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Emprendimiento Social: el reto de la transformaciĂłn social
Francisco Javier Cano Montero Laura Ferri RamĂrez
apuntes
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Emprendimiento Social: el reto de la transformaciĂłn social
Francisco Javier Cano Montero Laura Ferri RamĂrez
Índice Tema 1. Conceptos básicos de emprendimiento e innovación social 1. Introducción
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2. Concepto de Innovación Social 3. Concepto de Emprendimiento Social 4. Diferencias entre innovación social y emprendimiento social 5. Concepto de empresa social 6. Críticas a la figura tradicional del emprendedor 7. Perfil del emprendedor social 8. Conclusiones Tema 2. El emprendimiento social en el currículum 1. Introducción
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2. El emprendimiento social en las materias de emprendimiento en Secundaria 3. El emprendimiento social en las materias de emprendimiento en FP 4. La Estrategia Española de Emprendimiento Social 2017-2020 5. Conclusiones Tema 3. Economías alternativas
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1. Introducción 2. Economía Social y Solidaria 3. Economía Feminista 4. Economía del bien Común 5. Economía colaborativa 6. Economía circular 7. Decrecimiento Tema 4. Formas jurídicas
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1. Introducción 2. Formas jurídicas de las empresas sociales 3. Conclusión. ¿Qué forma jurídica elegir? 4. Anexos Tema 5. Finanzas éticas y ayudas
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1. Introducción 2. Programa “Fent Cooperatives”. 3. Finanzas éticas:
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- Cooperativismo de crédito: Caixa Popular, FIARE, Coop57 - Triodos Bank - Otras formas: microcréditos, crowdfunding, seguros éticos 4. Conclusiones Tema 6. Ideas con impacto social. Medición
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1. Introducción 2. Ideas con impacto social en el ámbito valenciano 3. Ideas con impacto social en el resto del Estado 4. Evaluación y medición del impacto social 5. Conclusiones Tema 7. Aplicación en el aula: Metodologías activas
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1. Introducción 2. Aprendizaje Servicio 3. Aprendizaje cooperativo 4. Aprendizaje basado en Retos, Problemas,... 5. Conclusiones Bibliografía
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“Para la economía ortodoxa el núcleo central es el énfasis en las necesidades y opciones individuales y no en las colectivas y en los objetos sociales” Lourdes Benería (2003). Género, Desarrollo y Globalización. Por una ciencia económica para todas las personas.
Tema 1. Conceptos básicos 1. Introducción
2. Concepto de innovación social (IS)
En un contexto de crisis económica internacional, de agravamiento de la brecha social, de imposibilidad de articular respuestas globales para superar dicha situación, reaparecen conceptos como la innovación social, el emprendimiento social o la empresa social que pueden contribuir, local y globalmente, a provocar un cambio y una mejora social.
Podemos establecer el inicio de un corpus de conocimiento serio sobre innovación social con la creación, en 2003, de la Stanford Social Innovation Review del Center For Social Innovation de la Stanford GSB (Stanford University).
La preocupación de la ciudadanía por los problemas sociales en las últimas décadas ha sido de tal magnitud que ha llevado a la Comisión Europea, en su “Estrategia Europa 2020: Una estrategia para un crecimiento inteligente, sostenible e integrador”, a poner la economía social y la innovación social en el centro de sus iniciativas de cohesión territorial, de resolución de problemas sociales y, en concreto, de lucha contra la pobreza y la exclusión. Si bien cuando nos introducimos en el campo de la innovación social y del emprendimiento social nos encontramos con un campo de estudio relativamente nuevo, con poca producción científica y falta de definiciones consensuadas. Ello contribuye a una falta de delimitación conceptual y a imprecisión en el uso de dichos conceptos, siendo usados a menudo como sinónimos. A continuación vamos a intentar hacer una aproximación y un intento de delimitación conceptual, personal y abierta, analizando las distintas definiciones que hemos encontrado tanto en las instituciones de renombre como en la producción científica. Con todo ello, al menos con las más relevantes, y con nuestra propuesta trataremos de acotar y diferenciar los distintos términos así como el campo que abarcan.
