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POSMODERNIDAD Y CONTROL SOCIAL


COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT HUMANIDADES Manuel Asensi Pérez

Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València

Ramón Cotarelo

Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia

M.ª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València

Juan Manuel Fernández Soria

Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València

Pablo Oñate Rubalca ba

Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València

Joan Romero

Catedrático de Geografía Humana Universitat de València

Juan José Tamayo

Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid

Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales


POSMODERNIDAD Y CONTROL SOCIAL

MIGUEL ÁNGEL BELMONTE Editor

tirant humanidades Barcelona, 2021


Copyright ® 2021 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de los autores y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com.

© Miguel Ángel Belmonte

© Fotografía de portada: Guadalupe Belmonte © TIRANT LO BLANCH EDITA: TIRANT LO BLANCH C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: www.tirant.es DEPÓSITO LEGAL: V-860-2021 ISBN: 978-84-1832-952-4 MAQUETA: Disset Ediciones Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro procedimiento de quejas. Responsabilidad Social Corporativa: http://www.tirant.net/Docs/RSCTirant.pdf


Índice PRESENTACIÓN..................................................................................... 11 Miguel Ángel Belmonte

1. GÉNESIS Y DESARROLLO DE LA SOCIEDAD DEL CONTROL: DEL PANÓPTICO A LA PANTALLA DIGITAL...................................... 15 Javier Cigüela Sola

I.

Introducción...................................................................................... 15

II. Del control soberano al disciplinario: el nacimiento de la prisión...... 16 III. De la disciplina a la biopolítica: el nacimiento del registro................ 24 IV. Control social en un mundo de redes: el nacimiento de la pantalla digital................................................................................................ 32 Epílogo: la sociedad del control en una era pospandémica........................ 39 2. MASAS E INDIVIDUALISMO COMO SUJETOS DEL CONTROL SOCIAL.................................................................................................... 43 Javier Barraycoa y Miguel Ángel Belmonte

I.

Introducción...................................................................................... 43

II. Soledad y desarraigo......................................................................... 45 III. Tecnocracia y el animal laborans ..................................................... 49 IV. Individualismo e identidad................................................................ 54 V. Control y horizontalidad .................................................................. 57 VI. Conclusión: Psicopoder vs. Biopoder................................................. 62 3. CAPITAL Y ESTADO: FRONTERAS DE LA PRECARIEDAD EN LA POSMODERNIDAD........................................................................... 63 Stefano Abbate

I.

Introducción...................................................................................... 63

II. Capitalismo terminal, Estado terminal.............................................. 66 III. La forma del derecho y la forma del capital...................................... 69 IV. El triste destino del trabajo................................................................ 74 V. Precariedad y disciplina..................................................................... 78 VI. Últimas conquistas del neoliberalismo: el capital sexual.................... 82 4. LA TRANSPARENCIA COMO HERRAMIENTA DE CONTROL SOCIAL.................................................................................................... 89 Jorge Martínez-Lucena

I.

El nuevo panóptico........................................................................... 89


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Índice

II. ¿Qué pinta la transparencia en todo esto?......................................... 95 III. La alteridad como camino................................................................. 106 5. NÓMADAS Y ADIESTRADOS: DUALIDADES DEL AUTOCONTROL SOCIAL......................................................................................... 115 Javier Barraycoa

I.

Introducción...................................................................................... 115

II. El “nomadismo”: una perspectiva antropológica y filosófica............. 116 III. Falsa liberación: deambular en vez de caminar.................................. 119 IV. Retroalimentación del poder y del control social .............................. 123 V. Adiestrados: el control de la felicidad y la felicidad como control..... 127 VI. Democracia, tecnologías del yo y la esclavitud terapéutica................ 129 VII. Coaching como terapia y adiestramiento posdemocrático................. 132 6. CONTROL SOCIAL AL DERECHO: PARADIGMAS DE UNA SUMISIÓN CONTRA NATURA............................................................. 135 Arturo González de León Berini

I.

ntroducción....................................................................................... 135

