Dicha institución lleva por lema “Libertad por el saber” y tiene por objeto honrar a un grupo de mexicanos eminentes que representen la sabiduría de la época a fin de alabar y enaltecer sus méritos y canalizar la riqueza de su conocimiento hacia sus conciudadanos, para fortalecer así la conciencia y unidad de la Nación, perpetuada en generaciones sucesivas de personas relevantes por su ciencia y sus virtudes.
Alejandro Anaya Huertas
Colección Derecho y...
DERECHO Y RIESGOS El caso Grandi Rischi
DERECHO Y RIESGOS
El Colegio Nacional es una comunidad de cultura al servicio de la sociedad con naturaleza jurídica, dotado de autonomía y personalidad jurídica propia, conforme a lo previsto en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y en las leyes aplicables del Gobierno Federal, así como en los Decretos de Creación y reorganización que lo rigen, de fechas 8 de abril de 1943 y 9 de noviembre de 1971, respectivamente.
El 6 de abril de 2009 a las 03:32 horas, se registró un terremoto en L´Aquila, Italia. Hubo 308 víctimas mortales. 7 individuos, incluyendo a algunos de los más destacados sismólogos de ese país fueron acusados y procesados por (presuntamente) haber emitido, días antes, diversos mensajes y declaraciones que propiciaron que muchas personas, —que normalmente salían de sus casas cuando comenzaba a temblar—, cambiaran sus comportamientos frente al sismo, resolviendo esa madrugada, quedarse en sus habitaciones, lo que provocó, como consecuencia, su muerte. La transición de “el mejor de los mundos posibles”, a la sociedad del riesgo; la comunicación institucional del riesgo; la compleja toma individual de decisiones; la economía de la conducta; los chivos expiatorios, y la información fundamental del caso Grandi Rischi, en todas sus instancias judiciales, son algunos de los tópicos abordados en este volumen.
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El Colegio Nacional
Alejandro Anaya Huertas
Alejandro Anaya Huertas Doctor en Administración Pública, Maestro en Administración Pública y Licenciado en Derecho. Servidor público desde 1991 en: Procuraduría General de la República; Cámara de Diputados del H. Congreso de la Unión; Tribunal Federal de Conciliación y Arbitraje; Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, y Suprema Corte de Justicia de la Nación. Actualmente colabora en la Secretaría General de la Presidencia de ese Alto Tribunal. Ha publicado y traducido más de un centenar de ensayos en temas relacionados con gobernabilidad; derecho comparado; desarrollo sustentable; derechos humanos; absurdos jurídicos; cine; música, y administración pública, entre otros. Desde 2003 elabora el Reporte sobre la Magistratura en el Mundo.
DERECHO Y RIESGOS El caso Grandi Rischi
COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT LO BLANCH María José Añón Roig
Catedrática de Filosofía del Derecho de la Universidad de Valencia
Ana Cañizares Laso
Catedrática de Derecho Civil Universidad de Málaga
Jorge A. Cerdio Herrán
Catedrático de Teoría y Filosofía de Derecho. Instituto Tecnológico Autónomo de México
José Ramón Cossío Díaz
Ministro de la Suprema Corte de Justicia de México
Eduardo Ferrer Mac-Gregor Poisot
Juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM
Owen M. Fiss
Catedrático emérito de Teoría del Derecho de la Universidad de Yale (EEUU)
José Antonio García-Cruces González
Catedrático de Derecho Mercantil de la UNED
Luis López Guerra
Juez del Tribunal Europeo de Derechos Humanos Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Carlos III de Madrid
Ángel M. López y López
Catedrático de Derecho Civil de la Universidad de Sevilla
Marta Lorente Sariñena
Catedrática de Historia del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid
Javier de Lucas Martín
Catedrático de Filosofía del Derecho y Filosofía Política de la Universidad de Valencia
Víctor Moreno Catena
Catedrático de Derecho Procesal de la Universidad Carlos III de Madrid
Francisco Muñoz Conde
Catedrático de Derecho Penal de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla
Angelika Nussberger
Jueza del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Catedrática de Derecho Internacional de la Universidad de Colonia (Alemania)
Héctor Olasolo Alonso
Catedrático de Derecho Internacional de la Universidad del Rosario (Colombia) y Presidente del Instituto Ibero-Americano de La Haya (Holanda)
Luciano Parejo Alfonso
Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Carlos III de Madrid
Tomás Sala Franco
Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad de Valencia
Ignacio Sancho Gargallo
Magistrado de la Sala Primera (Civil) del Tribunal Supremo de España
Tomás S. Vives Antón
Catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Valencia
Ruth Zimmerling
Catedrática de Ciencia Política de la Universidad de Mainz (Alemania)
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DERECHO Y RIESGOS El caso Grandi Rischi
ALEJANDRO ANAYA HUERTAS
Ciudad de México, 2017
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COLECCIÓN DERECHO Y… Director
Dr. José Ramón Cossío Díaz
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© EDITA: TIRANT LO BLANCH DISTRIBUYE: TIRANT LO BLANCH MÉXICO Río Tiber 66, Piso 4 Colonia Cuauhtémoc Delegación Cuauhtémoc CP 06500 Ciudad de México Telf: (55) 65502317 infomex@tirant.com www.tirant.com/mex/ www.tirant.es ISBN: 978-84-9169-280-5 MAQUETA: Tink Factoría de Color Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro Procedimiento de quejas. Responsabilidad Social Corporativa: http://www.tirant.net/Docs/RSCTirant.pdf
ÍNDICE Presentación de la colección..................................................................... 9 Introducción............................................................................................. 11
1. ¿UN PLANETA AFORTUNADO? 1.1. ¿QUIÉN DEFINE EL RIESGO?....................................................... 20
2. LA TERRA TREMA. EL CASO GRANDI RISCHI 2.1. PHILOSOPHES TROMPES QUI CRIEZ: “TOUT EST BIEN”, ACCOUREZ, CONTEMPLEZ CES RUINES AFFREUSES!.................. 38 2.2. LA DECONSTRUCCIÓN DE LA CGR........................................... 47 2.2.1. Base de la acusación.............................................................. 51 2.2.2. Naturaleza jurídica de la reunión del 31 de marzo de 2009.. 54 2.2.3. Nexo causal.......................................................................... 56 2.3. RÉPLICAS Y REDENCIONES........................................................ 60 2.3.1. La del 31 de marzo de 2009 no fue una reunión de la CGR.. 65 2.3.2. El objeto de la reunión del 31 de marzo de 2009.................. 66 2.3.3. La evaluación del riesgo sísmico fue llevada de conformidad con el mejor conocimiento científico..................................... 67 2.3.4. Los acusados no tranquilizaron a la población de L’Aquila... 67 2.3.5. El caso particular de Bernardo De Bernardinis...................... 72 2.4. SENTENCIA DE LA CORTE DE CASACIÓN................................ 74
3. ¿LAS VÍCTIMAS SE QUEDARON EN SUS CASAS EN LUGAR DE SALIRSE POR LO QUE VIERON EN UNA ENTREVISTA DE BANQUETA? 3.1. PERO ALGUIEN TUVO QUE TENER CULPA DE LA MUERTE DE 308 PERSONAS......................................................................... 96 3.2. MORALEJA: LOS TERREMOTOS SON MÁS LISTOS.................. 104 Bibliografía.............................................................................................. 107
Presentación de la colección La colección “Derecho y…”, pretende ser un vehículo para exponer las relaciones entre el derecho y la ciencia jurídica, con otras prácticas y conocimientos. Por un defecto muy generalizado, buena parte de la comprensión del derecho continúa haciéndose desde la perspectiva normativista. Que el derecho tenga un componente fundamentalmente normativo, es innegable. Que la comprensión de toda la mecánica jurídica quiera reducirse a una visión normativista, es la consecuencia de un lamentable entendimiento de la positividad del derecho. Si se quiere lograr que el derecho sea un eficaz formalizador de las relaciones sociales, es preciso que quienes trabajan con normas jurídicas conozcan la manera como se constituyen los fenómenos sociales a regular. No puede seguirse suponiendo, en una especie de logomaquia, que las soluciones a lo que con el derecho pueda o deba hacerse, únicamente debe considerar a las normas jurídicas. Explorar cómo es que, desde su propio campo, se conciben, ordenan o explican los fenómenos con los cuales debe trabajarse jurídicamente, es un camino necesario a recorrer. En el plano de la ciencia jurídica, de las explicaciones sobre el derecho, sucede algo semejante. ¿Cómo es posible que se entienda lo que constituye y se regula normativamente, si no se entiende lo propio de lo regulado? Una ciencia jurídica funcional tiene que comprender los componentes físicos, químicos, ambientales o matemáticos de aquello que se busque dar a conocer. El Colegio Nacional y la editorial Tirant lo Blanch han convenido coeditar los libros que irán componiendo esta colección. Esperemos que poco a poco se vaya acumulando conocimientos, ideas y experiencias que, por un lado, permitirán que el derecho se renueve y resulte más eficaz y, por otro, que quienes se dedican a quehaceres distintos al derecho, comprendan la importancia que éste tiene para su actuar o su pensar.