En Europa hemos de esperar unos años hasta que The Young Foundation lidere, en 2006, la creación de la red internacional Social Innovation Exchange (SIX) y publique Social Silicon Valleys. A pesar de que ya se venían encontrando desde hace varias décadas distintas conceptualizaciones sobre la innovación social es, desde inicios del presente milenio, cuando empiezan a aparecer múltiples definiciones que aportan algo de luz a un concepto complejo, ambiguo y que da lugar a confusión. A continuación hemos recogido varias de las más reconocidas definiciones realizadas por prestigiosas instituciones que trabajan ese campo: Center For Social Innovation de la Stanford GSB (Stanford University) En la web de esta institución la primera definición sobre IS que nos muestra es: "la innovación social es el proceso de desarrollo y despliegue de soluciones efectivas a problemas sociales y ambientales a menudo sistémicos en apoyo del progreso social”. Es en 2003, con la aparición de la Stanford Social Innovation Rewiew (SSIR), cuando se publica un artículo donde definen la IS como “el proceso de inventar, asegurar el apoyo e implementar nuevas soluciones a las necesidades y problemas sociales”. Posteriormente, en 2008, en la SSIR redefinen el concepto de IS como “una solución novedosa a un 9
problema social que sea más eficaz, eficiente, sostenible que las soluciones existentes y para la cual el valor creado recae principalmente en la sociedad en su conjunto en lugar de en individuos privados (Phills et al., 2008)”. The Young Foundation The Young Foundation fue el proyecto que, entre otros muchos, cristalizó el británico Michael Young, prestigioso sociólogo, activista social y político laborista. Esta organización opta, en su publicación Social Silicon Valleys (2006) por una sencilla definición de la Innovación como “nuevas ideas que funcionan” y de la IS como “nuevas ideas que funcionan para cumplir objetivos sociales”. Otra definición, más elaborada, que encontramos de esta organización es “actividades innovadoras y servicios motivados con el objetivo de satisfacer una necesidad social y que son predominantemente desarrollados y difundidos a través de organizaciones cuyos propósitos principales son sociales”. Parlamento Europeo En el Reglamento de la UE 1296/2013, en su art. 2, se define la IS como “el desarrollo y la puesta en práctica de nuevas ideas (relacionadas con productos, servicios y modelos) que, simultáneamente, satisfagan necesidades sociales y generen nuevas colaboraciones o relaciones sociales, beneficiando de esta forma a la sociedad y reforzando su capacidad de actuación”. En la Guía de la Innovación Social de la Comisión Europea de 2013 se establece que el proceso de la innovación social se compone de cuatro elementos principales: • Identificación de nuevas necesidades sociales, cubiertas o no cubiertas adecuadamente. • Desarrollo de nuevas soluciones en respuesta a estas necesidades sociales. • Evaluación de la eficacia de las nuevas soluciones para satisfacer las necesidades sociales.
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Escalabilidad de las innovaciones sociales eficaces.
El BEPA (Bureau of European Policy Advisors) describe los tres enfoques clave para la innovación social: • Innovaciones que respondan a las demandas sociales, tradicionalmente no satisfechas por el mercado o las instituciones existentes, dirigidas hacia grupos vulnerables de la sociedad como: jóvenes, migrantes, exclusión social,… (a través de FSE, iniciativa PROGRESS,...) •
La perspectiva del desafío social se centra en innovaciones para la sociedad en su conjunto a través de la integración de lo social, lo económico y lo ambiental (programas FEDER URBAN, URBACT).
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El enfoque de cambio sistémico, el más ambicioso de los tres y hasta cierto punto abarcando los otros dos, se logra a través de un proceso de organización desarrollo y cambios en las relaciones entre las instituciones y las partes interesadas.
En dicha Guía, además, se concreta que el objetivo principal de la IS es provocar un cambio social. Social Innovation Generation (SiG) Esta organización canadiense al hablar de IS, también, pone el foco de atención en la realización de un cambio social, como podemos ver en el siguiente video: ¿Qué es la innovación social?
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Por lo tanto, podemos observar que las cuatro instituciones citadas al hablar de IS hacen referencia a la respuesta novedosa a problemas sociales que generen valor social, es decir, que reporten un beneficio a la sociedad y que contribuyan a provocar un cambio social. Aquí es donde nosotros consideramos que reside el quid de la cuestión: la transformación social. La IS puede desarrollarse con la participación de múltiples actores (públicos, privados,…) y a través de distintas formas: emprendimiento social, filantropía, caridad, programas públicos,… Ejemplos de ideas / proyectos socialmente innovadores: Red de revistas vendidas por personas sintecho en los años 90 (tipo La Calle o La Farola), la Colmena que dice sí (intercambio de productos locales ecológicos y artesanos entre productores y consumidores), iniciativa RRHH para los nuestros de L’Oreal (orientación en la búsqueda de empleo a familiares de sus trabajadores), CIGALES (clubes de inversión franceses para fomentar las microempresas locales), Discovery Hands (iniciativa alemana que permite la detección precoz del cáncer de mama mediante la contratación de mujeres invidentes), TheShoeThatGrows (iniciativa que desarrolla un zapato que crece, que dura varios años, destinado a niños/as pobres), una gran conocida en nuestro país es la Fundación ONCE (que no necesita mayor presentación). El desarrollo e impulso de la innovación social es de tal magnitud que encontramos multitud de ejemplos de grandes organizaciones que, bajo diferentes fórmulas jurídicas, se han sumado a esta corriente y que nos hace pensar si realmente quieren contribuir a ese pretendido cambio social, a la transformación social o si, por otro lado, es una forma de hacer un lavado de imagen, en unos casos, o una forma de controlar y desmovilizar aquellas iniciativas que sí pretenden un cambio social. Podemos poner una serie de ejemplos que son verdaderamente ilustrativos de estos comportamientos: - Coca-Cola: la multinacional por excelencia. Que no se caracteriza precisamente por buscar el
