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MUJERES EN LA REPÚBLICA. UN EJERCICIO PRÁCTICO PARA EL ALUMNADO DE MAGISTERIO

Ricard Camil Torres Fabra Universitat de València

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MUJERES EN LA REPÚBLICA. UN EJERCICIO PRÁCTICO PARA EL ALUMNADO DE MAGISTERIO

Ricard Camil Torres Fabra Universitat de València


MUJERES EN LA REPÚBLICA. UN EJERCICIO PRÁCTICO PARA EL ALUMNADO DE MAGISTERIO1 Ricard Camil Torres Fabra Universitat de València « Se puede morir estando vivo. Se muere de muchas maneras, en cierto padecer, sin nombre, en la muerte del prójimo, y más todavía en la muerte de lo que se ama y en la soledad que produce la total ausencia de posibilidad de comunicación cuando a nadie le podemos contar nuestra Historia”. María Zayas. INTRODUCCIÓN* Nada mejor para hacer frente a las grandes lagunas que se instauran con el conformismo cultural, referido tanto a las fuentes históricas como a la tradición y al testimonio vivo, que la reivindicación del recuerdo como una urgente obligación civil, como un atributo a la libertad, el convencimiento de que el respeto democrático a todas las opciones, el consenso social y la tolerancia, no se construyen desde la renuncia a las propias convicciones ni desde la negación de las diferencias. Así pues, la Historia constituye un bastión imprescindible a la hora de devolver el protagonismo social a los colectivos que la han hecho posible, aunque las derivaciones de las relaciones de poder, anteriormente o en la actualidad, influyan en su visualización y por tanto evitan su valoración. Es el caso del papel que la mujer ha jugado en el pasado –en el que nos ocupa, a lo largo de la Segunda República-, colectivo tradicionalmente ignorado, menospreciado, infravalorado y casi siempre inexistente. Necesitamos hacer nuestros los recuerdos de todas aquellas mujeres que lucharon contra el fascismo y de las que fueron conscientes de su tiempo sin obviar las que mantuvieron, conscientes o no, su estatus ancestral. Por todo lo anterior, el objetivo que nos mueve a confeccionar estas líneas radica en introducir al alumnado de Magisterio en la problemática de género tomando para ello el marco de la mujer durante la Segunda República, otorgando especial atención a los aspectos legales republicanos como elementos comprobativos del cambio de estatus Este trabajo forma parte del PROYECTO MINECO (EDU2015-65621-C3-1-R). Inspirado por Fernanda Romeu, a quien queda dedicado este trabajo como reconocimiento a su labor democrática y a sus aportaciones tanto históricas como las dedicadas a la igualdad de género.

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jurídico femenino. Al mismo tiempo, se intenta calibrar el impacto real y efectivo que estos cambios tuvieron en la práctica. Para lograr nuestros objetivos, el presente trabajo se estructura en un aparato informativo específico con la intención de dibujar un esquema introductorio a partir del cual el alumnado afrontará una serie de tareas tanto investigativas como dirigidas a desarrollar sus capacidades analíticas y de síntesis para finalizar con cuestiones que vienen destinadas a cimentar lo aprendido en la presente experiencia.

NUESTROS RECURSOS. El estudio del pasado reciente posee una serie de ventajas derivadas de la propia inmediatez del mismo: puede ser abordado documentalmente a partir de la información tradicional –documentos escritos, iconografía, etc- con el añadido de sumar otras fuentes referenciales no disponibles con anterioridad gracias al dilatado desarrollo de las nuevas tecnologías, pero sobre todo por disponer de un material de primera mano como el proporcionado por la captura de la fuente oral.2 Cierto que la inmensa mayoría que vivieron nuestro último período republicano ya no se encuentran entre nosotros, pero nuestra trayectoria en el estudio de la Segunda República se remonta ya a varios decenios y poseemos un abundante y consistente registro oral producto de las capturas efectuadas en su día y que además de haber sido utilizado satisfactoriamente hemos guardado celosamente. Además, debido al carácter de nuestros trabajos anteriores, nos han quedado registros no empleados a los que deben añadirse otros de nueva captura emanados por personas que vivieron el período coincidiendo con su infancia –también cada vez más escasas como es natural- y otras por razones de parentesco y demás, sin olvidar la inestimable generosidad de personas con las cuales tenemos la suerte de compartir una excelente amistad.3 Así las cosas, las protagonistas con su testimonio salpican la tierra de palabras y nos comunican de manera clara y directa la realidad cotidiana de su propia situación y nos ayudan a salir de cierto ensimismamiento que la fuerza del poder nos ha confundido, y en ese camino tiene gran importancia para los historiadores que nos dedicamos a la 2

.- La cuestión ha dado lugar a una inmensa producción tanto de carácter teórico como práctico. Para nuestra experiencia han resultado fundamentales, puesto que han jugado un papel fundamental en nuestros trabajos anteriores, THOMPSON, Paul, La voz del pasado. Historia oral, Valencia, Alfons el Magnànim, 1988. FRASER, Ronald. Recuérdalo tú y recuérdalo a otros. Historia oral de la guerra civil española. Barcelona, Crítica, 1979, respectivamente. Naturalmente, ya lo hemos apuntado, la producción es inmensa por lo que el recurso a la red virtual proporciona resultados actuales. 3 Por supuesto que nos estamos refiriendo a Fernanda Romeu.

