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Dirigida por Juan José Tamayo ÚLTIMOS LIBROS PUBLICADOS: Mujeres, hombres y catolicismo en la España contemporánea. Nuevas visiones desde la Historia Inmaculada Blasco Herranz (Editora) Descodificando el Islam. El islam en internet en España Arturo Guerrero Enterría Soportarás Todos los Males. La Violencia Contra las Mujeres en el Cristianismo Primitivo Emma González González Teología desde las Víctimas AAVV Cátedra Chaminade Autonomía, Género y Diversidad: Itinerarios feministas para una democracia intercultural Octavio Salazar Benítez La Iglesia en una sociedad postmoderna AAVV Cátedra Chaminade Librepensamiento e Islam Waleed Saleh

Herejía es una creencia o teoría que entra en conflicto con el dogma establecido. A día de hoy persisten en el discurso y la práctica religiosas —o en el imaginario colectivo sobre la religión católica que reproducen los medios de comunicación e incluso muchos intelectuales y personas formadas— falsedades, incoherencias o planteamientos antievangélicos, ampliamente superados por las más modernas corrientes teológicas. Los textos aquí reunidos pretenden señalarlas, analizar las consecuencias de su aplicación y contraponer en cada caso los principios de la teología y la exégesis que las rebaten, con el fin de ofrecer al final el retrato de Dios que más se ajusta al Evangelio y en el que los cristianos decimos creer. De este modo los distintos capítulos van confrontando distintas imágenes de Dios, creadas más a imagen y semejanza de los intereses humanos que coherentes con el Dios de Jesús de Nazaret. Todas estas cuestiones, especialmente relevantes para ser cristiano hoy, son abordadas desde diferentes perspectivas por diversos teólogos y teólogas. Sus reflexiones, análisis y propuestas fueron formulados en una primera instancia en el foro de la Cátedra de Teología Contemporánea «José Antonio Romeo» del Colegio Mayor Universitario Chaminade de Madrid. Ahora el lector tiene en sus manos el libro coral aunque unitario al que han dado lugar los textos de dicho curso: en todos ellos —divulgativos, informados, reflexivos, críticos, propositivos— se escucha no sólo el rigor del experto sino sobre todo la voz del creyente comprometido, que quiere iluminar el itinerario cristiano en el momento presente.

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Ciencias de las Religiones

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COLECCIÓN DIÁSPORA

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Religión, razón y esperanza El pensamiento de Ernst Bloch Juan José Tamayo Maestros y testigos AAVV Cátedra Chaminade Grito Africano Por el derecho a existir Cyprien Melibi Melibi Ignacio Ellacuría Utopía y teoría crítica Juan José Tamayo, Luis Alvarenga (Directores)

HEREJÍAS Y DISIDENCIAS

La renovación pendiente AAVV Cátedra Chaminade San Romero de América Juan José Tamayo (Director)

José Arregi, Antonio Ávila, Carmen Bernabé, Cristina Inogés Sanz, Marta López Alonso, Jesús Martínez Gordo, Mercedes Navarro, Xabier Pikaza, Pepa Torres y Javier Vitoria Cormenzana

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HEREJÍAS Y DISIDENCIAS


COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT HUMANIDADES

Manuel Asensi Pérez

Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València

Ramón Cotarelo

Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia

Mª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València

Juan Manuel Fernández Soria Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València

Pablo Oñate Rubalcaba

Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València

Joan Romero

Catedrático de Geografía Humana Universitat de València

Juan José Tamayo

Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid

Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales


José Arregi, Antonio Ávila, Carmen Bernabé, Cristina Inogés Sanz, Marta López Alonso, Jesús Martínez Gordo, Mercedes Navarro, Xabier Pikaza, Pepa Torres y Javier Vitoria Cormenzana

HEREJÍAS Y DISIDENCIAS

tirant humanidades Valencia, 2018


Copyright ® 2018 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de los autores y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant Humanidades publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com.

Director de la colección:

Juan José Tamayo

Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid

© AA.VV.

