Estos ensayos provienen de distintos orígenes y querencias. Responden, en todo caso, al interés de su autor por indagar en la cultura como signo a interrogar, como historia y evolución en constante conflicto. Algunos ofrecen luz sobre artistas de distintos tiempos y países, mientras que otros se centran en su entorno cercano: la frontera norte de México. Como sea, estos escritos son botellas al mar que quieren compartir sus hallazgos y descubrimientos con los lectores potenciales que buscan descifrar los jeroglíficos del pasado como los presagios del porvenir con curiosidad, con persistencia, con gozo compartido.
colección UABC
La mirada insaciable. Ensayos literarios sobre arte, literatura y frontera es una reunión de textos que pretenden ser escritura creativa a la vez que buscan clarificar el mundo cultural en que vivimos aquí y ahora. Estos ensayos son una invitación para acercarse a géneros como la ciencia ficción, la narrativa policiaca, el lenguaje fronterizo y la poesía contemporánea, lo mismo que a poner la mirada en la novela gráfica y el cómic, las portadas de los discos, la ciudad y sus experiencias vitales, la fotografía en su liturgia de imágenes, las mujeres creadoras en la literatura y las artes visuales, el retrato como travesía hacia la condición humana, entre muchos otros temas que rompen paradigmas, que saltan muros.
Gabriel Trujillo Muñoz
colección UABC
La mirada insaciable
Y si a esto añadimos que este libro celebra el 60 aniversario de la UABC, nuestra máxima casa de estudios, entonces estamos de fiesta porque toda universidad conmemora, en su cátedra e investigación, en su creatividad y enseñanza, la perpetua tarea de acercar lo propio y lo ajeno, lo que es nuestro porque es de todos.
Ensayos literarios sobre arte, literatura y frontera
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LA MIRADA INSACIABLE
Ensayos literarios sobre arte, literatura y frontera
COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT HUMANIDADES Manuel Asensi Pérez
Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València
Ramón Cotarelo
Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia
Mª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València
Juan Manuel Fernández Soria
Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València
Pablo Oñate Rubalcaba
Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València
Joan Romero
Catedrático de Geografía Humana Universitat de València
Juan José Tamayo
Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid
Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales
LA MIRADA INSACIABLE
Ensayos literarios sobre arte, literatura y frontera
Gabriel Trujillo Muñoz
tirant humanidades Ciudad de México, 2017
Copyright ® 2017 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito del autor y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant Humanidades México publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com/mex/ Trujillo Muñoz, Gabriel, 1958- La mirada insaciable [recurso electrónico] : ensayos literarios sobre arte, literatura y frontera / Gabriel Trujillo Muñoz. -- Mexicali, Baja California : Universidad Autónoma de Baja California ; Ciudad de México : Tirant lo Blanch, 2017. 1 recurso en línea ISBN: 978-607-607-418-3 ISBN: 978-84-17069-82-7 (Tirant lo Blanch) I. Universidad Autónoma de Baja California. II. t. PQ7298.3 .R85 M57 2017
© Gabriel Trujillo Muñoz
© EDITA: TIRANT HUMANIDADES DISTRIBUYE: TIRANT LO BLANCH MÉXICO Río Tiber 66, Piso 4 Colonia Cuauhtémoc Delegación Cuauhtémoc CP 06500 Ciudad de México Telf: (55) 65502317 infomex@tirant.com www.tirant.com/mex/ www.tirant.es ISBN: 978-84-17069-82-7 ISBN UABC: 978-607-607-418-3 MAQUETA: Tink Factoría de Color Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro Procedimiento de quejas. Responsabilidad Social Corporativa: http://www.tirant.net/Docs/RSCTirant.pdf
UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE BAJA CALIFORNIA Dr. Juan Manuel Ocegueda Hernández Rector Dr. Alfonso Vega López Secretario general Dra. Blanca Rosa García Rivera Vicerrectora Campus Ensenada Dr. Ángel Norzagaray Norzagaray Vicerrector Campus Mexicali Dra. María Eugenia Pérez Morales Vicerrectora Campus Tijuana Dr. Hugo Edgardo Méndez Fierros Secretario de Rectoría e Imagen Institucional
AllĂ donde la luz no olvida a sus guerreros Fina GarcĂa Marruz
The world had worlds Wallace Stevens