Introducción En noviembre de 2003, comencé a elaborar en la Suprema Corte de Justicia de la Nación un reporte diario con noticias sobre la actividad de los tribunales en otros países. Con el tiempo, ese trabajo cotidiano adquirió la denominación de Reporte sobre la Magistratura en el Mundo, teniendo, como público destinatario, el personal de ese Alto Tribunal. Las noticias recabadas son, preponderantemente, aquellas relacionadas con asuntos que resuelven las cortes supremas, constitucionales, regionales e internacionales, aunque también me he topado con varias notas curiosas vinculadas con la impartición de justicia (la primera que recuerdo, es un caso en Chile, allá por 2005, cuando la Corte Suprema ratificó la condena a muerte a un gato por, presumiblemente, ser portador de rabia, desde que mordió a un murciélago. Otros casos que recuerdo haber fichado para el boletín son: demandas contra Dios; demandas contra el Diablo; la propiedad de la Luna; el litigio por la propiedad intelectual del silencio; jueces que redactan sentencias en verso, o usando letras de canciones de los Beatles; divorcios por hedor conyugal; juicios por combate, y la sentencia de la Corte Constitucional de Alemania sobre los agujeros negros, entre muchos otros). En la edición del 20 de septiembre de 2011, por su tinte curioso y un tanto escandaloso, incluí en el Reporte una noticia publicada en “El Mundo”, que llevaba por título: Comienza el juicio contra los acusados de no haber previsto el terremoto de L’Aquila. Pocos días después, el ministro José Ramón Cossío Díaz —a quien tengo el gusto de conocer desde finales del siglo pasado, cuando era él era Jefe del Departamento Académico de Derecho del ITAM, y con cuyo equipo colaboré en actividades relacionadas con las interacciones entre el Derecho y la Economía— me llamó para comentarme que esa nota le había interesado, y me sugirió investigar el caso a profundidad, con miras a una posible publicación. Durante las conversaciones sostenidas con el ministro, surgieron temas que podrían servir como aderezos al margen del caso “Grandi Rischi”, tal como fue ventilado y resuelto en los tribunales italianos. La sociedad del riego, la comunicación de los riesgos, la toma individual de decisiones, la economía de la conducta
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y los “chivos expiatorios”, fueron algunos de los tópicos emanados de esa tormenta de ideas. En tanto, solo cabía esperar las sentencias —con sus voluminosos engroses—, provenientes, respectivamente, de la Corte de L’Aquila, del Tribunal de Apelación de la misma localidad, y de la Corte de Casación italiana, donde el asunto tuvo punto final en 2016. Y una vez procesada la información, se dio estructura a este breviario intitulado Derecho y riesgos. El caso Grandi Rischi, que he dividido en tres partes. La primera, retoma las implicaciones filosóficas derivadas del terremoto de Lisboa, de noviembre de 1755, que pareció haber atravesado el corazón del paradigma del “mejor de los mundos posibles”, y despertado la conciencia de la sociedad del riesgo. La segunda parte aborda el caso “en sí”, con algunas pinceladas sobre el nada envidiable historial sísmico de L’Aquila, hasta llegar a los enjambres sísmicos de principios de 2009, de los que derivó la organización de una reunión, el 31 de marzo, con la participación de varios de los más prestigiados expertos de Italia, en materia sísmica. Tras el encuentro, ocurrió un “corto circuito” mediático, con una emisión poco aseada de mensajes y reportajes que, al resultar “tranquilizadores”, tuvieron (presuntamente) el efecto de “bajar la guardia” de varias personas que, cuando llegó el gran terremoto del 6 de abril de 2009, perecieron por haber decidido quedarse en sus casas en lugar de salir de ellas, como antes lo hacían. Por ello, los participantes en la reunión fueron acusados de haber provocado la mutación en las conductas de las víctimas, y sentenciados a prisión por homicidio. Ya en la apelación, a la postre confirmada en casación, 6 de 7 fueron absueltos, pero quedan aristas a las que me refiero en la última parte: ¿es posible que, derivado