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COMUNICACIÓN Y JUSTICIA EN VIOLENCIA DE GÉNERO

Coordinadoras

INÉS CELIA IGLESIAS CANLE Miembro del Instituto Alonso Martínez de Justicia y Litigación Profesora Titular de Derecho Procesal

MARÍA LAMEIRAS FERNÁNDEZ Profesora Titular de Personalidad, evaluación y tratamientos psicológicos

Valencia, 2012


Copyright ® 2012 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de los autores y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com (http://www.tirant.com).

La presente obra ha sido editada con subvención del Instituto de la Mujer (Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad).

© INÉS CELIA IGLESIAS CANLE MARÍA LAMEIRAS FERNÁNDEZ

© TIRANT LO BLANCH EDITA: TIRANT LO BLANCH C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com http://www.tirant.com Librería virtual: http://www.tirant.es DEPÓSITO LEGAL: V-446-2012 I.S.B.N.: 978-84-9004-720-0 MAQUETA: PMc Media Si tiene alguna queja o sugerencia envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia por favor lea en www.tirant.net/index.php/ empresa/politicas-de-empresa nuestro Procedimiento de quejas.


Índice Prólogo..................................................................................................

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Capítulo 1 Casandra versus Patricia: la violencia sobre la mujer y los medios de comunicación

Miguel Clemente Universidad de A Coruña

I. La importancia de la violencia sexista para los medios de comunicación............................................... II. Los estudios sobre violencia, género y sexismo. 1. Sexismo.................................................................................. 2. Masculinidad-Feminidad...................................................... 3. Cultura del honor.................................................................. III. ¿Qué sociedad quieren los medios? O... Chomsky tenía razón........................................................................... IV. Referencias bibliográficas........................................

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Capítulo 2 Estereotipos de género y la imagen de la mujer en los mass media Yolanda Rodríguez Castro María Lameiras Fernández María Victoria Carrera Fernández María José Magalhaes Universidad de Vigo

I. Los estereotipos de género........................................ 1. Estereotipos de Género Descriptivos................................... 1.1. Aspectos intelectuales y rasgos de personalidad (instrumentalidad-expresividad) de los estereotipos descriptivos.................................................................... 1.2. Aspectos relativos a la apariencia corporal de los estereotipos de género descriptivos.................................... 2. Estereotipos Prescriptivos.................................................... II. La mujer y los medios de comunicación............... III. La violencia de género en los mass media..........

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IV. Conclusión Final............................................................... V. Referencias bibliográficas........................................

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Capítulo 3 El impacto de la violencia de género en la sociedad actual María Ángeles Carmona Vergara Secretaria Judicial del juzgado de violencia sobre la mujer nº 3 de Sevilla I. Efecto imitación o efecto eco.................................. II. Efecto narcotizante....................................................... III. Efecto de distanciamiento de la audiencia....... IV. Efecto atemorizante en las víctimas.................... V. Efectos en los agresores............................................. VI. Efecto de distanciamiento con la realidad social............................................................................................ VII. Efecto de desconfianza del ciudadano en la justicia................................................................................... VIII. Efectos sobre los profesionales de los Juzgados............................................................................................. IX. Falsos mitos sobre la violencia de género....... X. Bibliografía.........................................................................

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Capítulo 4 Los límites de la información judicial: Secreto de sumario y filtraciones Inés Celia Iglesias Canle Universidad de Vigo

I. El principio de publicidad procesal y el derecho de defensa y a un proceso público con todas las garantías............................................................................... II. Libertad de expresión y de información en la fase sumarial...................................................................... III. El mandato legal de secreto y su interpretación en la jurisprudencia de Tribunal Constitucional................................................................................. IV. Los límites de la información judicial en la jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos: El caso campos Dámaso contra Portugal................................................................................

