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CONFLICTOS DE MERCADO Y DE ESTADO EN LA POLÍTICA ECONÓMICA
TOMÁS CARPI / SÁNCHEZ ANDRÉS
Este libro plantea que las intervenciones del estado no se pueden sustentar en justificaciones economicistas, sino en un conjunto de valores políticos si es que se pretende mantener cohesionada la sociedad. A partir de ahí se plantea que el mercado, en una sociedad como la nuestra, se mueve dentro de un marco definido por el estado y, por tanto, no existe una exclusión entre mercado y estado sino que se complementan y están interconectados. Esto no significa que no existen conflictos entre ambos y son esas tensiones las que explican en la realidad la política económica. Este enfoque novedoso de este libro resulta esencial para entender la política económica aplicada por el estado. En particular, este libro resulta de especial interés para estudiantes, en especial universitarios, así como para especialistas que pretendan entender las bases que deben guiar la política económica en la actualidad, en particular, en condiciones de crisis como las actuales.
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CONFLICTOS DE MERCADO Y DE ESTADO EN LA POLÍTICA ECONÓMICA JUAN A. TOMÁS CARPI ANTONIO SÁNCHEZ ANDRÉS
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CONFLICTOS DE MERCADO Y DE ESTADO EN LA POLÍTICA ECONÓMICA
COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT LO BLANCH María José Añón Roig
Catedrática de Filosofía del Derecho de la Universidad de Valencia
Ana Belén Campuzano Laguillo
Catedrática de Derecho Mercantil de la Universidad CEU San Pablo
Jorge A. Cerdio Herrán Catedrático de Teoría y Filosofía de Derecho. Instituto Tecnológico Autónomo de México
José Ramón Cossío Díaz Ministro de la Suprema Corte de Justicia de México
Owen M. Fiss
Catedrático emérito de Teoría del Derecho de la Universidad de Yale (EEUU)
Luis López Guerra
Juez del Tribunal Europeo de Derechos Humanos Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Carlos III de Madrid
Ángel M. López y López Catedrático de Derecho Civil de la Universidad de Sevilla
Marta Lorente Sariñena
Catedrática de Historia del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid
Javier de Lucas Martín
Catedrático de Filosofía del Derecho y Filosofía Política de la Universidad de Valencia
Víctor Moreno Catena
Catedrático de Derecho Procesal de la Universidad Carlos III de Madrid
Francisco Muñoz Conde
Catedrático de Derecho Penal de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla
Angelika Nussberger
Jueza del Tribunal Europeo de Derechos Humanos Catedrática de Derecho Internacional de la Universidad de Colonia (Alemania)
Héctor Olasolo Alonso
Catedrático de Derecho Internacional de la Universidad del Rosario (Colombia) y Presidente del Instituto Ibero-Americano de La Haya (Holanda)
Luciano Parejo Alfonso
Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Carlos III de Madrid
Tomás Sala Franco
Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad de Valencia
Ignacio Sancho Gargallo
Magistrado de la Sala Primera (Civil) del Tribunal Supremo de España
Tomás S. Vives Antón
Catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Valencia
Ruth Zimmerling
Catedrática de Ciencia Política de la Universidad de Mainz (Alemania)
Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales
CONFLICTOS DE MERCADO Y DE ESTADO EN LA POLÍTICA ECONÓMICA
JUAN A. TOMÁS CARPI ANTONIO SÁNCHEZ ANDRÉS Departamento de Economía Aplicada Universidad de Valencia
Valencia, 2017
Copyright ® 2017 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de los autores y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com.
© Juan A. Tomás Carpi y Antonio Sánchez Andrés
© TIRANT LO BLANCH EDITA: TIRANT LO BLANCH C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: www.tirant.es ISBN: 978-84-9143-640-9 MAQUETA: Tink Factoría de Color Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-deempresa nuestro Procedimiento de quejas.