de una entrevista de banqueta, transmitida por la televisión local, los habitantes de L’Aquila hayan modificado sus patrones de conducta ante la llegada de un sismo? Es en ese apartado del breviario donde entra en juego el rol de la teoría de las representaciones sociales vis a vis las cascadas de disponibilidad; y, como cierre, la hipótesis de que los científicos procesados fueron chivos expiatorios, o “víctimas propiciatorias”, dejando en la mesa dos moralejas; una ya advertida por Alexander Pope en su Ensayo sobre el hombre: “¡Ea, ve, enseña a la eterna sabiduría cómo debe gobernar, y entra luego dentro de ti mismo, y nota tu imbecilidad!”. La otra —concluida por expertos—: “earthquake faults are smarter —in the sense of having better
Introducción
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memory— than seismologists have long assumed”, lo que a su vez revive aquel baño de humildad que nos regaló Haldane: “Not only is the universe stranger than we imagine, it is stranger than we can imagine”. Quiero destacar que El Reporte sobre la Magistratura en el Mundo (del que, finalmente, emergió la idea de hacer este breviario), no habría sido posible sin el apoyo de varias personas con quienes he tenido el privilegio de colaborar y aprender durante estos años. Así, expreso mi mayor gratitud a la señora ministra Olga Sánchez Cordero de García Villegas; al doctor Eduardo Ferrer Mac-Gregor Poisot; al maestro Alfonso Oñate Laborde; al señor ministro Juan N. Silva Meza; a la licenciada Bertha Fernández García de Acevedo, y al señor ministro Presidente Luis María Aguilar Morales, quien me confirió el honor de formar parte de su equipo de colaboradores. Finalmente, reitero mi mayor gratitud al señor ministro Cossío Díaz por sus comentarios e ideas, así como la oportunidad que me brinda de publicar estas reflexiones. Y también, desde luego, a mi buen amigo David Sánchez Mejía, quien me aplicó un verdadero catenaccio, hasta que el trabajo quedó concluido. Alejandro Anaya Huertas
1. ¿Un planeta afortunado? En 1277, el Obispo Tempier de París, siguiendo las instrucciones del papa Juan XXI, publicó una lista de 219 errores o herejías que debían ser condenados. Entre dichas herejías estaba la idea de que la naturaleza sigue leyes, porque ello entra en conflicto con la omnipotencia de Dios. Resulta interesante saber que el papa Juan XXI falleció por efectos de la ley de la gravedad unos meses más tarde, al caerle encima el techo de su palacio. Stephen Hawking
En El gran diseño, Hawking y Mlodinov1 describen cómo las regularidades en el movimiento de los cuerpos astronómicos como el Sol, la Luna y los planetas sugirieron que estaban gobernados por leyes fijas en lugar de estar sujetos a veleidades y caprichos de dioses y demonios. Nuestro sistema solar —dicen— tiene propiedades “afortunadas” sin las cuales nunca habrían podido desarrollarse formas sofisticadas de vida. Y para demostrarlo, hacen referencia, por ejemplo a las órbitas planetarias, que pueden ser circulares o elípticas. La de la Tierra es casi circular, y eso es un gran golpe de suerte (si fuera elíptica, los océanos hervirían cuando alcanzáramos el punto más próximo al Sol y se congelarían al alcanzar el punto más lejano). También hemos tenido suerte en la relación entre la masa del Sol y su distancia a la Tierra (si nuestro Sol fuera tan solo un 20 por 100 más masivo o menos masivo, la Tierra sería más fría que Marte o más caliente que Venus). Parece que nuestro universo y sus leyes han sido diseñados con exquisita precisión para permitir nuestra existencia y que, si tenemos que existir, queda poca libertad para su alteración.2 ¿Estamos, pues, en el mejor de los mundos posibles? En la “Epístola Primera” de su Ensayo sobre el hombre (1734), Pope reflexiona sobre la naturaleza y el estado del hombre con respecto al Universo: La gran cadena que todo lo sostiene y reúne ¿está en manos de Dios, o está en las tuyas?… es cierto que entre todos los sistemas posibles, debió
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Hawking, Stephen; Mlodinov, Leonard, El gran diseño, Madrid, Crítica, 2010. Idem, p. 184.