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investigación sobre la Segunda República, Guerra Civil y el Franquismo el empleo de los testimonios orales. El interrogar a la memoria viva puede desvelar lo que queda oculto por la documentación oficial de la larga dictadura franquista. Así, podemos presumir de haber tenido el privilegio de contar con la amistad y el afecto de muchas mujeres republicanas y antifranquistas, pero especialmente una mujer republicana y feminista, Fernanda Romeu, que a su vez gozó del privilegio de contactar y entrevistar a Pilar Soler, que hasta su muerte estuvo repleta de pasión y espíritu republicanos y cuyos recuerdos fueron yendo recogiéndose a lo largo de varias entrevistas,4 y no debemos olvidar la gran importancia de la recuperación del testimonio de las mujeres republicanas. En primer lugar, porque la historia de la mujer en general es ya de por sí una ruptura con la sistematización tradicional de la Historia. La Historia de la que las mujeres se encuentran ausentes, tiende a presentar los avances sociales conseguidos por ellas, como la consecuencia de un progreso que marcha por sí solo. Por el contrario, la reconstrucción de nuestra Historia nos muestra que las mujeres sólo han logrado conquistas sociales allí donde ha habido mujeres luchando. Y no debemos olvidar que únicamente sus luchas les permiten, hoy, gozar de derechos que en el pasado les fueron sistemáticamente negados. El papel de las mujeres en la Historia ha sido silenciado durante siglos, en efecto. Si aparecían, en ella lo hacían como “casos excepcionales” que alcanzaban renombre por tener “extrañas” aptitudes para el arte o la ciencia, acentuando así el patriarcado social. Por otro lado, debemos tener en cuenta que si la opresión social del género femenino está en la base de eliminar la participación de la mitad de la humanidad en los procesos históricos, doble fue el ocultamiento cuando se trató de mujeres luchadoras, rebeldes y revolucionarias. La historia de las mujeres republicanas en la Guerra Civil es una historia de lealtades, de solidaridad con los ideales revolucionarios, pero también de la propia situación de la mujer en el tiempo. LA MUJER EN LA HISTORIA RECIENTE ESPAÑOLA. La participación de las mujeres en la vida política en España antes de la Segunda República había sido nula. Ello venía determinado sobre todo por el rol social en el que se le había encasillado a lo largo del tiempo y que se había plasmado en el Código Civil de 1889, que en su artículo 320 contemplaba la tutela paternal sobre las mujeres hasta

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Que generosamente nos ha cedido Fernanda Romeu.

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los 25 años de edad, mientras el artículo 57 dejaba su protección en manos del conyugue a cambio de su sumisión y obediencia, además de no poder actuar económicamente sin el beneplácito del marido. Respecto a derechos tales como el divorcio, favorecían descaradamente al varón y se aceptaba en caso de adulterio (que únicamente favorecía a la mujer si se producía “escándalo público” por parte del varón). Durante la Dictadura Primo de Rivera se les hizo algunas concesiones tales como la aprobación de leyes de protección al trabajo, facilidades para cursar estudios universitarios, facilidades también para obtener cargos en el gobierno municipal las cabezas de familia, pero no las casadas. Claro que tampoco se celebraron elecciones municipales como tales. Aun así, en 1927, la Asamblea Nacional Consultiva, integró a trece mujeres como representantes de la vida nacional y también fueron nombradas alcaldes siete, aunque de poblaciones menores de 1.000 habitantes , excepto una de 1.009, otra de 3.120 y otra de 3.176 (Castromocho, Palencia; Sorihuela de Gudalmar, Jaén, y Portas, Pontevedra). Estas concesiones paternalistas no cambiaron la posición político-social de la mujer, ya que casi todas ellas se quedaron en promesas sin ser llevadas a la práctica o al no repercutir socialmente. Como apunta Mercedes Yusta: A la altura de 1930, la vida de las mujeres seguía condicionada por la subordinación legal y política al varón: el sufragio femenino, la igualdad civil, el divorcio, el acceso a ciertas profesiones en pie de igualdad con los hombres seguían siendo asignaturas pendientes. Algunas profesiones, principalmente jurídicas, como notario o registrador de la propiedad, estaban vetadas a las mujeres. En el Código Civil de 1889, en vigor, la mujer casada era asimilada a los “menores de edad, ciegos, locos, extranjeros y sordomudos” y se la incapacitaba, entre otras cosas, para tomar decisiones económicas sin el acuerdo de su marido (que era el gestor de los bienes del matrimonio) o para ser tutor.5 El hogar era el ámbito de realización fundamental femenina. Fuera del matrimonio poca seguridad podía esperar la mujer, siendo la maternidad su principal función, sin olvidar

