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UNIDAD IZTAPALAPA

CONSEJO EDITORIAL DE CIENCIAS SOCIALES Y HUMANIDADES

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CONSEJO EDITORIAL DE CIENCIAS SOCIALES Y HUMANIDADES


COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT LO BLANCH María José Añón Roig

Catedrática de Filosofía del Derecho de la Universidad de Valencia

Ana Belén Campuzano Laguillo

Catedrática de Derecho Mercantil de la Universidad CEU San Pablo

Jorge A. Cerdio Herrán

Catedrático de Teoría y Filosofía de Derecho Instituto Tecnológico Autónomo de México

José Ramón Cossío Díaz

Ministro de la Suprema Corte de Justicia de México

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Juez del Tribunal Europeo de Derechos Humanos Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Carlos III de Madrid

Ángel M. López y López

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Catedrática de Historia del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid

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Catedrático de Filosofía del Derecho y Filosofía Política de la Universidad de Valencia

Víctor Moreno Catena

Catedrático de Derecho Procesal de la Universidad Carlos III de Madrid

Francisco Muñoz Conde

Catedrático de Derecho Penal de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla

Angelika Nussberger

Jueza del Tribunal Europeo de Derechos Humanos Catedrática de Derecho Internacional de la Universidad de Colonia (Alemania)

Héctor Olasolo Alonso

Catedrático de Derecho Internacional de la Universidad del Rosario (Colombia) y Presidente del Instituto Ibero-Americano de La Haya (Holanda)

Luciano Parejo Alfonso

Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Carlos III de Madrid

Tomás Sala Franco

Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad de Valencia

José Ignacio Sancho Gargallo

Magistrado de la Sala Primera (Civil) del Tribunal Supremo de España

Tomás S. Vives Antón

Catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Valencia

Ruth Zimmerling

Catedrática de Ciencia Política de la Universidad de Mainz (Alemania)

Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales


LOS DERECHOS HUMANOS LABORALES

CARLOS REYNOSO CASTILLO

México D.F., 2015


Copyright ® 2015 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito del autor y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant Humanidades México publicará la pertinente corrección en la página web http://www.tirant.com/mex/ Este libro ha sido dictaminado positivamente por pares académicos ciegos y externos, a través del Comité Editorial del Departamento de Sociología de la UAM IZTAPALAPA.

Director de la Colección:

EDGAR CORZO SOSA

©

Carlos Reynoso Castillo

© Universidad Autónoma Metropolitana Prolongación Canal de Miramontes 3855 Ex Hacienda San Juan de Dios

© EDITA: TIRANT LO BLANCH DISTRIBUYE: TIRANT LO BLANCH MÉXICO Río Tiber 66, PH Colonia Cuauhtémoc Delegación Cuauhtémoc CP 06500 MÉXICO D.F. Telf: (55) 65502317 infomex@tirant.com www.tirant.com/mex/ www.tirant.es ISBN: 978-84-9119-217-6 MAQUETA: Tink Factoría de Color Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro Procedimiento de quejas.


Rector General

Salvador Vega y León Secretario General

Norberto Manjarrez Álvarez

Coordinadora General de Difusión

Walterio Beller Taboada Director de Publicaciones y Promoción Editorial

Bernardo Ruiz Subdirectora de Publicaciones

Laura González Durán Subdirector de Distribución y Promoción Editorial

Marco Moctezuma


Introducción Los Derechos Humanos, como idea planteada desde hace varios siglos, han acompañado a la humanidad a lo largo de la historia como un referente que simboliza el respeto hacia el ser humano. Esta idea iría tomando forma jurídica desde el siglo XVIII e irradiaría a los países latinoamericanos en sus procesos de construcción como naciones independientes durante el siglo XIX, para más tarde avanzar, durante el siglo XX, hacia la formación de sistemas nacionales e internacionales de protección de esos derechos. Hoy en día los derechos humanos han avanzado también en el logro de un amplio consenso internacional, sobre todo en un mundo globalizado, en donde esos consensos parecen más comunes y se presentan como un elemento imprescindible sin el cual la comunidad internacional no puede avanzar hacia su modernización. La universalidad racional con la que siempre se identificaron a los derechos humanos tenía un alto grado de abstracción, sin embargo, hoy tiene otros significados. En su momento esta universalidad tenía que ver con una aspiración mundial, como una manera de reafirmar que estos derechos deben de respetarse ahí, y en cualquier parte del mundo, en donde se encuentre un ser humano; mientras que hoy esa universalidad tiene otros significados, es más específica, ya que tiene que ver con otro tipo de aspiraciones, como sería el que esos derechos deben ser respetados en todos los espacios de la vida de un ser humano, por ejemplo: en su vida familiar y social, en su relación con el Estado, en sus creencias y expresiones, en su actividad productiva, y de manera general, en todos los espacios y facetas en que el ser humano actúa. Uno de esos espacios en los cuales un ser humano pasa buena parte de su vida, es en el trabajo, y no hay razón alguna para considerar que en ese territorio los derechos humanos no deban de respetarse, de ahí que el ser humano en su manifestación como un ser productivo y partícipe de la creación de riqueza en una economía determinada —en específico en un centro de trabajo— es también sujeto titular de aquellos derechos de vocación universal. Los derechos humanos constituyeron, desde sus primeras manifestaciones, serios intentos por señalar límites a los poderes con los cuales un ser humano se relaciona (el Estado, los gobiernos, los empleadores y otros tipos de autoridades, etc.) y en ese sentido, los espacios de trabajo y las relaciones del ser humano-trabajador con las personas y autoridades encargadas


