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monografías ALTA CALIDAD EN INVESTIGACIÓN JURÍDICA

CRISTINA MONEREO ATIENZA

UNIVERSOS DE DIGNIDAD


UNIVERSOS DE DIGNIDAD AUTONOMÍA RELACIONAL, IGUALDAD EN MÍNIMOS Y VULNERABILIDAD HUMANA


COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT LO BLANCH María José Añón Roig

Catedrática de Filosofía del Derecho de la Universidad de Valencia

Ana Cañizares Laso

Catedrática de Derecho Civil Universidad de Málaga

Jorge A. Cerdio Herrán

Catedrático de Teoría y Filosofía de Derecho. Instituto Tecnológico Autónomo de México

José Ramón Cossío Díaz

Ministro de la Suprema Corte de Justicia de México

Eduardo Ferrer Mac-Gregor Poisot

Juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM

Owen M. Fiss

Catedrático emérito de Teoría del Derecho de la Universidad de Yale (EEUU)

José Antonio García-Cruces González

Catedrático de Derecho Mercantil de la UNED

Luis López Guerra

Juez del Tribunal Europeo de Derechos Humanos Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Carlos III de Madrid

Ángel M. López y López

Catedrático de Derecho Civil de la Universidad de Sevilla

Marta Lorente Sariñena

Catedrática de Historia del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid

Javier de Lucas Martín

Catedrático de Filosofía del Derecho y Filosofía Política de la Universidad de Valencia

Víctor Moreno Catena

Catedrático de Derecho Procesal de la Universidad Carlos III de Madrid

Francisco Muñoz Conde

Catedrático de Derecho Penal de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla

Angelika Nussberger

Jueza del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Catedrática de Derecho Internacional de la Universidad de Colonia (Alemania)

Héctor Olasolo Alonso

Catedrático de Derecho Internacional de la Universidad del Rosario (Colombia) y Presidente del Instituto Ibero-Americano de La Haya (Holanda)

Luciano Parejo Alfonso

Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Carlos III de Madrid

Tomás Sala Franco

Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad de Valencia

Ignacio Sancho Gargallo

Magistrado de la Sala Primera (Civil) del Tribunal Supremo de España

Tomás S. Vives Antón

Catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Valencia

Ruth Zimmerling

Catedrática de Ciencia Política de la Universidad de Mainz (Alemania)

Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales


UNIVERSOS DE DIGNIDAD AUTONOMÍA RELACIONAL, IGUALDAD EN MÍNIMOS Y VULNERABILIDAD HUMANA

CRISTINA MONEREO ATIENZA Profesora titular de Filosofía del Derecho Universidad de Málaga

Valencia, 2018


Copyright ® 2018 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de la autora y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com.

© Cristina Monereo Atienza

© TIRANT LO BLANCH EDITA: TIRANT LO BLANCH C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: www.tirant.es DEPÓSITO LEGAL: V-3342-2017 ISBN: 978-84-9169-150-1 IMPRIME Y MAQUETA: Tink Factoría de Color Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro procedimiento de quejas. Responsabilidad Social Corporativa: http://www.tirant.net/Docs/RSCTirant.pdf