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V. Medios audiovisuales y Tribunales de Justicia. VI. Posición del Ministerio Fiscal ante las relaciones con los medios de comunicación.............. 1. El derecho a recibir información veraz y la Administración de Justicia.............................................................................. 2. Posición del Ministerio Fiscal............................................... 3. Aspectos orgánicos................................................................ 4. Criterios generales sobre extensión y límites de la información a facilitar........................................................................ 5. Juicios paralelos y el Ministerio Fiscal................................ 6. Pautas generales sobre información respecto de causas en fase de investigación preliminar o en fase de instrucción.. 7. Los medios de comunicación y las grabaciones audiovisuales del juicio oral. Posición del Ministerio Fiscal...................... 8. Derecho a la intimidad y propia imagen de partes y asistentes al acto del juicio oral............................................................. 9. Publicación en el proceso de menores. Papel de los medios de comunicación.................................................................... VII. El protocolo de comunicación de la justicia y los gabinetes de prensa................................................ VIII. La tutela de las mujeres víctima de violencia de género y los medios de comunicación............ IX. A modo de conclusión..................................................... X. Bibliografía.........................................................................

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Capítulo 5 El maltratador como guionista de la noticia de violencia de género Juan Carlos Suárez Villegas Universidad de Sevilla

I. El personaje del maltratador en la vida real. II. El maltratador como guionista de las noticias: el asesinato de las mujeres....................................... III. Bibliografía......................................................................... Capítulo 6 La mujer víctima de la violencia. ¿Se puede observar sin consentir?................................................. Pablo Raúl Bonorino Ramírez Universidad de Vigo

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Prólogo La repercusión de las actuaciones judiciales en los medios de comunicación está cobrando en nuestra sociedad cada vez más importancia, como lo demuestra a diario la multitud de noticias que se plasman en prensa escrita y audiovisual sobre informaciones relacionadas con hechos objeto de procedimientos judiciales. El Consejo General del Poder Judicial, muy consciente de esta necesidad de transparencia judicial ha organizado diferentes Jornadas Nacionales de Justicia y Comunicación, en cuyas conclusiones se ha recogido la preocupación por la mejora de las relaciones entre jueces y periodistas y por la fluidez de la información judicial. En esta línea se ha puesto de relieve la conveniencia de garantizar un sistema que permita el máximo de información, consustancial con un país democrático, con la protección de los derechos de las personas y que no ponga en riesgo la imagen de independencia de los jueces a la hora de dictar sus resoluciones. Por todo ello, hay que agradecer a las profesoras Lameiras e Iglesias Canle la materialización de este nuevo trabajo coordinado de forma tan excelente y exquisita, como habitualmente nos tienen acostumbrados, que evidencia su esfuerzo en investigar sobre esta a veces complicada relación entre justicia y comunicación, y concretamente sobre cómo afecta a las personas especialmente vulnerables como son las víctimas de violencia de género. La profesora Iglesias aborda magistralmente el derecho a la publicidad de las actuaciones judiciales en las diferentes legislaciones y las colisiones de la libertad de expresión y de información sobretodo en la fase sumarial del proceso, así como el fenómeno de los llamados periodísticamente “juicios paralelos”. En las conclusiones de la VI Jornadas nacionales de Comunicación y Justicia se abogó por reclamar un compromiso ético, una mayor exigencia y rigor en los estándares de comportamiento deontológico de la labor informativa, así como por erradicar todo tipo de ocultismo acercando la justicia al ciudadano. En lo que se refiere a la repercusión de la libertad de expresión sobre las personas especialmente vulnerables, Miguel Clemente trata la importante labor de concienciación e incluso de manipulación de la prensa sobre la sociedad, negando que pueda explotarse la vio-


