TRATAMIENTO JURISPRUDENCIAL DE LA ECONOMÍA DEL CUIDADO EN COLOMBIA: ¿Posibilidad de un sistema de cuidados de creación eminentemente judicial?
COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT HUMANIDADES Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia Catedrática de Lengua Española Universitat de València Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València Catedrático de Geografía Humana Universitat de València Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid
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TRATAMIENTO JURISPRUDENCIAL DE LA ECONOMÍA DEL CUIDADO EN COLOMBIA: ¿Posibilidad de un sistema de cuidados de creación eminentemente judicial?
CLARA VIVIANA PLAZAS-GÓMEZ Editora académica y autora
LUIS EDUARDO GÓMEZ-MOLANO JENNIFER GARZÓN VALENZUELA JOSÉ MIGUEL FLÓREZ VILLARREAL Autores
tirant humanidades Bogotá D.C., 2022
Copyright ® 2022 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de los autores y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com. Plazas Gómez, Clara Viviana Tratamiento jurisprudencial de la economía del cuidado en Colombia: ¿posibilidad de un sistema de cuidados de creación eminentemente judicial? / Clara Viviana Plazas Gómez, Luis Eduardo Gómez Molano, Jennifer Garzón Valenzuela, José Miguel Flórez Villarreal. – Bogotá: Editorial Universidad del Rosario, Tirant lo Blanch, 2022 230 páginas. Incluye referencias bibliográficas. 1. Economía doméstica – Legislación – Colombia. 2. Servicio doméstico – Normas. 3. Economía del trabajo – Aspectos jurídicos – Colombia. 4. Legislación laboral. I. Plazas Gómez, Clara Viviana. II. Gómez Molano, Luis Eduardo. III. Garzón Valenzuela, Jennifer. IV. Flórez Villarreal, José Miguel. V. Universidad del Rosario. VI. Tirant lo Blanch. VII. Título. 344.010263
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Catalogación en la fuente – Universidad del Rosario. CRAI DJGR
Mayo 9 de 2022
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ÍNDICE INTRODUCCIÓN...................................................................................
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1. GENERALIDADES DE LA ECONOMÍA DEL CUIDADO..................
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2. ECONOMÍA DEL CUIDADO EN LATINOAMÉRICA, EL CARIBE Y COLOMBIA.............................................................................................
27
2.1. Panorama en Latinoamérica...............................................................
27
2.2. Panorama en Colombia......................................................................
30
2.3. Aportes de la Mesa Intersectorial de Economía del Cuidado..............
36
2.4. Sistema Nacional de Cuidados en Colombia .....................................
38
2.5. Sistema Distrital de Cuidados.............................................................
48
3. LA SENTENCIA FUNDACIONAL COMÚN......................................
51
4. LÍNEA JURISPRUDENCIAL SOBRE ESTABILIDAD LABORAL REFORZADA EN EL FUERO DE MATERNIDAD .....................................
61
4.1. Sentencia T-694 de 1996 ...................................................................
63
4.2. Sentencia C-470 de 1997....................................................................
67
4.3. Sentencia T-095 de 2008....................................................................
72
4.4. Sentencia SU-070 de 2013 .................................................................
77
4.5. Sentencia T-743 de 2017....................................................................
87
5. LÍNEA JURISPRUDENCIAL SOBRE LA FIGURA DEL RETÉN SOCIAL PARA PADRES CABEZAS DE FAMILIA........................................
93
5.1. Sentencia C-184 de 2003....................................................................
95
5.2. Sentencia C-964 de 2003....................................................................
99
5.3. Sentencia C-1039 de 2003..................................................................
102
5.4. Sentencia C-044 de 2004....................................................................
105
5.5. Sentencia T-925 de 2004....................................................................
107
5.6. Sentencia SU-388 de 2005..................................................................
114
6. LÍNEA JURISPRUDENCIAL SOBRE EL RECONOCIMIENTO A LAS LABORES DE CUIDADO DESARROLLADAS POR MADRES COMUNITARIAS Y SUSTITUTAS..................................................................... 121
