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crónica / historia

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NO SÓLO CÍVICA NACIÓN Y NACIONALISMO CULTURAL ESPAÑOL

Ferran Archilés (Ed.)

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Ferran Archilés (Ed.)

NO SÓLO CÍVICA

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NACIÓN Y NACIONALISMO CULTURAL ESPAÑOL

Hablar de nación y de nacionalismo en España está de actualidad, casi de moda. Pero sigue siendo un tema incómodo. Hablar de nación y nacionalismo español es, además, un tema aparentemente molesto. Hay una gran distancia entre el ámbito académico y la esfera pública, los medios de comunicación o la política. Desde hace al menos dos décadas es habitual que monografías y tesis se ocupen del nacionalismo español. Sin embargo, es raro que aparezcan menciones al nacionalismo español en la televisión o en los debates parlamentarios. Oír hablar de nación (y nacionalismo) “cultural” español es aún menos habitual. Pero España no es sólo una nación “cívica”. El presente volumen plantea que la distinción entre naciones cívicas y naciones culturales no es, en realidad, útil. Tampoco para el caso español. A través de diez capítulos No solo cívica. Nación y nacionalismo cultural español, explora aspectos decisivos de la historia española desde el siglo XIX hasta el presente en que pueden apreciarse la naturaleza de la nación española como nación cultural en la televisión, la literatura, el arte, la escuela o la política. Analizar los problemas o ventajas que se deriven de la naturaleza cultural de la nación y el nacionalismo español, es algo a lo que el lector de este libro queda invitado.

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NO SÓLO CÍVICA. NACIÓN Y NACIONALISMO CULTURAL ESPAÑOL


COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT HUMANIDADES Manuel Asensi Pérez

Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València

Ramón Cotarelo

Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia

Mª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València

Juan Manuel Fernández Soria

Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València

Pablo Oñate Rubalcaba

Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València

Joan Romero

Catedrático de Geografía Humana Universitat de València

Juan José Tamayo

Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid

Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales


NO SÓLO CÍVICA. NACIÓN Y NACIONALISMO CULTURAL ESPAÑOL

FERRAN ARCHILÉS (ED.)

tirant humanidades Valencia, 2018


Copyright ® 2018 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito del autor y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant Humanidades publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com. Este libro ha recibido una ayuda para su publicación de la Generalitat Valenciana en el marco del proyecto GV2016-117.

Director de la colección JOAN ROMERO GONZÁLEZ Catedrático de Geografía Humana Universitat de València Foto de la portada: Gala Vañó Ferrer

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Ferran Archilés

© TIRANT HUMANIDADES EDITA: TIRANT HUMANIDADES C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: www.tirant.es DEPÓSITO LEGAL: V-2229-2018 ISBN: 978-84-17203-12-2 IMPRIME: Guada Impresores, S.L. MAQUETA: Tink Factoría de Color Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro procedimiento de quejas. Responsabilidad Social Corporativa: http://www.tirant.net/Docs/RSCTirant.pdf


ÍNDICE INTRODUCCIÓN: MÁS ALLÁ DE UNA DICOTOMÍA................ 9 Ferran Archilés

EL DISCRETO ENCANTO DEL CENTRALISMO O LOS LÍMITES DE LA DIVERSIDAD EN LA ESPAÑA CONTEMPORÁNEA. 25 Ferran Archilés

NACIÓN Y EMOCIÓN PATRIÓTICA EN EL REPUBLICANISMO ESPAÑOL DEL SIGLO XIX........................................................... 63 Ester García Moscardó

INVENCIÓN Y REINVENCIONES DE LA IDENTIDAD FLAMENCA....................................................................................................... 93 Diego Farnié

DE AUTÉNTICAS A MODERNAS: MUJER, ESPECTÁCULO Y NACIÓN EN EL FIN-DE-SIÈCLE......................................................... 131 Isabel Clúa

LA NACIONALIZACIÓN DEL ARTE. MANUEL B. COSSÍO Y LA ENTRADA DE EL GRECO EN EL CANON ARTÍSTICO ESPAÑOL........................................................................................................ 151 Eric Storm

“NOS DA A LUZ NUESTRA MADRE, Y SALIMOS A LUZ EN NUESTRA PATRIA”. EL DISCURSO NACIONAL ESPAÑOL DEL PSOE (1931-1936)........................................................................... 171 Aurelio Martí Bataller

NUESTRO LUGAR EN EL MUNDO: LÓGICAS TRANSNACIONALES, DISEMI-NACIÓN Y RELATOS DE LO NACIONAL EN LA CULTURA POLÍTICA COMUNISTA DE LOS AÑOS TREINTA Y CUARENTA....................................................................... 197 José Carlos Rueda Laffond


