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Coordinador
El doctor Jacinto Valdés Martinez delineó su pensamiento filosófico-jurídico un 23 de septiembre de 2010. Ese día —sin imaginarlo—, perfiló el Decálogo del Jurista Contemporáneo, es decir, ese jurista —en palabras de Jacinto— que no evade los retos que la modernidad le plantea, sino que asume su profesión con una mirada frontal y decidida a la realidad, a los hechos del caso, a sus circunstancias, a lo que le es debido a alguien. De esta forma citando a su buen amigo Carlos Massini, afirmaba que «la sustancia de lo jurídico tiene como zócalo o piedra basilar a lo justo entendido como lo debido, evitando caer en la mirada individualista y subjetivizada que es propia del modelo ilustrado». Con ese impulso, y en torno a los puntos del Decálogo, los colaboradores de esta obra acercamos algunas reflexiones desde el paradigma del realismo jurídico clásico, reflexiones las cuales parten de aquella célebre idea de Chartres, quien afirmaba convencido que los contemporáneos, al abrevar de los clásicos, no éramos sino «enanos encaramados en hombros de gigantes. Nuestra mirada puede abarcar más cosas y ver más lejos que ellos. No porque nuestra vista sea más penetrante y nuestra estatura mayor sino porque nos ha elevado su altura gigantesca». Gracias doctor Jacinto por tus enseñanzas…
FRANCISCO VÁZQUEZ GÓMEZ BISOGNO
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EL DECÁLOGO DEL JURISTA CONTEMPORÁNEO
Memorias del pensamiento ius-filosófico de Jacinto Valdés Martínez
Coordinador
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FRANCISCO VÁZQUEZ GÓMEZ BISOGNO Colaboradores
JUAN CIANCIARDO JUAN ABELARDO HERNÁNDEZ FRANCO CARLOS MASSINI CORREAS JOSÉ MANUEL NÚÑEZ PLIEGO RODOLFO LUIS VIGO ANTONIO-CARLOS PEREIRA MENAUT EDUARDO PRECIADO BRISEÑO HUGO SAÚL RAMÍREZ GARCÍA GUILLERMO ANTONIO TENORIO CUETO
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EL DECÁLOGO DEL JURISTA CONTEMPORÁNEO Memorias del pensamiento ius-filosófico de Jacinto Valdés Martínez
COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT LO BLANCH María José Añón Roig
Javier de Lucas Martín
Ana Cañizares Laso
Víctor Moreno Catena
Catedrática de Filosofía del Derecho de la Universidad de Valencia Catedrática de Derecho Civil de la Universidad de Málaga
Jorge A. Cerdio Herrán
Catedrático de Teoría y Filosofía de Derecho. Instituto Tecnológico Autónomo de México
José Ramón Cossío Díaz Ministro de la Suprema Corte de Justicia de México
Eduardo Ferrer Mac-Gregor Poisot
Presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM
Owen Fiss
Catedrático emérito de Teoría del Derecho de la Universidad de Yale (EEUU)
José Antonio García-Cruces González
Catedrático de Derecho Mercantil de la UNED
Luis López Guerra
Juez del Tribunal Europeo de Derechos Humanos Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Carlos III de Madrid
Ángel M. López y López
Catedrático de Derecho Civil de la Universidad de Sevilla
Marta Lorente Sariñena
Catedrática de Historia del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid
Catedrático de Filosofía del Derecho y Filosofía Política de la Universidad de Valencia Catedrático de Derecho Procesal de la Universidad Carlos III de Madrid
Francisco Muñoz Conde
Catedrático de Derecho Penal de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla
Angelika Nussberger
Jueza del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Catedrática de Derecho Internacional de la Universidad de Colonia (Alemania)
Héctor Olasolo Alonso
Catedrático de Derecho Internacional de la Universidad del Rosario (Colombia) y Presidente del Instituto Ibero-Americano de La Haya (Holanda)
Luciano Parejo Alfonso
Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Carlos III de Madrid
Tomás Sala Franco
Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad de Valencia
Ignacio Sancho Gargallo
