humanidades
tirant
plural
PEDRO RIVAS
EN LOS MÁRGENES DEL DERECHO Y EL PODER CRISIS DE LA REPRESENTACIÓN, CLIENTELISMO, POPULISMO
tirant plural
EN LOS MÁRGENES DEL DERECHO Y EL PODER
humanidades
PEDRO RIVAS
tirant
humanidades plural
Cualquier intento por comprender el malestar generalizado con lo político, que se manifiesta en sistemas democráticos de larga tradición, requiere acudir al análisis de sus síntomas más característicos, algunos de los cuales parece situarse precisamente en los márgenes del Derecho. En efecto, fenómenos como el clientelismo y el populismo desafían los principios liberales de nuestras sociedades contemporáneas, sin que la tendencia a su demonización explique por qué se han vuelto tan atractivos para tantos. Este libro pretende analizar si esos fenómenos descritos son problemas circunstanciales o si más bien se radican precisamente en nuestra común comprensión de lo político. Dicho de manera más incisiva, ¿tenemos armas intelectuales para superarlos? ¿O son ellos, por el contrario, los que resultan coherentes y consecuentes con nuestra forma de entender lo político? Tales preguntas nos obligan a considerar de nuevo los orígenes y el sentido de nuestra común comprensión del Derecho y la Política.
En los mรกrgenes del Derecho y el Poder
Crisis de la Representaciรณn, Clientelismo, Populismo
COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT HUMANIDADES Manuel Asensi Pérez
Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València
Ramón Cotarelo
Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia
Mª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València
Juan Manuel Fernández Soria
Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València
Pablo Oñate Rubalcaba
Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València
Joan Romero
Catedrático de Geografía Humana Universitat de València
Juan José Tamayo
Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid
Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales
En los mรกrgenes del Derecho y el Poder Crisis de la Representaciรณn, Clientelismo, Populismo
PEDRO RIVAS
tirant humanidades Valencia, 2019
Copyright ® 2019 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito del autor y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant Humanidades publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com.
© Pedro Rivas
© TIRANT HUMANIDADES EDITA: TIRANT HUMANIDADES C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: www.tirant.es ISBN: 978-84-17706-50-0 MAQUETA: Tink Factoría de Color Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro procedimiento de quejas. Responsabilidad Social Corporativa: http://www.tirant.net/Docs/RSCTirant.pdf
A la memoria de mi madre “Mientras mamá llegaba, te estabas dando cuenta de que era ella la que sostenía el mundo” José Jiménez Lozano, La boda de Ángela “¿Cómo podré agradecer al Señor por todo lo que me ha dado?” Salmo 115, 12.
Índice INTRODUCCIÓN.......................................................................................... 11 EL PRINCIPIO DE REPRESENTACIÓN POLÍTICA: PRESUPUESTOS Y PROBLEMAS............................................................................... 17 1. Los tópicos del principio de representación política....................... 17 2. De Rousseau a Constant..................................................................... 21 3. Libertad y representación política en los fundamentos del pensamiento liberal....................................................................................... 25 4. Un modelo humano y un modelo social........................................... 34 CLIENTELISMO Y POLÍTICA LEGÍTIMA............................................ 45 1. Aproximación al clientelismo. El caso argentino............................. 46 1.1. El mediador.................................................................................. 46 1.2. El beneficiario.............................................................................. 50 1.3. La relación.................................................................................... 54 1.4. La historia reciente...................................................................... 55 2. Discusiones sobre la legitimidad de las prácticas............................ 58 2.1. Posiciones críticas....................................................................... 58 2.2. Posiciones favorables.................................................................. 60 3. Clientelismo, desigualdad y modelos de democracia..................... 62 4. Clientelismo y representación............................................................ 69 LAS RAÍCES PROFUNDAS DEL DESAFÍO POPULISTA................... 73 1. Sobre la conceptualización del populismo....................................... 74 1.1. Un enfoque histórico.................................................................. 