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EPISTEMOLOGÍA Y METODOLOGÍA JURÍDICA


COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT LO BLANCH MARÍA JOSÉ AÑÓN ROIG

Catedrática de Filosofía del Derecho de la Universidad de Valencia

ANA CAÑIZARES LASO Catedrática de Derecho Civil de la Universidad de Málaga

JORGE A. CERDIO HERRÁN

Catedrático de Teoría y Filosofía de Derecho. Instituto Tecnológico Autónomo de México

JOSÉ RAMÓN COSSÍO DÍAZ

Ministro de la Suprema Corte de Justicia de México

EDUARDO FERRER MAC-GREGOR POISOT Presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM

OWEN FISS Catedrático emérito de Teoría del Derecho de la Universidad de Yale (EEUU)

JOSÉ ANTONIO GARCÍA-CRUCES GONZÁLEZ

Catedrático de Derecho Mercantil de la UNED

LUIS LÓPEZ GUERRA

Juez del Tribunal Europeo de Derechos Humanos Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Carlos III de Madrid

ÁNGEL M. LÓPEZ Y LÓPEZ

Catedrático de Derecho Civil de la Universidad de Sevilla

MARTA LORENTE SARIÑENA

Catedrática de Historia del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid

JAVIER DE LUCAS MARTÍN

Catedrático de Filosofía del Derecho y Filosofía Política de la Universidad de Valencia

VÍCTOR MORENO CATENA

Catedrático de Derecho Procesal de la Universidad Carlos III de Madrid

FRANCISCO MUÑOZ CONDE

Catedrático de Derecho Penal de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla

ANGELIKA NUSSBERGER

Jueza del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Catedrática de Derecho Internacional de la Universidad de Colonia (Alemania)

HÉCTOR OLASOLO ALONSO

Catedrático de Derecho Internacional de la Universidad del Rosario (Colombia) y Presidente del Instituto Ibero-Americano de La Haya (Holanda)

LUCIANO PAREJO ALFONSO

Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Carlos III de Madrid

TOMÁS SALA FRANCO

Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad de Valencia

IGNACIO SANCHO GARGALLO

Magistrado de la Sala Primera (Civil) del Tribunal Supremo de España

TOMÁS S. VIVES ANTÓN

Catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Valencia

RUTH ZIMMERLING

Catedrática de Ciencia Política de la Universidad de Mainz (Alemania)

Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales


EPISTEMOLOGÍA Y METODOLOGÍA JURÍDICA

Adolfo Jorge Sánchez Hidalgo

Valencia, 2019


Copyright ® 2019 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de la autora y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com.

©  Adolfo Jorge Sánchez Hidalgo

© TIRANT LO BLANCH EDITA: TIRANT LO BLANCH C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: www.tirant.es ISBN: 978-84-1313-291-4 MAQUETA: Innovatext Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro Procedimiento de quejas. Responsabilidad Social Corporativa: http://www.tirant.net/Docs/RSCTirant.pdf


A mi amada Lola y a la vida que en ella crece


Índice Prólogo............................................................................................... 13 Introducción........................................................................................ 19

Sección I ONTOLOGÍA Y EPISTEMOLOGÍA JURÍDICA Capítulo 1 Hacia una perspectiva ontológica del derecho 1. NECESIDAD DE UNA ONTOLOGÍA JURÍDICA................... 25 2. LA NATURALEZA DE LAS COSAS UNA PRIMERA REALIDAD ONTOLÓGICA............................................................... 34 3. COGNOSCIBILIDAD DE LA NATURALEZA DE LAS COSAS..................................................................................... 38 4. LA NATURALEZA DE LAS COSAS COMO IDEA PREVIA DEL RAZONAMIENTO JURÍDICO....................................... 46 Capítulo 2 El método jurídico. Diferentes propuestas metodológicas

1. 2. 3. 4. 5. 6.

METODOLOGÍA JURÍDICA Y EL PROBLEMA DEL MÉTODO. 51 EL MÉTODO ANALÍTICO..................................................... 54 EL MÉTODO HERMENÉUTICO........................................... 58 EL MÉTODO DE LA ARGUMENTACIÓN............................ 61 EL MÉTODO HERMENÉUTICO-ANALÍTICO..................... 65 EL REALISMO METÓDICO................................................... 68 Capítulo 3 El conocimiento jurídico

1. RACIONALIDAD Y CONOCIMIENTO JURÍDICO............... 73 2. MODALIDADES DEL CONOCIMIENTO RACIONAL.......... 79 3. MODALIDADES DEL CONOCIMIENTO JURÍDICO RACIONAL................................................................................... 82


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Índice

3.1. 3.2. 3.3. 3.4.