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e involucradas con los procesos productivos, siempre han formado parte del catálogo de derechos humanos planteado y promovido a lo largo de la historia. De esta manera, esos derechos humanos vinculados al mundo de trabajo siempre han estado presentes en las preocupaciones y aspiraciones que la humanidad ha considerado necesarios para la sana convivencia en sociedad. Si bien es cierto que en los últimos años se ha venido avanzando en la tarea de establecer reglas y límites a la actuación de los poderes públicos en sus relaciones con los ciudadanos, en esa tarea los derechos humanos están jugando un papel determinante, lo cierto es que en materia de derechos humanos laborales, estamos sólo en una fase hacia su desarrollo pleno, ya que por ahora muchos países, entre los cuales se encuentra México, han centrado su atención en tratar de regular, reconocer y normar el respeto de los derechos humanos de los trabajadores, pero sólo frente al Estado, dejando de manera rezagada y limitada el reconocimiento de los derechos humanos de los trabajadores frente a su empleador. Esta visión parcial del tema se refleja en la evolución legislativa de los últimos años, en donde el reconocimiento incluso constitucional de los derechos humanos en el ámbito laboral, se acota a las relaciones Estado y gobierno, por un lado y ciudadano-trabajador por el otro, dejando de momento la relación trabajador-empleador, como un espacio en donde los derechos humanos, si bien deben de respetarse de manera abstracta como principio básico de todo un sistema jurídico, no son objeto de regulaciones o reglamentaciones puntuales y concretas que los doten de factibilidad y vida en los centros de trabajo. Los derechos humanos, desde siempre habían estado como un referente filosófico y conceptual en la construcción de las sociedades, sin embargo hoy su revitalización a inicios del siglo XXI se manifiesta en el hecho de que se presentan como un concepto que pretende dejar de lado su presencia sólo abstracta, referencial y aspiracional, para tratar de manifestarse de manera tangible en la cotidianidad de la vida, en varios espacios y de manera destacada en las estructuras jurídicas nacionales, así como en aquellas que viene construyendo la comunidad internacional. Por su parte, los derechos humanos vinculados al mundo del trabajo o también llamados derechos humanos laborales, a pesar del reconocimiento prematuro de los mismos, y como integrantes del espectro de derechos que esta idea incluye, han tenido un desarrollo en buena medida autónomo del resto de los derechos humanos, ya que su desarrollo y concretización es algo relativamente reciente en países como México, reflejo de ello es la escasa doctrina nacional que sobre el particular existe. Es importante recordar que el nacimiento mismo del Derecho del trabajo, en muchos países como


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los latinoamericanos se dio en el último cuarto del siglo XIX y principios del XX, tuvo como contexto ideas humanistas y planteamientos que se inspiraban en la necesidad de respeto a los derechos humanos; sin embargo, cuando se señala aquí que los derechos humanos laborales son algo relativamente reciente, nos referimos al hecho de que, en efecto ha sido, en fechas recientes cuando se ha avanzado en un amplio sector de la doctrina, sobre todo europea, hacia la construcción conceptual de un marco que permita analizar y entender los derechos humanos en materia laboral y con ello la identificación de derechos concretos y específicos en los centros de trabajo y en las relaciones de producción. En el caso de México, siguiendo esta tendencia, si bien en algunos tratados de la doctrina especializada en Derecho del trabajo del siglo pasado se hacía referencia a los derechos humanos, ha sido hasta ahora cuando los expertos, y en escasas ocasiones los tribunales competentes, han empezado a analizar y señalar a las relaciones laborales y a los espacios de trabajo donde éstas se desarrollan como ámbitos en los cuales se pueden presentar violaciones a los derechos humanos. Este desarrollo tardío de los derechos humanos laborales atiende a diversas razones, pero una de ellas más o menos arraigada tiene que ver con una serie de prejuicios que han acompañado desde hace muchos años a las relaciones de producción y al marco jurídico que las regula. Entre esos prejuicios está el hecho de haber considerado a las relaciones laborales, que surgieron durante buena parte del siglo XIX, como un tema de incumbencia particular y privada, donde el Estado no debía ni podía interferir; más tarde el trabajo y sus reglas irían poco a poco siendo vistas como algo frente a lo cual el Estado podía y debía intervenir estableciendo un marco regulador, cumpliendo así uno de los fines a los que cualquier Estado debía aspirar, a saber lograr el bien común de todos los miembros de una sociedad, incluyendo a aquéllos que laboraban en condiciones de ajenidad. Más tarde, ese marco jurídico construido a lo largo del siglo XX se vería confrontado a un contexto adverso que dificultaría su aplicación y vigencia, y es en ese momento cuando los derechos humanos en general, incluyendo los laborales, reaparecen en la escena para presentarse como una opción y referente a partir del cual se han de orientar las adecuaciones a la normativa laboral y como un cimiento sólido y conveniente para la reconstrucción del edificio jurídico laboral. Esta idea de tener como guía a los derechos humanos en las transformaciones del mundo jurídico laboral, habrá de permitir labrar un edificio normativo cuya solidez se ha visto comprometida en los últimos tiempos. Es por esto que centrar nuestra atención en los derechos humanos laborales, en un momento tan peculiar y trascendente en la evolución del Dere-


