EL ALBACEA
COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT LO BLANCH MARÍA JOSÉ AÑÓN ROIG
Catedrática de Filosofía del Derecho de la Universidad de Valencia
ANA CAÑIZARES LASO Catedrática de Derecho Civil de la Universidad de Málaga
JORGE A. CERDIO HERRÁN
Catedrático de Teoría y Filosofía de Derecho. Instituto Tecnológico Autónomo de México
JOSÉ RAMÓN COSSÍO DÍAZ Ministro en retiro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y miembro de El Colegio Nacional
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VÍCTOR MORENO CATENA
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Catedrático de Derecho Penal de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla
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Catedrática de Derecho Constitucional e Internacional en la Universidad de Colonia (Alemania). Miembro de la Comisión de Venecia
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Catedrática de Historia del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid
Catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Valencia
JAVIER DE LUCAS MARTÍN RUTH ZIMMERLING
Catedrático de Filosofía del Derecho y Filosofía Política de la Universidad de Valencia
Catedrática de Ciencia Política de la Universidad de Mainz (Alemania)
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EL ALBACEA
ÁNGEL GILBERTO ADAME LÓPEZ
tirant lo blanch
Ciudad de México, 2022
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© Ángel Gilberto Adame López
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Índice INTRODUCCIÓN........................................................................
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NATURALEZA JURÍDICA DEL ALBACEA.................................
11
CUALIDADES DE LA FUNCIÓN DEL ALBACEA.......................
17
1. 2. 3. 4.
Es voluntaria........................................................................ Genera un derecho de retribución........................................ Es un cargo personal............................................................ Está sujeta a un plazo determinado......................................
17 17 18 18
CLASES DE ALBACEAZGO.........................................................
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1. 2. 3. 4. 5.
Según el número de personas que lo ejercen......................... Desde el punto de vista de su fuente..................................... Desde el punto de vista de sus funciones ............................. Desde el punto de vista de su duración................................. Desde el punto de vista de las personas que lo ejercen..........
19 20 21 22 23
CAPACIDAD PARA SER ALBACEA.............................................
25
POTESTADES Y PROHIBICIONES PARA EL ALBACEA............
27
1. 2. 3. 4. 5. 6. 7. 8.
Presentación del testamento................................................. Aseguramiento de los bienes de la herencia.......................... Caucionar su manejo........................................................... Formulación del inventario.................................................. Administración de los bienes................................................ Pagar las deudas mortuorias, hereditarias y testamentarias.. Rendición de cuentas........................................................... Entregar a los ejecutores especiales el objeto de su encomienda................................................................................. Defender la herencia y la validez del testamento, así como la de “representar la sucesión” en todos los juicios que existan a favor o en contra............................................................... Debe salvaguardar diversos derechos del de cujus................ La partición y adjudicación de la herencia...........................
27 28 28 28 29 29 30
TERMINACIÓN DEL CARGO DE ALBACEA.............................
39
1. 2.
39 42
9.
10. 11.
Conclusión del encargo........................................................ Por extinción del albaceazgo................................................
30
30 31 33
INTRODUCCIÓN
El objetivo de la presente investigación consiste en hacer, de manera breve y esquemática, el análisis de un concepto típico de la materia sucesoria: el albacea. Dada la amplitud del tema, en este opúsculo solamente pretendo comentar algunos puntos, entre los cuales destacan su naturaleza jurídica, la valoración por parte del notario de la justa causa para renunciar al cargo, la duración del mismo, y la enajenación de bienes que forman parte del caudal relicto. No obstante, para poder disertar lo que considero trascendente, es necesario recordar las características más importantes de dicha figura, incluyendo el marco legal vigente que la regula. Por lo anterior, el presente estudio se desarrolla en seis capítulos. En honor a la sencillez y claridad en la exposición, evitaré abusar de teorías o citas bibliográficas, y siendo la fuente principal el Código Civil, entendemos que al citar artículos me refiero a él, y al Código de Procedimientos Civiles, respectivamente, ambos para la Ciudad de México.