8
Índice
6.1. Sentencia T-269 de 1995....................................................................
131
6.2. Sentencia SU-224 de 1998..................................................................
134
6.3. Sentencia T-628 de 2012....................................................................
138
6.4. Sentencia T-480 de 2016....................................................................
144
6.5. Sentencia SU-079 de 2018..................................................................
155
7. LÍNEA JURISPRUDENCIAL SOBRE EL DEBER DE ALIMENTOS...
163
7.1. Sentencia C-237 de 1997....................................................................
168
7.2. Sentencia C-388 de 2000....................................................................
172
7.3. Sentencia C-1064 de 2000..................................................................
177
7.4. Sentencia C-875 de 2003....................................................................
183
8. PRONUNCIAMIENTOS JURISPRUDENCIALES RELEVANTES PARA EFECTOS DE LA ECONOMÍA DEL CUIDADO Y COYUNTURA.. 191 8.1. Sentencia T-106 de 1996....................................................................
191
8.2. Sentencia C-005 de 2017....................................................................
192
8.3. Sentencia C-470 de 1997....................................................................
195
8.4. Sentencia T-384 de 2018....................................................................
195
9. CUIDADOS EN TIEMPOS DE LA PANDEMIA DE COVID-19..........
197
10. ¿UN SISTEMA DE CUIDADOS DE CREACIÓN JURISPRUDENCIAL? EFECTOS ERGA OMNES DE LAS SENTENCIAS ANALIZADAS...................
205
10.1. Sistema público de creación estatal...................................................
207
10.2. Cubrimiento de toda la población vulnerable que no puede valerse por sí misma .......................................................................................
207
10.3. Cubrimiento de toda la población que desarrolla labores de cuidado....
209
10.4. Diagnóstico......................................................................................
210
CONCLUSIONES....................................................................................
213
REFERENCIAS.........................................................................................
219
LOS AUTORES........................................................................................
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INTRODUCCIÓN
Que apenas hasta 2010 se haya expedido en Colombia la ley sobre la economía del cuidado y que a partir de esta se haya aplicado la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT)1 da cuenta del hecho de que, en general, la rama legislativa del poder público ha tenido poco interés en el desarrollo de este tema. No obstante, tal situación no ha de predicarse de todo el aparato estatal, pues en relación con la rama judicial la situación es diferente. Existen pronunciamientos que se han ocupado de la economía del cuidado a la luz de asuntos tan variopintos como la estabilidad laboral reforzada en el fuero de maternidad, la aplicación de la figura del retén social para padres cabeza de familia, el reconocimiento a las labores de cuidado desarrolladas por madres sustitutas y comunitarias y el deber de alimentos. Lo antedicho a pesar de que, en los fallos que serán objeto de estudio, la Corte Constitucional jamás se refirió explícitamente al término economía del cuidado. Conforme a lo anterior, son dos los objetivos de este libro: en primer lugar, realizar un análisis sistemático de los fallos judiciales que han tenido como objeto asuntos concernientes a la economía del cuidado; posteriormente, habiendo logrado tal sistematización, se pretende sopesar la posibilidad de que, a la luz de las sentencias traídas a colación, la Corte Constitucional haya establecido un sistema de cuidados2 de creación jurisprudencial a partir del entendimiento del concepto de la economía del cuidado y su importancia.
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Al respecto, puede consultarse la Ley 1413 de 2010: “Por medio de la cual se regula la inclusión de la economía del cuidado en el sistema de cuentas nacionales con el objeto de medir la contribución de la mujer al desarrollo económico y social del país y como herramienta fundamental para la definición e implementación de políticas públicas”. En términos de Rosario Aguirre y Fernanda Ferrari, un sistema de cuidados es “la matriz estatal de protección social que integra los servicios de cuidado desarrollados por el sector privado, público y las familias, destinados a primera
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En este punto se hace necesario aclarar que se habrá de elegir la técnica de la línea jurisprudencial para lograr el primer objetivo de este artículo. En tal sentido, la metodología a seguir será la establecida por Diego López en su ya clásica obra El derecho de los jueces (2006a). No obstante, de antemano es importante aclarar que, debido a la ausencia de sistematicidad de la Corte al abordar la economía del cuidado, tal metodología habrá de ser desarrollada con ligeras variaciones. La metodología de la línea jurisprudencial supone la identificación de “sentencias hito agrupadas en torno a problemas jurídicos bien definidos” (López, 2006a), por lo que los hechos jurídicamente relevantes de las decisiones bajo estudio deben guardar coincidencia. Las decisiones de la Corte Constitucional que han abordado asuntos concernientes a la economía del cuidado —objeto del presente estudio— no comparten entre sí un mismo fundamento fáctico, pero sí una afinidad conceptual. Así las cosas, ante la ausencia de cercanía fáctica de las sentencias bajo estudio, sería un error asumir que existe una línea jurisprudencial cuyo centro sea la economía del cuidado. No obstante, ante la dificultad de abordar el estudio de la economía del cuidado al amparo de una única línea jurisprudencial es preciso aclarar que existen múltiples líneas jurisprudenciales que, interrelacionadas, constituyen un marco jurisprudencial general en torno a esta, de tal suerte que existe la posibilidad de establecer un sistema integrado por líneas jurisprudenciales que dé cuenta del estado de la praxis de los jueces en torno a este campo de la economía feminista. Es importante destacar que existen ciertas características comunes a las sentencias que ocupan todo este gran marco general. Así, por ejemplo, hay una frecuente remisión a doctrina que se ocupa de temas del cuidado e incluso existe una alusión constante a organismos y recursos internacionales como, por ejemplo, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Convención sobre los Derechos del Niño. A lo largo del presente análisis se hará un desglose en detalle de estos elementos comunes.
