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El discurso actual sobre los derechos humanos tiene su origen en las elucubraciones fantasiosas del parti philosophique del siglo XVIII. De ahí provienen todos sus problemas. El problema jurídico, porque no siempre la retórica de los derechos humanos coincide con los imperativos de justicia; el problema político, porque ciertos derechos resultan funcionales a los proyectos omnicomprensivos de reingeniería social que se imponen desde el Poder; el problema metodológico, pues el lenguaje de los derechos humanos, más que una técnica para proteger los bienes del hombre, construye un instrumento con sentido de revolución, dirigido a nivelar, amalgamar y corroer las relaciones entre las personas y las cosas.

Julio Alvear Téllez

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La crítica al discurso de los Derechos Humanos

Es ésta la esencia de “La crítica al discurso de los Derechos Humanos”. La obra revisa, con particular erudición, su momento genético: el de la Revolución Francesa y sus proyecciones hasta nuestros días. Como se prueba a lo largo de sus páginas, lo que en dicha revolución se realizó en cámara rápida, se ha repetido en las sociedades occidentales en cámara lenta, durante los dos últimos siglos. Una tendencia cada vez más radical, que apunta al subjetivismo jurídico (por parte del sujeto de derechos) y al absolutismo jurídico (por parte del Estado). En la actualidad, nos encaminamos hacia a un derecho de tipo holográfico, es decir, sin consistencia, construido de espaldas a la realidad y a sus exigencias básicas.

Julio Alvear Téllez

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LA CRÍTICA AL DISCURSO DE LOS DERECHOS HUMANOS El origen


COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT LO BLANCH María José Añón Roig

Javier de Lucas Martín

Ana Cañizares Laso

Víctor Moreno Catena

Catedrática de Filosofía del Derecho de la Universidad de Valencia Catedrática de Derecho Civil de la Universidad de Málaga

Jorge A. Cerdio Herrán

Catedrático de Teoría y Filosofía de Derecho. Instituto Tecnológico Autónomo de México

José Ramón Cossío Díaz

Ministro de la Suprema Corte de Justicia de México

Eduardo Ferrer Mac-Gregor Poisot

Presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM

Owen Fiss

Catedrático emérito de Teoría del Derecho de la Universidad de Yale (EEUU)

José Antonio García-Cruces González

Catedrático de Derecho Mercantil de la UNED

Luis López Guerra

Juez del Tribunal Europeo de Derechos Humanos Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Carlos III de Madrid

Ángel M. López y López

Catedrático de Derecho Civil de la Universidad de Sevilla

Marta Lorente Sariñena

Catedrática de Historia del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid

Catedrático de Filosofía del Derecho y Filosofía Política de la Universidad de Valencia Catedrático de Derecho Procesal de la Universidad Carlos III de Madrid

Francisco Muñoz Conde

Catedrático de Derecho Penal de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla

Angelika Nussberger

Jueza del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Catedrática de Derecho Internacional de la Universidad de Colonia (Alemania)

Héctor Olasolo Alonso

Catedrático de Derecho Internacional de la Universidad del Rosario (Colombia) y Presidente del Instituto Ibero-Americano de La Haya (Holanda)

Luciano Parejo Alfonso

Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Carlos III de Madrid

Tomás Sala Franco

Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad de Valencia

Ignacio Sancho Gargallo

Magistrado de la Sala Primera (Civil) del Tribunal Supremo de España

Tomás S. Vives Antón

Catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Valencia

Ruth Zimmerling

Catedrática de Ciencia Política de la Universidad de Mainz (Alemania)

Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales


LA CRÍTICA AL DISCURSO DE LOS DERECHOS HUMANOS El origen

JULIO ALVEAR TÉLLEZ

Doctor en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid. Profesor Titular de Derecho Constitucional y Director de Investigación de la Facultad de Derecho de la Universidad del Desarrollo Santiago de Chile

Valencia, 2018


Copyright ® 2018 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito del autor y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com. Este libro ha sido sometido a arbitraje ciego de dos pares evaluadores externos.

