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LOS HOMBRES SIN Un análisis de la masculinidad, el desempleo y la convivencia familiar en Valencia y su Área Metropolitana

Juan Antonio Rodríguez del Pino

ISBN: 978-84-9169-648-3

apuntes


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Los hombres sin. Un análisis de la masculinidad, el desempleo y la convivencia familiar en Valencia y su Área Metropolitana. Juan Antonio Rodríguez del Pino


“Sucede que me canso de ser hombre…” Pablo Neruda Walking around, Residencia en la tierra 2 (1933-1935)


INDICE Presentación

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1

¿Por qué investigar esto?

7

2

Vamos a situarnos en contexto.

13

2.1 Los hombres y la masculinidad.

14

2.1.1 2.1.2

Masculinidad y feminidad: Concepciones en referencia al otro diferente.

17

¿Alguien ha visto a un hombre igualitario?

22

2.2 El empleo, ¿Un sistema patriarcal?

3

2.2.1

Mujeres y hombres en el sistema capitalista.

31

2.2.2

El empleo como fuente de discriminación.

33

El making off de la investigación. ¿Cómo se hizo y por qué de esa manera?

43

3.1 Diseño metodológico.

44

3.1.1

La perspectiva cualitativa en la investigación social.

45

3.1.2

Un trabajo etnográfico.

46

3.1.3

Proceso de análisis.

47

3.2 Las técnicas utilizadas

48

3.2.1

Las entrevistas.

48

3.2.2

El taller etnográfico.

52

3.3 Trabajo de campo: qué, cómo y cuándo.

4

26

53

3.3.1

Los temas tratados.

53

3.3.2

El cronograma y las personas participantes.

56

Más allá del fútbol y otros temas “masculinos”. Escuchando a hombres: activistas y desempleados. A DESDE EL ACTIVISMO

58

4.1 Y las masculinidades llegaron ¿Para qué?

61

4.2 Sociedad, igualdad y relaciones domésticas.

67

4.3 Crisis, desempleo… Y ¿virilidad cuestionada?

73


B

5

6

7

DESDE LOS HOMBRES DESEMPLEADOS

4.4 Desempleo: lo percibido y lo vivido.

82

4.5 Los efectos en el entorno familiar.

86

4.6 ¿Y una oportunidad de cambio?

91

En discusión.

104

5.1 El insoportable peso de ser hombre.

104

5.2 De las masculinidades múltiples a los hombres igualitarios.

105

5.3 ¿Puede la pérdida de empleo ser una causa para el cambio en las relaciones hombre-mujer?

107

¡Tierra! O como concluir esta investigación.

111

6.1 De la hipótesis.

112

6.2 De los objetivos.

115

6.3 ¿Hacia un nuevo modelo de familia?

117

6.4 Este buque debe continuar trayecto.

120

Bibliografía.

123


Presentación: Forastero que buscas la dimensión insondable la encontrarás fuera de la ciudad, al final de tu camino. Franco Battiato. Nómadas (1986)

Los hombres sin, son hombres sin empleo. Hombres que durante toda su vida han recibido el continuo mensaje de que eran los seres triunfadores, que aportan el sustento a “su manada” y que ahora, resulta que no es así. Los hombres sin, son hombres sin ubicación. Puesto que una vez perdido el referente que daba sentido a sus vidas, ¿Qué sentido tienen estas? Esto conduce a unos malestares inespecíficos que ni ellos mismos saben explicar. Los hombres sin, son hombres sin ataduras. Que una vez entienden las mentiras que el patriarcado les ha hecho creer, pueden, si quieren, des-aprender, para aprehender nuevas formas de relación con sus entornos más próximos. Los hombres sin, son hombres sin miedo a expresar sus sentimientos, sin sentirse culpables, sin sentirse menos hombres por no ser infalibles como el sistema patriarcal les ha hecho creer… y ellos se lo han creído. Los hombres sin, son hombres con un futuro abierto. Abierto a redescubrir nuevas facetas de sí mismos que les hace felices en su falibilidad. Juan A. Rodríguez del Pino Porto, septiembre 2017