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lencia sobre la mujer como elemento de ganancia de audiencias para las cadenas de televisión. La igualdad entre mujeres y hombres, por mucho que sea una exigencia de la razón humana, no es un hecho, ni siquiera en las sociedades que proclaman ideales democráticos, y así ha sido reconocido en el I Informe en materia de Igualdad del Consejo de Europa. Por ello la extraordinaria aportación de María Lameiras, Yolanda Rodríguez, Mª Victoria Carrera y Mª José Magalhaes sobre los estereotipos de género y los roles que adoptan hombres y mujeres nos demuestran que los medios de comunicación siguen plasmando la desigualdad de géneros tanto en el ámbito laboral como en el privado. Nos hacen comprender porqué los estereotipos de belleza femenina imponen un patrón contra natura, a diferencia de lo que ocurre con el patrón masculino. Los medios de comunicación ejercen una fuerte influencia en estas imágenes estereotipadas sobretodo en los sectores más débiles como jóvenes y niños. Desde un punto de vista diferente, Mª Ángeles Carmona enfoca la repercusión de la violencia de género en nuestra sociedad actual, analizando la perspectiva de la víctima, del agresor, de los profesionales de los órganos judiciales, de la audiencia televisiva y del ciudadano en general, así como los efectos del impacto de este tipo de violencia en los medios de comunicación, que tanto preocupan y que están siendo objeto de estudio por sociólogos, como el efecto imitación narcotizante o de distanciamiento de la sociedad respecto al problema del maltrato. El profesor de la Universidad de Sevilla Juan Carlos Suárez nos adentra de forma exquisita en el perfil narcisista del agresor en su sorprendente capítulo “El maltratador como guionista de la noticia de violencia de género”. Nos explica la necesidad del maltratador de demostrar la pertenencia de la víctima a su ámbito de poder y de ejercer violencia haciendo invisible a la víctima, analizando asimismo la óptica informativa androcéntrica que predomina en los medios. Por ultimo, Pablo Bonorino hace un extraordinario análisis del tratamiento de la violencia en el cine, planteando interesantísimas incógnitas como ¿Se puede observar sin consentir? ¿Se puede prohibir la difusión de películas por considerar inmoral su contenido? Lo que nos lleva a reflexionar sobre los límites de la moral y la violencia.


PRÓLOGO

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Nos queda mucho camino que recorrer, como lo demuestran las estadísticas elaboradas por el Observatorio de Violencia doméstica y de género en el seno del Consejo General del Poder Judicial, y como lo relatan día a día los informativos de los medios de comunicación cada vez que se perpetra un nuevo execrable homicidio de una mujer a manos de su pareja o expareja. Según el Informe sobre víctimas mortales de la violencia de género y de la violencia doméstica en el ámbito de la pareja o ex pareja en 2010 elaborado por el Observatorio de Violencia doméstica y de género, el número de mujeres muertas por sus parejas o ex parejas masculinas a lo largo de 2010 ascendió a 73. En el transcurso de estos ataques fallecieron cinco niños, como resultado de la venganza proyectada por los agresores. En porcentaje, el total de mujeres muertas a manos de su pareja o ex pareja supone un aumento del 32,7% respecto al año anterior, cuando se produjo un descenso del número de femicidios del 27%, con 55 mujeres muertas. La edad media de las víctimas de femicidio descendió en 2010 a los 41 años, frente a los 44 años de 2009. La gran mayoría, el 74%, fue asaltada en el domicilio. Siete de cada diez mujeres muertas no habían denunciado malos tratos. Además, seis de cada diez mujeres mantenían vínculo afectivo con su agresor cuando perdieron la vida. El 62% de las víctimas de femicidio eran españolas y el 38% extranjeras. Este último porcentaje refleja una especial sobrerepresentación de las mujeres inmigrantes si se tiene en cuenta que suponían el año pasado un 11,47% de la población femenina en España. Del estudio se desprende que las afectadas presentaron denuncia por hechos de aparente menor gravedad —como insultos, desprecios o humillaciones— y deja patente que aún es necesaria una mayor implicación del entorno familiar y social. De las 22 mujeres que habían presentado denuncia en algún momento, el 36% renunció a continuar el procedimiento. De ellas, 13 tenían vigentes medidas de protección en el momento de su muerte. (Durante 2010, los tribunales adoptaron 30.473 órdenes de protección). En un 18% de los casos, el agresor se suicidó tras matar a su víctima —frente al 24% registrado en 2009—; otro 16% intentó suicidar-