II. Derecho versus control social............................................................ 138 III. Derecho del control social................................................................. 146 IV. Derecho(s) al control social............................................................... 153 V. Control social al derecho................................................................... 157 VI. Conclusiones..................................................................................... 163 EPÍLOGO................................................................................................. 167 BIBLIOGRAFÍA....................................................................................... 171 Monografías y artículos............................................................................ 171 Obras literarias......................................................................................... 180 Filmografía................................................................................................ 181 SOBRE LOS AUTORES........................................................................... 183 Stefano Abbate Javier Barraycoa Miguel Ángel Belmonte Javier Cigüela Sola Arturo González de León Berini Jorge Martínez-Lucena


Nisi Dominus aedificaverit domum, in vanum laborant, qui aedificant eam. Nisi Dominus custodierit civitatem, frustra vigilat, qui custodit eam Ps 127,1

Ça fonctionne partout, tantôt sans arrêt, tantôt discontinu. Ça respire, ça chauffe, ça mange. Ça chie, ça baise. Quelle erreur d’avoir dit le ça. Partout ce sont des machines, pas du tout métaphoriquement : des machines de machines, avec leurs couplages, leurs connexions. Une machine-organe est branchée sur une machine-source : l’une émet un flux, que l’autre coupe. Le sein est une machine qui produit du lait, et la bouche, une machine couplée sur celle-là. La bouche de l’anorexique hésite entre une machine à manger, une machine anale, une machine à parler, une machine à respirer (crise d’asthme). C’est ainsi qu’on est tous bricoleurs; chacun ses petites machines. Une machine-organe pour une machine-énergie, toujours des flux et des coupures. Le président Schreber a les rayons du ciel dans le cul. Anus solaire. Et soyez sûrs que ça marche; le président Schreber sent quelque chose, produit quelque chose, et peut en faire la théorie. Quelque chose se produit: des effets de machine, et non des métaphores.

G. DELEUZE & F. GUATTARI, L'ANTI-OEDIPE


PRESENTACIÓN MIGUEL ÁNGEL BELMONTE

(Universitat Abat Oliba CEU, CEU Universities)

Los autores de este libro son profesores. Algunos de ellos con veinte o treinta años de docencia universitaria, otros, a medio camino entre la generación X y los millenials. Pero todos con una profunda vocación de profesores llamados a entender el mundo que les rodea. Vocación a colaborar con sus alumnos para que fructifique en ellos la semilla del amor al conocimiento de la realidad y la experiencia gozosa del contacto con la verdad. Tal experiencia solo tiene sentido como experiencia compartida. Y eso es lo que los autores de este libro hacen habitualmente: compartir sus inquietudes, sus preocupaciones y sus investigaciones. En términos formales, esta experiencia compartida se ha venido desarrollando en los últimos tiempos bajo el manto de proyectos de investigación como el que está en la génesis del presente libro: el proyecto titulado “Control social, posmodernidad y comunidad política” (COSOPOC). Trasladar a un libro los resultados de su estudio compartido es también una manera de abrir esta experiencia al público en general, sin olvidar que el primer círculo de dicha labor comunitaria es el formado por los propios estudiantes, a los que, sin duda, este libro quiere servir de estímulo en sus trayectorias personales como alumnos, como futuros profesionales y, sobre todo, como personas dueñas de sus actos, responsables y capaces de afrontar los inquietantes retos a los que nos vemos todos abocados. Desentrañar la naturaleza de estos retos es algo a lo que este libro quiere contribuir. Más allá de los discursos oficialistas, generadores de consignas tan cansinas como poco originales (“Horizonte 2020”, “Agenda 2030”…), los autores de este libro afrontan la cuestión con la voluntad de incardinar los problemas en su continuo histórico. Por eso la abundancia de referencias a lo que grandes pensadores pasados y modernos fueron descubriendo por el camino. Y por eso, también, la indispensable atención a la “actualidad”, no entendida como una lluvia incesante que opaca nuestro parabrisas por muy rápido que pasemos el limpia, sino como atención al ser en acto, donde sea y