Índice CAPÍTULO 1. INTRODUCCIÓN 1. Preliminares.......................................................................................................... 9 2. Sobre la noción de conflicto............................................................................... 12
CAPÍTULO 2. EL PAPEL DEL ESTADO EN LAS ECONOMÍAS DE MERCADO 1. Ideas preliminares................................................................................................ 21 2. Mercado, instituciones públicas y dinámica económica.................................... 24 3. Criterios orientadores de la política económica de un estado comprometido con el bien común............................................................................................... 29 4. Funciones del estado con incidencia económica............................................... 31 5. Reglas de un gobierno socialmente responsable............................................... 41
CAPÍTULO 3. CONFLICTOS DE MERCADO Y EFICIENCIA ASIGNATIVA 1. Mercado y grado de monopolio: problemas de eficiencia, distribución y eficacia...................................................................................................................... 48 2. Mercado e información asimétrica: problema de eficiencia, transparencia, distribución, eficacia y seguridad........................................................................ 53 3. Mercado de trabajo y ajuste institucional en una economía dinámica............ 55 4. La financiarización de la economía: problemas de eficiencia, estabilidad macroeconómica, eficacia y distribución........................................................... 56 5. Mercado y externalidades: problemas de eficiencia, distribución e impacto ambiental.............................................................................................................. 62 6. Mercado y bienes públicos.................................................................................. 65 7. Otros conflictos de mercado que generan ineficiencia asignativa................... 66
CAPÍTULO 4. CONFLICTOS DEL MERCADO, DESEQUILIBRIOS MACROECONÓMICOS Y DESARROLLO 1. Variables y relaciones fundamentales que explican la inestabilidad sistémica de las economías de mercado auto-regulado..................................................... 70 2. Mercado auto-regulado y crisis de sobre-producción........................................ 76 3. Mercado auto-regulado y crisis de recalentamiento.......................................... 78 4. Mercado auto-regulado y desequilibrio externo................................................ 79 5. Mercado auto-regulado y creación de burbujas especulativas.......................... 80 6. Economía de mercado, ahorro y dinámica económica..................................... 82 7. Conflictos del mercado y desarrollo económico................................................ 83 8. Conflictos del mercado y sostenibilidad............................................................. 86
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Índice
CAPÍTULO 5. CONFLICTOS DE MERCADO, DISTRIBUCIÓN DE LA RENTA, ESTABILIDAD Y CALIDAD DE VIDA 1. Economía de mercado y satisfacción de las necesidades básicas...................... 92 2. Economía de mercado, desigualdad económica, igualdad de oportunidades y desarrollo........................................................................................................... 94 3. Mercado, desigualdad y problemas de estabilidad económica......................... 97 4. Mercado, desigualdad y calidad de vida............................................................. 98 5. Conflictos del mercado, estabilidad social y desigualdad política.................... 99 6. La incapacidad del mercado de generar los bienes que conforman la buena vida........................................................................................................................ 101
CAPÍTULO 6. CONFLICTOS DE ESTADO 1. La naturaleza conflictiva del estado y los problemas de corrección del mercado en el momento actual de su evolución............................................................... 107 2. Intereses de políticos y partidos y conflictos de estado..................................... 117 3. Toma de decisiones públicas y conflictos de estado.......................................... 121 4. Conflictos de naturaleza institucional................................................................ 127 5. Conflictos y eficacia de la política económica.................................................... 132 6. La organización del estado y la administración pública como fuentes de conflictos............................................................................................................... 137 7. Poder económico y conflictos de estado............................................................ 142
CONCLUSIÓN. EL ROL DE LA SOCIEDAD CIVIL, LA CONCERTACIÓN, EL LIDERAZGO Y LA COMUNICACIÓN EN LA GESTIÓN DE CONFLICTOS....149
BIBLIOGRAFÍA DE REFERENCIA.......................................................................159