infancia, adultos mayores y personas dependientes por discapacidad” (Aguirre & Ferrari, 2014, p. 15).
Introducción
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En los temas abordados por las cuatro líneas jurisprudenciales objeto de estudio —estabilidad laboral reforzada de la madre gestante, aplicación del retén social a los padres cabeza de familia, situación laboral de las madres comunitarias y sustitutas y, finalmente, contenido del deber de alimentos— se hace evidente un fuerte tinte progresista impreso por la Corte Constitucional. Sin embargo, esto no implica que el progresismo de la Corte sea unánime a lo largo del desarrollo de las distintas líneas jurisprudenciales, pues hay sentencias que responden a una posición conservadora. Este conservadurismo, a juicio de los autores, tiene asidero en una concepción tradicional del rol de la mujer en la sociedad como proveedora de cuidados. Igualmente, es relevante destacar que las cuatro líneas jurisprudenciales tienen una sentencia fundacional que les es común, la T-494 de 1992. Como es de esperarse, este fallo habrá de ser analizado a profundidad en el transcurso del libro. Los ejes temáticos de las líneas jurisprudenciales que se desarrollan en este trabajo son, como ya se indicó, los siguientes: i) estabilidad laboral reforzada en el fuero de maternidad; ii) aplicación de la figura del retén social para padres cabezas de familia; iii) reconocimiento en el marco de la legislación laboral a las madres sustitutas y comunitarias y iv) el deber de alimentos. Estas cuatro líneas jurisprudenciales permiten articular el marco jurisprudencial de cuidado debido a que, a raíz de los temas de los que se ocupan, determinan la situación jurídica de las cuidadoras y los cuidadores, así como de los sujetos objeto de los cuidados. Es importante destacar que, a raíz de lo antedicho, las líneas jurisprudenciales mencionadas visibilizan las labores llevadas a cabo por las personas que cumplen el rol de cuidadoras. Al hacer esto, destacan su importancia en la sociedad y revelan los cuidados reproductivos como presupuesto de la productividad. Igualmente, estas líneas jurisprudenciales son importantes porque cuentan con sentencias de unificación. Como estos fallos unifican los criterios jurisprudenciales por tener en cuenta los casos con presupuestos fácticos y jurídicos similares, no es descabellado afirmar que sientan un precedente que, de algún modo, instaura una política judicial para procesos judiciales que pueden involucrar los derechos de las personas cuidadoras y sus sujetos objeto del cuidado. La relevancia de esta investigación se genera, primordialmente, en su novedad, dado que se enfoca en el estudio del concepto de “economía del cuidado”, diferenciándolo de otros términos relacionados
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como la “economía feminista” y la “economía del hogar”, los cuales, aun cuando tienen una conexión transversal, no resultan ser exactamente equivalentes. Al respecto, es del caso destacar que la economía feminista puede ser concebida como un desarrollo del pensamiento económico que pretende visibilizar el trabajo reproductivo dentro de la sociedad, junto con las dinámicas de género, desde la perspectiva económica. Es por esto por lo que la economía del cuidado se configuraría como una categoría de la economía feminista y no como la economía feminista en sí misma. No obstante, a pesar de lo anterior, no es posible dejar de lado la interdisciplinariedad tanto de la economía del cuidado como de la economía feminista. Por otra parte, la “economía del hogar” es un término de carácter más amplio y global que no solo involucra la economía como disciplina, sino también otras áreas del conocimiento como la historia o la sociología. Así mismo, involucra el análisis del hogar como un todo, teniendo en cuenta criterios como los integrantes de la familia, la condición socioeconómica y las condiciones de consumo, ahorro, inversión y gasto, con el fin de buscar una gestión optima. Si algo