© TIRANT HUMANIDADES EDITA: TIRANT HUMANIDADES C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: www.tirant.es ISBN: 978-84-17508-24-1 Si tiene alguna queja o sugerencia envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia por favor lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro Procedimiento de quejas. Responsabilidad Social Corporativa: http://www.tirant.net/Docs/RSCTirant.pdf


Índice Sobre el concepto de herejía José Arregi

1. A modo de introducción: dos significados de herejía.............................. 13 2. El hereje Jesús, guía de nuestra fe........................................................... 15 3. Un movimiento «herético», plural: las primeras iglesias........................ 18 4. Ortodoxia, herejía y anatema: espiral contra la comunión..................... 23 5. La contingencia histórica de la verdad y de la herejía. Unos ejemplos... 28 6. El «imperativo herético», la herejía inevitable......................................... 32 7. La háiresis necesaria entre mímesis y póiesis............................................. 39 8. A modo de conclusión: un ecumenismo más allá de ortodoxia y heterodoxia.......................................................................................................... 47

Herejías fructíferas

Cristina Inogés Sanz

1. Desde antiguo........................................................................................... 54 2. Ya en la Edad Media.................................................................................. 54 2.1. ¿Por qué la Edad Media es tan propensa a la aparición de herejías?.................................................................................................... 54 3. Movimientos medievales, ¿heréticos o no?............................................. 55 3.1. Movimiento herético no fructífero.................................................. 56 3.2. Movimientos «heréticamente fructíferos»...................................... 57 3.3. Los Valdeses y la Orden de los Franciscanos................................... 58 3.4. Los lolardos....................................................................................... 62 3.5. Los husitas........................................................................................ 63 3.6. Las beguinas..................................................................................... 64 4. Ya en el Renacimiento............................................................................... 66 4.1. Teresa de Jesús y Martin Lutero: navegando por las corrientes de pensamiento..................................................................................... 66 5. ¿Qué pasó hasta el Concilio Vaticano II?................................................. 69 5.1. Las órdenes religiosas...................................................................... 70 5.2. Otras personas y movimientos que no cejaron en el empeño........ 70 6. La nouvelle théologie................................................................................ 72 7. El Concilio Vaticano II............................................................................... 72 8. Para nosotros hoy..................................................................................... 73 8.1. Qué nos han enseñado las herejías fructíferas............................... 73


Jesús: Dios sin padre frente al hombre Dios F. Javier Vitoria Cormenzana

1. Un lenguaje extranjero............................................................................. 78 2. Las herejías cristológicas viven encriptadas en la Iglesia actual............ 80 2.1. La negación de la verdadera humanidad de Jesús.......................... 80 2.2. La negación implícita de la divinidad de Jesús............................... 86 2.3. ¡Menos mal que aún queda Jesús!................................................... 89 3. La fe en la divinidad del Jesús recordado................................................ 91 3.1. La fe en Jesucristo se origina en la experiencia de su resurrección.................................................................................................... 92 3.2. La singular relación de Jesús con Dios/Abba del Reino................. 94 3.3. Todavía la divinidad de Jesús.......................................................... 95 3.4. Diálogo intraeclesial y hermenéutica.............................................. 98

Dios sin carne frente al Hombre-Dios Jesús Martínez Gordo

1. «Con carne» y «de Dios»............................................................................ 103 1.1. El equilibrio permanentemente inestable....................................... 105 1.2. Teologías y espiritualidades............................................................. 109 1.3. La tarea............................................................................................. 110 2. El imposible hilo directo........................................................................... 111 2.1. La «inmediatez mediada»................................................................. 113 a) La «noche oscura»....................................................................... 114 b) La «luz en la oscuridad»............................................................. 116 2.2. Autentificada, además de mediada.................................................. 117 2.3. La «radical cercanía» de Dios............................................................ 118 3. La intuición............................................................................................... 121 3.1. La potencia iluminadora de la intuición.......................................... 122 3.2. Los riesgos de la intuición................................................................ 123 4. Conclusión................................................................................................. 124

Dios excluyente (varón) versus Dios inclusivo Mercedes Navarro Puerto

1. 2. 3. 4. 5.

