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Francisco de Asís Peña Díaz

ALTA CALIDAD EN INVESTIGACIÓN JURÍDICA

FRANCISCO DE ASÍS PEÑA DÍAZ

LA LUCHA QUE NO CESA LOS DERECHOS DEL COLECTIVO LGBTI COMO DERECHOS HUMANOS LA LUCHA QUE NO CESA

La protección de las minorías y las personas vulnerables frente a la violencia y la discriminación ha sido una preocupación constante desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, el colectivo de lesbianas, gais, bisexuales, transgénero e intersexuales (LGBTI) no ha recibido la misma atención. A pesar de ello, en las últimas décadas hemos asistido a un lento -pero imparable- avance de la protección a estas personas, y hoy puede afirmarse con rotundidad que los derechos de las personas LGBTI son verdaderos Derechos Humanos. En el presente trabajo se exponen los principales hitos de este proceso, en particular en lo que respecta a la jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos y a la inclusión de este colectivo en el sistema de derechos humanos de las Naciones Unidas.

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IV PREMIO DE INVESTIGACIÓN

ROSARIO VALPUESTA


LA LUCHA QUE NO CESA Los derechos del colectivo LGBTI como derechos humanos


COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT LO BLANCH María José Añón Roig

Catedrática de Filosofía del Derecho de la Universidad de Valencia

Ana Cañizares Laso

Catedrática de Derecho Civil de la Universidad de Málaga

Jorge A. Cerdio Herrán

Catedrático de Teoría y Filosofía de Derecho. Instituto Tecnológico Autónomo de México

José Ramón Cossío Díaz

Ministro de la Suprema Corte de Justicia de México

Eduardo Ferrer Mac-Gregor Poisot

Presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM

Owen Fiss

Catedrático emérito de Teoría del Derecho de la Universidad de Yale (EEUU)

José Antonio García-Cruces González

Catedrático de Derecho Mercantil de la UNED

Luis López Guerra

Juez del Tribunal Europeo de Derechos Humanos Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Carlos III de Madrid

Ángel M. López y López

Catedrático de Derecho Civil de la Universidad de Sevilla

Marta Lorente Sariñena

Catedrática de Historia del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid

Javier de Lucas Martín

Catedrático de Filosofía del Derecho y Filosofía Política de la Universidad de Valencia

Víctor Moreno Catena

Catedrático de Derecho Procesal de la Universidad Carlos III de Madrid

Francisco Muñoz Conde

Catedrático de Derecho Penal de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla

Angelika Nussberger

Jueza del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Catedrática de Derecho Internacional de la Universidad de Colonia (Alemania)

Héctor Olasolo Alonso

Catedrático de Derecho Internacional de la Universidad del Rosario (Colombia) y Presidente del Instituto Ibero-Americano de La Haya (Holanda)

Luciano Parejo Alfonso

Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Carlos III de Madrid

Tomás Sala Franco

Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad de Valencia

Ignacio Sancho Gargallo

Magistrado de la Sala Primera (Civil) del Tribunal Supremo de España

Tomás S. Vives Antón

Catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Valencia

Ruth Zimmerling

Catedrática de Ciencia Política de la Universidad de Mainz (Alemania)

Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales


LA LUCHA QUE NO CESA Los derechos del colectivo LGBTI como derechos humanos

FRANCISCO DE ASÍS PEÑA DÍAZ

Valencia, 2018


Copyright ® 2018 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito del autor y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com.

© Francisco de Asís Peña Díaz

© TIRANT LO BLANCH EDITA: TIRANT LO BLANCH C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: www.tirant.es ISBN: 978-84-1313-033-0 MAQUETA: Tink Factoría de Color Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro procedimiento de quejas. Responsabilidad Social Corporativa: http://www.tirant.net/Docs/RSCTirant.pdf