Directora de la colección:

Consuelo Ramón Chornet

© Julio Alvear Téllez

© TIRANT LO BLANCH EDITA: TIRANT LO BLANCH C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: www.tirant.es ISBN: 978-84-9169-896-8 MAQUETA: Tink Factoría de Color Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro Procedimiento de quejas. Responsabilidad Social Corporativa: http://www.tirant.net/Docs/RSCTirant.pdf


Haec commemoratio est quasi exprobatio TERENCIO, Andria, I, 1, 17. Tu sabiduría y tu ciencia te han engañado, por lo cual dijiste en tu corazón: “yo, y no hay más que yo” ISAÍAS, 47, 10 Tout droit implique un devoir, et contient, en lui-même, une limite morale GÉNY, Méthode, n.173. Si (como afirma el griego en el Cratilo) el nombre es arquetipo de la cosa en las letras de ‘rosa’ está la rosa y todo el Nilo en la palabra ‘Nilo’. BORGES, El Golem A mis padres A mi señora e hija, Vanessa y Leonor de Jesús


ÍNDICE

INTRODUCCIÓN.................................................................................. 15 CAPÍTULO I ESTADO LAICO Y DERECHOS HUMANOS: LA BESTIA DESENCADENADA

I. ANTECEDENTES....................................................................... 29 II. ESQUEMAS DE INTERPRETACIÓN DEL PROCESO DE SECULARIZACIÓN.................................................................... 31 III. JELLINEK. LAS EXIGENCIAS DEL ESTADO LAICO........ 31 IV. GAUCHET. EL “RETIRO DE LA RELIGIÓN” COMO PRINCIPIO DE LEGITIMIDAD............................................... 39 1. La fase de la monarquía absoluta................................................ 42 2. La fase republicana..................................................................... 44 3. Fase de la emancipación neo-individualista................................ 47 V. GAMBRA. LA INDIGNA RENUNCIA AL DERECHO PÚBLICO CRISTIANO..................................................................... 51 1. Modelo de la Cristiandad medieval............................................ 52 2. Modelo del Estado confesional................................................... 53 3. Modelo del Estado laico o neutro............................................... 54 4. Modelo del Estado formalmente ateo (marxista)........................ 55 5. Modelo posmoderno................................................................... 55 VI. SCHMITT. LA PRETENDIDA NEUTRALIDAD DEL ESTADO LAICO............................................................................... 57 1. El punto de vista histórico.......................................................... 58 2. El ángulo teológico político........................................................ 60 3. El ángulo filosófico político........................................................ 61 4. El enfoque semántico.................................................................. 61 5. La óptica constitucional.............................................................. 64 VII. CONCLUSIÓN. LA BESTIA DESENCADENADA............... 64


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Índice

CAPÍTULO II LA DECLARACIÓN DE LOS DERECHOS DEL HOMBRE (1789) Y EL DESAFÍO DE LA CONTRA-REVOLUCIÓN I. ANTECEDENTES INCÓMODOS........................................... 71 II. EL “FANAL OSCURO” DE LA ILUSTRACIÓN..................... 78 III. SIGNIFICADO JURÍDICO Y SIMBÓLICO DE LA DECLARACIÓN DE 1789................................................................. 83 IV. SENTIDO DE LA DECLARACIÓN DE 1789 DESDE LA CONCEPCIÓN LIBERAL.......................................................... 89 V. LA CONTRA-LECTURA DE LA DECLARACIÓN DE 1789. CONTESTACIÓN AL DISCURSO MODERNO DE LOS DERECHOS HUMANOS.................................................. 96 1. Una visión global de la Declaración: la ideología de la Libertad e Igualdad................................................................................... 97 2. El pervertido racionalismo político............................................. 102 3. Declaración de 1789 y “emancipación” posmoderna.................... 111 VI. CONCLUSIONES......................................................................... 113 CAPÍTULO III UN MAL EJEMPLO PARA LOS DERECHOS HUMANOS. LAS NORMAS OPRESORAS DE LA FRANCIA REVOLUCIONARIA (1789-1801)

