Skip to main content

1_9788419286574

Page 1

LAS OLVIDADAS Reflexiones en torno a treinta poetas andaluzas imprescindibles (1900-2022)


COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT HUMANIDADES Manuel Asensi Pérez

Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València

Ramón Cotarelo

Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia

M.ª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València

Juan Manuel Fernández Soria

Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València

Pablo Oñate Rubalcaba

Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València

Joan Romero

Catedrático de Geografía Humana Universitat de València

Juan José Tamayo

Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid

Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales


LAS OLVIDADAS Reflexiones en torno a treinta poetas andaluzas imprescindibles (1900-2022)

REMEDIOS SÁNCHEZ-GARCÍA JOSÉ ÁLVAREZ-RODRÍGUEZ (Editores)

Daniel Álvarez-Ferrándiz José Álvarez-Rodríguez Rocío Badía Fumaz Mar Campos Fernández-Fígares Manuel Gahete Nieves García-Prados Ioana Gruia Raquel Lanseros Sánchez Aurora Martínez Ezquerro Carmen Medina Puerta Francisco Morales Lomas

Eva Morón Olivares María Teresa Navarrete Navarrete María del Carmen Quiles Cabrera Manuel Francisco Reina Remedios Sánchez Javier Sánchez Menéndez M.ª Jesús Soler Arteaga Fernando Valverde Alicia Vara López Juan de Dios Villanueva Roa

tirant humanidades Valencia, 2022


Copyright ® 2022 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de los autores y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant Humanidades publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com. Volumen financiado por FEDER/Consejería de Transformación económica, Industria, Conocimiento y Universidades/ Proyecto I+D+i LAS OLVIDADAS. Proyecto de recuperación digital de la poesía femenina andaluza aplicada al aula (1900-2000) (B-HUM-440-UGR18)

© ©

VV.AA.

TIRANT HUMANIDADES EDITA: TIRANT HUMANIDADES C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email: tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: www.tirant.es ISBN: 978-84-19286-57-4 MAQUETA: Innovatext Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro Procedimiento de quejas. Responsabilidad Social Corporativa: http://www.tirant.net/Docs/RSCTirant.pdf


Índice PRESENTACIÓN.................................................................................................

9

LAS POETAS QUE NUNCA TUVIERON LA PALABRA................................

13

MARÍA ZAMBRANO: POESÍA Y FILOSOFÍA...................................................

25

LA CONSTRUCCIÓN DE LA IDENTIDAD POÉTICA EN ELENA MARTÍN VIVALDI..................................................................................................................

41

LA POESÍA INFANTIL DE CELIA VIÑAS Y ANA MARÍA ROMERO YEBRA: UN LEGADO PARA LA ESCUELA..............................................................

55

EL SUR EN LA OBRA DE CONCHA LAGOS Y M.ª DE LOS REYES FUENTES.........................................................................................................................

73

“Y UNA MUJER ANDABA, ANDABA Y ANDABA”: LA DIÁSPORA EN LA POESÍA DE JULIA UCEDA.................................................................................

87

UN ACERCAMIENTO A LA TRAYECTORIA POÉTICA DE MARÍA VICTORIA ATENCIA DESDE SUS ÚLTIMOS POEMAS................................

101

PILAR PAZ PASAMAR, UNA POETA SIN MÁRGENES DENTRO DE LA GENERACIÓN DEL 50................................................................................................

117

ENSEÑAR Y APRENDER POESÍA ESCRITA POR MUJERES. A PROPÓSITO DE MARILUZ ESCRIBANO...........................................................................

135

ENCARNA LEÓN, DOLORS ALBEROLA Y PALOMA FERNÁNDEZ GOMÁ, LIRISMO EN ANDALUCÍA.......................................................................