ÍNDICE PRÓLOGO.............................................................................................. 9 1. INTRODUCCIÓN. EL PROYECTO INACABADO DE MODERNIDAD. MATIZANDO ETERNOS DEBATES ENTRE OPUESTOS....... 11 2. NO HAY LIBERTAD SIN AUTONOMÍA RELACIONAL.................. 21 2.1. Breve alusión al concepto liberal clásico de autonomía................ 21 2.2. Enfoques alternativos al concepto de autonomía liberal clásico... 27 2.2.1. La autonomía desde teorías liberal-igualitarias................. 32 2.2.2. La autonomía desde teorías igualitario-liberales............... 37 2.2.3. La autonomía desde la teoría de las capacidades.............. 41 2.2.4. La autonomía desde la teoría del reconocimiento recíproco. 47 2.2.5. La autonomía desde una concepción sustancial-débil....... 54 3. NO HAY IGUALDAD SIN LA SATISFACCIÓN DE UNOS MÍNIMOS COMUNES EN EL PUNTO DE LLEGADA.............................. 59 3.1. Breve alusión al concepto liberal clásico de igualdad................... 59 3.2. Enfoques alternativos al concepto de igualdad liberal.................. 62 3.2.1. La igualdad material desde teorías liberal-igualitarias...... 65 3.2.2. La igualdad material desde teorías igualitario-liberales.... 68 3.2.3. La igualdad material desde el enfoque de las capacidades. 70 3.2.4. La igualdad material como igualdad compleja................. 79 4. NO HAY SOLIDARIDAD SIN EL RECONOCIMIENTO DE LA VULNERABILIDAD HUMANA......................................................... 87 4.1. Breve alusión al concepto de solidaridad..................................... 87 4.2. Enfoques alternativos al concepto tradicional de solidaridad....... 93 4.2.1. La vulnerabilidad desde la teoría de la autonomía relacional.................................................................................... 95 4.2.2. La vulnerabilidad desde la teoría del sujeto vulnerable..... 98 5. LA REFORMULACIÓN Y LA CONEXIÓN DE LOS VALORES DE DIGNIDAD PARA LA CONSECUCIÓN DE LA JUSTICIA GLOBAL. DISTRIBUCIÓN, RECONOCIMIENTO Y REPRESENTACIÓN....... 105 BIBLIOGRAFÍA CITADA........................................................................ 115


PRÓLOGO EL MARCO Y LA METODOLOGÍA DE ESTE TRABAJO DE INVESTIGACIÓN Este proyecto de investigación se enmarca dentro una línea amplia de trabajo centrada en los valores y los derechos fundamentales. En esta línea he mostrado un particular interés por los derechos económicos, sociales y culturales, la igualdad en general como valor, principio y derecho, y también por la igualdad en consideración a grupos discriminados como el colectivo feminista o el grupo de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales. Ciertamente, en primer lugar, ha sido determinante la literatura jurídica acerca de una teoría exigente y exigible de los derechos sociales, que apuesta por la configuración de unos derechos sociales a la altura de los derechos individuales, civiles y políticos. Más tarde, mi itinerario investigativo ha quedado fuertemente marcado por la teoría de las capacidades de Amartya Sen y Martha Craven Nussbaum, desde que hace unos años realizara un estudio sobre la misma. A partir de ese momento, este enfoque ha estado presente de alguna u otra manera, con mayor o menor intensidad, en todos mis trabajos posteriores. Considero que la teoría de las capacidades es una propuesta de gran valor, enmarcada en un contexto de debate constructivo y enriquecedor de teorías tan paradigmáticas como la de John Rawls. De todas maneras, mis labores de investigación anteriores han hecho que el acercamiento a la teoría de las capacidades, de corte sin duda liberal, sea forzosamente crítico ante las insuficiencias nada desdeñables que presenta en relación a la esfera de la igualdad y la Justicia. Por lo demás, se suele hablar de «línea o líneas» de investigación. Pero esta expresión es vaga. Quizás el recorrido de todo investigador se ilustre mejor en forma de círculos concéntricos, a manera de espiral en bucle, que regresan, reaplican, y repiensan teorías y trabajos anteriores a raíz de otros nuevos.


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Por eso también la labor investigativa ha de ser multidisciplinar, y mostrar amplia apertura hacía otros puntos de vista sobre la materia. Incluso ha de estar abierta a reafirmar o, en su caso, recuestionar ideas previas. En este estudio trazo las claves para un acercamiento ambicioso a los valores de la Modernidad de la libertad, la igualdad y la solidaridad, para repensarlos una vez más. Obviamente no es un trabajo que trate profunda y extensamente cada uno de estos valores. Antes bien, he querido revisitar las tesis, algunas ya conocidas, contenidas en nociones sobre las que en la actualidad se está mostrando un significativo interés en el ámbito de la Filosofía moral, política y del Derecho. Han sido «conceptos encontrados» repetidamente a lo largo de la trayectoria de investigación, como las nociones de autonomía relacional, igualdad material y vulnerabilidad. De este modo, vuelvo a tratar los valores como concreciones de la dignidad humana, aunque desde una perspectiva distinta, sin duda complementaria, a la de los derechos, y dentro de un contexto complejo de globalización.


