EUROPA: PARLAMENTO Y DERECHOS PAISAJE TRAS LA GRAN RECESIÓN
COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT HUMANIDADES Manuel Asensi Pérez
Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València
Ramón Cotarelo
Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia
M.ª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València
Juan Manuel Fernández Soria
Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València
Pablo Oñate Rubalcaba
Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València
Joan Romero
Catedrático de Geografía Humana Universitat de València
Juan José Tamayo
Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid
Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales
EUROPA: PARLAMENTO Y DERECHOS PAISAJE TRAS LA GRAN RECESIร N Juan Fernando Lรณpez Aguilar Catedrรกtico de Derecho Constitucional, Eurodiputado. Expresidente de la Comisiรณn de Libertades, Justicia e Interior del Parlamento Europeo
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humanidades
Valencia, 2017
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© Juan Fernando López Aguilar
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A Sandra
Índice Capítulo I Introducción: Prontuario de problemas 1. 2. 3. 4. 5. 6. 7. 8. 9.
Schengen en suspensión: ¿el principio del fin de lo mejor de la UE? .... 13 Libre circulación, ¿desaparecida en combate? ........................................... 19 LA CUESTIÓN DE Turquía: ¿una alarma en toda Europa? .................... 22 “Exodus”: ¿Europa, Estado fallido? ............................................................. 25 Rule of Law: ¿retrocesos en hungria, en Polonia..., y desafío a toda Europa? .. 28 ¿La Unión, Gravemente herida? .................................................................. 32 ¿“Día de Europa”? No lo habrá sin europeos .............................................. 35 Europa: ¿invertebrada (pero pangermanizada)? ........................................ 37 Europa debe reaprender a tomarlos derechos en serio ............................. 39
Capítulo II Teoría constitucional de la integración europea: Impacto sobre el Parlamento Europeo 1. Premisas .......................................................................................................... 43 2. El constitucionalismo europeo y la teoría constitucional de la integración europea ........................................................................................................................ 43 3. Europa: crisis constitucional, en la primera crisis de la globalización .... 49 4. ¿Quo vadis Europa? El constitucionalismo secuestrado, el debate presupuestario y las reformas económicas en la UE ........................................... 52 5. En el manejo de la crisis, los Estados no han sufrido por las imposiciones de Europa:... ha sido más bien al revés ................................................. 57 6. Reflexión final ................................................................................................. 63
Capítulo III El Parlamento Europeo como legislador penal. Hacia un espacio europeo de justicia penal 1. Premisas: la emergencia de la idea de un espacio europeo de justicia penal ................................................................................................................ 67 2. El Tratado de Lisboa y el Espacio de Libertad, Seguridad y Justicia ....... 75 3. Derecho penal europeo y Espacio Europeo de Justicia Penal. El artículo 83 TFUE como base jurídica para la “lisbonizacion” del derecho penal europeo. 80 4. Los retos todavía pendientes: el espacio de justicia penal, en perspectiva . 92 5. Reflexión final ................................................................................................. 108
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Índice
Capítulo IV El Parlamento Europeo como legislador en materia procesal penal y el derecho a la defensa en el proceso penal 1. Los derechos de la defensa en el Tratado de Lisboa y la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea ................................................. 111 2. El Programa de Estocolmo y los derechos procesales en la Unión Europea .................................................................................................................... 118 3. El Plan de Trabajo para el fortalecimiento de los derechos procesales de las personas sospechosas y del acusado en el proceso penal en la Unión Europea............................................................................................................ 119 4. El derecho al Abogado, a la defensa letrada y a la asistencia jurídica ..... 127 4.1. El derecho al abogado y a la defensa letrada y “contenido esencial” de los derechos procesales en el ELSJ....................................... 127 4.2. El derecho de acceso al abogado y a la asistencia letrada en los procesos penales.............................................................................................. 