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El YHWH bíblico patriarcal....................................................................... 130 El YHWH bíblico «diferente».................................................................... 137 La norma evangélica y la representación de la divinidad........................ 141 El D*s bíblico y el género........................................................................... 147 Concluyendo: un D*s inclusivo................................................................. 149

Índice


Del Dios vengador al Dios amor Xabier Pikaza

1. 2. 3. 4. 5. 6. 7.

De la tragedia griega a la revelación bíblica............................................. 152 Dios de Israel, guerra santa y venganza................................................... 156 Llueve para todos: amor universal (Mt 5, 43-45 par)............................. 163 No juzguéis (Mt 7, 1-3)............................................................................. 168 Juicio final, más allá del juicio (Mt 25, 31-46)....................................... 175 Conclusión. Dios, carta magna de amor (1 Jn 4, 7-21).......................... 180 Conclusión. Más allá de la venganza. Una religión de amor................... 186

«Dios lo ha querido» frente a «ser las manos de Dios en el mundo» Marta López Alonso

1. Introducción.............................................................................................. 195 2. Problemas teológicos que plantea el «Dios lo ha querido»...................... 199 2.1. ¿Qué Dios es ese que premia el bien y castiga el mal?.................... 199 2.2. ¿Qué Dios es ese que permite un absurdo?..................................... 201 2.3. ¿Qué Dios es ese que permite que seamos despojados?................. 202 2.4. ¿Qué Dios es ese que permite el sufrimiento como elemento pedagógico?.......................................................................................... 203 2.5. El inconformismo humano: hacia la conquista de la bendición en la noche............................................................................................. 204 3. ¿Puede Dios sufrir?................................................................................... 206 3.1. Los hitos de la reflexión en torno a la posibilidad del sufrimiento de Dios.............................................................................................. 207 a) El dios griego es portador de perfección y salud....................... 207 b) La impasibilidad del dios estoico............................................... 207 3.2. El Dios cristiano: ¿Un Dios patético o apático?................................ 208 3.3. Jesús: el paso definitivo de Dios con nosotros y no contra nosotros.................................................................................................... 214 4. El poder de las manos............................................................................... 217 4.1. «…sabiendo que el Padre le había puesto todo en sus manos» (Jn 13,3).................................................................................................. 217 4.2. Alza tu cayado, extiende tu mano (Ex 14,16)................................. 221 5. Conclusión................................................................................................. 223

El Dios del más allá frente al Reinado de Dios en la tierra Antonio Ávila

1. Introducción.............................................................................................. 225 2. Punto de partida: Una mirada al hecho religioso.................................... 226

Índice

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3.

4.

5.

6.

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2.1. El hombre, siempre que se ha dirigido a Dios, ha sido con la conciencia de que podía intervenir en este mundo o porque le podía abrir las puertas del otro.................................................................. 226 2.2. Modelos de comprensión de la forma de intervenir Dios en el mundo, en la historia y en nuestras propias vidas......................... 227 a) Un dios que mira desde fuera y desde arriba indiferente a lo que aquí pasa.............................................................................. 228 b) Un dios/unos dioses que desde el Olimpo interviene/n en los acontecimientos de la historia, tomando partido por unos o por otros..................................................................................... 229 c) Un dios/unos dioses que interviene/n en la vida de los seres humanos prefijando su destino................................................. 230 d) El Dios que escucha, se abaja y camina con su pueblo los caminos de la historia............................................................................... 231 La historia como lugar teológico.............................................................. 233 3.1. Un antecedente: la teología de Melchor Cano................................. 233 3.2. El resurgir en la primera mitad del pasado siglo del pensamiento sobre la historia como lugar teológico............................................. 233 3.3. La reflexión teológica sobre el tiempo presente, que influirá en los textos conciliares.............................................................................. 235 3.4. El pensamiento teológico posconciliar............................................ 237 3.5. Cerrando el círculo: De la comprensión teológica de la historia al compromiso. La dimensión social de la fe....................................... 240 Más allá de la historia general. Nuestra historia personal como lugar de la manifestación de Dios........................................................................... 242 4.1. Un Dios que se hace presente en la vida de las personas............... 243 4.2. Un encuentro que marca la propia biografía................................... 243 4.3. Un encuentro dador de sentido....................................................... 245 ¿Qué papel jugamos nosotros a la hora de trazar los caminos de nuestra historia personal y de la historia colectiva de la humanidad?................ 246 5.1. La voluntad de Dios y la libertad del hombre................................. 247 5.2. ¿Cuál ha de ser nuestra forma de relacionarnos con Él?................ 249 5.3. En el fondo siempre enfrentados al misterio.................................. 251 a) El misterio del mal...................................................................... 251 b) El silencio de Dios....................................................................... 252 ¿No sería mejor que Dios no existiera?.................................................... 253 6.1. El proceso de secularización y la negación de Dios......................... 254 6.2. De la muerte de Dios vivida como una fiesta a vivida como una tragedia............................................................................................. 254 6.3. De la historia vivida como una serie de acontecimientos a la obligación de hacer memoria de las víctimas........................................ 255 6.4. ¿No será más cómoda una historia sin Dios, pero más peligrosa?. 257