1. INTRODUCCIÓN. EL PROYECTO INACABADO DE MODERNIDAD. MATIZANDO ETERNOS DEBATES ENTRE OPUESTOS A lo largo de la historia del pensamiento, el ser humano se ha preguntado sobre el concepto y el fundamento de sí mismo, de la Sociedad, el Estado y el Derecho. Tales cuestiones suelen converger en la noción de dignidad. Sin embargo, raras veces se ha intentado conceptualizar racionalmente este concepto tan visitado y enarbolado. La dignidad se ha convertido en un axioma de carácter indiscutible y con un fuerte carácter emotivo1, pero sin existir en realidad un acuerdo generalizado en cuanto a su semántica y exigencias concretas, tampoco en el ámbito occidental. Desde la Modernidad, la dignidad emerge como un término abstracto al que se reconducen los valores de libertad, igualdad y solidaridad2. Desde ciertas posiciones, la dignidad humana se esgrime como fundamento de los derechos acudiendo a un discurso histórico-racional que se remonta principalmente al Renacimiento3. En ese momento, el

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F. J. ANSUÁTEGUI ROIG. «Prólogo» a A. PELÉ. El discurso de la dignitas hominis en el humanismo del Renacimiento, Cuadernos de Instituto de Derechos Humanos Bartolomé de las Casas, Madrid, 2010, pp. 13-16, en concreto p. 15. Sin duda, existen precedentes anteriores nada despreciables en nuestra historia, véase A. PELE. «Modelos de la dignidad del ser en la Edad Media», Derechos y Libertades, núm. 21, 2009, pp. 149-186. Además, el periodo en la que se elabora complejamente este concepto es difícil de determinar. Parece haber un acuerdo relevante en la importancia que tuvo el pensamiento humanista durante el tránsito a la Modernidad. Véase también G. PECES-BARBA MARTÍNEZ. «Tránsito a la Modernidad y derechos fundamentales», en G. PECES-BARBA MARTÍNEZ Y E. FERNÁNDEZ GARCÍA, (dirs.). Historia de los Derechos fundamentales, T. 1. Tránsito a la Modernidad. Siglos xvi y xvii, Instituto de Derechos Humanos Bartolomé de las Casas, Universidad Carlos III de Madrid, Dykinson, Madrid, 1998, pp. 15-263. No es momento ahora de desarrollar este tema, pero me refiero a la posición dualista de la Escuela de Gregorio Peces-Barba Martínez y otros. Este teoría es,


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ser humano comienza a tener un papel activo en la determinación de su propia vida. El Humanismo del periodo reinterpreta los textos clásicos para tratar la dignidad del ser humano, y ofrece una confianza absoluta en la naturaleza y razón humanas, más allá de los dogmas religiosos (aunque no necesariamente rompiendo totalmente con la Religión4). A partir de ello, en la historia occidental5, la dignidad se conecta con la libertad individual de elección y libre albedrío, y con el fin del ser humano que es la felicidad. Inmanuel Kant formuló este principio en relación al individuo, entendiendo que todo ser humano es un fin en sí mismo y nunca un medio para conseguir cualquier otro fin: «Obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre como un fin al mismo tiempo, y nunca solamente como un medio»6.

La Modernidad ilustrada ofreció una nueva concepción del mundo y del sujeto basados en la razón. El sujeto ilustrado se basaba en la acción. Usaba la razón para explicar el mundo, y caminar hacía el progreso y la emancipación humana. Con la razón se introdujeron los valores de la libertad, igualdad y la solidaridad, que luego se concretaron en una serie de derechos fundamentales del ser humano.