Índice

PRÓLOGO.............................................................................................. 9

1. INTRODUCCIÓN............................................................................. 13

2. TERMINOLOGÍA............................................................................. 15

3. LA JURISPRUDENCIA DEL TEDH COMO MOTOR DE LOS DERECHOS HUMANOS DE LAS PERSONAS LGBTI......................... 21

4. DESARROLLO JURÍDICO POR LA SOCIEDAD CIVIL DE LOS DDHH DE LAS PERSONAS LGBTI: LOS PRINCIPIOS DE YOGYAKARTA....................................................................................... 35

5. LOS DERECHOS DE LAS PERSONAS LGBTI EN LAS NACIONES UNIDAS............................................................................................. 45 5.1. Primeras victorias: las personas LGBTI en los informes de los Relatores Especiales.................................................................... 47 5.2. Los derechos de las personas LGBTI en el Consejo de Derechos Humanos.................................................................................... 58 6. LA SITUACIÓN DE LAS PERSONAS LGBTI EN EL MUNDO ACTUAL................................................................................................. 67

7. CONCLUSIONES.............................................................................. 75

BIBLIOGRAFÍA...................................................................................... 77


PRÓLOGO Tras la cuarta edición del Premio de Investigación Rosario Valpuesta, me corresponde en estas páginas prologar el trabajo merecedor de tan insigne galardón, realizado por D. Francisco Peña Díaz, que lleva por título “La lucha que no cesa: los derechos de las personas LGBTI como Derechos Humanos”. Hace ya un tiempo leí unas palabras de Ronald Gamarra -escritas cuando era Secretario Ejecutivo de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos-, que la lectura de este trabajo me ha vuelto a recordar con especial interés, por su formidable certeza. Decía que uno de los colectivos humanos más golpeados e invisibilizados por los prejuicios y estereotipos hegemónicos en nuestra sociedad es el colectivo LGBT, cuya lucha por hacer realidad los derechos que les corresponden, al igual que a cualquier ser humano, no puede ser más justa. De ahí el inestimable mérito de trabajos como este de Francisco Peña, que permite visibilizar esta lucha que no cesa. A través de su trabajo, el autor nos detalla de forma pormenorizada los más importantes hitos en la lucha por el reconocimiento de las personas lesbianas, gais, bisexuales, transgénero e intersexuales (LGBTI) como titulares de derechos humanos. Esto le lleva a realizar un interesante estudio de la jurisprudencia del TEDH, dada su cardinal importancia en la conceptualización de los derechos de las personas LGBTI como derechos humanos a nivel global. Así nos sitúa, como punto de partida, ante el caso de Jeffrey Dudgeon, un hombre homosexual que denunció que las normas penales vigentes en Irlanda del Norte suponían una vulneración de su derecho a la vida privada y una forma de discriminación al tipificar como delitos ciertas actividades sexuales realizadas entre hombres adultos. La sentencia que se dictó sobre este caso, en 1981, fue la primera decisión que declaró la criminalización de la homosexualidad como contraria a los derechos humanos. Esta jurisprudencia influyó asimismo en el Comité de Derechos Humanos, concretamente en su decisión sobre el asunto Toonen, en el año 1992, que reconoce la prohibición de discriminar a las personas según su orientación sexual. Pero el autor llega más lejos y nos deja ver cómo esta doctrina Toonen del Comité se introdujo, a su vez,