I. SIGNIFICADO GLOBAL DE LA DECLARACIÓN DE 1789 EN EL PROCESO REVOLUCIONARIO........................ 118 II. “LIBERTAD” Y SUMISIÓN AL PODER................................... 124 III. EL “DERECHO NUEVO” EN LOS TEXTOS CONSTITUCIONALES DEL RÉGIMEN REVOLUCIONARIO (17891801). FUNCIONALIDAD PARA CONSTRUIR EL PODER INMENSO...................................................................................... 128 1. Constitución de 1791.................................................................. 130 2. Constitución Civil del Clero....................................................... 132 3. Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1793............................................................................................ 134 4. Declaración de los Derechos y de los Deberes del Hombre y del Ciudadano de 1795..................................................................... 136 5. Constitución Política de 1799..................................................... 138 6. La máquina impositiva de los seis juramentos constitucionales.. 139 IV. CARA LIBERAL Y CARA SANGUINARIA DE LAS LIBERTADES MODERNAS........................................................... 158 V. CONCLUSIÓN.............................................................................. 163


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Índice

CAPÍTULO IV ESA EQUÍVOCA “IGUALDAD”. ORÍGENES DE LA IMPOSTURA

I. INTRODUCCIÓN. CABALGANDO SOBRE EL PARADIGMA IGUALITARIO.............................................................. 167 II. CONSTITUCIONALISMO Y UTOPÍA IGUALADORA...... 172 III. INJUSTICIA DEL PRINCIPIO REVOLUCIONARIO DE IGUALDAD JURÍDICA............................................................... 174 IV. INCONGRUENCIA LÓGICA DEL PRINCIPIO MODERNO DE “NO DISCRIMINACIÓN”............................................. 175 V. LEGISLACIÓN ANTIDISCRIMINACIÓN: LA CONSPIRACIÓN DE LOS IGUALES...................................................... 180 VI. TEORÍA DE GÉNERO: LA POSTRERA IGUALDAD.......... 188 VII. CONCLUSIÓN. HACIA LA “IGUALDAD DE LAS ALMAS”................................................................................................ 194 CAPÍTULO V ESA PRESUNTUOSA “LIBERTAD”. GÉNESIS DE UN ARTILUGIO

I. INTRODUCCIÓN. ¿LIBERTAD O LIBERACIÓN?............... 199 II. LAS LIBERTADES “MODERNAS” EN LAS DECLARACIONES HISTÓRICAS DE DERECHOS HUMANOS......... 205 III. LIBERTAD DE PENSAMIENTO Y DE EXPRESIÓN: CUESTIÓN DE ÓRDENES, NO DE LÍMITES...................... 206 1. Los matices de la libertad........................................................... 206 2. El liberalismo ante los “derechos de la verdad”............................ 210 IV. LIBERTAD “MODERNA” DE CONCIENCIA Y DE RELIGIÓN: LA BOFETADA LAICA CONTRA LA CRISTIANDAD................................................................................................ 221 1. Dos modelos históricos: Francia y Estados Unidos..................... 224 V. EL LIBERALISMO COMO PROBLEMA................................ 242 VI. A MODO DE CIERRE. FILOSOFÍA Y ANTI-FILOSOFÍA DEL BIEN COMÚN..................................................................... 249 1. Elementos del bien común combatidos por la filosofía liberal.... 250 1.1. Universalidad del bien común: integridad, jerarquía, comunicabilidad, tradición........................................................... 250 1.2. El bien común, causa final.................................................. 253 2. El bien común cristiano.............................................................. 255