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Índice

LA ÚNICA “LENGUA COMÚN” Y “DE ENCUENTRO”: EL NACIONALISMO ESPAÑOL Y EL CASTELLANO (1978-2018)....... 241 Vicent Flor

ENSEÑAR NACIONALISMO: LA BANALIZACIÓN DEL RELATO NACIONAL ESPAÑOL EN LAS AULAS................................ 267 Jorge Sáiz Serrano

NEGOCIANDO CON EL PASADO: HISTORIA Y RELATO SOBRE LA NACIÓN ESPAÑOLA EN EL MINISTERIO DEL TIEMPO (TVE).................................................................................................... 293 Àlvar Peris Blanes


INTRODUCCIÓN: MÁS ALLÁ DE UNA DICOTOMÍA FERRAN ARCHILÉS Universitat de València

«El español es una lengua maravillosa, Carlos I la usaba para hablar con Dios». Son palabras de José Antonio Sánchez, presidente de RTVE en la presentación en febrero de 2018 de un convenio de colaboración de TVE con el Instituto Cervantes, para la emisión de un programa en favor de la difusión del castellano en el Canal 24 horas de la televisión pública. No hubo ni un asomo de ironía o de humor en estas palabras. Sánchez añadió además: «No hay nadie en Nueva York que necesite el inglés para nada»1. Es difícil imaginar un ejemplo mejor de exacerbado y obviamente desmedido nacionalismo lingüístico que las palabras mencionadas. Más allá de la anécdota, conviene retener que son palabras del director de RTVE, pronunciadas en el marco de un acuerdo con el Instituto Cervantes: dos de los organismos más destacados del Estado en la esfera de la comunicación y de la difusión cultural. Unas palabras similares pronunciadas sobre el catalán o el euskera, habrían provocado una justa indignación mediática y política y habrían sido denunciadas como pruebas irrefutables no solo de delirios metafísicos sino de nacionalismo cultural, ergo excluyente, propio e inevitable en los nacionalismos periféricos en España. Sin embargo, al referirse al español, la cosa queda en anécdota más o menos desafortunada que no conmueve los cimientos ciudadanos de la nación española. Esta, a diferencia por tanto de los nacionalismos alternativos al español, sería una nación cívica, no una nación cultural o «étnica». Toda mención al castellano o español —toda defensa o acto de promoción— nada tendrían que ver con el nacionalismo lingüístico —rasgo propio y retrógrado de los nacionalismos periféricos— frente a la promoción de la lengua «global». Aunque nadie duda de la importancia del español parece que referirse a él está desligado de toda referencia a la nación o el nacionalismo

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vertele.eldiario.es (consultado el 15-2-2018).


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(incluso cuando se plantea su «defensa» frente a las amenazas que supondrían las políticas lingüísticas de ciertas comunidades autónomas). Sin embargo, la centralidad del castellano o español en imaginario de la identidad nacional española es precisamente uno de los fundamentos clave del nacionalismo (lingüístico) español. ¿Ha sido —y es— España una nación «sólo» cívica? ¿Acaso no existe en su autopercepción —en su imaginario nacional— una carga cultural? Porque lo cierto es que lengua y relato histórico han actuado como columnas vertebrales de la idea de España como nación, y sirven como fundamento a la acción del Estado: educación o símbolos. A lo largo de toda la historia contemporánea este contenido cultural ha estado presente y solo ha sido cuestionado desde las formulaciones culturales o nacionales surgidas en la periferia. La carga cultural del nacionalismo español es un ejemplo que encajaría, de hecho, en lo que Michael Billig denominó «nacionalismo banal»2. Su invisibilidad y naturalización como elementos de la nación —que a la vez se perciben como alejados por completo de cualquier discurso nacionalista— ha sido muy exitosa. Afirmar la centralidad de la lengua española como un aspecto «natural» del ser español es, en definitiva, la prueba máxima de su eficacia. En cambio aquellos que planteen una vindicación similar para otras lenguas en España son tachados sistemáticamente de nacionalistas, y en concreto de nacionalistas culturales o étnicos. El carácter excluyente y aldeano o «ruritano» de estos queda además probada por la naturaleza global del idioma español, que lava así cualquier posible mancha de nacionalismo cultural. El objetivo de No sólo cívica es analizar como la idea de nación y nacionalismo español —en sus versiones rivales— son un ejemplo de nación y nacionalismo «cultural», además de cívico. Otra cosa es como se ha llegado a la afirmación, que cabe considerar hegemónica, de que no hay contenido cultural en la definición nacional española, algo que requeriría una investigación específica. Y ello a pesar de que, irónicamente, nadie ignore el papel que han jugado —y juegan— los mitos his-

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Michael BILLIG: Nacionalismo banal, Madrid: Capitan Swing, 2015. Sobre la adaptación de las tesis de Billig al caso español, véase Alejandro QUIROGA, Ferran ARCHILÉS (eds.): Ondear la nación. Nacionalismo banal en España, Granada: Comares, 2018.