Magistrado de la Sala Primera (Civil) del Tribunal Supremo de España
Tomás S. Vives Antón
Catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Valencia
Ruth Zimmerling
Catedrática de Ciencia Política de la Universidad de Mainz (Alemania)
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EL DECÁLOGO DEL JURISTA CONTEMPORÁNEO Memorias del pensamiento ius-filosófico de Jacinto Valdés Martínez
FRANCISCO VÁZQUEZ GÓMEZ BISOGNO Coordinador
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JUAN CIANCIARDO JUAN ABELARDO HERNÁNDEZ FRANCO CARLOS MASSINI CORREAS JOSÉ MANUEL NÚÑEZ PLIEGO RODOLFO LUIS VIGO ANTONIO-CARLOS PEREIRA MENAUT EDUARDO PRECIADO BRISEÑO HUGO SAÚL RAMÍREZ GARCÍA GUILLERMO ANTONIO TENORIO CUETO FRANCISCO VÁZQUEZ GÓMEZ BISOGNO
Ciudad de México, 2018
Copyright ® 2018 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de los autores y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch México publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com/mex/
© Francisco Vázquez Gómez Bisogno y otros
© EDITA: TIRANT LO BLANCH DISTRIBUYE: TIRANT LO BLANCH MÉXICO Río Tiber 66, Piso 4 Colonia Cuauhtémoc Delegación Cuauhtémoc CP 06500 Ciudad de México Telf: (55) 65502317 infomex@tirant.com www.tirant.com/mex/ www.tirant.es ISBN: 978-84-9190-103-7 MAQUETA: Tink Factoría de Color Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicasde-empresa nuestro Procedimiento de quejas. Responsabilidad Social Corporativa: http://www.tirant.net/Docs/RSCTirant.pdf
Con profundo cariño y agradecimiento a mi maestro el doctor Valdés. A Elsa, las gemelas, Ana Carolina y Jacinto, quienes fueron el gran motor de su vida. A mis alumnos, esperando que estas reflexiones alienten su compromiso con el derecho, la justicia y la verdad. A mi Andrea, por su paciencia cariñosa a mi vocación docente. A la Universidad Panamericana, mi segundo hogar.
Índice Presentación: “El Decálogo del Jurista Contemporáneo”................................. 11 FRANCISCO VÁZQUEZ GÓMEZ BISOGNO
Prólogo. El paradigma del “realismo jurídico clásico”. Reencontrando una tradición jurídica................................................................................. 19 FRANCISCO VÁZQUEZ GÓMEZ BISOGNO
CAPÍTULO PRIMERO REENCONTRANDO LA CONCEPCIÓN DEL DERECHO Primero. Acepta con compromiso irrestricto la pluralidad de fuentes. Partiendo de dicha pluralidad encontrarás la respuesta razonable a los problemas jurídicamente relevantes que se te plantean.......................... 33 JUAN ABELARDO HERNÁNDEZ FRANCO
Segundo. Reconoce a los principios jurídicos como fuente privilegiada y no secundaria del derecho......................................................................... 45 FRANCISCO VÁZQUEZ GÓMEZ BISOGNO
Tercero. Acepta con inteligencia la relación incuestionable entre el derecho y la moral, sin generar uniones que confunden, ni distinciones que divorcian...................................................................................................... 85 HUGO S. RAMÍREZ GARCÍA
CAPÍTULO SEGUNDO REENCONTRANDO EL EJERCICIO DEL DERECHO Cuarto. Concibe y ejerce el derecho como una realidad prudencial jurídica, más que como una muestra de la ciencia entendida al modo positivista decimonónico............................................................................................. 103 ANTONIO-CARLOS PEREIRA MENAUT
Quinto. Asume la argumentación jurídica como un momento real e indispensable del oficio del jurista, tal como se ha reconocido por todas las posturas realistas e incluso algunas que no lo son................................... 125 RODOLFO LUIS VIGO
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Índice
Sexto. No agotes tu quehacer a la pura legalidad —al modo kelseniano— sino busca la justicia en el caso concreto.................................................. 139 EDUARDO PRECIADO BRISEÑO