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Índice

CAPÍTULO VI LIBERTADES “MODERNAS” Y DERECHO PÚBLICO CRISTIANO. ESTUDIO HISTÓRICO-CONCEPTUAL DE DIGNITATIS HUMANAE

I. PARA ENTENDER DE QUÉ HABLAMOS............................ 259 II. CONTEXTO HISTÓRICO DE “DIGNITATIS HUMANAE”: BAJO EL SIGNO DEL CAMBIO............................................... 263 III. TEXTO DE LA DECLARACIÓN “DIGNITATIS HUMANAE”................................................................................................. 271 IV. LA LLAVE DEL MISTERIO. HISTORIA CRÍTICO DOCTRINAL DE UN POLÉMICO DERECHO.............................. 273 1. Preparación de un informe explosivo. Documento de Friburgo...... 275 2. El texto que no llegó al Concilio. Schema Constitutionis De libertate religiosa................................................................................. 278 3. Se inicia la controversia. Primer esquema conciliar: Caput V de oecumenismo................................................................................. 281 4. Se fija la controversia. Segundo esquema conciliar: Declaratio prior............................................................................................. 285 5. Lucha sin descanso. Tercer esquema conciliar: Textus emendatus. 290 6. Grandes objeciones. Cuarta redacción conciliar: Textus reemendatus.............................................................................................. 297 7. Victoria con graves reservas. Quinto esquema conciliar: Textus recognitus....................................................................................... 304 8. La imputación de heterodoxia. Sexta redacción conciliar: Textus denuo recognitus............................................................................. 309 9. Brasas encendidas. Promulgación de “Dignitatis Humanae”........ 316 V. CONCLUSIONES SOBRE LA CONTROVERSIA JURÍDICA.................................................................................................... 321 CAPÍTULO VII LA VISIÓN GENERAL: LOS “DERECHOS HUMANOS” COMO INSTRUMENTO REVOLUCIONARIO

I. INTRODUCCIÓN. MODERNIDAD POLÍTICA Y LAS FUERZAS DEL MAL.................................................................. 337 II. EL LENGUAJE DE LOS “DERECHOS HUMANOS”, PIEZA DE LA REVOLUCIÓN MODERNA.................................. 347 III. LA ENFERMEDAD DE LOS DERECHOS SUBJETIVOS... 354 IV. EL LENGUAJE ABSTRACTO Y SUPERLATIVO DE LOS DERECHOS.................................................................................. 360


Índice

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V. LOS DERECHOS HUMANOS EN EL TECLADO DE LA “EMANCIPACIÓN”...................................................................... 365 VI. POST SCRIPTUM. LA MUTACIÓN POSMARXISTA.......... 373 CONCLUSIÓN......................................................................................... 381 BIBLIOGRAFÍA...................................................................................... 387


INTRODUCCIÓN Son muchos los que sospechan del discurso de los derechos humanos. Hay una gran distancia entre lo que se declara y lo que se practica, y no es ocasional que quienes más los invocan —pienso en sistemas políticos completos— se hayan caracterizado históricamente por violarlos. Pero confieso que esto no es lo que más preocupa, al menos desde el punto de vista jurídico. Mal que mal, el derecho vive de la inconsecuencia de las conductas humanas. Es, incluso, un dato de la causa. Lo importante es otra cosa. Es probable que el lector, en más de una ocasión, se haya sorprendido con un discurso de los derechos humanos destinado a promover o justificar lesiones contra toda una categoría de seres humanos. O haya visto cómo sirve para proteger a unas personas y no a otras, aunque se encuentren en análoga situación. En los tiempos de la Revolución Francesa, quienes no se manifestaban a favor de la libertad revolucionaria, soportaban la prisión, la tortura, el exilio o la muerte. El ochenta por ciento de las víctimas fueron gente del pueblo, no aristócratas. Más cercanamente, en los países comunistas, se invocaba el derecho del pobre y del explotado, para imponer un sistema político que causaba pobreza y explotación. Y en las democracias liberales, se proclaman los derechos humanos, con citas solemnes, para invisibilizar esa atroz matanza de inocentes que llamamos aborto. O para estigmatizar y perseguir los crímenes de los regímenes militares hispanoamericanos, pero no las torturas, los secuestros y los asesinatos de las FARC. Podemos seguir y sumar con los “new right” de nuestros días (eutanasia, matrimonio homosexual y adopción, identidad de género, homicidio consentido, etc.), cuya anormalidad (anomós, ἀνόμως, sin ley) es claramente discernible, al menos desde la tradición jurídica clásica. En todo lo que tiene relación con los bienes más propiamente humanos, nos encaminamos hacia el absolutismo de la autodeterminación subjetiva,