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1. ¿Por qué investigar esto? Los varones y las mujeres son moral y políticamente iguales. Amelia Valcárcel (2008: 272)

Con esta investigación he tratado de plantear una nueva mirada hacia un hecho relevante en la vida cotidiana. ¿Cómo son las relaciones de pareja cuando uno de los dos miembros se encuentra en situación de desempleo? Nos centramos en el análisis de la situación cuando el que pierde su empleo es el hombre. Una situación de desempleo se puede abordar desde múltiples perspectivas pero lo que resulta evidente es que en las actuales sociedades desarrolladas complejas, la falta o no de empleo puede resultar un elemento de inestabilidad dentro del, en ocasiones, tambaleante equilibrio socioafectivo familiar (Burín: 2007; Dema: 2006; Jiménez y Tena: 2007; Nuño: 2008; Téllez y Martínez: 2008, etc.). Esto supone el desencadenante de múltiples microfracturas que, en determinadas circunstancias, puede conducir a la ruptura total de la pareja. Ante la centralidad tradicional del empleo en nuestras vidas, y sobre todo en la de los hombres, el desempleo es vivido con malestar. Supone “una herida identitaria, una desorganización profunda del rol que se cumple en la familia y en la sociedad; una pérdida de autonomía y de poder” (en Merla, 2006). Esto es debido al hecho de que en nuestra tradición cultural, el modelo liberal patriarcal plantea dentro del entorno familiar, la figura masculina como el elemento sustentador principal dentro del espacio doméstico. Por eso el rol asignado a la figura masculina se ubica dentro del espacio público. Por otra parte, las mujeres han ido incorporándose también al espacio público, sin dejar de desempeñar, sin embargo, el tradicional rol asignado en el espacio doméstico. Por ello, el debate que está presente en la actualidad es el que afirma 7


que resulta imposible mantener un modelo de relación de género caduco e inamovible, dentro de un entorno sociolaboral cambiante. Partimos de la premisa de que el mito del varón sustentador resulta cuestionado a consecuencia de un contexto económico y de una situación laboral inestable. El hombre deja de ser la figura principal dentro del espacio público, y las relaciones interpersonales dentro del espacio privado-doméstico cambian. La relación en el espacio familiar ha tenido unas dinámicas propias, con unos códigos de interacción muy definidos, pero esto como otras muchos aspectos está variando, “Los varones y las mujeres empiezan a redefinir lo que quieren de sus relaciones, tenemos que explorar cómo están mediadas las relaciones personales a través de las enormes relaciones genéricas de poder y dominación” (Seidler, 2005: 108-109). En la actualidad estas formas de relación están en proceso de revisión y, en ocasiones, de modificación. Es necesario analizar la relación que los hombres mantienen en su contexto doméstico. Tenemos en cuenta la asunción por parte de éstos de tareas tradicionalmente asignadas a las mujeres y la valoración que tanto individual como socialmente se le han dado a estas acciones. En este sentido, existe cierto consenso1 al señalar la invisibilización del trabajo que las mujeres realizan dentro del contexto doméstico y el escaso reconocimiento que este posee en el entorno social inmediato. En cualquier caso, la incorporación de las mujeres al espacio público del mercado laboral implica que la conciliación laboral y familiar se plantee, en ocasiones, como

La invisibilización del trabajo doméstico y la infra-representación que este posee dentro del status social ha sido descrito por múltiples autores. Algunos desde el análisis de la familia y los cambios que se están produciendo dentro de ella (Alberdi 1999 y 2006; Coltrane, 1998; Carrasco, 1991; Casares, 2008; Herrera, 2000), pero también en lo que supone la conciliación de la vida familiar y laboral (Crompton, 2006; Durán, Serra, y Torada, 2001;Meil, 2005); hasta la revalorización progresiva que ha ido adquiriendo lo relacionado con el cuidado (Tobío, 2012)