YUSTA RODRIGO, M.. “Género y antifascismo en España. De la IIª República a la Guerra Fría (19311950)”, Anuario IEHS: Instituto de Estudios histórico sociales, N. 28, 2013, págs. 227-247 5

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el cuidado de los familiares ancianos, pero no debemos dejar de lado que hasta bien entrado el siglo XX, la maternidad suponía también un riesgo añadido de mortalidad.6 Desde el punto de vista de la educación, ya se ha apuntado, si la calidad educativa resultaba ínfima, la de las mujeres todavía era peor, limitándose prácticamente a las labores, aderezada superficialmente con escritura y aritmética rudimentarias.7 La educación estaba monopolizada casi exclusivamente por los varones y el fenómeno se acentuaba a medida que se ascendían los escalafones formativos.8 A pesar de todo, las feministas iban aumentando poco a poco, a la vez que el número de universitarias crecía, aunque muy lentamente, especialmente en estudios de Farmacia, Medicina y Humanidades, y éstas iban tomando conciencia de su condición, a pesar que muy pocas de ellas desempeñaron la profesión estudiada. El feminismo como movimiento reivindicativo germinó y empezó a desarrollarse en la década de los años 20 del siglo pasado, aunque fuera llevado a cabo por un grupo muy reducido de mujeres, intelectuales casi todas ellas. Estas mujeres comenzaron a luchar por la obtención del sufragio femenino y por una mejora en la condición jurídica basada principalmente en conseguir la igualdad con el hombre ante la ley. En este sentido cabe resaltar la labor ejercida por la Asociación Nacional de Mujeres Españolas (ANME), creada en Madrid en 1918 y liderada por María Espinosa de los Monteros e Isabel Oyarzábal Smith, que posteriormente, en 1934, intentó transformarse en partido político feminista bautizado como Acción Política Feminista Independiente, encabezado por Julia Peguero pero que apenas obtuvo eco. Se intentó incorporar sin éxito en el Frente Popular de 1936 y con el estallido de la guerra civil desapareció. El mismo año de 1918 conoció la formación de la Unión de Mujeres de España (UME) bajo los auspicios de María Lejárraga, marquesa del Ter y con la presencia de figuras tales como Carmen de Burgos y Victoria Priego. La UME defendía los derechos políticos y el sufragio de la mujer bajo un prisma interclasista y laico. En 1919 comenzó a funcionar el Consejo Feminista de España, que agrupaba a un ecléctico grupo de colectivos y a partir de 1921 contó con su propio órgano de difusión: Mundo Femenino, dirigido por Benita Asas Manterola.

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JOSEFINA CUESTA. Partos, fiebres puerperales, etc. Índices de analfabetismo a principios de siglo mujeres 71% hombres 55’5%, en 1930 47’5% mujeres 54% , en 1939 mujeres 39’4% varones 24’8%. 8 Concepción Arenal asistía a la Universidad disfrazada de hombre. 7

