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CAUSA Y GARANTÍA FIDUCIARIA

Gorka Galicia Aizpurua

Profesor Titular de Derecho Civil Universidad del País Vasco Euskal Herriko Unibertsitatea

Valencia, 2012


Copyright ® 2012 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito del autor y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com (http://www.tirant.com). La publicación de este libro se ha financiado a través del Proyecto DER 2008-01965/JURI, del Ministerio de Ciencia e Innovación

© GORKA GALICIA AIZPURUA

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A Marina


ÍNDICE CAPÍTULO PRIMERO EL PROBLEMA DE LA CAUSA

I. Premisas metodológicas.............................................................

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II. De la causa de la obligación a la causa del contrato y del negocio jurídico......................................................................................... 1. La causa de la obligación....................................................... 1.1. Las “carencias” del artículo 1274................................... 1.2. La inanidad de la causa de la obligación....................... 1.3. La causa, ¿razón objetiva?.............................................. 2. La causa del contrato y del negocio jurídico......................... 2.1. La función caracterizadora de la causa......................... 2.2. Crítica.............................................................................. 3. Recapitulación........................................................................

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III. Los antecedentes históricos de la causa en el Código civil español: relectura...................................................................................... 1. Domat, Pothier y la codificación francesa............................. 1.1. La tesis de Domat: el fundamento del empobrecimiento 1.2. La doctrina de Pothier: causa de la obligación y causa ilícita................................................................................ 1.2.1. La causa de la obligación.................................... 1.2.2. La causa ilícita.................................................... 1.3. La codificación francesa y la causa: del fundamento del empobrecimiento al porqué de la existencia de la obligación......................................................................... 2. El proyecto de 1851: la causa según García Goyena............ 2.1. Concepto de causa: la razón o el motivo del contrato.... 2.2. La causa objetiva en los contratos onerosos, en los de beneficencia y en los remuneratorios. Resurrección de la noción originaria del término..................................... 2.3. La causa subjetiva: causa falsa y causa ilícita.............. 2.3.1. La causa falsa..................................................... 2.3.2. La causa ilícita.................................................... 2.4. Inexpresión causal..........................................................

IV. El ambivalente significado de la causa en el Código civil español: dos nociones extrañas entre sí...................................................

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ÍNDICE

1. Los artículos 1261.3.º y 1274: la causa como requisito exclusivo de la obligación que suponga una atribución para el acreedor................................................................................... 1.1. La recta interpretación del artículo 1274 CC................ 1.2. La integración de los artículos 1261.3.º y 1274: significado, trascendencia y naturaleza de la causa de la obligación. 1.2.1. La causa de la obligación como mero límite a la autonomía de la voluntad.................................. 1.2.2. Precisiones conceptuales.................................... 1.2.2.1. Causa de la obligación atributiva en sentido estricto (arts. 1261.3.º y 1274) y causa de la atribución en sentido amplio (art. 1277). Negocios abstractos............ 1.2.2.2. Causa de la promesa y causa de la prestación...................................................... 1.2.2.3. Obligaciones contractuales que no necesitan causa. Especial referencia a las obligaciones ejecutivas y a la causa falsa según Pothier......................................... 1.2.2.4. Causa de la obligación y lesión............. 1.2.2.5. Causa de la obligación y aleatoriedad.. 1.2.2.6. Causa de la obligación, sinalagma y riesgos.................................................... 2. Los artículos 1262.I, 1275, 1276 y 1301: la causa como razón o motivo de la celebración del contrato................................. 2.1. Causa y motivos: ausencia de causa y causa falsa. Desaparición sobrevenida de la causa............................................. 2.1.1. Ausencia de causa y causa falsa........................ 2.1.2. Desaparición sobrevenida de la causa............... 2.2. Causa y motivos: causa ilícita........................................

V. Recapitulación.............................................................................

122 122 129 131 137

137 142

143 151 153 155 158 160 161 168 169 171

CAPÍTULO SEGUNDO LA CAUSA DE LA OBLIGACIÓN Y EL DILEMA DE LA FIDUCIA CUM CREDITORE (Y DE OTRAS MODALIDADES DE PROPIEDAD EN GARANTÍA)

I. Planteamiento.............................................................................

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II. Breve concepto de la fiducia cum creditore y doctrinas más comunes sobre su configuración................................................. 1. Concepto. Validez del negocio.................................................