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un conflicto2. A esta situación hay que añadir la actual coyuntura económica donde muchos hombres están perdiendo su empleo y, por tanto, su referencia dentro de un espacio público se está diluyendo de manera significativa. A pesar de esta coyuntura de desempleo, nueva e ignota desconocida-, algunos hombres pueden llegar a ejercer una función muy activa como padres. Se dedican al cuidado de sus hijos, enfrentándose a una falta de valorización de estas prácticas (Merla, 2006). Su rol como “padres en casa”3 se manifiesta en las relaciones interpersonales y en la organización espaciotemporal de los espacios públicos. Las continuas referencias a su falta de ajuste con las normas tradicionales de la división sexual del trabajo, a menudo, hipotecan la posibilidad de construir una imagen positiva de sí mismos frente a su distanciamiento del trabajo asalariado. Se trata, por tanto, de varones que se dedican a desarrollar parte del trabajo doméstico y que conviven con mujeres profesionalmente activas. Aquí, se observa como las circunstancias laborales han supuesto un viraje en cuanto al cambio de rol sustentador principal de la economía doméstica. Como si de una obra de teatro se tratara – asumiendo el símil goffmaniano –, observamos un escenario: el entorno doméstico, unos protagonistas: la pareja, y unas situaciones que inciden sobre esas relaciones mezclando lo afectivo, el amor, con lo material, el trabajo, generando una situación con diversas respuestas.

Véase, Nuño (2008): La incorporación de las mujeres al espacio público y la ruptura parcial de la división sexual del trabajo: el tratamiento de la conciliación de la vida familiar y laboral y sus consecuencias en la igualdad de género. Tesis Doctoral, Madrid: Editorial Universidad Complutense. 2

3

Se emplea esta expresión: “padres en casa”, en referencia a la expresión francesa de “madre en casa” que designa las madres que se dedican al cuidado de la casa; o sea “amas de casa”. De esta manera, “Padre en casa” es la denominación de referencia para los hombres que asumen un rol similar. Como veremos a lo largo de la investigación, este apelativo se asocia a la definición de sí y a la presentación de uno mismo en las relaciones interpersonales.

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Las relaciones de pareja son un tema de investigación que también ha sido abordado desde múltiples perspectivas. Dada su complejidad, este se ha tratado desde diversos enfoques, en ocasiones complementarios y, en ocasiones, contrapuestos. Hacemos uso de las teorías recogidas desde el enfoque sociológico que ha venido en denominarse microsociología y que se ajusta de manera importante al tipo de investigación que se desea realizar. Este enfoque tiene diversos autores de referencia (Berger y Luckmann: 1967 [2006]; Bauman: 2003; Goffman: 1991…) La fuente de inspiración primigenia de esta investigación es lo que se ha venido en denominar Men’s Studies y que viene siendo desarrollada desde la década de los ochenta. Esta línea de estudios interdisciplinares plantea analizar la masculinidad hegemónica esto es: “la configuración de la respuesta corrientemente aceptada al problema de legitimidad del patriarcado, la que garantiza (o se toma para garantizar) la posición dominante de los hombres y la subordinación de las mujeres” (Connell en Valdés y Olavarría, 1997: 39). Nos interesó observar como la manera en que los hombres adquieren su masculinidad -masculinidad hegemónicasupone un proceso de anulación de afectividades “tales como el placer de cuidar de otros, la receptividad, la empatía y la comprensión, experimentadas como inconsistentes con el poder masculino” (Kaufman, 1997: 70) Frente a esta masculinidad clásica, hegemónica y patriarcal, se abre paso una masculinidad denominada erróneamente “nueva”, puesto que ha existido siempre aunque de manera minoritaria y subsumida por la presencia de la hegemónica. Así mismo, resulta erróneo hablar de la masculinidad como un bloque único, puesto que “hay que hablar de masculinidad en plural: masculinidades. Pese a que forman parte del mismo modelo, en las sociedades complejas existen masculinidades hegemónicas y otras que son subalternas.” (Guasch, 2006: 24)