NATURALEZA JURÍDICA DEL ALBACEA
En relación con la naturaleza jurídica del albacea, algunos doctrinarios se han dado a la tarea de elaborar diversas teorías que buscan explicarla. Es importante indicar que la mera mención de la existencia de cada teoría implica, a su vez, la exclusión del resto. Algunos manifiestan que es un árbitro que dirime controversias entre los herederos; otros, que la sucesión tiene personalidad jurídica y este es su representante; otros, que es un mandatario post mortem del autor de la sucesión o que es el administrador de un patrimonio en liquidación; por último, que es el representante legal de los sucesores. Así, podemos encontrar otras opiniones en sentidos más o menos similares. De acuerdo con Domínguez Martínez, esta tarea “además de compleja, es relativa, porque cualquier posición que se adopte al respecto, de inmediato es objeto de cuestionamientos; sin embargo, cabe destacar, en el mismo orden de ideas, que todas las opiniones dejan una enseñanza y tienen por lo menos parte de razón”.1 Para este mismo autor: Hay en doctrina quien aborda el tema correspondiente atendiendo al papel por desarrollar protagónicamente al albacea en la dinámica sucesora, con la mira puesta en la calificación
1
Jorge Alfredo Domínguez Martínez, Derecho civil. Sucesiones, Porrúa, México, 2013, p. 489.
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de la naturaleza de lo que es su actividad; el resultado es calificar al albaceazgo como un mandato post mortem; como una representación legal o como un arbitraje; sin ser esta una enumeración limitativa. También hay quien prefiere atender a la calificación asignada al propio albacea en función precisamente de la actividad llevada por él a cabo, de manera que, en este ángulo de observación, se le señala como un mandatario post mortem, como un representante legal o, en su caso, como un árbitro. Sea con atención y referencia al albaceazgo o al albacea, cuanta opinión se emite para hacerla valer como la adecuada, es de inmediato blanco de críticas. Se califica por ejemplo como representante de la sucesión por ostentar su representación legal, pero ello se cuestiona porque la sucesión carece de personalidad jurídica y, por ende, no puede ser objeto de representación. Se observa en su caso en el albaceazgo una representación del de cujus, y surge de inmediato la misma crítica, pues la muerte termina la persona; otros califican al albaceazgo como un arbitraje y por ende, al albacea como un árbitro, pero se replica negándole cualquier actividad decisoria; hay quien ve en el albaceazgo una representación conjunta de todos los inmiscuidos en la herencia, como son herederos, legatarios, acreedores y en un descuido hasta de los deudores, pero los intereses encontrados en las situaciones de tales partícipes desvanece el punto de vista.2
En efecto, la construcción de estas teorías y el esfuerzo que su labor implica tiene ya en sí un mérito importante; sin embargo, creo que no se ha abordado correctamente la cuestión por las razones que expongo a continuación: A. Estos ejercicios teóricos, al buscar explicar qué es el albaceazgo, plantean el problema en función de uno o varios aspectos de lo que se cree que implica esta figura. Utilizando el método deductivo, existen opiniones que parten de la posición del albacea frente a los demás sujetos de una sucesión para tratar de comprender el todo. Estos pueden ser representantes del de cujus, de
2
Ibid., pp. 482-483.
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los herederos, de todos o, en extremo, de la sucesión. En este sentido, quien opina que la naturaleza de este personaje se encuentra en todo o parte de sus funciones —como la del árbitro o la del administrador— está en la misma disyuntiva, ya que enfocándose en un solo ángulo pretende explicar en qué consiste su cargo y función. B. Desde mi perspectiva, el albaceazgo no es una categoría o concepto jurídico fundamental en sí mismo —por lo menos de la manera expuesta por Eduardo García Máynez en su insuperable Introducción al Estudio del Derecho—, como sí son las ideas de sucesión, propiedad, matrimonio u otras semejantes. El albacea es un ente jurídico que forma parte del derecho sucesorio que, en vista de que no es una categoría inmutable, como en estricto sentido del Derecho no lo es ni lo puede ser por su esencia de regulador de la cambiante realidad social, tendrá la naturaleza jurídica que le imponga el legislador de la época y el lugar que le corresponda. Este aserto podemos comprobarlo si efectuamos un análisis superficial de la evolución histórica en la materia. Esta figura, cuya etimología proviene del vocablo árabe al wassiyya, que significa ejecutor, surge en la sucesión testamentaria para designar al encargado de cumplir la voluntad y custodiar los bienes de quien fue persona, desarrollándose poco a poco, hasta ser parte de la sucesión ab intestato. El derecho romano no la reguló y es hasta el antiguo derecho francés que aparece con signos propios, en el ordenamiento de 1803-1804. De esta forma, el Código de Napoleón, en su libro tercero De los diferentes modos de adquirir propiedad, título segundo “De las donaciones entre vivos y de los testamentos”, capítulo quinto “De las disposiciones testamentarias”, sección séptima, artículos 1024 a 1034, reconoció que es un cargo personal que puede ejecutarse por una o más personas, sin especificación de su naturaleza, con reglas para su ejercicio indicado por sus potestades y obligaciones.