Saber jurídico común....................................................... 83 Saber jurídico técnico...................................................... 85 Saber jurídico científico................................................... 87 Saber jurídico filosófico................................................... 91 Capítulo 4 Derecho y sociedad

1. INTRODUCCIÓN. HOMBRE Y SOCIEDAD POLÍTICA........ 95 2. LOS PRINCIPIOS DE SUBSIDIARIEDAD Y SOLIDARIDAD.. 101 2.1. El principio de subsidiariedad.......................................... 101 2.2. El principio de solidaridad............................................... 108 A) La idea de solidaridad en la historia del pensamiento jurídico-filosófico....................................................... 108 B) Delimitación de la idea de solidaridad....................... 115 3. EL ESTADO DEMOCRÁTICO DE DERECHO...................... 121 3.1. El modelo inglés.............................................................. 128 3.2. El modelo estadounidense............................................... 130 3.3. El modelo continental...................................................... 132 4. LAS FUENTES DEL DERECHO O SISTEMA DE DECISIONES NORMATIVAS................................................................ 136 4.1. Las fuentes del Derecho como sistema de decisiones jurídicas................................................................................ 138 4.2. El lugar de la jurisprudencia en el sistema de decisiones jurídicas........................................................................... 139

Sección II METODOLOGÍA JURÍDICA Capítulo 5 La determinación negocial del derecho 1. EL DERECHO INSTITUCIONAL........................................... 147 1.1. Naturaleza de la institución jurídica................................ 147 1.2. Clasificación de las instituciones jurídicas........................ 150 1.3. Funcionalidad del derecho institucional........................... 155 2. EL NOTARIO Y LA DETERMINACIÓN NEGOCIAL DEL DERECHO............................................................................... 158


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Índice

3. LA INTERPRETACIÓN DE LOS NEGOCIOS JURÍDICOS.... 162 3.1. Las reglas de interpretación del Código Civil................... 164 3.2. La integración del negocio jurídico.................................. 166 3.3. Analogía y equidad en el Derecho privado...................... 169 Capítulo 6 La interpretación jurídica 1. ¿QUÉ ES INTERPRETAR?....................................................... 175 2. LA CONFIGURACIÓN DEL HECHO DEL CASO................. 182 2.1. El hecho bruto................................................................. 182 2.2. Elementos del supuesto de hecho de las normas.............. 184 2.3. Las pautas de valor.......................................................... 188 2.4. El hecho en cuanto enunciado......................................... 189 3. LA INTELECCIÓN NORMATIVA.......................................... 191 3.1. Insuficiencia de una tópica de reglas de interpretación..... 192 3.2. Mens legislatoris o ratio legis........................................... 194 3.3. Las normas a la luz de sus destinatarios.......................... 195 3.4. La norma y su texto: semántica, pragmática y sintaxis.... 200 3.5. La norma y su contexto: contexto sistemático y contexto histórico y socio-político................................................. 201 3.6. La finalidad de la norma y el Derecho: la orientación teleológica.......................................................................... 206 Capítulo 7 El sentido dialéctico del derecho 1. EL MÉTODO DIALÉCTICO: REGLAS Y PRINCIPIOS.......... 209 2. EL PROCESO JUDICIAL COMO PARADIGMA DEL MÉTODO DIALÉCTICO.............................................................. 213 3. LA LITIS COMO CONSTRUCCIÓN DIALÉCTICA............... 219 3.1. La demanda y su contestación......................................... 219 3.2. Dialéctica de los hechos y dialéctica de la prueba............ 222 3.3. Dialéctica de las normas.................................................. 225 3.4. Consideración dialéctica de la jurisprudencia: el precedente judicial, la jurisprudencia legal y la dogmática jurisprudencial.................................................................... 228


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Índice

Capítulo 8 La determinación conflictual del derecho 1. DELIBERACIÓN Y ARGUMENTACIÓN: HECHOS Y DERECHO EN LA SENTENCIA.................................................. 233 1.1. Audiencia previa: juicio de relevancia, aceptación de las pruebas y fijación del objeto del proceso......................... 235 1.2 El juicio: deliberación fáctica y normativa....................... 237 A) La deliberación fáctica............................................... 239 B) La deliberación normativa......................................... 241 1.3. Argumentación judicial y sentencia................................. 243 2. EL JUICIO PRUDENCIAL: ACTUALIDAD DE ARISTÓTELES.. 246 3. LA DETERMINACIÓN DE LO QUE ES JUSTO..................... 250 Bibliografía......................................................................................... 253