Séptimo. Defiende la postura cognitivista, según la cual los bienes o valores pertenecen al mundo de la razón y no de la emoción, por lo que pueden ser objeto propio de argumentación......................................................... 153 JUAN CIANCIARDO
CAPÍTULO TERCERO REENCONTRANDO EL FUNDAMENTO DEL DERECHO Octavo. Afirma la existencia de derechos pre-positivos que, por lo mismo, reclaman su más pleno reconocimiento por parte del legislador........... 171 FRANCISCO VÁZQUEZ GÓMEZ BISOGNO
Noveno. Concibe y reflexiona sobre el hombre desde los presupuestos clásicos, que son siempre optimistas: “el hombre es capaz y está llamado a un crecimiento irrestricto hacia la perfección”..................................... 207 JOSE MANUEL NÚÑEZ PLIEGO GUILLERMO ANTONIO TENORIO CUETO
Décimo. Nunca olvides que el derecho es uno, pero en parte es natural y en parte es positivo..................................................................................... 223 CARLOS MASSINI CORREAS
Colaboradores................................................................................................ 243
Presentación “El sabio ve lo que todos ven y piensa lo que nadie piensa”1 Jaime Nubiola
La Universidad Panamericana —me dirijo a toda su comunidad académica— tiene una misión insustituible en los albores del s. XXI: ser transmisora de una tradición filosófica que con compromiso irrestricto busca incansablemente la verdad e intenta irradiar ese compromiso a todo el conocimiento científico. Esa tradición o paradigma2 suele denominarse “realismo filosófico clásico”. En palabras del fundador de nuestra Institución, la “… Universidad no vive de espaldas a ninguna incertidumbre, a ninguna inquietud, a ninguna necesidad de los hombres. Y su corazón vibra, apasionado, cuando las investigaciones —teológicas, jurídicas, biológicas o médicas— alcanzan la realidad sagrada de la vida. La Universidad sabe que la necesaria objetividad científica rechaza justamente toda neutralidad ideológica, toda ambigüedad, todo conformismo, toda cobardía: el amor a la verdad compromete la vida y el trabajo entero del científico, y sostiene su temple de honradez ante posibles situaciones incómodas, porque a esa rectitud comprometida no corresponde siempre una imagen favorable en la opinión pública” 3. Por tanto, todos aquellos que nos sentimos parte de esa comunidad académica —egresados, profesores y alumnos— debemos ser portadores, en el ámbito de la ciencia que desarrollemos, de esa misión que se hace tan necesaria en un mundo en el que el relativismo tramposo
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Nubiola, Jaime, El taller de la filosofía. Una introducción a la escritura filosófica, 2ª ed., España, Ediciones Universidad de Navarra, 2000, p. 36. El historiador y filósofo de la ciencia estadounidense Thomas Khun, señala que los “paradigmas” son “realizaciones científicas universalmente reconocidas, que, durante cierto tiempo proporcionan modelos de problemas y soluciones a una comunidad científica [es decir] el paradigma es aquello que comparten los miembros de una comunidad científica en particular.” (Véase Kuhn, Thomas S., La estructura de las revoluciones científicas, Breviarios del Fondo de Cultura Económica, 2006). Escrivá de Balaguer, Josemaría, “El compromiso de la verdad”, Diálogos sobre la Universidad, punto 8, http://www.escrivaobras.org/
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Francisco Vázquez Gómez Bisogno