76 1.2. Intentos de caracterización........................................................ 80 1.3. Los restos del concepto............................................................... 89 2. Populismo, democracia y liberalismo............................................... 92 2.1. Estado de la cuestión.................................................................. 92 2.2. Populismo, razón ilustrada y fines............................................ 98 SOBERANÍA, DERECHO Y SENTIDO DE LO POLÍTICO................ 107 1. Dos concepciones diferentes del Derecho........................................ 108 2. Dos concepciones diferentes de lo político...................................... 121 EPÍLOGO......................................................................................................... 131
Introducción Todo trabajo de Filosofía del Derecho tiene por objetivo último la comprensión del fenómeno jurídico. En este caso, se afronta desde la perspectiva de una de las cuestiones iusfilosóficas nucleares: la relación del Derecho y el poder. El motivo reside en que este enfoque sirve también para hacerse cargo del sentido de lo político y nos sitúa entonces en la encrucijada de la Filosofía del Derecho y la Filosofía Política. Este intento por comprender mejor ambas realidades surge de manera directa de tratar de entender en la medida de lo posible el malestar generalizado con la realidad política del presente. Para eso, pretendo acudir a sus causas profundas. Y tal intento requiere siempre volver al origen, es decir echar de nuevo la mirada a la Historia de las ideas y de las acciones humanas. Por eso, de un modo u otro, estas páginas van a detenerse en los planteamientos teóricos y en los hechos históricos que dieron origen a nuestra forma presente de organizarnos políticamente. Con todo, la elaboración de estas páginas no ha sido lineal. Este libro se ha ido construyendo como un rompecabezas. Por eso existen versiones anteriores de cada uno de los capítulos. Ocurre sin más que diferentes preguntas en distintos momentos me han llevado a investigaciones distintas. No se ha afrontado primigeniamente como una unidad porque siempre he tendido a dejar que los problemas surgieran solos, de forma espontánea, al hilo de la realidad que vivo, de las lecturas que hago, o del estudio de la disciplina que cultivo. En un momento dado, varias de estas investigaciones parecen haberse ordenado entre sí o al menos las he percibido claramente alineadas. ¿Cómo ha aparecido ese orden que da lugar al presente libro? Hace unos años escribí un trabajo acerca del principio de representación política y el sentido de la libertad en la tradición liberal. A mi juicio, al menos en un nivel teórico la crisis de la representación política aparece casi con el mismo concepto. Son conocidos los juicios negativos que formula Rousseau sobre la representación política, fuer-
12
Pedro Rivas
temente contrapuesta precisamente a la idea de soberanía política. Sin embargo, pocas décadas después, Constant, aun aceptando que el principio de representación es la negación de la soberanía, afirma que esto es solamente el indicio del cambio de nuestro concepto de libertad, asunto que da título a su célebre conferencia. Ahora la libertad es el disfrute de la vida privada, lo que requiere que otros defiendan nuestros intereses públicos, que parecieran ser menos importantes que los privados. A partir de él, no hay en la tradición liberal ninguna referencia negativa al principio de representación de modo que es un lugar común asumido la necesidad de sacrificar una parte de la libertad para conservar otra. Ahora bien, si para esa misma tradición liberal la libertad es solamente la independencia del sujeto, la autonomía del individuo humano; queda sin explicar por qué es más importante nuestra autodeterminación en lo privado que en lo público. Es decir, queda injustificado por qué hay que sacrificar unas libertades por otras, y más concretamente por qué esas libertades por esas otras. Lo que latía de fondo era la existencia de un conjunto de implícitos que Constant parecía dar por buenos y que llevaba a preterir las libertades políticas. En dicho trabajo, se indicaba que es común advertir que esos implícitos se resumen principalmente en la defensa de un orden social global espontáneo, en la idea de la autonomía moral del mercado, en el criterio de eficacia entendido como fundamento de la libertad. Y ahí se dejaba abierta la cuestión. Esta última intuición, apenas señalada, quedó a la espera de otra oportunidad. En realidad, los problemas abiertos por el principio de representación parecen propios del malestar generalizado por la vida política en nuestras sociedades contemporáneas. Cabía entonces observar otras manifestaciones de ese mismo malestar que mostraran tal vez mayor contundencia y claridad. Esa fue la razón de dirigir la mirada al clientelismo y al populismo. El primero tal vez sea más circunscrito en el momento presente, pero el segundo parece haberse vuelto global. Ambos tienen en común el aparecer como enemigos, incluso como los más peligrosos en el presente, de los principios liberales de nuestras sociedades contemporáneas. En cierto sentido, porque frente al clientelismo y al populismo tales principios parecen