bienestar de la ciudadanía, pero que ahora mismo nos está vendiendo su imagen más sostenible y ecologista al estar muy preocupada por la gestión eficiente del agua, tal y como lo muestra en esta infografía y en este video mostrado en las redes. Casualmente lo hace cuando hay varias denuncias contra la multinacional por el agotamiento de acuíferos en países como India, El Salvador o México. - Wal-Mart: la multinacional más grande del mundo (1,3 millones de empleados) que arrastra la sombra de la sospecha tras de sí: explotación laboral, explotación infantil, degradación del medio ambiente,… comportamientos que supusieron una degradación extrema de su imagen corporativa como podemos leer aquí y aquí. Pero que, no obstante, pudieron recuperar gracias a una especie de suerte oportunista en forma de huracán: el Katrina. Supieron reaccionar a tiempo, pusieron su flota de camiones y sus grandes almacenes a disposición de la ciudadanía, dejando en evidencia la falta de organización y de reacción del gobierno ante la catástrofe. Esto le valió para recuperar la imagen tan denostada que había tenido al tiempo que servía de ejemplo para los demagogos neoliberales que justificaron las ineficiencias de los Estados frente a la eficiencia de la iniciativa privada como podemos observar aquí. - Virgin: y su multimillonario y excéntrico creador Richard Branson, defensor a ultranza del mercado y del neoliberalismo, el cual no duda en hacer declaraciones como “los gobiernos no deberían intervenir tanto”, es otro ejemplo de filantropía que busca el cambio social a través del capitalismo. - Fundación Amancio Ortega: Amancio Ortega, creador del imperio INDITEX, ejemplo de la marca España, número 4 en la lista Forbes, también destina parte de sus excedentes a la filantropía. Las críticas que recaen sobre su emporio empresarial se refieren a explotación infantil, esclavitud, explotación laboral, evasión fiscal,… - Fundación ASHOKA y Bill Drayton: el paradigma del emprendimiento social, premio Príncipe de Asturias de Cooperación, también tiene su lado oscuro. Pero, además, también se le critica que esté sostenida por las grandes corporaciones del planeta, la gran banca especialmente, como explican aquí y aquí, y que esto sirva como estrategia de disolución de los bienes públicos y de control de los 11
movimiento sociales con el objetivo de desmovilizarlos. - Fundación AVINA y Stephan Schmidheiny: la homóloga de ASHOKA, con mayor implantación en Latinoamérica. Creada por el multimillonario suizo Stephan Schmidheiny, magnate del negocio del amianto, condenado en Italia por desastre natural doloso a 18 años de cárcel (condena anulada finalmente por prescripción del delito, sin ausencia de la correspondiente polémica). Esta fundación se preocupa por vender una imagen extraordinariamente ecologista y sostenible. - Schwab Foundation y Klaus Schwab: ingeniero y economista alemán cerebro del Foro de Davos, foro que reune a la élite empresarial y política mundial, cuestionado por el movimiento antiglobalización por reunir, para resolver los problemas del mundo, a aquellos que los provocan y a aquellos que defienden el capitalismo a ultranza. La Schwab Foundation es una de las más reconocidas organizaciones de innovación y emprendimiento social.
- Skoll Foundation y Jeff Skoll: su creador, fundador de e-Bay, y también multimillonario que aparece en la lista Forbes. Ahora preside la Skoll Foundation también otra de las grandes reconocidas en el campo de la innovación y el emprendimiento social. Algunos de los ejemplos mencionados aparecen en el documental Filantropía, SL emitido en La noche temática de TVE2. No están todos, la lista es larga y cabría incluir las acciones de Google, Microsoft, Fundación BBVA, Fundación Telefónica, entre otras muchas... pero esto nos ilustra ejemplos destacables de cómo el gran capital se está introduciendo en un espacio que debería estar controlado por aquellos colectivos e instituciones que no tienen intereses ocultos y nos referimos, principalmente, al Estado (como proveedor de servicios y como gran innovador tecnológico y social), a los movimientos sociales (como principales actores del cambio social por su proximidad a los problemas sociales) y a otras instituciones sin ánimo de lucro.
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3. Concepto de emprendimiento social (ES) El emprendimiento social “siempre” ha existido. El emprendimiento social en su forma institucional y moderna tiene dos fuentes históricamente identificables. Por una parte, en los años de 1990, surge en Estados Unidos la Social Entreprise Iniciative, programa de investigación y formación de la Harvard Business School. Y, por otro lado, en Europa emerge la noción de emprendimiento social, en el mismo período, en el seno de la economía social y de su arraigada tradición cooperativa y mutualista. A pesar de su diversidad las experiencias y entidades de ES tienen unos principios en común: • Son el resultado de iniciativas privadas lideradas por ciudadanos preocupados por defender el interés colectivo, por cambiar la sociedad. •
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Tienen una relación muy estrecha con la innovación social, bien sea a nivel de oferta de bienes o servicios, a nivel de la creación de valor social y económico; bien sea en la movilización de recursos, o en las cooperaciones con otros actores, bien sea en el management (la gerencia), aunque podamos encontrar casos de emprendimiento social que no sean innovadores en sí mismo. Pertenecen a la economía de mercado.
