Dislocaciones
Etnografía y antropología en Iberoamérica David Lagunas
Dislocaciones
Etnografía y antropología en Iberoamérica
Esta obra es una selección de textos originales de la trayectoria investigadora del antropólogo mexicano-catalán David Lagunas, un rara avis del panorama intelectual iberoamericano. Los procesos de dislocación, debidos a la agitación espacial propia de la globalización, justifican la naturaleza de esta obra, la cual da cuenta de los entrenamientos de David Lagunas bajo el influjo del rico ambiente intelectual en México y España a lo largo de dos décadas de investigación. El contexto de mestizaje intelectual, la relación intensa y los contactos e influencias entre comunidades académicas de ambos países confieren a la obra una potencia explicativa original. La obra se estructura en cuatro grandes bloques y una miscelánea. La primera sección está dedicada al tema de la etnicidad en base a las etnografías sobre grupos Gitanos, así como el estudio de los pueblos originarios de México. En la segunda y tercera sección se incluyen textos sobre fenómenos sociales en los cuales se amalgaman y configuran las ideas, la cultura y el poder a partir de dos ejes de análisis: por un lado, las tecnologías de poder y, por otro, la antropología política del turismo. La cuarta sección incluye textos de reflexión teórica y metodológica. Finalmente, se incluye una miscelánea de textos sobre cine, espacio urbano y un homenaje a los maestros de la antropología. Los textos resultan útiles para la investigación y la enseñanza, y en particular, interesantes para estudiantes, investigadores, educadores, actores políticos y la ciudadanía en general con el objetivo de ampliar el conocimiento sobre la diversidad social y cultural de Iberoamérica.
David Lagunas
David Lagunas es profesor de antropología social en la Universidad de Sevilla, miembro del Instituto Universitario de Estudios sobre América Latina y de la Academia Mexicana de Ciencias.
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estudios de economía y sociología
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978-84-19071-20-0
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DISLOCACIONES
Etnografía y antropología en Iberoamérica
COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT HUMANIDADES
Manuel Asensi Pérez
Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València
Ramón Cotarelo
Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia
Mª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València
Juan Manuel Fernández Soria
Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València
Pablo Oñate Rubalcaba
Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València
Joan Romero
Catedrático de Geografía Humana Universitat de València
Juan José Tamayo
Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid
Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales
DISLOCACIONES Etnografía y antropología en Iberoamérica
DAVID LAGUNAS
tirant humanidades Valencia, 2022
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Índice Presentación..............................................................................................
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Fuente de los capítulos..............................................................................
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Primera parte ETNICIDAD Y RESISTENCIA La raza más desordenada del mundo: la dinámica del parentesco entre los Calós catalanes..........................................................................................
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Otra Otredad: el caso de los romaníes en México.....................................
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La geografía de la movilidad: identidad, regímenes de circulación y economía entre los gitanos españoles de México................................................
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Etnografía y creatividad cultural: Gitanos en Catalunya y México............
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Anti-sociedad gitana. Aceptabilidad y esquizofrenia en el romanticismo, el franquismo y el multiculturalismo.............................................................
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Memoria de una experiencia etnográfico-chamánica: los Tepehuas de México...........................................................................................................
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Segunda parte TECNOLOGÍAS DE PODER Antropología y tecnología social. Mitos, saberes y realidades en torno a la mina en Real del Monte, Hidalgo..............................................................
171
La disciplina como hábito: cacicazgo y alienación en la Universidad Autónoma del estado de Hidalgo......................................................................
189
Orígenes biológicos del poder, domesticación y naturalización de la niñez............................................................................................................
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Aproximación crítica a la participación y el empoderamiento: estudios sobre minorías socioculturales y grupos sociales marginalizados...............
231
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Índice
Tercera parte ANTROPOLOGÍA POLÍTICA DEL TURISMO El poder del dinero y el poder del sexo: antropología del turismo sexual..
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De la peregrinación al turismo: modelos en disputa..................................
281
De la actividad al discurso: problemas en torno a la antropología del turismo.........................................................................................................
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Cuarta parte MÉTODOS Y TEORÍAS ANTROPOLÓGICAS El legado del funcionalismo: limitaciones teóricas y excesos etnográficos..
325
Del autismo a lo híbrido: la naturaleza ambigua de las relaciones entre antropología y marxismo..........................................................................
355
Cultura y cognición: aportaciones de la antropología al estudio de la mente humana.................................................................................................