Índice Presentación...................................................................................................... 13 De la cueva de los murciélagos a la línea de fuego: breve repaso a los cuentos precursores de la narrativa policiaca y criminal en Baja California................... 15 El cuerpo literario del delito: la narrativa policiaca mexicana entre el centro y la periferia......................................................................................................... 29 La ciencia ficción y su travesía mexicana de entresiglos.................................... 65 Vidas nómadas: Agustín Santa Cruz, Pedro Geoffroy y Alfonso Vidal y Planas................................................................................................................ 95 Baja California y su sociedad a través de la poesía crítica.................................. 111 La poesía mexicana y la nueva antología de Juan Domingo Argüelles.............. 137 El uso del lenguaje fronterizo en Baja California: breve recuento y estudios en torno.................................................................................................................. 147 El cielo que no fue: la poesía de lo ordinario..................................................... 181 Rubén Vizcaíno Valencia y la generación de la Californidad............................ 197 Valdemar Jiménez Solís: el poeta como bardo nativo........................................ 205
El desierto jubiloso: un regreso a la poesía de largo aliento............................... 217 Rafael Corella, Guillermo Calles y los inicios del cine bajacaliforniano........... 223 Las ruinas en el arte: una lección por aprender................................................. 237 Gustave Doré: las maravillas y pesadillas de la condición humana................... 251 El bárbaro en el arte y la literatura.................................................................... 261 La fotografía en Baja California: un arte fronterizo.......................................... 273 Arte y fotografía, urbe y frontera....................................................................... 305 Arturo Esquivias: el desierto como musa.......................................................... 319 Manuel Felguérez: tiempos en fuga, signos en tránsito.................................... 329 Miradas y parpadeos: cinco mujeres creadoras.................................................. 339 El vuelo de la imaginación: una breve travesía por las portadas de discos......... 351 Todo empezó en la tienda del chino: de los cómics a la novela gráfica.............. 365 Lo humano en el ojo de la luz: retratos y percances........................................... 381 Nuevas miradas, nuevos realismos, nuevas verdades......................................... 409
Presentación Esta colección de ensayos literarios es una reunión de textos que pretenden ser escritura creativa, a la vez que buscan clarificar el mundo cultural en que vivimos aquí y ahora. Los ensayos aquí presentados fueron escritos en años recientes y centran su atención en temas de literatura y cultura. Son una invitación para acercarse a géneros como la ciencia ficción, la narrativa policiaca, el lenguaje fronterizo y la poesía de autores de diversa procedencia. Lo que me ha impulsado a escribirlos es cuestionar al mundo, inquirir sobre lo que supuestamente sabemos, y ofrecer respuestas tentativas e intuitivas a la vida como literatura, arte y creación. Atisbos de verdades luminosas. Como aquella expuesta en un viejo dicho marinero: “Para llegar a la costa, para tocar tierra, primero hay que sortear los arrecifes”. Estos ensayos provienen de distintos orígenes y querencias. Responden, en todo caso, a mi interés sobre aspectos de la cultura que siento como propios: la mirada que escruta el arte como signo a interrogar, que escudriña las palabras y las imágenes en su historia y evolución. Algunos ofrecen luz sobre artistas de distintos tiempos y países, mientras que otros se centran en mi entorno cercano: la frontera norte de México. Como sea, sólo son botellas al mar que quieren compartir sus hallazgos y descubrimientos con los lectores potenciales. Sin la mirada insaciable que me cargo, y que da título a este libro, no me sería posible advertir qué tan bárbaros somos como personas y como sociedad; qué tan ruinosas son nuestras ciudades y civilizaciones; qué tanto gozo o dolor proporciona estudiar portadas de discos, ilustraciones, grabados, historietas, pinturas, poemas, novelas o urbes que nos pertenecen porque han caído en la órbita de nuestra curiosidad, de nuestra observancia, de nuestra lectura. Y si a esto añadimos que este libro celebra el 60 aniversario de la Universidad Autónoma de Baja California, la uabc, nuestra máxima casa de estudios, entonces estamos de fiesta en palabras e imágenes. Así pues, que venga la fiesta del pensamiento, el jolgorio de la curiosidad, la celebración de lo propio y lo ajeno. ¿Empezamos?