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tóricos o literarios en la construcción de los imaginarios nacionales de España. Es el caso, tal vez paradigmático, de Miguel de Cervantes. La imagen de la portada de este libro es la del monumento que Mariano Benlliure realizó en Valencia con motivo del tercer centenario del Quijote en 1905 (y que continúa en su lugar, frente a una escuela datada por las mismas fechas que lleva el nombre del escritor). En un hermoso juego simbólico Benlliure quiso que fuera el personaje de ficción, el Quijote, el que levantara el busto del personaje «real», el escritor de carne y hueso. Mito sobre mito. Hasta principios del siglo XX no encontraremos la distinción entre el modelo de nación cívica y el de nación cultural en ninguna obra de teóricos o políticos. Fue, posiblemente el historiador alemán Friedrich Meinecke el primero en utilizar la distinción nación política/nación cultural en su libro Weltbürgertum und Nationalstaat publicado en 1908. Pero Meinecke señalaba que una nación cultural podía ser también una nación política, y que de hecho resultaba muy difícil distinguir naciones culturales de naciones políticas sobre la base de su estructura interna o externa. De hecho señalaba el ejemplo de Suiza, nación política en que convivían diversas naciones culturales, y también el de la nación cultural alemana en su conjunto que estaba repartida en distintas naciones políticas3. Años después, y al otro lado de la frontera, en 1938, el historiador francés Georges Weill publicó un importante estudio sobre la idea de nacionalidad en la Europa del siglo XIX. En el arranque mismo de la obra, Weill establecía la distinción entre la idea surgida en Francia con la Revolución de 1789 que entendería la nación como contrato voluntario frente a la idea alemana (que Weill no desgaja de la tradición ilustrada) de la nación como ser vivo y espíritu, esto es el Volkgeist. Weill no citaba a Meinecke entre sus fuentes, aunque su obra de 1908 si aparece mencionada en la bibliografía4.

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Friedrich MEINECKE: Cosmopolitanism and the National State, Princeton: Princeton University Press, 2015 p. 11. Georges WEILL: L’Europe du XIX siècle et l’idee de nationalité, Paris: Albin Michel, 1938, pp. 6-7


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Sin embargo, la distinción rígida entre el modelo de nación cívica y el de nación étnica fue popularizado en el ámbito académico por Hans Kohn en su obra capital de 1944 The idea of Nationalism5. Esta distinción además estaba estrechamente asociada a la distinción entre nacionalismo occidental y nacionalismo oriental. Caben pocas dudas de que los planteamientos de Kohn estaban estrechamente relacionados con el contexto histórico y experiencia personal vividos por el autor6. La obra fue escrita con la experiencia de los años de preguerra y de la guerra en Europa, y concretamente por la comprensión de las masacres perpetradas por nacionalismos de carácter racial/biológico (que Kohn denominó sin mayores distinciones étnicos). Kohn reaccionó idealizando el modelo de una nación cívica: EE.UU, país donde se exilió y donde desarrolló su carrera académica7. La Guerra fría hizo el resto, pues Kohn se posicionó inequívocamente8. Esta distinción fue asiduamente utilizada, de manera explícita o implícita en una gran cantidad de estudios sobre el nacionalismo, especialmente en las obras generales, interesadas en establecer tipologías y modelos. Pero, en vez de entenderla como una construcción historiográfica, esta distinción se ha interiorizado como si se tratara de una realidad histórica9. Habrá que esperar a que al menos desde finales de los años noventa, empezara a tomar forma una lectura crítica10.