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En el proyecto del Código español de Florencio García Goyena de 1852, la figura se encuentra en el libro tercero De los modos de adquirir la propiedad, título primero “De las herencias”, capítulo undécimo “De los albaceas o testamentarios”, artículos 726 a 741, y se estableció prácticamente en los mismos términos que en la legislación anterior, ampliando sus facultades y regulando la terminación del cargo. En el derecho inglés, el albacea o executor es el continuador de la persona del difunto; adquiere sus bienes y es el encargado de cumplir la voluntad del testador y de retransmitírselos a los herederos. En caso de no existir testamento, deberá necesariamente nombrarse a un administrador cuyo fin sea liquidar el patrimonio relicto. El nacimiento de la codificación civil en la capital de nuestro país, en concordancia con el ejemplo oaxaqueño de 1829 que con tino rescata Raúl Ortiz Urquidi, se encuentra en el proyecto de 1859 de Justo Sierra O’Reilly, en el cual encontramos al albacea en el libro tercero De los diferentes modos de adquirir la propiedad, título primero “De los albaceas”, artículos 741 a 762, donde la regulación es idéntica a su antecedente español. En la codificación de 1870 para el Distrito Federal no se incluyó un capítulo especial para este personaje, sino que se destacó únicamente su participación como formador del inventario y responsable de las obligaciones que de este derivasen, por lo que sus funciones se encontraban limitadas. En 1884, con la gran reforma que en materia de sucesiones se efectuó a propósito del nuevo código, se le incluyó en un capítulo especial, ampliando sus funciones, la manera de acceder al cargo por designación del testador, los herederos o el juez, estableciéndose representantes legales para el mismo —como el marido en el matrimonio, los padres de los incapaces, etcétera—, valiéndose de la terminología que luego adoptaría la legislación civil que lo abrogaría. En la exposición de motivos y concordancias del Código de 1928 que llevó a cabo Ignacio García Téllez, se indicó que en su
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contenido se incluía la obligación del albacea de caucionar sin posibilidad de dispensa por el testador, reconociéndose el derecho de los herederos de revocar libremente su nombramiento, naciendo así la figura del interventor definitivo. No obstante estos cambios, la regulación se mantuvo en esencia como la de su antecedente legislativo. Así, en nuestro Código vigente desde 1932, la materia está regulada en el libro tercero De las sucesiones, título quinto “De las disposiciones comunes a las sucesiones testamentaria y legitima”, capítulo cuarto “De los albaceas”, artículos 1679 a 1740. A pesar de la creencia de que las entidades federativas de nuestro país, en imitación extralógica, han copiado los textos legales de la capital, encontramos modernas disposiciones que regulan la materia sucesoria con diversos matices. Algunos consideran que la sucesión tiene personalidad jurídica, por lo menos oculta, y que el albacea es su representante —los códigos de Jalisco, Quintana Roo, Baja California Sur y Puebla son buenos ejemplos—; en cambio, el legislador del estado de Morelos considera a la herencia como una copropiedad y al albacea como representante común de los herederos3. En vista de lo anterior, pienso que es un esfuerzo innecesario constituir una idea que busque explicar qué es el albaceazgo a partir del ordenamiento legal, pues por lo menos en la materia que nos ocupa, varía de acuerdo con la situación histórica, temporal y espacial en que nos hallemos. Todas las teorías tienen parte de razón puesto que fueron construidas a la luz de un determinado ordenamiento, pero en otro contexto están equivocadas. Es decir, la naturaleza de esta figura siempre se encontrará en el texto legal vigente del lugar donde pretendamos determinarla.
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En Morelos estuvo vigente esta disposición en el Código Civil hasta el año 2006, actualmente se conserva la misma disposición en su Código Familiar.
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En conclusión, de acuerdo con el Código Civil vigente podemos conceptuar al albacea como “un sujeto de la sucesión que realiza una función de naturaleza temporal, onerosa y personal, que en el ejercicio y cumplimiento de las potestades que le marca la ley, conserva, administra y liquida el patrimonio de quien fue persona”.