153

Remedios Sánchez

Javier Sánchez Menéndez

Eva Morón Olivares

María del Carmen Quiles Cabrera Mar Campos Fernández-Fígares

M.ª Jesús Soler Arteaga

María Teresa Navarrete Navarrete

Rocío Badía Fumaz

Manuel Francisco Reina

Aurora Martínez Ezquerro

Juan de Dios Villanueva Roa


8

Índice

LA LÍRICA DE ROSA DÍAZ, ROSA ROMOJARO Y FANNY RUBIO..........

165

PILAR QUIROSA-CHEYROUZE Y PURA LÓPEZ CORTÉS. LAS VOCES SOLIDARIAS DEL HUMANISMO ALMERIENSE.............................................

185

REFLEXIÓN PANORÁMICA SOBRE LAS POÉTICAS DE ANA ROSSETTI Y MERCEDES ESCOLANO..................................................................................

201

FEMINISTAS CON ALMA DE BOLERO. LA POESIA DE ÁNGELES MORA Y TERESA GÓMEZ........................................................................................

217

TRINIDAD GAN Y CONCHA GARCÍA: DOS VOCES CONTEMPORÁNEAS ANDALUZAS QUE REIVINDICAN LA LIBERTAD EN LA CONSTRUCCIÓN IDENTITARIA......................................................................................

231

ESCRIBIR DESDE EL COMPROMISO: LA TRAYECTORIA POÉTICA DE MARÍA ROSAL E ISABEL PÉREZ MONTALBÁN......................................

247

COMPROMISO Y FORMACIÓN DE DOS POETAS: JOSEFA PARRA Y ESTHER MORILLAS EN EL DEVENIR POÉTICO............................................

261

LA GENERACIÓN LITERARIA 2010 EN ANDALUCÍA. REFLEXIONES EN TORNO A LAS POÉTICAS DE RAQUEL LANSEROS Y MARÍA ELOY GARCÍA...............................................................................................................

275

Francisco Morales Lomas

Manuel Gahete

Carmen Medina Puerta

Ioana Gruia

Raquel Lanseros Sánchez

Alicia Vara López

Daniel Álvarez-Ferrándiz José Álvarez-Rodríguez

Nieves García-Prados Fernando Valverde


PRESENTACIÓN

Que las mujeres han sido silenciadas sistemáticamente en la literatura es una actitud de sobra conocida, aunque demasiados estudiosos (e incluso estudiosas) miren para otro lado. Las estructuras de una sociedad patriarcal en las que la mujer se ha debatido entre ángel del hogar, ama de casa y, en casos muy excepcionales, protagonista del hecho poético (mediante dedicatorias explicitas o implícitas del autor masculino del texto) la han venido reduciendo a una mera anécdota. Así, por ejemplo, si vemos en contextos educativos reglados cómo se enseña la literatura, constataremos que, cuando se habla de la Generación el 27, en las nóminas de los manuales no se nombran mujeres; tampoco en la promoción el 40, en la Generación del 50, etc. Eso ha venido provocando que se ignore absolutamente la producción literaria de calidad contrastada escrita por mujeres como, pueden ser Elena Martín Vivaldi, Pilar Paz Pasamar, Julia Uceda, Mariluz Escribano, Ángeles Mora, Juana Castro y tantas otras poetas incuestionables. Para lograr el necesario proceso de visibilización en el siglo XXI tenemos que contar con las herramientas digitales como estrategia pedagógico-literaria a fin de integrarlas en el canon escolar y reconstruir la verdadera historia literaria en la que, Andalucía, con nombres como los citados debe tener un papel protagonista. Hasta el momento hemos tenido algunas antologías reivindicativas como las de Rosal Nadales (2006 y 2010), Lanseros y Merino (Poesía soy yo. Antología de mujeres poetas el siglo XX, 2016) o el estudio coordinado por Sánchez García y Gahete Jurado (La palabra silenciada. Voces de mujer en la poesía española contemporánea, 2017), pero su visibilidad fuera el campo científico ha sido muy limitada. Y pedagógicamente no se afronta en ninguna de las obras citadas el reto de aplicar estas poéticas al aula atendiendo a la reali-