371
Sobre antropología, posmodernidad y teoría crítica..................................
411
MISCELÁNEA Nepantlismo, máscaras y disimulo en la construcción de la mexicanidad..
439
Diálogos con Marc Augé: el espacio antropológico...................................
469
La dimensión mexicana de Claudio Esteva Fabregat.................................
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Presentación PROYECCIONES DE LA ANTROPOLOGÍA MEXICANA1 La influencia de la antropología mexicana en mi trayectoria profesional ha sido el pretexto para esta obra. Esta influencia no tiene nada de arbitraria y va más allá de una simple posición personal, sino que es parte de una realidad más amplia que abarca los vínculos académicos e institucionales históricos entre la antropología mexicana y la española, la relevancia de la antropología mexicana en el mundo y la naturaleza de estos intercambios, así como las redes entre antropólogos extranjeros y mexicanos. Por ello, y antes de pasar a desgranar los contenidos del libro, quisiera empezar esta presentación de una manera poco convencional y es reflexionando sobre este contexto amplio de relaciones e influencias mutuas entre ambos países y, en concreto, la influencia de la antropología mexicana en la antropología española. Como antropólogo catalán y mexicano mi formación se desarrolló enteramente en el Departamento de Antropología de la Universitat de Barcelona. Este ascendente es un componente clave de mi preparación previo a la siguiente etapa, ya como profesional, en México (20002010) y posteriormente en Sevilla (2011-). En este proceso formativo y en el ámbito profesional he tenido la fortuna de beneficiarme de los influjos de los grandes maestros de la antropología y de las tradiciones intelectuales de ambos países durante tres décadas. Es un hecho que los antropólogos mexicanos han trabajado mucho sobre la enorme diversidad del país, con una destacada influencia en América Latina. En los países de América Latina también critican a la antropología mexicana del mismo modo que los mexicanos critican la antropología hegemónica del norte, la norteamericana y la europea. De los diálogos entre comunidades académicas del Estado mexicano y del Estado español destacaría, primero, los aportes que tal vez impac-
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Este texto es una reelaboración de un comentario enviado a Roger Magazine en 2020 para el proyecto AdelA 2 (Antropología de la antropología 2) y para la consideración de la Red MIFA (Red Mexicana de Instituciones de Formación de Antropología) en relación con el tema “la antropología mexicana en el mundo”.
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taron más en la antropología española: el modelo de la aculturación de Gonzalo Aguirre Beltrán, el modelo de las dos civilizaciones de Bonfil Batalla, así como la influencia boasiana de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) en Claudio Esteva Fabregat en los años 70 quien quiso implantar este modelo en la Universitat de Barcelona frente a la línea de la antropología social británica, de inspiración sociologista, de Carmelo Lisón Tolosana. Pienso que esta tradición confiere una identidad particular a la antropología mexicana. A nivel de tradición nacional se aprecia en dos dimensiones: por un lado, la académica-intelectual y, por otro, la temática. Un ejemplo de la primera sería la dimensión del modo de producción campesino de Ángel Palerm. De la temática cabría mencionar las especializaciones, como la influencia de los estudios urbanos de la Universidad Autónoma Metropolitana o los estudios rurales del propio Ángel Palerm2. Solo a nivel teórico la antropología mexicana ha sido una fuente de epistemología y conceptos, y ha influenciado en el abordaje de problemas, saberes e instrumentos en relación con prioridades analíticas, polémicas teóricas, monografías de referencia y ámbitos de profesionalización. El más reciente tal vez bajo la influencia de los aportes de Luis Reygadas y de Esteban Krotz también. En segundo lugar, podemos sintetizar cuatro relaciones fundamentales entre los antropólogos mexicanos y españoles. La primera relación es la que se establece con el exilio republicano y algunos antropólogos que regresan a España (Ángel Palerm, Claudio Esteva Fabregat, Juan Comas). Estos antropólogos traen consigo la versión mexicana de la antropología norteamericana de las cuatro ramas, transformadas por la antropología, aunque, en un principio, predomina la arqueología respecto a la lingüística. El propio Claudio Esteva Fabregat, en los primeros cursos de antropología que realizó
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La Cátedra Ángel Palerm se fundó el 29 de noviembre de 2005 por parte de cuatro instituciones: el CIESAS, la Universidad Iberoamericana, el Departamento de Antropología de la UAM-Iztapalapa y El Colegio de Michoacán. Un avance significativo de la Cátedra fue su extensión a España mediante un convenio firmado en la Casa Chata el 29 de enero de 2014 entre la Cátedra Palerm y la Universidad de Sevilla, la Universitat de Barcelona, la Universidad Autónoma de Madrid y la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona (ver Fábregas, http://ichan.ciesas.edu. mx/catedras-y-laboratorios/la-catedra-angel-palerm/).
