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CataluĂąa en su laberinto


COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT HUMANIDADES Manuel Asensi Pérez Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València

Ramón Cotarelo Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia

M.ª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València

Juan Manuel Fernández Soria Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València

Pablo Oñate Rubalcaba Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València

Joan Romero Catedrático de Geografía Humana Universitat de València

Juan José Tamayo Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid

Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales


CataluĂąa en su laberinto

Juan Cano Bueso CatedrĂĄtico de Derecho Constitucional de la Universidad de AlmerĂ­a

tirant

humanidades

Valencia, 2017


Copyright ® 2017 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito del autor y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant Humanidades publicarála pertinente corrección en la página web www.tirant.com.

© Juan Cano Bueso

© TIRANT HUMANIDADES EDITA: TIRANT HUMANIDADES C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: www.tirant.es ISBN: 978-84-17069-61-2 MAQUETA: Innovatext Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no seratendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro Procedimiento de quejas. Responsabilidad Social Corporativa http://www.tirant.net/Docs/RSCTirant.pdf


Para Alicia, por las horas robadas.


Índice ADVERTENCIA................................................................................................... 11 I.

LOS ANTECEDENTES LEJANOS DE LA IDENTIDAD CATALANA...................................................................................................... 13

II.

EL PACTISMO COMO FORMA DE ORGANIZACIÓN SOCIAL Y POLÍTICA............................................................................... 19

III.

ESPAÑA COMO REALIDAD HISTÓRICA..................................... 25

IV.

LOS MECANISMOS DE LIMITACIÓN DEL PODER REAL........ 37

V.

EL DERECHO TRADICIONAL CASTELLANO Y CATALÁN.... 41

VI.

CATALUÑA EN LA ÉPOCA DE LOS PRIMEROS AUSTRIAS.... 45

VII.

LOS PRIMEROS INTENTOS DE CENTRALIZACIÓN DEL IMPERIO..................................................................................................... 51

VIII.

EL CONFLICTO CATALÁN DE 1640.............................................. 69

IX.

LA GUERRA DE SUCESIÓN: UN CONFLICTO INTERNO E INTERNACIONAL............................................................................... 79

X.

EL ABANDONO DEL LEGADO MEDIEVAL Y LOS INICIOS DEL PROCESO DE CENTRALIZACIÓN Y MODERNIZACIÓN. 99

XI.

LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA Y LAS CORTES DE CÁDIZ: HACIA LA CONSTRUCCIÓN DE LA NACIÓN ESPAÑOLA..................................................................................................... 111

XII.

EL CONTEXTO POLÍTICO-CONSTITUCIONAL DE CATALUÑA EN SU PROCESO DE REAFIRMACIÓN............................ 139

XIII.

CATALUÑA EN ESPAÑA: EL «DOBLE PATRIOTISMO»............ 173

XIV.

LA I REPÚBLICA: HISTORIA DE UNA FRUSTRACIÓN............ 187

XV.

EL RÉGIMEN DE LA RESTAURACIÓN O EL RETORNO AL CENTRALISMO BORBÓNICO......................................................... 197

XVI.

HACIA LA CONSTRUCCIÓN DEL CATALANISMO NACIONALISTA................................................................................................ 213

XVII.

LA RECTIFICACIÓN HISTORIOGRÁFICA: EL REGRESO AL «DOBLE PATRIOTISMO».................................................................. 225

XVIII. EL INCIERTO SIGLO XX: A LA BÚSQUEDA DE IDENTIDADES Y DEL SER DE CADA CUAL..................................................... 233 XIX.

CATALUÑA EN LA DICTADURA DE PRIMO DE RIVERA....... 257

XX.