10

Presentación

dad de la generación Millennial, que tiene lo digital como principal modo de trabajo y de acercamiento a la realidad. Por esta razón desde el proyecto I+D+i LAS OLVIDADAS. Proyecto de recuperación digital de la poesía femenina andaluza aplicada al aula (1900-2000) (B-HUM-440-UGR18) venimos trabajando desde una doble vía: con un volumen primero donde se haga un acercamiento sistemático a treinta de las poetas andaluzas imprescindibles del siglo XX (y los veintidós años que llevamos del XXI); y, por otro, creando una herramienta digital, la web LAS OLVIDADAS, donde se realiza una aproximación sistemática teórico-práctica a dichas autoras incorporando, además, materiales didácticos para su aplicación al aula de Infantil, Primaria y Secundaria; todo ello bien entendido que la literatura forma parte del patrimonio cultural de la comunidad y es uno de nuestros valores primordiales que deben protegerse y desarrollarse adecuadamente con enfoques pluridisciplinares de acuerdo a la concreción de la LOMLOE en nuestra comunidad autónoma. Es el principio de una iniciativa mucho más amplia en la que se incorporarán a muchas más autoras y de la que se irá dando cuenta en futuros ensayos y, naturalmente, en la web LAS OLVIDADAS. Es decir, que estamos en el principio únicamente. Somos conscientes de la envergadura de lo que nos proponemos, pero sólo de esta manera, ese canon escolar que hasta ahora se reduce a los libros de texto se verá complementado y responderá a la necesaria verdad de que nuestro estudiantado pueda conocer a los –y las– mejores poetas no por una cuestión de género, sino de calidad y mérito que es como debió ser siempre. No somos ingenuos. Sabemos que este proyecto es molesto para el sistema porque afectará al modo en que muchas editoriales conciben lo literario; esto es: basado en unas antologías habitualmente sectarias (que minusvaloran o directamente ignoran a las poetas) que responden más a un capricho que a la realidad. Pero la crítica, las personas que nos dedicamos a la investigación, estamos obligados a aplicar una radical honestidad y a no vendernos al mercado. De ahí la necesidad de este volumen que


Presentación

11

ahora tienen entre las manos. Como afirmó una de nuestras treinta poetas seleccionadas, la Premio de la Crítica de Andalucía 2014 y Autora Clásica del Año 2021 Mariluz Escribano, “ahora es tiempo de paz./ De paz y de memoria”. Vamos, pues, a la memoria. Los editores


LAS POETAS QUE NUNCA TUVIERON LA PALABRA Remedios Sánchez Universidad de Granada

1. INTRODUCCIÓN. LAS LOCAS DE LOS VERSOS… Desde su origen, buscando fortalecer la construcción de la ideología patriarcal, la construcción del canon ha sido cosa de hombres. Porque del canon no se hablaba en los tiempos de Safo (602 a. C., la gran poeta de lo sensorial), puesto que es producto de sociedades posteriores, teóricamente mucho más avanzadas en lo estructural, y que determinaron pronto los roles de cada cual. Del varón dominante y de la mujer sometida como propiedad, primero del padre, después del marido y, en última instancia, del hijo o del pariente más cercano, en el caso de las viudas. En nuestra Edad Media las mujeres se convierten en meras receptoras, en vez de sujeto, en objeto poético: o bien en su papel de musas inspiradoras; o bien de lectoras ocasionales, si sabían leer y la obra no requería demasiada complejidad, dada su incapacidad (un planteamiento pseudocientífico tradicional, tal y como aclaran Bosch Fiol y Ferrer Perez, 2003) para desentrañar la supuesta profundidad de las composiciones masculinas. Pocas veces –en relación con el número de hombres– ellas toman la pluma hasta el siglo XIX y casi nunca con reconocimiento. Su espacio predeterminado es el hogar como hijas (doncella, primero), como esposas (después) o como viudas, ya lo hemos avanzado. Luego quedaban, claro, las mujeres que profesaban en los conventos de diferentes órdenes religiosas. En ese contexto, la voz de autoridad del hombre es la voz de la comunidad y la voz de la mujer en la literatura es puramente marginal