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en la Universitat de Barcelona en los 70, recomendaba a sus primeros alumnos que tomaran asignaturas de arqueología. Claudio Esteva Fabregat desarrollaba la asignatura de “Cultura y Personalidad” en el Departamento de Antropología y la psicología era la rama que más se le acercaba. El elemento definitorio, por tanto, es la influencia que recibe y reproduce Claudio Esteva Fabregat en Barcelona siendo la versión de la antropología cultural reinterpretada o pasada por el filtro de la antropología mexicana. La segunda relación es el momento en que, una vez que los primeros alumnos que dirige Claudio Esteva Fabregat en Barcelona van concluyendo sus carreras universitarias, llega la influencia de Ángel Palerm, también gracias y a través de Juan Vicente Palerm con los seminarios que impartía en Madrid. Algunos profesores que vivieron esta etapa recuerdan la lectura de los Cuadernos de Antropología y Etnología ciclostilados pues no existía una infraestructura ni recursos adecuados en la universidad. Es en este momento cuando toman importancia los estudios campesinos y el enfoque marxista de la antropología. Esta es ciertamente una impronta mexicana, en particular de Pedro Armillas y Pedro Carrasco, ambos llegados a México como refugiados políticos. En esta línea de investigación se intersectan la historia, la arqueología y la antropología, esta vez con mayor peso de la historia frente a la arqueología. Los estudios se enfocan con perspectiva de larga duración y en relación con los cambios hacia la transición al capitalismo. Tal vez el problema de la antropología en esta etapa radicaba en que debía recurrir a una perspectiva muy histórica, de modo que varios antropólogos españoles tuvieron contacto con Andrés Lira y Luís González de El Colegio de México. Es decir, hubo una fuerte confluencia entre historiadores y antropólogos, especialmente con el geógrafo e historiador francés Jean Meyer conocido por sus estudios sobre la Guerra Cristera y la Revolución Mexicana. Otro momento relacional relevante es el mundo industrial y urbano, el cual también ha generado intercambios. Por ejemplo, la presencia de Ignasi Terradas en El Colegio de Michoacán en 1979, o los trabajos de Jorge Durand sobre colonias industriales en México como “Los obreros de Río Grande, Zamora” (1986). Paralelamente, hay un cambio importante con relación a la emergencia de los estudios postrurales en los años 80 y, en el caso catalán, se derivará hacia el nacionalismo desarrollando contactos relevantes con Arturo Warman,
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Guillermo Bonfil Batalla, Guillermo de la Peña y el historiador Juan Pedro Viqueira. La última relación es, precisamente, la actual. La antropología española sigue pendiente de la antropología mexicana, por ejemplo, en relación con los estudios de género ya que el tema de los feminicidios es para la antropología muy original y el propio concepto de feminicidio de Marcela Lagarde ha sido relevante. Los norteamericanos, los argentinos o los colombianos se han trasladado a México atraídos por la alta calidad de las investigaciones. Y en el caso de la antropología española, la influencia va más allá de los departamentos de antropología de Barcelona, Madrid, Sevilla o País Vasco. Lo relevante, al fin y al cabo, es que los estudiantes españoles descubren estas temáticas y también otras como las relacionadas con los desastres naturales, la antropología ecológica, la justicia ambiental, los impactos de las epidemias y las potenciales desigualdades y conflictos sociales que generan; un ejemplo de ello es el de Rosa Plà y su “Los días del volcán Paricutín” (1988). En definitiva, todas estas influencias se pueden resumir en una imbricación de tópicos que van desarrollándose a lo largo del tiempo y temas de interés. Primero, de manera pasiva, con Claudio Esteva Fabregat; en segundo lugar, con Ángel Palerm; en tercer lugar, con la generación de los antropólogos españoles más veteranos y todavía en activo; y finalmente, el momento actual. También ha habido una relación intensa entre la antropología mexicana y otras ciencias sociales. Por ello, sería injusto no mencionar también a Carmen Viqueira y su perspectiva histórica; o a Neus Escandell sobre historia económica en relación con los obrajes del Cuzco, así como otros trabajos sobre el desarrollo del capitalismo desde el siglo XVIII como fenómeno de larga duración. También Joan Martínez Alier, historiador en contacto con la antropología ecológica —escuchaba en sus clases a Ángel Palerm— y quien recientemente ha elevado críticas al extractivismo en América Latina y planteamientos de alter-natura. Obviamente, estos contactos e influencias académicas van unidas frecuentemente a otras variables, como las relaciones de amistad. Los antropólogos españoles cultivaron estas redes de amistad con sus colegas mexicanos, pero ello no fue diferente a las relaciones cultivadas