Prólogo Diego Medina Morales

Catedrático de Filosofía del Derecho. Universidad de Córdoba

En más de una ocasión, en otras sedes, ya he puesto de manifiesto que, según mi opinión, al derecho hay que entenderlo como un arte, es decir, como “algo que se hace”, como el producto de la actividad de los juristas (pragmáticos y dogmáticos, pues ambos aspectos son igualmente importantes) cuando tratan de encontrar el mecanismo o componenda que les permita, en cada caso, alcanzar a solucionar el concreto conflicto social sobre el que estén, en cada caso, interviniendo. Sin embargo, errónea o intencionadamente, a veces se tiende a confundir el derecho con las leyes; esta confusión, a mi parecer, se ha viso reforzada, durante los siglos XIX y XX de nuestra historia, merced al platonismo que ha presidido durante ese periodo al positivismo jurídico, que cegado por fantasear acerca de la creación de la “sociedad racionalmente perfecta”, la tentó de esbozar mediante la imposición de modelos “ideales” (de uno u otro tipo) productos, a su vez, del despótico “poder” atribuido –gracias a un supuestamente “justificado” ejercicio de autoridad racional– por las leyes –las leyes de los imperantes, claro está– que les habilitaban (atribuían “autoridad para”) dictar por decreto los “ordenamientos jurídicos” a los que debía acogerse cualquier sociedad que pretendiese ser reconocida como “moderna”. “Ordenamientos jurídicos”, claro está, im-puestos por el presunto –o presuntos, si pluralizamos el adjetivo– “re-presentante” –es decir, el que “cobra por mandar” (o los que “cobran por mandar” si volvemos a pluralizar, pues suele ser esta clase demasiado numerosa en las sociedades presuntamente democráticas)– del siempre encomiado pueblo –es decir, de los que “pagan por obedecer”– burda patraña que, sin embargo, por repetida por los “intelectuales


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Prólogo

orgánicos” de turno, ha ido calando en las gentes hasta que, por efecto repetitivo, se ha convertido en un in-discutible tópico. El derecho no es la ley, por fortuna, aunque a muchos les interese mantener tal patraña. La ley, todo lo más, es un instrumento –cierto que, en ocasiones muy importante, pero instrumento en todo caso– de auxilio para el jurista a la hora de hacer su actividad y cuando el jurista –en sus muy diferentes facetas– hace su actividad, entonces, aparece el derecho, es decir, el mecanismo que permite resolver un conflicto, proteger un bien, comunicar bienes entre sujetos, atribuir una facultad a cierta persona, etc. La ley, por si misma, no es más que cosa inerte, inútil y, por supuesto, sin “vida”. La ley no es más que un patrón que, como cualquier otro patrón, encuentra sólo utilidad y razón de ser cuando “se la usa” –es decir cuando el jurista la instrumentaliza– para hacer posible que una necesidad humana encuentre remedio; sólo así la ley encuentra su razón de ser. Mientras tanto la ley no es nada, salvo que en lugar de patrón al servicio de la justicia, se convierta en instrumento de sometimiento y coerción, a merced de la intención de quien la haya creado, pero entonces la intención del “buen legislador” evidentemente no será tanto la de ofrecer a los juristas un buen instrumento para materializar su quehacer –insisto, la actividad jurídica, es decir, el derecho–, sino un instrumento de dominación muy útil –por otra parte– para imponer a las gentes hábitos de comportamiento que dirijan la sociedad al modo y manera que el autor de las leyes –en virtud de una supuesta superioridad moral– haya concebido. Así la ley se convierte, de instrumento al servicio de la resolución de conflictos –labor de juristas– en instrumento de dominio y de ingeniería social –labor de tiranos–. El derecho es, pues, un noble arte mediante el cual no se debería tratar de imponer a nadie un “modo de vida”, sino que, por el contrario, el ejercicio de este arte debería aspirar a eliminar, mediante la puesta en práctica de un método de resolución de conflictos –de intervención mínima–, el máximo de conflictos que pueden surgir cotidianamente en la vida social. Y precisamente, como toda otra actividad ejercitada en el marco del tejido social, requiere que la misma se ejercite de un modo ordenado y sistemático por parte de sus operadores, para así llegar a un resultado o fin adecuado a tales