nos invita a transitar por caminos que, parecen sí, mucho más sencillos, pero que resultan ciertamente riesgosos. A partir de ese relativismo filosófico “… la realidad [comenzó a concebirse] como un orden lógico desde el hombre [y] lo existente empieza a ser y sólo es si es colocado por el hombre que representa y elabora. [La] verdad equivale así a la certeza que el sujeto obtiene de haber asegurado metodológicamente la objetividad [por lo que] la atención se desplaza hacia los procedimientos del pensamiento, hacia las reglas y métodos de constitución del saber con indiferencia del dominio particular dentro del cual ellos mismos están llamados a operar” 4. Así, el hombre moderno le da la espalda al mundo y a la realidad para adentrarse en sí mismo. En este sentido, el iuspositivismo —representación más acabada de esa modernidad 5 y ese relativismo filosófico en el ámbito del derecho— terminaría por generar una modificación en su desarrollo que significó transitar de una filosofía jurídica del ser a una filosofía jurídica del pensar, es decir, mientras que en el mundo clásico el primer principio del que irremediablemente partía todo conocimiento (cualquiera que fuera su nivel de abstracción) era la evidencia del objeto y su esencia, siendo el hombre capaz de saber lo que las cosas son y no son (realismo filosófico clásico), para el mundo moderno, el ser o las cosas se transformarían en objetos que son sometidos al pensar debido a que la cosa en sí es incognoscible, por lo que el ser de las cosas es sólo un ser percibido y así, el primer problema filosófico para los modernos sería el problema del conocimiento, ya que las cosas, más que conocidas, son pensadas (relativismo filosófico)6; desde esta perspectiva lo fundamental ya no sería qué se conoce sino cómo pienso lo que conozco.
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Innerarity, Daniel, Dialéctica de la Modernidad, Madrid, Ediciones Rialp, 1990, pp. 13-20. Para efectos del presente análisis entenderemos por “mundo clásico” aquel universo configurado a partir del pensamiento filosófico en la época clásica y el Medioevo (siglo V a.C.-1453, año en que cayó Constantinopla, capital del Imperio Romano de Oriente); y por “modernidad” al pensamiento filosófico construido en la época moderna y contemporánea (siglo XV d.C.-hasta nuestros días). Cfr. Vigo, Rodolfo Luis, “Derecho y moral en el estado de derecho constitucional (proyecciones teóricas: iuspositivismo, neoconstitucionalismo y realismo jurídico clásico”, Prudentia Iuris, Argentina, núm. 74, 2012, p. 76.
Presentación
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Es, ante tal disyuntiva ius filosófica, que me di a la tarea de coordinar y participar en esta obra a efecto de interpelar a esa pequeña gran parte de la comunidad académica de la Universidad Panamericana, conformada por los egresados, profesores y alumnos de su Facultad de Derecho. De esta forma podremos abstraer del pensamiento del doctor Jacinto Valdés Martínez (q.e.p.d.), aquellas líneas de reflexión que más destacan y que reflejan con profunda exactitud ese paradigma, el cual, ya en el ámbito del derecho, habrá que denominarlo como “realismo jurídico clásico”. Por tanto, para todos los que nos consideramos juristas de la Universidad Panamericana y, ante todo, los que tuvimos el privilegio de ser amigos, alumnos o compañeros del doctor Jacinto Valdés Martínez, no hay duda de que su pensamiento jurídico, pero ante todo, su proceder humano, influyó de tal forma en nosotros que existen razones de sobra para realizar este esfuerzo académico que no tiene otra finalidad sino la de desarrollar una reflexión, a partir del pensamiento ius-filosófico de Jacinto Valdés Martinez, que nos permitirá conocer, vivir y transmitir de mejor manera ese compromiso con el derecho y la justicia, a partir de la identificación de lo que hemos denominado “el decálogo del jurista contemporáneo”. La apuesta es simple: si usted, querido Lector, se siente parte de la comunidad jurídico-académica de la Universidad Panamericana, el libro que tiene entre sus manos no puede serle ajeno. Permítame ponerle en contexto… Fue un 23 de septiembre de 2010 cuando el doctor Valdés se posesionó del atril en el auditorio de la Universidad Panamericana. Era la ceremonia por la