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En 1920, se confeccionó la Juventud Universitaria Feminista, conectada con la International Federation of University Women, cuyo ámbito de actuación quedó reducido casi exclusivamente a la Universidad madrileña. El año siguiente, Carmen de Burgos fundó la Cruzada de Mujeres Españolas que, junto a otros colectivos como Unión del Feminismo Español (UFE), dejaba patente la vitalidad del feminismo sufragista español a pesar de continuar siendo un movimiento minoritario y prácticamente ignorado. En 1926, también Madrid, se conformó el Lyceum Club gracias a los desvelos de María de Maeztu, dirigido a la flor y nata de la burguesía madrileña, de ahí que recibiese el despectivo apodo popular de El club de las maridas. A pesar de su elitismo, en 1932 daría paso a la Asociación Femenina de Educación Cívica (AFEC) dirigida a concienciar a las mujeres políticamente pero también en el marco de un ámbito selecto. Como no podía ser de otra manera, la Iglesia católica reaccionó a la expansión del feminismo, a pesar de ser este casi exclusivamente sufragista, pero a fin de cuentas organizativo y laico, de modo que, en 1919, el cardenal Guisasola constituyó Acción Católica de la Mujer, con la intención de contrarrestar su influencia. Más tarde, en 1934, Acción Católica de la Mujer se fusionaría con las Damas del Sagrado Corazón para conformar la Confederación de Mujeres de Acción Católica. La Segunda República, aunque en líneas generales no prestó una atención especial a la situación de la mujer, tampoco puso grandes cortapisas ni a su evolución personal ni a su participación en la tarea colectiva del pueblo. Por otro lado, la guerra representó la apertura de nuevos espacios para las mujeres y un cierto acceso al ámbito público, aunque tampoco significó un cambio sustancial en la mentalidad tradicional. Centenares de mujeres iniciaron una militancia hasta entonces insospechada. Mujeres como Pasionaria, Federica Montseny, Victoria Kent, Margarita Nelken en la política; intelectuales como María Teresa León, Carlota O’Neill, María Zambrano, Rosa Chacel; luchadoras políticas como Lina Odena, Matilde Landa, Aida Lafuente, Juanita Rico … algunas de ellas muertas en el frente durante la guerra, son solo un pequeño ejemplo representativo, junto a miles de mujeres anónimas, del papel tan importante que desempeñaron en la guerra.

MOMENTOS DE SEGUNDA REPÚBLICA La Segunda República Española fue proclamada el 14 de abril de 1931, instaurada tras la crisis final del sistema de la Restauración que llevó al final de la monarquía. El 11


Gobierno Provisional (abril-diciembre de 1931), aprobó la Constitución el 9 de diciembre de 1931, con lo que iniciaba un período de reformas. Hasta 1933, (de ahí que se denomine a este período como Bienio progresista) la coalición republicano-socialista presidida por Manuel Azaña intentó modernizar el país, recayendo el título de presidente de la República sobre Niceto Alcalá Zamora. Las reformas se vieron truncadas de cuajo con el triunfo electoral de las derechas, que tomarían las riendas del Gobierno hasta 1935, por lo que la denominación otorgada al período es la de Bienio negro, aunque algunos intenten barnizarlo con terminologías tales como Bienio conservador, Bienio radical cedista u otras modalidades terminológicas cuya pretensión última es la de negar su carácter marcadamente reaccionario. Durante el período, el Gobierno estuvo dirigido por el Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux, apoyado en el Parlamento por la derecha católica de la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas, liderada por Gil Robles), cuya preocupación primordial se basó en desmantelar las reformas efectuadas durante el bienio anterior. Con el anuncio de la entrada de ministros de la CEDA en el gobierno, se desató una grave crisis que dio paso a la huelga general que en Asturias tomó el grado de revolucionaria (Revolución de octubre de 1934) y en Cataluña posibilitó la proclamación de l’Estat Català por parte de Companys. La represión de ambos movimientos de la mano del Ejército y de las Fuerzas de Seguridad del Estado fue terrible. Con todo, al destaparse gravísimos casos de corrupción que alcanzaban al mismo entorno de Lerroux (conocidos como Straperlo), el Presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora, disolvió las Cortes y quedaron convocadas elecciones para el 16 de febrero de 1936. El resultado electoral se decantó a favor del Frente Popular en detrimento del Frente Nacional de forma muy ajustada, derrumbándose las formaciones que acudieron en solitario a las elecciones. El Frente Popular pretendía retomar las tareas reformadoras interrumpidas en 1933 con el triunfo de las derechas, pero el 17 de julio de 1936, se produciría el golpe de Estado que sumiría a España en una guerra sin cuartel que se decantaría finalmente a favor de los sublevados gracias sobre todo a la ingente y generosa ayuda por parte de las potencias fascistas, la pasividad de las democracias occidentales y en menor escala por la desunión de los miembros componentes del Frente Popular. El resultado sería la implantación de una durísima dictadura militar dirigida por Franco. Cierto que las instituciones republicanas se mantuvieron en el exilio, pero resultaron inoperantes e 12


ignoradas por la política internacional, de modo que si la guerra civil asestó un golpe mortal a la Segunda República, esta falleció tras una larga agonía paralela al desarrollo del régimen franquista, de modo que una vez muerto Franco, la posibilidad de un retorno a la democracia republicana se vio truncada por los pactos políticos entre la oposición antifranquista y los sectores aperturistas del franquismo.