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de espaldas a la realidad y a sus exigencias básicas. El derecho de Narciso a habitar dentro de su propia imagen. Estos rápidos ejemplos —entre muchos otros— ilustran una cuestión de principio: en diversas situaciones el discurso sobre los derechos humanos no coincide con las exigencias de justicia. Emerge, entonces, el problema jurídico de los derechos humanos. Dicen que la humanidad ha avanzado en las vías de la “emancipación”. En realidad, hay que distinguir. Las declaraciones de derechos de los dos últimos siglos son ambiguas. Por un lado, plasman, en distinto grado, la filosofía ilustrada, racionalista, funcional a los proyectos modernos omnicomprensivos (liberales, socialistas, etc.), que de emancipador tienen solo el nombre. Parafraseando a Borges, en las letras de la “rosa” no se encuentra la rosa. En el ámbito de los derechos, más que de emancipación, hay que hablar de justicia o injusticia. Es una exigencia esencial, que la humanidad lleva entre manos. “Iuris praecepta haec sunt: honeste vivere, alterum non laedere, suum ciuque tribuere”, expresa Ulpiano (Digesto, 1,1 10) en máxima de valor perenne. Hay más. En las últimas décadas nos viene afectando la mutación posmoderna de los derechos humanos. El discurso “liberador”, la reivindicación desnuda de la autonomía última del espacio individual. Ambas nos retrotraen a la radicalidad genética de la “Revolución de los derechos humanos”. Un proyecto de reingeniería político-jurídica que pretende hacer trizas la estabilidad institucional y las lealtades familiares, religiosas, asociativas y generacionales de la persona. Un intento fáustico de desconocer nuestra nativa condición de criatura, nuestra calidad de ser finito, limitado. Esto nos coloca frente al problema político de los derechos humanos. El discurso sobre tales derechos tiene su origen —al menos en su mayor densidad ideológica— en las elucubraciones fantasiosas del parti philosophique del siglo XVIII. Imaginaron ellos que el hombre era un individuo incualificado, sujeto de todo crédito, carente de todo débito. No un hombre real, de carne y hueso, libre pero dependiente, sino una especie de mónada abstracta, preexistente a toda sociedad, que podía


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presentarse ante ella pletórico de pretensiones, para demandar sus prerrogativas soberanas (Grossi). Algunos, como Rousseau o Loaisel de Tréogate, fabularon incluso con el “bon sauvage” (o “noble sauvage”), colocándole, en plena selva, suntuosas pelucas empolvadas. Y el derecho a autodeterminarse ante el calor y los mosquitos. Este novelesco sujeto de los derechos humanos estaba llamado a componer la colectividad de los “iguales jurídicos”, un enjambre de hormigas en la que ninguna se distingue de la otra, pero sobre las cuales — destruida toda asociatividad— habría de levantarse la nueva estructura de Poder, encarnado en el Estado moderno, “popular” por antonomasia, depositario exclusivo de la política, fabricante y monopolizador del derecho, con pretensiones de omnipotencia, para dominar o controlar todas las relaciones sociales. La más poderosa concentración de poder que ha conocido la historia. En un arranque de sensatez Nietzsche le llamó “el monstruo más frío de los monstruos fríos”. En manos del Estado moderno, los derechos humanos se han transformado, desde sus inicios, en un instrumento jurídico de reingeniería social. Surge, una vez más, el problema político. Desde los fatídicos días de la Gran Revolución de 1789 han servido para este propósito. Como el lado oscuro que acompaña las distintas facetas de la luna, cada generación de los derechos humanos se ha prestado para ser utilizada como instrumento subterráneo del Poder hacia la realización de los dos valores “metafísicos” de la Revolución (Corrêa de Oliveira): la “Libertad” y la “Igualdad”. Con ellas no se reivindica cualquier libertad o cualquier igualdad. Sólo las que tienen un sentido de revolución. Se formulan con un lenguaje neutro y equidistante, pero su carga interpretativa las mueve hacia la liberación y la nivelación de todo aquello que los revolucionarios consideran “ataduras”. Son “ataduras” las condiciones mismas de la vida personal, biológica, familiar, educacional, social, moral, política y religiosa a las que estamos vinculados por constitución física, por nacimiento, por transmisión generacional, por tejido social, etc. Es “atadura” todo orden objetivo que observamos en la realidad de la persona y de las cosas. Hay que emanciparse, gritan, e igualarnos todos. Y si no queremos, ahí está el poder del Estado para forzarnos jurídicamente, a través de las leyes, la