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Hans KOHN: The idea of nationalism. A study in its origins and background, New Brunswick-Londres: Transaction Publishers, 2005. Adi GORDON: Toward Nationalim’s end. An intellectual biography of Hans Kohn, Waltham, Mss: Brandeis University Press, 2017. Hans KOHN: EL pensamiento nacionalista en los Estados Unidos, Buenos Aires: Troquel, 1966 (ed. original 1957). A inicios de los años 30 Kohn ya había escrito una obra crítica con la URSS, que pivotaba sobre la distinción entre el Este y el Oeste. Véase, Hans KOHN, Nationalism in the Soviet Union, Londres: George Routledge & sons, ltd, 1933, pp. 1-9. Hans G. HAUPT: «Historiografía reciente sobre el nacionalismo en Alemania y Francia» en Justo G. Beramendi, Ramón MÁIZ, Xosé-Manoel Núñez Seixas (eds.), Nationalism in europe. Past and Present. Vol. I, Santiago de Compostela: Universidade de Santiago de Compostela, 1994, pp. 219-228. Véase por ejemplo, Jocelyne COUTURE, Kai NIELSEN: «Introduction: questioning the Ethnic/civic Dichotomy», en Joceyline Couture, Kai Nielsen, Michael Seymour


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Francia y Alemania pasarían a ser, en definitiva, los dos modelos en esta dicotomía que contrapone el nacionalismo cívico (occidental) al étnico/cultural (oriental). Incluso sin ignorar los condicionamientos del contexto histórico (por ejemplo los efectos de la existencia de un Estado previo en Francia), ambos casos quedarían idealizados y esencializados. Se trataría de una contraposición ideológica, teórica —plasmada históricamente— desde sus orígenes, inamovible. En este relato, la tradición alemana de la nación etnocultural habría surgido con Herder. Estariamos ante un pensamiento contrapuesto a la Ilustración y que serviría, en definitiva, de fundamento al romanticismo. Pero, lo cierto es que Herder fue un pensador que compaginó la idea de un «espíritu nacional» con un ideal ilustrado11. Solo una grosera simplificación permite vincular el modelo de nacionalismo lingüístico que Fichte elaboró con la deriva —¡casi ciento veinte cinco años más tarde!— del nacionalosocialismo12. En todo caso, el romanticismo generalizó una aproximación cultural a la nación de la que ningún modelo de nación o nacionalismo escapó13. A mediados del siglo XIX asi sucedió en los Estados-nación ya unidos y en los que aspiraban a estarlo tanto como en los movimientos nacionalistas que dieron color a la «Primavera de los pueblos». Porque además, esta tonalidad cultural no presuponía el carácter del proyecto político

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(eds.): Rethinking Nationalism, Calgary: University of Calgary Press, 1998, pp. 1-61. Un texto de gran alcance, Taras KUZIO: «The myth of the civic state: a critical survey of Hans Kohn´s framework for understanding nationalism», Ethnic and racial studies, 25 (1), 2002, pp. 20-39; Umut Özkirimli, Contemporary Debates on Nationalism. A critical engagement, Basingstoke: Palgrave, 2005, pp. 24-28; En 2008 la Conference de ASEN estuvo dedicada a “Nationalism, East and West: Civic and ethnic Conceptions of nationhood”. VV.AA: «Introduction to the Conference 2008 Issue: Nationalism, East and West: Civic and Ethnic Conceptions of Nationhood», Studies in Ethnicity and Nationalism, vol. 8 (3), 2008, pp. 379-385. Isaiah BERLIN: «Herder y la Ilustración» en Isaiah BERLIN: Vico y Herder, Madrid: Cátedra, 2000, pp. 191-271. David JAMES: Fichte’s Republic. Idealism, History and Nationalism, Cambridge: Cambridge University Press, 2015, pp. 181 y ss. Joep LEERSSEN: Encyclopedia of Romantic Nationalism in Europe, Amsterdam: Amsterdam University Press, 2018.


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en juego. Una fuerte carga cultural era perfectamente compatible (como ya lo había sido en Herder) con un proyecto universalista. Es eso lo que permite a Jules Michelet afirmar que «los caracteres nacionales no derivan en absoluto de nuestros caprichos». Más aun: «para recobrar la fe en Francia y confiar en su futuro es necesario remontarse a su pasado y profundizar en su genio natural». Francia como dogma, en fin, Francia como religión exclama Michelet, al mismo tiempo que plantea Francia como «patria universal»14. En definitiva, el contenido cultural del republicanismo. Poco importaría por otra parte la deriva del nacionalismo alemán en el proyecto frankfurtiano de 1848, a pesar de mostrar que el fundamento explícitamente cultural era perfectamente compatible con una propuesta liberal y aun democrática15. Casi de manera unánime se ha tomado el discurso pronunciado por Ernest Renan en 1882 «¿Qué es una nación?» como modelo perfecto de defensa de la nación cívica —modelo republicano francés— frente a un modelo de nación y nacionalismo alemán. Pero lo cierto es que si Renan excluyó la dimensión lingüística —a diferencia por tanto del modelo alemán— fue por razones estrictamente tácticas. Desde 1871 Alsacia y Lorena habían sido incorporadas al Imperio alemán y cualquier reivindicación lingüística perjudicaba los intereses franceses. En sus escritos elaborados durante la guerra y aparecidos justo al terminar (como los agrupados en La Reforma espiritual y moral de Francia) se encuentra ya el fundamento de la distinción entre Francia y Alemania. Se trata de escritos de «circunstancias» que prueban sin embargo el inmenso impacto que la guerra francoprusiana tendrá en su autor16. En carta a su colega David Friedrich Strauss, Renan aislado en Paris apostilla 15 de septiembre de 1871: «Nuestra política es la del derecho de las naciones, la vuestra, es la política de las razas»17. Para Renan la nación estaría en-