CATALUÑA EN LA II REPÚBLICA: LA PRIMERA RESTAURACIÓN DE LA GENERALITAT...................................................... 271


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Índice

XXI. CATALUÑA EN LA DICTADURA DE FRANCO.......................... 337 XXII. LAS NACIONALIDADES POLÍTICAS EN LA CONSTITUCIÓN DE 1978...................................................................................... 353 XXIII. DEL ESTATUTO DE SAU AL DEBATIDO AGOTAMIENTO DEL MODELO: LOS ESTATUTOS DE SEGUNDA GENERACIÓN........ 375 XXIV. ¿CÓMO HEMOS LLEGADO HASTA AQUÍ? EL CONTROL SOBRE LA EDUCACIÓN Y LA COMUNICACIÓN..................... 393 XXV. EL CAMINO HACIA EL SOBERANISMO...................................... 403 XXVI. EL LLAMADO «DERECHO A DECIDIR»...................................... 439 XXVII. LA POSICIÓN DEL PARLAMENTO DE CATALUÑA Y DEL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL SOBRE EL «DERECHO A DECIDIR».............................................................................................. 473 XXVIII. ¿EXISTE EN EL DERECHO CONSTITUCIONAL ESPAÑOL EL “DERECHO A DECIDIR”?.................................................................. 493 XXIX. EPÍLOGO: CATALUÑA, ENTRE EL POSIBILISMO Y LA UTOPÍA. 531 BIBLIOGRAFÍA CITADA................................................................................... 541


ADVERTENCIA Esta es una historia política de Cataluña contada por un andaluz que ha admirado siempre a esa tierra y a esa gente. Está escrita desde el respeto a la historiografía catalana y a los profesores de diversas disciplinas que han ejercido su magisterio en Cataluña. Por ello, mis disculpas anticipadas por los errores de apreciación, la ausencia de datos o las imprecisiones de diversa índole que el texto pueda contener y que son de mi exclusiva responsabilidad. Mi pretensión ha sido la de llevar a efecto una contribución –otra más– al debate político que Cataluña viene sosteniendo en los últimos tiempos. Y lo hago desde la cordialidad y el intento de comprensión hacia un pueblo admirable que, de una manera constante, ha venido cultivando a lo largo de su historia el amor por su lengua, por su cultura, por su derecho y por sus instituciones de autogobierno. Esta obra tiene, también, un objetivo político, si así se puede llamar. El de combatir ciertos lugares comunes y abundantes prejuicios que en los tiempos recientes algunas fuerzas políticas han expandido sobre todo lo catalán. Ni que decir tiene que estas groseras generalizaciones son profundamente injustas y absolutamente equivocadas, pues confunden el proceder de una clase dirigente de un concreto momento con la dinámica general de una sociedad evolucionada, plural y diversa. He partido de la tesis de que la comprensión de Cataluña como «comunidad política» solo puede llevarse a término desde el relato de su historia. Por eso la obra arranca en los antecedentes lejanos de la identidad catalana y va recorriendo los principales acontecimientos que dan consistencia a la personalidad política de Cataluña, ya sea con los Austrias o después con los Borbones, sea bajo el régimen de la Monarquía o desde su generosa contribución a la proclamación de las dos Repúblicas españolas (1873 y 1931). Para afirmar los elementos diferenciales de Cataluña se acude con frecuencia al método del contraste, primero con Castilla y después


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Advertencia

con el resto de España. El diferencial económico y político refleja, así, el dinamismo de uno y otro lugar y explica las tensiones que acaecen y las dificultades que surgen para acomodar Cataluña a la Nación de los liberales que protagonizan la forja del Estado español en los dos últimos siglos. Por eso, el ensayo termina proponiendo el retorno al pacto federal y al federalismo como forma de organización política de la pluralidad de pueblos que componen el Estado español. Agradezco a los profesores Miguel Ángel Aparicio, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Barcelona y a Manuel González de Molina, catedrático de Historia Contemporáea de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla sus atinadas observaciones y la lectura del original. También he recibido ayuda de los distinguidos colegas Xavier Arbós y Jaume Vernet, catedráticos, ambos, de Derecho Constitucional de la Universidad de Barcelona y de la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona, respectivamente. Rafael Escuredo, expresidente de la Junta de Andalucía y hoy consejero del Consejo Consultivo de Andalucía, ha estado permanentemente dispuesto a ofrecerme sus opiniones, siempre sabias y acertadas. Concha Sánchez ha sido, con su paciencia, mis ojos y mis manos telemáticas. Y, por último, gracias también a Alicia, mi mujer, siempre generosa al aceptar las cargas que le he ocasionado con este trabajo. Granada, 17 de mayo de 2017