14

Remedios Sánchez

y reiteradamente criticada (valga un ejemplo: sor Juana Inés de la Cruz). Incluso por las propias mujeres, en ocasiones ávidas practicantes del radicalismo supremacista de los hombres. Y esto ha pasado casi hasta anteayer, incluso en el siglo XX. La afirmación del yo de la poeta, más allá de lo superficial empieza, con algún caso, en el siglo XIX (Ángela Grassi, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Carolina Coronado) y, con mayor sistematicidad, en el XX con las autoras de la denominada Edad de Plata. Ese yo propio (yo soy, yo pienso, yo siento) se percibe claramente en las poetas de la Generación del 27 (a las que ignora Gerardo Diego en su antología generacional de 19321), en autoras del 36, como Elena Martín Vivaldi con matices y desde su nocturna soledad herida2; y, posteriormente, con la Generación del 50, en Gloria Fuertes o Ángela Figuera; o si hablásemos de andaluzas, en Julia Uceda, Pilar Paz Pasamar o María Victoria Atencia. Más tarde, tras la promoción del 60 (que cuenta con la voz inmensa y largamente ignorada de Paca Aguirre) llegaron las poetas del 80 (Juana Castro, Olvido García Valdés, Ángeles Mora y Concha García, entre otros nombres imprescindibles) y toman la palabra, la hacen suya, abren el camino con la democracia de fondo. Sin embargo, hasta casi anteayer a ninguna se le ha reconocido nada. Absolutamente nada, a pesar de que el canon se entienda como “el cuaderno de lugares comunes de nuestra cultura común, donde copiamos los textos y títulos que deseamos recordar, que tuvieron algún significado especial para nosotros” (Gales, en Sullà, 1998: 165). Por eso no se podrían permitir iniciativas de visibilización como “Versos con faldas” en los años cincuenta. No convenía, no era la imagen de mujer que se buscaba dar desde las estructuras de poder. Ya lo escribió Gloria Fuertes: 1

2

En la posterior, (Gerardo Diego, 1934), y tras una encendida polémica con las autoras de la Edad de Plata, suma a Ernestina de Champourcín y a Josefina de la Torre; a la par aumenta los antologados a 31, difuminando su presencia. Es una estrategia –no se si inconsciente o consciente– de encubrimiento. No incluyo aquí de manera consciente a Carmen Conde. Valoro más su labor como recopiladora (1954 y 1971) que la poética.


Las poetas que nunca tuvieron la palabra

15

¡No puedo más!... Me levanto y dicen: – Ahí va Gloria la vaga. – Ahí va la loca de los versos, dicen, la que nunca hace nada. (“Yo en el monte de los olivos”) Esto se pretendió en todas las épocas, pero siempre hubo rebeldes que dejaron un legado, un trabajo excepcional que ahora toca rescatar. Son las que nunca se rindieron, las que no cayeron en la trampa, las que nunca callaron y han sido las que, como en una carrera de relevos, cogieron el testigo de sus referentes y luego lo han pasado a otras, sin perder su identidad, sin venderse. Desde la alta dignidad de su palabra.

2. ESCRIBIR “COMO UNA MUJER” (O CÓMO MANIPULAR EL CANON) El espacio doméstico del que habla Russ (2018), la armonía de la vida del hogar esperando al esposo y a los niños o la belleza del paisaje es lo que se consideraba apropiado para la poesía escrita por las mujeres: que mantuvieran y fortalecieran el armazón ideológico como ya expone J. C. Rodríguez (1994 y 2002). Se trataba de otorgarle unas peculiaridades a su creación como fórmula para disociarla de lo que era verdadera literatura, unos rasgos que la diferenciaran de la de los varones, como si el acto de escribir con la necesaria calidad fuese una cuestión de género o de condición sexual. De los hombres se esperaba la literatura que se perpetuaría, un discurso que respondiese/reforzase a la clase dirigente, o bien que buscase desintegrar la ideología dominante de cada periodo determinado, que es la función que cumplen las generaciones literarias; de las mujeres, o bien emocionadas descripciones del paisaje, banalidades de la vida cotidiana o, ya en casos más elevados, el canto al modelo de familia tradicional de la que ellas eran el eje (interno, siempre, evidentemente). Esto es, el discurso de lo superficial o bien de “las labores propias de su sexo”, que se decía en los años del franquismo (1939-1975). Lo explicaba muy bien Martínez Redondo en


