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Memorias de libros. Censura y comercio de libros en Nueva España. Siglo XVII


Comité Científico De La Editorial Tirant Humanidades Manuel Asensi Pérez Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València Ramón Cotarelo Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia M.ª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València Juan Manuel Fernández Soria Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València Pablo Oñate Rubalcaba Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València Joan Romero Catedrático de Geografía Humana Universitat de València Juan José Tamayo Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid

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Antonio Cortijo Ocaña

Memorias de libros. Censura y comercio de libros en Nueva España. Siglo XVII

tirant humanidades Valencia, 2023


Copyright ® 2023 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de la autora y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant Humanidades publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com.

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Antonio Cortijo Ocaña

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Para Sara Poot Herrera, amiga y estudiosa de autoras, impresoras y libreras...


Índice Prólogo..........................................................................................................................................11 Introducción.............................................................................................................................. 13 Capítulo 1 [297r] Memoria de los libros que yo, Juan de Rivera, vecino, impresor y mercader de libros de esta ciudad tengo en mi poder hasta hoy, 15 de diciembre de 1680 (que está en 25 hojas)..........................47 Capítulo 2 [196r] Memoria de los libros que por mandado deste Santo Oficio ha hecho Paula de Benavides, viuda de Bernardo Calderón, impresora deste Santo Tribunal este año de 1681............................................105 Capítulo 3 [317r] Memoria de los libros que este año de 1682 han entrado de nuevo en la tienda de libros de la Viuda de Bernardo Calderón, Paula de Benavides, vecina de México......................................................... 119 Capítulo 4 [327] Año de 1684. México. Memoria de libros pressda. Por Isidro Gutiérrez, mercader de libros en esta ciudad.....................................................201 Capítulo 5 Memoria de los libros que paran en mi poder que presento al Santo Tribunal de la Inquisición el año de 1684................................................209 Capítulo 6 [348r] Catalogus librorum o Memoria de libros de todo género de facultades que se venden en casa de Diego Cranse en esta ciudad. Por Diego Cranze, año 1680.........................................................................251 Capítulo 7 [348r] Catalogus librorum o Memoria de libros de todo género de facultades que se venden en casa de Diego Cranse en esta ciudad. Por Diego Cranze, año 1680........................................................................ 259 Bibliografía.............................................................................................................................309

Índice

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Prólogo En verano de 1998 (in illo tempore…) comencé a trabajar en unas listas de libros obtenidas tras previa consulta que Sara Poot Herrera había hecho de la obra de María Águeda Méndez, apenas publicada el año anterior: Catálogo de textos marginados novohispanos. Inquisición: siglo XVII. Archivo General de la Nación (México). Las listas provenían del Archivo General de la Nación en México y me fueron proporcionadas por mi colega y amiga Sara Poot Herrera, que se había podido hacer con ellas. Contenían el stock de volúmenes en venta de varias librerías mexicanas que la Inquisición había pedido a sus dueños que le fuesen enviadas para someterlas a su escrutinio. Las listas quedaron transcritas aquel verano, así como un estudio todavía parcial de las mismas. Encaminé desde entonces mis desvelos a más de un campo de estudio e investigación, trabajando esporádicamente en las mismas. Después de haber dedicado desvelos a un libro sobre Sor Juana (Sor Juana Inés de la Cruz o la búsqueda de identidad, Sevilla, Renacimiento, 2015) y sobre la censura novohispana y una obra del bachiller Acevedo (El peregrino de Dios y patriarca de los pobres. Comedia de santos de 1684. Comedia novohispana y censura, Madrid, Atenea, 2020), quedaba una tarea pendiente, la de dar a la luz esta publicación que completa las que antaño editara O´Gorman en 1939, así como los múltiples trabajos que se han publicado en las últimas dos décadas sobre el tráfico y flujo de libros hacia América (ver el libro coordinado por Rodríguez Domínguez como muestra, así como las obras de González Sánchez y Rueda Ramírez, de excepcional interés). El lector tiene ante sí unas listas de libros que pueden antojarse anodinas y de engorrosa lectura. Sin embargo, antes de ofrecer juicio tan temerario, téngase en cuenta que, aparte de las bibliotecas conventuales y eclesiásticas de diverso cuño y factura, amén de los libros jurídicos de la Audiencia, estos títulos, a la venta pública en librerías de varias ciudades, representan la savia de que se nutre el estamento profesional y directivo de la América virreinal. Son, pues, la esencia de la formación letrada y la vida intelectual de la América de habla española hacia finales del siglo XVII. Prólogo