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cho del Trabajo, en el mundo y en países como México, tiene como objetivo acercarse, de la mano de los lectores, al descubrimiento de su complejidad, pero sobre todo a tratar de constatar que estamos frente a un nuevo paradigma en la evolución de las normas del trabajo. Si bien por ahora solo podría calificarse como una pretensión, estamos convencidos que los derechos humanos laborales, son una de las guías más importantes para construir o reconstruir el Derecho del trabajo en los años por venir. En efecto, partir de las garantías y derechos que deben reconocerse y respetarse a todo ser humano, permitirá reflexionar, cómo esos derechos deben de cuidarse en los espacios de trabajo, y por ende, como deben regularse y adoptar los mecanismos de protección. Nuestra propuesta de exposición en este trabajo está dividida en tres partes. En la primera parte se muestra cómo se ha venido construyendo la idea de derechos humanos laborales y de manera particular, así como los alcances y el significado que en México tienen las reformas constitucionales en este tema. En la segunda parte se hace un análisis puntual del catálogo de derechos humanos laborales, tanto en los aspectos individuales como los colectivos. La tercera parte está dedicada a centrar la atención en los mecanismos legales, tanto a nivel nacional como internacional, diseñados para proteger los derechos humanos laborales. Por último, se presentan algunas conclusiones con las cuales se intenta ofrecer una reflexión final al lector. Sin omitir que se encontrará una bibliografía seleccionada con la que se busca que el lector pueda contar con un material que centra su atención hacia el tema desarrollado en este trabajo.


I. LA EVOLUCIÓN Y LOS CONCEPTOS

A. NOCIONES PRELIMINARES El derecho entendido como el conjunto de normas jurídicas por medio de las cuales se pretende organizar la vida en sociedad, es consustancial a la evolución de ésta, ya que en la existencia y sobrevivencia de las mismas sociedades, el derecho se presenta como un elemento necesario e indispensable. En la formación y evolución de los grupos sociales, el elemento jurídico aparece como algo impostergable a diseñar o modificar, en buena medida porque representa el trazo del marco dentro del cual se busca que los seres humanos y sus grupos vivan. Es por ello que en la mayoría de las gestas históricas que han marcado la evolución de muchas naciones, la preocupación por plasmar los ideales y aspiraciones en normas jurídicas, llámese constituciones políticas, declaraciones internacionales o acuerdos de diversa índole, aparecen en primer orden y generalmente como una prioridad. Así mismo, las reglas y normas plasmadas en el cuerpo normativo denominado derecho, son parte del acuerdo de una sociedad en un momento o época determinada, necesario al desarrollo de la misma en sus diversos ámbitos. Por ello resulta normal que hoy en día en que se presentan una serie de cambios políticos, económicos y sociales en todo el mundo, uno de los temas de debate cotidiano sea precisamente la adaptación o adecuación del derecho a las nuevas realidades. El mundo del trabajo y la producción no escapan a esta situación. Los equilibrios políticos y económicos alcanzados luego de la Segunda Guerra Mundial en buena parte del mundo, se empezaron a transformar en las últimas décadas, y este cambio en el contexto en que las normas pretenden ser aplicadas, muestran la falta de correspondencia entre los marcos jurídicos y las realidades para las cuales fueron diseñados. Por su parte en las empresas, la incorporación de nuevas tecnologías, los cambios en los mercados en los que participan, la implementación de nuevas formas de organización del trabajo, la participación creciente de la mujer en los procesos productivos, entre otros factores, han llevado a la necesidad de cuestionarse la vigencia y conveniencia del marco jurídico que regula las relaciones obrero-patronales, y es precisamente ahí, en un contexto y ambiente desconcertantes, en donde se ubica el debate en torno hacia dónde deben guiarse las reformas laborales.


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En el caso de México, el momento que se vive en los primeros años del siglo XXI es particularmente vasto en ese sentido, ya que se viene transitando, con dificultades, en un proceso de democratización de los diferentes espacios de la vida nacional, en donde un lugar común en los debates sobre la adecuación del Derecho nacional es el recurrente señalamiento de que las normas existentes y vigentes se adoptaron para una época diferente, y que hoy en día han dejado de ser funcionales; mientras que por otra parte no hemos acabado como sociedad de tener los suficientes consensos y claridad que nos permitan diseñar y aprobar las nuevas reglas y normas que habrán de encuadrar jurídicamente los años por venir. Inmersos desde hace años en la discusión sobre la dimensión del Estado y sus instituciones, diversos países —entre ellos México— discuten términos como el de “Estado de bienestar”, un concepto que apareció en un intento del Estado por participar en la organización social aportando políticas y normas que permitían apoyar a aquellos que de otra manera les sería difícil acceder al disfrute de ciertos derechos. Hoy los derechos humanos, bien pudieran ser vistos como un intento por preservar, proteger y garantizar los derechos mínimos y necesarios para la convivencia social; se trata probablemente de una manera de actualizar y normar un nuevo acuerdo social con base en el cual se pueda dar viabilidad y estabilidad a una sociedad1. Esta concepción ha trascendido a los debates de instituciones pilares del sistema jurídico mexicano como el juicio de amparo, en el cual las propuestas de modernización a la legislación correspondiente en los últimos años, como veremos más adelante, buscan incorporar de manera destacada el concepto de derechos humanos2. Los derechos humanos, actualmente también aparecen como una premisa de la democracia; en ese sentido, un Estado que se pretenda democrático no le queda más que reconocer, respetar y dar funcionalidad, a los derechos humanos, en atención a que representan la aceptación de derechos de todos los miembros de una sociedad, más allá de las formas como esa sociedad toma sus decisiones de gobierno.