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se y un 12% se entregó a la policía. En el 46% de los casos el agresor fue detenido poco después y un 8% huyó. La violencia de género no puede seguir considerándose un problema de mujeres, sino como un problema social. Hasta que no consigamos transformar la mentalidad, el disco duro de la consciencia de la sociedad, no estaremos dando pasos adelante hacia la igualdad de géneros. Es evidente la función capital que los medios de comunicación realizan en la modificación de los clichés arraigados en la ciudadanía. Hemos observado que desde que la violencia de género forma parte de las agendas de los periodistas, se han incrementado las políticas de protección de la mujer víctima de maltrato. La visibilización de un problema que permanecía oculto durante generaciones a través de los medios ha resultado esencial para sacarlo a la luz pública, implementándose políticas para paliar sus efectos. Quiero felicitar a todos los que han hecho posible este manual que resulta muy esclarecedor y de fácil lectura. Y logra enganchar al lector. Asimismo, proporciona al experto jurista o periodista una herramienta que le permite ahondar y comprender muchos conceptos para la resolución de conflictos en su quehacer diario. Por último nos permite a todos y a todas contar con un libro donde desemboca el conocimiento, la experiencia y el esfuerzo de muchas personas. Antonio Dorado Picón

Vocal del Consejo General del Poder Judicial


Capítulo 1

Casandra versus Patricia: La Violencia sobre la Mujer y los Medios de Comunicación Miguel Clemente

Universidad de A Coruña (España) miguel.clemente@udc.es

I. La importancia de la violencia sexista para los medios de comunicación Es posible que para muchos de los lectores de este capítulo (o quizá para algunos si este libro se lee dentro de unos años), un hito mediático de la violencia sexista sea lo ocurrido en 2007 en el programa de la televisión privada “Antena 3” titulado “El diario de Patricia” Una mujer, que acude al programa sin conocer a qué, movida se supone que por la sorpresa, se encontró frente a frente con su ex novio, ex maltratador, y ex obligado a estar lejos de ella por una orden judicial. El que ese ser acudiera a plató a pedir disculpas a su ex maltratada y tratar de probar suerte de nuevo con ella, supongo que reunía todos los ingredientes necesarios para que a cualquier realizador se le hiciera la boca agua pensando en el incremento de la audiencia. La inesperada reacción de la víctima, rechazando de plano el ofrecimiento de su ex, también era interesante desde el punto de vista de la audiencia. Pero la historia no había acabado, y si añadimos a todo ello un final inesperado, el que Casandra, la ex de todo, fuera asesinada días después por aquel “arrepentido”, qué duda cabe de que el programa no podía obtener mayor publicidad, y mayor audiencia posterior. Tanto que seguramente la cadena se enfrentaba a una disyuntiva: alcanzar las más altas cimas del éxito, haciendo realidad la palabra “reality show” y convirtiendo su programación en una especie de “snuff movie”; o de la miseria, viéndose abocado a cerrar. Es lo que algunos autores (Perales, 2008) llamaron la batalla “Casandra versus Patricia”. ¿Resultado? A día de hoy el programa sigue, y apenas ha variado ligeramente su nombre. En definitiva, telebasura 1, dignidad humana 0. Para Casandra, la curiosidad mató al gato, y ese gato era ella; pero el cebo lo puso una cadena de televisión. Si, como expresaba Concepción Arenal, esa ministra de


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Justicia en tiempos de la República, “culpable de un delito es aquel al que beneficia”, determinar quién fue el culpable es algo “blanco y en botella”. Desde un punto de vista político (uno más de tantos puntos de vista) lo ocurrido movió muchas cosas. Por ejemplo, se creó el Plan Nacional de Sensibilización y Prevención de la Violencia de Género. Y desde un punto de vista más centrado en los propios medios, comenzó una carrera que ha permitido hacer visible el problema de la violencia contra las mujeres, y se ha dado voz a las víctimas, que con anterioridad eran las grandes ausentes del escenario de la violencia (Perales, 2008). Para muchos se entendía que los medios habían tomado “el toro por los cuernos”, y apostaban fuertemente por enfrentarse a una plaga, y por defender a las mujeres frente a la violencia machista. Pero la realidad suele ser contradictoria, y así, mientras todo lo que se propugnaba era cierto, incluida la sobreimpresión en pantalla del número 016 cada vez que se emite una información que ha implicado violencia machista, o los anuncios específicos de las propias cadenas condenando la violencia, tras la pausa publicitaria sigue emitiéndose la serie, la película o el nuevo “talk show” en el que se humilla, veja, desprecia, y utiliza sexualmente a la mujer, anuncios en general incluidos. Nos recuerda de nuevo Perales que si bien la violencia de género no puede ser un espectáculo, ¿cómo se puede evitar este efecto cuando dicha violencia se convierte en el contenido de los programas que si por algo se caracterizan es por hacer de la realidad un espectáculo? Es más, una duda aún más profunda podría invadirnos: ¿no es la televisión, como tal, un espectáculo? Y es que la televisión ha dejado de ser esa dama culta que sólo permitía acudir a su casa a personas de altos conocimientos y reconocido prestigio, para aceptar el todo vale. Así, Perales (2001, p. 6), comentó cómo “cualquiera que no esté ostensiblemente perturbado (y no siempre) o no tenga vis mediática puede acudir a la televisión a decir lo que sea de quien sea. Viejos agravios, anhelos de reencuentro, segundas oportunidades, confesiones públicas, todo se manufactura como espectáculo televisivo sin el más mínimo respeto por la dignidad de las personas”. Pero es que además, la apuesta definitiva de las televisiones por luchar contra la violencia machista... puede tener truco. Recuerda en cierta medida lo que ha ocurrido hace poco en España con la discu-