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Jules MICHELET: El pueblo, México: FCE, 1991, pp. 237-258, 269. Brian VICK: Defining Germany: The 1848 Frankfurt Parlamentarians and the National Question, Harvard: Harvard University Press, 2002. François HARTOG: La nation, la religion, l’avenir. Sur les traces de Renan, Paris: Gallimard, 2017, pp. 104 y ss. Ernest RENAN: Qu’est-ce qu’une nation? et autres essais politiques, Paris: Imprimerie Nationale, 1996, p. 212.


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tendida como un «principio espiritual» o «un alma» que se concretaba en un pasado común, compartido. Como resumiría unos año después, la nación «no es hablar la misma lengua o pertenecer a un mismo grupo etnográfico, es haber hecho juntos grandes cosas en el pasado y querer todavía hacerlas en el futuro»18. Se trataría, en principio de una unión libre y voluntaria. Nación entendida, en la más célebre fórmula renaniana, como «plebiscito cotidiano». Sin embargo, este plebiscito traduce, como ha señalado Gerard Noiriel, un determinismo histórico nada diferente de un determinismo étnico o racial. Solo los que comparten unos antepasados, dice Renan, pueden plantear este «vivir juntos». Son los antepasados los que nos han hecho lo que somos19. Tampoco otras obras del propio Renan avalan una lectura puramente «cívica» de su idea de Francia. Y desde luego, Renan nunca fue un apostol del sufragio universal. Su «plebiscito cotidiano» no tenía que ver con votos, o ejercer algún derecho de «autodeterminación». Francia era, porque había sido, y la Francia mutilada debía ser francesa20. La idealización del modelo de Renan se produjo, en definitiva, en el contexto posterior al conflicto francoprusiano y encontró su camino en un clima cultural en que se fue fraguando la distinción y oposición frontal entre ambas naciones, que alcanzaría su peor resultado en 191421. Fue el contexto en que surgirían las obras de Meinecke y después la de Weill antes citadas. Que esta idealización haya continuado por más de un siglo resulta algo más sorprendente. Así sucede en la obra publica-

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Ernest RENAN: Qu’est-ce qu’une nation? et autres essais politiques, Paris: Pocket, 1992. p. 58 Gerard NOIRIEL: Qu’est-ce qu’une nation? Montrouge: Bayard, 2015, pp. 22-25. Asimismo, Tzvetan TODOROV: Nous et les autres. La réflexion française sur la diversité humanie, Paris: Seuil, 1989, pp. 247 y ss. Fabien CONORD: La France mutilée. 1871-1918, la question de l’Alsace-Lorraine, Paris: Vendimiaire, 2017. Michel ESPAGNE: Le paradigme de l’étranger. Les chaires de littérature étrangère au XIXe siècle, Paris: Éditions du Cerf, 1993; Michael JEISSMANN: La patrie de l’ennemi. La notion d’ennemi national et la représentation de la nation en Allemagne et en France de 1792 à 1918, Paris: CNRS, 1998; Mark HEWITSON: National identity and Political thought in Germany. wilheimine Depictions of the French Third Republic, 1890-1914, Oxford: Clarendon Press, 2000.