Índice


7. A modo de conclusión............................................................................... 258

El Dios de los vencedores frente al Dios de los excluidos/as Pepa Torres Pérez

1. Sobre huelgas y brujas. A modo de memoria e introducción.................. 259 2. El Dios todo poderoso y sus trampas....................................................... 261 2.1. El cuestionamiento de la omnipotencia divina. Algunas aportaciones desde la teología feminista........................................................ 263 2.2. El poder divino como compasión a raudales: el Dios sufriente........ 265 3. ¿Cómo vive Jesús de Nazaret su relación con el poder?......................... 266 4. El poder de la comensalidad abierta y su capacidad de revertir la historia desde los últimos y últimas...................................................................... 270

Busco tu rostro Señor Carmen Bernabé

1. Introducción.............................................................................................. 275 2. Oigo en mi interior…Buscad mi rostro… Tu rostro buscaré Señor… No me escondas tu rostro............................................................................... 275 3. La búsqueda del rostro del Dios vivo y sus máscaras.............................. 278 4. Jesús de Nazaret y el rostro del Dios vivo............................................... 280 5. Jesús como rostro del Dios vivo............................................................... 287 6. El rostro pluriforme del Dios vivo de los cristianos: el Dios Trinidad... 289 7. Busco tu rostro, Señor…también hoy...................................................... 292 8. Resumiendo............................................................................................... 294

Índice

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Sobre el concepto de herejía

¿Podemos ser cristianos sin ser herejes? JOSÉ ARREGI

Facultad de Ciencias Sociales y Humana Universidad de Deusto

1. A MODO DE INTRODUCCIÓN: DOS SIGNIFICADOS DE HEREJÍA Se me ha pedido reflexionar sobre el concepto de herejía. Me pregunto, pues: ¿Qué es herejía? ¿Quién es un hereje? En cualquier diccionario se nos dice que «herejía» viene del griego háiresis y, si consultamos un diccionario griego, el primer significado del término es «elección». «Herejía» significaría, pues, elegir. Y elegir es optar. Por lo tanto, toda opción personal o grupal sería una «herejía», si atendemos al primer sentido del término háiresis. Pero si «herejía» no hubiera significado en la historia ni significara hoy para nosotros más que «elección», todos seríamos herejes; ni la herejía ni el hereje serían un problema, y nadie me habría llamado a reflexionar hoy aquí sobre este concepto. Lo que pasa es que las palabras cambian de sentido. Cada término tiene su historia, reflejo de la historia de quienes lo han utilizado. La lengua es espejo de los hablantes, de los grupos humanos, de su evolución en el tiempo, de sus diferencias y conflictos, de sus condiciones de vida y de sus relaciones de poder. En el diccionario se expresa la historia humana concreta, compleja, llena de desavenencias. Así sucede también con el término herejía, con su historia tan confusa y dolorosa. Empezó significando elección, pero una elección puede resultar problemática o conflictiva por muchas razones. Por ejemplo, surge un problema cuando mi opción personal es distinta de la de mi vecino, y mucho más cuando se sitúa al margen de la opción exclusiva o predominante de la comunidad humana a la que pertenezco. Y de manera especial