cual la Facultad de Derecho reconocía a su profesorado. A mi maestro le correspondió explicar el significado de la medalla que se les otorgaba a los profesores universitarios con quince o más años de antigüedad. Así, con su insustituible ejemplo en el “hacer Universidad”, comenzó por referirse a san Josemaría Escrivá, señalando que son las “dotes excepcionales [las] que constituyen el modelo de vida buena para todos los que [hacen] posible la vida y la operación de nuestra Universidad”. Pero lo mejor estaba por venir. En aquel momento me desenvolvía como coordinador general de la Facultad de Derecho de nuestra Universidad, razón por
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Francisco Vázquez Gómez Bisogno
la cual, apenas un día después del evento —el 24 de septiembre— le escribí a Jacinto y le comenté: “Como te lo referí ayer, me gustaría contar con tu discurso a fin de poderlo conocer en toda su extensión […] considero que las ideas que expresaste deberían ser transmitidas de alguna manera a todos los profesores del Claustro, con el objeto de que todos tengamos claro cuál es la visión del Derecho que debemos transmitir en las aulas y así no perder nunca la brújula de lo que debe distinguirnos de las demás Escuelas o Facultades de Derecho. En este propósito, además de pedirte tu discurso, solicito tu permiso para abstraer las ideas fundamentales […] a fin de […] difundir esto a todos los profesores. Todo esto con el único afán de fortalecer e incrementar el espíritu de cuerpo que ayer se sintió de manera muy concreta”7.
A la postre Jacinto me confesaría en su respuesta lo siguiente: “Me basé en un guion que tenía las ideas principales del discurso, salvo algunas frases que quise leer textuales por tratarse de San Josemaría, sobre quien no quise improvisar por tratarse de una figura que es necesario cuidar en todos los detalles”8.
Eso habla del cuidado que Jacinto ponía a los detalles y a las cosas pequeñas. Pero permítame regresar a la narración. Después de citar a san Josemaría, continuó su discurso aludiendo al jurista argentino —y buen amigo suyo— Carlos Massini, afirmando que “la sustancia de lo jurídico tiene como zócalo o piedra basilar a lo justo entendido como lo debido, evitando caer en la mirada individualista y subjetivizada que es propia del modelo ilustrado”. Y es que, querido Lector, Jacinto fue un férreo promotor de advertir los efectos de la modernidad, de esa modernidad sin calificativos, sin adjetivos y sin complementos, es decir, Valdés Martínez fue un férreo crítico del pensamiento moderno original. Quienes lo conocimos a fondo podemos testimoniarlo. En otro de los correos electrónicos que atesoro me escribía: “En verdad, quien no entiende la Modernidad, poco entiende de los modos de pensar el Derecho”9.
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Correo electrónico enviado al doctor Valdés. 24 de septiembre de 2010. Correo electrónico recibido del doctor Valdés. 26 de septiembre de 2010. Correo electrónico recibido del doctor Valdés. 12 de julio de 2012.
Presentación
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Es, a partir de tal entendimiento, que mi maestro siempre luchó por ser lo ecuánime que la circunstancia le exigía y su fuerte personalidad le permitían, pero en esa batalla nunca desperdició momento alguno para defender e impulsar el paradigma del realismo jurídico clásico. Por ello, no será difícil entender lo que siguió en aquel discurso: ¡con la voz afable que le caracterizaba! y haciendo referencia a Alfonso X el sabio, afirmaba: “… célebre monarca altomedieval cuyos conocidos méritos y representación histórica proyectan de modo indubitable la tradición jurídica a la que pertenecemos como institución de educación superior y que, sin el más mínimo ánimo de agotar sus rasgos o perfiles, éstos se podrían compendiar en la siguiente nómina…”10.