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Miguel Ángel Belmonte

cuando sea. Porque también en la era del sinóptico digital, la verdad es la realidad de las cosas. Bien cierto es que las singulares circunstancias del momento histórico en el que se gestó este libro han multiplicado el interés de su objeto de estudio. Los autores no son ajenos a esta realidad ubicua; por ello, eventualmente remiten al contexto pandémico y, especialmente, a cómo ha influido tal contexto en la eclosión de nuevas formas de control social. En tal sentido, la referencia frecuente a pensadores “globales” actuales, como el italiano Giorgio Agamben, el coreano Byung-Chul Han o la israelí Eva Illouz, ilumina nuestra comprensión de la “actualidad” sin caer en un mero presentismo estéril. Pero una comprensión lúcida del control social requiere también, por supuesto, volver la mirada a la enseñanza de los “clásicos”: desde Tocqueville, Durkheim o Ross, a los insoslayables Foucault, Deleuze o Bauman. En el primer capítulo, Javier Cigüela Sola ofrece una imagen exhaustiva del estado de la cuestión, mediante una genealogía de los procesos que conducen desde los viejos sistemas disciplinarios, donde el control existía y se ejercía de unos modos y en unos lugares muy determinados, a la actual sociedad del control ubicuo, reticular y masivo en la era del Big Data y las omnipresentes pantallas digitales. En el segundo capítulo, Javier Barraycoa y Miguel Ángel Belmonte desvelamos las tensiones entre individualismo y sociedad de masas, haciendo hincapié en nociones como “desarraigo” y “tecnocracia” para mostrar cómo se infiltra el control horizontal por las fisuras que deja la oleada de desvinculaciones y rupturas en el orden de las relaciones familiares, sociales, culturales y laborales. El desdoblamiento en los “nómadas” y los “adiestrados” –a la manera de los “apocalípticos” y los “integrados” de Umberto Eco–, paradójico resultado del mismo proceso de desarraigo múltiple, es analizado también por Javier Barraycoa en el quinto capítulo del libro. En el capítulo tercero, Stefano Abbate desarrolla a fondo el problema suscitado por la ruptura anómica de los contextos que dotaban de sentido al mundo del trabajo. La invasión hipertecnológica disfraza de autorrealización y de crecimiento personal lo que no es más que una mera autoexplotación. Así las cosas, el capitalismo traspasa ya la barrera del mercado exterior para instalarse en el mismo interior de la persona, cosa que convierte al propio cuerpo y a su imagen digital en el nuevo parquet global de las transacciones.


Presentación

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En la novela distópica de Zamiatin Nosotros, las paredes de las casas son transparentes y solo cae la persiana cuando tienen lugar ese tipo de transacciones. En la era de la transparencia total, nuestros pensamientos, nuestros deseos, nuestros movimientos, aunque solo sea el leve oscilar del ratón y del cursor por la pantalla, quedan totalmente a la vista del que tenga dinero para pagarlo. Y el nuevo excluido, el marginado de la era digital, se ve empujado a una forma de nuevo control total, inimaginable para Zamiatin. Al análisis de estas nuevas formas de exclusión se dedica el capítulo escrito por Jorge Martínez-Lucena. Unas formas de exclusión vinculadas con fenómenos aparentemente igualitarios, como el auge del compliance, en los que la transparencia corre el riesgo de romper la barrera de toda privacidad. Esclavos de un algoritmo que nos da la felicidad sin tener que preocuparnos en buscarla, liberarse supone renunciar a la insoportable presión de la happycracia y atreverse a buscar nuevas formas de alteridad. Precisamente el confinamiento global asociado a la pandemia de la COVID-19 ha desatado un sinfín de análisis sobre aspectos de las relaciones humanas que habrían sido tradicionalmente negligidos. Voces optimistas han levantado la bandera del “gran salto adelante” que tal confinamiento iba a traer en ámbitos como la lucha contra el cambio climático, el progreso tecnológico, los avances en investigación biomédica, pero también los supuestos progresos en el conocimiento interpersonal y las filantrópicas relaciones con nuestros vecinos. Sin embargo, más allá de los discursos resilientes y de los aplausos vespertinos desde los balcones, la pandemia nos ha dejado un panorama de sospecha permanente. Así, el otro es sospechoso de portar un virus contagioso; y yo mismo sospecho que el otro sospecha de mí por el mismo motivo. Del miedo a ser contagiados pasamos al miedo a ser contagiadores, cosa que nos convierte en sospechosos de nosotros mismos. Este dualismo es característico del famoso chivo expiatorio girardiano, el rey edípico, que alternativamente es salvador y destructor de la ciudad. El torrente decretal convierte en una misión posible saber si uno está cumpliendo o no con el marco “legal”. Como en la Oceanía de Orwell, casi todo está prohibido… aunque en realidad no había leyes. La emergencia sanitaria justifica todo tipo de restricciones en los derechos individuales y colectivos. Pero la peor de las limitaciones es la que convierte el orden jurídico mismo en un