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En algunos países la doctrina, pero sobre todo la jurisprudencia, referidas en ámbito laboral, han avanzado en el sentido de dimensionar el papel que pueden jugar los derechos humanos, o derechos fundamentales en las relaciones laborales, Sin embargo, en esos espacios normativos pareciera haber el consenso de que estos derechos se presentan como un límite a las facultades “organizativas y controladoras” del empresario. Cf. Arias Domínguez A. y Rubio Sánchez F., “El derecho de los trabajadores a la intimidad”, Cuadernos de Aranzadi Social, Ed. Thomson, Aranzadi, Navarra, 2006, p. 15. Véanse las reformas a la Ley de amparo en los años recientes, en especial la publicada en 2013, de la cual nos ocuparemos en este trabajo más adelante.


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Es en este contexto donde se vuelve a hablar de la necesidad de regresar al análisis de conceptos fundamentales de los sistemas jurídicos como los derechos humanos. Se trata de un tema añejo, fuertemente influenciado por el iusnaturalismo, que desde hace más de doscientos años sirvió de guía e inspiración jurídica en la formación de muchos Estados nación, pero que hoy en día cobra de nueva cuenta vigor a la luz de los cambios en varios espacios de la vida social, incluyendo las relaciones de producción, en donde pareciera haber una necesidad de orientación sobre los alcances y límites que han de tener los cambios a sus marcos jurídicos. El iusnaturalismo planteaba la existencia y necesario reconocimiento de derechos a todo ser humano sólo por el hecho de serlo, sin ninguna limitante ni consideración. Esta idea sería acogida y defendida por algunos sectores político-sociales desde el siglo XVI en América Latina, y aunque en algunos casos derivó en planteamientos, por ejemplo de reconocimiento de derechos a los indígenas, lo cierto es que esos esfuerzos serían en la mayoría de los casos limitados y con escasa eficacia en su aplicación. Sin embargo, la evolución de estas ideas influiría en el inicio de las revoluciones de independencia y posteriormente en los movimientos de renovación constitucional de muchos países, sobre todo latinoamericanos, durante el siglo XIX. El devenir histórico sobre la influencia que ha tenido el iusnaturalismo en el reconocimiento de los derechos humanos, es visto por algunos autores por lo menos desde dos vertientes, el iusnaturalismo teológico y el iusnaturalismo racional. En el caso del iusnaturalismo teológico, se asume que todos los hombres gozan de ciertos derechos producto de una voluntad superior, omnipotente y omnipresente, y que esa voluntad tiene expresiones concretas en un orden de la misma naturaleza; en ese sentido, el hombre, como “criatura de dios” por un lado y la sociedad misma por otro, ambos deben ser respetadas en su dignidad3. El pronunciamiento que la Iglesia Católica ha expresado al paso de los años por medio de diversas Encíclicas, aparece como un intento por desarrollar una idea de derechos humanos de origen divino.

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“Este enfoque lo podemos apreciar en diversas concepciones que la Iglesia Católica ha dado a estos derechos, como se plantea en varias encíclicas papales, como son la Rerum Novarum de León XIII (1891); la Divine Instituciones, de Pío XII (1942); la Mater et Magistra, de Juan XXIII (1961); así como del propio Juan XXIII la Pacem In Terris (1963)…”, “a estas Encíclicas hay que agregar otras más recientes como la “Redemptor Hominis (1979), Centssimus Annus (1991) y Veritas Splendor (1993)…” y Caritas Veritae. Cf. Quintana Roldán, y Sabido Peniche, Derechos Humanos, Porrúa, México 2009, p. 25.


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Por otra parte, en el iusnaturalismo racional se ve a estos derechos como producto de la propia naturaleza, lo que permite ver al hombre como alguien diferente al resto de las especies. Tomando distancia, el iusnaturalismo aparece como una de las concepciones más expandidas y usadas históricamente para fundamentar el reconocimiento y protección de los derechos humanos, al lado de la fundamentación historicista, que los ve como producto de la historia, y la fundamentación ética que los concibe como derechos morales4. Los derechos humanos aparecen hoy en día como un espacio conceptual irreductible en donde la evolución de los sistemas jurídicos encuentran un límite y freno a sus ansias modernizadoras, que se manifiesta en la ratificación de su necesaria observancia y vigencia5. Se trata de un concepto cuyo desarrollo ha sido tal vez más importante en los terrenos del derecho constitucional e incluso del derecho internacional público, en donde se le ubica como temáticas imprescindibles de tales ramas del derecho. En estos ámbitos, a diferencia del laboral, el desarrollo doctrinal y jurisprudencial ha sido importante desde hace años, pues se puede observar que una buena parte de las teorías ya no se ocupan del reconocimiento legal de estos derechos, sino más bien sobre la manera de protegerlos y que eventualmente los tribunales puedan intervenir para delimitarlos6. Uno de los rasgos que siempre han acompañado a los derechos humanos es el de universalidad, elemento ineludible e imprescindible. Tal idea ha sido nutrida de diferentes maneras al paso de los años; aunque no han faltado autores que han intentado buscar una fundamentación filosófica de los derechos humanos desde una perspectiva regional, por ejemplo, en el caso de América Latina7. Se trata sin duda de ideas interesantes y seductoras, que