Así, el doctor Valdés actualizaba la frase que de Nubiola elegí como proemio de esta breve presentación: “el sabio ve lo que todos ven y piensa lo que nadie piensa…” Es decir, el doctor Valdés se dio a la tarea de proponer a la comunidad académica a la que él pertenecía, lo que nunca nadie había propuesto: un decálogo de valores, ideales y principios fundamentales de deberían caracterizar el quehacer profesional de aquellos que nos consideráramos miembros de esa comunidad científica que defiende el paradigma del realismo jurídico clásico, lo que, irremediablemente nos convierte en herederos e impulsores de ese legado cuyo resguardo y garantía le corresponde, entre otras, a la comunidad jurídicoacadémica de la Universidad Panamericana. Por tal motivo, desde ahora hago votos para que si usted, querido Lector, se considera parte de esa comunidad científica, podamos asumir con valentía, talante y talento el compromiso en torno a tan importante legado, ya que desde aquel 23 de septiembre de 2010, la tradición jurídica a la que el doctor Jacinto Valdés Martínez proponía fuéramos herederos e impulsores como parte de la Facultad de Derecho de la Universidad Panamericana —egresados, profesores y alumnos—, se hace consistir del siguiente decálogo: Primero.- Acepta con compromiso irrestricto la pluralidad de fuentes. Partiendo de dicha pluralidad encontrarás la respuesta razonable a los problemas jurídicamente relevantes que se te plantean.
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Discurso pronunciado por el doctor Jacinto Valdés Martínez. Ceremonia de imposición de corbatas y entrega de reconocimientos al profesorado. Mixcoac, Ciudad de México, 23 de septiembre de 2010.
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Francisco Vázquez Gómez Bisogno Segundo.- Reconoce a los principios jurídicos como fuente privilegiada y no secundaria del derecho. Tercero.- Acepta con inteligencia la relación incuestionable entre el derecho y la moral, sin generar uniones que confunden, ni distinciones que divorcian. Cuarto.- Concibe y ejerce el derecho como una realidad prudencial jurídica, más que como una muestra de la ciencia entendida al modo positivista decimonónico. Quinto.- Asume la argumentación jurídica como un momento real e indispensable del oficio del jurista, tal como se ha reconocido por todas las posturas realistas e incluso algunas que no lo son. Sexto.- No agotes tu quehacer a la pura legalidad —al modo kelseniano—, busca la justicia en el caso concreto. Séptimo.- Defiende la postura cognitivista, según la cual los bienes o valores pertenecen al mundo de la razón y no de la emoción, por lo que pueden ser objeto propio de argumentación. Octavo.- Afirma la existencia de derechos pre-positivos que, por lo mismo, reclaman su más pleno reconocimiento por parte del legislador. Noveno.- Concibe y reflexiona sobre el hombre desde los presupuestos clásicos, que son siempre optimistas: “el hombre es capaz y está llamado a un crecimiento irrestricto hacia la perfección”. Décimo.- Nunca olvides que el derecho es uno, pero en parte es natural y en parte es positivo.
Ahora que termino de escribir estas líneas, querido Lector, me convenzo de aquello que le dije a Jacinto un día después de la ceremonia: “las ideas que expresaste deberían ser transmitidas de alguna manera a todos los profesores del Claustro, con el objeto de que todos tengamos claro cuál es la visión del Derecho que debemos transmitir en las aulas y así no perder nunca la brújula de lo que debe distinguirnos de las demás Escuelas o Facultades de Derecho”. Mi maestro, jefe y amigo sólo dijo lo siguiente: “Te anexo el guión que usé (nunca me ha gustado leer discursos, sino darlos), tal cual, pues me parece que si te lo comparto, me podrías ayudar a completarlo de alguna manera, pues siempre es muy recomendable tener a alguien que te ayude a objetivar el pensamiento. Por favor, te ruego no tengas reparo, por el contrario, a decirme si debo incluir algo más o debo decir de manera diferente lo que ya he dicho. Me ayudarás mucho”11.