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Miguel Ángel Belmonte

orden en suspenso, un fenómeno que se da especialmente cuando el vaivén de la opinión pública arrolla al legislador, a los gobiernos y hasta al poder judicial. Dicha amenaza de una sumisión del derecho al discurso del “populismo punitivo” es desenmascarada por Arturo González de León Berini, en el capítulo que cierra este libro, donde el autor despliega cómo se ha venido desarrollando la relación entre orden jurídico y orden social, especialmente a partir de los estudios seminales sobre la sociología del control del pionero Edward A. Ross en la American Journal of Sociology, pero teniendo siempre presentes los fundamentos teóricos del derecho. El lector encontrará muy inquietantes, sin duda, bastantes de las reflexiones aquí expuestas. Lejos del ánimo de los autores queda incentivar la desesperanza o la desconfianza ciega. No solo se encuentran en sus enfoques, de un modo expreso, algunas líneas de acción en consonancia con una experiencia de amistad y de convivencia social, o de un renovado reconocimiento del otro en toda su dignidad personal. También hay en todos ellos una profunda esperanza que va más allá de las limitaciones impuestas por una realidad ante la cual lo fácil sería salir huyendo. Y es que, a fin de cuentas, si el Señor no construye la casa, en vano vigilan los centinelas (Ps 127,1).


1. GÉNESIS Y DESARROLLO DE LA SOCIEDAD DEL CONTROL: DEL PANÓPTICO A LA PANTALLA DIGITAL JAVIER CIGÜELA SOLA (Universitat de Barcelona)

I. INTRODUCCIÓN Dar una definición de control resulta difícil, pues el control es una práctica históricamente situada, y en esa medida el contenido de tal práctica, especialmente cuando la ejerce un poder políticamente instituido, varía a lo largo de las sucesivas transformaciones históricas. Esa variación es dependiente, según ha mostrado Foucault, de las diferentes relaciones que se dan entre los poderes y los saberes hegemónicos en cada época, y no adopta la forma de una sucesión –en virtud de la cual un control y un poder darían paso a otros–, sino más bien la de una compleja imbricación acumulativa, de modo que la aparición de nuevas formas modifica la constelación hasta entonces existente. Dicho de momento con un ejemplo: las cámaras de seguridad se acumulan a las murallas y las tecnifican, pero no las substituyen. El presente capítulo trata de recorrer, por tanto, la génesis de las prácticas de control social, lo que estas dicen del poder y de los hombres que las ejercen y las padecen. Lo hace con la mirada puesta en la modernidad, bajo el presupuesto de que, aun cuando el control es una práctica consustancial a toda sociedad humana, desde la tribu al reino medieval, es a partir de la segunda mitad del milenio pasado cuando comienza a manifestarse una voluntad de dominio sobre el mundo1 que, en lo social, se expresa por encima de todo en la progresiva sofisticación de las tecnologías de control. Ello hasta el punto de que es posible definir la modernidad, como se verá, como un tránsito 1

Adorno, Th. & Horkheimer, M. (2007) Dialéctica de la Ilustración. Obra Completa, 3. Madrid: Akal, p. 43.


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Javier Cigüela Sola

progresivo desde una sociedad con determinadas formas de control hacia una sociedad del control; esto es, una en la que toda actividad (sea política, comercial, íntima, educativa, etc.) está asociada a una observación, un cálculo, una vigilancia y no en pocas ocasiones una cierta explotación.