TESTIMONIO DE PILAR SOLER Hay que tener en cuenta que la República vino como consecuencia de unas elecciones municipales en donde ganaron los republicanos y se expulsó a Alfonso XIII. España vive en un régimen nuevo: la República, España empieza a vivir un régimen democrático, cosa que antes no había vivido. Y va surgiendo un cierto movimiento de mujeres, como por ejemplo Clara Campoamor, en un país que empieza a ser democrático con partidos políticos legales, sindicatos legales … en esas instituciones empiezan a aparecer mujeres que empiezan a desarrollar una labor importante para reivindicar el papel que se quiere para la sociedad. Pero no debemos olvidar la animadversión con que los sectores conservadores, reaccionarios y tradicionalistas contemplaban los balbuceos que se iban consiguiendo en el camino hacia la igualdad. Y en este aspecto la Iglesia desempeñó un papel fundamental cargando tintas contra cualquier aspecto que significase la concepción tradicional de la mujer no centrada exclusivamente en el hogar, llegando a comparar las ansias de igualdad del colectivo femenino con el amor libre, dado que según su razonamiento se destruía el matrimonio canónico destrozando su indisolubilidad, presentando así un cuadro más que apocalíptico. Además, allí donde no llegaba la propaganda, estaba el confesor y, por otra parte, el voto femenino se decidía casi exclusivamente en el ámbito familiar. La supeditación al varón, en definitiva, era la que decidía generalmente el voto femenino o bien influía en él de manera importante. EL DEBATE PARLAMENTARIO (1931-1933) La instauración con la Segunda República del régimen democrático, en 1931, supuso un cambio significativo en la trayectoria política de España, y a la vez abrió una coyuntura política mucho más favorable para las mujeres. La proclamación de la Segunda República inauguró un debate en torno al sufragio femenino que tuvo resonancia política inmediata. No hay que olvidar que más de una década antes ya se había iniciado 13


el desarrollo de un movimiento feminista de signo sufragista y que mujeres como las socialistas Carmen de Burgos, María Lejárraga, Margarita Nelken y Clara Campoamor, entre otras, habían planteado la cuestión de los derechos de la mujer. También es cierto que existían organizaciones como la Agrupación Nacional de Mujeres Españolas o la Cruzada de Mujeres Españolas que iniciaron campañas para conseguir la eliminación de las medidas legislativas discriminatorias. Estas Organizaciones, al igual que la Unión Republicana Femenina creada en octubre de 1931 por Clara Campoamor, eran de signo sufragista, reivindicaban el voto femenino y la equiparación política de las mujeres con los hombres. No podemos mantener la tesis según la cual la República regaló el voto a las mujeres en 1931. Si no hubieran existido estos grupos de mujeres que defendían incondicionalmente el derecho al voto, los hechos se hubieran desarrollado de otra forma, ya que los principales políticos de la época no demostraban demasiado interés por el tema del voto femenino. Los escritos y documentos de los principales políticos y partidos de la época nos muestran que el tema del voto femenino no tenía para ellos demasiada importancia, a juzgar por la escasa o nula atención que le dedicaron. Probablemente sin la intervención de Clara Campoamor en el Congreso defendiendo el voto de las mujeres, gran parte de los diputados que votaron a favor de dicho voto, se hubieran dejado convencer sin demasiada dificultad por aquellos que defendían su aplazamiento en base a razonamientos de “oportunidad política”. Lo que ahora se denomina “políticamente correcto”. Aun entonces existían enormes discrepancias entre las mismas mujeres acerca de la validez política inmediata del sufragio femenino. Resulta muy significativo que dos de las tres diputadas en el Parlamento, Victoria Kent9 del Partido Socialista Radical (de ascendencia inglesa, su padre era comerciante. Abogada. Intervino en el Consejo Superior de Guerra que en 1931 juzgó Álvaro de Albornoz, miembro del Comité Revolucionario Republicano logrando su absolución) y Margarita Nelken del Partido Socialista (de padres judíos emigrados a España) escribió La condición social de la mujer en España) en la que, aunque teóricamente comprometida con la igualdad y los 9

(Málaga, 1891 – Nueva York, 1987). Abogada y política republicana. Afiliada desde muy joven al Partido Radical Socialista, fue Diputada por Madrid en las elecciones de 1936 por Izquierda Republicana. Durante la Guerra Civil organizó la creación de refugios infantiles para pasar posteriormente a Francia con la misión de dirigir la evacuación de niños a aquél país. A lo largo de la Segunda Guerra Mundial colaboró activamente en la evacuación de niños hacía Sud América, siendo perseguida por los nazis, viéndose obligada a ocultarse y cambiar de identidad para finalmente pasar a Méjico, donde se ganó la vida como docente.