Debo confesar, querido Lector, que hasta este momento —ocho años después— hago algo por transmitir el pensamiento de mi maestro. No
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Correo electrónico del Dr. Valdés de fecha 28 de septiembre de 2010.
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me arrepiento porque Dios sabe cuándo deben suceder las cosas. No hay duda de ello. Y no hay duda en torno a que el tiempo presente es lo mejor que tenemos, al punto de que hoy puedo dar las gracias a grandes juristas, a grandes filósofos, a grandes amigos de Jacinto que no han tenido reserva alguna en colaborar en esta obra, en la que, a partir de un diálogo con el decálogo que dejara bosquejado mi maestro en aquel discurso del 23 de septiembre de 2010, nos comparten una serie de ensayos que nos ayudan a conmemorar y profundizar en su pensamiento ius filosófico. Todos ellos aceptaron de inmediato la propuesta de participar en este homenaje. De esta forma, las colaboraciones de los doctores Juan Cianciardo, Juan Abelardo Hernández Franco, Carlos Massini Correas, José Manuel Núñez Pliego, Antonio-Carlos Pereira Menaut, Eduardo Preciado Briseño, Hugo Ramírez García, Guillermo Tenorio Cueto y Rodolfo Luis Vigo, engalanan estas líneas y permiten presentar a la comunidad jurídica, con una renovada visión: “El decálogo del jurista contemporáneo. Memorias del pensamiento ius-filosófico de Jacinto Valdés Martínez”. La obra persigue una misión muy concreta: acercar la tradición del realismo jurídico clásico al novel jurista como un paradigma que aún tiene mucho que aportar al saber del derecho. Si exalumnos, profesores y alumnos podemos caminar en ese rumbo, y ponemos en práctica el decálogo que nos legó Jacinto Valdés Martínez, no tengo duda de que nos acercaremos a materializar el ideal jurídico de la civilización occidental: “que la dignidad humana y los derechos humanos a ella inherentes, se impongan a la voluntad de quienes detentan el poder”. Acercarnos al decálogo del jurista contemporáneo y reencontrarnos con el realismo jurídico nos permitirá —a nosotros los juristas modernos— relacionarnos con los juristas clásicos, y advertir que “… somos enanos encaramados en hombros de gigantes. Nuestra mirada puede abarcar más cosas y ver más lejos que ellos. No porque nuestra vista sea más penetrante y nuestra estatura mayor, sino porque nos ha elevado su altura gigantesca” 12.
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Citado por Carmona Fernández, Fernando, La mentalidad literaria medieval. Siglos XII y XIII, Universidad de Murcia, Servicio de Publicaciones, 2001, p. 44, http://books.google.com.mx/, fecha de consulta: 24 de septiembre de 2012.
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Francisco Vázquez Gómez Bisogno
Sólo de esta forma nuestra mirada podrá —glosando a Chartres— abarcar más cosas y ver más lejos que la de aquellos juristas clásicos; no porque nuestra vista sea más penetrante y nuestra estatura mayor, sino porque nos ha elevado su altura gigantesca. Parafraseando al poeta Antonio Machado, de lo que se trata es cosechar flores nuevas en raíces viejas. Gracias infinitas al doctor Jacinto Valdés Martínez (†) por su legado. FRANCISCO VÁZQUEZ GÓMEZ BISOGNO
Prólogo. El paradigma del “realismo jurídico clásico”. Reencontrando una tradición jurídica FRANCISCO VÁZQUEZ GÓMEZ BISOGNO1 “En la justicia está toda virtud en compendio”2 Aristóteles
A) EL “REALISMO JURÍDICO CLÁSICO” COMO PARADIGMA En 1949, Eduardo J. Couture escribió lo que años después sería popularmente conocido como el decálogo del abogado. En tal legado, el jurista uruguayo invitaba al profesional del Derecho a lo siguiente: “Estudia: el derecho se transforma constantemente. Si no sigues sus pasos, serás cada día un poco menos [jurista]” 3. Lo que Couture tenía claro es que al igual que la ética, “la abogacía es un constante ejercicio de la virtud [ya que] la tentación pasa siete veces cada día por delante del abogado [pudiendo] hacer de su cometido (…) la más noble de todas las profesiones o el más vil de todos los oficios. [Así] la abogacía es — afirmaba el jurista uruguayo— un constante servicio a los valores superiores que rigen la conducta humana [debido a que] la profesión demanda, en todo caso, el sereno sosiego de la experiencia y del adoctrinamiento en la justicia; pero cuando la anarquía, el despotismo o el menosprecio a la condición del hombre sacuden las instituciones y hacen temblar los derechos individuales, entonces la abogacía es militancia en la lucha por la libertad” 4.