en materia de religión. Entonces la cosa se complica para mí y para el grupo. Y se plantea la cuestión crucial: ¿Cabrá mi opción dentro de la opción dominante del grupo? Tal vez habría que invertir la pregunta: ¿Dejará el grupo margen suficiente para una opción distinta a la opción mayoritaria, un espacio de tolerancia para la diferencia o el disenso, sin comprometer la unión? Es la cuestión fundamental que subyace al concepto de herejía y a las reflexiones que os propongo. Y es justamente con esta grave cuestión de fondo con la que nos enfrenta de lleno la segunda acepción del término háiresis que el diccionario griego nos ofrece, pues nos dice que el término significa también «corriente» o «secta». Pero «corriente» y «secta» no son sinónimos rigurosos; «secta» no designa una corriente sin más o una opción grupal neutra: «secta» sugiere más bien un grupo minoritario escindido de otro grupo mayor, una corriente desviada, una comunidad «sectaria» derivada de una elección errónea. «Secta» nos aproxima al sentido habitual del término «herejía» en el lenguaje común. Así llegamos a la definición del término «herejía» consagrada en el Código del Derecho Canónico: «Se llama herejía la negación pertinaz, después de recibido el bautismo, de una verdad que ha de creerse con fe divina y católica, o la duda pertinaz sobre la misma» (CIC can. 751). Negación o duda «pertinaz», es decir, según el diccionario: 1. «Obstinado», «terco». 2. «Duradero», «persistente». En la terminología oficial de la Iglesia católica, «hereje» significa, pues, el que niega «la verdad que ha de creer con fe divina». Y surge una nueva cuestión, tan grave como la primera: ¿Quién decide cuándo una elección es verdadera o errónea? ¿Quién mide la verdad? Complicada pregunta, peligrosa cuestión. Inevitable cuestión que nos lleva a otra, la más radical: ¿En qué consiste la «fe divina»? Casi nadie la definiría hoy como «creer o profesar verdades reveladas por Dios». Pero más de uno se sentirá incómodo si digo que la fe propiamente dicha no tiene nada o casi nada que ver con creer o profesar verdades, y que lo que llamamos «verdad» y «verdades», en su concreta formulación, son constructos humanos al igual que los diccionarios. ¿Y si la fe consistiera realmente y ante todo en confiar lo bastante como para despojarnos de todas las respuestas y seguir caminando en la espesura, atraídos por la luz del Infinito Indecible, más allá de todas las palabras y diccionarios? ¿Si la fe conllevara dudar y dejar 14

José Arregi


atrás todas las fórmulas y creencias supuestamente verdaderas? ¿Si no pudiéramos ser realmente «creyentes» sin ser «herejes», sin optar por lo que el catecismo no puede decir, sin preferir la pregunta a la respuesta, el camino a la meta, el Misterio al catecismo y al dogma? Si fuera así, nos veríamos invitados a comprender de otra manera la religión, la revelación, el cristianismo y la Iglesia con todas sus herejías y anatemas. Estaríamos llamados a concebir un nuevo modelo de ecumenismo o de comunión, más allá de la ortodoxia y de la heterodoxia. Es lo que os quiero proponer en las reflexiones que siguen.

2. EL HEREJE JESÚS, GUÍA DE NUESTRA FE Hablar del «hereje Jesús» es un anacronismo, porque el término no tenía en aquella época el significado canónico que le asignamos hoy en el lenguaje ordinario y que acabo de indicar: «negación pertinaz de una verdad de fe». En el judaísmo de aquella época, no existía una ortodoxia fijada, una doctrina cerrada acerca de Dios, del culto o de la conducta: el canon de las Escrituras vinculantes, las normas de pureza, el descanso sabático, la vida matrimonial y familiar, el estatuto de los sacrificios rituales, la conducta con el prójimo y con los extranjeros, el juicio sobre la violencia, el valor del Templo, la autoridad última… eran objeto de discusión. Es bien conocido que, entre los mismos rabbís o «maestros de la ley», existían en la época dos escuelas, la de Hillel y Shamai, liberal la primera y rigurosa la segunda. Y nadie tenía la última palabra, cosa que ha perdurado hasta hoy en las comunidades más vivientes y creativas del judaísmo. «Elección», «escuela» o «corriente» sin acepción peyorativa era justamente el significado del término griego háiresis en aquella época, como diré más adelante. El judaísmo era entonces un mundo muy plural, en el que destacaban diversos movimientos de reforma: el movimiento mesiánico, el profético, el bautista… Jesús se sumó al movimiento bautista liderado por Juan, eligió seguir a Juan. Pero pronto eligió también apartarse de él y seguir su propio camino, separado de Juan. No eligió seguir una escuela ajena, sino la suya propia. Siguió criterios liberales en cuestiones «religiosas» y culturales de pureza (de alimentos, platos, Sobre el concepto de herejía