En los márgenes del Derecho y el Poder
13
quedarse sin respuesta y se recurre a la simple demonización de ambos. Este dato hacía más interesante su estudio y llevaba a pensar que podíamos estar ante otras de las numerosas paradojas de nuestras sociedades liberales contemporáneas. Con todo no deja de sorprender la presencia de ambos cuando se los tenía por superados hace ya decenios. Constituyen sendos desafíos que parecen a unos la recuperación de lo político y a otros, su destrucción. Lo característico de los dos es también el situarse en los márgenes del Derecho y la Política. O dicho de otro modo, ambos juegan en el filo del Derecho y la Política, en sus zonas oscuras. De ahí, el nombre de este libro. Ahora bien, si se pretende un diagnóstico más profundo del malestar que nos aqueja, no basta con describir los fenómenos que lo causan ni quedarse en un análisis circunstancial de los mismos. Acudir a la raíz de los problemas requiere volver al lugar donde se inscribe nuestra común comprensión de lo político, es decir, a los textos fundamentales que delimitan nuestra manera de pensar la politicidad. Y en ese punto la referencia a Hobbes es siempre obligada, por más que (o precisamente porque) haya sido leído y releído infinidad de veces. Y es que quedaba la duda de si esos fenómenos descritos eran problemas propios de nuestro presente más inmediato, asuntos de nuestra época, o si más bien se radican precisamente en nuestra común comprensión de lo político. Dicho de manera más incisiva, ¿tenemos armas intelectuales para superar los problemas mencionados? ¿O son ellos, por el contrario, los que resultan coherentes y consecuentes con nuestra forma de entender lo político? Se advierte entonces la necesidad de volver sobre nuestros propios presupuestos. Y en último término, quien inaugura nuestra concepción de lo político es Hobbes. Porque el marco de juego es el Estado y quien lo teoriza por vez primera de manera completa es el pensador inglés. Aún más, lo que supone un cambio radical con todos los siglos anteriores es precisamente la noción de soberanía, rasgo esencial del Estado. En este aspecto de nuevo resulta esencial la referencia al Derecho. En efecto, siempre me había llamado la atención, al considerar la comprensión común de lo jurídico en el ámbito anglosajón, que las ideas hobbesianas acerca del Derecho y de la Política eran manifiestamen-
14
Pedro Rivas
te contrafácticas. De ahí, la hipótesis de que cuando Hobbes piensa en la soberanía lo hace fundamentalmente por relación al Derecho. Es decir, que la principal novedad que propone es el sometimiento completo del Derecho a quien detenta el poder político. En definitiva, volver de nuevo a revisar qué sentido tiene la soberanía es detenerse en el punto de inflexión del modo de entender lo político en el pensamiento occidental. Esta es la razón de que después de dos capítulos dedicados a comprender fenómenos contemporáneos, en gran medida hijos del siglo XX, nos hayamos dirigido a un problema más nuclear. En este sentido, el último capítulo aspira a comprender en profundidad los problemas planteados en el capítulo primero y desarrollados en los capítulos segundo y tercero. Este es el sentido de la unidad de este libro. La elección del título apunta, como ya se dijo, no tanto al resultado, que estaría en este último capítulo, cuanto a las incógnitas que se desarrollan en los precedentes. Debe aclararse también que al hilo de lo anterior, fueron a la vez surgiendo, como es de imaginar, numerosas lecturas. Y algunas de ellas vinieron también a arrojar luz sobre los supuestos implícitos en el planteamiento canónico de Constant sobre la representación política. De esta forma, pude además completar y reformular el trabajo inicial sobre el principio de representación, que estaba en el origen de mis inquietudes. Tales lecturas consisten fundamentalmente en trabajos canónicos de corte histórico que explican el uno cuál es el modelo antropológico y social que es el supuesto del pensamiento político de la segunda mitad del siglo XVII, y el otro, cuál es el impacto que sobre dicho modelo tuvieron los cambios sociales en el siglo XIX. Cabe también dar un explicación sobre el uso de las fuentes. El lector apreciará que en algunos momentos se dialoga con fuentes primarias y en otros casos no. El motivo es simple. Cuando no he encontrado bibliografía secundaria que sostenga lo que digo, mis interlocutores son los clásicos. Si por el contrario encuentro quien ha recorrido de manera fructífera y convincente ese diálogo con los clásicos, dejo que sea él quien se exprese.