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sión sobre la eliminación de los anuncios de prostitución en la prensa. En la página Pons Asinorum (2011) se comentaba lo siguiente respecto a que los anuncios de prostitución se trasladaran a internet tras decidir algunos periódicos eliminar la sección de “contactos”: “Los portales no se frotaban las manos con el negocio gratuito que les estaba regalando la competencia. Me imagino que si los periódicos dejaron de publicar estos anuncios fue, en gran parte, porque ya no ganaban tanto dinero como para compensar el publicar toda esa porquería. Yo pondría toda la barra de la derecha de esta página llena de anuncios de prostitución si me pagaran por ello 50 euros al día. Y tal vez también si sólo 5. Pero jamás lo haría por 50 céntimos. No es cuestión de ética, ni de luchar contra la explotación de las mujeres. Es cuestión de dinero e imagen, y del equilibrio de ambos factores”. Se trata en este caso de crear una tendencia a la “espectacularización”, término acuñado por Menor (2008). Como nos comenta él mismo: “La tendencia a la espectacularización, la despolitización y la simplificación de los informativos de televisión, en términos tanto de cantidad de información como de duración, parece imparable. Se trata de un fenómeno observado primero en los Estados Unidos y luego, poco a poco, en el resto del mundo, pero que tiene ya sus antecedentes en lo ocurrido con la prensa”. De esta manera, los informativos varían de lo que fueron antaño, y el mismo Menor (2008, p. 2) comenta que “tienden a convertirse en una serie de titulares de impacto seguidos de algún breve desarrollo. Así, oscilan cada vez más hacia contenidos de interés humano, hacia la crónica negra y rosa, los sucesos y los famosos”. Y así, las noticias sobre violencia machista se convierten en un espectáculo más, que pueden captar audiencia en espacios altamente valorados por los espectadores. El mismo Menor (2008) comenta cómo casi el 90% de la población española mayor de 14 años ve la televisión habitualmente, pero sólo un 41% lee el periódico, y el 55% lee revistas. Además, de entre los televidentes, el 70% dice ver los espacios de noticias de modo habitual. Es decir, los espacios de noticias, debido a su alto nivel de audiencia, se convierten en presa de la cadenas para captar aún más audiencia. Y qué mejor que darle al público lo que le gusta, lo que gane más cuota de pantalla, aun a costa, lógicamente, de la noticia, y aun a costa, peor todavía, de los protagonistas de la misma. Mujer maltratada y varón maltratador se convierten en personajes, en actores eventuales que trabajarán sin sueldo y sin contrato, y