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Introducción La llegada de los españoles a América y el comienzo de la colonización en aquellas tierras tuvo pronto tres claras esferas de actuación. Una de ellas se centró en la catequetización de los pueblos indígenas, intentando abrazarlos e incorporarlos al conjunto de los pueblos del Dios cristiano. En esta labor, amén de otras muchas facetas, jugó papel preponderante el poder acceder a dichos pueblos desde sus propios idiomas, de modo que no tardaría en proliferar el estudio de lenguas indígenas y la confección de gramáticas y diccionarios, en muchas ocasiones realizados por hablantes nativos de estas lenguas conocedores del castellano. En esta labor el estamento religioso, en particular las órdenes religiosas, ocupó papel preponderante. La segunda y tercera esferas de actuación se relacionan con la primera porque el ámbito donde surge este estudio de lenguas y preparación religioso-teológica para acometerlo ha de ser eminente letrado y urbano. Así, andan de la mano la proliferación y diseño de ciudades (la ciudad barroca y americana, ya estudiada magistralmente por Ángel Rama) y la constitución de un aparato colegial de enseñanza (universidades, colegios, escuelas) que no es sino uno más de los elementos del aparato estatal que se transfiere in toto de la metrópoli a lo que no es sino una más de las provincias del Imperio Español, que no su colonia en sentido anglosajón o hasta francés u holandés. En este contexto, el libro como portador de cultura es crucial para la constitución de una cúpula directiva administrativa (cuando no religiosa) en América que necesita del mismo para su preparación y funcionaminento en los campos de las leyes, medicina y aprendizaje de retórica y lenguas. Pronto, en consecuencia, aparecerán en estos territorios imprentas en México, Guatemala, Lima o Manila, muchas de ellas asociadas a conventos y monasterios. A la par que impresores, aflorarán asimismo librerías donde el público lector puede saciar sus necesidades intelectuales, de nuevo muestra de que el libro y la lectura, como era el caso en Europa, son cruciales para la constitución de la América virreinal. Introducción

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En este estudio queremos prestar atención a los libros disponibles por venta en varias ciudades del Virreinato de la Nueva España en el último tercio del siglo XVII (primeros años de la década de 1680). Para ello utilizaremos unas Memorias (inéditas) de libros redactadas por varios impresores/libreros sobre su stock de venta. Para 1680, fecha en torno a la cual giran las listas de libros en su mayor parte, estamos lejos de poder estudiar las lecturas disponibles para venta en el México virreinal como parte de lo que llamaríamos “libros del conquistador”, por utilizar el famoso título de Leonard Irving. Lo leído en la colonia para fines del siglo XVII poco o nada tiene que ver con lo que leían los conquistadores. Sin embargo, ambos actos de lectura resultan cruciales para entender las sociedades que los amparan y dan cabida. Sabiendo, podríamos decir, lo que leen, sabremos qué tipos de personas son los ciudadanos de este espacio geográfico, cuáles son sus gustos, sus desideratums, los sostenes, en una palabra, del estamento letrado y la ideología que inspira la época y el lugar. Los libros de las listas que editamos provienen de los ejemplares que varios libreros tienen a la venta en sus establecimientos de México y Puebla, tal como la presentan a la Inquisición, que les ha ordenado hacer un registro completo de los mismos. Quieren los señores inquisidores controlar que los libros en venta no sean los que forman parte del Expurgatorio o Índice de libros prohibidos, y por ello los estudian y analizan con esmero, requisando algunos o pidiendo a los libreros que se les aplique la censura de algún fragmento y se les enseñe luego el resultado. Las listas provienen todas del Archivo General de la Nación, AGN. Inquisición, vol. 667. Incluímos un total de cinco de los años 1680, 1681, 1682, 1684: 1.

[297r] Memoria de los libros que yo, Juan de Rivera, vecino, impresor y mercader de libros de esta ciudad tengo en mi poder hasta hoy, 15 de diciembre de 1680 (que está en 25 hojas).

2. [196r] Memoria de los libros que por mandado deste Santo Oficio ha hecho Paula de Benavides, viuda de Bernardo Calderón, impresora deste Santo Tribunal este año de 1681. 14

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3. [317r] Memoria de los libros que este año de 1682 han entrado de nuevo en la tienda de libros de la Viuda de Bernardo Calderón, Paula de Benavides, vecina de México. 4. [327] Año de 1684. México. Memoria de libros pressda. por Isidro Gutiérrez, mercader de libros en esta ciudad. 5. [348r] Catalogus librorum o Memoria de libros de todo género de facultades que se venden en casa de Diego Cranse en esta ciudad. Por Diego Cranze, año 1680. Los índices de libros prohibidos surgen, con ciertos preliminares,1 en 1559 con la publicación del primero del Inquisidor General Fernando de Valdés: Cathalogus librorum qui prohibentur. El segundo fue el Index et catalogus librorum prohibitorum (Madrid, 1583) y el Index librorum expurgatorum (Madrid, 1584) de Gaspar de Quiroga, que constaba de un índice de libros prohibidos y un índice expurgatorio. A ellos siguieron el Index librorum prohibitorum cum regulis confectis per Patres a Tridentino Synodo selectos (Lisboa, 1597), el de Bernardo de Sandoval y Rojas de Madrid, 1612 (Index librorum prohibitorum et expurgatorum) y con igual título en Palermo, 1628, el Sacros. Concilium Tridentin um additis declarationibus cardinalium…cum Indice librorum prohibitorum ex praescriptio Concilii (Lyon, 1631), el de Antonio Zapata de Sevilla 1632 (Novus Index librorum et expurgatorum) y el de Antonio Sotomayor de Madrid, 1640 (Novissumus librorum prohibitorum et expurgandorum index, Madrid 1640), completado por último con el papal de Alejandro VII de Roma, 1664 (Index librorum prohibitorum. Alexandri VII Pontificis Maximi iussu editus).2 1.