Prólogo

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objetivos; es decir, requiere de un método. Efectivamente la importancia del método para el derecho es francamente superlativa. El trabajo que aquí presentamos tiene por objeto hacer una exposición comprensible y sistemática de lo que podemos entender por metodología del derecho o metodología jurídica. Cierto que, durante años, en los planes de formación ofrecidos en las Facultades de Derecho, a quienes a ellas acudían a formarse como juristas, no solían aparecer ofertas formativas metodológicas, lo cual a mi siempre me pareció un grave error. Por ello, a lo largo de mi carrera académica procuré, cada vez que pude, ofrecer a los alumnos y a los juristas egresados –cuando ellos manifestaban su interés–, mediante actividades seminariales o cursos de extensión universitaria, una mínima formación en metodología jurídica. En España, durante años, la tarea de difusión e investigación en este ámbito del derecho la sostuvieron algunos prestigiosos juristas, con algunos de los cuales tuve cercana relación y también el privilegio de contar con su valiosa amistad; mucho aprendí de los viejos maestros, como lo fueron Antonio Hernández Gil, autor de la importante “Metodología de la Ciencia del Derecho” y del no menos importante “El abogado y el razonamiento jurídico”, o Juan B. Vallet de Goytisolo, autor de toda una mastodóntica obra sobre metodología, que recoge títulos como “Metodología Jurídica”, “Metodología de las leyes”, “¿Fuentes formales del derecho o elementos mediadores entre la naturaleza de las cosas y los hechos jurídicos?”, “Metodología de la determinación del derecho”, “Metodología de la aplicación del derecho”, resumidos todos ellos en sus muy sencillos y útiles “Manuales de Metodología jurídica” que, en cuatro pequeños volúmenes, fueron publicados en el año 2004. Fuera de nuestras fronteras la cita de clásicos de la metodología del derecho sería interminable, desde Michel Villey, Karl Larenz, Perelman, Kalinowski, Esser y un interminable número de importantes autores que aquí no tenemos por qué citar, salvo que queramos incurrir en fastidiosos olvidos. De todos ellos aprendí y de todos ellos me serví para poner al servicio de los juristas un mínimo de formación en tan importante asunto. Sin método no hay, ni puede haber, actividad jurídica que pueda ofrecernos un resultado que garantice alcanzar el correcto objetivo. La metodología es muy importante en el mundo de la Ciencia o del


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Prólogo

conocimiento en general, como lo acredita la obsesiva preocupación que en todos los tiempos han demostrado quienes se han acercado al mundo de la episteme (ἐπιστήμη). Así desde Aristóteles, Santo Tomás, Occan, Scoto, Hobbes, Descartes, Erhard Weigel, Pufendorf, Kant, por citar sólo algunos ejemplos, todos ellos, antes que preguntarse por el “ser” de las cosas, se cuestionaron acerca del método con el que se había de intentar el acercamiento a la realidad. En este sentido, la lucha por el conocimiento ha sido, en general, la lucha por la depuración del método, para así, gracias a un mayor rigor en los procedimientos, mediante un método más exigente, alcanzar en la medida de lo posible la certeza. Justamente cuando hoy, en nuestra demagógica sociedad, se pregona –a través de cualquier variopinto medio de comunicación– que la verdad es producto de la opinión y que, en consecuencia, cualquier opinión es aceptable (lo que no es más que una falacia útil para pastorear a las masas e imponerles con mayor facilidad hábitos que interesan a los que “cobran por mandar” o a quienes, ocultos tras esa “casta”, “mandan a quienes mandan”), se traiciona el rigor del conocimiento metódico que, como es obvio, no depende de la “doxa” (δόξα), sino del rigor que el método impone como disciplina al conocimiento intelectivo. De este modo, indagar, argumentar y descubrir, son actividades que se logran sólo si rigurosamente se sigue el uso de un método; por decirlo con mayor claridad, la búsqueda y la producción del conocimiento científico nunca podrán originarse, como ya hemos dicho, en el seno de la mera opinión, sino que para su producción es fundamental una actividad cognoscitiva ordenada y sistemática capaz de penetrar, así, en el núcleo de los problemas y de proceder a su correcta explicación. En el ámbito del derecho hay dos modos de contemplar la utilidad del método, de una parte, el método está relacionado con las cuestiones teóricas que se refieren a la orientación más abstracta del mundo jurídico (la dogmática), orientación ésta, sin duda, dirigida a trabajar en la esfera de los fundamentos y estructura del derecho, pero sin mostrar necesariamente proximidad a una realidad jurídica-histórica concreta. Este método nos ofrece un conocimiento dogmático (científico diríamos, si no tuviéramos presentes las reservas que en su día brillantemente expuso Kirchmann) de las teorías que tratan de