Capítulo 1. Introducción 1. Preliminares Los conflictos en que está inserta la sociedad del siglo XXI son múltiples, complejos y de una relevancia e impacto inéditos en la historia de la Humanidad. Un conjunto de tendencias, de gran relevancia y efectos traumáticos para la sociedad del siglo XXI, están tomando forma. En primer lugar, la prolongación a largo plazo de la ralentización de la economía mundial que siguió a la Gran Recesión y la gran disparidad de situaciones en que se encuentran las distintas economías que la conforman, sin que ningún principio de coordinación estratégica internacional tenga visos de producirse. En segundo término, la creciente desigualdad y segmentación social en los países desarrollados y el auge del populismo, que parece acompañarlas, así como el impulso del fenómeno terrorista y la intensidad que están adquiriendo los movimientos migratorios. No menos relevante es la agudización de los problemas de inestabilidad económica que la globalización asimétrica y la financiarización de la economía han traído consigo, así como el impacto laboral y territorial que presagia el pleno despliegue de la Cuarta Revolución Industrial. Aunque la tendencia más peligrosa y de efectos devastadores para la sociedad humana es el cambio climático y la crisis ecológica impulsados por la propia acción del hombre. Una sociedad que, por otro lado, no ha resuelto el gran problema de pobreza y marginación de una parte muy significativa de la población mundial, que constituye el más grave legado del siglo XX, y que dificulta la puesta en práctica de una estrategia de desarrollo sostenible a escala planetaria, la única realmente efectiva. La confluencia de estas tendencias y problemas no resueltos constituye el más serio reto que afronta la Humanidad en este siglo. Como consecuencia de ello, el proyecto humano en la Tierra se encuentra en una gran encrucijada: seguir avanzando hacia la autodestrucción de la civilización dominante a nivel mundial, con grandes pérdidas para la especie humana a resultas de la crisis ecológica global en fase de despliegue, o gestar una nueva estrategia de desarrollo orientada por los valores de libertad, seguridad, sostenibilidad, inclusividad y resiliencia. Tenemos todos los instrumentos para construir una realidad a la altura del ser humano del siglo XXI, pero nos falta lo más importante: la organización y la tripulación capaces de llegar al puerto de una sociedad de
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progreso y libertad. Una sociedad que sólo podrá darse si ese progreso y esa libertad llegan a todos, no sólo a una minoría, que es la que controla el poder económico y político y gestiona la cultura e ideología dominantes. Contamos con la brújula que permite determinar la trayectoria a seguir. Tenemos la visión y la caja de herramientas, o instrumental analítico, que nos faculta para construir la carta de navegación y afrontar la incertidumbre que conlleva el cambio hacia una sociedad humanamente sostenible. Conocemos los peligros y obstáculos que presenta el gran océano de la economía global de mercado realmente existente (de capitalismo descarnado). Y también las debilidades que aquejan y amenazas que acechan al medio de transporte, el estado. Pero falta lo más importante: el saber hacer, la organización social y la cultura que impulsen y direccionen el rumbo del barco. Sin una sociedad impresa de los valores de libertad, seguridad, inclusividad y sostenibilidad, y comprometida con los criterios que informan la construcción de la buena sociedad, es prácticamente imposible navegar, sin naufragar socialmente, en el turbulento océano que constituye el capitalismo corporativo y globalizado del siglo XXI, sortear las crisis económicas, sociales y políticas que sus contradicciones generan y arreglar la gran falla de la crisis ecológica a que su desarrollo ha dado lugar. Tener en cuenta los conflictos que se originan en la economía del siglo XXI resulta fundamental para mejorar las prestaciones del mercado y evitar los males sociales y los riesgos políticos que un mercado descontrolado genera. Un mercado, el realmente existente, no el del pensamiento económico y la ideología dominantes, que incrementa la inestabilidad económica, la desigualdad económica, social y política, la inseguridad y, ante todo, estimula las fuerzas desintegradoras de las sociedades, la confrontación entre países, el rechazo creciente al inmigrante y, con ello, la desconfianza a nivel nacional e internacional. Todo se da en un momento en que la resiliencia de las sociedades y la coordinación internacional es más importante que nunca para afrontar tanto los problemas económicos y sociales como ecológicos que amenazan a la Humanidad. Problemas de dimensiones inéditas y de impacto desconocido, pero catastrófico a nivel humano. Pero reconducir la dinámica económica de forma que se eviten los efectos más traumáticos del proceso en curso no será posible sin afrontar seriamente los propios conflictos del estado. Unos conflictos que tienen su epicentro en el creciente distanciamiento entre dirigentes y administraciones públicas, por un lado, y los ciudadanos, por el otro. Un distanciamiento que es producto, en primer lugar, del secuestro del proceso político por intereses privados y de un discurso económico ajeno a los problemas hu-