El ES vuelve a ser un complejo e impreciso concepto que nos lleva a tener que buscar múltiples definiciones para abordar su estudio. Se puede considerar como ES cualquier “acción, iniciativa o movimiento dentro de la esfera socioeconómica, de origen privado, y orientado a favor del interés general y del bien común o que beneficie a una franja significativa de población (Fournier, 2011)”. El emprendimiento social es definido como “el empeño-compromiso, en crear nuevos modelos de actividad que desarrollen productos y servicios que satisfagan las necesidades básicas de colectivos desatendidos por las instituciones sociales y
económicas convencionales, o también mediante una aproximación desde la perspectiva de los valores de la iniciativa, el compromiso y la autonomía de actuación, característicos de los proyectos empresariales, al ámbito social” (De Pablo, 2005, citado en Melián et al, 2011). También existe otra interesante definición de ES: la creación de nuevos productos, servicios y conductas empresariales que además de satisfacer las necesidades que demanda la sociedad suponga una transformación social sostenible (Dacin, et al., 2010, citado en Alonso, D. et al, 2015). Otra definición muy reconocida es la de Mair y Martí (2006) (citado en Alonso, D. et al, 2015) quienes consideran el emprendimiento social como un proceso de creación de valor mediante nuevas combinaciones de recursos. Estas combinaciones de recursos están destinadas principalmente a explorar y explotar las oportunidades para crear valor social, estimular el cambio social o satisfacer nuevas necesidades sociales. Asimismo, existen autores que niegan que existan diferencias entre el emprendimiento social y el emprendimiento comercial, en tanto que todo emprendimiento contribuye a un fin social: creación de riqueza y empleo, bienestar y pago de impuestos. Podríamos establecer que la diferencia principal entre el emprendimiento comercial y el emprendimiento social es que, si bien ambos tipos general valor social, en el primer caso la generación de valor social es una consecuencia indirecta mientras que en el emprendimiento social es el objetivo principal: crear valor social para los demás, no para apropiárselo (GEM 2014). Cuando nos acercamos a la conceptualización del ES descubrimos un término complejo, ambiguo, con falta de consenso, con múltiples acepciones que va desde una caracterización del mismo amplia, es decir, cualquier iniciativa empresarial que introduzca dentro de su actividad las preocupaciones sociales, es decir, que se preocupe por los fines sociales; hasta una concepción más reduccionista que considere solo a aquellas organizaciones sin ánimo de lucro que tengan un gran impacto social. 13
La línea que nosotros seguimos, de acuerdo con la propuesta del ecosistema del ES de Fournier (2011), es estudiar el mismo desde esa perspectiva amplia, haciendo especial hincapié en la experiencia que acumulan las empresas de la economía social y del Tercer Sector, sin cerrarnos al resto de posibilidades, y considerando la importancia que tiene el que las organizaciones tengan independencia financiera -que no dependan de subvenciones ni de la filantropía, ni de la caridadpara garantizar una sostenibilidad en el tiempo. El emprendimiento social está siendo propuesto como fórmula “redentora” para reformular el orden económico-financiero mundial devastado por la propia lógica de su funcionamiento, o por la implantación de la ortodoxia neoliberal.
La empresa social busca combinar la utilidad económica con la “creación de valor social”, ya que esa es la finalidad primera del emprendimiento social. La creación de valor social sería la búsqueda de la mejora social mediante la eliminación de: • las barreras a la inclusión social, • la desigualdad social en sus múltiples formas o, • el impacto negativo que provoca la actividad económica. En lo que no coincidimos con algunos autores (Fournier, 2011) es en que el ES sea una respuesta a los fallos del mercado y de la economía, que actúe como paliativo al proceso destructivo del capitalismo. Consideramos que el ES tiene, o debiera tener, una clara vocación de transformación social, de superar el modelo económico imperante, más que de ser un “corrector” de sus deficiencias.
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4. Diferencias entre innovación social y emprendimiento social Llegados a este punto vemos cómo la imprecisión en la definición de ambos términos nos lleva a entender que estamos hablando de cosas muy similares. Vamos a intentar establecer diferencias aún cuando dichas diferencias generan encendido debate (Alonso, D. et al, 2015): - Campo de actuación: La IS se refiere a un campo más amplio de actuación, se encarga de resolver los problemas de la sociedad en general, del Estado, de las comunidades locales,… mientras que el ES lo hace también pero desde la óptica de los negocios. - Impacto que genera en la sociedad la IS: el mayor campo de actuación supone un mayor impacto, pero además es mas duradero, llega a influir en el cambio de creencias, valores, ideologías,... - Innovación social como herramienta del emprendimiento social: algunos autores afirman que el ES puede desarrollar actividades innovadoras con gran impacto social. - Emprendimiento se centra en la persona (emprendedor) u organización mientras que la innovación social lo hace en el cambio social. - La innovación social se puede desarrollar en todo tipo de empresas (sociales o comerciales) - Diferencias en la forma de generar valor: la empresa social genera innovación social a través de actividades emprendedoras como RSC, acciones filantrópicas o caritativas, mientras que la IS consigue generar valor a partir de cambios gubernamentales, legales, económicos,... - La innovación social no siempre es necesaria para el emprendimiento social y viceversa. La innovación social difiere del emprendimiento social en el proceso, aunque no en el resultado. - La innovación social surge de la intersección de tres niveles (Sociedad, organizaciones e instituciones o entidades públicas), mientras que el emprendimiento social sólo de dos (Sociedad y organizaciones). - La sostenibilidad del emprendimiento social, busca su continuidad en el tiempo. - Los tipos de valor social generado difieren
entre innovación social y emprendimiento social. El ES se centra en mejoras tangibles (bienes y servicios) mientras que la IS se centra en mejoras intangibles (cambio de actitudes, comportamientos, valores, actuaciones,...) En conclusión, el emprendimiento social contribuye a la sociedad desde el ámbito de la empresa y los negocios, mientras que la innovación social lo hace desde un campo mayor: promoviendo el cambio en las organizaciones, instituciones, ciudadanía,...