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escoger el mejor la infinita sabiduría, en que no hubiese vacío alguno, pues a haberlo no habría coherencia, y que todo cuanto había de existir estuviese en su debido lugar… Cuanto existe no es más que una parte de aquel prodigioso todo, cuyo cuerpo es la naturaleza, y del cual Dios es el alma… no llames al orden imperfección… La naturaleza toda es un arte desconocido para ti; todo acaso es una dirección, que no eres capaz de ver; toda discordia, una armonía, que no llegarás a entender; todo mal particular, un bien general; y en despecho del orgullo y de la razón extraviada es una verdad muy clara: Que todo, todo cuanto existe es del modo que debe ser.3
Mucho antes que Pope, Platón, en el Timeo había escrito que el creador, “que es bueno, y no conoce la envidia”, hizo el mundo, “y el mejor posible”. Y Leibnitz, en 1710, escribió Essais de théodicée sur la bonté de Dieu, la liberté de l’homme et l’origine du mal, comúnmente conocido como “Teodicea”, que en su primera parte afirma: “…esta suprema sabiduría, unida a una bondad no menos infinita que ella, no ha podido menos de escoger lo mejor… y aun cuando se llenaran todos los tiempos y todos los lugares, siempre resultaría que se les habría podido llenar de una infinidad de maneras, y que hay una infinidad de mundos posibles, de los cuales es imprescindible que Dios haya escogido el mejor, puesto que nada hace que no sea conforme a la suprema razón… sabemos que un mal causa un bien que no habría tenido lugar sin este mal. Hasta sucede con frecuencia que dos males constituyen un gran bien”.4 Y más adelante apuntala: “…de este modo debe concebirse la creación del mejor de los universos posibles, tanto más cuanto que Dios, no solo acuerda crear un universo, sino que resuelve también crear el mejor de todos; porque no decreta sin conocer, y no da decretos sueltos”.5 El objetivo de Teodicea era demostrar que entre la verdad y la fe existía una perfecta armonía. Según Leibnitz, la razón y la revelación no podían incurrir en contradicción pues ambas fueron una dádiva de Dios a los hombres.6
3
4
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Pope, Alexander, Ensayo sobre el hombre, Madrid, Imprenta Nacional, 1821, pp. 12-20. Leibnitz, Gottfried, Teodicea, archivo electrónico, en: http://www.ignaciodarnaude.com/espiritualismo/Leibnitz,Teodicea.pdf, pp. 161-162. Ibidem, p. 364. Álvarez Muñoz, Evaristo, “Leibnitz damnificado por el terremoto de Lisboa”, Cuadernos dieciochistas, núm. 6, 2005, p. 189.