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a grandes rasgos y con matizaciones (especialmente lo que tienen que ver con el diálogo entre culturas), la que yo misma defiendo. También ha sido aceptada por el mismo Gregorio Peces-Barba. No obstante, como se sabe, existen otras posiciones, como aquellas que encadenan el concepto de dignidad humana con la propia naturaleza del hombre y la existencia de una moralidad objetiva, que para la algunos incluso es invariable en el tiempo. A. PELÉ. El discurso de la dignitas hominis en el humanismo del Renacimiento, Cuadernos de Instituto de Derechos Humanos Bartolomé de las Casas, Madrid, 2010, p. 122 (entre otras). Obviamente, estamos en el marco occidental, aunque la idea de dignidad y ciertos valores como la democracia también ha estado presente, de otra manera, en muchas culturales. Véase A. SEN. La idea de la Justicia, trad. H. Valencia Villa, Taurus Santillana, 2010, pp. 552 y ss. I. KANT. Fundamentación de la metafísica de las costumbres, trad. M. García Morente, Espasa-Calpe, Madrid, 1980, cap. II. [en línea] http://bit/y/1NYDe46 (última consulta 5 de noviembre de 2015).


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Fue más tarde cuando se comprobó un significativo desfase entre las premisas ilustradas de universalidad y la práctica real, que excluía irremisiblemente a ciertos grupos sociales. La denominada cuestión social de los siglos xix y principios del XX fue el reflejo de las incongruencias teórico-prácticas del sistema liberal burgués. Se planteó como un fenómeno multidimensional que ocupó transversalmente todos los ámbitos de la esfera social, y cuyas causas determinantes se hallaban en la crisis total producida como consecuencia de las disfuncionalidades e incoherencias de la ordenación liberal de la vida, entendida en su más amplio significado. Las más inminentes fueron la implantación del liberalismo individualista, económico y político7. Desde entonces, el proyecto de Modernidad en relación a los valores y derechos fundamentales manifiesta la difícil, aunque necesaria, relación entre la idea individual universal y abstracta, y la idea social contextual y concreta de los individuos. A pesar del impulso de la idea social y las matizaciones de la idea individual, especialmente durante las constitucionalizaciones del siglo xx y hasta la actualidad, existe aún una inestabilidad o, si se prefiere, un equilibrio muy precario entre ambas ideas. Para algunos, el proyecto de Modernidad está todavía inacabado, porque no se ha consolidado y acordado generalizadamente la armonía entre lo individual y lo social8. Para otros ese proyecto ha finalizado, y se ha accedido a un periodo de Post-modernidad marcado por la muerte del sujeto y por unos valores distintos que atacan irreparablemente el racionalismo universal e individualismo excesivo de la Ilustración9. Es sugerente observar que la Postmodernidad, debido también a su antecedentes románticos, desconfía de los metarrelatos de la Modernidad10. El mismo sentido de deconstrucción y el escepticismo extremo del postestructuralismo de muchos autores como Michel Foucault y Jac-

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C. MONEREO ATIENZA. Ideologías jurídicas y cuestión social. Los orígenes de los derechos sociales en España, Comares, Granada, 2007, pp. 27 y ss. J. HABERMAS. El discurso filosófico de la modernidad, trad. M. Jiménez Galindo, Taurus, Madrid, 1989. M. HORKHEIMER y T. W. ADORNO. La dialéctica de la Ilustración: fragmentos filosóficos, introd. y trad. J. J. Sánchez, Trotta, Madrid, 1994. J. F. LYOTARD. «Entrevista a Jean François Lyotard», trad. V. Florían, Revista Sociológica, núm. 7/ 8, May.- Dic. 1988, pp. 345-350, p. 345.