127 4.3. El derecho a recibir asistencia jurídica gratuita (legal aid) y condiciones para obtenerla (la insuficiencia de recursos para litigar). 128 5. La jurisprudencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea y del Tribunal Europeo de Derechos Humanos sobre el derecho a la defensa y a la asistencia letrada y el derecho a un juicio justo ............................... 130 5.1. El derecho a ser informado................................................................. 132 5.1.1. El derecho a la asistencia jurídica ........................................ 133 5.2. El derecho a la presunción de inocencia y a permanecer en silencio. 134 5.3. Los derechos procesales en el juicio oral........................................... 134 5.4. Conclusión ........................................................................................... 135 6. Reflexión final ................................................................................................. 136
Capítulo V La Lucha contra la corrupción en la Unión Europea 1. Introducción ................................................................................................... 141 2. La lucha contra la corrupción a escala europea: una secuencia. Una historia . 143 3. La comunicación y el informe de la comisión europea contra la corrupción. El informe de la Comisión Crim del Parlamento Europeo. El caso español en perspectiva .................................................................................. 144 4. El Espacio de Libertad, Seguridad y Justicia: marco para una estrategia europea contra la corrupción y el crimen organizado .............................. 153 5. El Tratado de Lisboa y la legislación penal europea .................................. 160
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6. El derecho penal europeo y espacio europeo de justicia penal. El artículo 83 TFUE como base jurídica para la “lisbonización” del derecho penal europeo. La Fiscalía Europea contra la criminalidad grave transnacional ........ 166 7. Reflexión final ................................................................................................. 177
Capítulo VI La protección de datos personales en la más reciente jurisprudencia del TJUE: Los Derechos de la CDFUE como parámetro de validez del Derecho Europeo, y su impacto en la relación transatlántica UE-EEUU 1. Introducción: La constitucionalización de la protección de datos personales tras el Tratado de Lisboa ..................................................................... 179 2. La protección de datos personales en la relación transatlántica. El “Escudo de Privacidad” UE-EEUU (EU-US Privacy Shield). La protección de datos en el llamado Umbrella Agreement UE-EEUU ........................... 189 3. Dos relevantes sentencias del TJ con impacto en la relación transatlántica: la sentencia del TJ de 8 de abril de 2014 (Caso Digital Rights Ireland) y la sentencia del TJ de 6 de octubre de 2015 (Caso Schrems): los derechos de la Carta de Derechos Fundamentales de la UE como parámetro de validez del Derecho Europeo .............................................. 202 3.1. Digital Rights Ireland y la Directiva europea de Conservación de Datos...................................................................................................... 203 3.2. Schrems, Acuerdo Safe Harbour y Directiva de Protección de Datos .. 206 4. Reflexión final ................................................................................................. 209
Capítulo VII El caso de Polonia en la UE: Retrocesos democráticos y del estado de derecho y “dilema de Copenhague” 1. Introducción: los retrocesos democráticos vistos desde el Parlamento Europeo ........................................................................................................... 213 1.1. El retroceso en los derechos y la democracia en la UE, visto desde el Parlamento Europeo ....................................................................... 213 1.2. El informe del PE sobre Hungría ...................................................... 215 2. La crisis de 2008 y su cronificación en la ue retrocesos democráticos y nacionalismo rampante. La glaciación europea ......................................... 218 2.1. Episodios relevantes de la putinización de Hungría ....................... 218 2.2. El Caso Polonia: desviación de la ruta democrática (los casos de Dinamarca, y, como luego veremos, Reino Unido, Italia... España, y sigue...) ............................................................................................... 223