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da en 1987 de Alan Finkielkraut, La derrota del pensamiento, que tuvo un inmenso éxito en Francia así como en España22. En mi opinión su influencia ha sido enorme —aunque no se lo cite en las bibliografías especializadas— en el mundo intelectual español. Sin embargo, la fuerte carga cultural del modelo de nación francesa, con su énfasis en la lengua y el relato histórico sobre el pasado como aspectos centrales, prueba que la nación republicana no es solo cívica23. Fue la tercera república francesa precisamente la que desplegó un programa muy intenso de nacionalización de las masas en qué el contenido cultural fue clave24. Es, ciertamente, un modelo que se repitió por toda Europa25. De hecho, ni siquiera se debe excluir en Francia, desde mediados del siglo XIX, una carga explícitamente «étnica», explícitamente racial26. Pero en la tradición cultural francesa la aparición de lo que Raoul Girardet denominará el «nacionalismo de los nacionalistas» (esto es la versión conscientemente autodenominada nacionalista) a finales del siglo XIX en la derecha francesa, añadirá una gran complicación —cuando no una pura confusión— conceptual. En el ámbito intelectual, tanto como en el político, se procede a separar la noción de republicano (antes patriota) respecto de nacionalista, de manera que ambos se contraponen. La nación queda “secuestrada” por y para los nacionalistas. La idea republicana parece alejarse, oponerse a la idea de nación. Es por

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Alan FINKIELKRAUT, La derrota del pensamiento, Barcelona: Anagrama, 1987, pp. 31-37, anteriormente queda trazada la contraposición con Herder. Vicent MARTIGNY: «The importance of culture in civic nations: culture and the Republic in France», Studies in Ethnicity and Nationalism, vol. 8 (3), 2008, pp. 543559. Anne-Marie THIESSE, França. Quina identitat nacional?, Valencia: Afers-PUV, 2016 (ed. original 2010). Un útil balance con estudios de caso sobre la imposibilidad de distinguir la nación cívica de la cultural en Timothy BAYCROFT, Mark HEWITSON(eds.): What is a nation? Europe 1789-1914, Oxford: Oxford University Press, 2006; Véase también Anne-Marie THIESSE, La création des identités nationales, Europe XVIIIe-XXe siècles, Paris: Seuil, 1999. Carole REYNAUD-PALIGOT: La République raciale 1860-1930. Paradigme racial et idéologie républicaine, Paris: PUF, 2006.


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supuesto incuestionable que el nacionalismo finisecular francés tuvo un programa cultural, e incluso étnico, como sucede en la tradición que deriva de Maurice Barrès y después con Acción Francesa. En este juego de contraposiciones, el «Republicanismo» queda asociado a la noción de ciudadanía, y se aleja de cualquier contaminación nacionalista. Toda la tradición académica francesa que se ocupe poco o mucho de esta cuestión, pasará a pensar la nación y el nacionalismo en estos términos27. Más allá de la autoimagen deseada, sin embargo, la tercera República sí tuvo un contenido “étnico”. Como señaló Patrick Weil: «La ecuación ius sanguinis: concepción étnica: Alemania, opuesta al ius soli: concepción no étnica: Francia no resiste el examen de la historia comparada de los derechos de nacionalidad alemán y francés». Francia no es —ni ha sido nunca— el modelo de nación cívica abierta a la integración de los inmigrantes y de sus hijos28. Por otra parte, la actitud francesa ante sus territorios coloniales en los siglos XIX y XX y el desarrollo de las políticas de extranjería son pruebas contundentes de lo insostenible de este tópico29. Claro está que la propia historia colonial francesa, que desmiente todo relato ingenuo sobre la ciudadanía y la emancipación y tradición revolucionaria francesa, tiene un difícil encaje en el relato historiográfico establecido. El problema fundamental es que la distinción cívico versus étnico/ cultural en vez de tomarse como una suerte de tipos ideales se convierte en una división maniquea: bueno y cívico frente a malo y étnico. Pero si el nacionalismo étnico se entiende como estrictatemente vinculado a racial/biológico entonces es muy poco frecuente, y resulta poco útil para una perspectiva analítica mientras que la noción de nacionalismo cívico

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Véase una magnífica obra, desgraciadamente poco citada de Josep R. LLOBERA: La teoria del nacionalisme a França, Valencia: Afers-PUV, 2003. Patrick WEIL: Qu’est-ce qu’un Français? Paris: Gallimard, 2004, pp. 281 y ss. Sophie WAHNICH: L’impossible citoyen. L’étranger dans le discours de la Révolution française, Paris: Albin Michel, 2010; Emmanuelle SAADA, Les enfants de la colonie. Le métis de l’empire français, entre sujetion et citoyenneté, Paris: La Découverte, 2007; Mary D. LEWIS: The boundaries of the Republic, Migrant Rights and the Limits of Universalism in France, 1918-1940, Stanford: Stanford University Press, 2007.