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ques Derrida ponen en duda cualquier concepto a partir de su confrontación con su opuesto. Se cuestiona la filosofía occidental por reposar sobre oposiciones binarias, como verdad/ falsedad, unidad/ diversidad y hombre/ mujer. En estas dicotomías la naturaleza y la primacía del primer término depende únicamente de la definición de su opuesto (otro)11. Esto comporta unas definiciones universales y simplificadas de los fenómenos sociales, que esencializan la realidad y no alcanzan a revelar la complejidad de la vida como experiencia vivida. Lo que se reivindica desde el postmodernismo es la «diferencia» para enfrentarse a la alienación totalitaria de las abstracciones y los esencialismos universales. Esta crítica post-moderna es muy lúcida ya que, en efecto, las oposiciones entre términos no alcanzan a explicar la realidad en toda su complejidad. Por eso, no tiene sentido tampoco confrontar Modernidad y Postmodernidad. Las posiciones postmodernas son extraordinariamente interesantes por su incredulidad ante las metanarrativas modernas. A la vez, no es proporcionado albergar una desconfianza absoluta ante los presupuestos modernos y los mecanismos de emancipación y crítica generados a partir del énfasis en el individuo como sujeto racional de acción con derechos asociados. Posiblemente, en la búsqueda de equilibrio, se puedan combinar la incredulidad típicamente postmodernidad respecto a las metanarrativas, con el poder crítico y los mecanismos heredados de la Modernidad12. La hibridación entre diferentes teorías es, sin duda, la tendencia actual13.

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J. L. PARPART. «Who is the ‘Other’?: A Postmodern Feminist Critique of Women and Development Theory and Practice», Development and Change 24, 3, 1993, pp. 439-464. N. FRASER and L. NICHOLSON. «Social Criticism without Philosophy: an Encounter between Feminism and Postmodernism», in L. NICHOLSON (ed.). Feminism/Postmodernism, Routledge, Londres, 1990, pp. 34-35; Id. Justice Interruptus. Critical Reflexions on the «postsocialist» Condition, Routledge, Londres, 1997, pp. 214 y ss. Mucho antes, otros autores han hecho una reflexión autocrítica de la Modernidad y la razón como valor eterno, invariable e incluso de origen divino, y han rescatado otra característica humana, la pasión entendida en un sentido general. Véase D. HUME. Treatise of Human Nature, Book. II, Part. III, Section III, Clarendon Press, Oxford, 1896, p. 413, donde Hume cuestiona la eterna oposición platónico-aristotélica entre razón y pasión. D. BONILLA y I. C. JARAMILLO. «Estudio preliminar: El igualitarismo liberal de Dworkin», en R. DWORKIN. La comunidad liberal, trad. C. Bonilla, Siglo


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El objetivo en este trabajo es esbozar una propuesta de reformulación de los valores modernos ilustrados de libertad, igualdad y solidaridad, concreciones de la noción de dignidad humana en el contexto actual. Esta proposición se basa en la incorporación de nuevos conceptos (a modo de recuperación de otros discursos más antiguos), que matizan la idea individual y abstracta moderna e incorporan más contundentemente la dimensión social y relacional a la idea de Justicia. No se explicaran directamente autores clásicos que están en la base de estas nuevas concepciones, aunque estarán continuamente referenciados en las tesis explicadas. En cualquier caso, se trata de matizar siempre eternos enfrentamientos, como por ejemplo el que se produce entre liberalismo y comunitarismo14, pero sin romper con los