5. Concepto de empresa social Si los conceptos de innovación social y de emprendimiento social son difíciles de definir, el de empresa social no lo es menos. Hemos de considerar que las empresas sociales se encuentran con distintas tradiciones y experiencias locales, con distintas categorizaciones y, lo más importante, con distintas legislaciones. El concepto de empresa social, en Europa, surge a inicios de 1990 en Italia “Impresa sociale”, en el corazón del tercer sector, cuando el parlamento italiano regula por ley las cooperativas sociales. En Francia, España, Portugal y Grecia, las empresas sociales adoptaron, en un primer momento, formas legales cooperativas, mientras que Reino Unido e Italia incluían también otras formas legales. En EEUU surge, también a inicios de los 90 cuando en 1993 la Harvard Business School lanzó la “Iniciativa de Empresa Social” (Defourny et al, 2012). En 2002, el gobierno británico también promovió una definición de empresa social como “un negocio con objetivos principalmente sociales cuyos excedentes se reinvierten principalmente para este fin en el negocio o en la comunidad, en lugar de estar dirigida por la necesidad de maximizar los beneficios para los accionistas y propietarios” (Monzón et al, 2016). En 2010, en el Reino Unido, surge la Social Enterprise Mark, (SEM), con el propósito de defender la “marca empresa social” de entidades sostenidas con fondos públicos, de entidades que no 15
persiguen sus objetivos sociales a través del comercio, y de corporaciones privadas disfrazadas de empresas sociales. Y elaboran unos criterios para identificar a una organización como empresa social: - Objetivos sociales y medioambientales evidenciados en documentos constitutivos; - Organización independiente y legalmente constituida, con gobierno autónomo; - El 50% o más de las ganancias deben proceder del comercio, con evidencia sobre la utilización de “prácticas de contabilidad estándar”; - El 50% o más de los beneficios de la organización deben destinarse a los objetivos sociales y medioambientales de la organización; - En caso de disolución los activos residuales se destinan a propósitos sociales y medioambientales; - Demostrar el logro de los objetivos sociales y medioambientales. La estadounidense Social Enterprise Alliance define la empresa social como “Organizaciones que abordan una necesidad básica insatisfecha o resuelven un problema social a través de un enfoque impulsado por el mercado”. The European Research Network, EMES, ha propuesto una definición basada en cuatro criterios económicos: • actividad continuada de producción o de venta de bienes y servicios, • alto nivel de autonomía, • riesgo económico significante en relación con su viabilidad financiera • y un número mínimo de trabajadores, y cinco criterios sociales: • voluntad explícita de beneficio para la comunidad, • iniciativa ciudadana, • decisiones no basadas en la propiedad del capital, • carácter participativo envolviendo a los protagonistas de la actividad • y distribución limitada de los beneficios. Este enfoque de EMES incluye en el concepto de
empresa social a organizaciones de distinto tipo como cooperativas, mutualidades, asociaciones, fundaciones, empresas de inserción, centros especiales de empleo, empresas de lo que llaman notfor-profit1 que en otros países se les conoce como Economía Social, y algunos autores las llaman empresas híbridas, empresas con una misión social y otra económica-comercial, las cuales financian su actividad con los beneficios que generan (GEM 2014). Desde esta perspectiva el Tercer Sector 2 se configura como un sector intermedio entre la iniciativa privada y el sector público. Así el concepto de empresa social que propone EMES es “una organización creada con la meta explícita de beneficiar a la comunidad, iniciada por un colectivo de ciudadanas y ciudadanos en la que el interés material de los inversores de capital está sujeto a límites” (Defourny et al, 2006). El enfoque seguido en EEUU, respecto del concepto de empresa social, se centra más en las organizaciones non-profit que recurren al mercado para conseguir ingresos debido a la disminución de los subsidios públicos y a los límites de la filantropía, si bien en EEUU existen varias escuelas (las veremos más adelante). Mientras que en Europa se subraya la hibridación de sus recursos: pueden provenir de las ganancias propias de la actividad, de fondos públicos, de donaciones o de voluntariado (Deforuny et al, 2008). La Comisión Europea, en su Iniciativa por el emprendimiento social (2011), define, muy acertadamente, que: “...una empresa social es una empresa: • cuyo objetivo principal es tener un impacto social antes que generar beneficios para los propietarios y accionistas, • que aprovecha sus superávits 1
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Not-for-profit: alocución que hace referencia a organizaciones que permiten distribuir hasta cierto límite los beneficios de la organización. Se diferencia de las Nonprofit en que éstas no pueden distribuirse ningún beneficio. Aprovechamos para definir, de forma rápida, al Tercer Sector como aquel grupo de organizaciones que no pertenecen al sector público ni al privado (lucrativo): asociaciones, fundaciones, cooperativas,… con objetivos sin ánimo de lucro. 16
fundamentalmente para alcanzar esos objetivos sociales, • que es gestionada por empresarios sociales de forma responsable, transparente e innovadora, en especial mediante la implicación de los trabajadores, los clientes y todos aquellos a los que afecta su actividad.” Principales coincidencias y diferencias entre los principales enfoques de empresa social Fuente: Monzón et al (2016)
Al comparar estos enfoques observamos similitudes, con alguna diferencia como los ingresos a generar por la actividad y los beneficios a reinvertir (para el caso británico) y la ausencia de referencia explícita a la dimensión participativa en el caso norteamericano (Monzón et al, 2016). El Dictamen del Comité Económico y Social Europeo (CESE) sobre los “Distintos tipos de empresa” (2009) ya recoge la difícil categorización de las empresas sociales, al tener multitud de formas
legales, pero ya menciona a cooperativas y cooperativas sociales, fundaciones, asociaciones, mutualidades (lo desarrollaremos en el tema 5), destacando la importancia de su actividad económica en el seno de la UE: • La economía social representa el 10 % del conjunto de las empresas europeas, es decir, 2 millones de empresas, • el 7 % del empleo asalariado total, unos 11 millones de europeos y europeas, • las cooperativas agrupan a 143 millones de socios, • las mutualidades a 120 millones,
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y las asociaciones al 50 % de la ciudadanía de la UE.