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El entorno familiar puede ser analizado como un microcosmos donde se aúna toda la complejidad de la sociedad. Si bien se manifiesta en los pre-juicios colectivos y las convenciones sociales de “lo que debería ser”, continuamos avanzando hasta llegar al análisis de una de las posibles realidades que se pueden observar en el complejo entramado familiar. Creemos que el empleo es un eje vertebrador social, por tanto, el desempleo supone una situación de estigmatización social4. Es obvio que el empleo o la falta de él – el desempleo, influye en el medio social más inmediato del individuo y, de una manera muy directa, en la relación de pareja. Esta misma premisa nos conduce a una situación dual. Nos presenta por un lado, la dependencia existente del modelo relacional con respecto al empleo como factor de status tanto en el círculo de relaciones sociales públicas (vecindario, asociaciones, amistades…) que la persona posee, y también, en el interior de su seno familiar más privado. Pero por otro, el empleo, tal y como era conocido en las sociedades industriales avanzadas, está en la actualidad en proceso de re-valorización. Nos interesa aquí observar como un elemento macro – el empleo – afecta en un contexto tan micro como es el entorno de la pareja. Y, al mismo tiempo, si es un valor social sobredimensionado. Hemos pretendido contestar a determinadas preguntas que creíamos de interés: - ¿La situación de desempleo puede plantear la transformación en el contexto familiar? - ¿Qué efectos produce en la relación de pareja y su familia la situación de desempleo de los hombres cuando sus parejas trabajan?

Para tratar el Estigma Social, resultan de sumo interés los trabajos de L. Wacquant (2007), donde se analiza la noción de infraclase [undercluss] y se lleva a cabo un análisis de las estructuras sociales y mentales de la exclusión urbana. Así mismo, interesa la obra de E. Goffman (1993 [2006]), donde se analiza las conceptualizaciones sociales de lo que debe y no debe ser y como esto se transforma en norma social influenciando tanto al grupo (Alienación social) como al individuo (identidad del yo). 4

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- ¿Qué condiciona que se produzca un efecto u otro en la relación familiar cuando el hombre se encuentra desempleado? - Las transformaciones que se producen en el entorno familiar ¿pueden suponer una situación de oportunidad? De esa manera, si partimos de la idea generalizada de que el hombre es el sustentador principal de la familia, nos planteamos como hipótesis que: Una situación de desempleo en el hombre puede conllevar en el entorno familiar efectos negativos. No obstante, también puede suponer una dimensión positiva para él, tanto de replanteamiento de su propio yo y de la identidad que le es asignada por la sociedad patriarcal, como de modificación de las relaciones de pareja en base a planteamientos alternativos más igualitarios al modelo patriarcal. El objetivo principal es, por tanto, conocer cuáles son los efectos que tiene en la relación de pareja una situación de desempleo y determinar los cambios que se producen por parte del hombre en su interacción con el resto de miembros del entorno familiar. Para ello se estructuró la investigación a través de otros objetivos específicos: 1º. Detectar los efectos psico-sociales que, en general, se producen en los hombres desempleados. 2º. Valorar la influencia que puede tener el desempleo en el cambio de actitud en la relación de pareja. 3º. Identificar las acciones incluidas dentro del reparto de tareas domésticas que pueden suponer una satisfacción redescubierta por parte de los hombres desempleados. Para poder llevarlo a cabo optamos por desarrollar un posicionamiento metodológico ecléctico que implicó no decantarse por ninguna corriente epistemológica concreta dado que entendemos que la riqueza se encuentra en la pluralidad de las miradas recogidas. Dicho esto, sí es cierto que nuestro punto de partida investigador proviene de la Psicología Social, la Microsociología y la Antropología urbana y de género.