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XXI Editores, Facultad de Derecho, Universidad de los Andes, Bogotá, 1996, pp. 11-133, pp. 34 y ss. Algunos hablan incluso de una tercera vía que llaman Postmodernismo de oposición. Bounaventura de Sousa Santos explica que “De acuerdo con ella, es tan importante reconocer la actualidad histórica y política de los problemas modernos como la posibilidad de hallar soluciones para ellos dentro del paradigma de la modernidad. Según el Postmodernismo de oposición, existen problemas modernos para los cuales no hay soluciones modernas” (B. DE SOUSA SANTOS. Sociología jurídica crítica. Para un nuevo sentido común en el derecho, trad. C. Lema Añón, Trotta, Madrid, 2009, p. 18). Básicamente, esta línea propone una concepción postmoderna de la Ciencia y del Derecho para dar solución a las promesas emancipatorias incumplidas de la Modernidad. Respecto al Derecho, se ataca el Derecho como monopolio del Estado y como construcción científica, la despolitización del Derecho a través de la distinción Estado y sociedad civil, y el Derecho como principio e instrumento universal de la transformación social políticamente legitimada (pp. 45 y ss.). Como ya expliqué en otra parte, la disyuntiva entre liberalismo y comunitarismo no está en la crítica de la Modernidad cuyas bases únicamente son alteradas por algunos comunitaristas. «Es decir, no debe identificarse necesariamente liberalismo con Modernidad, y comunitarismo con Postmodernidad. El conflicto entre liberalismo y comunitarismo es otro. Los comunitaristas piensan que una sociedad basada en la garantía de los derechos fundamentales del individuo no puede generar ninguna «unidad». Por ello, sería mejor compartir una concepción del bien que fuera vinculante y fundadora de identidad y, además, estuviera por encima de los derechos individuales a los que limitaría y legitimaría. Por el contrario, los liberales defiende que, en primer lugar, los derechos fundamentales de tipo liberal y democrático están íntimamente relacionados con una concepción del bien común que es fuente de solidaridad. En segundo lugar, entienden que ninguna concepción del bien por encima de esos derechos puede ser nexo de unión social para todos y cada uno de sus miembros» (C. MONEREO ATIEN-


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presupuestos básicos del discurso de la Modernidad dentro del nuevo proceso de globalización15. En el apartado segundo, se comienza analizando la noción de autonomía. Se hace una resumida referencia al concepto moderno clásico de autonomía. Tradicionalmente, se ha identificado la autonomía con la libertad positiva liberal entendida como autodeterminación y autosuficiencia del individuo (y no ya como participación pública a la manera de los antiguos). De esta manera, el concepto se conecta estrechamente con la libertad negativa de no interferencia por parte de los demás en las decisiones propias. Libertad y autonomía son los conceptos liberales primordiales. Esta concepción concibe la libertad en un sentido exclusivamente negativo y formal, y ello ha demostrado históricamente incongruencias, al remitirse a sujetos artificialmente aislados y a una sociedad falsamente atomizada y neutralizada. Las críticas al liberalismo individualista se inician en el siglo XIX, y más en la actualidad se han planteado contundentemente desde posiciones comunitaristas. Estos ataques enfatizan el lado extremo opuesto, y hacen hincapié en la colectividad y los valores comunes que forman una idea conjunta del bien por encima de los individuos. Las críticas comunitaristas son muy perspicaces pero, como cualquier extremismo, comportan sus dudas y peligros. Por esta razón, se ha querido incidir en que la reformulación de los conceptos de libertad y, en concreto, de autonomía tiene que valerse de las aportaciones liberales y comunitarias en la búsqueda del equilibrio tan deseado entre la idea individual y social. De ahí que se examinen las matizaciones del concepto de autonomía realizadas desde algunas posiciones liberales y comunitaristas no extremas, para luego hacerlas converger originalmente. No hay que olvidar tampoco la importancia de la crítica feminista al concepto de autonomía libertal.

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ZA. Desigualdades de género y capacidades humanas, Comares, Granada, 2010, p. 35). Uno de los intentos de reconstrucción más notables que se han hecho en la actualidad, en concreto respecto al valor de libertad, es A. HONNETH. El derecho de la libertad. Esbozo de una eticidad democrática, trad. G. Calderón, Clave intelectual, Madrid, 2014. En el prólogo este autor advierte que existen todavía demandas que aún no han sido satisfechas en el proceso histórico de reclamo de libertad (p. 11).