II. DEL CONTROL SOBERANO AL DISCIPLINARIO: EL NACIMIENTO DE LA PRISIÓN En el repaso histórico que realiza Michel Foucault sobre las relaciones de poder es bien conocido que la primera gran transformación en términos de control social resulta del tránsito de una era “soberana” a una era “disciplinaria”. Dicho tránsito aglutina una serie de cambios civilizatorios que dieron la vuelta al mundo medieval, y que muy grosso modo podemos identificar con una revolución cultural –la llamada Ilustración–, una política –el Estado moderno–, una económica –la industrialización–, una mediática –la consolidación de la imprenta como un medio hegemónico de difusión– y otra demográfica –la urbanización. En virtud de todas estas hondas transformaciones todas las formas clásicas de hacer política, entre ellas las relacionadas con el control social, se volvieron obsoletas, y o bien fueron progresivamente abandonadas, o bien tuvieron que reactualizarse a los cánones de la nueva situación sociocultural. Resulta obvio, en fin, que no es posible ejercer el mismo tipo de control sobre una población rural, agraria y dispersa geográficamente que sobre otra urbana, industrial y aglomerada en entornos urbanos y, por qué no decirlo, altamente hostiles. ¿En qué se expresa, por tanto, el contraste entre las viejas y las nuevas formas de control que aparecieron a lo largo de los siglos XVII y XVIII? En primer lugar, se expresa en la cuestión del objeto espacial del control. Al poder soberano le importó básicamente la seguridad exterior, el mantenimiento del dominio territorial. Son las fronteras lo que se afana en controlar, en la medida en que su principal objeto de preocupación es la guerra y la conquista. Lo que ocurra puertas adentro está más o menos liberado en lo relativo al movimiento, y por ello al observar una ciudad medieval vemos que la arquitectura del control está restringida a una muralla externa, con torres que miran hacia fuera, mientras que el interior está más bien sometido a


1. Génesis y desarrollo de la sociedad del control: del panóptico a la pantalla digital

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un control simbólico, no especialmente ordenado. La disciplina, por su parte, no suprime la preocupación por la seguridad exterior, lo que hace es desdoblar la atención y dirigirla simultáneamente hacia dentro. En ese sentido, el disciplinario es un poder profundamente “isotópico”, que ordena el espacio al detalle: en él “cada elemento tiene su lugar determinado; tiene sus elementos subordinados y sus elementos superordinados”2. No solo la ciudad comienza a someterse a un diseño urbano, con calles amplias, aceras, chaflanes, radiales y todo un conjunto de dispositivos normativos y espaciales cuya principal misión es facilitar las tareas de control y vigilancia, no ya hacia afuera, sino hacia dentro; en realidad, todas las instituciones, desde las aulas a los lugares de trabajo, pasan a ser entornos artificialmente diseñados para facilitar el control. Primera diferencia, por tanto, en el control del espacio, que se vuelve centrípeto con la llegada de la disciplina. Co-extensiva a la anterior es la diferencia en el tratamiento de la individualidad, del cuerpo del individuo. Veámoslo con el modo en que el condenado aparece en cada época histórica. El cuerpo del condenado aparece en la “era soberana” poco más que como objeto de suplicio teatral en la plaza pública: allí va a funcionar como caja de resonancia de un castigo ejemplarizante y espectacular; va a servir de tejido somático para unas marcas y dolores que los demás van a ver como prueba de la obediencia debida, al “hacer sensible a todos, sobre el cuerpo del criminal, la presencia desenfrenada del soberano”, restaurada así “en todo su esplendor” a costa del infractor; el condenado va a entrar a través de su cuerpo herido en un engranaje (la orca, la rueda, el cepo, la picota, la letra escarlata, etc.) que va a amplificar el mensaje de sumisión que se envía a la población a través de la pena corporal y sus impresionantes efectos3. Ese poder punitivo –que implica por supuesto al Soberano, además del verdugo que ejecuta, la autoridad civil que lo organiza, la autoridad religiosa que orquesta el ritual, como también al público que observa– ejerce una técnica de control y subjetivación que podríamos caracterizar como espectacular: el cuer-

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Foucault, M. (2009) Vigilar y castigar. El nacimiento de la prisión. México: Siglo XXI, p. 147. Ibidem, p. 54.