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derechos políticos femeninos, mostraba su rechazo a la concesión en aquel preciso momento del sufragio femenino por motivos de conveniencia política, ya que temía que las mujeres se mostrasen conservadoras en el ejercicio de sus derechos políticos. Sin embargo, Clara Campoamor,10 (diputada del Partido Radical. Desarrolló diversos oficios. Autodidacta, abogada y escritora), en el Congreso desempeñó una brillante defensa del sufragio femenino en la que demostró la creciente adhesión al principio de igualdad y la concesión de los derechos políticos a las mujeres. Fundaba también sus argumentos en una política feminista afirmando que, si la Constitución no admitía el principio de igualdad de derechos políticos para las mujeres, la República recién instaurada se descalificaría como sistema democrático y se revelaría como un orden social y patriarcal defensor de los intereses masculinos violando así el principio de la soberanía del pueblo. En la convocatoria de las Cortes Constituyentes se contempló la posibilidad de que fueran elegidas mujeres, pero no que fueran electoras y así lo ratificó la Asamblea Constituyente. En las elecciones de junio de 1931 resultaron elegidas diputadas Clara Campoamor, Victoria Kent y Margarita Nelken. Probablemente sin las intervenciones de Clara Campoamor en el Congreso defendiendo el voto de las mujeres, junto a otras mujeres que trabajaban con ella y que estuvieron apoyándola en el Congreso, desde la tribuna pública el día en el que el tema se sometió a votación, y otras tratando de presionar y de concienciar a la opinión pública a través de sus organizaciones; gran parte de diputados que votaron a favor de dicho voto, no lo hubieran hecho: para ellos era más fácil dejarse convencer por aquellos que defendían su aplazamiento en base a razones de «oportunidad política», como ya hemos apuntado. La primera vez que se trató el tema del sufragio femenino en el Salón de Sesiones de las Cortes fue el 1 de septiembre de 1931 y ese mismo día se escuchó también, por primera vez, la voz de una mujer en el Parlamento. Era la voz de Clara Campoamor que ya no cesaría hasta conseguir el derecho al voto para las mujeres. Se discutiría en la Cámara un mes más tarde, en dos reuniones consecutivas: 30 de septiembre y 1º de octubre de 1931.

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(Madrid, 1888 – Lausana, 1972). Licenciada en Derecho y líder del partido sufragista, participó en la elaboración de la Constitución de 1931 defendiendo el Sufragio Universal. En las elecciones de 16 de febrero de 1936 obtuvo escaño por el Partido radical. Al finalizar la guerra fue desterrada instalándose en Suiza.

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A lo largo de las mismas, Victoria Kent intervino para defender la posposición del derecho a voto femenino por considerarlo inconveniente ya que el peso del patriarcado y la influencia de la Iglesia eran todavía muy acentuados y el voto femenino en esas condiciones favorecería a los enemigos de la República. De igual parecer era Margarita Nelken, quien afirmaba que en España demasiadas mujeres se encontraban bajo el yugo de sus confesores eclesiásticos y por tanto el voto femenino suponía un peligro para la estabilidad republicana puesto que unas votaciones no eran cuestión de calidad sino de cantidad. El 1 de octubre, la tribuna pública del Congreso se encontraba abarrotada de mujeres dispuestas a reclamar de viva voz su derecho electoral y a increpar a todos aquellos diputados que se opusieran a él. Un grupo de mujeres de la Asociación Nacional de Mujeres Españolas había repartido entre los asistentes a la Cámara unas octavillas que decían: Señores Diputados no manchen Ustedes la Constitución estableciendo en ella privilegios. Queremos la igualdad de derechos electorales ¡Viva la República! El nuevo Parlamento configurado a raíz de la proclamación republicana presentaba un aspecto insólito: Tres mujeres- Victoria Kent, Clara Campoamor y Margarita Nelkenfiguraban en él como diputadas. Tres diputadas entre más de 400. De las tres sólo Clara Campoamor defendería en la Cámara el derecho al voto femenino. Lo hizo, pues, en solitario y enfrentándose a un ambiente de nerviosismo y animadversión hacia ella, pues nadie estaba dispuesto a apoyarla en la práctica. Inició el debate Victoria Kent, miembro del Partido Radical-Socialista, que estaba totalmente identificada con la posición mantenida por su partido de que el sufragio femenino constituía un peligro para la República. En base a este supuesto peligro, Victoria Kent pidió a la Cámara que aplazara el voto de las mujeres porque: ... si las mujeres españolas fueran todas obreras, si las mujeres españolas hubiesen atravesado ya un período universitario y estuvieran liberadas en su conciencia, yo me levantaría para pedir el voto femenino... Clara Campoamor le respondió: ... al hablar de las mujeres obreras y universitarias, ¿se va a ignorar a todas las que no pertenecen a una clase ni a otra? … ¿cómo puede decirse que la mujer no ha luchado y que necesita una época, largos años de República para demostrar su capacidad? ¿y por qué no los hombres? ¿No sufren éstas como las otras las consecuencias de la legislación? Yo, Señores Diputados me siento ciudadana antes que mujer y considero que sería un error político dejar a la mujer al margen de su derecho.