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El autor es Doctor en Derecho por la Universidad Panamericana y profesor de Derecho Constitucional en la misma casa de estudios, Investigador Nacional Nivel 1 del Sistema Nacional de Investigadores, CONACYT. 2 Aristóteles, Ética Nicomaquea, 17ª ed., trad. de Antonio Gómez Robledo, México, Porrúa, 1998, colección “Sepan cuantos…”, p. 59. 3 Couture, Eduardo, J, Los mandamientos del abogado, Buenos Aires, Depalma, 1962, p. 11. 4 Ibídem, p. 17.
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Francisco Vázquez Gómez Bisogno
No por nada el Estagirita afirmaría sin reserva —parafraseando a Teognis de Megara— que en la justicia está toda virtud en compendio, ya que para nadie es desconocido que el principal reto de todo jurista consiste en encontrar respuestas y soluciones justas a los casos concretos que le son sometidos a su consideración. De hecho, en uno de los momentos cruciales de su carrera —al recibir el título profesional—, el novel jurista promete “tened presente ante todo, no emplear sus conocimientos si no en servicio de las causas justas desempeñando la importante función social de consejero y director de quienes no poseen la ciencia del Derecho” 5. Es por ello que, primordialmente y en cumplimiento a tal promesa, debe escudriñar en los hechos del caso concreto esforzándose en identificar la existencia de una o varias deudas, para luego, reconocer y tutelar el derecho subjetivo que se encuentre en juego y proteger así a la persona a la que le sea debido algo. No por nada Ulpiano recomendaba al que habría de dedicarse al Derecho que conociera primeramente de dónde deriva el nombre de ius (derecho). Es llamado así —afirmaba el jurisconsulto romano— por derivar de justicia6. Por ello el jurista puede (o debería) ser considerado el científico de la justicia, ya que debe poseer un saber práctico que comporte un discernimiento fundamental: el de lo justo y el de lo injusto, el del derecho y el de la lesión del derecho7. Desde esta perspectiva, no hay duda de que el fin del Derecho es por demás simple (la justicia), aunque su concreción llegue a dificultarse considerablemente (darle a cada quien lo suyo). Es más, la simpleza del Derecho por lo que respecta a la finalidad mencionada, se ha matizado considerablemente debido, en gran medida, a que “después de la triunfante Revolución francesa se expande en Europa un nuevo y peculiar modo de comprender y operar con el derecho que constituye un auténtico ‘paradigma’ (Kuhn) al que podemos llamarlo ‘dogmático, exegético,
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Parte de la fórmula con la que los egresados de la Facultad de Derecho de la Universidad Panamericana protestan el título que los ostenta como licenciados en Derecho. “Iuri operam daturumpriusnosseoportet, unde nomen iuris descendat, est autem a iustitia appellatum…” cfr. Digesto 1,1,1. Aparisi Millares, Ángela, Ética y deontología para juristas, Madrid, Eunsa, 2006, p. 193.