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2.3. Nacionalismos e intolerancia en Europa: la crisis cronificada, más allá del euro .................................................................................. 226 2.4. La extrema derecha europea: otra serpiente en el huevo ............... 231 2.5. Democracia vs. populismo (El precedente italiano ¿patología o premonición?) ...................................................................................... 234 2.6. Otros casos: España (y sigue...) ......................................................... 236 3. El caso de polonia y sus secuelas en la UE: el sindrome de putinización .. 242 3.1. Breve noticia histórico-constitucional de Polonia: encuadre de la reforma de la Justicia Constitucional ................................................ 242 3.2. El Gobierno de Ley y Justicia: La iniciativa de reforma del Tribunal Constitucional de Polonia ............................................................ 248 3.3. El Informe del Consejo de Europa sobre la reforma polaca .......... 254 3.4. Valoración de las conclusiones del Informe de la Comisión de Venecia .................................................................................................. 257 4. El caso de Polonia ante el parlamento europeo ......................................... 257 5. Reflexión final ................................................................................................. 263
Capítulo VIII Capítulo de conclusiones 1. Sin presupuesto ni recursos no habrá lecciones de la crisis ..................... 273 2. Aquella foto del Garibaldi ............................................................................. 276 3. ¿Es la fascistización una amenaza en Europa? ........................................... 279 4. UK-UE: ‘Unhappy ending’ ............................................................................ 281 5. Referéndum: sí o no, según y cómo ............................................................. 283 6. ¿Naufragio europeo? ¿uno más? .................................................................. 286 7. Salir significa salir. Y salir... significa perder .............................................. 288 8. Brexit: (otro) referéndum en el que todos perdImos ................................ 290 9. ¿Brexit… más cerca de UExit? ..................................................................... 294 10. Reino Unido: Estrella caída... ....................................................................... 298 11. ¿De sueño europeo a pesadilla? ¿qué hay de nuevo en esta crisis? ......... 300 12. Visas humanitarias: al menos una vía legal para los perseguidos ........... 303 13. La UE no es un libro en blanco .................................................................... 306
Capítulo IX
Bibliografía ............................................................................................................ 311
Capítulo I
Introducción: Prontuario de problemas 1. SCHENGEN EN SUSPENSIÓN: ¿EL PRINCIPIO DEL FIN DE LO MEJOR DE LA UE? Desde el arranque de la crisis que inició allá en 2008, los ciudadanos europeos hemos acumulado evidencias de que su pésimo manejo, diagnóstico equivocado y contraproducente terapia –la cronificación de la ‘austeridad recesiva’ impuesta desde 2010, indiferente a sus costes– dieron en tornar de consuno aquella Gran Recesión en una glaciación europea en la que durante un período prolongado vinieron a desdibujarse, una a una, una tras otra, las ambiciones proclamadas en el Tratado de Lisboa (TL) que, en 2009, supuso la desembocadura del ciclo constitucional europeo abierto a principios de siglo por la Convención puesta en marcha tras el Tratado de Niza (2001). Durante los diez largos años de esta dilatada crisis –sin duda, la peor de la historia de la construcción europea–, la UE ha visto sucederse episodios que empeoraban en algo cada capítulo anterior sin resolver ninguno. De modo que aún no puede afirmarse que hayan quedado superados ni queden atrás en la historia ni el sufrimiento de Grecia (la llamada “crisis griega”), ni los “choques asimétricos” de la “deuda soberana” (las primas de riesgo distantes en la moneda única de los países del euro), ni los excesos bancarios (que tanto han costado al bolsillo de los contribuyentes), ni la depauperación de las clases medias ni la exasperación de las desigualdades (germen de la oleada de populismos rampantes), ni la disolución de la confianza mutua (espuela de nacionalismo y neoproteccionismo) ni el deterioro del clima de entendimiento y afecto del que precisa el estatus de ciudadanía europea, frente a las opiniones públicas cada vez más divorciadas entre los Estados miembros.
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Tras la estela de todas las demás acepciones de la crisis, Europa se ha visto abismada –y no por primera vez a lo largo de su historia– ante un acuciante reto de hondo cariz humanitario: el drama que ha dado en llamarse “crisis de los refugiados”. Y esa dimensión nos ha impuesto a millones de europeos una estampa desolada: la de una UE malherida por su inacción o indiferencia ante la multiplicación de malas noticias, trágicas, al margen de su mayor o menor repercusión mediática. Pensemos en los menores. En esos niños cuya muerte – como un día lo fue Aylan en una playa de Turquía, y tiempo después fue Samuel en una playa de Cádiz– no debería ser despachada como una viñeta fugaz en los informativos y un enjuague de conciencia con