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Cf. Squella A., “Positivismo jurídico, democracia y derechos humanos”, Biblioteca de ética, filosofía del derecho y política, no. 45, Fontamara, México, 2004, p. 81. El tema es más complejo de lo que parece en un primer momento, ya que no sólo se trata, primero, de acotar, reconocer, incorporar o ratificar la existencia jurídica de los derechos fundamentales, sino en un segundo momento, como en toda norma jurídica, interpretarlos; es ahí donde la aplicación y “vida” de tales derechos puede consolidarse o incluso negarse, en función del tipo de interpretación que se asuma de los mismos. Cf. Bockenforde Ernst-Wolfgang, “Escritos sobre derechos fundamentales”, Nomos Verlagsgesellschaft, Baden-Baden, 1993, p. 47. Cf. Bernal Pulido C., El principio de proporcionalidad y los derechos fundamentales. Estudios Constitucionales, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, Madrid, 2005. “Se ha dicho también que la globalización reciente determina un mestizaje, no tanto étnico, sino sobre todo cultural. Pero es aquí donde, otra vez, la mayor aportación de América Latina se da en la línea de la idea misma de mestizaje. Nuestra experiencia del


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reclaman la necesidad de analizar el tema de los derechos humanos, sin perder de vista sus elementos objetivos y tangibles, lo cual hoy en día en países como México asume una gran relevancia, en un momento histórico y político, en el cual se les busca dotar de una vida plena, concreta y cotidiana. Para algunos autores el “resurgimiento” en torno a la necesidad de reafirmar y reconocer los derechos humanos tiene que ver con las dificultades que enfrenta hoy el Derecho del trabajo para aplicarse en un entorno globalizado, en el cual es necesario el reconocimiento de derechos mínimos de los trabajadores frente al auge de la transnacionalización del capital8. Se trata de argumentos que incluso han venido ganando espacio en los últimos años entre los abogados para fortalecer sus ideas en la defensa de los derechos de trabajadores9. Para algunos autores estamos en presencia incluso de una tendencia internacional que ha repercutido en la normativa y en variados instrumentos, que han permitido ampliar el sistema de protección de los

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mestizaje en el siglo XVII, en el periodo barroco novohispano, se da cuando la cultura vencedora ya no estaba tan ocupada en dominar y destruir a la otra, y se hizo en alguna medida -al menos en alguna medida- receptora de ella. Inclusive en la actualidad habría que detectar y evitar muchos errores que hubo en aquella época”; “Ese ejemplo del barroco puede ayudarnos a lograr un pluralismo analógico de cara a una fundamentación de los derechos humanos que haga justicia a las diversas culturas en juego, principalmente la rama europea (hispana y criolla) y la rama indígena (con varias etnias). Buscar un mestizaje. Por lo pronto, la reflexión sobre los derechos naturales del hombre, que ya en el siglo XVI Bartolomé de las Casas, primer obispo de Chiapas, había pedido para indios y españoles, y que en su sucesor Juan Zapata y Sandoval, en el siglo XVII se continua, busca la integración de ambas culturas en un derecho natural mestizo, que lleve el fermento de los dos modos de pensar y produzcan un tercero, distinto y mas justo”. Cf. Beuchot, Mauricio, “Derechos Humanos. Historia y Filosofía”, Filosofía del Derecho y Política, no. 70, Fontamara, Biblioteca de Ética, México, 2008, p. 80. “Esta competencia a escala internacional de las empresas provoca una insuficiencia del Derecho del Trabajo estatal para ofrecer una respuesta adecuada, produciéndose la consabida asimetría entre la economía global e interdependiente y la actuación política a nivel nacional que ha venido respondiendo a una lógica ajena a la indiferencia ante situaciones socialmente desiguales, propia del estado social y democrático del Derecho; esta búsqueda entre la libertad de empresa, la economía de mercado y la protección del contratante débil en la relación laboral quiebra ante situaciones como las descritas” Cf. Baz Tejedor, J.A. “Empresa socialmente responsable y derechos fundamentales laborales”, Criterio Jurídico, vol. 7, Salamanca, 2007, p. 325. Cf. Vidal Salazar, M. “Los derechos laborales como derechos fundamentales frente a la globalización y la flexibilidad laboral”, Revista Pensamiento Constitucional, no. 12, año XII, Pontificia Universidad Católica de Perú, abril 2007, p. 460 y s. Cf. Compa, Lance, “Labour´s new opening to international human rights standards”, The Journal of Labor and Society, vol. 11, marzo 2008, p. 99 y s.