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Administración o la judicatura. Y si ello, por razones tácticas, aún no es posible, entonces es hora de avanzar mediante la propaganda. La “Igualdad” y la “Libertad” (así con mayúsculas), tal como fueron planteadas históricamente, se convierten en una especie de centro operativo ideológico para el asalto continuo del orden sobre el que se apoya toda sociedad. Leídas en su génesis filosófica más profunda, más dinámica, más valedera, más comprensiva, son libertades e igualdades antinaturales, anti-societarias, antihumanas, anti-teístas incluso. “Ces droits de l’homme, dice Levinas, qui dans leur indépendance à l’égard de toute collation, expriment de chaque homme la suspension de toute référence”. La “Libertad” revolucionaria (“sin Dios ni amo”) no tiene mucho que ver con la libertad más profunda del hombre, que es una libertad primariamente interior, una libertad de perfección, una libertad no solo de elegir, sino de aceptar, una libertad de reconocimiento, de entrega y de compromiso. La “Libertad” revolucionaria prescinde incluso de los vínculos necesarios con el libre albedrío, que muchos de los filósofos de las libertades modernas niegan, y que, sin embargo, es la libertad que sustenta todo el edificio de auténticas libertades jurídicas. Lo mismo sucede con la “Igualdad” revolucionaria. No evoca una pauta ontológicamente consistente para discernir las legítimas desigualdades entre los seres humanos. Monstruo voraz, tiene la ingenua ilusión de nivelar todas las cumbres. Filosóficamente es una revuelta contra la diferenciación que el orden del ser funda en el ámbito de los méritos y los esfuerzos personales, de la selección cualitativa, de la irradiación hereditaria, del legado histórico, de la elevación cultural y educacional, etc. Ni aún la “igualdad ante la ley” supo ser honesta en los tiempos del primer liberalismo europeo. Nadie que conozca la historia, puede ignorar su funcionalidad política: desconocer toda diferenciación no fundada en el dinero, y enriquecer a la nueva burguesía que había adherido a la Revolución. El garrote y la zanahoria. De ahí la célebre boutade de Anatole France: “la ley, en su igualdad majestuosa, prohíbe a los ricos tanto como a los pobres dormir bajo los puentes, mendigar en las calles y robar pan”. El modelo de todo esto se encuentra en el período revolucionario francés (1789-1801) que estudiamos en detalle. Ahí se invocaron los