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con los italianos, los franceses o los ingleses. Las primeras relaciones entre antropólogos mexicanos y españoles eran más académicas y cuando pasan los años en estas etapas surgen las afinidades y se desarrollan las amistades. Las amistades fueron más directas con Juan Vicente Palerm quien impartía seminarios en los años 70 en los domicilios de los antropólogos españoles debido a que no había seminarios en varias universidades, sino que, lo que había, eran bibliotecas con estudiantes leyendo en silencio. También varios antropólogos españoles estuvieron en casa de Ángel Palerm en estancias cortas. Así, primero las redes se conforman académicamente para las publicaciones y la docencia. Y posteriormente surgen las amistades. A modo de balance, un punto a subrayar es la importancia del periodo entre los años 70 y 80. Porque es en este momento cuando la interacción tiene otros ingredientes, sobre todo de influencia marxista y de la teoría del conflicto. Los antropólogos españoles disponían del aporte mexicano, pero también de la influencia francesa de Maurice Godelier quien frecuentaba los departamentos universitarios españoles, así como Louis Assier-Andrieu, quienes a su vez invitaban a sus colegas españoles a visitarles a París. La conexión entre la antropología y el marxismo, hoy en día, genera que el marxismo incluso siga vivo. En este periodo de cambios importantes, en la antropología española se estaba construyendo un modelo interactivo y más plural con Arturo Warman y Guillermo Bonfil Batalla como epítomes, pero de un pluralismo académico importante, aparte de México. Por ejemplo, el propio Joan Martínez Alier critica el enfoque de “comunidad” de Julian Pitt-Rivers o incluso Isidoro Moreno en Sevilla. Es decir, no solo se aprecia la influencia mexicana en la antropología española, sino también la francesa, la inglesa y alguna norteamericana, aunque en menor medida. Por ejemplo, la revista Critique of Anthropology ha sido una fuente relevante de conceptos para la antropología española. Y tampoco es casual que Josep R. Llobera, investigador catalán de origen cubano de la Universidad de Londres, leyera a Palerm y tratara de establecer puentes entre la antropología cultural que Claudio Esteva Fabregat impulsaba en Barcelona y la antropología social británica, según Joan Bestard y Roger Canals (entrada “Josep R. Llobera”, Gran Enciclopèdia Catalana). En esta línea, hubo —y sigue habiendo— mucho trasiego en relación con la antropología económica y el marxismo británico, francés e italiano —gramsciano— en
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un tipo de proyecto crítico que reconoce a todos, pero no les otorga un sello de identidad a los antropólogos. Bonfil Batalla y Warman, por ejemplo, estaban al día de los debates en otros países en torno a estos tópicos y temas, pero tal vez la influencia era más intencional y no tanto mexicana, y más bien se trataba de un esfuerzo conjunto. Otros antropólogos mexicanos, como Guillermo de la Peña, tuvieron más relaciones con Estados Unidos y por ello se nota el peso norteamericano en sus obras. Por último, cabe mencionar otras dimensiones de los contactos, esta vez en relación con la movilidad académica y estudiantil de los últimos años. La movilidad entre ambos países ha sido desigual y esto es un dato objetivo. Muchos mexicanos disponen de becas del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT), con lo cual es más fácil la visita para los estudiantes mexicanos a universidades y centros de investigación en el extranjero. Cuando trabajaba en México, y como miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) del CONACYT, disponía de varios apoyos para movilidad internacional. También tenían más facilidades mis estudiantes mexicanos de los programas de posgrado de excelencia reconocidos por el CONACYT. En la última década, como profesor en la Universidad de Sevilla, me resultaba más difícil invitar a mis colegas mexicanos o enviar a mis estudiantes a estancias cortas a México. Esta desigual distribución de los recursos para la movilidad internacional entre los dos países representaba más oportunidades para desarrollar proyectos de investigación por parte de los estudiantes