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En primer lugar, se hace breve referencia a la visión de la autonomía desde la teoría liberal-igualitaria de John Rawls, ya que ha sido el centro de crítica y debate más intenso, y ha planteado la base esencial para articular una nueva noción de autonomía. En segundo lugar, se menciona la propuesta igualitario-liberal de Ronald Dworkin que incide más contundentemente en la idea social del individuo y de comunidad en la que se inserta, enfatizando la necesidad de tener en cuenta una visión conjunta del bien y la vida buena en la toma de decisiones individuales. De todos modos, la noción de la autonomía más oportuna es seguramente la considerada desde la teoría de las capacidades, especialmente en la versión de Amartya Sen. Esta teoría es un enfoque que no compromete la visión liberal, aunque sí la matiza sagazmente por la idea social. Además introduce una noción fundamental para entender la autonomía: las capacidades. Por último, se destaca la noción de autonomía desde la teoría del reconocimiento recíproco, planteada entre otros por Axel Honneth. Esta perspectiva es de corte comunitarista, pero se separa sin duda de los presupuestos comunitaristas inaceptables desde el punto de vista liberal, para proponer una matización enriquecedora y compatible con la visión propuesta desde la teoría de las capacidades. Ambas teorías permiten articular lo que se denomina el concepto de autonomía relacional, que converge de alguna manera con teorías feministas sustanciales-débiles de la autonomía como la Catriona MacKenzie. Hay que decir que el concepto de autonomía relacional se origina en autoras feministas de la diferencia, pero se separa de él en los aspectos más relevantes concernientes a la libertad individual. En el apartado tercero se analizan el concepto de igualdad, fundamentalmente como igualdad material en los resultados. Se sigue la estructura del apartado anterior, comenzándose por una breve alusión al concepto liberal de clásico, que declara la igualdad en términos comparativos: igualdad formal de todos los individuos en los derechos liberales protegidos desde el poder político estatal. La noción clásica moderna se refería a todos los individuos en abstracto, a la igualdad formal ante ley y, en todo caso, a una formal igualdad en las oportunidades, pero nunca una igualdad en los resultados. Desde el estricto punto de vista liberal, se entiende que los resultados no se


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pueden asegurar de ningún modo, porque es imposible prever las acciones y circunstancias concretas de los sujetos. En varias ocasiones se insiste en el ataque comunitarista hacia la idea de sujeto descontextualizado, aunque se rechaza la disolución del individuo en la colectividad y se evidencia la problemática formación de identidades colectivas esencialistas y cerradas. Sin embargo, el objetivo principal en este capítulo es analizar la noción de igualdad sustancial y especialmente la de igualdad sustancial o material en los resultados, y la manera en que debe entenderse ésta para la búsqueda del equilibrio entre idea individual e idea social. Obviamente, la igualdad en los resultados no puede significar una igualdad de todos en todo (igualitarismo en sentido estricto), entre otras cosas porque se atacaría la innata diferencia de todos los individuos entre sí. Se trata en todo caso de determinar como meta lo que ha de ser igual, y dejar espacio también a la diferencia (que no desigualdad). Desde enfoques liberales se ha introducido con más o menos acierto la noción de igualdad sustancial. Se menciona, de nuevo, la teoría de John Rawls que alude a la igualdad de unos bienes sociales primarios de tal manera que introduce el principio de igual libertad, el de equitativa igualdad de oportunidades y el principio de la diferencia. Estos principios van a regir la estructura básica de la sociedad, y permiten distribuir igualitariamente los bienes primarios y determinar las posiciones sociales relevantes que cada persona tendrá. En esta tesis la igualdad se reserva para las libertades y las oportunidades que dan lugar a la posición social relevante, pero los bienes sociales del ingreso y la riqueza pueden ser desiguales cuando sean para beneficio de todos o de los menos aventajados en un marco de eficiencia paretiana. Esta propuesta es muy reveladora. No obstante, las críticas dirigidas a la misma han evidenciado diversos problemas nada despreciables. Hay que decir que la meta de este trabajo no es desarrollar de manera exhaustiva esta teoría y las discusiones en torno a ella. Para ello ya existe una extensísima bibliografía. Así, se exponen otras tesis liberales y comunitarias que en conjunción puedan ayudar a reformular los conceptos clásicos. En esta línea, se esbozan las tesis planteadas por Ronald Dworkin, quien también concibe la igualdad como igualdad de oportunidades de recursos, con el añadido de la idea de forjar una visión del bien común que