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manos y sociales y a los valores que informan el desarrollo inclusivo de las sociedades. Y, en segundo término, del desinterés de la clase política por los problemas reales de los ciudadanos, con serio impacto en la calidad de las instituciones y de la democracia. De lo que se infiere que sólo el empoderamiento de la mayoría de los ciudadanos hará posible una solución socialmente satisfactoria. Este trabajo aborda cuatro cuestiones fundamentales que tendrá que afrontar una Política Económica comprometida con la construcción de un proceso de desarrollo humano sostenible: 1) Un enfoque de la política económica centrado en el despliegue de las libertades de las personas, con el objeto no sólo de hacer de ella un instrumento al servicio del desarrollo inclusivo, sino una fuerza generadora de ambientes que promuevan el desarrollo humano. En el primer capítulo se presenta el sistema de criterios (compuesto de valores fundamentales y valores instrumentales) que conforman la brújula que, a nuestro entender, debe guiar la acción pública en el siglo XXI en orden a conformar un proceso de desarrollo humano sostenible. A partir de ahí se presentan las políticas a disposición del estado para impulsar y dirigir este proceso, conectándolas con los criterios que permiten satisfacer. 2) Identificación y presentación estilizada de los conflictos más relevantes del sistema económico actual con objeto de abordarlos desde una perspectiva clínica al servicio del desarrollo humano sostenible, poniendo al mismo tiempo en evidencia la visión cínica que informa el pensamiento y la ideología dominantes. Porque el problema no está en el mercado, sino en el marco institucional que encauza las fuerzas económicas y que orienta el patrón dominante de dirección empresarial, asignación de recursos, distribución de la renta, desarrollo económico, relaciones económicas internacionales y relación socio-esfera-ecosfera. 3) Identificación y análisis de los conflictos de estado que impiden u obstaculizan la articulación de un sistema institucional que haga del mercado un instrumento al servicio del desarrollo humano sostenible, a nivel tanto nacional como planetario, no de gestación de fuerzas extractivas y destructivas. Los conflictos de estado son tan importantes como los de mercado a la hora de explicar la deriva que está siguiendo la sociedad actual. Pero esta deriva sólo se puede cambiar desde la política, tanto reconduciendo la dinámica del estado nacional como gestando una comunidad de comunidades a nivel global que permita gestionar los problemas económicos y ecológicos de alcance planetario. De ahí la trascendencia que a nuestro entender tiene el desarrollo de una sociedad civil integradora y la centralidad
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de la educación como práctica de la libertad. Una educación cuyo diseño y gestión constituye el núcleo central del sistema de política económica que debe impulsar y direccionar la estrategia de desarrollo humano sostenible. 4) Sugerir una vía de gestión de los conflictos, tanto del mercado como del estado, que no sólo sirva de motor y articulador del proceso de desarrollo humano sostenible, sino que siente las bases del empoderamiento de la mayoría de la sociedad, haciendo del ciudadano actor, no paciente, de la política pública y la construcción de su futuro. Sólo de esta forma es posible garantizar que los responsables públicos devengan en auténticos servidores de la sociedad y se impliquen en la solución de los problemas reales de los ciudadanos. La idea de conflicto que se presenta recoge mejor que la tradicional idea de fallo de mercado y de estado la naturaleza de las interacciones entre actores económicos, sociales y políticos y las distintas relaciones, tanto asignativas y productivas como distributivas y de poder, que concurren en los procesos económicos y políticos. Con este planteamiento se hace una apuesta por una línea de pensamiento económico más comprometido con el desarrollo de las libertades instrumentales y un enfoque más interdisciplinar de la Economía y la Política Económica. Un enfoque en el que se integren aportaciones de otras disciplinas y en el que la Política Pública sea la destinataria última de la labor investigadora. Es decir, abogamos por una actividad investigadora socialmente comprometida y cuya principal razón de ser es la utilidad social. En consecuencia, tanto la Economía como la Política Económica deben estar al servicio de las personas y el despliegue de sus capacidades, para hacerlas más libres, no de entes impersonales con fines e intereses socialmente poco representativos, y con frecuencia contrarios al desarrollo inclusivo de la sociedad.