En los márgenes del Derecho y el Poder
15
Antes de llegar al párrafo de agradecimientos y remisiones, conviene hacer una consideración más. Al margen de que sea verdadera la explicación que se ha dado de por qué este libro no se ha escrito con un plan preconcebido, es decir mi querencia ya señalada a dejar que las preguntas surjan espontáneamente; hay otro motivo más prosaico que no quiero dejar de señalar. En el momento actual, quien se dedica a la vida académica está siendo continuamente evaluado por una amplia gama de comités y comisiones al efecto. De que tales evaluaciones sean positivas depende unas veces su propia estabilidad y otras su crecimiento profesional. Además, de esas mismas evaluaciones que uno recibe depende también de diversas formas la situación académica y las posibilidades de mejora de quienes le rodean. En efecto, las posibilidades de obtener financiación para la investigación de los miembros de un grupo de investigación, tomados en su conjunto o individualmente, depende de los méritos de quienes integran el grupo. En este punto, las evaluaciones miden la cantidad y calidad de la producción científica de cada uno. Y así, uno no puede pensar en dejar pasar siquiera un año sin publicar y tratar de hacerlo en lugares que cumplan con los estándares de dicha calidad, creados al efecto por otras o las mismas comisiones o comités evaluadores. Todo esto genera situaciones manifiestamente kafkianas en el sentido más preciso del término. Además, el empleo de los términos “producción” y “calidad” para referirse a la investigación universitaria no es asunto baladí e incluso está en la línea de los males contemporáneos que este libro expone. Podría extenderme en el daño que todo esto hace a la investigación en Humanidades pero no quiero aburrir al lector. Al menos queda claro que no resulta posible pensar en una investigación de largo aliento o que no asegure cada año siquiera un elevado número de palabras escritas en formato adecuado para ingresar en revistas al uso. A la hora de los agradecimientos, quiero comenzar una vez más por mi maestro y amigo Pedro Serna. Aunque en esta ocasión no haya leído ninguna versión previa de este trabajo, la gratitud permanece porque lo que aprendí de él en lo intelectual y en lo humano están en el origen de cada palabra que escribo. Agradezco también
16
Pedro Rivas
a quienes, en el proceso de este libro, han estado presentes con sus comentarios y consejos, mis colegas y sobre todo amigos los profesores Juan B. Etcheverry, Juan Cianciardo, Luciano Laise y Pilar Zambrano. Versiones previas de algunos capítulos fueron publicadas en Anuario Filosófico y Revista de Derecho Político: agradezco a los editores de ambas revistas el permiso para su inclusión en el presente libro. Finalmente dejo constancia que este trabajo forma parte de los resultados del proyecto de investigación “Coordinación y autoridad en el Estado Constitucional de Derecho. Desafíos teóricos y prácticos en un contexto de fragmentación moral” subvencionado por Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la República Argentina (PICTO 2016-0095) y que se ha beneficiado de la ayuda de la Xunta de Galicia al grupo “Filosofía, Constitución, Racionalidad” dentro del Programa de consolidación y estructuración de unidades de investigación competitivas en la modalidad de grupos con potencial crecimiento (ED431B 2017/43).
El Principio de Representación Política: presupuestos y problemas Una característica esencial de la democracia en las modernas sociedades liberales es su carácter representativo. Sin embargo, en relación con ella surgen ciertas perplejidades, por la dificultad de la tarea de hacer compatibles el sentido que el liberalismo da a la libertad humana y el que le reconoce en la representación política. A la hora de mostrar esta dificultad, conviene tener presentes, en primer lugar, los perfiles de la denominada crisis del principio de representación política, a través del conocimiento del origen de dicho principio y del lugar que ocupa en la teoría política en que surge. A partir de ahí será posible comprobar la tensión con el concepto común de libertad propio del liberalismo político al que acaba de hacerse referencia.