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en el Tribunal de Estrasburgo. Consigue así que el lector sea testigo de la interacción entre la jurisprudencia del TEDH y la doctrina del Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas, puesta de manifiesto en casos como los de Dudgeon y Toonen, entre otros supuestos que el autor también describe y analiza en su trabajo. Por otro lado, su estudio refleja decisiones que el TEDH adoptó durante los años ochenta y noventa sobre casos que concernían a personas transgénero. En particular, sobre la vulneración que podría suponer para sus derechos humanos la imposibilidad de cambiar sus datos personales en documentos oficiales. En suma, con este análisis Francisco Peña nos permite visualizar la importancia que tuvo la jurisprudencia del TEDH sobre orientación sexual e identidad de género, en aras a la inclusión de los derechos de las personas LGBTI en el Derecho Internacional de los Derechos Humanos. Además, como cabe apreciar en el trabajo, esta jurisprudencia influyó también de manera decisiva en el activismo por los derechos humanos de las personas LGBTI. Y fruto de sus esfuerzos redoblados por conseguir la promoción de sus derechos humanos son los “Principios de Yogyakarta sobre la Aplicación de la Legislación Internacional de Derechos Humanos en Relación con la Orientación Sexual y la Identidad de Género”, presentados en Ginebra en 2007. El autor hace un completo análisis de los citados Principios, poniendo sobre la mesa sus aciertos y sus carencias, para terminar concluyendo la mayor aportación que se les puede atribuir: los Principios de Yogyakarta han incluido de lleno los derechos humanos de las personas LGBTI en la agenda de la comunidad internacional, contribuyendo de manera decisiva a que la discusión haya pasado de versar sobre si las minorías sexuales merecen tener derechos humanos a si la comunidad internacional debe o no exigir a los Estados soberanos que protejan a las personas de la violencia y la discriminación basadas en su orientación sexual o identidad de género. Ciertamente, el autor nos deja intuir un antes y un después de los referidos Principios, habida cuenta la atención que Naciones Unidas le ha dedicado al colectivo LGBTI, en particular, a partir de los mismos. Profundizando en su investigación, Francisco Peña hace un recorrido de las reivindicaciones LGBTI en las Naciones Unidas que, como se puede deducir, no ha sido pacífico. El autor nos deja ver a través de su estudio la fuerte oposición manifestada por parte de un bloque


Prólogo

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de Estados religiosos y contrarios a cualquier reivindicación del colectivo LGBTI. Ello no obstante, la obra refleja los grandes avances conseguidos en los últimos años en el seno de las Naciones Unidas en pro de los derechos humanos del colectivo LGBTI. Entre los citados logros, destacan especialmente tres Resoluciones del Consejo de Derechos Humanos que tienen especial relevancia en este contexto porque imponen a los Estados la obligación de respetar los derechos humanos de este colectivo y, sobre todo, porque incluyen la protección a estas personas entre las prioridades de Naciones Unidas mediante la designación de un Experto Independiente sobre Orientación Sexual e Identidad de Género. Para culminar su trabajo, Francisco Peña aborda con acierto la situación actual del colectivo LGBTI en el mundo, con el objeto de realizar un balance crítico del respeto a sus derechos humanos. Invito al lector a leerlo; a buen seguro que no le defraudará. En Sevilla, a 26 de octubre de 2018

Lucía Vázquez-Pastor Jiménez Profesora Contratada Doctora de Derecho Civil (Acreditada al Cuerpo de Funcionarios de Universidad) Universidad Pablo de Olavide, Sevilla


1. INTRODUCCIÓN La protección de las minorías y las personas vulnerables frente a la violencia y la discriminación ha sido una preocupación constante en el Derecho Internacional de los Derechos Humanos desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Así, los Estados del mundo han celebrado Tratados en los que se obligan a respetar una serie de garantías con el fin de salvaguardar los derechos de las mujeres, los niños, las personas con discapacidad, los trabajadores migrantes o los refugiados1. Sin embargo, existe otro colectivo particularmente vulnerable que no ha recibido la misma atención: el colectivo de lesbianas, gais, bisexuales, transgénero e intersexuales (LGBTI). No obstante, la ausencia de un tratado que proteja específicamente a estas personas no significa que se encuentren desamparadas por el Derecho Internacional. Al contrario: los derechos de las personas LGBTI son verdaderos Derechos Humanos, y así lo han reconocido la jurisprudencia internacional y los principales organismos internacionales de Derechos Humanos. En el presente trabajo expondremos los principales hitos de este proceso —o, más bien, de esta lucha— por el reconocimiento de los miembros del colectivo LGBTI como titulares de Derechos Humanos que les protejan frente a toda forma de violencia o discriminación motivada por su orientación sexual, su identidad o su expresión de género o por sus características sexuales. Con este fin, en primer lugar formularemos unas precisiones terminológicas para delimitar claramente nuestro objeto de estudio. En segundo lugar, analizaremos la evolución jurisprudencial del Tribunal Europeo de Derechos Humanos en relación a la orientación sexual y la identidad de género, así como su influencia en el Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas, a través de varios casos especialmente significativo. En tercer lugar, examinaremos la respuesta del activismo LGBTI a la con

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Es decir, la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Contra la Mujer, Convención sobre los Derechos del Niño, la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, la Convención internacional sobre la Protección de los Derechos de Todos los Trabajadores Migratorios y de sus Familiares y la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados, así como sus respectivos Protocolos en su caso.