podemos decir es que mientras que la economía del hogar se trata transversalmente desde varias disciplinas, la economía del cuidado es una rama fundamentalmente económica, pero permeada por otras disciplinas que, precisamente, abren la economía al campo de lo reproductivo. Adicionalmente, los estudios que se han hecho sobre la economía del cuidado en Colombia se han enfocado, sobre todo, en la política pública impulsada por los poderes Legislativo y Ejecutivo, pero poco se ha estudiado el aporte del Poder Judicial. Este escrito emerge como un primer intento por cerrar esta brecha. Al hacerlo, se espera que los promotores de políticas públicas, tanto dentro del Estado como en la sociedad civil, encuentren insumos valiosos para avanzar en el largo camino que aún queda por recorrer para instaurar una política de cuidado de vanguardia, fundamental para superar los roles de género socialmente arraigados. Para finalizar, es importante destacar que el ejercicio metodológico de la presente investigación se inició con la consulta en la Corte Constitucional de las sentencias que tuvieran en su contenido las palabras “economía del cuidado”, con las comillas incluidas, para obtener co-
Introducción
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mo resultado únicamente aquellos fallos que se pronunciasen expresamente sobre esta disciplina. Al constatar que el buscador arrojaba un resultado bastante limitado3, se ingresaron los términos “economía del hogar” y “economía feminista” sin éxito alguno. Así, mientras que la primera expresión es mencionada en tan solo cuatro sentencias, la segunda únicamente es mencionada en una. Dicha circunstancia obligó a los autores de este trabajo a reconstruir el modo de aproximación al problema. Fue esto lo que, a la larga, derivó en el modo de aprehender el objeto de estudio que en este trabajo se presenta. Al notar que, por lo menos a nivel jurisprudencial, la economía del cuidado no puede abordarse directamente, lo que se hizo fue enfocarse en líneas jurisprudenciales que, sin aludir directamente a esta disciplina, sí desarrollaban temas de su dominio. Este método, por novedoso, resultó sumamente provechoso e interesante para los investigadores. Antes de dar por finalizada esta introducción también consideramos importante destacar que los esfuerzos por implementar los postulados de la economía del cuidado en la política pública no han sido únicamente judiciales. Ya hemos mencionado la Ley 1413 de 2010 como un ejemplo del aporte del Legislativo a esta labor, pero también convendría mencionar el caso de entidades administrativas del orden nacional como el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) y también de las entidades territoriales. En este último caso, Bogotá destaca a través de su iniciativa de consolidación del Sistema Distrital de Cuidado. Según una publicación de la página de la Alcaldía de Bogotá, los objetivos de este sistema son los siguientes: “Reconocer el trabajo de cuidado de las personas que lo realizan; redistribuir el trabajo de cuidado entre hombres y mujeres, y reducir los tiempos de trabajo de cuidado no remunerado a las personas cuidadoras” (Alcaldía de Bogotá, 2021). Vale destacar que, conforme a una nota del sitio web especialmente destinado por la Alcaldía para
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Lamentablemente, la búsqueda solo arroja seis providencias, a saber: la SU-140 de 2019, la C-073 de 2018, la T-587 de 2017, la C-871 de 2014, la C-336 de 2014 y la C-399 de 2011. Desde la óptica de este trabajo, que la sentencia más antigua de este grupo sea del año 2011 es algo que revela lo que ya se ha sostenido: que la economía del cuidado en Colombia es un objeto de estudio bastante reciente.
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este sistema, se trata del primer sistema de cuidado para una ciudad en América Latina (Alcaldía de Bogotá, 2020). Esto, dado que las iniciativas en relación con los sistemas de cuidado han sido fundamentalmente nacionales, puede ser cierto.