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derechos humanos para erosionar o derrumbar toda sociedad intermedia entre el individuo y el Estado. El matrimonio tradicional, la familia extendida y vigorosa, el gremio libre, la escuela autónoma, la universidad autárquica, el municipio independiente y común, la propiedad vinculada, las instituciones históricas locales y regionales con sus usos y costumbres, la Iglesia, todo fue interceptado, deformado, disminuido o erradicado, en el nombre de la “Libertad” y la “Igualdad”. La “Revolución de los derechos humanos” (Gauchet) exigía un nuevo sujeto, no contaminado con la realidad natural y asociativa, con el sedimento de la vida y de la historia. El modelo francés se proyectó sobre casi todo el mundo. Los derechos humanos exigieron un nuevo sujeto: el hombre abstracto, anónimo y universal, desligado de toda noción encarnada y cordial de vínculos, personas y cosas. Lo que se hizo en la Revolución Francesa en cámara rápida hasta Napoleón, se ha repetido en las sociedades occidentales en cámara lenta en los dos últimos siglos. Un deslizamiento siempre en la misma dirección, y cada vez más radical, del subjetivismo jurídico (de parte del sujeto de derechos) y del absolutismo jurídico (de parte del Estado). Pero como el universo holográfico de los derechos humanos, de los homines novi —sujetos libres e iguales tan idealizados como inexistentes— (Grossi), es una mezcla indigesta de utopía y distopía, no acaba nunca de cuajar en el mundo de la realidad humana. Y el problema político se prolonga con un significado cada vez más disgregador para el hombre de la calle. Los derechos humanos también plantean un problema metodológico. Son formulados por la Modernidad como una específica técnica jurídica para proteger los derechos de la persona humana, los bienes inherentes a todo hombre. Podrían compararse con otras técnicas jurídicas que otras épocas han usado para amparar esos mismos bienes. Desde ese ángulo hay que reconocer ventajas y desventajas. En las declaraciones modernas de derechos humanos se consagran contenidos jurídicos fundamentales —el debido proceso, la honra, la libertad personal, etc.—. Empero, hay que ponderar que también esos contenidos esenciales eran reconocidos precedentemente, a título de concreciones


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de los “derechos naturales” clásicos. Entre unos y otros, hay continuidad y actualización de acuerdo con las necesidades de los tiempos, porque cada época presenta sus situaciones potenciales de injusticia. Los peligros contra la vida privada de otrora no son los de hoy. A este propósito, es frecuente hallar en los estudios de derecho constitucional la afirmación absurda de que los derechos humanos (como equivalente a los derechos de la persona) son una conquista de las revoluciones modernas. Empero, basta con prestar atención a la historia de las instituciones jurídicas pre modernas —los fueros en el mundo hispánico, por ejemplo— para darnos cuentas de que estamos ante un gigantesco error, que según los casos se convierte en una falaz mentira. En las declaraciones modernas de derechos humanos emerge un problema nuevo: el lenguaje abstracto, declamatorio, de los derechos, que se adjudican al hombre universal, separado de la realidad concreta e histórica de las relaciones sociales y de los deberes primarios de todo ser humano. Ello proviene de la fe ingenua que la Ilustración tenía en la capacidad de la razón humana para penetrar sin residuo toda la realidad social y antropológica presente y futura y codificarla en fórmulas universales. Si los hombres se atienen a este código —que en la mentalidad de la época reemplazaba a la Ley de Dios— se suponía que este mundo se convertiría en la Arcadia feliz. Este mito es la base histórica del contemporáneo progresismo jurídico, que anida en tantos cultivadores de los derechos humanos. Pregoneros de un nuevo reino que están trayendo a la tierra, del que depende la felicidad de la humanidad toda, no hacen de los derechos humanos una ciencia jurídica, sino una filosofía de vida, una religión y una moral. El problema metodológico se produce porque en la academia, en el parlamento, en el gobierno, en los tribunales, predican el contenido de estos derechos como si se tratara de una ley sagrada. Aunque en el sendero de la Aufklärung, no hay lugar para Dios, ni para la antigua ley natural, ni para la virtud como resorte de la vida social, exhiben estos derechos con alcances sacerdotales. En realidad, el “deber ser” así predicado, no remite a ninguna instancia trascendente, es solo lenguaje inmanente, que se construye desde sí mismo, y que atribuye derechos por medio de la prosa. Quienes se


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