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TIEMPOS DE EMERGENCIA IMAGINARIOS, DIAGNÓSTICOS Y ECOLOGÍAS


Comité Científico De La Editorial Tirant Humanidades Manuel Asensi Pérez Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València Ramón Cotarelo Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia M.ª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València Juan Manuel Fernández Soria Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València Pablo Oñate Rubalcaba Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València Joan Romero Catedrático de Geografía Humana Universitat de València Juan José Tamayo Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid

Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales


Daniel López del Rincón Marta Piñol Lloret

(Eds.)

TIEMPOS DE EMERGENCIA IMAGINARIOS, DIAGNÓSTICOS Y ECOLOGÍAS

tirant humanidades Valencia, 2023


Copyright ® 2023 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de los autores y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant Humanidades publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com. Este libro forma parte del grupo de investigación TIEMPHA y se ha realizado en el marco del proyecto I+D "Temporalidades de Emergencia. Imaginarios, Diagnósticos y Ecologías (PID2020-120564GA-I00/AEI/10.13039/501100011033) financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación.

© Daniel López del Rincón Marta Piñol Lloret Helen Torres Víctor Ramírez Tur Miguel Ángel Martínez Paula Bruna

© TIRANT HUMANIDADES EDITA: TIRANT HUMANIDADES C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: www.tirant.es Depósito legal: V-3195-2023 ISBN: 978-84-1183-048-5 © Diseño gráfico e ilustración de la portada: basada en el proyecto de Paula Vicente, 67 manzanos y otras formas de vivir y morir (2020) Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro Procedimiento de quejas. Responsabilidad Social Corporativa: http://www.tirant.net/Docs/RSCTirant.pdf http://www.tirant.net/Docs/RSCTirant.pdf


Índice Prólogo................................................................................................................................................................

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Helen Torres Presentación.....................................................................................................................................................

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Daniel López del Rincón Marta Piñol Lloret Capítulo 1 Bioartes para el fin de los tiempos...................................................................................................

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Daniel López del Rincón Capítulo 2 Temporalidades volteadas de duelo. De las suspensiones íntimas al cariño intergeneracional.................................................................................................

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Víctor Ramírez Tur Capítulo 3 ¿Puede un árbol enseñarnos a morir? Enfermedad, tiempo y “naturaleza” en la literatura y el arte contemporáneo.........................................................

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Miguel Ángel Martínez Capítulo 4 Insectos, arañas y otros seres terroríficos. Las fisuras del antropocentrismo y el reto del giro ecocentrista tras el cine de terror de plagas.........................................

63

Paula Bruna Capítulo 5 La muerte es pasado y no futuro: utopías y distopías en el universo biopunk...................................................................................................................................

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Marta Piñol Lloret Autores................................................................................................................................................................

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Índice

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Prólogo El cementerio del capitalismo

Lo siento, pero no existe. Todavía. Tenemos pilas de cadáveres, algunas lápidas, unos cuantos arreglos florales, pero nos falta lo esencial: no tenemos tierra. Nuestros muertos hoy duermen entre raíces, acarician las nubes, se bañan entre medusas sin temor al picor, nos cantan en la enfermedad. Su presencia vital nos ayuda a pensar. Pero no siempre fue así. Por eso hay tanto cadáver dando vueltas. Aunque los tiempos llamados Antropoceno, Capitaloceno y Tecnoceno ya no son nuestros tiempos, sus fantasmas siguen alumbrando nuestras pesadillas… ¡Difícil enterrar tanto cadáver incorrupto! Pero como son nuestros ancestros, nuestro porvenir, hemos aprendido a convivir con ellos. Tienen una almohada en cada cama, un cuenco con agua fresca en las ventanas, una ofrenda amorosa el Día en que se abre el umbral. *** Así me gustaría empezar un relato de ficción especulativa, que podría titularse «Pensar con lo que no quiere morir», y estaría situado en un futuro contaminado por nuestro presente. Plásticos, radiación, sequías y otras consecuencias de nuestra irresponsabilidad durante al menos los últimos cien años marcarían el escenario de la trama. Los protagonistas no medirían sus vidas según triunfos o fracasos, ni siquiera según sus errores, sino según la sintonización entre sus intensidades, sus trayectorias, sus líneas de fuga y las necesidades de la comunidad. Sus historias de vidas se irían tejiendo a través de las relaciones que les hacen ser, sus temporalidades serían un amasijo de sueños y experiencias, tan fragmentadas que hoy nos resultarían psicóticas. Sueños como este nacen de la necesidad de imaginar mundos donde el olvido no se considere función necesaria para vivir el presente, mundos no dominados por Egos ni Yoes, mundos sin gobierno en los que pueblos y comunidades vivan en sintonía. Es un sueño de lo más vulgar, por común e imposible. Pero necesario. Porque si no soñamos con otros mundos, apenas podremos vivir y morir en este.