expresiones rituales de consternación o “vergüenza” a todo lo ancho de la UE: miles de seres humanos se ahogan en alta mar en su intento de alcanzar desesperadamente alguna costa europea y sin que sus cadáveres lleguen arrastrados siquiera a las playas de sus Estados ribereños, ante la vacilante, contradictoria o insuficiente respuesta de nuestras instituciones y arquitectura europea, casi siempre por detrás de la solidaridad proveída por europeos de carne y hueso con cargo a sus propias fuerzas, recursos y energías morales. Baste, para comprobarlo, constatar con pesadumbre cómo, hasta la fecha, el correlato patético del desconcierto reinante entre los Estados miembros (EE.MM) de la construcción europea ha acarreado un paulatino desmoronamiento de Schengen, –probablemente el activo de la construcción europea más apreciado y querido por las generaciones vivas de ciudadanos europeos–, cuyo fruto más granado –la libre circulación sin fronteras interiores– ha padecido el riesgo cierto de “desaparecer en combate”. Pareciera que los ministros de Interior de los EE.MM, cabalgando a lomos del miedo, lejos de proveer seguridad frente al pánico, hubieran resuelto pergeñar decisiones que marcaran un minuto de infamia –ciertamente, no de gloria– en el reloj del Consejo: mezclando la reacción de dolor e indignación (tan fundada como generalizada) frente a atentados terroristas (cuyos perpetradores no nos visitaban de fuera) con una mirada cargada de negativismo y prejuicio contra toda forma de extranjería (incluyendo a los demandantes de asilo y refugio en Europa), se ha abierto cauce a un retroceso en el
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acquis de la libertad de movimientos sin fronteras en el interior de la UE: Un retroceso que ha supuesto la prolongación de la suspensión de la libre circulación de personas por dos años en reiteradas ocasiones. Lo que en la práctica ha supuesto, en la percepción de muchos,…” el principio del fin de Schengen”. Dicho, de otra manera,… el principio del fin de lo mejor de la UE. Para calibrar la entidad de esta secuencia, merecen mención distinguida algunas derivas legislativas particularmente nocivas; aquéllas que, so pretexto de la así denominada ‘crisis de refugiados’ han venido adoptando diversos EE.MM para restringir la libre circulación de personas y para desalentar la inmigración en frontera. ¿Resulta o no ilustrativo el caso de Dinamarca, país tradicionalmente ejemplar en materia de derechos y libertades, con su reciente ley que permite la confiscación y materialización de bienes y de efectos personales para financiar la estancia de personas que buscan refugio en la UE? ¿Acaso no es escalofriante la revelación de Europol, agencia europea que estructura la cooperación de los cuerpos de seguridad de los EE.MM en el campo de la investigación y persecución de delitos de ámbito transnacional, por la que hemos conocido que no menos de 10.000 niños refugiados habrían “desaparecido” en territorio europeo…para caer en manos de sofisticadas redes paneuropeas de tráficos ilícitos de seres humanos, abandonados en manos de alimañas para prostituirlos o usarlos para traficar con droga o con sus propios órganos, en lo que supone un caso de aterradora abyección? Tan oscuros episodios ponen de manifiesto hasta qué punto esta interminable crisis que hemos llamado “policrisis” –una crisis de mil caras que se nos explicó como una “crisis financiera”– ha venido socavando sucesivamente las dimensiones económicas, sociales y político-institucionales de la construcción europea, hasta haberse transmutado en una verdadera y profunda crisis existencial para la UE como proyecto y como “historia de éxito”. Resulta impostergable pues, anudar sin más demora los análisis con las acciones, y las elaboraciones teóricas con las decisiones. Para que lo que Jacques Delors, mítico Presidente que fue de la Comisión
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Europea, describió una vez con la metáfora de la “bicicleta que, si no se pedalea, se cae”, no contradiga por más tiempo esta UE ahora instalada en su inercia más sombría desde su fundación. En la que la bicicleta no avanza sino retrocede, minada por la desunión y la insolidaridad. Habituada a un estado de alarma tendencialmente permanente. Y en la que se abandona a su suerte no solamente a quienes respondan de su frontera más vulnerable –pongamos que hablamos de Grecia (en el “hotspot” de Lesbos), sañudamente empobrecida y sobre todo desbordada por su proximidad con Turquía, pongamos que hablamos de Italia (en el “hotspot” de Lampedusa), asimismo desbordada por su proximidad con Libia–, sino, lo que es más grave, a millones de seres expuestos a redes mafiosas que trafican con personas a las que se conmina a la desesperación o a la muerte. La Comisión Europea es “guardiana de los Tratados”: por más que la policrisis se lo haya puesto más difícil que nunca antes en la historia, debe actuar más y mejor. También para defender los “valores europeos” (art. 2 TUE) cuestionados