16

Remedios Sánchez

el prólogo a su antología de “poesía femenina”, otra denominación interesadamente reduccionista: Son mujeres sencillas que han escrito su sencilla poesía en las sencillas provincias de España. A uno esto le parece estupendo por dos razones: una, porque la mujer le es algo particularmente simpático y agradable a quien suscribe estas líneas; la otra porque es magnífico comprobar que en nuestra Patria siguen empeñándose las mujeres en demostrar al mundo que se puede armonizar la honorable melodía de las pantuflas, el deseo de tener un hijo, zurcir los calcetines al marido y escribir poesía, aspirando un aire nuevo que acabará derribando las murallas de viejos prejuicios. (1953: 7).

En mi opinión, es difícil mostrar más claramente una ideología con menos palabras. Pero no es el único caso. Si nos vamos a los años noventa, García Martín, uno de los críticos con más poder desde 1980 al año 2000, asevera sin ruborizarse: “[la poesía escrita por mujeres] es algo más que una moda, es una pesadilla, nunca se han escrito tantos libros por mujeres, nunca se ha elogiado tantos libros tan detestablemente escritos. Detesto la poesía femenina” (1992, 122). Como si hubiese una poesía propia de mujeres y otra de hombres. Ya he dicho en otro lugar que esta reflexión del crítico extremeño afincado en Oviedo (él escribe, no obstante, lo que muchos piensan) supone la constatación de que, de alguna forma, sigue en el inconsciente de algunos aquella “voz del amo” –recordando un acertado título de Gates (1998)–, de quienes no conciben que, muy a su pesar, ya no estamos en aquel tiempo de dominio absoluto cuando, los hombres eran blancos, cuando los críticos eran hombres blancos y cuando las mujeres y las personas de color no tenían voz, eran sirvientes y trabajadores sin rostro que preparaban el té y llenaban las copas de brandy en las dependencias de los clubes de la gente de orden (Gates en Sullà, 162).

Pero el meollo de la cuestión es, como decía, si en el siglo XX existe una poesía (con posibilidades de ser canónica) escrita “como un hombre” o “como una mujer”. Honestamente creo que no. Nada que no responda a los intereses de la colectividad (y el concepto correcto


Las poetas que nunca tuvieron la palabra

17

considero que es el de persona) desde ese yo del que venimos hablando que alcance al nosotros, nada en lo que no puedan reflejarse los lectores del presente –y también los del futuro– tiene muchas opciones de integrar el canon diacrónico (Sánchez García, 2018), el que representa la palabra heredada en el tiempo que es la verdadera literatura.

3. LOS MANUALES Y LAS ANTOLOGÍAS (COMO BRÚJULA DE UN SILENCIAMIENTO) En mi opinión, Lilian S. Robinson dio hace unos años una clave que a veces se nos olvida, cuando los árboles acaban por no dejarnos ver el bosque: los elementos del canon literario se absorben durante el aprendizaje académico y crítico, en el transcurso de la educación universitaria, sin que parezca que nadie lo defienda ni los inculquen. El atractivo, por si fuera necesario, sería el otro sentido de “canon”, es decir, los criterios establecidos de juicio y gusto. No es que ambas definiciones se presenten de manera rígida inalterable; al contrario, la clase de historia de la literatura está llena de irónicas referencias a un pasado ignorante, aunque no remoto, cuando, por ejemplo, los poetas metafísicos no eran lo suficientemente valorados […] Ve ahí viene el reconocimiento de una dimensión subjetiva coma a veces generalizada como “sensibilidad”, en la categoría del gusto. se dice que ocurre un cambio radical en el canon debido a los cambios de la sensibilidad colectiva, pero la admisión individual y la ascensión de un estatuto de “menor” a otro de “mayor” suelen conseguirse gracia a una promoción crítica exitosa, lo que constituye la confirmación de que un autor determinado satisface a los criterios de calidad generalmente aceptados (Robinson en Sullà, 1998, 115-116).