Además, en la Iniciativa por el emprendimiento social, también se habla que una de cada cuatro empresas nuevas que se crean anualmente en la UE son empresas sociales e, incluso, una de cada tres en Finlandia, Francia y Bélgica. Podríamos ubicar a las empresas sociales en un continuo entre las empresas más sociales a las 17
puramente comerciales: Tipos de empresa de la más tradicional a la más social Fuente: Villajos et al, 2012
A pesar de todo ello, se echa en falta que la legislación nacional siga sin definir el concepto de empresa social. Haciendo caso a los orígenes de lo que podríamos llamar empresa social en Europa -la Economía Social-, al informe del Consejo Económico y Social Europeo que habla de cooperativas, mutualidades, empresas de inserción, … y a la Ley 5/2011, de 29 de marzo, de Economía Social, que considera empresas de la economía social tanto a asociaciones, fundaciones, mutualidades como a cooperativas, sociedades laborales, empresas de inserción, centros especiales de empleo,… Tomaremos, por tanto, como formas jurídicas de la empresa social a todo ese compendio de empresas que anteponen el interés social al económico o comercial.
6. Críticas a la figura tradicional del emprendedor Diversos autores (Alfonso y Fernández, 2013; Moruno, 2015 y Briales, 2017) defienden que detrás de las políticas y medidas de fomento del emprendimiento pueden esconderse tendencias ideológicas neoliberales, al centrarse tan sólo en un tipo de emprendimiento de carácter individual. Tal como señalan autoras como Cassián (2015) o Serrano (2015), parece haber cierta intencionalidad ideológica al tratar los temas del auto-empleo y el emprendimiento, centrándose en la figura del emprendedor individualista y olvidando otras opciones como son el cooperativismo o la economía social.
En relación con esto, de acuerdo con Briales (2017) uno de los asuntos principales de la investigación social crítica en las últimas décadas ha sido el análisis de los efectos de la cultura de la psicologización de la relación salarial. En concreto, el emprendimiento ha sido uno de los temas estrella, puesto que se ha situado el peso principal de las explicaciones del desempleo en la aparente poca cultura emprendedora de la población española (Briales, 2017). De acuerdo con Serrano (2015), “La noción de emprendimiento, que está actuando como un importante mantra a partir de 2013, constituye el último eslabón de una cadena de nociones dirigidas a afirmar una cruzada contra la dependencia (del Estado social, del empleador, de la familia, etc.)” (Serrano, 2015: 38). Cada vez es más habitual encontrar políticas de empleo y medidas3 que se centran en la figura del emprendedor como la solución a la crisis, el salvador de la situación en la que nos encontramos, dejando caer sobre sus espaldas toda la responsabilidad. Serrano (2015) indica que “El emprendimiento pasa así a entenderse como una cualidad moral (...). Los sujetos emprendedores son más que individuos exitosos; serían los redentores de la crisis” (Serrano, 2015: 39), señalando esta misma autora, a continuación que: “Los emprendedores estarían dotados de una naturaleza especial, de unas cualidades que le otorgan un espíritu: son sujetos valientes que buscan nuevos desafíos con los que no solo salvarse a sí mismos, sino salvar al conjunto de la sociedad de la crisis en la que se ahoga”. (Serrano, 2015: 39). Dicho cambio en la concepción moral del empresariado (de un simple empresario a un extraordinario emprendedor) no se produce de manera casual. De acuerdo con Cassián (2015), se enmarca dentro de una corriente económica e 3
Ejemplos de ello son la Estrategia de Emprendimiento y Empleo Joven 2013/2016, la Ley 14/2013, de 27 de septiembre, de apoyo a los emprendedores y su internacionalización o la Ley 3/2012, de 6 de julio, de medidas urgentes para la reforma del mercado laboral, que contemplaba en su segundo capítulo la creación del contrato indefinido de apoyo a los emprendedores.