gravemente en no pocas ocasiones por no menos Gobiernos nacionales en los EE.MM. Baste pensar en el caso singularmente notorio del Gobierno que preside el ultraconservador Viktor Orbán en Hungría desde 2010, promotor de sucesivas reformas constitucionales impuestas desde el rodillo de su mayoría absoluta, y de un aberrante referendum (que tuvo lugar el 2 de octubre de 2016) contra la decisión adoptada en el Consejo (¡del que Orbán forma parte como primer ministro!) de “reasentar” refugiados por “cuotas.” Tal como ha hecho el Parlamento Europeo en sucesivas ocasiones, la Comisión debe decirle con claridad al Gobierno del primer ministro Viktor Orbán –por si aún no se ha enterado– que incorporarse a la UE significa formar parte de un espacio de derechos y de oportunidades (ej; los Fondos Estructurales, de los que tanto se beneficia, y sobre los que gravitan numerosas investigaciones por corrupción), pero también de deberes y obligaciones recíprocas. Que formar parte de un “espacio libre de pena de muerte” excluye toda tentativa de debate oportunista y demagógico sobre su reinstauración…y que quien quiera que introduzca un asunto de ese calado en el debate político tendrá que responder por ello ante el conjunto de la UE. Porque cues-
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tiona una conquista de la civilización del Derecho y de las libertades de alcance hoy paneuropeo, que debe ser preservada activamente por la Comisión en su rol de “Guardiana de los Tratados, como así mismo ante el Pleno del Parlamento Europeo. Cuando un gobernante de la UE se atreve a hablar –como ha llegado a hacerlo Orbán ante el Europarlamento– de la potencial reinstauración de la pena de muerte como un objeto hipotético del que se pueda discutir bajo la invocación de la “libertad de expresión”, falta al respeto al contrato que firmó cuando Hungría pasó a formar parte de la UE. La alarma se había disparado ya antes en muchos de nosotros. Con el exclusivo apoyo de su propia mayoría parlamentaria (el ultraderechista Fidesz, alineado hasta hoy en la familia del PPE), el Gobierno de Orbán acometió ya en 2011 una sucesión de reformas de la Constitución húngara –en vigor desde el año 2012– que acarreó sin complejos un severo retroceso de la democracia en la UE. Se acompañó esta involución de una exaltación retórica de lo que, en sus propios términos, viene denominándose “democracia iliberal”. Bajo esta etiqueta, el Gobierno de Orbán se ha aprestado a ejecutar –como continúa haciendo hoy–, políticas restrictivas de derechos, libertades y garantías judiciales, sin reparar en mientes. Así, en asuntos capitales– la independencia judicial o el pluralismo informativo– para la reconocibilidad de un Estado de Derecho tal como lo interpretan los comúnmente llamados “criterios de Copenhague” para los candidatos a toda eventual adhesión. Así también en lo tocante a otras cuestiones sensibles –la criminalización de los “sin techo”, por señalar solo un ejemplo– por más que estas contraríen los valores de la UE, menoscabando así derechos y libertades que muchos identificamos como parte sustancial del acervo europeo. En modo asimismo ilustrativo de la deriva aquí advertida, en 2011 el partido Finlandeses Auténticos, dirigido por Timo Soini, devino tercera fuerza electoral en Finlandia con un discurso ultranacionalista, agresivo contra toda inmigración, y profundamente antieuropeo. Y el UKIP de Nigel Farage pasaba a ser la fuerza más votada en el Reino Unido en las elecciones europeas de 2014. Y fue noticia tam-
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bién cómo, desde aquel domingo 6 de diciembre de 2015, el Front National, formación ultraderechista liderada por la eurodiputada Marine Le Pen, daba prueba de su pujanza en una sociedad acuciada por la zarpa del terror que la había golpeado con saña el anterior 13 de noviembre: fue la fuerza más votada en las elecciones regionales, con un 29,1% de los votos, por delante de la derecha PPE liderado en aquel momento por Nicolas Sarkozy, (26,78%) y del PSF dirigido entonces por François Hollande (22,99%), quien, pese a su efectista respuesta tras los terroríficos atentados en París –con el constante uso de símbolos del Estado, la Marsellesa y la bandera tricolor–, no pudo desactivar el discurso del odio y la islamofobia esgrimido por Le Pen. El ultraderechismo y sus huestes han reforzado el componente identitario y primario de un repliegue nacional que ha cobrado aliento más allá del Hexágono, en una confrontación “cultural” frente a las “amenazas” supuestas por la inmigración y, muy particularmente, frente a la comunidad musulmana, estigmatizada de un modo cada vez más desinhibido como una amenaza inminente para la “Francia para los franceses” preconizada por el FN. No obstante, precisamente por este contexto adverso, que atraviesa las fronteras europeas al tiempo que las restablece, las acciones llevadas a cabo por Orbán y otros cofrates de la ultraderecha europea exigen una acción europea, del Consejo Europeo, de