Pero la educación, incomprensiblemente, y a pesar de lo que exige la legislación desde los años noventa en cuanto a la necesidad de dar su lugar a las escritoras, no se adapta a la realidad y sigue sustentando el anclaje de los valores patriarcales. No perdamos de vista lo expuesto por Gates:


18

Remedios Sánchez

escuela y canon sirvieron para organizar la vida social básicamente mediante la creación de un repertorio de modelos semióticos a través de los cuales “el mundo” se explicaba con un conjunto de narraciones, inter alia, naturalmente, para dar gusto a los grupos dominantes. (1994: 359).

Esos modelos continúan vigentes con muy pocos cambios. No es una percepción (baste ver, por ejemplo, que a las escritoras de la Generación del 27 no se las incluye junto a los escritores, sino en un epígrafe aparte bajo la denominación de “Las sinsombrero”). Los análisis (como el de Rosal, 2006 o el de Sánchez García, 2019, con quince años de diferencia) así lo demuestran aportando las cifras: del total de poetas escogidos/as del siglo XX para trabajar con alumnado de Bachillerato, sólo entre un 11 % y un 13% son mujeres, como se acredita en Sánchez García (2019: 48 y ss.). Ergo no se cumple el espíritu de las diferentes leyes, incluida la recientísima LOMLOE. Y tal negligencia es muy seria, porque como ya avisó Mignolo, “mediante la formación del canon una comunidad define y ilegítima su propio territorio, creando y reforzando, cambiando una tradición” (Mignolo en Sullà, 1998, 256). El error de base, a nuestro modo de ver, está en los pilares de desarrollo de la manualística escolar. Los libros de texto se nutren de las antologías de cada periodo para elegir qué autores y qué textos son los más representativos, los que responden a la altura ética y estética que se exige (o se debiera exigir) en el periodo formativo de nuestros/as discentes. Es incuestionable que quienes los escriben no conocen todas las épocas, tendencias o corrientes y usan como herramienta complementaria de selección de escritores las antologías. Y las antologías no han ayudado precisamente a dar carta de naturaleza la poesía escrita por mujeres. Más al contrario. Si nos circunscribimos a los últimos cien años de poesía, las antologías canónicas más usadas son la de Castellet (1960 y 1970), Jiménez Martos (1961), Ribes (1963), Gaos (1965), Batlló (1968), García del Moral y Pereda (1979), García Martín (1980 y 1999), De Villena (1992 y 1997), Mainer (1998) y Cano Ballesta (2001). En un acercamiento previo ya anotaba que


Las poetas que nunca tuvieron la palabra

19

Castellet (1960) escoge únicamente a hombres; luego, en la de 1970, centrada en lo que el denomina ‘los Novísimos’, únicamente incluye a Ana María Moix. Jiménez Martos (1961) incorpora a Gloria Fuertes, María Elvira Lacaci y Pilar Paz Pasamar. Ribes (1963) y Gaos (1965) no consideraron oportuno incluir a ninguna. Batlló (1968), exclusivamente a Gloria Fuertes. Dos críticas, García del Moral y Pereda (1979), a ninguna, lo mismo que García Martín (1980); más tarde, en 1999 García Martín sí incluye a seis autoras de entre los veintidós antologados: Aurora Luque, Amalia Bautista, Ángela Vallvey, Ana Merino, Silvia Ugidos y Carmen Jodra. De Villena (1992) a Esperanza López Parada; y, en 2003, a Ana Merino y Elena Medel. Posteriormente Mainer (1998) incluye a Ana Rosetti, Olvido García Valdés y Blanca Andreu; y Cano Ballesta (2001) a seis autoras de entre sus veintinueve elegidos: Ana Rosetti, Blanca Andreu, Esperanza Lopez Parada, Aurora Luque, Almudena Guzmán y Ada Salas.