Prólogo

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Por eso son importantes libros como el que tenéis en las manos. Porque nos ofrecen perspectivas sólidas y análisis profundos sobre otros mundos que están en este, sobre las maneras posibles y probables de habitar esos mundos que apenas llegamos a vislumbrar. Para que un terreno sea fértil y pueda alimentar nuevos brotes es necesario compost, semillas y cuidados. En estas páginas encontraréis abono y semillas, los cuidados van por vuestra cuenta. Así que prestad atención. Tiempos de emergencia. Imaginarios, diagnósticos y ecologías nos invita a pensar sobre nuestros tiempos desde la gravedad del desastre generalizado y la necesidad de acción inmediata. Es necesario actuar, pero con responsabilidad y paciencia, virtudes poco cultivadas en el Antropoceno/Capitaloceno/Tecnoceno. Que la urgencia no nos lleve a engaño: tenemos que pensar. Pero no pensar solos, desde nuestras fortalezas humanas, sino pensar con otros seres, con sus temporalidades y espacialidades específicas. Para ello, necesitamos prestar atención y aprender a traducir desde lenguajes inabarcables, incomprensibles solo desde la razón, a los que podemos acceder atendiendo a las reverberaciones, los ecos, la repetición, el hábito de la escucha, la humildad, la sintonización. Para llevar a cabo esta tarea propia de una aventura de ciencia ficción, necesitamos herramientas. Esas herramientas pueden ser puntos de vista desde los que tejer nuevos relatos para contrarrestar el peso de los mitos apocalípticos que erigen fetiches como verdades absolutas. El fetichismo de la tecnología, el fetichismo de la ciencia, el fetichismo del progreso, el fetichismo del gen… y la lista sigue. Cuando lo que necesitamos para pensar en clave simbiótica son figuras, no fetiches. Los fetiches literalizan, induciendo de esta manera un error material y cognitivo elemental. Los fetiches hacen que las cosas parezcan claras y bajo control. La técnica y la ciencia parecen tratar sobre la precisión, la ausencia de tendencias, el buen destino, y tiempo y dinero para llevar adelante el trabajo, y no sobre la creación semiótico-material de tropos y la consecuente construcción de unos mundos y no de otros.1

De eso se trata, de la construcción de unos mundos y no de otros. De ahí la importancia de pensar en distintas temporalidades que conviven, superponiéndose

1.

HARAWAY, D. (2004): Testigo_Modesto@Segundo_Milenio. HombreHembra_Conoce_Oncoratón. UOC, p. 162.