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¿Y los hombres? ¿Cuál era la postura de los varones ante el sufragio femenino? Veamos unos ejemplos: Roberto Novoa Santos, diputado por la Federación Republicana Gallega (autonomista y de izquierdas), médico y docente en la Universidad de Santiago de Compostela, defendía la elegibilidad de las mujeres, pero no así que fueran electoras debido según él al histerismo generalizado de las mujeres. Andrés Ovejero Bustamante, diputado por el PSOE, catedrático en la Universidad Central de Madrid, mostró su conformidad con otorgar el voto a las mujeres. Para él, lo mismo que para su partido, no significaban un peligro real para la estabilidad republicana, tan solo perder unos escaños en el Congreso a cambio de llamar la conciencia de la mujer y convertirla en cooperadora del régimen. José María Gil Robles, diputado por el Bloque Agrario (conservadores), abogado, periodista y defensor de los intereses de la Iglesia católica, defendía el derecho de la mujer al voto a pesar de estar convencido que su lugar era el hogar, pero con su participación electoral los intereses eclesiásticos se verían beneficiados. Por lo tanto, todo el debate sobre el derecho o no de las mujeres al acceso al sufragio vino determinado más por intereses partidarios concretos que por cuestiones de derecho sustantivo para la mujer, supeditado todo ello a la utilidad del voto femenino para cada cual. Con todo, los diputados varones se mostraron sumamente corteses en los debates y guardaron las formas, y lo mismo puede decirse del seguimiento periodístico de los debates, a pesar de algún desliz que otro por parte de algunos periodistas. El resultado final de la votación fue de 161 votos a favor y 121 en contra. Votaron a favor, socialistas, agrarios y republicanos conservadores; y en contra, radicales (excepto Clara Campoamor y otros pocos), radicales socialistas y Acción Republicana. A pesar de sus derechos políticos fueron muy pocas las mujeres que se incorporaron de lleno al mundo de la política; no obstante, se presentó un importante número de mujeres a candidatas a concejal en muchos ayuntamientos. También se dio una representación, aunque escasa de diputadas en el Parlamento:11 Margarita Nelken (PSOE), María Lejárraga –Martínez Sierra (PSOE), Veneranda García-Blanco (PSOE) también un

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En las Cortes de la Segunda República únicamente se contabilizaron nueve mujeres diputadas, de las cuales solo Margarita Nelken, estaría presente en las tres legislaturas; y Victoria Kent y Matilde de la Torre, en dos. El resto solo ostentaría el escaño una legislatura. Cinco diputadas lo fueron por el PSOE, dos por partidos republicanos, una por el PCE y otra por la Agrupación Agraria integrada en la CEDA, por tanto, la mayoría representaba a la izquierda de manera aplastante. Tres eran maestras de profesión, tres escritoras, dos abogadas y una obrera.

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pequeño núcleo de mujeres logró asentarse en el seno de partidos políticos, como Dolores Ibárruri12 y Federica Montseny.13 Pero el debate sobre la igualdad verdadera de la mujer en la sociedad española no desapareció. Margarita Nelken afirmaba en el Parlamento que mientras no se viera en un tranvía de España a una mujer con un periódico o un libro en la mano, la emancipación femenina no sería más que una entelequia, con derecho a voto o sin él; algo parecido a lo que apuntaba Rodolfo Llopis, Director General de Primera Enseñanza, al afirmar que España necesitaba una profunda revolución moral que llegase a las consciencias y la responsabilidad de esa labor era de la escuela. Y es que la educación se convirtió en la más apreciada brújula de la República. La convicción cuasi religiosa que compartía la tradición republicana con la obrera consistente en confiar ciegamente en ella como vehículo protagonista para la consecución de una sociedad moderna y desarrollada, era total.14 Pero la concepción de la enseñanza difería abismalmente de la tradicional, cuyos cimientos eran de un inequívoco componente católico, de ahí el papel que jugó La Institución Libre de Enseñanza, de raíces krausianas, en la reforma educativa republicana, y que también, a diferencia de la enseñanza tradicional, incluía a la mujer como elemento irrenunciable. Ahora bien. Con todo y la importancia de la labor educativa del primer bienio republicano, no entraremos más a fondo en la cuestión. En las elecciones de 1933 sé culpó a las mujeres del triunfo de las derechas. Todavía a esta polémica no se le ha dado solución histórica definitiva. Este es el segundo aspecto