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trabajadores en varios países, en ocasiones en el derecho escrito y en ocasiones en el derecho interpretado10. La idea que subyace este tipo de razonamiento es que se necesita avanzar hacia el fortalecimiento de una concepción según la cual el desarrollo económico no puede, ni debe verse como algo incompatible con la protección de los derechos humanos de los trabajadores. Si bien, en los últimos años se puede constatar la existencia de una prolija literatura en materia de derechos humanos, no podemos decir lo mismo cuando vinculamos el tema con las relaciones de producción y el Derecho del trabajo, por lo menos en países como México. Si bien, a nivel internacional el análisis sobre la manera como viven los derechos humanos en el ámbito de la empresa ocupa hoy grandes espacios en la literatura especializada, lo cierto es que en países como México se trata de una temática que hasta nuestros días ha estado prácticamente ausente o apenas se asoma en la escasa doctrina y reflexiones de los laboralistas. Esta situación obedece en buena medida a la formación de los juristas dedicados al Derecho del trabajo, los cuales estudiaron y ven a los derechos humanos, en el mejor de los casos, como parte de los principios generales del derecho, que como conceptos abstractos, son difíciles de identificar en la conflictiva cotidianidad de las relaciones laborales, además de que generalmente el Derecho del trabajo no los incluyó con un contenido tangible que pudiera incluso dar lugar a acciones contenciosas. Desde siempre se dijo que el nacimiento de un ser humano conlleva la aceptación de la existencia y respeto de ciertos derechos que le son inmanentes a su ser, y que de alguna manera se asume que tienen una preexistencia al mismo Derecho, el cual pareciera reconocerlos juridizándolos. Esta idea iría tomando fuerza al paso de los años en muchas sociedades, para convertirse en una de las bases que construirían buena parte de los sistemas jurídicos en el mundo a lo largo del siglo XIX. 11 De esta manera, hablar de un conjunto de derechos vinculados a la persona, evolucionarían hacia la idea de que existen también un conjunto de

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Cf. Mangarelli C. “Tendencias del derecho del trabajo·”, Gaceta Laboral, vol. 5, no.1, Maracaibo, abril 2009. “…los derechos fundamentales aparecen como instrumentos que limitan la actuación del poder, desde perspectivas políticas y religiosas…” En sus orígenes esta fue en buena medida, la motivación de su conceptualización y reconocimiento jurídico, pero al paso de los años ese reconocimiento se ha venido haciendo extensivo a espacios como el de la empresa en donde hoy se señalan su vigencia. Cf. De Asis Roig R., Las paradojas de los derechos Fundamentales como Límites al Poder, Edit. Debate, Madrid, 1992, p. 43.


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derechos del ser humano en aquellos momentos y espacios en los que vive en sociedad como lo es el espacio mismo del trabajo; es bajo esta concepción que se iría gestando la idea de los derechos humanos laborales, entendidos como aquel conjunto de derechos inalienables que todo sistema jurídico debe de respetar a una persona por el hecho de ser trabajador12. Este tipo de razonamientos permitieron que se fueran alimentando conceptos como el de democracia empresarial, ciudadanía laboral, ciudadanía en la empresa, entre otros, con la finalidad de enfatizar la vigencia y necesario respeto de garantías y derechos básicos del ser humano-trabajador en los espacios donde viven las relaciones de producción. Cabe señalar que no estamos frente a una idea reciente, ya que el planteamiento de la work place democracy sería evocada desde los años setenta13, pero lo cierto es que los cambios vertiginosos en el último cuarto del siglo XX y los primeros del XXI, han permitido la actualización del debate sobre los derechos de las partes en los espacios de trabajo. Uno de los valores inspiradores del Estado —de la mayoría de los estados— en el siglo XX, es el asumirse como representante del interés común de la sociedad a la cual se deben, manifestándose al tratar de garantizar a los miembros de la sociedad la posibilidad de plasmar en su actuar, en su política y en sus normas de convivencia, un conjunto de derechos considerados como básicos e imprescindibles, sin los cuales dicha sociedad no podría funcionar. Es bajo esta óptica que adquiere una gran relevancia la idea de los derechos humanos, que en este tipo de razonamientos se presentan

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El Tribunal Constitucional de España ha señalado que “para la mujer y el hombre de nuestra época, representa el sector más importante y significativo de su quehacer en la proyección al exterior, hacia los demás e incluso en su aspecto interno es el factor predominante de la realización personal”, esto supone según algunos autores que “… no sólo la plasmación en los textos constitucionales de determinados derechos e instituciones referidas a las relaciones de trabajo, sino también la ineludible conexión de estos derechos específicamente laborales con los demás derechos fundamentales reconocidos en la propia constitución a todos los ciudadanos”. Cf. Arias Domínguez, Óp. Cit. p. 31. Esta idea es particularmente importante en países como México en donde el análisis de los derechos laborales, no necesariamente ha ido acompañado del análisis de la vinculación de estos derechos con el resto de las garantías y prerrogativas constitucionales. Esto supone la necesidad de avanzar, como parece sugerirlo la opinión anterior, hacia una concepción mas amplia e integral de los derechos laborales, en un sentido más amplio, dentro del cual se incluyan otros derechos que la doctrina había considerado, en el mejor de los casos, como de relación indirecta con el mundo del trabajo. Cf. Ugarte Cataldo, J.L., “La constitucionalización del derecho del trabajo: la tutela de derechos fundamentales”, Revista Latinoamericana de Derecho Social, no. 7. jul-dic. 2008, p. 249.