I.  LOS ANTECEDENTES LEJANOS DE LA IDENTIDAD CATALANA Señalan los historiadores más solventes, entre otros J. ÁLVAREZ JUNCO1, que el inicio de la formación de la identidad catalana tal vez se podría remontar a hace algo más de un milenio. Es evidente que esa identidad no era entonces ni lejanamente nacional, por más que ya contuviera algunos ingredientes culturales básicos que, andando el tiempo, podrían así configurarla, al menos desde un plano teórico. En opinión de J. H. ELLIOT, todos estos momentos ancestrales, así como los siglos medievales y los primeros tiempos de la Edad Moderna, han sido glorificados –a veces hasta mitificados– por la actual historiografía catalanista, con el riesgo de «percibir el pasado a través del prisma del presente y el presente a través del prisma del pasado»2. Esta forma de proceder, seguramente inevitable, ha propiciado, en opinión de algún autor crítico, la invención de leyendas plenas de «apologías melancólicas y delirantes» Y ello con grave olvido de que «las palabras de hoy no tenían ningún significado ayer, o bien expresaban con harta frecuencia otra cosa: Nada tiene que ver […] la “nació catalana” de la que hablaba Muntaner en el siglo XIV con la “nacionalitat catalana” de Prat de la Riba»3. Quiérese decir con ello que, aunque las identidades en esta época son esencialmente locales, Cataluña es un territorio periférico de la Península Ibérica que ha compartido con sus pueblos vecinos, sustancialmente, la mayoría de los hechos y acontecimientos del pasado. Empezando por las distintas invasiones o conquistas que asentaron en su territorio una diversidad de colonias, ya fueran griegas, feni1 2 3

Por todos, ÁLVAREZ JUNCO, J. Dioses útiles. Naciones y nacionalismo. Barcelona: Galaxia Gutemberg, 2016. Pp. 213 y ss., cuyo relato, básicamente, hemos seguido. ELLIOTT, J.H. Haciendo Historia. Madrid: Ed. Taurus, 2012. P. 61. CANAL, J. Historia mínima de Cataluña. Madrid: Turner, 2015. P.45.


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cias, romanas, visigodas o musulmanas. Todas ellas se instalaron con variable intensidad y duración, pues si los romanos crearon una importante provincia (la Tarraconense), la presencia árabe fue muy distinta en el tiempo y en el espacio, relativamente breve en las actuales Barcelona y Gerona y mucho más prolongada –más de cuatrocientos años– en Lérida y Tarragona. Después vinieron los Francos y crearon en la frontera un conjunto de condados denominados la Marca Hispánica. Y así hasta que un poderoso señor, GUIFRÉ EL PILÓS, titular de vastos territorios, decidió desconocer la autoridad carolingia y declarar a sus hijos herederos de estos condados. Poco después, BORREL II dejó de prestar sumisión a los Capetos. En paralelo, se producía una amplia repoblación del territorio con cristianos provenientes del norte de los Pirineos. Ya por entonces nacía el catalán como lengua autóctona y diferenciada del provenzal y el territorio se organizaba social y económicamente siguiendo la típica organización feudal. En 1162 falleció RAMÓN BERENGUER IV, conde de Barcelona y príncipe de Aragón, cuya viuda PETRONILA, heredera de la Corona de Aragón, donó a su hijo ALFONSO II EL CASTO los territorios de esta unión dinástica. Por virtud de este acto el conde de Barcelona sumó a sus títulos el de rey de Aragón. Esta unión sin embargo, no supuso alteración alguna en la gobernación de estos territorios, cada uno de los cuales siguieron conservando sus leyes, usos y costumbres anteriores. A los inicios del siglo XIII, el rey de Aragón y conde de Barcelona PEDRO II se alió con el conde de Toulouse frente al rey de Francia y el Papa. La coalición no fue beneficiosa para el primero, pues perdió la batalla de Muret y además murió en ella. Era el año de 1213. La consecuencia de esta derrota la ha resumido J. CANAL: «Allí se abrieron las puertas del sur del Loira a los Capetos, mientras se cerraban las de la integración de Occitania en la Corona de Aragón. Los hechos de 1213 obligaron a mirar más al sur y al Mediterráneo»4. 4

Ibid. P. 49.