CUALIDADES DE LA FUNCIÓN DEL ALBACEA
De la definición propuesta en el apartado anterior, y atendiendo a nuestra regulación, el desempeño de esta función tiene las siguientes particularidades: 1. ES VOLUNTARIA De acuerdo con las normas constitucionales, ninguna persona está obligada a ejercer el albaceazgo; no obstante, en términos del artículo 1695, una vez que se acepta dicho cargo, queda obligado su desempeño hasta su total terminación. 2. GENERA UN DERECHO DE RETRIBUCIÓN Derivado de la naturaleza del propio cargo, quien ejerza como albacea tendrá el derecho de percibir una remuneración por sus servicios, la cual será, a su elección, la establecida por la ley, por el testador o por los herederos. Artículo 1740.—El testador puede señalar al albacea la retribución que quiera. Artículo 1741.—Si el testador no designare la retribución, el albacea cobrará el dos por ciento sobre el importe líquido y efectivo de la herencia, y el cinco por ciento sobre los frutos industriales de los bienes hereditarios.
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3. ES UN CARGO PERSONAL El albaceazgo es una función que no se puede delegar ni transmitir a los herederos por efecto de muerte, aun cuando se ejerza posteriormente por conducto de mandatarios, de cuyos actos responderá el propio mandante. Por lo tanto, pienso que este sujeto de la sucesión, además de no poder delegar, tampoco puede sustituir su encargo cuando el facultamiento al apoderado implique la totalidad de las funciones de este, ya que nos encontraríamos en el mismo caso. Adicionalmente, no puede sustituir facultades que no posea; por ejemplo, un poder general para actos de dominio. 4. ESTÁ SUJETA A UN PLAZO DETERMINADO Deberá concluir su cargo en el plazo de un año, pudiendo ser prorrogado durante uno adicional por los herederos mediante el voto de aquellos que representen, cuando menos, las dos terceras partes de la herencia, siempre y cuando exista causa justificada y haya sido aprobada la cuenta anual del albaceazgo. Es de advertir que, en la realidad jurídica, el fin de estas últimas disposiciones —es decir, obligar al albacea a concluir en tiempo y forma su labor en virtud de la situación transitoria en que se encuentra el patrimonio de quien fue persona— se ha deformado, ya que, si no existe controversia, pueden pasar los años y continuará desempeñando el cargo; en caso de haberla, se utiliza la norma como un medio de presión sobre los intereses de la contraparte.
CLASES DE ALBACEAZGO En virtud de diversas circunstancias y de su posición frente al marco legal, el albaceazgo puede clasificarse desde diversos puntos de vista: 1. SEGÚN EL NÚMERO DE PERSONAS QUE LO EJERCEN A. Unitario Aquel en el que un solo albacea detenta en forma exclusiva y única todas aquellas facultades y obligaciones que la ley impone a los que lo ejercen. B. Plural Se presenta cuando dos o más personas concurren o pueden concurrir a su ejercicio. De esta clasificación se infiere que puede ser: a)
Mancomunado. Se da cuando dos o más personas lo desempeñan simultáneamente. Este albaceazgo únicamente puede tener como origen la voluntad expresa de aquella persona facultada para designarlos. De ser el caso, deberán ejercer su cargo colegiadamente, excepto en aquellos casos de urgencia en los que cualquiera de los albaceas nombrados, bajo su entera responsabilidad, podrán practicar todos los actos pertinentes.
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b)
Sucesiva. Es cuando hay más de un albacea nombrado, pero sin ejercer sus funciones de manera inmediata y mancomunada, sino que el segundo y ulteriores señalados entrarán al cargo hasta que termine el del anterior. Artículo 1692.—Cuando fueren varios los albaceas nombrados, el albaceazgo será ejercido por cada uno de ellos, en el orden en que hubiesen sido designados, a no ser que el testador hubiere dispuesto expresamente que se ejerza de común acuerdo por todos los nombrados, pues en este caso se considerarán mancomunados. Artículo 1693.—Cuando los albaceas fueren mancomunados sólo valdrá lo que todos hagan de consuno; lo que haga uno de ellos, legalmente autorizado por los demás, o lo que, en caso de disidencia, acuerde el mayor número. Si no hubiere mayoría, decidirá el juez. Artículo 1694.—En los casos de suma urgencia, puede uno de los albaceas mancomunados practicar, bajo su responsabilidad personal, los actos que fueren necesarios, dando cuenta inmediatamente a los demás.
2. DESDE EL PUNTO DE VISTA DE SU FUENTE Atendiendo al criterio del origen del nombramiento, este puede ser: A. Testamentario En términos del artículo 1681, es aquel cuyo cargo tiene como origen la voluntad expresa del testador. B. Convencional Es el designado, previo acuerdo, únicamente por los herederos o, por excepción, por los legatarios cuando toda la herencia se distribuya en legados. Esto según el inaplicable supuesto del