana o que nos planteamos por el motivo que sea, si tenemos la cabeza bien amueblada y hemos aprendido a abordar racionalmente los problemas, aumentan mucho las posibilidades de que los resolvamos más satisfactoriamente: Ante todo, serenidad: cualquier decisión, cualquier problema, cualquier situación comprometida, cualquier peligro,
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se adoptan, se afrontan y se resuelven mejor con la cabeza fría que con acaloramientos, con emociones desatadas, con temores incontrolados. El primer paso siempre ha de ser el de determinar, con el mayor grado de precisión a tu alcance, cuál es la cuestión, el problema, el peligro, la situación inquietante, la o las alternativas, el motivo de tu desazón o interés… Es decir, si son reales, no imaginarios... Y, no menos importante, es determinar si quieres llegar a la verdad, a lo que más te gusta, a lo que más te conviene, a lo que más le gusta o le conviene a otra persona, a “derrotar” a otros… El segundo, evaluar la importancia y gravedad de la cuestión, del problema, del peligro, de la situación preocupante, de la o de las disyuntivas… Sin permitir que te atormente: disgustarse, coger un gran berrinche, un tremendo enfado, entristecerse…, son emociones humanas que en nada te benefician ni te ayudan a encontrar una buena salida para una complicación, más bien te hacen pasarlo peor. El tercero, preguntarte por la forma en que te afectan y/o si afectan a otras personas. El cuarto, no olvidar que es imposible conocer al milímetro todos los pormenores del problema, la cuestión, la situación, etc., que quieres o pretendes solucionar o te causa pesadumbre... Es lógico esmerarse en acumular toda la información posible, pero llega un momento en el que has de resolver en un sentido o en otro, de lo contrario caes en la inacción (en no hacer nada, quedarte sin saber hacia dónde ir).
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El quinto, vinculado al anterior: es asimismo impensable aprehender todas las consecuencias de nuestras decisiones y de las opciones descartadas. El sexto: seleccionar el camino, el método más adecuado para alcanzar el objetivo que te hayas propuesto, y seguirlo hasta donde te conduzca. Tras ponderar todos esos extremos, viene la toma de la decisión, que ha de ser honrada, justa y no perjudicial ni para uno mismo ni para los demás, o de la conclusión a la que se llega tras el apropiado razonamiento, o la opinión que adoptas... Establecidos estos puntos, il va de soi, en francés, o va de suyo o es evidente, en castellano, que todo este proceso solamente es necesario y se desarrolla de manera íntegra, compleja y difícil en algunas ocasiones. La mayoría de nuestras decisiones no son problemáticas. Tus primeras decisiones mañaneras son las de abandonar la cama, ponerte las zapatillas, ir al cuarto de baño, vestirte, desayunar, ir al colegio, estudiar, hacer los deberes, etc., pocas complicaciones al fin y a la postre. Si tienes sed y hay a tu alcance una jarra con agua y un vaso, poco tienes que pensar; si llueve y llevas un paraguas…; si tus padres te hacen un bonito regalo…; si tienes ganas de hacer pis (siempre que tengas un sitio dónde desahogarte, porque si no…). Etc. El titubeo nace ante opciones de similar trascendencia, ante el choque entre apetencias y obligaciones, ante el peligro de sufrir un daño, ante lo desconocido, inesperado o incierto…, no ante alternativas muy desiguales. Puedes estar indecisa/o cuando te invitan unos amigos a ir al cine o a merendar a una cafetería, salvo que hayas visto la película o no te interese y la cafetería no te guste o no tengas hambre; o la invitación es para visitar Londres, Roma o París (y no conoces ninguna de las tres ciudades)... Verdaderamente, entre la obligación y la diversión, entre
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el trabajo y el asueto, no hay oposición (no debería haberla), pues ha de cumplirse con el primero y disfrutar del segundo en sus respectivos tiempos. Es probable que una tarde te apetezca más jugar o ver una película que estudiar y preparar las tareas de las clases del día siguiente, pero ahí no hay duda sobre lo que debes hacer, lo sabes muy bien: primero los deberes, después los juegos; o primero los juegos, si dejas tiempo suficiente para los deberes a continuación. Ante el peligro de sufrir un daño, ante lo desconocido, inesperado o incierto…, recuerda siempre los seis principios (serenidad, etc.) y sigue unas cuantas pautas de sentido común: si se cierne sobre ti el riesgo de hacerte o de que te hagan daño, lo primero es no agravarlo; evita hacer algo que empeore la situación; si puedes ponerte a salvo, ponte, si tienes todas las de perder y oportunidad de escapar, escapa, ya habrá tiempo para las réplicas; si no puedes librarte del daño, minimízalo, redúcelo al máximo. Por último, estarás de acuerdo en que la indecisión se evapora si te ofrecen hospedarte en un hotel magnífico con piscina o en una modesta pensión; un bocadillo de buen jamón o un mendrugo; un vestido de lo más actual y moderno o una prenda pasada, pasada y cursi…
Vayamos con los ejemplos: a) Si has visto muchos gatos negros y sólo gatos negros ¿puedes afirmar: todos los gatos son negros? b) Si has visto muchas mesas de cuatro patas y sólo mesas de cuatro patas ¿puedes decir: todas las mesas tienen cuatro patas? c) En cambio ¿puedes asegurar: – todos los hombres son mortales, – Arturo es hombre, luego, – Arturo es mortal?
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Se suele emplear el nombre de Sócrates, un filósofo de la antigüedad, para este silogismo –tres proposiciones, la última de las cuales se desprende de las dos anteriores–.
d) Y ¿podrías decir: – todos los hombres son blancos, – Arturo es hombre, luego – Arturo es blanco? e) ¿O – los gallegos son españoles, – los españoles son europeos, luego – los gallegos son europeos? f) ¿Y – todos los colombianos son americanos, – todos los americanos son hombres, luego – todos los colombianos son hombres? g) ¿Y – los españoles no son africanos, – los gallegos son españoles, luego – los gallegos no son africanos? h) Por último, – ¿el que roba es ladrón, – Arturo ha robado, luego – Arturo es ladrón?