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ideológica de neoliberalismo que fue planteada por los economistas de la llamada Escuela de Chicago (capitaneada por Milton Friedman) y aplicada en diversos países en las décadas de 1980 y 1990. Según Cassián (2015): “La consolidación de la nueva cultura empresarial debe entenderse en el marco de una serie de valores que empiezan a ser promovidos por los gobiernos neoliberales de Margareth Thatcher y Ronald Reagan” (Cassián, 2015: 24). Tal como señala esta autora, durante las políticas de estos gobernantes se desarrolló un programa de gobierno basado en el fomento de la emprendimiento, que excedió el ámbito de la empresa. En el Reino Unido, los subsidios públicos para la actividad emprendedora se establecieron durante el gobierno de Thatcher y se mantuvieron durante el gobierno de Blair 4 , quien hizo que las universidades promovieran el emprendimiento a través del diseño de un currículum académico específico5. La Ley 14/2013, de Apoyo a los emprendedores y su internacionalización consolida lo que parece ser la principal propuesta contra el desempleo de los gobiernos neoliberales: el emprendimiento. Existe, según Briales (2017), una colonización de los razonamientos economicistas asociados al emprendimiento que está desbordando ampliamente la esfera del campo económico, del mercado laboral o de la empresa. Pone como ejemplos de dicha colonización, además de la aparición de nuevas materias en el currículum educativo, algunos programas de la televisión pública 6, o incluso la introducción en algunos espacios críticos o anti4
Margaret Thatcher ocupó el cargo de Primer Ministro entre 1979 y 1990, mientras que Tony Blair ocupó dicho cargo entre los años 1997 y 2007.
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La obra del sociólogo Paul du Gay (Du Gay, 2003) es un referente del análisis crítico de la promoción del
neoliberales. El autor cita para ilustrar esta afirmación el “Banco de Talentos” organizado por la formación política Podemos en 2014, el “Grado en Liderazgo Emprendedor e Innovacion” de la Universidad de Mondragón o las subvenciones a Lanzaderas de Empleo y Viveros del gobierno de Ahora Madrid en el Ayuntamiento de Madrid. Se tratan todas ellas de instituciones críticas con el capitalismo pero que, a su vez, han puesto en marcha medidas de fomento del emprendimiento, lo cual puede parecer contradictorio. Existe, según Alonso y Fernández (2013), un abuso del discurso del emprendedor, en la vida cotidiana de las personas, “a las que se les exige una disponibilidad permanente para el cambio de empleo continuo (y con condiciones de trabajo cada vez más inestables y menos reguladas), se les pide un esfuerzo de formación, reciclaje y prácticas a cuenta del buscador de empleo y se les anima a luchar contra la dificultad de encontrar empleo, creando empresas propias o auto-empleándose” (Alonso y Fernández, 2013: 65). Y es que, de acuerdo con Du Gay (2003) frente a la idea de que todo mundo es trabajador en potencia (típica de la era socialdemócrata) el nuevo management ha impuesto la idea contraria de que todos tenemos capital (económico, social, humano, etc.) y somos empresarios, “empresarios de nosotros mismos” (Du Gay, 2003: 260). A pesar de sus connotaciones aparentemente positivas7, la categoría de emprendimiento, de acuerdo con Briales (2017), profundiza en las principales líneas de las políticas de empleo neoliberales: la progresiva disolución de la mediación del contrato de trabajo y de la figura del trabajador asalariado dependiente, la consiguiente individualización de los riesgos, la potencial eliminación de facto del reconocimiento estatal de la
emprendimiento desde las medidas neoliberales de reconversión de las políticas de Estado en el Gobierno de 6
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Como ejemplo de ello, el artículo recientemente aparecido
Thatcher.
en la revista S-moda titulado “Cómo criar a nuestros hijos
Como ejemplos, los programas emitidos por la televisión
para que sean futuros emprendedores” (Megía, 2017). En
pública estatal, RTVE: el programa semanal Emprende
dicho artículo el autor, apoyado en las intervenciones de
(Corporación Radio Televisión Española, 2017) o el
algunos profesionales, da consejos a los padres para que sus
programa Aquí hay trabajo (Corporación Radio Televisión
hijos adquieran las habilidades necesarias para emprender un
Española, 2011).
negocio propio.
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desigualdad de clase y, en último término, del ámbito de actuación del derecho laboral como derecho específico de los trabajadores, no de los individuos. El emprendedor desde esta perspectiva es, de acuerdo con este autor, “otro modo de denominar al mito del individuo liberal clásico, un sujeto auto-determinado sin lazos sociales de cuya voluntad depende su destino” (Briales, 2017: 83). Autores como Moruno (2015) consideran que esta forma de empleo responde a un modelo ideológico que vende el emprendimiento como éxito, al más puro estilo americano, cuando en la mayoría de las ocasiones refleja una de las formas más precarias de empleo, ajena a cualquier conquista social adquirida. El discurso del emprendimiento se sostiene, según Briales (2017), entre otros aspectos, sobre la base de un ocultamiento de las dificultades objetivas de emprender con éxito para la mayor parte de la población trabajadora. Desde esta perspectiva social crítica afirma este autor que: “Lo que explica el mejor o peor acople a la crisis no son las capacidades o actitudes individuales ni tampoco el hecho de pertenecer a la categoría de “empresario”. Lo determinante es tener la posición de poder social y económico dentro del tejido productivo-financiero que se define relacionalmente en función de la capacidad de sostenerse frente a los vaivenes relativamente impredecibles de los mercados.” (Briales, 2017: 85). El discurso del emprendimiento opera, por tanto, de acuerdo con este autor, como un dispositivo de individualización de la relación salarial que oculta el fuerte contraste entre el plano ideal –autonomía, independencia subjetiva, éxito– y los obstáculos materiales reales –profundización del endeudamiento, alta proporción de fracaso, precarización–. Debemos, por tanto, al hablar de emprendimiento tener en cuenta el tratamiento que se da a la figura del emprendedor tradicional y ver si se limita a un tratamiento superficial, quedándose en el plano
ideal del emprendimiento, en su enfoque neoliberal, o bien si se llegan a tratar los obstáculos reales que dicha alternativa comporta, en un enfoque más amplio y crítico. El papel del profesorado, desde nuestro punto de vista, debe ser crítico con esta figura idealizada, ofrecida como única alternativa al trabajo por cuenta ajena (y única solución a la crisis) y tener en cuenta las alternativas de emprendimiento social como opciones atractivas para el alumnado.