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(Gallarta, 1895 – Madrid, 1989). Contrajo matrimonio con Julián Ruiz, un obrero socialista que influyó en la confección de su ideología política, aunque años más tarde la pareja se fracturó. Ingresó en las Juventudes Socialistas para pasar a participar a continuación en la fundación del Partido Comunista de España en 1920.Firmó su primer artículo, editado en 1918, con el pseudónimo de “La Pasionaria”, que ya no lo abandonaría a lo largo de su vida. Por su actividad política conoció sucesivos encarcelamientos. En 1933 fue nombrada Presidenta de la Unión de Mujeres Antifascistas y en febrero de 1936, resultó elegida diputada por el Frente Popular. Durante la guerra fue vicepresidenta de las Cortes republicanas. Al finalizar la guerra marchó a Francia, siendo detenida por los nazis. Fue canjeada por mediación de Stalin y marchó a Rusia, donde ejerció de Secretaria General del PCE hasta 1960, siendo sustituida por Santiago Carrillo. De sus seis hijos, únicamente le sobrevivió su hija Amaya. A la muerte de Franco volvió a España y en la transición fue de nuevo diputada. 13

(Madrid, 1905-Toulouse, 1994). En 1931 se afilió a la CNT. Durante la guerra llegó a ocupar el cargo de Ministro de Sanidad del gobierno Largo Caballero hasta mediados de 1937, siendo la primera mujer española en alcanzar tal rango. Con la derrota republicana tuvo que exilarse a Francia, siendo perseguida por los nazis, logrando escapar a la extradición, aunque viviendo en libertad vigilada hasta la liberación de Francia por los aliados en 1944. 14 A modo indicativo, MOLERO PINTAIK, A. La reforma educativa en la 11 República. Primer Bienio. Madrid, Santillana, 1977. SAMANIEGO BONEU, M La política educativa de la República durante rl bienio azañista. Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1977. 18


al que nos hemos referido antes. En las elecciones de 1933 las derechas se presentaron unidas y vencieron. Pero la concesión del voto a la mujer no fue el factor único y determinante de ello. La división de las izquierdas, sus luchas internas, la anteposición de los intereses de partido y a veces de los personales a las coordenadas marcadas por las circunstancias, por ejemplo, la recomendación de la abstención por los anarquistas; el desgaste y el desprestigio del Gobierno, el fortalecimiento de la derecha... fueron otros factores cuya suma trajo la derrota de las izquierdas en 1933 y que daría paso al bienio negro. Para Clara Campoamor el voto femenino en 1933, se convirtió en el “chivo hebreo” cargado con todos los pecados de los hombres mientras ellos respiraban tranquilos y satisfechos de sí mismos cuando encontraron esa inocente víctima, criatura a cuenta de la cual salvar sus culpas. Continuaría diciendo: … el voto femenino fue a partir de 1933, la lejía de mejor marca para lavar torpezas políticas varoniles. La igualdad de derechos políticos no impidió que la desigualdad de hecho durante la Segunda República persistiera. Aun así, se efectuaron cambios sustanciales en la legislación familiar y matrimonial que mejoraron notablemente la situación de la mujer casada, así la Ley de divorcio (1932), el matrimonio civil, derechos al sufragio activo y pasivo y posteriormente el derecho al aborto, entre otros.15 De hecho, el movimiento feminista en España se aceleró enormemente como consecuencia de todas estas modificaciones y reformas e incluso el sector más conservador de este movimiento, que comprendía a la mayoría de las mujeres, se vio desbordado ya que se había llegado más lejos de lo que ellas pretendían. En el ámbito laboral se produjeron algunos cambios sustanciales. El principio de equiparación salarial para ambos sexos fue establecido por la Ley de Jurados Mixtos de noviembre de 1931, pero no se logró eliminar la discriminación salarial de la mujer, aunque prácticas laborales anteriores tales como la prohibición de contraer matrimonio so pena de despido al igual que el despido por maternidad supusieron un avance indudable protegido por la aprobación del Seguro Obligatorio de Maternidad. 15

La Ley de divorcio de 2 de marzo de 1932, aprobada por las Cortes Constituyentes, fue la primera en la historia de España que venía a regular el divorcio. La Constitución, en su capítulo II, artículo 43, establecía que El matrimonio se funda en la igualdad de derechos para ambos sexos, y podrá disolverse por mutuo disenso o a petición de cualquiera de los dos conyugues con alegación en este caso de causa justa. A partir de este artículo se formularía la Ley del divorcio, iniciándose la discusión parlamentaria el 3 de febrero de 1932. El espíritu de la Ley respondía más al clima de laicismo republicano que a otra cosa. Por otra parte, la despenalización del aborto, por Ley de diciembre de 1936, apenas tuvo repercusiones. Algunas mujeres siguieron recurriendo al aborto clandestino, mientras un buen número de médicos se negaron a practicarlo.

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