180 180


ÍNDICE

2. La fiducia cum creditore y la transmisión de la propiedad (o titularidad).............................................................................. 2.1. La teoría del doble efecto y la crítica de De Castro....... 2.2. La teoría de la distinción entre propiedad formal y propiedad material y la teoría de la titularidad fiduciaria. 2.3. El régimen de la venta en garantía a la luz de la teoría de la titularidad fiduciaria............................................. 2.3.1. Eficacia inter partes............................................ 2.3.2. Eficacia frente a terceros....................................

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182 182 188 191 191 196

III. La invalidez de la fiducia cum creditore.................................... 1. Crítica a la teoría de la titularidad fiduciaria....................... 1.1. En cuanto a sus efectos................................................... 1.2. En cuanto a su fundamentación teórica........................ 2. La causa de la obligación sensu stricto y la nulidad de la fiducia cum creditore.............................................................. 2.1. Planteamiento................................................................. 2.2. Argumentación................................................................ 2.3. Alcance de la nulidad......................................................

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IV. Salvedades a la causa de la obligación...................................... 1. La causa de la obligación, el orden público económico y los principios generales del Derecho........................................... 2. Primera salvedad: el leasing.................................................. 2.1. Variedades fiduciarias.................................................... 2.2. El leasing no es un arrendamiento................................ 2.3. Leasing y mandato ad adquirendum............................. 2.4. Leasing y fiducia cum creditore...................................... 2.5. Las vacilaciones del legislador....................................... 2.6. La tarea del legislador.................................................... 3. Segunda salvedad: las garantías financieras........................ 3.1. El Real Decreto Ley 5/2005, de 11 de marzo, o la “desregulación” de las garantías........................................... 3.2. El problema de la delimitación del ámbito de aplicación del régimen de las garantías financieras....................... 3.3. Crítica..............................................................................

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V. Recapitulación.............................................................................

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BIBLIOGRAFÍA.....................................................................................

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207 207 208 219

221 224 224 229 232 235 240 244 245 245 252 257


PREVIO* Para quien suscribe estas líneas, el requisito de la causa previsto en el artículo 1261 del Código civil español en orden a la validez de los contratos es, tal como lo conciben hoy jurisprudencia y doctrina, un elemento fútil y superfluo, del que bien podría prescindirse en una hipotética reforma legislativa. Entiendo, además, que esta ruda afirmación es predicable tanto de aquellas tesis que ven en la causa un ingrediente del contrato en sí, como de las que la consideran un elemento sine qua non de la obligación. Sin embargo, lo anterior no debe llevar a engaño: la presente obra no es un libelo anticausalista. Su objetivo último, antes que en arrumbar aquel secular concepto, consiste en insuflarle nuevos bríos. Mas sobre bases distintas. El diferente sostén al que aludo viene suministrado por los antecedentes históricos. Pues a través de su análisis cuidadoso y pausado es posible, en efecto, develar un concepto de causa que, en lo que se me alcanza, ha permanecido hasta hoy en buena medida oculto; un concepto que, referido exclusivamente a cierto tipo de obligación convencionalmente asumida (y no al contrato, ni aun a cualquier género de deuda), tiene una entidad y un significado netos; un concepto, en fin, que está dotado de verdadera trascendencia y relieve jurídicos. Se trata, ni más ni menos, de aquel que fuera originariamente acuñado por los dos eximios juristas a quienes suele imputarse la paternidad del requisito, a saber, DOMAT y POTHIER, y que, como intentaré demostrar, era en gran parte ajeno a la idea de razón o porqué de la existencia de la obligación. Y es que es muy probable que la historia de la causa se resuma en la historia de una lamentable confusión. O, dicho con mayor exactitud, que sea el desafortunado resultado de una involuntaria tergiversación de la obra y las enseñanzas de DOMAT acaecida durante la codificación francesa, y de la que habría participado también, co-

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Este trabajo se ha elaborado en el seno del Grupo de Investigación Consolidado GIC IT-460-10 (Gobierno Vasco) y en el marco del Proyecto DER 2008-01965/JURI, del Ministerio de Ciencia e Innovación, cuya dirección corresponde al Dr. D. Jacinto Gil Rodríguez.