1. GENERALIDADES DE LA ECONOMÍA DEL CUIDADO
Toda sociedad ofrece y requiere cuidados y, por tanto, debe organizarlos de tal manera de dar respuesta a las dependencias y necesidades humanas manteniendo el respeto por las personas que lo necesitan y sin explotar a las que están actuando de cuidadoras. MARTHA NUSSBAUM
El origen de la economía del cuidado surge con el debate sobre el trabajo doméstico en la década de los setenta, dentro del escenario de la economía feminista, en virtud del cual se analizó la relación entre el capitalismo y la división sexual del trabajo teniendo en cuenta los roles de género, desde donde se identificó el rol económico de las mujeres asignado a la actividad doméstica y la producción al interior del hogar (Serafini Geoghegan, 2011). La controversia a cerca de las tareas domésticas como un trabajo tiene lugar a finales del siglo XIX, dadas las condiciones de pobreza y de vida que vivían muchas mujeres al interior de sus hogares en atención a que dichas actividades de cuidado que no reportaban índices de productividad (Perkins Gilman, 2008), de modo que se constituían en actividades de consumo y bienestar exclusivo para los miembros del hogar y excluían a las mujeres del mercado laboral (Schildberg, 2015). Se planteó el trabajo reproductivo como aquel trabajo necesario para generar fuerza de trabajo del presente y del futuro (Picchio, 1999) y se llegó a la conclusión de que el trabajo reproductivo está estrechamente relacionado con el trabajo doméstico, el cual involucra aspectos tales como la vestimenta, la limpieza, la salud y la transformación de los alimentos (Benería, 2006, p. 10). La economía feminista por años ha debatido sobre la necesidad de valorar la producción doméstica, como actividad desarrollada al interior de los hogares, y ha proporcionado un importante aporte que va
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desde el hecho de entender la economía del cuidado y la valorización de la economía no remunerada para lograr transformar las desigualdades e inequidades que viven muchas mujeres de cara a la producción y la reproducción (Nelson, 1995). Por años a las mujeres se les ha relacionado con el trabajo dentro de la esfera privada, al interior de la familia y el hogar, donde realizan tareas de cuidado y de crianza, mientras que a los hombres se les ha identificado con la esfera pública, laboran fuera de sus hogares y reciben una remuneración por las actividades que desempeñan —división sexual del trabajo—. El debate en mención ha sido abordado desde dos puntos de vista: el primero considera al trabajo doméstico como un subsidio del trabajo remunerado, a partir del cual la reproducción de la fuerza de trabajo subsidia a la producción capitalista al beneficiar a la fuerza de trabajo a costo cero, y el segundo supone que en la reproducción de la fuerza de trabajo no existe ningún subsidio y, por el contrario, que la economía del cuidado es inherente a cualquier sociedad y a cualquier sistema económico —ambas vertientes dejaron de lado el rol de “cuidadores”—. La economía del cuidado se redefine como el estudio del valor agregado otorgado por el trabajo no remunerado de quienes fungen como “cuidadoras” y se relaciona con el modelo patriarcal y de paso con el modelo capitalista que le ha asignado un valor dual a la mujer: es ama de casa y, al mismo tiempo, asalariada (Rodríguez, 2005, p. 5). Comprende “aquellos elementos que cuidan o ‘nutren’ a las personas, en el sentido que les otorgan los elementos físicos y simbólicos imprescindibles para sobrevivir en sociedad” (Rodríguez, 2005, p. 2), además se ocupa de la manera como las sociedades organizan el cuidado de sus miembros y, a su vez, la relación que esto guarda con su sistema económico. Se relaciona con lo femenino, lo privado y lo íntimo desde la óptica del trabajo de cuidado remunerado (TDCR) y el trabajo doméstico de cuidado no remunerado (TDCNR)1 y con la manera como las sociedades organizan el cuidado de sus miembros y el funcionamiento
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TDCR: por su realización se recibe una contraprestación económica, sea en los hogares o fuera de ellos, y cuenta con un marco normativo regulatorio. TDCNR: realizado sin contraprestación económica, para el bienestar de todas las personas del hogar, comunidad y sociedad; asignado de manera desproporcionada a las mujeres.