Los antecedentes lejanos de la identidad catalana

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Si se tratase de señalar en estos territorios hechos identitarios diferentes hasta este momento histórico, sería difícil, si no imposible, la operación de diferenciarlos, por cuanto las identidades en esta época sólo se registran en el ámbito local. No se pierda de vista que los territorios condales se ubican en un lugar fronterizo y, por consecuencia, poroso, que sobrevive a diario con no pocas dificultades, frente a un poder imperial, el Carolingio, y el de los Capetos. Ese conjunto de condados, insertos en un potente sistema feudal, pasará a denominarse a partir de 1350 Principat, territorio que no será nunca independiente sino integrado en la monarquía aragonesa, y que albergará, además, algunas ciudades autogobernadas por familias oligárquicas al modo y manera de la época. En el siglo XIII y hasta mediados del XIV, la monarquía catalano-aragonesa se convirtió en una gran potencia orientada hacia el Mediterráneo. Su rey JAIME I conquistaría Mallorca y Valencia y sus descendientes Sicilia y, temporalmente, Cerdeña, expandiendo su poder por los confines del Mare Nostrum. Este florecimiento del comercio marítimo sufrió una retracción a mediados del siglo XIV. Las guerras, la contracción de la demanda y la peste asolaron la economía y diezmaron la población. Durante el reinado de PEDRO EL CEREMONIOSO se creó la Diputació del General, después llamada Generalitat de Catalunya. En 1410 MARTÍN EL HUMANO moría sin descendencia. Ello planteó una crisis sucesoria, solucionada poco después por los representantes de los Reinos de Aragón y Valencia y del Principado de Cataluña con la suscripción del Compromiso de Caspe. Mediante este acuerdo accedió al trono de Aragón FERNANDO DE ANTEQUERA, de estirpe castellana. En este hecho la historiografía nacionalista catalana ha encontrado el origen de la sumisión del Principado a Castilla y los inicios de un periodo de crisis que, a decir verdad, se estaba produciendo ya con anterioridad. Crisis, sin duda, transitoria, por cuanto bajo el sucesor de Fernando, ALFONSO V EL MAGNÁNIMO, se recobró el momento de esplendor en el Mediterráneo. El siglo XV conoció un agravamiento de la situación social, con abundantes conflictos protagonizados por los payeses. La crisis eco-


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nómica y demográfica obligó a la nobleza a incrementar la carga impositiva sobre el campesinado. La pugna entre el rey y la nobleza condujo a una guerra civil entre JUAN II y el Consejo del Principado (1462-1472). Toda suerte de escaramuzas continuaron asolando aquellos territorios hasta que su hijo, FERNANDO EL CATÓLICO, dictó en 1486 el arbitraje de Guadalupe. El matrimonio de FERRÁN II D’ARAGÓ (1479-1516) con su prima ISABEL DE CASTILLA cambiaría el rumbo de la historia de Cataluña. Aunque el esencialismo forme parte de una cierta historiografía catalana reciente, es lo cierto que una Cataluña eterna, ancestral, diferenciada y unida en un destino común como pueblo, es una visión ahistórica y no exenta de debate. Se ha escrito que «Cataluña es una nación sin Estado propio, que lo tuvo durante casi mil años»5. Pero es el caso que el Estado admite distintas definiciones, siempre partiendo de sus elementos constitutivos, que son tres: poder, territorio y pueblo. Así, podría definirse al Estado como el «ente social que se forma cuando, en un territorio determinado, se organiza jurídicamente un pueblo que se somete a la voluntad de un gobierno»6. Se trataría de un agregado de hombres y mujeres, estabilizado en un concreto territorio, que se significan por su adhesión a un nombre, una bandera, un emblema, unas instituciones, etc. En este sentido podría decirse que Cataluña dispuso de un Estado, más bien una autonomía feudal, donde el rey compartía el poder con la nobleza señorial que ejercía su jurisdicción en territorios no realengos. Al entender de la historiografía nacionalista, por ejemplo SOBREQUÉS, el inicio de la independencia de la futura Cataluña se producirá cuando en el año 988 el conde de Barcelona BORRELL II desista de rendir homenaje al monarca franco HUGO CAPETO. La aparición de una conciencia nacional para la unificación de estos condados se vio favorecida por el estrechamiento de relaciones entre estos territorios, por el uso del catalán como lengua común que se 5 6