2. Sobre la noción de conflicto A la hora de identificar y evaluar los problemas de funcionamiento del Mercado y del Estado, así como sus efectos sociales y económicos, es imprescindible partir de los valores que se consideran relevantes para el desarrollo inclusivo de una sociedad. Es decir, de aquellos cuya materialización permite el máximo despliegue de las capacidades de dicha sociedad y, por tanto, de las libertades de todos sus miembros. Sólo desde esta perspectiva es posible identificar, caracterizar y determinar, de forma legítima y socialmente significativa, los procesos y consecuencias económicas y sociales de
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lo que tradicionalmente se han denominado fallos de mercado y de estado, y buscar la forma de resolverlos o neutralizar sus efectos. Aquí se ha optado por reemplazar la idea de fallo de mercado y de estado por la de conflicto generado por el mercado y el estado en su interacción con el colectivo humano en el que ambas instituciones cumplen funciones fundamentales, tanto de orden económico y social como político. La idea de conflicto permite explicitar el carácter no necesariamente armónico y coherente con el desarrollo de las libertades de todos los miembros de una sociedad de los procesos de mercado y de estado. Es decir, tiene en cuenta la diversidad de intereses, en función de la posición objetiva de los individuos y organizaciones en el mercado y en la política, y la tendencia de los actores económicos y políticos con poder a hacer prevalecer sus intereses sobre los de los demás. En definitiva, el conflicto de intereses y las relaciones de poder articulan los procesos económicos y políticos en las sociedades complejas y socialmente diferenciadas, como las actuales, generando situaciones de no alineamiento entre interés individual e interés social (aquel con el que pueden identificarse la mayoría de los ciudadanos de una comunidad y cuya consecución es el resultado de procesos —económicos y políticos— inclusivos). Dichas situaciones dan lugar a resultados económicamente ineficientes, socialmente injustos y, con frecuencia, generadores de exclusión social. Cuando estas relaciones se combinan con (a)situaciones de información asimétrica, tan habituales en el mercado y la esfera política y pública, b) diferentes capacidades (formación, experiencia, información, recursos económicos y político-institucionales, etc.) de los actores que interactúan en el mercado (productores y consumidores, inversores y gestores de empresas, empresarios y trabajadores o empresas y ciudadanos en un marco de producción generadora de externalidades, etc.) y en el proceso político (políticos y ciudadanos, administradores y administrados, grupos económicos, corporaciones y lobistas y ciudadanos en la generación de influencia política, etc.) y (c) la capacidad de manipulación y seducción de ciertos actores económicos (empresas y organizaciones con finalidad extractiva, no integradora) y políticos (responsables púbicos, políticos, partidos y creadores interesados de opinión), pensar en un equilibrio no manipulado (en el que todos ganan), tanto en el mercado como en el estado, resulta ilusorio (Akerlof y Shiller, 2016, para una exposición de procesos de manipulación en la historia de la economía de mercado). No deben olvidarse, por otro lado, los peligros y consecuencias de orden económico (crisis, mala utilización y destrucción de recursos, defrau-
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dación, expolio, corrupción, bloqueo estructural, etc.), social (paro masivo, exclusión social, pobreza, pesimismo, desconfianza colectiva, conflicto social, etc.)y humano que tal manipulación trae consigo. El proceso que llevo a la Gran Recesión, gestado en el llamado por los economistas periodo de la Gran Moderación, así como los efectos que dicha crisis ha tenido en la economía, la sociedad y los colectivos humanos más afectados por ella, son un ejemplo reciente y perturbador de las consecuencias de las situaciones que este tipo de manipulación generan. Pensar en un proceso de mercado o político sin instituciones que regulen y vigilen el comportamiento de los actores económicos, y sancionen de forma eficaz las infracciones, disuadiendo de la manipulación, engaño, defraudación y corrupción, significa olvidar que los intereses particulares, en un contexto de laisser-faire, estimulan las prácticas de generación de información engañosa, manipulación de la realidad y abuso de posición dominante en beneficio de los mejor posicionados y en perjuicio de los más débiles (ingenuos, como los denominan Akerlof y Shiller, poco formados y fáciles de engañar), que constituyen una parte fundamental de nuestras sociedades, incluso de las más desarrolladas. Las relaciones de mercado fomentan, vía competencia, la eficiencia económica, la inversión y la innovación, que elevan la productividad y los niveles medios de vida. Pero también propician la búsqueda del máximo provecho individual(comportamiento racional), con un horizonte temporal de corto-medio plazo y sin consideración de los efectos secundarios de alcance social que dicho comportamiento puede generar. Cuando la información es asimétrica, las capacidades y poder de negociación de los participantes en una relación de mercado son diferentes y existen costes de transacción, el engaño y el fraude no sólo son posibles, sino que se ven incentivados. Y en no pocas ocasiones tal situación da lugar a desequilibrios económicos de amplio impacto social (como ha ocurrido con la mencionada Gran Recesión, el más relevante y reciente ejemplo de ello). En suma, los mercados competitivos del mundo real, por su propia naturaleza, propician y propagan “el engaño y el fraude como resultado de la misma búsqueda del beneficio” que los mueve y genera la prosperidad conocida (Akerlof y Shiller, 2016, p. 239). Prácticas productivas y creativas se entrelazan con prácticas extractivas y oportunistas, cuando no existen reglas y controles que disuadan del ejercicio de estas últimas. En consecuencia, constituye al menos una prueba de ignorancia, cuando no de distorsión de la realidad, decir que dejar libres a las fuerzas del mercado lleva a maximizar la eficiencia y el bienestar de todos en el mundo realmente existente.