1. LOS TÓPICOS DEL PRINCIPIO DE REPRESENTACIÓN POLÍTICA Cuando se considera el principio de representación política parece inevitable hablar de crisis. La llamada crisis de la representación política es quizás el último de los lugares comunes sobre la cuestión. En los estudios sobre este tema la mención a la crisis aparece como colofón necesario después de tratar el origen, sentido y concepto de dicho principio. En primer lugar, es habitual la referencia a los antecedentes del principio que se encuentran en el Derecho privado, y a las peculiaridades que reviste el empleo de este concepto en el terreno político. En cierta medida, esas particularidades son las que existen entre el mandato imperativo, propio de la representación en derecho privado, y la idea de representación política. En esta última no existe realmente un vínculo jurídico entre representante y representados,
18
Pedro Rivas
lo que se concreta en la no revocabilidad del primero por los segundos y en la falta de responsabilidad ante ellos; así como en la ausencia de límites, en su obrar, impuestos por los representados1. Pero además, se ha insistido en que la representación política no se produce frente a alguien o ante alguien (obviamente, tampoco ante los propios representados) a diferencia del mandatario propio del Derecho privado2. De estos caracteres, precisamente, se induce la imposibilidad de hablar de una representación de la voluntad en el caso de la representación política, y la necesidad su comprensión, en cambio, como una representación de intereses3. Por último, la aparición de la representación política va acompañada, al menos en el caso francés, de la idea de que el representante quiere y decide por la nación4.
1
2
3
4
Esta serie de notas aparecen en el trabajo ya clásico de V. E. Orlando, “Du Fondement juridique de la representation politique” Revue du Droit Public et de la Science Politique en France et a l’etranger vol. III (1895), pp. 9 y ss. Existe una versión en italiano, “Del fondamento giuridico della rappresentanza politica” en V. E. Orlando, Diritto Pubblico Generale. Scritti Varii (1881-1940), Milano, Giuffré, 1940, pp. 417-56. A. D’ors, Ensayos de Teoría Política, Pamplona, EUNSA, 1979, pp. 233 y ss. Igualmente, G. Sartori, Elementos de Teoría Política, Madrid, Alianza, 1992, pp. 230 y ss. Por ejemplo, S. Romano, Principi di Diritto Costituzionale Generale, Milano, Giuffré, 1947, pp. 162 y ss. También en A. D’ors, op. cit., pp. 231 y ss. Paralelamente G. Sartori, op. cit., pp. 238-9, y, más recientemente, G. Sartori, Nueva Revista de Política, Cultura y Arte 51 (junio de 1997), pp. 37 y ss. Entre los constitucionalistas españoles, P. de Vega, “Significado constitucional de la representación política” Revista de Estudios Políticos (Nueva Epoca) 44 (marzo-abril 1985), pp. 25-45. Cfr. la propia Constitución de 1791. Con anterioridad, el discurso del 7 de septiembre de 1789 de E-J. Sieyès, en Archives Parlamentaries, 1ª serie, tomo VIII, p. 595. Sobre Sieyès, puede verse C. Clavreul, “Sieyès et la genèse de la représentation moderne”, en Droits. Revue française de Théorie Juridique 6, pp. 45-56. Acerca de la importancia de esta cuestión para definir un régimen como representativo, puede verse R. Carré de Malberg, Teoría general del Estado, México, Fondo de Cultura Económica, 1948, pp. 914-84 (es traducción del original Contribution à la Théorie générale de l’Etat spécialement dáprès les données fournies par le Droit constitutionnel français, Paris, Sirey, 1920-1922).
En los márgenes del Derecho y el Poder
19
Otro grupo de referencias comunes al enfocar este tema lo forman las que explican la génesis tanto histórica como teórica del principio de representación política. En ambos casos, se acude a las experiencias de Inglaterra y de Francia. Por un lado, el desarrollo de la historia política inglesa y la cristalización del pensamiento liberal5; por otro, el hecho revolucionario francés y la influencia de la ideología ilustrada6. A partir de ahí, puede considerarse la aportación de los clásicos de la teoría del Estado que al tratar de la representación política procuran darle forma práctica más concreta o solucionar los problemas que van apareciendo7.