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sideración de sus reivindicaciones como derechos humanos, centrándonos en los influyentes Principios de Yogyakarta. En cuarto lugar, expondremos el lento pero imparable avance de la protección de las personas LGBTI en el seno de Naciones Unidas. Desde los primeros informes de Relatores Especiales preocupándose por los abusos a los que se ven sometidas hasta la creación de un Relator Especial para este colectivo a raíz de una ansiada Resolución del Consejo de Derechos Humanos. Finalmente, consideraremos la situación actual de este colectivo en el mundo para hacer un balance crítico del respeto a sus Derechos Humanos.


2. TERMINOLOGÍA A lo largo del presente trabajo se hará referencia a términos, como LGBTI, orientación sexual o identidad de género, cuya definición resulta particularmente compleja desde un punto de vista jurídico. A pesar de que los esfuerzos para garantizar la protección frente a la discriminación por razones de orientación sexual o identidad de género han aumentado desde la década de los noventa2, actualmente ningún instrumento legal internacional contiene una definición de estos conceptos. No obstante, existen documentos de gran autoridad en el ámbito del Derecho Internacional que ofrecen una explicación a la terminología que emplearemos. Los Principios de Yogyakarta3 recogen4 por primera vez en el ámbito del Derecho Internacional Público una definición de “orientación sexual”, es decir: “la capacidad de cada persona de sentir una profunda atracción emocional, afectiva y sexual por personas de un género diferente al suyo, o de su mismo género, o de más de un género, así como a la capacidad de mantener relaciones íntimas y sexuales con estas personas”,

y de “identidad de género”, entendida como: “la vivencia interna e individual del género tal y como cada persona la siente profundamente, la cual podría corresponder o no con el sexo asignado al momento del nacimiento, incluyendo la vivencia personal del cuerpo (que podría involucrar la modificación de la apariencia o la función corporal a través de medios médicos, quirúrgicos o de otra índole, siempre que la misma sea libremente escogida) y otras expresiones de género, incluyendo la vestimenta, el modo de hablar y los modales”.

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CHAN, P.C.W., “Protection of sexual minorities since Stonewall: their lives, struggles, sufferings, love, and hope”, The International Journal of Human Rights, Vol. 13-2&3, 2009, pp. 129-141. “Principios de Yogyakarta sobre la Aplicación de la Legislación Internacional de Derechos Humanos en Relación con la Orientación Sexual y la Identidad de Género”, versión en español disponible en https://yogyakartaprinciples.org/ Principios de Yogyakarta, p. 6.


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Se trata de dos definiciones intencionadamente5 amplias que han sido acogidas en textos internacionales de importancia. En el ámbito de Naciones Unidas —y de forma especialmente relevante para el tema central de este trabajo—, el ACNUR las recoge expresamente en sus Directrices sobre Protección Internacional Número 96, referida a las solicitudes de estatus de refugiado basadas en la orientación sexual y/o la identidad de género. También el Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre VIH/Sida (ONUSIDA)7. Una publicación de Naciones Unidas sobre discriminación por motivos de orientación sexual o identidad de género de 20168 los define en unos términos más vagos pero, en esencia, idénticos9. A nivel regional, tanto la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH)10 como el Consejo de Europa (CoE)11 se han apoyado en los Principios de Yogyakarta para formular ambos conceptos. También el Foro Asia Pacífico de Instituciones Nacionales de Derechos Humanos (APF) ha adoptado definiciones similares, con ciertas diferencias12. A pesar del uso extendido en la práctica de Derechos Humanos de estos términos tal y como son descritos en los Principios de Yogyakarta, se ha criticado que partir