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comensales…), y criterios radicales en cuestiones éticas (perdón, no violencia, amor al prójimo, respeto de la mujer, cuidado del enfermo, solidaridad con los últimos…). Podríamos, pues, decir que Jesús fue realmente hereje, ateniéndonos al sentido originario del término háiresis: eligió libremente. Pero la investigación histórica sobre Jesús nos permite e incluso nos obliga a decir que Jesús fue «hereje» en un sentido más próximo o análogo al significado actual del término, pues en sus opciones Jesús se situó en los márgenes religiosos y políticos del judaísmo de su época. No digo «fuera», sino «en los márgenes». Jesús nunca rompió con el judaísmo, y todas sus opciones, también las más marginales y arriesgadas las hizo en nombre de su fe judía, por fidelidad a lo más genuino de la tradición profética. Fue un profeta carismático, itinerante y marginal. No necesitaba el aval de ninguna autoridad establecida, ni aceptaba su control, y rehusó responder a la pregunta: «¿En nombre de quién actúas así?». Actuaba por propia decisión. Fue un profeta judío reformador, radicalmente reformador, religiosa y políticamente provocador, peligroso para las instituciones religiosas y políticas. Por algo los poderes religiosos y políticos acordaron muy pronto quitarle de en medio. Llevó a cabo una profunda «revolución de valores»1. Un cambio radical de valores, de actitudes vitales, de estructuras políticas y económicas, de relaciones sociales. Proclamó una buena noticia, un «evangelio», pero un evangelio que subvertía la realidad (I. Ellacuría). No anunció el fin del mundo, sino la inversión del mundo, un mundo al revés. Eso era el «reino de Dios» que anunciaba. Una revolución o inversión de valores y de estructuras: transfirió a las clases sociales más bajas los valores asociados con las clases más altas o apropiados por ellas (el poder, la realeza, la sabiduría, la posesión de la tierra, el desapego de los bienes, la liberalidad y generosidad, la mansedumbre, la paz, la magnanimidad, el perdón, el amor de los enemigos, la filiación divina…); desautorizó y depuso el honor social; anunció la

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Cf. G. THEISSEN, El movimiento de Jesús. Historia social de una revolución de valores, Sígueme, Salamanca 2005. José Arregi


liberación de los campesinos cada vez más hundidos en las deudas y en la miseria; rompió con el modelo vigente de familia patriarcal, legitimada por una religión patriarcal; curó enfermos, en un gesto de compasión y en un acto de fe en los propios enfermos, que constituía también un gesto y un acto de rebelión contra el sistema político y económico que enfermaba a los pobres y empobrecía a los enfermos; anunció la bienaventuranza de la liberación a los pobres y pequeños, que los que tenían hambre serían saciados y que los que lloraban serían consolados, pero no dijo que los pobres serán ricos. Una revolución de valores, también, a la inversa: revalorizó las virtudes de la gente sencilla: la humildad y el amor al prójimo más próximo. El amor al prójimo es situado a la altura del amor a Dios2. Una revolución de valores, sí, pero no una «revolución de poder»3: Jesús se apartó conscientemente de la opción violenta de algunos movimientos mesiánicos de su tiempo. Se enfrentó al poder imperial, como en la escena del tributo y la efigie del emperador impresa en la moneda: el poder divino es contrario al poder imperial. Ahora bien, Dios no es como el emperador: es abbá, es como un padre solícito y misericordioso, o incluso como una madre; pero su poder no violento es más fuerte que el poder violento del emperador. La revolución de valores de Jesús fue carismática: no basada en la autoridad establecida, sino en la autoridad de Dios a través de la convicción personal. Reivindicó una autoridad no controlable por el poder instituido. Por ello, el mensaje y la praxis de Jesús eran un desafío para el sistema establecido. Y nada pone mejor de manifiesto el desafío de Jesús que sus parábolas4. Jesús fue, pues, un «hereje» por su elección carismática, marginal y arriesgada, demasiado peligrosa para la ideología y los intereses del poder religioso-político de su tiempo. Fue acusado de estar poseído por el demonio (Mc 3, 22). La aristocracia judía, sacerdotal y laica, temerosa de que Jesús promoviera una revuelta y de que ésta provocara una