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como un conjunto de cimientos necesarios para la vida social en un país determinado, y que ocuparían entonces no sólo un lugar de privilegio en la cultura de una nación, sino que estarían por encima incluso del sistema jurídico al tratar de guiarlo, orientarlo e incluso limitarlo; se trata de fundamentos que más tarde, se esperaría que se vieran reflejados en todos los ámbitos de un sistema jurídico determinado. La solidez y trascendencia de los derechos humanos, le vienen no sólo del papel que se le concede en los sistemas jurídicos, empezando por sus constituciones y normas supranacionales, sino de la trascendencia que pueden tener en la sociedad; de ahí que los rasgos y características que se les atribuyen tienen también ese matiz de inmanencia. Entre esas características se encuentran; universalidad (ya que se extienden a todos); el ser inherentes (porque son innatos a los humanos); absolutos (en atención a que deben respetarlos todos: Estado, personas y empresas); inalienables (ya que nadie puede actuar contra de ellos, salvo las limitaciones que exige el bien común); inviolables (porque nadie puede actuar legítimamente contra de ellos); imprescriptibles (porque no se pierden con el transcurso del tiempo); justiciables (ya que su incumplimiento puede reclamarse ante los tribunales); indisolubles (porque forman un conjunto de derechos); indivisibles (ya que no hay una jerarquía entre ellos); irreversibles (porque son derechos considerados que integran a la persona); y progresivos (ya que en el futuro podrían ampliarse a otros derechos)14. En atención a este último rasgo es que se dice que los derechos humanos no son inmutables, ya que en ocasiones su concepción y significado han ido variando al paso de los años y adaptándose en cada región y país, por lo tanto son inacabados, pero no por ello han de perder su trascendencia fundadora o de basamento15. En sus orígenes estos derechos básicos fueron considerados como aquellos que permitían a un ciudadano vivir y convivir en sociedad en condiciones de respeto y equidad; sin embargo, al preguntarse de que tipo de derechos específicos se estaba hablando es que al paso de los años se empezaría a hacer una distinción entre los mismos, distinguiendo entonces entre derechos inherentes a la persona, derechos políticos, así como de derechos

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Cf. Sánchez Zegarra, J.M y Rodríguez Calderón, E., “Manual para la defensa de la libertad sindical”, OIT, 3ª ed. Lima 2007, p. 8-9. Cf. Valdés Dal-Ré, F., “Los Derechos Fundamentales de la Persona del Trabajador”, XVII Congreso Mundial de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social, Libro de Informes Generales, 2-5 septiembre 2003, Sociedad Internacional de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social, Montevideo, Uruguay, p. 39.


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económicos, sociales y culturales. En algunos estudios esta concepción ha ido acompañada de un intento de desglose y precisión del significado de cada uno de estos rubros; sin embargo, se trata aun de un debate en curso en cuanto la definición de su contenido16, de tal manera que los derechos políticos y civiles serían los primeros en plantearse. Más tarde, en la evolución de las sociedades y economías, serían los derechos culturales, económicos y sociales los que se reconocerían. La proyección del ser humano no se agota en su vida en sociedad, sino que trasciende a otros espacios y aspectos de gran importancia como el trabajo, y es ahí en ese espacio laboral en donde las sociedades al paso de los años han venido reconociendo un conjunto de reglas y derechos considerados como inalterables y de necesario respeto, como presupuesto básico para la existencia civilizada de un centro de trabajo y una empresa. El respeto y existencia de esos derechos no se basa en la aceptación que de ellos hagan los sujetos de las relaciones laborales (en particular los empleadores y los trabajadores), sino en el hecho de que constituyen para una sociedad un fundamento de su existencia y son la expresión de factores considerados necesarios para la paz y justicia de una sociedad indisoluble17. En ese

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“La categoría de los derechos inherentes a la persona humana abarca, principalmente, los derechos a la integridad personal, libre desenvolvimiento de la personalidad, derecho al buen nombre y a reputación, derecho a imagen, a intimidad de la vida privada y familiar, derecho a igualdad de tratamiento, derecho a libertad de personalidad y seguridad pública, derecho a justicia y a presunción de inocencia hasta declaración formal de culpa, derecho de asilo, de inviolabilidad de domicilio, a inviolabilidad de correspondencia y todas las formas de comunicación privada, derecho a información y a libertad de expresión, derecho a la libertad de creación y conciencia y de la libertad de profesión, de fe religiosa y de culto, a libertad de creación cultural, derecho a educación y a libertad de instrucción y enseñanza, derecho a salud, derechos a seguridad social, derecho a libre circulación, derecho a libertad de reunión, libertad de asociación…”; “La categoría de los derechos económicos, sociales y culturales, contempla el derecho al trabajo, de retribución proporcional a cantidad, a naturaleza y a cualidad de trabajo y suficiente a garantía de una existencia digna, derecho a igualdad de tratamiento de salario en función de la naturaleza, de la cantidad y de la cualidad del trabajo, derecho a organización del trabajo en condiciones sociales dignas para la realización profesional y cumplimiento de las funciones familiares, reposo semanal, vacaciones remuneradas, control de la jornada de trabajo, derecho a asistencia social, derecho a libre asociación y organización sindical, a organización colectiva de la empresa, derecho a participación de la función legislativa del trabajo, derecho a hacer paro”. Cf. Siquiera Neto, J.F., Óp. Cit., p. 166-167. “Tales derechos tienden, por tanto, a tutelar la libertad, autonomía y seguridad de la persona no sólo frente al poder, sino también frente a los demás miembros del cuerpo social. Concebidos inicialmente como instrumentos de defensa de los ciudadanos frente a la omnipotencia del estado, se consideró que los derechos fundamentales no tenían