5
6
7
Al margen de la contraposición con el Derecho privado, pueden establecerse también las diferencias con otros géneros de representación. Por ejemplo, con la representación simbólica, descriptiva, etc. A este respecto, cfr. H. F. Pitkin, The Concept of Representation, Berkeley & Los Angeles, University of California Press, 1967, pp. 60 y ss. Más acertadamente, se ha distinguido entre representación abreviativa (“pars pro toto”), simbólica (“signum pro re”), estética (“imago pro re”) y conceptual (“idea pro re”), sin que se trate de categorías irreductibles entre sí. Sobre esto, cfr. A. D’ors, op. cit., pp. 225-9. Aunque la bibliografía sobre este aspecto es muy amplia pueden verse, entre los trabajos ya citados los de H. F. Pitkin, op. cit., pp. 244-52, P. de Vega, op. cit., pp. 27-8, G. Sartori, op. cit., pp. 228 y ss. Además, entre lo publicado en castellano, puede verse J. J. Solozábal, “Representación y pluralismo territorial (La representación territorial como respuesta a la crisis del concepto jurídico moderno de representación)” Revista de Estudios Políticos (Nueva Epoca) 50 (marzo-abril 1986), pp. 79-80; así como E. Palomar, “Sobre la representación política en la teorización del racionalismo (siglos XVII y XVIII)”, en Revista de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense 48 (1997), pp. 241-9. Cabe señalar lo mismo que en la nota anterior, por lo que nos remitimos a lo ya citado y a la bibliografía allí mencionada: H. F. Pitkin, op. cit., pp. 86 y ss., P. de Vega, op. cit., pp. 28-9, G. Sartori, op. cit., pp. 226-7, C. Clavreul, op. cit., pp. 45-56, E. Palomar, op. cit., pp. 249-56, J. J. Solozábal, op. cit., pp. 813. Puede añadirse también A. Torres del Moral, “Democracia y representación en los orígenes del Estado constitucional” Revista de estudios Políticos 203 (1975), pp. 156-78. C. Schmitt, Teoría de la Constitución, Madrid, Alianza, 1992, pp. 206 y ss. (Verfassungslehre (8ª ed.), Berlin, Duncker & Humboldt, 1993); Jellinek,
20
Pedro Rivas
El siguiente tópico seria precisamente el que considera las causas de la crisis, ya mencionada, de la representación política. Aquí se encuentra una polémica entre los que defienden que la crisis es producto de la creciente complejidad de las sociedades8, con la consiguiente dificultad para que los representantes expresen los valores e intereses colectivos9; y los que sostienen que el problema es del modelo democrático liberal en su conjunto10. En las siguientes páginas se va a tomar posición sobre el sentido de esta crisis, lo que necesariamente significará apoyar una de estas dos posturas. Por último, y ya inmersos en una disputa plenamente contemporánea, encontramos los diversos intentos de sustituir el principio de representación por el de participación política. Esto ha suscitado las críticas a tales intentos por parte de quienes siguen defendiendo la validez de la representación política, la cual sólo necesitaría cambios accidentales11.
8 9
10
11
Teoría General del Estado, Buenos Aires, Albatros, 1954, pp. 429 y ss. (Ausgewohlte Schriften und Reden, Berlin, 1911, 2 vols.); H. Kelsen, Teoría general del Estado (15ª ed.), México, Editora Nacional, 1979, pp. 397 y ss. (Allgemeine Staatslehre, Berlin, Springer-Verlag, 1925); R. Carré de Malberg, op. cit., pp. 914 y ss. J. J. Solozábal, op. cit., p. 86. P. de Vega, op. cit., pp. 32-3. J. Rubio Carracedo, ¿Democracia o representación? Poder y legitimidad en Rousseau, Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, pp. 180-203. Acerca de las propuestas formuladas ante la crisis y las distintas posturas que se adoptan pueden verse por ejemplo, C. Pateman, Participation and Democratic Theory, Cambridge, Cambridge University Press, 1970, especialmente pp. 1-44; J. W. Still, “Political Equality and Election Systems” Ethics 91 (abril 1981) pp. 375-94; R. Rogowski, “Representation in Political Theory and in Law”Ethics 91 (abril 1981) pp. 395-430; B. Barber, Strong Democracy. Participatory Politics for a New Age, Los Angeles, University of California Press, 1984; J. Rubio Carracedo, op. cit., pp. 203 y ss.; P. Hirst, Representative Democracy and its limits, Cambridge, Polity Press, 1990, especialmente pp. 22-37; J. Rubio-Carracedo y J. M. Rosales (eds.), La democracia de los ciudadanos, Suplemento 1 (1996) de Contrastes. Revista Interdisciplinar de Filosofía, en especial los trabajos de I. Sotelo, “Sobre la actual descomposición de la democracia”, J. Rubio-Carracedo, “Ciudadanía compleja y democracia”, A.