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La dinámica de la globalización muestra otra dimensión de los conflictos del mercado, al generar efectos contrapuestos sobre los habitantes de un país y dar lugar a nuevos conflictos entre el mercado y el estado. Ambos tipos de conflictos, con una fuerte incidencia distributiva, generan ganadores y perdedores. En la medida en que la globalización comporta una mayor movilidad y capacidad de maniobra del capital que del trabajo y propicia las prácticas de deslocalización, de entrada la relación de fuerzas y poder de negociación de empresas y trabajadores en los países desarrollados cambia a favor de las primeras, con el consiguiente impacto en la dinámica salarial y las oportunidades de empleo. El primer efecto es un incremento de la desigualdad. Pero al mismo tiempo, la creciente influencia y capacidad de presión del capital sobre los estados nacionales que la globalización asimétrica genera, incide (con el concurso de la ideología dominante y los conflictos de estado) en la política fiscal y la actividad redistributiva y compensatoria del estado. En este contexto, el mercado reduce la capacidad del estado de cumplir funciones fundamentales como las de estabilización, legitimación o garantía de seguridad social y regulación. Con esto no sólo se da una nueva vuelta de tuerca a la desigualdad, en beneficio de las minorías económicamente más poderosas y ágiles, sino que se amplían y agudizan los conflictos de mercado, tanto en el ámbito de la asignación de recursos, la seguridad y la estabilidad como en el del desarrollo y la sostenibilidad. Además de contribuir a la agudización de los conflictos de estado y a la inestabilidad política, con el efecto retorno correspondiente sobre los conflictos de mercado. Todo esto sólo podría evitarse si el estado aplicase, como sugiere Fitoussi (Fitoussi, 2004, p. 99-202), el principio de compensación de los perdedores por parte de los ganadores de la globalización, cosa harto difícil en el contexto actual de competencia económica entre países. Explicar esta otra cara del mercado no sólo constituye un cometido fundamental de las ciencias sociales en general, y de la Economía en particular, sino una exigencia de un conocimiento que encuentra su razón última de ser en la contribución al despliegue de las capacidades y libertades de las personas y la construcción de una sociedad de progreso inclusivo. Desde la perspectiva de una ciencia comprometida con la mejora social, más que el conocimiento de la anatomía del mercado y estado perfectos, es necesario identificar la patología del mercado y estado realmente existente para corregirla. El mercado, como mecanismo de asignación de recursos, acumulación de capital y distribución de la renta, es tan bueno como lo son las instituciones públicas y sociales que lo ordenan y guían mediante la reformulación de los incentivos y desincentivos que encauzan el comporta-
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miento de los actores que en él participan. Y crear ese ambiente institucional es la función esencial de un estado socialmente responsable. CONOCIMIENTO Y CONFLICTO El conocimiento que del funcionamiento del mercado tengamos es fundamental para crear conciencia de los efectos económicos, sociales y humanos que el laisser-faire genera, así como los que derivarían de las distintas combinaciones posibles entre mercado e instituciones reguladoras y políticas económicas de distinta índole. Pero la generación y uso del conocimiento en modo alguno es neutral, al estar su desarrollo guiado por valores y condicionado por creencias e intereses. El uso del conocimiento, como decía Bourdieu (citado por Bauman, 2015, p. 10), puede ser cínico, a estímulos del interés particular y con olvido de la idea de justicia, o clínico, buscando corregir todo aquello que es negativo a la luz de valores fundamentales, como los derechos humanos. El primer uso en el ámbito económico tiene su máxima expresión en la defensa de un mercado desregulado, cuyo despliegue tiende a llevar a la manipulación interesada del mismo por actores bien posicionados (ineficiencia) y al predominio de prácticas extractivas (distribución injusta). El segundo uso se manifiesta en la defensa e implantación de un sistema en el que hay tanto mercado como sea posible y tanto estado como sea necesario para impulsar el despliegue de las libertades de las personas de forma inclusiva. Pero tanto el uso cínico como el clínico del conocimiento originan conflictos de intereses en las sociedades