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2. Vamos a situarnos en contexto No existe un mandato biológico o evolutivo que a sólo a las mujeres les importen los bebés y muestren más emociones, o que los hombres sean mejores en la economía y la política y prefieran la cerveza (…). Es la fuerza de los mitos sociales sobre los sexos. Agustín Fuentes (2012) Race, Monogamy, and Other Lies They Told You.

Existen múltiples interrelaciones entre las dimensiones que se podría abordar esta investigación, el género, lo masculino, las relaciones de pareja y lo laboral, y no necesariamente en ese orden. Por eso fue necesario iniciar con un ejercicio de clarificación que nos permitiera vislumbrar, dentro de la espesa madeja tejida desde cierta tradición patriarcal más o menos milenaria, las motivaciones que inducen a las personas a desarrollar ciertos comportamientos. La clave de la investigación, a nuestro entender, radica en una vinculación específica entre masculinidad, como proveedor de sustento (empleo) y familia. De esa manera, el papel de un hombre está construido principalmente a través de su posición como cabeza de familia proporcionando el hogar con el ingreso a través del trabajo remunerado (Borràs, Moreno, Castelló y Grau, 2012: 408). El trabajo remunerado ha marcado tradicionalmente una seña de identidad netamente masculina, como señala también Connell (1995), el trabajo remunerado es el corazón de la masculinidad. La correlación género-masculinidad y trabajo ya existía pero, a partir del siglo XIX, cobra un nuevo impulso con la industrialización: “las raíces de la masculinidad centradas en la esfera productiva son recientes, la relación sexual es desde la revolución industrial. La industrialización creó una separación más clara entre el trabajo y el hogar, y el dominio del asalariado, cambiando así la economía las relaciones de poder dentro de la casa. Debido a que el trabajo productivo de los hombres supone mayores ingresos, su poder como 13


patriarcas se legitima en el hogar. En contraste, el salario femenino es concebido y construido como un suplemento no esencial” (Borràs, Moreno, Castelló y Grau, 2012: 408). El trabajo sigue siendo la esencia de la identidad masculina, aunque la persistencia de la masculinidad hegemónica está influenciada por la clase social y la generación. Además, a partir de la segunda mitad del siglo XX, esta idea, sin ser abandonada, sí va sufriendo modificaciones ante la entrada masiva de las mujeres en el mercado laboral de manera normalizada. Esto trastoca la estructura productiva y el sistema de relaciones de género previo. Como señala Victor Seidler, el modelo de las relaciones heterosexuales blancas de clase media tradicionales se ha modificado, en las últimas dos décadas, con el creciente número de mujeres que trabajan. Esto crea las condiciones materiales para una relación más igualitaria pues ambos miembros de la pareja parecen capaces de compartir lo que aportan a su situación de vida, cuando comparten un espacio (Seidler, 2005: 99).

2.1.

Los hombres y la masculinidad

Elisabeth Badinter (1993), en una obra ya clásica, se preguntaba ¿Qué es un hombre?, e intentaba responder afirmando que no era algo natural sino más bien una construcción simbólica y difícil de mantener en sus valores esenciales. Si se mantiene esta situación “artificial” es porque en líneas generales, los hombres se sienten cómodos en su estado, estamos de acuerdo con Pierre Bourdieu cuando afirma que la naturalización de la dominación masculina está basada en un orden preestablecido por una parte de la población y “la fuerza del orden masculino se descubre en el hecho de que prescinde de cualquier justificación: la visión androcéntrica se impone como neutra (como diríamos: siempre ha sido así…) y no siente la necesidad de enunciarse en unos discursos capaces de legitimarlas” (Bourdieu, 2000: 22). 14


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