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que, aún mejor, proveerán a la cadena de la posibilidad de demostrar su lucha a favor de la igualdad, su repudia a que sucesos como ése le hagan ganar audiencia. Y ese “lavado de cara” se va a conseguir especialmente mediante dos estrategias: • Con la mencionada sobreimpresión del teléfono 016. • Con una información acerca de los hechos que sistemáticamente alabe a la víctima y desnaturalice al maltratador, que se convierte en un depredador sin escrúpulos, irracional, de forma que nadie pueda tratar de buscar motivos en lo ocurrido. No queremos, con lo expresado, justificar al agresor. Ni mucho menos atacar a la víctima. Pero sí advertir acerca de la presencia de un ave de rapiña que no se detendrá, a la hora de obtener lo más preciado para ella, la audiencia, ante nada ni nadie. Y que como ente inteligente, sabrá justificarse y saber aparecer como la más generosa y altruista de las damas. El panorama reinante en los informativos de nuevo cuño, ha hecho cambiar el formato de éstos, y les ha hecho poseer una serie de características, que Menor (2008) enumera de la siguiente manera: • Drástica reducción del tiempo medio dedicado a cada noticia. De esta manera no hay explicación de los acontecimientos, no hay contextualización, pero dicho ritmo alocado impide que se produzca el temido “zapping”. El problema es que la comprensión de la realidad implica la reflexión sobre la misma. Si no hay reflexión, la noticia se vuelve cada vez más tendenciosa, y va creando espectadores que no se cuestionan los hechos, los aceptan acríticamente. • Se produce un incremento radical del peso de los sucesos, de la crónica negra, de la información sensacionalista o amarilla y de la de los famosos o rosa. Recientemente tenemos la prueba de cómo el accidente automovilístico de un famoso ex torero, que ha provocado la muerte del otro conductor, acapara el primer puesto de las noticias de casi todos los espacios informativos. Tras esta noticia, aparecen otras que se vuelven menos importantes, como el incremento del paro, por ejemplo. • El protagonismo de la noticia está en su contenido visual. La imagen no necesita explicación, se basta a sí misma, y no es preciso contextualizarla ni expresar nada. Incluso las cadenas


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juegan con advertir al espectador de la dureza de las mismas, para evitar que las personas se levanten de su sillón. De nuevo el pensamiento y la crítica desaparece, todo es visual. • El propio programa de noticias se convierte en un soporte publicitario, de forma que a pesar de que la Directiva de Televisión sin Fronteras prohíbe el patrocinio de noticias salvo en el caso de los deportes, toda sección se “esponsoriza”, todo se convierte en un anuncio constante. Así, la noticia sobre la violencia machista, por su carácter en sí de atentado contra la convivencia y puesto que pone de manifiesto la violencia en sí, se convierte en un elemento clave para la consecución de audiencia, y la cadena, como acabamos de comentar, encubre su beneficio sobreimpresionando teléfonos de ayuda a las posibles víctimas, y recalcando su aspecto terrible para la sociedad. De esta manera, como expresa Menor (2008), “la llegada de la llamada televisión realidad ha supuesto precisamente una crisis de la realidad en televisión. Por un lado, se espectaculariza la información con técnicas tradicionalmente privativas de la ficción televisiva. Por otro, se aplican los formatos tradicionalmente informativos a ámbitos en los que la información no es sino un simulacro. Y, finalmente, se introducen (o se refuerza la presencia) en el concepto de “noticias de actualidad” contenidos tan alejados de la política como de la sociedad civil organizada: el interés humano como coartada para el entretenimiento y la evasión”. Como muy bien expresa el informe de la Asociación de Usuarios de la Comunicación (Auc, 2008), “la polémica acerca de la telebasura es más una opidemia que una epidemia. Y lo expresan así porque se trata de una epidemia de opinión. De hecho, el término telebasura (en inglés trash TV) comenzó a popularizarse en Estados Unidos para dar nombre a un conjunto de reality shows que exacerbaban los elementos escandalosos, morbosos, anómicos y sensacionalistas”. Existen dos hitos en esta polémica: el asesinato de un participante en un programa de confesiones, homosexual hasta ese momento no reconocido, y que murió después a manos de quien quería ser su amante y que se le declaró en vivo y en directo (vamos, el caso Casandra versus Sandra); y el programa Dirty Sánchez, en el que los participantes ganaban si realizaban la mayor de las atrocidades posibles ante la cámara.