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conduzca a la satisfacción de unos mínimos de vida digna según la comunidad. Asimismo, es analizada críticamente la concepción de la igualdad material como igualdad en los resultados desde el enfoque de las capacidades, especialmente en la versión de Martha Nussbaum. Esta autora retoma algunas propuestas de la teoría contractualista del liberalismo político de John Rawls, y propone unos mínimos comunes universales no esencialistas, que se traducen en auténticos principios políticos que el Estado debe promover para satisfacer la dignidad humana de todos. También se ha incluido la noción de igualdad compleja planteada por el enfoque comunitarista de Michael Walzer, puesto que incide en las diferentes dimensiones y facetas de la igualdad teniendo en cuenta la importancia de cierta visión conjunta del bien y la vida buena.

En conjunción, estas tres últimas teorías subrayan la idea de que la igualdad puede ser entendida solamente de manera compleja y es necesario fijar, aunque sea de manera abierta al diálogo, ciertos objetivos y resultados mínimos de dignidad comunes. Se precisa un diálogo real, que se dirija a unos mínimos materiales que queden fuera de la lógica del mercado, se garanticen a todos por igual, y permitan que todos disfruten de una vida digna, sobre todo dentro de un mundo cada vez más globalizado. Esto conlleva lógicamente la aceptación de cierto perfeccionismo. En el cuarto capítulo, la noción repensada es la solidaridad. Este valor se conecta con la vulnerabilidad. Se empieza explicando que la solidaridad se identifica con la fraternidad en su concepción clásica. En principio, fue concebida como un valor que poseía ciertos tintes religiosos y una fuerte conexión con la caridad, aunque pronto se seculariza como principio legitimador del Estado. A partir del siglo xix, las diversas corrientes empezaron a hacer alusión a la solidaridad desde el punto de vista de la Justicia Social, que impulsa el intervencionismo estatal con el fin de proveer servicios y asistencia social. La solidaridad emergen, así, como un valor fundamental que fomenta la tendencia hacia lo social de todas las corrientes, también de los liberales. A pesar de ello, el punto de vista liberal es un concepto que despierta desconfianza al incidir sobre los lazos sociales y la colectividad. Incluso teorías liberal-igualitarias como la de John Rawls la han ar-


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ticulado meramente de manera instrumental en una sociedad donde la finalidad de la cooperación social es el beneficio mutuo. Por otra parte, la visión comunitarista tampoco es satisfactoria, porque muestra demasiado apego a la noción de identidad colectiva como fuente de ayuda mutua. Aquí se propone la noción de vulnerabilidad para una recomprensión del concepto de solidaridad. Especialmente atrayentes son las tesis feministas: la teoría de la vulnerabilidad en relación a la autonomía relacional, tal y como sugiere Catriona MacKenzie o Joel Anderson, y en cierto sentido también la teoría del sujeto vulnerable, presentada por autores como Martha Albertson Fineman. En ambos casos se formula la vulnerabilidad en sus varias dimensiones: como característica universal humana, como experiencia individual diferente para cada individuo, y como consecuencia de la estructura políticojurídico y económico-social. Esta triple vertiente hace más efectiva la promoción de estrategias de responsabilidad cívica pública hacía los individuos que se encuentran en diversas situaciones donde su dignidad se ve comprometida. Esto es especialmente visible en la situación compleja de globalización-localización actual. Finalmente, se expone una breve reflexión sobre la reformulación de estos conceptos. En general, se trata de dejar de hablar de dignidad humana de manera vacía, y de aportar una sustancia a la noción de dignidad humana. Esto va a permitir la articulación de estrategias complejas de Justicia social en la era global. Sin duda, la participación y el diálogo es la clave para conseguir fijar unos mínimos comunes de dignidad, y para articular los instrumentos de Justicia para alcanzar esos mínimos. Estos instrumentos tendrán que tener complejamente en cuenta cuestiones de reconocimiento y distribución dentro de un paradigma que se acerca, en efecto, a cierto perfeccionismo, y donde la línea entre razón y emociones, público y privado se estrecha.


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