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Por su parte, en De rerum originatione radicali (1697), Leibnitz sugiere que es insípido comer siempre manjares dulces, y deben mezclarse con cosas agrias, ácidas y aún amargas, que excitan el gusto: “…quien no ha gustado lo amargo no ha merecido lo dulce ni lo apreciará nunca. Es la misma ley de la alegría que el placer no sea siempre uniforme, porque embotando el gusto nos hace inertes y no alegres”.7 Y no debe sorprender que Leibnitz —filósofo, matemático, lógico, teólogo, geólogo, jurista, político e historiador— haya escrito también Protogaea: del primitivo aspecto de la tierra y su antiquísima historia según los vestigios de los propios monumentos de la naturaleza, donde concluye: “es verosímil que la contracción por enfriamiento de la corteza haya dejado —como sucede en los metales y en otros cuerpos que por fusión se hacen más porosos— unas burbujas enormes —dada la magnitud de las cosas a que nos referimos— lo que supuso que quedara atrapado aire o agua bajo vastas cavidades abovedadas… [y] es una creencia muy extendida que hay fuego en el interior de este globo del que apenas hemos explorado la corteza y fuertes movimientos de tierra indican fuegos subterráneos y gigantescos volcanes ponen al descubierto sus conductos de fuego. En efecto, recientemente, en el año 1691, la tierra tembló e Italia y la sacudida llegó hasta los confines de nuestro país, aunque no traspasó el rio Weser.8 Y, volviendo a la Teodicea, su párrafo 245 dice: “después del fuego, debe creerse que la tierra y el agua no han producido menos estragos. Quizá la corteza formada por el enfriamiento, y bajo la cual había grandes cavidades, se derrumbó, de suerte que habitamos sobre ruinas […] Pero ¿quién no ve que esos desórdenes han servido para traer las cosas al punto que se encuentran al presente, que a esto debemos nuestras riquezas y comodidades, y que por su medio se ha hecho este globo propio para ser cultivado por nuestros cuidados? Estos desórdenes han conducido al orden”.9 Leibnitz falleció en noviembre de 1716, en Hannover; y a 2,500 kilómetros de distancia, en Lisboa, treinta y nueve años más tarde, el 1 de noviembre de 1755, ocurrió un terremoto que, con los cálculos
Ibidem, p. 191. Leibnitz apud Álvarez Muñoz, op. cit., p. 199. 9 Leibnitz, op. cit., pp. 409-410. 7 8
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de nuestros días, habría tenido una magnitud cercana a 9, en la escala de Richter y una —sorprendente— duración superior a los 6 minutos. Así lo narra el escribano de Almagro: “un temblor de tierra, de tanta duración, cuanto el que todos los antiguos aseveran que en estas y otras tierras no habían experimentado igual extremo; causando a las personas tal (palabra ininteligible) […] y desconsuelo como el que cada una pensaba haber llegado el fin de su vida”. Fredric Christian Sternleuw, un marino sueco, lo describió como “…el acontecimiento más trágico que hayan contemplado ojos humanos […] unas horas antes de que la tierra se abriera, comenzó el mar a crecer con rapidez increíble. La mayor parte de los barcos se desprendió de las anclas y quedaron a la deriva. Finalmente, el mar subió de tal modo que muchos barcos fueron arrastrados hasta tierra”. John Fowkes, un comerciante inglés, afincado en la capital portuguesa, tras el terremoto, se dirigió a la Iglesia de São Nicolau, “pero el horror que allí había nos confundió. Muchos ya habían fallecido y los que estaban malheridos (¡horrible espectáculo!) pedían misericordia a gritos mientras algún sacerdote los confesaba y absolvía”. Menos de una hora después del terremoto, tres tsunamis de entre 6 y 20 metros, golpearon el destrozado puerto; mientras el resto de la ciudad se incendiaba. Se calcula que el 85 por ciento de los inmuebles fue destruido, y que perecieron 90 mil de los 275 mil habitantes de la capital portuguesa. En aquél entonces, Voltaire tenía 61 años, y en cuanto escuchó la noticia de la catástrofe que había tenido lugar en Lisboa, empezó a trabajar en el Poème sur le désastre de Lisbonne, cuya primera versión estuvo terminada el 7 de diciembre de 1755. En el prefacio al poema, Voltaire manifiesta que su propósito es poner en evidencia la insensatez del optimismo derivado del Ensayo sobre el hombre, de Pope; un optimismo que él denomina “la filosofía del tout est bien”.10 Y en los fragmentos más telúricos del Poème, Voltaire tomó el megáfono de la Ilustración: “¡Oh infelices mortales! ¡Oh tierra deplorable! ¡Oh espantoso conjunto de todos los mortales! ¡De inútiles dolores la eterna conversación! ¡Filósofos engañados que gritan: ‘Todo está bien’, Vengan y contemplen estas ruinas espantosas!
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Peñalta Catalán, Rocío, “Voltaire: una reflexión filosófico-literaria sobre el terremoto de Lisboa de 1755”, Revista de Filología Románica, vol. 26, 2009, p. 196.