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El concepto y en este caso sufijo de “basura”, hace referencia a la ínfima calidad de los elementos que componen un producto, así como a su carácter de simulacro. Todo acaba siendo una forma sin contenido. No en vano, y utilizando como símil el referente a la comida basura, una cadena de televisión norteamericana adoptó el nombre de “Mac Tv”. Según lo expresado, la televisión basura se convierte en una forma de hacer y de entender el medio. Así, la AUC (2008, pp. 2-3) expresa: “Desde un punto de vista puramente taxonómico [...] los productos televisivos que pueden considerarse como basura se caracterizan por simular (o, mejor aún, por pervertir) los modelos o géneros que les sirven de referencia: los debates no son en realidad debates, las entrevistas no son en realidad entrevistas, la información (ni siquiera la del corazón) es en realidad información, los concursos no son en realidad concursos. […] Dicho de otro modo: no importa que sea verdad o mentira lo que se cuenta, porque lo que interesa es que sea llamativo o jugoso. [...] Aquellos ingredientes de enganche del público que en los diferentes géneros han venido actuando tradicionalmente como valor añadido para atraer la audiencia (el dinamismo, la polémica, el recurso al sexo y a la violencia, lo extravagante, la popularidad) se convierten aquí en el contenido en sí mismo”. Continúa expresando la AUC (2008, p. 3): “Podríamos denominar telebasura a cualquier espacio o parte del mismo [...] en el que se prima el mal gusto, lo escandaloso, el enfrentamiento personal, el insulto y la denigración de los participantes y la agresión a/de la intimidad (es decir, la invasión de la intimidad de los que participan pero, sobre todo, la imposición a los espectadores de la intimidad de los que participan)”. El problema de la televisión basura está en su potencia y extensión, asociada a su vez a tres aspectos clave: su rentabilidad para los oferentes, su capacidad de dominar las parrillas de televisión y su gancho para los espectadores. Y es que la telebasura es como un virus, ya que las cadenas tienden a maximizar la rentabilidad mediante la “sinergia programática” (AUC, 2008, p. 6), “inundando con subproductos del programa telebasura de referencia toda la programación. Así, un pseudoconcurso da pie a crear programas de debate...” Además, el exceso de telebasura reduce, objetivamente, la posibilidad de elección del espectador.


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II. Los estudios sobre violencia, género y sexismo A pesar de que los medios crean realidad, y de que se aprovechan de la propia realidad externa para sus fines, también es verdad que a veces la realidad, eso que existe más allá de los medios, ejerce su influencia. Así, Craiglist, portal de ventas entre particulares a través de internet (quizá el mayor a nivel mundial) cerró hace poco las páginas de “amistad”. Parece ser que un estudio de la “Women’s Funding Network”, en el que participaba Schapiro, puso el dedo en la llaga al afirmar que los niveles de prostitución de menores estaban subiendo alarmantemente en Estados Unidos, parece ser que potenciados por los anuncios clasificados, lo que provocó hasta la creación de una comisión de investigación en el Congreso estadounidense. Cuando llegaron las críticas de algunos científicos sobre la pobre metodología de dicho estudio, que clasificaba “a ojo” las fotos de los menores para decidir si eran mayores o menores de edad, la decisión de Craigslist ya estaba tomada. Es decir, la revista, al contrario que hizo Antena 3 con el programa “El diario de Patricia”, prefirió cerrar esa sección, no arriesgarse a estar en el “ojo del huracán”. A pesar de esa determinación, lo cierto es que la imagen de la mujer en las revistas y en las páginas web demuestra que el sexismo está a la orden del día. El estudio de Pérez (2004), por ejemplo, identifica una serie de aspectos de las revistas destinadas a los jóvenes, que reseñamos a continuación: • Los cotilleos sobre los ídolos adolescentes ocupan el mayor espacio en este tipo de revistas, seguidos a distancia por temas esotéricos: horóscopos, filtros para conseguir el chico de tus sueños, o aprobar. • Dedican escasa atención a aquellos contenidos destinados a potenciar las actividades de ocio. Estos temas suelen aparecer como fondo de las informaciones sobre la vida íntima de los famosos. • El sexo alcanza una presencia significativa. • Los sentimientos amorosos, las relaciones de amistad, la belleza y los problemas de la vida cotidiana aglutinan el conjunto de “informaciones prácticas” en estas publicaciones. Los de carácter intelectual, educativos o profesionales aparecen en mucha menor medida o no aparecen.