THORESON, R.R., “Queering Human Rights: the Yogyakarta Principles and the norm that dare not to speak its name”, Journal of Human Rights, Vol. 8-4, 2009, p. 326. 6 ACNUR, Guidelines on International Protection no. 9: claims to refugee status based on sexual orientation and/or gender identity within the context of article 1A(2) of the 1951 Convention and/or its 1967 Protocol relating to the status of refugees (en adelante, “Guidelines no. 9”), 2012, §8. 7 ONUSIDA, Orientaciones terminológicas de ONUSIDA, 2015, pp. 30 y 36. 8 ONU, Living free and equal: what States are doing to tackle violence and discrimination against lesbian, gay, bisexual, transgender and intersex people, 2016. 9 Ibid. p. 18. 10 CIDH, Violencia contra las personas lesbianas, gay, bisexuales, trans e intersex en América, 2015, p. 31-32. 11 COE, Discrimination on grounds of sexual orientation and gender identity in Europe, 2011, p. 129-132. 12 En concreto, define la identidad de género como el “sentimiento interno de una persona de ser hombre o mujer o un tercer género o un género alternativo, o una combinación de géneros” (traducción propia). Entendemos que coincide esencialmente con la definición de los Principios de Yogyakarta ya que ésta se refiere a la experiencia del género “tal y como cada persona la siente profundamente”. Vid. APF & PNUD, Promoting and protecting Human Rights in relation to sexual orientation, gender identity and sex characteristics, 2016, pp. 11-12. 5


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de estas definiciones de identidad de género y orientación sexual implica “solidificar” unas realidades que, en la práctica, son fluidas y variables, así como de imponer ideas propiamente occidentales de la sexualidad y el género humanos13. Se ha demostrado que la orientación sexual se presenta en los seres humanos a lo largo de un espectro14, que incluye tanto la atracción exclusiva como no exclusiva hacia uno o más géneros. Sin embargo, es habitual distinguir entre heterosexualidad —la atracción hacia personas de género distinto al propio—, homosexualidad —hacia personas del mismo género— o bisexualidad —hacia personas de cualquier género15—. Por un lado, en lo que respecta a la homosexualidad, se suele distinguir entre lesbianas y gais, especialmente cuando se pretende hacer hincapié en las diferentes violaciones que unas y otros sufren en sus Derechos Humanos16. Por otro, es preciso destacar que las personas bisexuales no se sienten siempre atraídas por todos los géneros a la vez o de la misma forma17. La identidad de género, por su parte, se define en los Principios de Yogyakarta como una característica universal y que no se vincula a ninguna cualidad o atributo físico o fisiológico18. La mención en su definición al “sexo asignado” hace referencia la idea del sexo no como hecho eminentemente biológico sino también como construcción social19, esto es, como el producto legal y cultural de asignar uno u otro sexo —niño o niña— a la persona al momento de nacer. Además, hace referencia a un concepto que no define: la expresión de género. En 2017, los Principios de Yogyakarta fueron sometidos a un nuevo debate que culminó en una extensión de su contenido

SWIEBEL, J., “Lesbian, gay, bisexual and transgender human rights: the search for an international strategy”, Contemporary Politics, Vol. 15-1, 2009, pp. 1935. 14 American Psychological Association, Sexual Orientation & Homosexuality, disponible en http://www.apa.org/topics/lgbt/orientation.aspx 15 En ocasiones se ha utilizado el término “pansexualidad” como alternativa a bisexualidad, V. gr. APF & PNUD, Promoting and protecting…, cit. supra, p. 11. 16 ACNUR, Guidelines no. 9, §10. 17 Ibid. 18 OTTO, D., “Queering gender [identity] in International Law”, Nordic Journal of Human Rights, Vol. 33-4, p. 312. 19 CIDH, Violencia contra las personas…, cit. supra, p. 30. 13


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(“Yogyakarta+10”20) para, entre otros cambios, incluir dos nuevas definiciones de gran relevancia para nuestro estudio. En primer lugar, el mencionado concepto de expresión de género, que hace referencia a: “la presentación que cada persona hace de su género a través de la apariencia física —incluidos la vestimenta, el peinado, los accesorios o los cosméticos— y gestos, comportamientos, nombres y referencias personales (…) que pueden o no coincidir con su identidad de género”.