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mo no podía ser de otro modo, nuestro Código. Sin embargo, si lo hizo —así lo creo yo—, no fue —a diferencia del francés— en forma plena, ya que el buen hacer de otro grandísimo jurista, Florencio GARCÍA GOYENA, permitió que esa prístina significación de la causa se incorporara finalmente a él por medio del artículo 1274, cuyo antecedente único es, precisamente, el artículo 997 del proyecto isabelino de 1851. Es además aquí donde, decididamente, halla explicación la dicotomía observable en el Código civil español entre causa del contrato y causa de la obligación, la cual no es, desde luego, un espejismo jurídico, sino el tangible fruto de aquel histórico trastrocamiento. La primera parte del trabajo se consagra íntegramente al estudio de todas estas cuestiones y, por tanto, al problema de la causa. En la segunda, en cambio, se procurará ilustrar la relevancia y calado del “nuevo” concepto propuesto mediante el análisis de un ejemplo concreto: el que suministra el negocio fiduciario y, más exactamente, la denominada fiducia en garantía o cum creditore. Pues esta otra noción del término ayuda a comprender por qué la fiducia tiene un encaje tan difícil en nuestro ordenamiento. Aún más: permite responder a una interrogante que, a mi juicio, todavía no ha sido despejada satisfactoriamente, a saber, la de por qué un contrato con exclusiva función de garantía no propicia ni podría propiciar jamás, en el sistema del Código civil, la transmisión de la propiedad aun siendo esa la voluntad de los contratantes y por mucho que así lo desearan.


CAPÍTULO PRIMERO

EL PROBLEMA DE LA CAUSA I. PREMISAS METODOLÓGICAS A poco que el intérprete reflexione tras una lectura detenida de los múltiples escritos consagrados a la causa y de las variadas tesis ensayadas en torno a su significado, extrae una obvia, pero sugerente, idea: que la problemática que suscita este requisito impuesto por los Códigos latinos en orden a la validez de los contratos está condenada a persistir en tanto no se aísle una función propia y específica para ella. En efecto, las diversas teorías elaboradas en su derredor conducen a su solapamiento y confusión con otros elementos estructurales del contrato o, incluso, con los límites generales que el Derecho objetivo impone a la autonomía privada. Esto hace de la causa una presencia incómoda, desasosegante e inane, destinada, con toda probabilidad, al olvido. Y así será salvo que se le adjudique un sentido técnico concreto. Que esta apreciación sea fundada, lo demuestra el arrinconamiento al que viene siendo sometida en las más recientes reformas, o proyectos de reforma, del Derecho contractual. Pues si, de un lado, la causa ha sido desterrada de los últimos Códigos civiles promulgados (Holanda, 1992), de otro, ha sido deliberadamente preterida por los textos dirigidos a la creación de un Derecho común de contratos en Europa (así, ante todo, por los Principles of European Contract Law y por el Draft Common Frame of Reference)1. Incluso el país que la vio nacer parece dispuesto a darle la espalda o, cuando menos, a someterla a un proceso de revisión o “reformulación”2.

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Sobre esta cuestión, vid. José Antonio MARTÍN PÉREZ (2006), “La causa del contrato ante el proceso de armonización europea (razones de una desaparición inevitable y quizás aparente)”, en Estudios de Derecho de obligaciones. Homenaje al profesor Mariano Alonso Pérez, coord. por Eugenio Llamas Pombo, t. II, La Ley, Madrid, pp. 283 y ss.; y José Luis DE LOS MOZOS (2002), “La regulación del contrato y el problema de la causa”, RJNot., enero-marzo, pp. 203 y ss. Consúltese la reseña de Yves PICOD (“Les projets français sur la réforme du droit des obligations”, InDret 4/2009, pp. 6-7) acerca de los diversos proyectos de reforma del Derecho francés de obligaciones hoy existentes.