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po ejerce aquí como símbolo somático del poder soberano, como “escenario de un ritual”4. En la “era disciplinaria” el cuerpo del condenado va a ser marcado por el poder de modo muy diverso: el castigo espectacular y doloroso va a desaparecer por “inhumano” o “inútil”5, y va a ser substituido por un castigo correccional, silencioso, detallado, dirigido mucho más al “alma del preso” que a su cuerpo directamente. El sujeto condenado va a dejar de ser expuesto pública y teatralmente para ser encerrado silenciosamente en una multiplicidad de instituciones panópticas o totales –de las cuales la prisión es solo una de ellas– en las que se va a procurar su reforma y su curación, su adiestramiento y en cierto modo su preparación para la fábrica, epicentro de la era industrial a la que la disciplina va a servir de sustento. Las diferentes técnicas disciplinarias, constituyendo una “anatomía política del detalle”6 y una “microfísica del poder punitivo”7 (control sobre el tiempo del interno, sus gestos, su postura, los espacios que habita, etc.), van a aplicarse al cuerpo con el objetivo de hacerlo “dócil”, no solo en el sentido económico de hacer de él una fuerza productiva útil para la fábrica, sino además en el sentido de hacer de él un “objeto pasivo” en términos de obediencia, lo que va a rendir también desde el punto de vista político8. No es el espectáculo sino el ejercicio lo que aquí juega un papel, y este no está dirigido a visibilizar el poder –cada vez más oculto y sutil–, sino a adiestrar al individuo en su paso por el continuum disciplinario que forman la escuela, la fábrica, el hospital y la

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Han, B-Ch. (2016) Sobre el poder. Herder: Barcelona, p. 61. En los escritos de los reformistas del siglo XVIII, de hecho, la inutilidad de las penas más crueles era utilizado como argumento contra ellas tanto o más a menudo que su carácter inhumano; así es por ejemplo en Beccaria, C. (2008) De los delitos y las penas. Madrid: Tecnos, pp. 69 y ss. Foucault, M. (2009) Vigilar y castigar. El nacimiento de la prisión. México: Siglo XXI, p. 143. Una descripción detallada del modo en que las instituciones totales ejercen un control minucioso y restrictivo de los internos: Goffman, E. (1972) Internados: ensayo sobre la situación social de los enfermos mentales. Buenos Aires: Amorrortu, pp. 51 y ss. Foucault, M. (2009) Vigilar y castigar. El nacimiento de la prisión. México: Siglo XXI, p. 36. Así, en relación con las técnicas disciplinarias: Ibidem, p. 142.


1. Génesis y desarrollo de la sociedad del control: del panóptico a la pantalla digital

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prisión9. Un ejercicio, además, sometido a la observación panóptica de una autoridad: el niño, el trabajador o el soldado está “en situación de ser mirado” en cada instante por el maestro, o el empresario o el coronel, con el consabido efecto generado por la “trampa de la visibilidad”, esto es, el hecho de que “quien está sometido a un campo de visibilidad, y que lo sabe, reproduce por su cuenta las coacciones del poder; las hace jugar espontáneamente sobre sí mismo […] se convierte en el principio de su propio sometimiento”10. “El soldado es por principio de cuentas alguien a quien se reconoce de lejos”11: lo que quiere decir que no es que el soldado ingrese de tanto en tanto en la institución militar para batallar, sino que es la institución misma la que ha ingresado definitivamente en el cuerpo del soldado, en sus gestos, su andar y su hablar, engulléndole desde el interior12. Pero no solo diferentes relaciones de poder (políticas, económicas, militares, educativas, religiosas, etc.) producen efectos en el control de los individuos, pues también los saberes juegan un papel crucial en