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Helen Torres


y enredándose. No se trata solo de pensar en el futuro, en algo que ocurrirá (o no) en el porvenir, sino de atender a temporalidades no humanas, a temporalidades no capitalistas, a temporalidades narrativas que nos ayuden a reescribir historias de los orígenes. Porque el pasado se proyecta en el presente, lo que vivimos hoy es la cristalización de eventos pasados. Pasado, presente y futuro se reconfiguran de manera constante, sostiene la física Karen Barad, de ahí la importancia de prestar atención a las reconfiguraciones en las que participamos. ¿Por qué se han solidificado unos hechos, y no otros? ¿Cómo puede la memoria ayudarnos a recrear pasados que lleven a la materialización de ciertos hechos, y no otros? No se puede cambiar el pasado, pero se puede, y es necesario, inscribir en la historia lo que fue anulado por la lógica de la narrativa del progreso. Los distintos puntos de partida para hablar de la temporalidad que ofrecen estos textos se presentan como un diálogo entre distintas perspectivas. Ciencia ficción y muerte, insectos y bioarte, árboles y cantos fúnebres, el tecnoceno y el relato del fin de los tiempos, el antropoceno y sus fisuras. Temporalidades no humanas, los tiempos «alterados» del duelo y la enfermedad, un presente denso en que pasado, presente y futuro se superponen y repliegan, invitando a dar respuesta de nuestras acciones a quienes acarrearán las consecuencias, son distintos puntos de partida a través de los cuales los distintos artículos de Tiempos de emergencia nos invitan a una conversación que cuestiona la idea de futuro como salvación, las promesas incumplibles del progreso, la postergación del presente en aras de un futuro mejor, solo posible gracias a una solución tecnológica, postergación que tanto se asemeja a la promesa cristiana del paraíso eterno. Esta conversación abona el terreno donde pueden florecer formas de sintonización que reemplacen a la sincronización temporal actual, que acaba indefectiblemente en el apocalipsis. Dice Donna Haraway que, «A menudo, el futuro se da a partir de la posibilidad de un pasado». Lo apocalíptico es nuestro pasado, nuestro futuro todavía tiene alguna posibilidad. Solo si nos atrevemos a imaginarla. Helen Torres

Prólogo

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Presentación Daniel López del Rincón Marta Piñol Lloret El libro que tienes en tus manos es un libro que no solo trata sobre la emergencia y sus articulaciones temporales sino que está escrito desde ahí, desde unos Tiempos en Emergencia, de los que todos, inexorablemente, somos expertos de un modo u otro. El libro es el primero de la plataforma internacional de investigación TIEMPHA, como parte de las preguntas y debates que de manera colectiva estamos manteniendo una serie de investigadoras tratando de articular diagnósticos sobre las formas que adquiere este “presente denso” en el que vivimos, pero también de articular propuestas derivadas de estas observaciones. En su conjunto, el libro elude la idea de centro, priorizando en cambio una lectura desorganizada, siguiendo la lógica de la rayuela, que es tan adecuada para describir el puzle cambiante de nuestros tiempos de emergencia. El prólogo de Helen Torres, que amadrina este primer proyecto con su capacidad para tejer redes de ideas y afectos, nos sitúa ante la necesidad de especular como estrategia para habitar en los tiempos de emergencia. Una especulación de carácter político, que es una protesta y a la vez una propuesta para imaginar colectivamente, es decir, para interpelar los imaginarios heredados y el modo de ensancharlos, agrietarlos o dejarlos de lado. Desde el lugar que escoge Helen Torres para iniciar el libro, este puede leerse como un semillero de imaginarios desde los que habitar estos tiempos en crisis. Ojalá, recogiendo la propuesta de Ursula K. Le Guin que Helen ha compartido con nosotros en otros encuentros, el libro pueda entenderse como una bolsa, también por llenar. Sí podemos definir el lugar crítico que queremos abrir con la denominación de “Tiempos de Emergencia” que tiene que ver, inevitablemente y de manera situada, con la crisis planetaria y sus síntomas visibles, pero también con una experiencia alterada de la temporalidad. En este punto, los imaginarios de la temporalidad, sus desplazamientos y alteraciones, constituyen uno de los terrenos más fértiles para comprender de una manera compleja a la vez que específica, el mundo en el que nos encontramos.