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El propósito de la primera parte del presente trabajo es precisamente ése, o sea, dotar de significado particular a la causa en el contrato, fin que se persigue no sólo por la razón dicha, sino también por la premisa lógica de que el legislador no regula el vacío, esto es, las normas que dicta tienen o han de tener (valga la ironía) una “causa final”. Para alcanzar la meta propuesta, la investigación debe iniciarse, lógicamente, con una descripción del estado científico de la cuestión, si bien el lector no ha de temer el naufragio en un mar de bibliografía o datos históricos. La mejor y más autorizada doctrina española sobre la causa hace tiempo que acometió una encomiable tarea de crítica y filtrado de teorías y antecedentes por lo que hace a nuestro ordenamiento, allanando y deslindando el campo de prospección. Además, en lo que toca a los autores foráneos, ha de recordarse que nuestro Código presenta una peculiaridad esencial frente a los restantes ordenamientos en los que se acoge igualmente el requisito de la causa, puesto que, a diferencia de éstos, se molestó, desde un primer instante, en facilitar una definición de lo que por tal había de entenderse (art. 1274)3. En verdad, el objetivo es bien limitado, ya que sólo se persigue la aprehensión de concepto tan escurridizo con estricta atención a los datos normativos que proporciona el Código civil español. En consecuencia, el recurso a los precedentes, del que se hará empleo una vez dibujado el status quaestionis, se ceñirá a los que se juzgan en absoluto imprescindibles para una correcta intelección de los artículos vigentes en la materia.

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No obstante, entre las aportaciones más recientes de la doctrina extranjera pueden consultarse, si así se desea, las monografías de Rita ROLLI (2008), Causa in astratto e causa in concreto, Cedam, Padova, por lo que hace a Italia; y de Jacques GHESTIN (2006), Cause de l’engagement et validité du contrat, LGDJ, París, en lo que atañe al Derecho francés. Esta última obra incluye asimismo (pp. 483 a 622) un resumen de las tesis más novedosas elaboradas en el seno de la doctrina francesa.


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II. DE LA CAUSA DE LA OBLIGACIÓN A LA CAUSA DEL CONTRATO Y DEL NEGOCIO JURÍDICO 1. La causa de la obligación El análisis de la causa en el ordenamiento civil español ha de partir necesariamente de lo prescrito en los artículos 1261.3.º y 1274 CC. Mientras el primero introduce como requisito para la existencia del contrato una “causa de la obligación que se establezca”, el segundo define en qué consiste ésta: “En los contratos onerosos se entiende por causa, para cada parte contratante, la prestación o promesa de una cosa o servicio por la otra parte; en los remuneratorios, el servicio o beneficio que se remunera, y en los de pura beneficencia, la mera liberalidad del bienhechor”. Una inteligencia de ambas normas que desee ser respetuosa con su tenor literal debe sostener que la exigencia de la causa viene referida a la obligación contractual y no al contrato en sí; “es decir, el requisito del contrato no es la causa, sino que la obligación que en él se establezca tenga causa”4. Esta imposición, se ha sugerido, es acorde con uno de los principios esenciales del Derecho civil patrimonial, según el cual toda atribución (entendida como cualquier beneficio valuable recibido a costa de otro) ha de tener, para ser válida, un fundamento justificativo: la ley o una relación antecedente que justifique el desplazamiento patrimonial voluntario (vid., p. ej., art. 609 CC). En la medida en que la obligación derivada del contrato comporta asimismo una atribución para el acreedor, ha de contar

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Francisco de Asís SANCHO REBULLIDA (1978), “Notas sobre la causa de la obligación en el Código civil”, en Estudios de Derecho civil, t. I, Eunsa, Pamplona, p. 148; vid. también José Luis LACRUZ BERDEJO et al. (2007), Elementos de Derecho civil, t. II, vol. 1.º, 4.ª ed. (revisada y puesta al día por Francisco Rivero Hernández), Dykinson, Madrid, p. 424; Manuel ALBALADEJO (1958), El negocio jurídico, Bosch, Barcelona, pp. 199 y ss.; Manuel DE LA CÁMARA ÁLVAREZ (1978), “Meditaciones sobre la causa”, RCDI, pp. 650 y ss.; Enrique LALAGUNA DOMÍNGUEZ (1988), “Sobre la causa en los contratos”, La Ley, t. 4, p. 1.026; M.ª del Carmen GETE-ALONSO (1979), Estructura y función del tipo contractual, Bosch, Barcelona, pp. 525 y ss.; Pedro DE PABLO CONTRERAS (2008), “Requisitos del contrato”, en Curso de Derecho civil, II, 2.ª ed., Colex, Madrid, pp. 376 y 377.