Generalidades de la economía del cuidado
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del sistema económico, donde las mujeres son las responsables de la subsistencia y el cuidado de la vida. Puede ser entendida como la rama de la economía feminista que se ocupa de dos dimensiones de los cuidados: Por una parte, [la de] la existencia de un conjunto de bienes, servicios, actividades, relaciones y valores relativos a las necesidades más básicas y relevantes para la existencia y reproducción de las personas, en las sociedades en que viven […] y por otra, la generación o contribución a la generación de valor económico de éstos. De esta forma se trata de desplazar o ampliar el concepto de economía desde lo “productivo, remunerado y en el mercado” a este espacio más asociado a lo femenino, a lo privado y lo íntimo, tanto cuando es remunerado como cuando no lo es. Lo más importante de esta idea expresada en el término “economía del cuidado” es dar lugar a pensar la relación que existe entre la manera en que las sociedades organizan el cuidado de sus miembros y el funcionamiento del sistema económico. Se enfatiza así la incapacidad de la producción de mercado para sostenerse y reproducirse de forma autónoma [y] que en cambio, depende de la economía del cuidado (Salvador & Espino, 2014, pp. 184-185).
La economía del cuidado es considerada como el “espacio bastante indefinido de bienes, servicios, actividades, relaciones y valores relativos a las necesidades más básicas y relevantes para la existencia y reproducción de las personas, en las sociedades que viven” (Rodríguez, 2005, pp. 1-2). Se trata de un concepto en construcción, donde se destaca que “el cuidado refiere a los bienes y actividades que permiten a las personas alimentarse, educarse, estar sanas y vivir en un hábitat propicio” (Rodríguez, 2005, p. 2). Estos cuidados giran alrededor de tres ejes: 1. Cuidado material: integra las actividades de trabajo doméstico y cuidado no remunerado realizado en el hogar, cuyas principales actividades se recogen en la Cuenta Satélite de Economía del Cuidado (CSEC)2, que no son incluidas en la 2
“En Colombia, la Ley 1413 de 2010 establece la inclusión de la Economía del cuidado en las cuentas nacionales ‘con el propósito de medir la contribución de las mujeres y los hombres al desarrollo económico y social del país, y como herramienta fundamental para la definición e implementación de políticas públicas’ (Decreto 2490, 2013; Artículo 2°). En el marco de esta ley, el gobierno nacional, en cabeza del Departamento Administrativo Nacional de Estadística
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metodología del cálculo del producto interno bruto (PIB) en Colombia. Para una mejor comprensión de lo que es el trabajo de cuidado y el cuidado no remunerado, es vital entender qué es el cuidado. Sobre el particular, vale la pena señalar que el cuidado ha tenido una evolución conceptual. Algunas de las definiciones acogen todas las características que conlleva cuidar, otras han ido sumando elementos a lo largo de los años, mientras que otras se han quedado cortas en contenido y realidades. Al final, su construcción ha sido objeto de múltiples debates, contribuciones y hasta críticas. Lo que sí es cierto es que su origen está dado, como se ha mencionado con anterioridad, en el debate suscitado en torno al trabajo doméstico y el trabajo reproductivo (Esquivel, 2014). Se ha definido el cuidado como: […] las actividades y relaciones dedicadas a satisfacer las necesidades físicas y emocionales de los adultos y niños dependientes, así como los marcos normativos, económicos y sociales dentro de los cuales estas actividades se asignan y se llevan a cabo (Daly & Lewis, 2000).
Estas actividades de cuidado requieren ser realizadas cara a cara, con el ánimo de fortalecer la salud física, emocional y mental (Budig et al., 2002), y se prestan en un entorno donde hay una persona que presta el servicio (cuidadoras/es) y las personas que reciben los cuidados. Todos los seres humanos tienen la necesidad de ser cuidados, sin importar que sean dependientes o independientes o de que los cuidados sean directos o indirectos, razón por la cual el cuidado se considera integral y universal, además de traducirse en un derecho en conexidad con otros derechos —la salud, la alimentación, la educación, la salubridad, la vivienda digna y el empleo digno, entre otros—, el cual debe ser garantizado por todos los actores —familias, Estado, comunidad y mercado—, de tal suerte que el Estado debe entrar a compensar los cuidados que no se presten a través
(DANE), integró una comisión multisectorial para definir la forma de incluir la información sobre el trabajo no remunerado, realizado en los hogares y en la comunidad, en el Sistema de Cuentas Nacionales (SCN), a través de la creación de una Cuenta Satélite de la Economía del cuidado” (DANE, 2013).