Presentación

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Pensar de manera múltiple y descentrada, a la vez que situada y específica, es el objetivo de este libro a través de sus cinco capítulos. En su conjunto, creemos que estos revierten sobre cuatro ejes temáticos, que no son excluyentes entre ellos:

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•

Imaginarios de la Emergencia y sus valores temporales.

•

Temporalidades alteradas y cuestionamientos de la temporalidad lineal.

•

Politizaciones del tiempo y temporalidades queer.

•

Temporalidades no humanas y revisiones críticas de la naturaleza.

Daniel López del Rincón y Marta Piñol Lloret


Capítulo 1

Bioartes para el fin de los tiempos1 Daniel López del Rincón Debemos vivir el tiempo del fin Bruno Latour

Imaginar el Apocalipsis

Resulta sintomático que, justo en el momento en que empezamos a ser conscientes de los efectos catastróficos de la crisis medioambiental, se produzca un aumento significativo de películas, series, novelas, videojuegos, que tienen como tema la destrucción y el colapso del planeta y sus habitantes. Esta inflación de imaginarios apocalípticos contrasta con la parálisis que caracteriza nuestras acciones contra el cambio climático. Parece que la premisa de Jameson sigue siendo cierta: es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo. En nuestro mundo, los modos de abordar la crisis climática convergen a menudo en la tecnología. Soluciones tecnoapocalípticas en donde la fe en el progreso actúa como cómplice de la irresponsabilidad con el presente. “De alguna manera -nos dice Harawayla tecnología vendrá al rescate de sus traviesas pero astutas criaturas o, lo que vendría a ser lo mismo, Dios vendrá al rescate de sus desobedientes pero siempre esperanzadoras criaturas.” (Haraway, 2020, p. 20). La búsqueda de planetas habitables y la proyección de viajes espaciales (pensemos en Elon Musk, su empresa Space X y el proyecto de realizar viajes tripulados a Marte) es un ejemplo tan hiperbólico como representativo del modo tecnoapocalíptico de buscar soluciones al colapso del planeta. Bien mirado, la búsqueda

1.

El presente texto toma como punto de partida el elaborado por el mismo autor para el catálogo de la exposición sobre Biomorfismo, comisariada por Angela Lampe para Caixaforum: López del Rincón, D. (2023) The End. Tácticas contrapocalípticas en las prácticas del bioarte. En: Arte y naturaleza. Un siglo de biomorfismo. Centre Pompidou y Fundación La Caixa, 41-50.

Bioartes para el Fin de los Tiempos

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de planetas habitables es bastante poco tranquilizadora porque se basa en una premisa terrorífica: que nuestro planeta va a ser inhabitable. Y que lo damos por perdido. Existe un componente indudable de huida hacia adelante en estas soluciones tecnoapocalípticas. Este ejemplo es igualmente representativo del modo en que el sistema es capaz de buscar soluciones a la crisis planetaria sin cuestionar sus mismas premisas ni prácticas. La paradoja es evidente: la de confiar en que el causante del problema será el más adecuado para resolverlo. “El fin de la tierra no será nuestro fin”, este fue el lema utilizado para anunciar el lanzamiento de la película Interstellar (Christopher Nolan, 2014). Ni un ápice de responsabilidad con respecto al planeta. Al contrario, fe en el humano y su capacidad de superación para acometer el problema.

Fig. 1. Cartel promocional de la película Interstellar (2014).

Los imaginarios de futuros tecnoapocalíticos con sus soluciones y promesas tranquilizadoras a menudo vienen acompañados de la nostalgia: la que produce la conciencia de la pérdida de un presente que se percibe en crisis y del que se teme su desaparición.