mexicanos debido a que los recursos en México eran comparativamente más potentes a nivel de licenciatura y posgrado, por lo menos hasta la llegada de los recortes en educación e investigación científica en México. Así pues, el Estado español actuaba como un país subdesarrollado a nivel académico y lo que teníamos era la ley del embudo: endogamia, nepotismo y precariedad en la universidad. También es cierto que, estructuralmente, el mercado de trabajo para un antropólogo en España es menor que en México, pero los estudios realizados en AdelA y los diagnósticos presentados ante el Colegio de Etnólogos y Antropólogos Sociales (ver “La práctica profesional de la antropología en México frente a la flexibilización laboral”, III Congreso Mexicano de Antropología Social y Etnología, 2014) muestran cómo las nuevas generaciones de antropólogos han de hacer frente a la precariedad y flexibilización laboral,
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al desempleo y la subocupación; la desigualdad intergeneracional, entre estudiantes y profesores estabilizados, tal vez sea lo más chocante. Por tanto, sobre esta cuestión, ya no se trata de una predisposición intelectual o de que hablemos de escuelas de pensamiento, sino sencillamente de apreciar cómo el gobierno mexicano invertía recursos en la excelencia de la formación y la investigación científica. Los estudiantes mexicanos que hemos recibido en los últimos años en las universidades vienen sobre todo interesados en estudios de género. Intuyo que, como el trabajo del estudiante sigue siendo muy marcado en México, con fuertes exigencias y sacrificios, los estudiantes mexicanos cuando llegan aquí les resulta más relajado el estudio mientras que en su país trabajan más intensamente. Algunos de los colegas brasileños han llamado la atención sobre esto y cómo los estudiantes brasileños en España, en lo que respecta a la antropología, no trabajan igual que en su propio país. Lo que es claro es que ya no existe ese tipo de intercambio de los años 70 y 80 sobre los estudios rurales y marxistas. Actualmente, las relaciones e influencias son más distantes en varios ámbitos universitarios ya que también se publican textos en muchos otros países y se está más pendiente de la internacionalidad. Además de que existe un fuerte condicionamiento económico que no es privativo de los mexicanos que llegan a España, sino también de los italianos o los brasileños. De forma que ha habido una evolución en este proceso y las relaciones más directas, intelectualmente hablando, han ido decayendo poco a poco; y ahora quedan pocas y se están transformando en otras. Tal vez ha seguido habiendo mucha más interdependencia entre ambos países en la cuestión de la alimentación, en focos muy precisos. Por ejemplo, Miriam Beltrán y sus estudios sobre alimentación en México. Por tanto, si antes los estudios marxistas acaparaban el todo, actualmente solo son focos. Y aunque Joan Prat de la Universitat Rovira i Virgili ya está retirado cabe señalar que ha tenido contactos puntuales en relación con la religión y el método biográfico. Manuel Delgado y otros han seguido teniendo contactos con el área de estudios urbanos de la Universidad Autónoma Metropolitana. Por tanto, se ha alimentado un cierto complejo de inferioridad y ha sido dificultoso, por ejemplo, aclimatar revistas españolas a los estándares de homologación estadounidenses. De la antropología
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mexicana se admira el rigor, la metodología y la argumentación que parten de una tradición también más filosófica y que cuenta con el aporte de los exiliados españoles como Ramón Xirau. Esta escuela de filosofía, lógica y filosofía griega de la historia se conecta con Manuel B. Cossío, cuyos textos se han traducido al inglés en Estados Unidos. Esta vertiente también tiene su pedigrí y con contribuciones relevantes en filosofía, literatura y cultura, hechas por mexicanos. Así que, hasta cierto punto es lógico que los mexicanos tengan una tradición suficientemente sólida como para que no tengan que acudir a otras escuelas extranjeras. En cambio, en España es una exageración el hecho de citar a una feminista norteamericana o británica, es decir, citar excesivamente lo que está de moda. Y este es otro punto que encuentro relevante y es el hecho de que los mexicanos no se encuentran con el servilismo del “¡oh, este autor es famoso!”, y como es famoso hay que citarlo. El hecho es que los mexicanos gozan de una tradición académica sólidamente construida. Y esto puedo constatarse subrayando que, por ejemplo, entre Eric Wolf y