SOBREQUÉS I CALLICÓ, J. Historia de Cataluña. Barcelona: Base, 2007. Pp. 6-7. BISCARETTI DE RUFFIA, P. derecho Constitucional. Madrid: Tecnos, 1982. P. 99.


Los antecedentes lejanos de la identidad catalana

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hablaba en todos los condados y por los vínculos de parentesco entre las distintas familias condales. A partir del reconocimiento por todos los otros condes de la supremacía del conde de Barcelona «es plenamente lícito hablar de la existencia del Estado catalán», pues «en el siglo XII ya se habían consolidado los términos “catalá” y “Catalunya” para designar el conjunto de hombres y tierras gobernados por el conde RAMÓN BERENGUER III”. La unidad vino también facilitada por la pertenencia de todos los obispos catalanes a una misma provincia eclesiástica (Narbona) y la presencia de un aparato judicial en funcionamiento al menos desde antes del año 1000. Más adelante, en 1137, el matrimonio de RAMÓN BERENGUER IV con PETRONILA dio lugar a «lo que se convertiría en la Corona de Aragón: varios reinos independientes bajo un mismo soberano. Fue entonces cuando se establecieron las bases de la estructura confederal que, con sucesivas incorporaciones de otros reinos, perduraría hasta principios del siglo XVIII. […] La singularidad política de la Corona de Aragón es un hecho excepcional en la historia medieval y moderna europea»7. Sin embargo, la existencia, ya en el año 988, de una Cataluña independiente, dotada de conciencia nacional y en vías de consolidar un estado soberano se hace bastante inverosímil. Esta forma de entender –o fabular– la historia política de Cataluña, esta manera de vaporizar el pasado, ha sido contestada por otros autores que se muestran en total desacuerdo con la construcción artificial elaborada por los historiadores nacionalistas. Otras referencias medievales de otros estudiosos relatan la existencia de unos territorios dispersos denominados la Marca Hispánica, una comunidad natural desagregada en una serie de condados, un conde de Barcelona que se erige en primus inter pares, una denominación del condado que no se consolida como Principado de Cataluña (inserta en la Corona de Aragón) al menos hasta el siglo XIV. Por otra parte, la negativa a la existencia de la Confederación catalano-aragonesa, la activa participación de gru7

SOBREQUÉS I CALLICÓ, J. Historia de Cataluña Op. Cit. Pp. 43-49.


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pos de catalanes en la Guerra de la Independencia contra la invasión de España, asumiendo sus representantes la soberanía nacional y la defensa del trono, el carácter de conflicto internacional de las Guerras de 1640 y 1714, la fragmentación a mediados del siglo XVII de la parte norte del territorio y su incorporación al Estado francés etc., demostrarían la volatilidad de la posición de Cataluña en el seno de la Monarquía hispánica. En opinión de esta otra literatura, se habría retorcido la historia desde los presupuestos ya advertidos por un buen conocedor del catalanismo, JOSEP PLA: «el catalán, genéricamente hablando, tiende al estado agradabilísimo de ser víctima»8.

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Cit. en LAÍNZ, J. España contra Cataluña. Historia de un fraude. Madrid: Ediciones Encuentro, 2014. Pp. 192 y ss.