De modo que la palabra “transgénero” será utilizada como término paraguas que engloba a todas aquellas personas cuya identidad de género no coincide con el sexo que les fue asignado al nacer o que sienten la necesidad o preferencia de presentarse ante la sociedad de forma diferente a las expectativas asociadas a dicho sexo asignado21. Se trata de una noción independiente de la orientación sexual, por lo que una persona transgénero puede identificarse como heterosexual, homosexual, bisexual o cualquier otro término que describa su atracción hacia otras personas. Por el contrario, una persona cisgénero sería aquella cuya identidad de género sí coincide con el sexo asignado al nacer. El otro concepto definido por primera vez en Yogyakarta+10 es el de “características sexuales” resulta de suma importancia para comprender qué es una personas intersexual, es decir: “los rasgos físicos de una persona referidos a su sexo, incluidos los genitales y otros órganos sexuales y reproductivos, los cromosomas, las hormonas y las características físicas secundarias surgidas durante la pubertad”.

Esta definición resulta de suma importancia para comprender la realidad de las personas intersexuales, que son aquellas cuyas características sexuales no se corresponden con los estándares asociados a la dicotomía “hombre” o “mujer”22. A menudo, las personas intersexua-

The Yogyakarta Principles plus 10, septiembre de 2017, disponible en https:// yogyakartaprinciples.org/principles-en/yp10/ 21 COE, Discrimination on grounds of…, cit. supra, p. 132. 22 AGIUS, S., “Human Rights and intersex people”, Commissioner of Human Rights Issue Papers, COE, 2015, p. 13. 20


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les son sometidas a intervenciones irreversibles e innecesarias para reasignar su sexo o “normalizar” sus genitales sin su consentimiento con el fin de ajustarlos a los estereotipos sexuales binarios, conductas que pueden ser constitutivas de tortura o malos tratos23, de ahí el interés de estudiar su situación desde el punto de vista del Derecho Internacional de los Derechos Humanos. De lo anterior se extrae que el acrónimo LGBTI hace referencia a las personas Lesbianas, Gais, Bisexuales, Transgénero e Intersexuales. No obstante, coincidimos con los Principios de Yogyakarta en que “la orientación sexual o identidad de género que cada persona defina para sí es esencial para su personalidad y constituye uno de los aspectos fundamentales de su autodeterminación, su dignidad y su libertad”24. Por tanto entendemos que la propia identificación de la persona, con independencia de que coincida o no con los colectivos anteriormente descritos, debe ser el centro de cualquier consideración sobre su orientación sexual o identidad de género. Además, han sido documentados muchos otros términos para describir a personas de orientación sexual o identidad de género diversas en numerosas culturas25. No obstante lo anterior, utilizaremos el acrónimo LGBTI para referirnos a todas estas realidades. Alternativamente, es posible que utilicemos las expresiones “sexualidades e identidades de género diversas o no normativas” —en contraposición a las “normativas” o “heteronormativas”26— con el mismo fin.

SPT, Noveno informe anual del Subcomité para la Prevención de la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes, documento CAT/C/57/4, 2016, §70; CDH, Informe del Relator Especial sobre la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, A/HRC/31/57, 5 de enero de 2016, §50. 24 Principios de Yogyakarta, Principio 3, p. 12. 25 CIDH, Violencia contra las personas…, cit. supra, p. 28-29. 26 Tomamos como referencia la definición dada a este término por MCGILL: “La heteronormatividad es el conjunto de normas y presunciones basadas en la heterosexualidad que prescribe roles específicos y complementarios para hombres y mujeres basados en una supuesta alineación entre el sexo biológico, el género social, la orientación sexual, la identidad de género y la expresión de género” en MCGILL, J., “SOGI…So what? Sexual orientation, gender identity and Human Rights discourse at the United Nations”, Canadian Journal of Human Rights, Vol. 3-1, 2014, p. 9. 23


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