actuales. Ni el uso del conocimiento es neutral, al entrar en juego intereses e ideología, ni su producción tampoco, en especial el generado en el marco de las ciencias sociales en general, y de la Economía en particular. La razón de ello es que todo proceso de conocimiento de la realidad social requiere de valores que guíen la elección del objeto de estudio, la selección de las variables y relaciones significativas que lo definen y explican y la propia generación de la información y su método. De ahí que el conflicto aparece también en el propio proceso de generación de conocimiento sobre la realidad (del mercado y del proceso social y político), en la elección de la teoría que informe la acción y en el uso que de ella se hace. Visiones distintas de la realidad dan lugar a estrategias diferentes, y a veces contrapuestas, sobre el despliegue del mercado y del estado, lo que conlleva confrontación social, explícita o implícita.
La idea de conflicto presupone también la posibilidad de su detección, análisis y solución del mismo. Para ello es necesario partir de valores con los que la mayoría de la sociedad puede identificarse, al generar su materialización las condiciones (oportunidades) del pleno y libre despliegue de sus capacidades. Con esos valores como guía y fin, y el poder necesario como medio último, es posible crear los mecanismos correctores (instituciones y acción pública y social discrecional) apropiados y aplicar los recursos necesarios para generar una trayectoria de gestión socialmente aceptable del conflicto (como proceso gestado en ambiente de incertidumbre, las incógnitas suelen ser el tiempo necesario, la resistencia al proceso y los costes a asumir). Lograr la solución de un conflicto, de mercado o de estado, desde esta perspectiva supone la creación de contra-poderes suscep-
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tibles de contrarrestar los intereses y el poder de los actores que articulan y son beneficiarios de los conflictos socialmente relevantes. En caso de no crearse dichos contra-poderes, semejantes conflictos no sólo perduran sino que tienden a auto-reforzarse, al incrementar el poder de sus beneficiarios y pasar a formar parte de lo considerado natural en el sistema de creencias dominante. Con lo que deviene en autentica patología socio-económica y/o política. Existe un conflicto de mercado cuando este mecanismo, que constituye la forma dominante de producción, intercambio y distribución primaria de la renta en las sociedades capitalistas, dirigido por el móvil del beneficio privado y condicionado por la posición de poder de los actores que en él se relacionan, originan efectos contrarios a los valores o criterios socialmente significativos que se considera deberían guiar la dinámica económica. Es decir, los resultados del mercado se alejan de lo socialmente deseable, y algunos de sus efectos inciden negativamente sobre la sociedad en su conjunto (piénsese en una crisis financiera o económica), o de forma injusta sobre ciertos colectivos humanos o grupos sociales (consumidores de un bien en una situación de mercado monopolista u oligopolista o productores de un bien o recurso en un mercado monopsonista u oligopsonista), dando lugar no pocas veces a tensiones sociales y políticas de carácter desestabilizador. Cuando esto último ocurre nos enfrentamos, en caso de no solución del conflicto de mercado originario, a una secuencia de conflictos de índole social y política que tiende a elevar los costes que aquel originó. Cuando el conflicto económico no tiene una respuesta social y política adecuada y correctora, son dimensiones socialmente valiosas, como la libertad, la seguridad, la equidad, la inclusividad, el desarrollo de la sociedad, así como la eficiencia asignativa, la creatividad o la competitividad de la economía, las que tienden a verse afectadas negativamente. Y cuando esta situación se da de forma sostenida y con repercusión sobre colectivos amplios, tarde o pronto aparecen respuestas de índole socio-político de efectos imprevisibles y desestabilizadores de la economía y la sociedad. Lo que es importante tener muy presente es que tanto los conflictos de mercado como de estado no suelen tener solución socialmente aceptable sin la generación de suficiente capacidad de presión por parte de los directamente perjudicados por ellos. En definitiva, es el poder de los perjudicados por el conflicto, así como la movilización y acción social y política que él genera, lo que permite entender las respuestas públicas, tanto mediante la intervención del estado en el mercado como cambiando la estructura y