Al respecto, es fundamental Melossi, D. & Pavarini, M. (1977) Carcere e fabbrica. Bologna: Il Mulino. 10 Foucault, M. (2009) Vigilar y castigar. El nacimiento de la prisión. México: Siglo XXI, p. 206. 11 Ibidem, p. 139. 12 Permítame el lector una imagen cinematográfica para clarificar lo anterior. La era disciplinaria está representada del mejor modo en la película Tiempos modernos (1936) de Charles Chaplin. La relación disciplinaria entre sujeto y poder está expuesta en ella con gran profundidad y detalle: la máquina que da de comer violentamente a Charlot para que este tenga las manos libres y pueda seguir trabajando sin perder tiempo; el modo en que la disciplina se inserta en el cuerpo de Charlot, que acaba reproduciendo los gestos automáticos del trabajo en el tiempo libre, destornillando la nariz de sus jefes o las blusas de las mujeres; el control panóptico, que llega hasta el baño de la fábrica donde Charlot es sorprendido fumando por el patrón, que todo lo ve y todo lo controla desde su cabina; el desempleo masivo, que obliga a los obreros a aceptar desesperadamente cualquier trabajo que mejore levemente sus condiciones; y, por último y destacadamente, la continuidad entre las instituciones disciplinarias, visible en el modo en que Charlot transita desde la fábrica al hospital psiquiátrico, y del hospital a la cárcel, y en el hecho de que su principal aval para encontrar trabajo en la fábrica es el certificado de buena conducta del inspector de la prisión. Charlot aparece en la película como un “sujeto” en el sentido literal del término: «sujeto a» determinados poderes industriales, médicos y carcelarios, etc., y en cierto modo producido por ellos.

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los diferentes ecosistemas de control13. Así, el discurso que se genera acerca del desviado sexual, del loco o del pobre, las teorías acerca del origen de sus males o las explicaciones “científicas” sobre su comportamiento y su posible control, todo ello está mucho más relacionado con lógicas de saber-poder (¿quién produce el discurso? ¿con qué intereses? ¿desde qué institución?), con juegos entre lo permitido y lo prohibido (¿qué es tolerable dado un estado de cosas y qué no lo es?), que con búsquedas neutras de la verdad científica. De toda época histórica, por tanto, es posible reconstruir una política de la verdad, esto es, una dinámica en la que el propio saber encuentra su lugar y queda políticamente validado, o en la que, por el contrario, queda ocultado o deslegitimado. Así, por ejemplo, los diferentes poderes de control penal –persecución y castigo del criminal– que se han sucedido históricamente se han legitimado acoplándose a diversos saberes: el control que en la época clásica se apoyó en el saber religioso y moral, a partir del siglo XIX y hasta hoy se legitima a través del saber científico-social, concretamente de la psiquiatría, la psicología, la criminología, la estadística, la lógica actuarial y actualmente el Big Data y las ciencias del comportamiento (quedando ahora la teología excluida de los “saberes válidos”)14. Por otro lado, todos estos saberes han sido “producidos” no en situaciones abstractas sino en relaciones concretas de poder: el psiquiatra que en el siglo XIX y aún hoy “trata” al delincuente para identificar el origen de su “desviación”, lo hace desde una posición de poder

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En este sentido, cf. Foucault, M. (2009) Vigilar y castigar. El nacimiento de la prisión. México: Siglo XXI, pp. 34 y s. Véase también Foucault, M. (2018) El orden del discurso. Barcelona: Tusquets, p. 6: “El discurso no es simplemente aquello que traduce las luchas o los sistemas de dominación, sino aquello por lo que, y por medio de lo cual se lucha, aquel poder del que quiere uno adueñarse”. Cf. Foucault, M. (2001) Los anormales. Madrid: Akal. Sobre ello, en relación con la criminología, Garland, D. (1999) Castigo y sociedad moderna. México D.F.: Siglo XXI, p. 176; sobre la evolución del saber penal desde el modelo actuarial al estadístico y actualmente al Big Data: Harcourt, B. (2015) Exposed. Desire and Disobedience in the Digital Age. Cambridge: Harvard University Press, pp. 141 y ss.; sobre el Big Data como saber-poder: Cigüela Sola, J. (2017a) “Big Data, saber-poder y pastoreo digital: sobre el fundamento mitológico de la autoridad”, Foro Interno: Anuario de Teoría Política 17, pp. 35-54.


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