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con una justificación: la obligación le confiere un derecho a exigir, que aumenta su patrimonio y le enriquece5. Sólo a base de este presupuesto lógico sería factible extraer un significado unitario para el vocablo causa no obstante la heterogeneidad de criterios que en el artículo 1274 se emplean para definirla: uno objetivo en los contratos onerosos (la prestación o promesa de una cosa o servicio por la otra parte); otro subjetivo en los gratuitos (el ánimo liberal); y uno último, de naturaleza mixta (pues, a tenor de la tesis más extendida, sería mero resultado de la combinación de los anteriores), para los remuneratorios. La característica común a elementos tan dispares consistiría en que cada uno ofrece, en función del tipo de convenio de que se trate, una razón o un porqué de la atribución que comporta para la otra parte negocial la asunción de una obligación mediante contrato por el deudor. Así, el Código civil estaría exigiendo que, en los onerosos, cada atribución crediticia venga justificada precisamente por la obligación correlativa que contrae la otra (o la atribución que realiza), mientras que, en las donaciones, la ventaja se justificaría por la simple voluntad del atribuyente, a falta de cualquier correspectivo; o sea, en ellas, a diferencia de lo que acontece en los primeros, la obligación asumida o la atribución materializada no dependería “institucionalmente en su existencia o subsistencia, de otra atribución o promesa”6. Ahora, este modo de concebir el requisito de la causa encuentra varias dificultades a sortear cuando se intenta certificar su solidez.

1.1. Las “carencias” del artículo 1274 Dicen los mismos sostenedores de esta tesis que el artículo 1274 CC no suministra una explicación suficiente de cuál sea la causa de

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LACRUZ (2007, p. 423). Algo similar afirma ALBALADEJO, quien, no obstante, sigue el camino inverso: la imposición de una causa para la obligación nacida del contrato “puede extenderse a cualquier otra clase de atribución patrimonial (atribución que enriquece el patrimonio de otro, bien haciéndole adquirir nuevos derechos, bien liberándolo de obligaciones). Incluso el propio modo de ser de las cosas lo requiere así, pues lo mismo que nadie se obliga a favor de otro (es decir, atribuye a éste un derecho de crédito) sin causa, tampoco nadie realiza sin causa ninguna otra clase de atribución patrimonial” (1958, p. 201). LACRUZ (2007, pp. 425 y 426).


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ciertas obligaciones y sus correlativos derechos de crédito; muy especialmente, los de restitución y recuperación de lo prestado mediante comodato o mutuo: la onerosidad o el ánimo liberal indican cuál es el sentido de la prestación inicial, pero no pueden servir de fundamento (causa) a la posterior pretensión restitutoria. Esta última sólo viene justificada por (tiene su causa en) la entrega antecedente que se hizo en su día causa credendi y, en su caso, como límite al ánimo liberal del comodante o prestamista. “La diversidad de causas se da también en el depósito gratuito, teniendo en cuenta que el gratificante es, en este caso, el accipiens, es decir, el depositario”7. Tampoco es trasplantable, sin más, lo que el artículo 1274 establece a los contratos de cooperación o división, pues si bien podría afirmarse que la causa del precepto consiste, en estos casos, para cada contratante en la promesa de las aportaciones y contribución personal de los demás, no hay verdadera correspondencia entre lo que presta una parte y todas las restantes, ni los intereses concurrentes se hallan contrapuestos al existir una finalidad común, al contrario de lo que sucede en los de intercambio. De ese fenómeno de finalidad común y cooperación, “no puede dar cuenta la causa, porque ésta no es un instrumento apto para describir el contenido del contrato, y sí un innecesario testigo del equilibrio de las prestaciones pactadas”8.