Prólogo

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presentar ordenada y sistemáticamente las proposiciones universales, ciertas y seguras, acerca del derecho. De otra, el método se relaciona con la manufactura del conocimiento empírico (la determinación del derecho) que se origina singularmente para la resolución de un caso concreto de la realidad social, contemplando la experiencia del sujeto cognoscente (el juicio prudencial del jurista práctico) para trabajar con hechos o situaciones de hecho reales y, por ello, plurales. El nexo entre la visión dogmática (que tiende a consolidarse en normas) y la visión empírica (pragmática) es fundamental en el conocimiento del derecho, lo cual parece obvio vista la vocación de servicio práctico que tiene el derecho, como hemos sostenido, y sin la cual dejaría de tener sentido. El Derecho existe y se justifica en su vocación de solucionar problemas y no, precisamente, por la probabilidad de crearlos; esa capacidad de solucionar problemas en la sociedad es un logro que se consigue precisamente merced a la utilización del método por parte de los juristas. Adolfo Sánchez Hidalgo, autor del presente trabajo, ha dedicado, desde que se incorporó como joven investigador a la Universidad, gran parte de su tiempo al estudio de la metodología. Su tesis doctoral, prontamente publicada por la Fundación Matritense del Notariado, tuvo como objeto de estudio el método en relación al derecho en Juan Berchmans Vallet de Goytisolo. Después han venido otras muchas publicaciones relacionadas con esta temática y que no son necesarias aquí recordar; en este intenso itinerario, recorrido a lo largo de estos ya más de diez años, Sánchez Hidalgo ha madurado categorías y asentado conocimientos en esta materia de manera que le permiten ahora reflexionar, en la obra que sigue a este prólogo, sobre un buen número de cuestiones inherentes al método y a su aplicación al derecho. Lo hace, precisamente, distribuyendo su contenido en dos partes o secciones, una primera referida a la epistemología jurídica, es decir, al conocimiento del derecho y a los métodos que de ello se han ocupado, sirviéndose en esta empresa de un rico manejo de fuentes, la segunda sección atiende a la tarea de la determinación o concreción del derecho. Se trata de un trabajo de gran actualidad, y sobre todo muy necesario en nuestros días, vista la imperiosa obligación que tenemos –todos aquellos que cooperamos a la construcción dogmática del derecho– de concienciar, en general al “pueblo”, pero sobre todo a


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Prólogo

la “caterva jurídica”, de que una cuestión tan importante como el “arte del derecho” (hacerlo, entiéndase; ya expresemos con ello la idea de construirlo dogmáticamente o de practicarlo socialmente) no puede quedar a la deriva de la opinión (ya sea singular o pluralmente constituida). El derecho es labor de especialistas conocedores del método jurídico y capaces de someter sus emociones al rigor metodológico. El “saber jurídico” y el “oficio del derecho”, requieren de un método en su hacer (en su “buen hacer”) que le atribuya objetividad a sus resultados (abstractos o concretos, insisto) y no nos debemos, sobre todo los juristas, dejar influir por la opinión sesgada de los múltiples medios de presión social (empezando por los tendenciosos y –por lo general– parciales medios de comunicación), debemos ser rigurosos en nuestro proceder jurídico y no dejarnos dominar por los meros sentimientos emocionales o/y los partidistas intereses al realizar nuestro “oficio” o “arte”, pues de otro modo los resultados de la actividad jurídica se rendirán subjetivos, parciales y arbitrarios. Como tiene dicho el autor de la obra: “la determinación de lo justo es la función propia de todo jurista y, especialmente, de los jueces y tribunales; pues a ellos corresponde la decisión última o, de un modo más clásico, dictaminar lo justo en caso de conflicto”; difícil cometido, de por sí, éste; cometido aún más delicado si no se cuenta al menos con un método al que seguir, que garantice la objetividad, la integridad y la justicia; incluso así tal objetivo resulta, en muchas ocasiones, una aspiración ética de naturaleza intencional difícil de “sustancializar”. Córdoba 16 enero de 2019.