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La evolución y los conceptos

sentido, los derechos humanos trascienden la vida de una comunidad para proyectarse en los espacios laborales por medio de los denominados derechos humanos laborales, como la expresión, en el ámbito del trabajo, de los derechos humanos en general, y “encarnados” en la persona de trabajador. De esta manera, aquellos derechos que históricamente aparecieron como una reivindicación frente al Estado, ahora también se reconocen y reivindican frente a la empresa y sus representantes en la vida y el espacio cotidiano de lo laboral18. Se trata aquí de la dimensión subjetiva de los derechos humanos laborales, entendida como garantías reclamables, primero frente al empleador y en un segundo momento frente al Estado. La trascendencia del tema es enorme si nos atenemos al impacto que ha de tener la evolución de las normas laborales, y tal vez aun no suficientemente dimensionada por muchos laboralistas; en atención a que la actualización de los códigos y leyes del trabajo en países como México, habrán de reflejar no sólo las propuestas paradigmáticas (no todas convenientes como la de la flexibilidad extrema) y que venzan en el debate de las ideas en el proceso legislativo, sino también tendrán que reflejar normativamente la posición que se asuma frente a la vigencia y protección de los derechos humanos laborales. Los derechos humanos laborales asumen la connotación de “fundamentales” en atención a que se ubican en los pisos y niveles más altos de la je-

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razón de ser en las relaciones entre sujetos del mismo rango donde se desarrollaban las relaciones entre particulares. Este planteamiento obedecía a la concepción puramente formal de la igualdad entre los diversos miembros de la sociedad. Pero es un hecho notorio que en la sociedad neocapitalista esa igualdad formal no supone una igualdad material, y que en ella el pleno disfrute de los derechos fundamentales se ve, en muchas ocasiones, amenazado por la existencia en la esfera privada de centros de poder no menos importantes que los que corresponden a los órganos público. De ahí que el tránsito del estado liberal al estado social de derecho haya supuesto, en este plano, la extensión de la incidencia de los derechos fundamentales a todos los sectores del ordenamiento jurídico y, por tanto, también al seno de las relaciones entre particulares”. Cf. Pérez Luño, A., Los derechos fundamentales. Temas clave de la Constitución Española, Madrid, Tecnos, 8ª ed., 1984, p. 23. A propósito del caso español Rodríguez Piñero señala que “la vigencia de los derechos fundamentales en la empresa y en el contrato de trabajo evita que el trabajador `sometido´ al poder de dirección deje de ser un ciudadano libre, y supone la tutela del trabajador no sólo frente a la explotación económica, sino también como persona y como ciudadano, salvaguardando su libertad, su dignidad y su integridad física y moral, lo que transforma pero no desnaturaliza al derecho del Trabajo”, citado por Arias Domínguez, Óp. Cit., p. 35. Sobre la evolución de este debate ver también: Peces-Barba, G., Lecciones de derechos fundamentales, Madrid, Ed. Dykinson, 2004, p. 339 y s.


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rarquía normativa de todo el sistema jurídico de un país y de ahí irradian al resto de las normas generales de todo el derecho, así como a las particulares de una rama de aquel como el Derecho del trabajo, en toda la extensión de sus normas tanto las heterónomas como las autónomas19. Pero esta trascendencia no sólo es por su reconocimiento y ubicación en los sistemas jurídicos nacionales e internacionales, sino también por los valores que encarnan y pretenden proteger20. Pero la empresa y el centro de trabajo, como comunidad, han de ser vistos como un espacio de convergencia y convivencia de seres humanos, en donde todos tienen y son sujetos de derechos y donde la normativa que pretenda regularlos en ese espacio físico temporal debe considerarlos de manera integral, sin exclusión de unos y en detrimento de otros; en ese sentido, la compatibilidad y convivencia de derechos, en este caso, es tal vez el mayor de los retos que tiene por delante el Derecho del trabajo en su reconstrucción. El Estado ha de presentarse entonces frente a estos derechos como el ente encargado de su vigencia y respeto, por medio de los diferentes espacios en que se manifiesta su existencia, a saber: al aprobar y validar normas jurídicas de convivencia social y laboral, al supervisar la aplicación de éstas, así como al resolver las controversias entre los miembros de la sociedad. Se trata de actividades que el Estado no puede olvidar, obviar o claudicar en su tarea de vigilante de respeto, ya que al no hacerlo estaría vulnerando los cimientos mismos del edificio social.

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Es interesante como en algunas ocasiones los tribunales mexicanos, y desde el terreno del derecho fiscal, parecieran ir construyendo una idea según la cual la acción del Estado, en este caso la tarea recaudatoria, tendría límites establecidos por ciertos derechos infranqueables bajo la idea de “mínimo vital” como una expresión de los derechos humanos. En algunos criterios se puede leer: “…El derecho mínimo vital exige analizar si la persona que no disponga de recursos materiales necesarios para subsistir digna y autónomamente puede ser sujeto de ciertas cargas fiscales que ineludible y manifiestamente agraven su situación de penuria…” Ver la tesis con el rubro: “Derecho al mínimo vital. Constituye un límite frente al legislador en la imposición del tributo”. (Novena Época, no. 172546, Primera Sala, Semanario Judicial de la Federación y su gaceta XXV, mayo de 2007, Tesis XCVIII/2007, p. 792). Para el Dr. Alfredo Sánchez Castañeda se entiende por derechos fundamentales del trabajo, el derecho de toda persona al trabajo, así como el derecho a llevar una vida de acuerdo con la dignidad humana, a una formación profesional de por vida y a contar con una protección social adecuada. Cf. Sánchez Castañeda, A. “Hacia una definición de los derechos fundamentales en el trabajo y su exigibilidad”, en La Ciencia Del Derecho Procesal Constitucional. Estudios En Homenaje A Héctor Fix-Zamudio En Sus Cincuenta Años Como Investigador Del Derecho, T. XII, IIJ-UNAM, México, 2008, p. 649. http://biblio.juridicas.unam.mx/libros/6/2564/33.pdf


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