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Ib., pp. 249-273. Ib., p. 249 (y 274-296). J. D. CROSSAN, El poder de las parábolas, PPC, Madrid 2014, pp. 51-142.

Sobre el concepto de herejía

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mayor represión romana, lo acusó ante Poncio Pilato, quien lo condenó y crucificó. Todos los grandes inquisidores y los Pilatos de todos los tiempos habrían hecho igual. Pues bien, todo cristiano aspira a ser seguidor de Jesús, el hereje. «Nuestra fe siempre es revolucionaria», ha declarado el papa Francisco5.

3. UN MOVIMIENTO «HERÉTICO», PLURAL: LAS PRIMERAS IGLESIAS «Los que lo habían amado no dejaron de amarlo», escribió Flavio Josefo sobre el grupo de seguidoras y seguidores de Jesús después de su muerte violenta. La revolución de valores, el sueño de otro mundo en este mundo, no desapareció. La ausencia de Jesús se convirtió en una presencia nueva y más innovadora. El cuerpo ausente se volvió en memoria inspiradora. La letra dio paso al espíritu. Y el espíritu que sopla donde quiere se expresó en una pluralidad de lenguas, formas, iglesias. Dicho de otra forma, la opción «herética» de Jesús dio paso a la «opción herética», libre y plural, de sus discípulos y discípulas. Jesús muere, desaparece, para dar lugar a «otra cosa», para que opere libremente el Espíritu y para que su Iglesia, mejor, su movimiento, inicie su propio camino libre y plural. Que Jesús resucita significa que se vuelve presencia transformada, «transformadora» (de forma en forma), dinámica, es decir, espiritual. Y la autoridad del resucitado, como insistió Michel de Certeau, consiste precisamente no en cerrar e impedir, sino en abrir espacio y «permitir»: «no autoriza ni la repetición ni la alternativa, y no clausura un lugar sino en el acto de permitir otro»6. «Para la Iglesia,

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Quito, 7 de julio 2015. La independencia de América, dijo también en la misma ocasión, fue un grito por «estar siendo exprimidos y saqueados». MICHEL DE CERTEAU, La debilidad de creer, Katz editores¸ Buenos Aires 2006, p. 229. «Él permite limitándose. Su muerte es la detención de su vida particular; precisamente de ese modo permite comunidades cristianas (…), “obras” diferentes, lenguajes apostólicos. (…). En el mismo momento da lugar al Padre y las comunidades futuras. Un solo gesto es idénticamente el de desaparecer y el de posibilitar el signo plural de lo mismo. Jesús planea su propio límite a la vez como la seriedad de su particularidad (todo hombre muere) y como la posibilidad de los otros. Por eso, la José Arregi