Obsérvese asimismo que en esta panorámica de cien años de poesía sólo hay cuatro andaluzas: Pilar Paz Pasamar, Ana Rosetti, Aurora Luque y Elena Medel. Esto confirma mi teoría: los manuales usan las antologías (palpablemente arbitrarias y condicionadas por el gusto de quien selecciona, toda vez que rara vez se repiten, en contraposición a lo que sucede con los varones) como basamento. Y es una basamento muy endeble toda vez que esta voluntad canonizadora (supuestamente, pero eso queda para otro ensayo) deja fuera a autoras primordiales como la sevillana Julia Uceda, las malagueñas María Zambrano y María Victoria Atencia (aparte de la residente en Málaga Chantal Maillard), las cordobesas Concha Lagos, Juana Castro o Ángeles Mora; las granadinas Elena Martín Vivaldi y Mariluz Escribano; la jiennense Fanny Rubio; la almeriense de adopción Celia Viñas… y tantas otras que entran en lo que denominamos “literatura sumergida” (Sánchez García, 2017), esa que, a pesar de su relevancia, queda opacada por afanes que, en demasiadas ocasiones resultan ajenos a la excelencia literaria que debiera ser nuestra brújula natural y revelan bastante de lo que a más de uno/a le gustaría esconder de sus filias y las fobias, de los intereses creados por el mercado, las editoriales o los grupos de presión. Por lo tanto, y como ya afirmó José María Balcells,


20

Remedios Sánchez

Procede hablar, [..] en clave de marginación cuando una antología se presenta como «abierta» y se comporta como si no lo fuese, practicando una exclusión que no sólo no se reconoce, sino que incluso, y a mayor inri, hasta se presume de que no se ha producido. En otras palabras: cuando se proclama «general» y resulta manifiestamente «parcial». Cuando incluye únicamente a los poetas, o a una cuota irrelevante de autoras, para antologar la poesía de períodos en los que resulta palmario que muchas de ellas han mostrado fehacientemente la significación y la calidad de sus aportaciones literarias. Si han de ponerse reparos, en fin, al uso abusivo del concepto «de género» por unilateral, que los afanes puntualizadores se extiendan a unas antologías que, sin decirse «de género», al cabo lo son, porque recogen y reflejan muy prioritariamente al «género» hombre, y con las consabidas ínfulas, implícitas, de universalidad en muchos casos. (2006, 720).

De ahí la necesidad de lo que se ha denominado “antologías de género” que vinieron a poner el foco sobre los nombres y las trayectorias de autoras esenciales que habían pasado desapercibidas para los estudiosos, para los investigadores de la literatura. Entre estas antologías, que en su momento cumplieron una función –similar a la que los estudios culturales despliegan en EE. UU.– primordial. Me refiero, naturalmente, a las mentadas de Carmen Conde (1954 y 1971), o las posteriores de Ramón Buenaventura (1985), Sharon Keefe Ugalde (1991), Noni Benegas y Jesús Munárriz (1997), Manuel Francisco Reina (2001), las de la poeta y editora Luzmaría Jiménez Faro, (1998) y (2002), José María Balcells (2003), María Rosal (2006) o la de Lanseros y Merino (2016), entre otras. Esto debiera haber espoleado a los estudiosos a tomar conciencia de que la realidad es santa, como decía, Jorge Guillén, pero hay quien ha preferido “mantenella” y no “enmendalla”, perseverar en la contumacia de una falsificación de la verdad literaria española.

4. CONCLUSIONES A mi modo de ver, el error de la crítica es no aplicar una independencia de los poderes fácticos, haber ejercido de garante de las


Turn static files into dynamic content formats.

Create a flipbook