la Comisión Europea y del Parlamento Europeo. Lamentablemente, ni el Consejo (crecientemente habitado por esa parte del problema que hace más improbable que pueda acometer desde dentro) ni, aun peor, la Comisión, se han mostrado hasta ahora capaces de imponer el llamado “mecanismo del Estado de Derecho” para evaluar el deterioro de la calidad democrática, del respeto de los derechos de las minorías, de la independencia judicial y del derecho al juez predeterminado por la ley, que se ha consumado en Hungría de la mano de la reforma constitucional con los votos de Fidesz (el PP húngaro ultraderechista). Así, clamorosamente lo pone de manifiesto nada más y nada menos que la presentación de una iniciativa ciudadana europea registrada el 30 de noviembre de 2015 ante la Comisión Europea para exigir
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la aplicación del artículo 7 del TUE: el dispositivo que prevé que, por mayoría cualificada, el PE solicite al Consejo que considere la retirada de sus derechos de voto a cualquier Estado miembro donde se haya constatado una quiebra grave y sostenida de los principios fundamentales de la construcción europea. EL PE votó favorablemente una Resolución en este preciso sentido –activar la aplicación del art. 7 TUE– en su Pleno de Estrasburgo del 17 de mayo de 2017,
2. LIBRE CIRCULACIÓN, ¿DESAPARECIDA EN COMBATE? Para explicarnos lo ocurrido, vale la pena recordar que a lo largo del doloroso y prolongado duelo que sucedió en toda Europa a la masacre de París (los atentados perpetrados la noche del “Bataclán”, 13 de noviembre de 2015), escuchamos a los principales responsables de las instituciones europeas asegurarnos una y otra vez que los terroristas “no se saldrían con la suya”, haciéndonos retroceder en las libertades trabajosamente conquistadas en Europa. Singular preocupación ha suscitado desde entonces el destino del preciado acervo Schengen, metáfora de la apuesta europea por la gestión integrada de las fronteras exteriores y la garantía del disfrute de la libre circulación de personas. Porque, efectivamente, apenas semanas después de aquella tarrible conmoción que sacudió a la UE entera, los ciudadanos europeos asistimos a un despliegue sin precedentes de discursos que abrazaban explícitamente la retórica de “la guerra” –sin concreción de objetivos militares y estratégicos, empezando por qué hacer con el territorio y la población actualmente sometidos al control del Daesh–, y a medidas que –bajo la cobertura de “emergencia” y/o “excepción”–, postulaban sin ambages la suspensión o el retroceso de sus libertades arduamente conseguidas. Empezando –cómo no haberlo sospechado, si era lo que más temíamos– por la libre circulación de personas sin fronteras interiores en el Espacio Schengen. En efecto, mal que nos duela, la libre circulación de personas –que es el activo más precioso de la construcción europea– se ha perfilado desde entonces como la pieza más damnifi-
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cada en el estado de emergencia que sacudiría Europa, bajo sus diversas acepciones jurídicas en cada ordenamiento nacional. En ese estado de cosas, el Parlamento Europeo se reunió en Estrasburgo en su sesión plenaria –que, no se olvide, ostenta esa sede en Francia (Alsacia). Los parlamentarios europeos que acudíamos a nuestro trabajo debimos identificarnos dos veces con nuestro pasaporte o carnet de identidad al acceder a un aeropuerto de nuestro querido Espacio Schengen de libre circulación; y otras tres al utilizarlo, de nuevo cuatro días después, para volar de regreso a nuestras circunscripciones. Y esa ha sido la práctica desde entonces hasta hoy, sin solución de continuidad. Una primera consecuencia es que el acquis más apreciado por la ciudadanía ha sido sometido abruptamente a la interposición de barreras y controles extraordinarios, contrarios a la libre circulación de personas, como no habíamos conocido en los últimos 25 años. Pero una reflexión obligada nos convoca a criticar la praxis por la que los Gobiernos nacionales de los EE.MM. se han aprestado a orquestar medidas aparentemente efectistas a la vista de su impacto sobre los hábitos consolidados de los transeúntes europeos, y consiguientemente sobre nuestras vidas cotidianas. Parece fácil de comprender la necesidad de enlazar con la percepción social de la situación de “emergencia”. Pero tan espectaculares medidas de poco ayudarían, vistas sus limitaciones, si no las acompañamos de las más estructuradas que exige la seguridad a la que los europeos tienen derecho fundamental (art. 6 CDFUE). El Consejo Europeo extraordinario, reunido el 28 de noviembre del mismo año 2015, decidió, en un clima enrarecido por esa angustia seguritaria, “inyectar “ nominalmente (¡aunque no se supiera de dónde saldría el dinero!) 3.000 millones de euros para “ayudar” a Turquía a “contener” refugiados sirios dentro de su territorio... ¡con el señuelo adicional de “acelerar” negociaciones con vistas a la adhesión futura de Turquía a la UE!