ser “misionera” implica a otras generaciones, a culturas diferentes, a nuevas ambiciones humanas»7. Antes de seguir, conviene hacer dos observaciones sobre el vocabulario: 1) Hay que recordar que en la época de Jesús y de las primeras comunidades cristianas, como he apuntado más arriba, el término háiresis no significaba «negación de una verdad de fe», sino «opción», «corriente» o «escuela». En el mundo helenístico pagano, háiresis designaba a las diversas «escuelas» filosóficas. Y con ese término se refiere Flavio Josefo a los grupos, corrientes o partidos que existían en el judaísmo fragmentado de la época: saduceos, fariseos, esenios, zelotas o sicarios. Así se les denomina también en los Hechos de los Apóstoles, aunque el término es a menudo traducido incorrectamente como «secta» (cf. Hch 5,17; 15,5; 26,5). 2) Y hay que tener en cuenta, por otro lado, que el propio movimiento cristiano fue designado con el mismo término háiresis, con el significado señalado de «grupo» o corriente judía: ante el tribunal del procurador romano, Pablo es acusado de ser «jefe de la háiresis de los nazarenos» (Hch 24,5.14; cf. 28,22). El movimiento de Jesús, la «opción» o la háiresis cristiana, en las primeras décadas, durante más de una generación, se desarrolló como una corriente más de renovación judía dentro del judaísmo8. Confesaban a Jesús como el profeta mártir y exaltado por Dios como Hijo del Hombre que volvería muy pronto «del cielo» para ser el juez de los últimos tiempos y realizar plenamente el Reino de Dios en un mundo renovado. Se bautizaban en su nombre y se reunían el primer día de la semana para celebrar «la fracción del pan» o «la cena del Señor». Pero

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naturaleza de su acto es sucesivamente manifestado por el hecho de que siempre está vivo (la Resurrección), que ya no está presente (la Ascensión) y que instaura el régimen pluralista de relaciones reales con “nuestro Padre” (el Pentecostés)» (ib., pp. 126-127). Ib., p. 127. Para lo que sigue, cf. especialmente L. M. WHITE, De Jesús al cristianismo, El Nuevo Testamento y la fe cristiana: un proceso de cuatro generaciones, Verbo Divino, Estella 2007.

Sobre el concepto de herejía

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todo ello no les separaba de sus hermanos judíos. Con ellos compartían la fe en el «mismo Dios», las mismas escrituras, las normas de vida derivadas de la Torá, el descanso sabático, la oración y la lectura bíblica en la sinagoga, e incluso el culto sacrificial del Templo de Jerusalén, mientras éste existió. El fariseo Pablo, al abrazar el «camino» de Jesús, nunca pensó que rompía con la fe judía o con «el pueblo elegido», pero provocó una tensión extrema con los demás judíos al eximir de la circuncisión a los cristianos provenientes de le gentilidad y al aceptar a hermanos no circuncidados a la mesa común de la «Fracción del pan» o «Cena del Señor». La comunión de mesa con incircuncisos fue el motivo principal del distanciamiento e incluso de la ruptura definitiva entre el judaísmo y el joven movimiento cristiano. La destrucción del templo en el año 70 por parte del ejército romano fue un acontecimiento decisivo en el camino hacia esa ruptura. En efecto, con el templo desaparecieron la clase sacerdotal y el Sanedrín, y también la aristocracia saducea; en la guerra contra los romanos desaparecieron igualmente los esenios, y los últimos zelotas se autoinmolaron en Masada en el año 73. Solo quedaron, pues, los fariseos; solo quedó la corriente judía liderada por los rabbis, y así nació un nuevo judaísmo sin templo, centrado en la Torá y en la sinagoga. Ahora bien, con la hegemonía del judaísmo rabínico se redujo radicalmente el pluralismo religioso judío y se estrecharon los márgenes de la tolerancia para con el movimiento cristiano. Hacia el 90, en la oración sinagogal de las «dieciocho bendiciones» se introdujo una fórmula de maldición dirigida contra los cristianos, declarados minim o herejes (ahora sí, en el sentido actual del término). A comienzos del II, el judaísmo y el cristianismo constituyen dos religiones distintas y enemistadas. Los hermanos gemelos se maldicen y se persiguen, como Esaú y Jacob, reivindicando cada uno solo para sí la primogenitura y la bendición divina, como si la bendición divina fuera tasada y limitada, y como si dependiera de unas creencias y prácticas rituales. La decisión —«vocación» o «misión divina» la llamaba él— de abrir la comunidad y sobre todo la mesa de Jesús a cristianos gentiles sin previa circuncisión provocó graves tensiones en el seno de la Iglesia. Para Pablo era un elemento fundamental de la libertad de Jesús. Para los judíos en 20

José Arregi


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