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funcionamiento de aquel, cuando de conflictos de estado, o consentidos y apoyados por este, se trata. No hay que olvidar, sin embargo, que los procesos de movilización social que generan contra-poderes tienen desencadenantes que van más allá de los efectos inmediatos de los conflictos de mercado o de estado. Además de estos efectos, están las tensiones de índole general (hiperinflación, deflación sostenida, recesión, depresión, paro masivo, etc.) o específica (crisis sectorial, riesgo de exclusión social, paro de larga duración, desahucios, dominio de mercado, acceso a la vivienda, externalidades negativas, etc.) que originan, las manifestaciones espontáneas que desencadenan, las denuncias y acciones de individuos, utilizando los resortes legales disponibles, que generan, los informes y actuación de los medios de comunicación y organizaciones sociales o políticas a que dan lugar, e incluso el temor de los propios gobernantes al rechazo social. En cualquier caso, la forma de estado (democrático o dictatorial), la división de poderes que en él se da, el marco legal existente, la estructura económica y social, la educación ciudadana, las corrientes de pensamiento e ideológicas dominantes y la situación política nacional o internacional, son factores contextuales que influyen en la mayor o menor propensión de las instancias públicas a actuar ante los conflictos de mercado y de estado, así como en la dirección y forma en que lo hacen. Sin criterios claros y de amplio soporte social (explícito o implícito) que hagan patentes los efectos socialmente indeseables que tanto el funcionamiento del mercado como del estado pueden generar, es imposible, desde una perspectiva científica, identificar conflictos y justificar y dar soporte, tanto social como científicamente, a las actuaciones destinadas a prevenir el conflicto o corregir sus efectos. También es difícil crear un relato convincente y social y políticamente movilizador sin apelar a valores socialmente relevantes. Los criterios deben servir, por tanto, como guía para la selección de los procesos problemáticos, la identificación de soluciones y la activación de resortes que impulsen la acción pública. En relación con estas dos últimas cuestiones es conveniente tener en cuenta que en muchos casos concurren conflictos del mercado y conflictos de estado, lo que hace más complejo el problema de diseño y gestión de soluciones socialmente aceptables. No puede olvidarse que el estado no sólo contribuye, por acción u omisión, a la gestación de conflictos de mercado, sino que el marco institucional creado por él, su propia estructura y funcionamiento o los procesos de elaboración e implementación de las políticas, también los generan
Conflictos de mercado y de estado en la política eocnómica
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(ejemplos de ello los tenemos en el origen de la crisis actual, tanto en EEUU como en España, en la que se han cruzado fallos institucionales y del mercado; o en los fallos del sistema institucional de la Eurozona, que al combinarse con las tendencias desestabilizadoras propias del mercado financiero global, han originado una crisis de deuda y agudizado los efectos de aquella crisis en los países del sur de Europa). Los criterios de los que se parte para identificar algunos de los principales conflictos, tanto del mercado como del estado, son los criterios orientadores de la política económica del siglo XXI expuestos en el siguiente capítulo. En la exposición que sigue a dicho capítulo se considerarán, en primer lugar, los conflictos del mercado, para pasar, a continuación, a identificar y analizar aquellos en que puede incurrir el propio estado, tanto por problemas de enfoque e información (concepción de la realidad, diagnóstico e información), capacidades y estructura, como por la influencia en el aparato de estado y en el proceso político de intereses particulares de actores públicos y privados con poder, especialmente económico. Con ello se persigue ofrecer una visión más amplia de los problemas que afrontan las sociedades modernas y remarcar con mayor precisión la complejidad de la política económica y la necesidad de trascender la simple relación entre mercado y estado a la hora de afrontar problemas socio-económicos. Esto permitirá apreciar la trascendencia de una sociedad civil activa, de la educación ciudadana y del debate público en la solución de los problemas económicos.