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LACRUZ (2007, p. 426). Se ha intentado solventar la objeción, cuando menos en parte, acusando al artículo 1274 CC de operar “sobre una errónea sinonimia entre la onerosidad y la bilateralidad, la gratuidad y la unilateralidad” (SANCHO, 1978, p. 148, nota 1): “seguramente”, el artículo “quiso establecer la distinción en base a la onerosidad o gratuidad de los contratos; pero, o consideró que había paralelismo y coincidencia con la distinción entre contratos bilaterales y unilaterales, o bien, al menos, identificó los gratuitos con la donación; alguna disyuntiva, empero, presintió el legislador cuando separó los remuneratorios, asignándoles causa propia, y llamó a los restantes ‘de pura beneficencia…’; me parece evidente que, para el artículo 1274, en el contrato de mutuo, la atribución del mutuante tiene por causa la promesa de devolver otro tanto de la misma especie y calidad, y la obligación del mutuatario tiene por causa la promesa del mutuante o, en su caso, la entrega del dinero o cosa fungible. El haber tomado como criterio clasificatorio la onerosidad o gratuidad es, seguramente, porque el artículo 1274 está pensando en la obligación contractual de atribución patrimonial (lo cual no impide que su doctrina sea referible a toda obligación contractual, como evidencian los demás artículos de la sección), pero hay en él como una tendencia a la clasificación bilateralidad unilateralidad” (SANCHO, 1978, p. 154). LACRUZ (2007, p. 427).


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En definitiva, la enumeración del artículo 1274 es insuficiente e incompleta, y su interpretación combinada con el 1261.3.º sugiere que el Código persiste en el planteamiento romano de las causas de la atribución; más concretamente, “de la que consiste en contraer el atribuyente una deuda frente al atributario: causas credendi, donandi o solvendi”9. Tal sería la traducción de la verdadera intentio del legislador.

1.2. La inanidad de la causa de la obligación Empero los problemas del artículo 1274 no paran en lo anterior, porque esta perspectiva analítica convierte, además, a la causa en un elemento fútil. Así sucede, desde luego, en relación a los contratos onerosos. Ya se ha dicho que lo que la norma impone en ellos es que cada atribución crediticia esté justificada por la obligación correlativa que contrae la otra parte negocial. Pues bien, esta exigencia no añade nada a las previsiones ya contenidas en los dos primeros apartados del artículo 1261: la cosa o el servicio a prestar por cada parte conforman el objeto de la prestación, y en cuanto tal objeto han de reunir las cualidades de existencia y posibilidad (actual o futura) impuestas por la ley. De modo que aquello a lo que el artículo 1274 denomina causa es, en realidad, un quid que naturalmente comporta cualquier contrato sinalagmático generador de obligaciones10. Se ha pretendido superar esta dificultad aduciendo que, en efecto, la prestación es el objeto de la obligaciones nacidas de él; mas, simultáneamente, cada una de estas prestaciones actúa como causa de la obligación correspectiva. Un mismo elemento, la prestación, satisface dos funciones y, por tanto, presenta dos facetas y admite dos conceptos: objeto de una obligación, de un lado, y causa de la obligación correspectiva, de otro; esto es, “su funcionalidad de causa radica, precisamente, en la interdependencia de cada prestación o promesa respecto de la otra”11. Sin embargo, frente a este razona-

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LACRUZ (2007, p. 424). Vid., asimismo, ALBALADEJO (1958, pp. 203 y 204). LACRUZ (2007, pp. 425 y 426). SANCHO (1978, pp. 155 y 156). El autor adelanta la idea unas páginas más atrás cuando asevera: “en los contratos onerosos la causa consiste en