Introducción

La obra, que se presenta al lector, intenta ofrecer una explicación lo más completa posible de la metodología jurídica, disciplina que ha sido el objeto principal de mi interés en estos quince años de experiencia docente e investigadora. Los estudios contenidos en la obra recogen los principales problemas de la metodología jurídica contemporánea: el proceso intelectual para la conformación jurídica de los hechos y la plena comprensión de las normas, la dialéctica inherente a todo proceso jurídico como rasgo diferenciador de la interpretación jurídica y la determinación prudencial del Derecho en su doble vertiente negocial y conflictual. Con este objetivo principal, la monografía comienza con la reflexión filosófica acerca de los fundamentos epistemológicos y ontológicos del Derecho y su praxis; pues sin una adecuada fundamentación racional el método que se propone quedaría desvirtuado. Paralelamente, esta cimentación servirá para refutar aquellas teorías o corrientes filosóficas, que han reducido el razonamiento jurídico a una mera aplicación de reglas, como si de un juego lógico se tratase. Sólo cuando se presenta el Derecho en toda su complejidad ontológica puede ofrecerse una visión metodológica completa. En el conjunto de estos estudios se defiende la complementariedad de todo saber jurídico como premisa necesaria de la actividad de los juristas. Así, se coordina la visión científica del Derecho con la técnica jurídica y con la reflexión filosófica para construir del mejor modo posible una teoría del razonamiento jurídico, que respete su particular naturaleza problemática o, en otras palabras, su carácter esencialmente casuístico. El lector encontrará entre sus páginas el recuerdo del realismo clásico, las enseñanzas de la hermenéutica jurídica y la influencia de la concepción dialéctica del Derecho, sin perjuicio de una orientación ética que contempla al jurista como el artífice de la justicia. Es de rigor señalar al lector los principales autores y profesores de Filosofía del Derecho, que han contribuido a la formación y desarrollo de las tesis metodológicas y cuya influencia queda manifiesta


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Introducción

a lo largo de las páginas de esta obra. Sin duda, los estudios, aquí contenidos, son el resultado del permanente diálogo del autor con los autores, que han sido objeto de estudio, cuando no, directamente, los responsables de mi formación y desarrollo. En este sentido, destaca Diego Medina Morales, responsable del despertar de mi vocación por la Filosofía del Derecho, quien me ha educado e instruido en esta disciplina, desde hace más de una década en su condición de maestro. Más allá de la amistad que nos une, es mayor mi gratitud por mostrarme la importancia ius-filósofica de un conocimiento del Derecho, centrado en su carácter casuístico y atento a los procesos de concreción práctica de las normas; por enseñarme a huir de las elucubraciones cerebrinas, ajenas a la verdadera realidad jurídica y proclives a perderse en inútiles juegos del lenguaje; por recordarme incansablemente que el Derecho es un arte inseparable del sentido de equidad, patrimonio del jurista, que no puede encerrarse en una estrecha lógica formal o en una preceptiva dogmática. Así mismo, el lector especializado en Filosofía del Derecho observará cómo recurrentemente en estas páginas se vuelve la mirada sobre la obra de autores muy notables y conocidos en esta disciplina. Principalmente, destaca la figura de Juan Vallet de Goytisolo, autor al que tuve el honor de tratar personalmente y el recuerdo de nuestros diálogos sobre metodología jurídica en su despacho madrileño me acompañará siempre. No en vano, mi tesis doctoral, defendida a principios del año 2010, estuvo centrada exclusivamente en su pensamiento metodológico y, sin duda, a su estudio le debo la perspectiva ius-privatista con la que examino la metodología del derecho. También debe resaltarse la influencia en esta monografía de Gregorio Robles Morchón, padre de la llamada Teoría Comunicacional del Derecho, una novedosa perspectiva acerca del Derecho que ha sido objeto de mis investigaciones en los últimos años y que, en no pocas ocasiones, ofrece un cauce óptimo para el desarrollo de las tesis de esta obra. Otra de las características principales de este libro es la profunda convicción ontológica del Derecho como objeto de la justicia y la necesidad de la formación del jurista para el conocimiento y aprehensión de los bienes éticos jurídicos. Este espíritu eticista y esta posición ontológica fuerte se debe a la influencia, que ejercen en mí las lecturas de Francisco Carpintero Benítez.


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