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Daniel López del Rincón


Temer al fin y buscar formas de sortearlo son las dos caras de la misma moneda. Los imaginarios apocalípticos buscan soluciones en la imaginación de aquello que no la tiene en la realidad. Son, a su vez, síntoma y huida de un presente en crisis. Por ello uno de los efectos de la lógica del progreso tecnológico es político, y tiene que ver con su capacidad de desactivar el presente, desplazando la esperanza a un futuro redentor. Hay algo de irresponsabilidad presente en la esperanza de futuro. Como si se tratara de un espejismo temporal, determinadas narrativas de futuros tecnológicos consiguen pasar de puntillas por la realidad de un presente herido (por el calentamiento global, por la extinción de especies, por la desertización o el deshielo, por las consecuencias de la acción insostenible de determinadas prácticas humanas) instalándose simuladamente en el horizonte de una promesa. Eso explica, al menos en parte, la parálisis efectiva que caracteriza la mayoría de (in)acciones contra el cambio climático. Posponer el presente es uno de los efectos colaterales de la fe en el progreso tecnológico. En un contexto de urgencia climática como el nuestro, la mirada despolitizada al futuro se convierte en cómplice del problema, y los imaginarios apocalípticos en instrumentos anestésicos. Frente a este tipo de narrativas de futuro encontramos voces, que definiremos como contrapocalípticas, que nos invitan a “permanecer en el problema” o a “aprender a vivir (y a morir) en un planeta herido” (Haraway, 2020); a asumir que “las ruinas son hoy nuestros jardines” (Tsing, 2015); o, incluso, a no acabar con la idea del Fin de los Tiempos (Latour, 2017), entendiendo que es ahí donde se inicia el replanteamiento de nuestros modos de estar en el mundo. Todas estas invitaciones tienen como lugar el presente, entendido como único espacio de la acción y, por tanto, del cambio. Es aquí donde adoptamos la propuesta de Zylinska (2018) de un “contrapocalipsis” como espacio y punto de partida para imaginar maneras presentes de vivir en el Fin. Tácticas contrapocalípticas que buscaremos entre las prácticas del bioarte, que se basen en una crítica a las narrativas redentoras y postergatorias del progreso, tratando de imaginar, en cambio, modelos de coexistencia alternativos entre las ruinas y vegetación de nuestro presente. Pensar a lo ancho (en el presente), más que a lo largo (en el futuro). Bioartes para el Antropoceno

¿Cómo pensar el mundo desde un punto de vista no humano? ¿Qué sentido tiene hacerlo, como será el caso de este texto, desde una práctica genuinamente humana como es el Arte? Y lo que es más importante: ¿Podría el arte ser aliado en

Bioartes para el Fin de los Tiempos

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la búsqueda de imaginarios alternativos al antropocentrismo que nos ha llevado al problema? Necesitamos nuevas formas de imaginar las relaciones con el planeta más allá de las soluciones de la futuridad de progreso que siempre están en el horizonte, nunca aquí y ahora. Creemos en la imaginación y la creatividad como herramientas políticas de cambio presente porque entendemos que imaginar es la única manera de interpelar y construir la realidad de otro modo. La práctica artística no es un mero “termómetro del tiempo”, pasiva y descriptiva, sino que es un marco para generar imaginarios, es decir, maneras de estar en el mundo. Sabemos hace tiempo que la crisis climática no es un problema espontáneo del planeta sino que tiene que ver con el ser humano y sus maneras de estar en el mundo. “Antropoceno” es el término que los geólogos y otros pensadores han escogido para dar nombre a la era geológica en la que vivimos. Al colocar al “ántropos” en el centro, el término “Antropoceno” reformula una crítica que no es nueva: la que señala la responsabilidad humana en el devenir de la Tierra y lo que en ella sucede. ¿Qué hacemos con el Antropoceno y lo que este implica para el planeta? Diversos autores coinciden en que la crisis climática se relaciona con una crisis de relaciones: unas relaciones fallidas entre el ser humano y la tierra. La consecuencia del Antropoceno no es solo el calentamiento global o la destrucción de ecosistemas, sino también la revitalización de la pregunta misma por nuestra relación con el planeta y por las relaciones que se establecen en él, así como por la búsqueda de imaginarios que nos permitan articular maneras distintas de habitar en él, y en las ruinas que hemos heredado. Creemos que el bioarte puede ser útil para activar debates que no solo tienen que ver con el qué, sino también con el cómo, e incluso con el entre. El bioarte es una manifestación artística que se gesta a lo largo del siglo XX (con autores como Edward Steichen o Salvador Dalí) aunque adquiere una gran importancia desde la década de los noventa, coincidiendo con el Proyecto Genoma Humano y los desarrollos de la ingeniería genética (López del Rincón, 2015, p. 41-142). En sus múltiples tendencias el bioarte no solo trabaja con temáticas relacionadas con la naturaleza y la tecnociencia sino que también utiliza sus mismos medios, es decir, trabaja directamente con la vida como material artístico. Las reflexiones sobre la naturaleza que encontramos en el bioarte no son solo metafóricas o simbólicas sino que se trasladan a una relación literal con lo vivo, convocando debates éticos. Creemos que el bioarte puede ser un semillero útil para pensar nuestra relación con el planeta ya que tematiza y problematiza las relaciones entre naturaleza y tecnociencia. Por eso ha atraído el interés de muchos artistas contemporáneos, que han encontrado en él un espacio para pensar desde otro lugar (y de otras maneras) el colapso ecológico.