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miento, se opone un argumento apremiante: el de que la causa de la obligación ya no será, entonces, un requisito autónomo de inexcusable presencia al instante de la celebración del contrato, contrariándose, flagrantemente, el impetuoso requerimiento del legislador que aparece plasmado de modo muy nítido en el artículo 1261, pues si fallara la prestación correspectiva, fallará, se dice, la causa, pero también a la vez el objeto (si se quiere, del contrato). Todavía hay más: “la contemplación de la cosa o servicio por la parte que los recibe a cambio de su prestación es un hecho psíquico integrado en la formación del consentimiento”12, con lo que la causa nunca podría escindirse completamente de los otros dos elementos estructurales del negocio enunciados en los números 1.º y 2.º de aquel artículo. Por ello, esta opinión no tiene otro remedio que reducir el papel de la causa al de un quid explicativo de ciertas soluciones adoptadas por el Código, la doctrina o la jurisprudencia respecto de anomalías que presenta el contrato una vez perfeccionado, y no al momento de su celebración: se dice que la causa explica la resolución por incumplimiento, la exceptio non adimpleti contractus o la doctrina de la base del contrato13, cuando la causa es, a tenor del pensamiento del legislador, un factor determinante del nacimiento de la obligación contractual y de la existencia del negocio. En resumen, concebida la causa de esta guisa, deviene tarea imposible aislar una hipótesis en que ésta falle, en cuanto tal, al preciso momento de la celebración del contrato oneroso. Además, nótese cómo los supuestos aludidos ni siquiera ponen en entredicho la subsistencia del negocio en sí. La idea es patente en lo que se refiere a la exceptio non adimpleti, pero voces muy autorizadas sostienen lo mismo para la acción resolutoria prevista en el artículo 1124 CC y, por extensión, para la derivada de la construcción teórica de la base del negocio: la resolución no afecta a éste, sino a la relación que nace de él. “El contrato, como fuente de la relación, no queda impactado por la resolución. Se habla de disolución, extinción o resolución del contrato, utilizando persistentemente la ambigüedad del término. Pero nos referimos al vínculo contraído, a la relación nacida

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la interdependencia de las promesas o prestaciones”; “la concurrencia de ambas, su encuentro, que es el que permite apreciar la interdependencia causal, se da, precisamente, en el contrato” (pp. 149 y 150). Vid., en sentido muy similar, LALAGUNA (1988, p. 1.018) y DE LA CÁMARA (1978, pp. 650 y ss.). José Luis LACRUZ BERDEJO (1981), “La causa en los contratos de garantía”, RCDI, p. 719. SANCHO (1978, pp. 149, 150 y 156); DE LA CÁMARA (1978, p. 662).


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del contrato”. El negocio, pues, no cae: “devendrá inútil, si la relación creada es tal que se agota en un único momento; permanecerá útil, si la relación es de tracto sucesivo, como ocurre en los arrendamientos (arts. 1569 del Código civil; 114 de la Ley de Arrendamientos Urbanos; 83 de la Ley de Arrendamientos Rústicos, etc., previenen resoluciones con eficacia ex nunc, y por ende las prestaciones ya ejecutadas se sostienen y justifican con base en el negocio). En los casos de relaciones de tracto sucesivo, las prestaciones, digo, no se mantienen y justifican como meros datos de hecho (factum infectum fieri nequit), sino como efectos de un negocio jurídico, lo que no ocurriría si éste quedara resuelto”14. Esto es así porque la resolución se predica, por definición, de un negocio válido y eficaz del que han surgido las consiguientes obligaciones; o sea, el artículo 1124 no ofrece un remedio ante un hipotético vicio estructural del contrato, sino que recoge una ineficacia sobrevenida del vínculo cuando el contrato ya ha tenido consentimiento, objeto y causa15.

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Vicente Luis MONTÉS PENADÉS (1989), Comentarios al Código civil y Compilaciones forales, dir. por Manuel Albaladejo, t. XV, vol. 1.º, Edersa, Madrid, p. 1.187. MONTÉS (1989, p. 1.184); vid., en idéntico sentido, Mario E. CLEMENTE MEORO (1998), La facultad de resolver los contratos por incumplimiento, Tirant lo Blanch, Valencia, p. 500, y Luis DÍEZ-PICAZO (2008), Fundamentos del Derecho civil patrimonial, t. II, 6.ª ed., Thomson-Aranzadi, Cizur Menor, p. 816: “A nuestro juicio, aunque la idea de una ‘anomalía funcional sobrevenida’ puede aceptarse para describir el incumplimiento y su incidencia en la relación obligatoria, no es admisible que se le aproxime a lo que nosotros llamamos la ineficacia funcional. No puede perderse de vista que la categoría de la ineficacia, como la de la invalidez, se refiere a los negocios jurídicos en general y a los contratos en particular. Cuando se habla de una ineficacia funcional, se hace referencia a un negocio jurídico, que, por su sola aparición, produce una lesión o un perjuicio. No es éste, evidentemente, el caso del incumplimiento contractual, que no se produce por el hecho mismo de la celebración del negocio y con el cual el negocio no tiene nada que ver. Tampoco puede argumentarse con la remisión que el art. 1124 hace a las reglas de la rescisión. Es una remisión muy limitada, que busca unos efectos muy concretos y que no es un paralelo en la calificación. Por eso, nos parece mucho más correcta la idea que ve en la acción resolutoria un medio de defensa destinado a tutelar a una de las partes frente a las circunstancias que lesionan objetivamente su interés en la actuación o desarrollo de la obligación. La resolución no va, propiamente hablando, contra el negocio, ni lo hace ineficaz. Va contra la relación jurídica que el negocio había originado o dado vida. La tutela no se produce por el carácter anómalo del negocio, sino por el anormal desenvolvimiento de la relación contractual. Y no es por ello una acción dirigida a provocar la ineficacia del negocio. El negocio fue eficaz en el momento de celebrarse y continúa siendo eficaz. La acción busca poner fin a la relación obligatoria, con recuperación