2.

Por ejemplo la Censura generalis contra errores quibus recentes haeretici sacram scripturan asperserunt, Valladolid, Francisco Fernández de Córdoba, 1554. Ver una edición digital en https://expobus.us.es/s/prohibidos-y-expurgados/page/indices-libros-prohibidos. Ver un somero repaso de estos índices, con abundancia de material gráfico y acceso a reproducciones digitales, en https://expobus.us.es/s/prohibi-

Introducción

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Como puede apreciarse por la fecha, el “Expurgatorio” que mencionan nuestras listas de libros es el de 1640, pues no se redactaría otro nuevo hasta el Index expurgatorius Hispanus del Inquisidor General Diego Sarmiento Valladares (Madrid, 1707). Las juntas de calificadores del Santo Oficio, en calidad de especialistas, velaban por que no se vendiesen libros prohibidos en su totalidad y de manera absoluta y rotunda (in totum) o por que se hiciese una vez se expurgasen de los fragmentos considerados “heréticos”, bien tachándolos con tinta o pegando trozos de papel encima de los mismos, ya sea añadiendo en ocasiones tras el nombre del autor en portada el calificativo de “auctor damnatus” o “auctor damnatus hactenus”3 o “cum expurgatione permissus”. El calificador

3.

dos-y-expurgados/page/inicio. Debemos añadir que una distinción hecha en los Índices es entre autores de primera y segunda categoría en cuanto al expurgo: es decir, aquellos que son

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suele dejar siempre constancia de su nombre y del Expurgatorio o Índice de acuerdo al cual ha ejercido su oficio, las más de las veces en la portada de la obra.

De hecho, los libros que llegaban a América habían pasado por una doble criba, pues además de esta censura, una vez ya éstos en propiedad de los libreros y enviada la lista o memoria a la Inquisición para proceder después al expurgo inquisitorial, debían haber sido aprobados antes de que zarpase la nave que los transportaba por el Atlántico desde España a América. Así podemos comprobarlo con otra de las listas que

“condenados”, pero cuyas obras pueden a veces leerse con expurgos, y autores aprobados (católicos), cuyas obras son condenadas en parte por alguna frase u opinión puntuales.

Introducción

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incluimos aquí, la del librero sevillano Diego Crance (Cranze, Crançe, Crancer), que ha pasado a América para vender sus libros en un viaje que le lleva de Sevilla, el 12 de julio, a Veracruz (donde arriba el 15 de septiembre de 1680), a Puebla y a México (Rueda Ramírez 2012, 2014, 2017).4 Diego Crance fue hijo de Ángel Crance y María de la Selva. Casado con Isabel de Lezame, su hermana Manuela Teresa Crance se casó con el impresor Tomás López de Haro. Con conexiones con la comunidad flamenca en Sevilla, Rueda afirma que “the position of the Crance-López de Haro family in the book business of Seville, and their role in international trade, meant that they became one of the most prominent book merchants and printers in the city in the reign of Carlos II (1661-1700” (53). Sabemos, por noticias de un préstamo de López de Haro a Crance, y por un documento inquisitorial que así lo indica (ver infra), que Crance y López de Haro habían establecido alguna especie de compañía y que Crance estuvo encargado de pasar a América en varias ocasiones para vender libros: “Tengo entendido que dicho Diego Crance es extranjero, y un cuñado suyo que lo es también y librero en Sevilla, por cuya mano con facilidad vienen dichos libros.”5 En efecto, como estudia Rueda, Diego Crance, vecino de Sevilla, pertenece por nacimiento a la colonia de mercaderes flamencos asentados en dicha ciudad.6 Crance publicó en el año 1680 en Sevilla una Memoria de los libros “de todas facultades” que estaban disponibles para venta en su establecimiento, como también hicieron otros impresores y/o libreros en la misma ciudad en los años 1682, 1683, 1687 y 1689, sin duda con el claro propósito de enviar en la flota remesas de libros (cajones) para vender en América y contar con un listado que permitiera a las autoridades inqui4. 5. 6.

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“La venta en los territorios de la Corona española en América fue clave en las actividades de los libreros sevillanos y gaditanos, que utilizaron catálogos como medio de difundir los libros remitidos a Indias”. Rueda analiza con detalle el tráfico de libros entre Flandes y Sevilla Ver ahora Manrique Figueroa para un estudio detallado del el libro flamenco entre los lectores novohispanos.

Antonio Cortijo Ocaña


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