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• La publicidad contribuye a ofrecer una imagen de la mujer a la que sólo le interesa potenciar su belleza a través de la cosmética y la moda para ser lo más atractiva posible ante el hombre, o bien ser la perfecta ama de casa, madre y esposa. Pero a pesar de ello, se han realizado multitud de estudios que no se plantean la influencia de los medios a la hora de determinar la violencia sobre la mujer. Creemos necesario realizar un pequeño repaso de los mismos, cuestión sobre la que versa el presente apartado. Seguiremos a continuación, de manera general, el esquema planteado por Clemente (2011). Puede ser clarificador identificar de manera adecuada los conceptos sobre los que vamos a trabajar. Y especialmente adecuada consideramos la diferenciación realizada por Moya et al. (2004) entre ideología e identidad dentro de los estudios de género: • Se entiende por ideología de género el conjunto de actitudes acerca de los roles y de las responsabilidades que se consideran apropiadas para hombres y mujeres. Por lo tanto, los estudios referentes a actitudes de género, actitudes de roles sexuales, etc., se encuadrarían dentro de este apartado. El sexismo en sus diversas concepciones (sexismo hostil, sexismo benevolente, y sexismo ambivalente) se encuadraría dentro de este apartado. • Por otra parte, la identidad de género se concibe como un fenómeno de identidad o identificación relacionado con la pertenencia a un grupo, normalmente “de hombres” o “de mujeres”, y por lo tanto es una autopercepción y crea un esquema del yo. Los estudios sobre masculinidad y feminidad son una buena muestra de ello. Comenzaremos por el tratamiento de la vertiente ideológica. Por lo tanto, podemos tratar el tema del sexismo, mientras que el tema de la masculinidad y feminidad corresponde a la vertiente identitaria.

1. Sexismo El sexismo es un concepto complejo, si bien hace referencia a la idea preconcebida de consideración de la mujer como un ser inferior. Glick y Fiske (1996), partiendo de esta concepción, lo relacionaron


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claramente con el prejuicio, pero argumentan que junto con una especie de antipatía de algunas personas hacia las mujeres, coexisten sentimientos positivos hacia ellas. Es decir, abren paso a la consideración del denominado “sexismo ambivalente”, compuesto por dos visiones de la concepción de la mujer: • El sexismo hostil, que se refiere al utilizado de forma tradicional, y que consiste en una actitud negativa hacia las mujeres. • Y el sexismo benevolente, que es una actitud de nuevo negativa hacia las mujeres, en cuanto que las encasilla de forma estereotipada y las asigna roles concretos, pero que se realiza en un tono afectivo positivo. Es decir, se ensalza a la mujer porque es más inteligente, o más afectiva, y por lo tanto es ideal que cuide a los niños, por ejemplo. Es evidente que el sexismo benevolente sigue siendo sexismo, y como expresan Moya et al. (2004) descansa claramente en la dominación tradicional del varón, y de hecho mantiene muchos elementos comunes con el sexismo hostil. Glick y Fiske (1996) afirman incluso que el sexismo benevolente puede ser mucho más pernicioso que el hostil, ya que se puede utilizar de cara a legitimar o compensar el sexismo hostil. Comentan Moya et al. (2004) que la mera hostilidad crea resentimiento y rebelión por parte de las mujeres, pero el sexismo benevolente debilita las críticas, al alabar a las mujeres. Lo cierto es que ambos sexismos están relacionados, como muy bien ha puesto de manifiesto el trabajo de Expósito, Moya y Glick (1998), o los de Glick y Fiske (1996, 2000). En una palabra, las diferencias entre las opiniones y las actitudes que se tienen respecto de las mujeres y las conductas efectivas en relación a ellas, supone la persistencia de conductas discriminatorias que si bien ya no coinciden con el estilo de sexismo abierto y hostil dirigido hacia las mismas, adoptan nuevas formas, más sutiles e imperceptibles pero no por ello menos dañinas (Lameiras Fernández & Rodríguez Castro, 2003).

2. Masculinidad-Feminidad Se puede concebir la masculinidad y la feminidad como una autopercepción, o según expresan algunos autores, como una característica de personalidad. Si bien clásicamente se habían utilizado


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