CAUSA Y GARANTÍA FIDUCIARIA

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Este grupo de objeciones es aplicable a algunos de los ejemplos con los que DE LA CÁMARA ilustra su noción de promesa sin causa. A su decir, en los contratos onerosos, “la causa de la promesa estriba en el resultado que el promitente pretende conseguir merced a la promesa de la otra parte”; “como este resultado se traduce en la contraprestación que ha de recibir, faltará la causa si esa prestación no se ha concretado suficientemente, si su cumplimiento deviene imposible, si no se han dado los supuestos fácticos previstos para que realmente haya contraprestación, cuando el promitente tenga derecho a percibirla por otro concepto y, en general, siempre que, de hecho, sea inexistente”16. 1) Por ejemplo, la prestación no estará suficientemente concretada si el señalamiento del precio se dejó al arbitrio de persona determinada (art. 1447 CC) y aquélla no lo fijó dentro del plazo que se le indicó al efecto. Sin embargo, obsérvese que aquí lo único que sucede es que la obligación nació con un objeto determinable que dejó de serlo ulteriormente. 2) El cumplimiento de lo prometido resultará imposible si la cosa vendida se pierde al tiempo de celebrarse la venta (art. 1460.I). Mas la anomalía incumbe también aquí a la prestación, esto es, al objeto de una obligación que, por esto, no llega a generarse, ni tampoco la correlativa: el contrato es nulo por falta del elemento exigido por el artículo 1261.2.º CC. 3) Una hipótesis que, como la primera, atañe a una obligación ya nacida, sería la siguiente: “faltan los supuestos fácticos contemplados, en el caso de que una persona adquiera unas acciones, que no valen nada, por una determinada cantidad, a cambio de que quien la percibe libere al adquirente de unas responsabilidades que no le llegan a ser exigidas (supuesto contemplado por la sentencia de 8 de enero de 1964)”; tal exigencia de responsabilidades, así enunciada, puede concebirse como un evento condicionante al que las partes someten de común acuerdo la efectividad del intercambio, de modo que, en su ausencia, aquéllas pueden desentenderse del vínculo de modo natural, de acuerdo con el principio pacta sunt servanda; empero nada de esto tiene que ver con la perfección del contrato y el nacimiento de la obligación. En cambio, el autor traspasa los límites que él mismo traza para la delimitación del concepto cuando tilda de promesa sin causa la que tiene por fin remunerar servicios que quien los promete está obligado a prestarlos por razón de su cargo (o una prestación que se adeudaba ya por otro concepto); o el supuesto en que el señalamiento del precio se deja al arbitrio del comprador (art. 1449 CC). En cuanto a la primera hipótesis, porque, contra su parecer, no será posible en ocasiones dejar de constatar la concurrencia de contraprestación (verbigracia, la resolución judicial o administrativa favorables). Cuestión diversa es que la exigencia de, pongamos, precio por algo que ya se debía repugne a la ley o a la conciencia social (art. 1255). En cuanto a la segunda, el problema se cifra, no en que la obligación del vendedor carezca de causa, lo que, en su intelección, sólo ocurriría si el comprador decidiese finalmente no pagar nada o pagara

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de las atribuciones realizadas y con una desvinculación posterior de los contratantes”. DE LA CÁMARA (1978, p. 660; los ejemplos a los que se alude se contienen en esa página y en la 661).


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