7. Perfil del emprendedor social Para ver cuáles son las características socioeconómicas del emprendedor social, vamos a ver los datos del Global Entrepreneurship Monitor (Informe GEM España 2014). Según el mismo, los negocios iniciados por emprendedores sociales han aumentado en la mayoría de regiones del mundo y cada vez son más las personas que inician negocios con objetivos de bien común y no solo con la meta de obtener beneficios. El emprendimiento social está definido por el informe GEM 2014 como cualquier iniciativa que tiene un objetivo social, ambiental o comunitario. Como indica el Informe, el promedio mundial de adultos de entre 18 y 64 años que están en el proceso de crear una empresa social es del 3,2%, una cifra inferior al 7,6% de quienes se encuentran en vías de poner en marcha una startup con fines comerciales. Si miramos las cifras de emprendimiento social a nivel mundial, España presenta el menor porcentaje de emprendedores sociales de Europa, con una tasa de apenas el 0,51% de la población adulta (18-64 años). Esta situación contrasta fuertemente con el nivel de emprendimiento social de los países nórdicos, con Islandia (4,24%) o Finlandia (2,71%) como más destacados. Realizando el mismo análisis por Comunidades Autónomas en España, Baleares y Madrid son, según el informe GEM 2014, las regiones con mayor porcentaje de población adulta involucrada en actividades de emprendimiento social con un 1 y un 0,95%, respectivamente. Por el contrario, La Rioja, Ceuta y Melilla se encuentran a la cola por volumen de emprendedores sociales. El resto de Comunidades 20
Autónomas se mueven en porcentajes de entre el 0,20 y el 0,80% de la población adulta.
8. Conclusiones
Pasando a un análisis de género, indicar que el perfil del emprendedor en lo que se refiere al género es principalmente masculino, si bien la diferencia con el segmento femenino no es especialmente destacable. La tendencia, bastante estable en todo el país, únicamente se invierte en los casos de Islas Canarias, Castilla León y País Vasco, donde las mujeres están sensiblemente más involucradas en proyectos de emprendimiento social que los hombres. En cuanto a la edad de los emprendedores, se observa que el mayor porcentaje de población adulta emprendedora supera los 35 años, mientras los porcentajes de emprendedores entre la población más joven (hasta 34 años) son notablemente inferiores. Esta tendencia, además, es bastante estable en todas las Comunidades Autónomas del país.
La Comisión Europea, en su “Estrategia Europa 2020: Una estrategia para un crecimiento inteligente, sostenible e integrador”, ha puesto a la economía e innovación social en el centro de sus iniciativas para la resolución de problemas sociales y lucha contra la pobreza y la exclusión. A pesar de las dificultades para llegar a una definición unánime de los conceptos de innovación social, emprendimiento social y empresa social, tal como hemos visto en este tema, hemos preferido tomar como punto de partida un concepto amplio que incluya todo tipo de formas jurídicas y entidades que tengan una finalidad social, anteponiendo por tanto los fines sociales a los meramente comerciales.
Finalmente, el análisis de los datos por nivel de formación muestra el predominio de los emprendedores con estudios medios o títulos de formación profesional, seguidos de personas que únicamente cubrieron la enseñanza básica obligatoria y la enseñanza secundaria o bachillerato. Las personas en ambos extremos de formación están menos vinculadas a proyectos de emprendimiento social. Nuevamente, esta tendencia se mantiene por Comunidades Autónomas.
Partiendo de esta concepción amplia, hemos introducido una perspectiva crítica con la figura del emprendedor idealizada que tanto abunda en los programas dedicados al fomento del emprendimiento en todo tipo de entidades hoy en día. Esta perspectiva crítica es necesaria para dar una visión real del emprendimiento a nuestro alumnado, además de tener en cuenta la ideología subyacente a ese emprendedor idealizado que tan sólo busca traspasar la responsabilidad del Estado al individuo, aprovechando de paso para recortar en ayudas sociales. Finalmente hemos hecho un breve análisis del perfil del emprendedor social mediante los datos recogidos en el Global Entrepreneurship Monitor, para así hacernos una idea del tipo de personas que optan por esta vía.
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