II.  EL PACTISMO COMO FORMA DE ORGANIZACIÓN SOCIAL Y POLÍTICA Hispania era un conjunto de reinos, señoríos y principados donde los titulares del poder, en cada lugar concreto, garantizaban la vigencia de los usos y costumbres, que solían denominarse libertades. Si hubiera que buscar un concepto que definiera con precisión la forma de entender la vida política y social de la Corona de Aragón, en general, y del Principado de Cataluña, en particular, en la época anterior a la Edad Contemporánea, ésta sería el pactismo. Y el respeto a esas libertades dependía del «cumplimiento de deberes recíprocos dentro del “pactisme”». El pactismo, pues, se alza como «la gran aportación catalana» a la cultura política de la época.9 Lo que en realidad nos pone de manifiesto el pactismo son los fundamentos últimos del poder. En tal sentido, la filosofía moderna de las ideas políticas conoce notables ejemplos de pactismo. Por ejemplo, en HOBBES, la sociedad civil es la resultante «de la sublimación de la fuerza individual en una fuerza supraindividual que está representada por el Estado absoluto»10. Sin embargo, en LOCKE «se abre camino la idea de que la voluntad, por la cual se instituyó el poder, conserva un predominio sobre él y puede revocarla o modificar su ordenamiento: la legitimidad de un gobierno se afirma así en razón del consentimiento del pueblo».11 Otro tanto cabría decir del pactismo subyacente de ROUSSEAU en El contrato social12; o el de KANT, en el que el contrato originario es aquel «según el cual todos en el pueblo renuncian a su libertad exterior, para recobrarla enseguida como 9 10 11 12

LALINDE ABADÍA, J. El pactismo en los Reinos de Aragón y de Valencia. En: El pactismo en la historia de España. Madrid: Instituto de España. Cátedra Francisco de Vitoria, 1980. Pp. 115 y ss. HOBBES, T. Leviatán. Madrid: Alianza, 2009. LOCKE, J. Dos ensayos sobre el gobierno civil. Madrid: Espasa-Calpe, 1991. ROUSSEAU J. J. El contrato social. Madrid: Espasa-Calpe. Col. Austral, 2007.


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miembros de una comunidad, es decir, como miembros del pueblo considerado como Estado»13. Y similar conceptualización es posible encontrarla en HEGEL, una de las cumbres del pensamiento político moderno. En definitiva, la sociedad, en su proceso de desarrollo histórico, pasó sucesivamente del régimen de status –determinado en función del nacimiento– al sistema de contratos en virtud de la libre voluntad de las personas. Aunque la concepción pactista pueda ser empleada con distintos significados, mayor interés tiene, a los efectos de este trabajo, el sentido del pacto en su formulación histórica. Como nos advierte GARCIA-GALLO, a partir del siglo XI el pacto consiste en una relación personal de dependencia entre reyes que no afecta a los reinos más que de manera indirecta. A finales del siglo XI y hasta el XVII, «los actos legislativos o de gobierno, en especial los más trascendentales, fueron precedidos de gestiones o negociaciones más o menos complejas hasta llegar a su realización, y que en el origen de ellas cabe encontrar un acuerdo entre quien los otorga y quienes son sus destinatarios. Externamente, sin embargo, tales actos adoptan siempre la forma de una concesión unilateral del rey. Excepcionalmente, se indica a veces que se trata de una conveniencia». El documento en que se encuentra transcrito recibe con frecuencia la calificación de pactum. Pero el mismo autor señala que es a partir de la Baja Edad Media cuando fraguan las primeras limitaciones al poder del rey. Así, «en Castilla a finales del siglo XIV empiezan a constituirse órganos que de algún modo condicionan la actuación del rey –la Audiencia en 1371 y el Consejo Real en 1385– y en el siglo XV a hablarse del pacto o contrato que une al rey con el reino. Sin embargo, las leyes y actos de gobierno, se declaren o no dictados con consejo o aprobación del reino –de las Cortes o del Consejo– formalmente se presentan siempre como decisiones unilaterales del rey».14 13 14

KANT, I. La metafísica de las costumbres. Madrid: Tecnos, 1999. P. 145. GARCÍA-GALLO, A. El pactismo en el reino de Castilla y su proyección en América. En: El pactismo en la historia de España. Madrid: Instituto de España. Cátedra Francisco de Vitoria, 1980. Pp. 143 y ss.


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