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agruparía a todos los demás y tampoco es práctica. Si, como parece más razonable se interpreta étnico como cultural (pero no racial) entonces el problema es presuponer que el nacionalismo cívico implica una concepción acultural de la ciudadanía30. Esto no sucede en Francia ni en EE.UU, supuestos modelos puros. La «cuestión clave» como señaló Will Kymlicka es que, en efecto, tanto el nacionalismo étnico como el nacionalismo cívico tienen un componente cultural. La diferencia radica en la manera de interpretar la cultura, no en el componente cultural per se31. No cabe, por tanto, otra conclusión que la de que no hay nacionalismo cívico que no contenga una dimensión cultural. En línea con la consolidación de la división maniquea va implícita una caracterización política. Como señaló David Brown, la idea de que el nacionalismo cívico es liberal porque se refiere a una sociedad de la que se forma parte voluntariamente, mientras que el etnocultural no puede ser liberal porque remite a una forma de comunidad «no elegida» no se sostiene puesto que ambos buscan ligar a los individuos en comunidades que comportan obligaciones por su pertenencia y que se plantean como persistentes a lo largo del tiempo32. Además es históricamente absurdo plantear el carácter voluntario en la construcción de las naciones: la mayoría de los individuos son socializados en su nación y nunca se les ofrece posibilidad alguna de elección. Esta idea sería válida solo para las «minorías» o grupos que cuentan con algún marcador cultural distintivo… y es a estos a quienes los Estados-nación establecidos niegan, precisamente, toda posibilidad de consulta voluntaria. Una profundización de la división liberal/no liberal y la aplicación más directa de la distinción nación cívica/nación etnica sería la posi-

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Rogers BRUBAKER: «Mitos y equívocos en el estudio del nacionalismo» en John A. HALL (ed.): Estado y nación, Madrid: Cambridge University Press, 2000, pp. 390-395. Will KYMLICKA: Politics in the vernacular: Nationalism, Multiculturalism and Citizenship, Oxford: Oxford University Press, 2001, pp. 242-253. David BROWN: «Are there two nationalisms?: good-civic and bad-ethnocultural? en David BROWN: Contemporary nationalism. Civic, ethnocultural & multicultural politics, Londres: Routledge, 2000. pp. 50-69.


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bilidad de trazar una distinción neta entre patriotismo y nacionalismo, entendidos ambos en terminos de incompatibilidad (y de nuevo en contraposición maniquea). Este planteamiento, fue teorizado por Maurizio Viroli, en una lectura altamente idealizada del republicanismo pero que alcanzó una enorme popularidad33. Este planteamiento era claramente convergente con las propuestas que defendían un modelo de ciudadania y de identidad nacional al margen del nacionalismo, como la que realizó también en la década de los años noventa Jürgen Habermas34. Como señaló Margaret Canovan, posiblemente esta idea de patriotismo tuvo más una efectividad retórica que práctica35. Su recepción en el caso español es una prueba de ello. Por otra parte, estos planteamientos tuvieron lugar en el seno de un amplio debate en la ciencia política entre las posiciones liberales y las que fueron denominadas «comunitaristas» y que tuvo en el papel de la nación y la identidad nacional uno de sus puntos de atención clave. También en este momento —y con la voluntad de superar las contradicciones o aporías de ambas posiciones— autores como David Miller o Bernard Yack propusiseron la posibilidad de desarrollar un «nacionalismo liberal»36. En el ámbito cultural español —en la esfera pública/política— posiciones como las de Viroli y Habermas tuvieron una amplia difusión y dusfrutaron de una aprobación poco menos que universalmente acríticas. Sirvieron inmediatamente como fundamento de una vulgata que oponía la idea de nación española y su modelo de abierto de ciudadanía al de los nacionalismos alternativos. Se perdió así la posibilidad de profundizar en lo que, tal vez, era el legado más relevante de aquellos debates, como era el el encaje de la diversidad y el particularismo en

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Maurizio VIROLI: Per amore della patria. Patriotismo e nazionalismo nella storia, Bari: Laterza, 2001 (ed. orig. 1995). Jürgen HABERMAS: «Ciudadanía e identidad nacional», en Jürgen Habermas: Facticidad y validez, Madrid: Trotta, 1998, pp. 619-643. Margaret CANOVAN: «Patrotism is not enough», British Journal of Political Sociology, 30, 2000, pp. 413-432. Chaim GANS: The limits of nationalism, Cambridge: Cambridge University Press, 2003.