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¡Filósofos engañados que gritan: ‘Todo está bien’, vengan y contemplen estas ruinas espantosas! […] No me ha explicado Leibnitz por qué invisibles nudos, en el más ordenado de los mundos posibles, un desorden eterno, un caos de infortunios, mezclan vanos placeres con dolores reales, ni por qué el inocente, lo mismo que el culpable un mal inevitable soportan por igual […] Bayle sabe más que todos [sabe más que Leibnitz, que Platón y que Epicuro]: le voy a consultar: Con la balanza en la mano a dudar él me enseña, sabio y grande, y por ello de sistema carente, todos los destruyó y a sí mismo se ataca… Todo estará un día bien: he aquí la esperanza; todo bien está hoy: he aquí la ilusión. Los sabios me engañaron, sólo Dios razón tiene. Humilde en mis suspiros, sumiso en mi aflicción, no me alzo, no protesto contra la Providencia”. Leibnitz, arrasado por la réplica de Voltaire, había muerto casi 40 años antes. Tuvo que ser Rousseau, en su Carta sobre la Providencia, quien lanzó la réplica al Poème, del que —lamenta—: “esperaba algo más digno de la humanidad que parece habéroslo inspirado. Usted reprocha a Pope y a Leibnitz que insulten nuestros males sosteniendo que todo está bien, pero amplifica de tal forma el cuadro de nuestras miserias que consigue agravar el sentimiento: en lugar del consuelo que yo esperaba, usted me aflige aún más […] Sin dejar el tema de Lisboa […] convendrá usted que no fue la naturaleza quien concentró allí veinte mil casas de seis o siete pisos y que si los habitantes de esta gran ciudad hubieran estado más regularmente dispersos el desastre hubiera sido mucho menor, tal vez nulo ¿y cuántos desgraciados habrán perecido en esta catástrofe, uno por querer recoger sus ropas, el otro por sus papeles, el de más allá su dinero?… A usted le hubiera gustado —¡a quién no le hubiera gustado!— que el terremoto hubiera sucedido en lo profundo de un desierto […] ¿No sería esto afirmar que la naturaleza debería someterse a nuestras leyes?”.11 La Carta de Rousseau está fechada el 18 de agosto de 1756. Menos de un mes después, el 12 de septiembre, Voltaire remitió su contrarréplica: “Mi querido Filósofo, usted y yo podemos discutir en verso y en prosa, en la medida que nos lo permiten nuestras dolencias, pero en estos momentos, habrá de perdonarme si dejo de lado estas 11
Álvarez Muñoz, op. cit., p. 195.
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discusiones filosóficas, que no son más que pasatiempos. Su carta es muy hermosa, pero está en mi casa una de mis sobrinas, que desde hace tres semanas está gravemente enferma: estoy de enfermero, y yo mismo, muy enfermo. Esperaré a sentirme mejor y a que mi sobrina esté curada, para atreverme a pensar con usted”. La respuesta llegó en 1759: Candide, ou l’Optimisme.
1.1. ¿QUIÉN DEFINE EL RIESGO? Tras el terremoto de Lisboa, parece haberse dado una deconstrucción de lo que debía entenderse por el “mejor de los mundos posibles”. Dos siglos después de Voltaire, la poesía se nutrió, nuevamente, por una tragedia sísmica. Artur Lundkvist sobrevivió al terremoto que destruyó la ciudad de Agadir en 1960, y tan pronto como regresó a su natal Suecia, escribió: “Agadir, hundido ya en el pasado, espejismo eterno ante nosotros, Agadir, preparación, advertencia de lo que quizá nos espera”. ¿Y dónde subyace esa advertencia de lo que “quizá” nos espera? Por supuesto —afirma Luhmann—, el ser humano se ha enfrentado desde siempre a la incertidumbre del futuro. Sin embargo, en la mayoría de los casos confiaba en la adivinación, que si bien no podía proporcionar una certeza confiable, garantizaba de cualquier manera que la decisión propia no suscitara el enojo de los dioses o de otras fuerzas numínicas, habiéndose asegurado en misteriosos acuerdos relativos a la determinación del orden cósmico de las cosas.12 Y por ejemplo, Séneca, tuvo la sabia prudencia de invocar a la diosa fortuna señalando que es menester ser precavidos y tener en mente que en cualquier momento puede ocurrirnos cualquier cosa. No fue sino hasta el largo periodo de transición que va desde la Edad Media hasta los inicios de la Modernidad cuando se empezará a hablar del riesgo, un concepto que ha de determinase en oposición a la noción de seguridad.13 Por su parte, los riesgos —acota Beck—, no 12
13
Luhmann, Niklas, Sociología del riesgo, México, Triana/Universidad Iberoamericana, 1998, p. 51. Ibidem, pp. 52-62.