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Proponemos traer algunas historias de coexistencia encontradas en una selección de prácticas artísticas de las últimas dos décadas, entendiéndose no como objetos estéticos, o no solamente, sino como formas tácticas de protesta y propuesta, de diagnóstico y de proyecto para pensar y hacer mundo. Vivir en un mundo en duelo

Vivimos en un mundo en duelo. La extinción de formas de vida es una de las consecuencias del cambio climático. Formas de vida, entendidas no solo como organismos, especies o seres individuales que mueren, sino también como “maneras de vivir” que desaparecen. Si, como dice Emanuele Coccia, “todo organismo es la invención de una manera de hacer mundo” (Coccia, 2017, p. 47), su desaparición implicaría la pérdida de una cosmogonía, un archivo de conocimientos sobre las maneras de estar, relacionarse y hacer mundo que podrían constituir alternativas a los modos humanos, que se han demostrado como catastróficos. Vivir en un mundo en duelo implica ser conscientes de la pérdida. Lloramos lo que apreciamos. La pregunta formulada por Butler sobre qué vidas merecen ser lloradas (y cuáles no) despierta la sospecha, en nuestro discurso de reflexión sobre el planeta, sobre la jerarquía de valores que el excepcionalismo humano proyecta sobre lo viviente. Un pedestal desde el que el ser humano, y su mirada sobre el mundo, privilegia unas formas de vida sobre otras. Es sintomático que nuestra preocupación sobre el cambio climático se haya despertado justo cuando el ser humano ha visto amenazada su propia existencia en el planeta. En los objetos de preocupación también opera el perspectivismo, mucho más que el altruismo. Es igualmente sintomático que muchas de las soluciones propuestas ni siquiera estén orientadas a revertir el problema, sino a huir de él: es el caso de las iniciativas que Zylinska (2018) agrupa bajo la denominación de “Exit Man”, consistentes en la búsqueda de otros planetas habitables (para los humanos, claro), que aparecen tanto en películas o series de ficción (Interstellar podría ser un ejemplo, aunque seguro que el lector podrá enumerar más ejemplos), como en proyectos de investigación reales, como es el caso de la mencionada empresa Space X, fundada por Elon Musk, o la búsqueda a través de indicadores diversos de planetas potencialmente habitables por parte de agencias espaciales internacionales. El relato del Arca de Noé (un relato apocalíptico) está más presente que nunca. Un mundo que se destruye y se deja atrás. Un mundo que aparece y permite empezar de nuevo. Una historia esperanzadora, que encubre el hecho de que, en la búsqueda de nuevos mundos existe un componente implícito

Bioartes para el Fin de los Tiempos

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