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el debate sobre la ciudadanía. Significativamente, primero el PSOE y despues el PP, declamaron haber adoptado la noción de «patriotismo constitucional» de raiz habermasiana37. Se trató de una propuesta que, en realidad, planteaba hacer encajar el planteamiento habermasiano con la Constitución de 1978. Se trataba, en definitiva, de una propuesta destinada a cerrar cualquier lectura de la idea de nación española frente a la diversidad o la plurinacionalidad, a la vez que se afirmaba el alejamiento de toda propuesta «nacionalista» (que quedaba reservada a los nacionalismos catalán y vasco)38. «Nosotros no somos nacionalistas» afirmaba la ponencia sobre patriotismo constitucional aprobada en el XIV Congreso del PP de 2002, una década más tarde que lo había hecho el PSOE. Ciudadanía, Constitución y oposición al nacionalismo serían igualmente las cartas de presentación del partido Ciudadanos, la fuerza política que mejor parece haber rentabilizado en los últimos años este sustrato. Conviene, con toda seguridad, remarcar que la recepción de los debates entorno a la nación y el nacionalismo suscitados en los años ochenta y noventa está estrechamente asociado no menos al contexto europeo que al español. Sirva como ejemplo el gran éxito de las tesis de la obra de Michel Ignatieff (así El honor del guerrero) y la popularidad de la idea del «El narcicismo de la diferencia menor», en el seno de la lectura del conflicto en Yugoslavia39. Aunque sólo en 2012 se traduciría su libro de 1993, Sangre y pertenencia, que es la obra donde Ignatieff planteó el fundamento más teórico de su posición, ambas obras insistían en la distinción étnico/cívico en su plasmación más cruda. En medios cercanos al progresismo español se popularizó la idea del peligro de la «balcanización de España». Cabe recordar la contribución en este senti-

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La genealogía del concepto anterior a Habermas en Jan - Werner MÜLLER: Constitutional patriotism, Princeton/Oxford: Princeton University Press, 2007, pp. 15-45. Sebastian BALFOUR, Alejandro QUIROGA: España reinventada, Barcelona: Península, 2007; Ferran ARCHILÉS:«Nacionalismos y culturas políticas en España (c. 1975-2010)» en Manuel Pérez Ledesma, Ismael Saz (coords.): Del franquismo a la democracia, 1936-2013, Madrid-Zaragoza: Marcial Pons-PUZ, 2015, pp. 141174. Michel IGNATIEFF, El honor del guerrero. Guerra étnica y conciencia moderna, Madrid: Suma de letras, 2002 (ed. original 1997).


Introducción: Más allá de una dicotomía

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do del por entonces considerado muy prestigioso analista de relaciones internacionales del diario El País, Herman Tertsch. Pero los años ochenta y noventa fueron también las décadas en las que se produjo la renovacion de los estudios sobre nación y nacionalismo en el ámbito académico. Sería intersante analizar la recepción de ciertas obras, o simplemente la política de traducciones. Así, por ejemplo se produjo una recepción cuanto menos curiosa de la obra de Ernest Gellner. Una de las piezas centrales de su reflexión fue la de la importancia de la creación de una «cultura nacional» (idea que recogería Benedict Anderson) que además aspiraba a ser homogénea, como correlato necesario del proceso de modernización, en la construcción de las nuevas naciones en época contemporánea40. Esta idea aparece en todas las obras que Gellner publicó, obras que han sido puntualmente traducidas en España. Sin embargo, parece que este vínculo necesario de la nación con la cultura, quedó en segundo plano frente a la que resultó ser mucho más popular definición de Gellner de que no es la nación quién crea a los nacionalistas sino los nacionalistas los que crean la nación. La manifiesta hostilidad de Gellner a los nacionalismos, hizo el resto. Citar a Gellner pasaba a ser una prueba de perspectiva crítica respecto de los nacionalismos, pero uno de los mensaje de fondo de la teoria gellneriana quedaba ignorado: no hay nación moderna sin voluntad de homogeneización cultural nacional. Tampoco en Francia o en España. Pero, en definitiva, fue la idea de la «constelación posnacional» de Jürgen Habermas, basada en la superación de la nación o del Estado nación, la que marcó la pauta, y aun lo hace en el debate intelectualpolítico español. En mi opinión, convendría sin embargo, incidir en que los planteamientos habermasianos se basan en dos supuestos que vale la pena recordar. En palabras de Habermas: «La historia del imperialismo desde 1871 (fundación del Reich de Bismarck) y sobretodo el nacionalismo integral del siglo XX confirman que la idea de nación desarrolló su fuerza movilizadora casi siempre en esa su versión particularista y agresiva. Solo tras la cesura de 1945 quedó agotada esa fuente

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Ernest GELLNER: Nación y nacionalismo, Madrid: Alianza Editorial, 1988.


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