Ángel Palerm las relaciones eran de paridad, de igual a igual, y lo que escribían era de tal autonomía que se encontraba muy alejado de este servilismo ideológico que aprecio en la antropología española. El último caso de este servilismo es el descubrimiento de Tim Ingold por parte de los antropólogos cuyas boutades no se entienden o se recubren con un halo de originalidad. A pesar de las crisis y carencias actuales, una de las cosas que siempre he admirado de la antropología mexicana es la humildad ante el hecho objetivo (ver la entrevista a Claudio Esteva Fabregat en esta obra), el alto nivel intelectual de profesores y egresados de la ENAH, CIESAS, UNAM, UAM, etc., la posibilidad de participar en interesantísimos seminarios permanentes, los congresos y coloquios por doquier, el enorme respeto —subrayo— de los alumnos hacia los profesores, así como la potente industria editorial que ofrece cobertura a las investigaciones. ¿Cómo llegué a ello? Espero no fastidiar al lector con este breve recorrido sobre la experiencia vivida. Mi periplo comienza en el año 2000, una vez concluidos mis estudios de licenciatura y doctorado en la Universitat de Barcelona, cuando me marcho a México sin saber que ya no regresaría a Catalunya. El rito de paso, en su formulación original de Van Gennep, fue anticipándose después de concluir el doctorado porque estaba dispuesto a salir a otro país en el cual
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realizar los entrenamientos en antropología como profesional. La fase de separación de este rito de paso fue inmediata al trasladarme a México con el fin de convertirme en un profesional y académico de la antropología. En el contexto de la antropología mexicana me instalé, de inicio, en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), una universidad que estaba creciendo rápidamente y seguía al pie de la letra las políticas de modernización de la educación del Gobierno federal. Las condiciones de trabajo y la situación profesional eran óptimas para adquirir experiencia y tal vez servir de trampolín para incorporarme a otras instituciones de educación superior. En la UAEH tuve que adaptarme y desplegar técnicas de supervivencia en un ambiente caciquil y muy politizado (ver el artículo en esta obra sobre caciquismo universitario). Pero más importantes fueron las facilidades y oportunidades que me ofrecieron y el hecho de que, inicialmente, no tuve que pasar por una fase previa de estudiante o becario explotado, precario y marginalizado, puesto que llegué a México con un contrato de profesor-investigador. En la UAEH me apoyaron mucho con fondos para investigación y publicaciones, y desarrollé lazos de amistad y colaboración con otros colegas. No obstante, el liberalismo vulgar se iba adueñando poco a poco de las políticas de evaluación de la investigación científica del CONACYT y Esteban Krotz escribió en 2010 que la antropología ya estaba siendo engullida por la burocracia digitalizada, la hegemonía del modelo de las ciencias naturales y exactas, y el modelo gerencial-neoliberal de la universidad. A pesar de ello, tuve la oportunidad y la libertad de publicar varias monografías y otros libros, así como manuales de investigación. Destacaría las facilidades para llevar a cabo el propósito de la antropología que me habían enseñado los profesores de la Universitat de Barcelona: hacer buenas etnografías. Esta forma de trabajo, con largos periodos de trabajo de campo gracias a la organización de las horas de clase y a la flexibilidad y la libertad que me ofrecía tanto la UAEH como posteriormente la ENAH fue difícil de reproducir cuando me incorporé a la Universidad de Sevilla en 2011 donde la organización académica estaba más enfocada a las clases y a cumplir —con fastidio— con las exigencias burocráticas de los indicadores bibliométricos de las revistas de “alto impacto”.
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En la ENAH, México. 2017
En 2002 ya estaba dando clases en la ENAH como un neófito deseoso de enriquecerme con sus ambientes. En la ENAH siempre había en qué ocuparse: clases, seminarios, conferencias, coloquios. A pesar de los vaivenes históricos de la ENAH, la vida académica que encontré era frenética, a veces caótica, enriquecedora. Tal vez lo más importante para mi entrenamiento fueron las conversaciones informales con colegas, maestros, pares académicos y estudiantes de la ENAH. Esta experiencia iniciática fue clave para tomar distancia espacial, institucional y disciplinaria respecto a la antropología española. Particularmente, aprecié y tomé conciencia del tipo de estudiante