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del mercado o las familias y ser garante de las personas cuidadoras y las personas cuidadas (Montaño & Calderón, 2010). Los cuidados conllevan un planteamiento ético a partir del cual cuidar es una idea moral que promueve el crecimiento y facilita el bienestar, la dignidad, el respeto y la preservación y extensión de todas las potencialidades humanas. Se cifran en el vínculo afectivo, en virtud del cual las relaciones humanas son de fragilidad y de dependencia, lo que hace que sean fundamentales para la adquisición de competencias éticas (Gilligan, 2013). Para Carol Guilligan, precursora de la ética del cuidado, no se trata de una ética femenina, sino una ética feminista, y el feminismo guiado por una ética del cuidado podría considerarse el movimiento de liberación más radical —en el sentido de que llega a la raíz— de la historia de la humanidad (Gilligan, 2013). Por su parte, Joan Tronto afirma que todo se relaciona con el cuidado por ser una parte esencial de lo que significa ser humano, todas las personas en algún momento de su vida otorgan cuidados a otros y son receptores de ellos, lo que conlleva que todas las personas deben contribuir al cuidado —marco alternativo para la teoría social y política—. Así mismo, define el cuidado como aquello en lo que las necesidades del destinatario del cuidado son el punto de partida para lo que se debe hacer (Tronto, 2015). A la final, existen diversas definiciones y posiciones respecto de lo que se entiende por “cuidados”, construidas y fundamentadas desde las distintas relaciones de cuidado, si bien deben llevar a entender la necesidad de cambiar la manera como se desarrolla la actividad de cuidar (Barnes, 2012). Respecto a las actividades de cuidado, comprenden los cuidados directos: ayudar a comer, bañarse, vestirse o llevar a algún lugar a las personas que lo requieren; los cuidados indirectos: cocinar, limpiar o hacer las compras para satisfacer las necesidades de los integrantes del hogar, y los cuidados pasivos: vigilar o estar pendiente de personas que requieren atención —niñas, niños, adolescentes, personas adultas mayores, enfermas o con discapacidad— (DANE & ONU Mujeres, 2020a). Estas actividades son importantes al interior de la economía de
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los países, del bienestar individual y de la sociedad, ya que las mujeres cuidadoras no remuneradas son quienes satisfacen la gran mayoría de las necesidades de cuidado en todo el mundo (Organización Internacional del Trabajo, 2019). 2. Cuidado económico: supone un costo que va más allá del trabajo realizado, sea o no remunerado. Se trata de una actividad que requiere una inversión de tiempo y, por lo tanto, una pérdida de oportunidad si quien lo desarrolla no percibe una remuneración por los cuidados que presta —como en el caso de la mujer ama de casa—. No hay que perder de vista que la feminización de los cuidados es el resultado de la construcción social de género, que conlleva que las mujeres, por su condición biológica, sean las llamadas a asumir el rol de cuidadoras (Batthyány, 2006). En la historia de Occidente se identificó a las mujeres con las responsabilidades del hogar y como “cuidadoras por naturaleza” de las personas dependientes (Arriagada, 1998), hasta el punto de ver con total normalidad el hecho de que las mujeres sean las llamadas a atender los trabajos de cuidados en la escuela, el trabajo, la familia y el sistema sanitario, entre otros (Batthyány, 2013). En la medida en que las mujeres se concentran en realizar TDCNR, se limita su ejercicio de la ciudadanía, se las excluye de la posibilidad de tener un empleo digno y de tener ingresos propios y además se aleja de la posibilidad de contar con una pensión de vejez con que vivir cuando sea adulta mayor. Las mujeres pierden su autonomía y equidad en los distintos ámbitos sociales y la dependencia, a su vez, genera círculos de violencias emocionales, psicológicas y económicas. El costo económico para las mujeres es altísimo, de cara a la renuncia que deben realizar, desde su propia vida hasta su felicidad. El hecho de considerar que solo hacen parte de la economía real las personas que reciben un salario, que producen bienes o productos en los mercados, que prestar servicios y que generan impuestos, es un equívoco. La economía debe integrar la idea de la diversidad, la interdependencia y la corresponsabilidad, pues uno de los mayores problemas que no ha permitido acabar con las brechas laborales es el desconocer e ignorar las tareas