De la cueva de los murciélagos a la línea de fuego: breve repaso a los cuentos precursores de la narrativa policiaca y criminal en Baja California Cuando exploramos un género narrativo como el cuento policiaco en la frontera norte y, específicamente, en Baja California, encontramos que este tipo de historias pueden rastrearse hasta los testimonios de indios tomados a la fuerza por los soldados españoles y esclavizados por los misioneros jesuitas, franciscanos y dominicos a base de trabajos forzados, latigazos y abusos de toda índole, como es el caso del indio Jatñil, relatado por Manuel Clemente Rojo. Y de ahí podemos pasar a los libros de viajes que cuentan episodios sangrientos de la frontera y de cómo fue establecida en 1848, después de la guerra contra los Estados Unidos. Tal vez el mejor testimonio con que contamos para darnos una idea de cómo era esta nueva y peligrosa realidad fronteriza sea el libro del sacerdote francés Henry Alric, intitulado Apuntes de un viaje por los dos océanos, el interior de América y de una guerra civil en el norte de la Baja California (1869), en el que relata lo que presenció al pasar cerca del poblado Los Algodones, donde escuchó unos gritos quejumbrosos “que parecían venir de las orillas del río”, y Alric, a pesar de que aquello sonaba a una trampa, se apresuró hacia los gemidos: El lugar era poco tranquilizador, podía ser una trampa tendida a la ingenuidad del viajero. Sin calcular la extensión del peligro a que podía exponerme, preparé mi fusil y me acerqué al lugar de donde salían los gemidos, y pronto me encontré frente a dos desdichadas indias yumas, muy jóvenes todavía, que acababan de ser víctimas de atroces violencias, de parte de tres bandidos. Estaban atadas espalda contra espalda por todos los miembros, y tan cerca del borde del río, que el menor movimiento las habría hecho caer en él. Me apresuré a cortar sus ataduras, a hacerles tomar algún alimento, y a darles los auxilios que reclamaban en su triste situación. Estaban tan débiles, que una vez liberadas, una de ellas cayó desmayada, y la otra estuvo mucho tiempo sin poder hablar. Finalmente, su estado mejoró, y pudieron responder
a mis preguntas. Supe lo que había sucedido: la víspera, hacia mediodía, habían sido sorprendidas por tres individuos que reconocí como los tres Juanes, Mendoza, Ramírez y Osio que, después de haberlas atado, habían saciado en ella su brutalidad, y después las habían abandonado a unos pasos del precipicio, adonde, debatiéndose para desligarse, debían rodar infaliblemente o perecer de inanición si nadie venía en su auxilio. Partí en dos una camisa que tenía de reserva, y se la di para cubrirse por poco que fuera, pues los malhechores habían tirado sus faldas al agua; después me siguieron hasta la ciudad, donde las confié a los cuidados de una dama mexicana, doña Albina Gortari, que, como hablaba bastante su lengua, se hizo cargo de su instrucción. (Alric, 1995)
El viaje de Alric y sus aventuras nos describen una frontera imbuida del espíritu del salvaje oeste donde todo podía suceder: indios levantiscos, ladrones de caballos, asaltantes de diligencias, y ahora secuestradores de mujeres y violadores. Pero entre más nos cuenta de estas regiones más va apareciendo un panorama en extremo complejo en términos culturales: los desiertos de Sonora y Baja California se vuelven un microcosmos de la humanidad en tránsito: indios, mexicanos, estadounidenses, un gambusino irlandés, un sacerdote francés y, lo que faltaba: la comunidad china. Estamos, pues, ante un territorio donde gente de todas partes del mundo comparte lo mejor y lo peor de sus respectivas maneras de comportarse. Una región donde nadie está a salvo de sufrir las tropelías de partidas de bandoleros despiadados. La narrativa policiaca o criminal de la frontera es la de un espacio sin ley, la de un territorio donde cada quien se toma la justicia por propia mano. Y por lo mismo aparece, en relación con la península de Baja California, primero como nota periodística en las publicaciones que van surgiendo en la segunda mitad del siglo xix; y luego, en la primera mitad del siglo xx, en los relatos que van adoptando las estrategias de la ficción para mostrar el mundo de los bandidos, de los delincuentes. En cierta forma, el cuento policiaco —sean obras de crónica o de creación literaria— sigue dos rutas evidentes: el relato de investigación detectivesca que va descubriendo la verdad con base en el modelo que el escritor británico Arthur Conan Doyle popularizara con su personaje más famoso: Sherlock Holmes; y el retrato del criminal como la otra cara del progreso
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social, como el ejemplo del mal, la locura o la violencia asumidas como lastre público, como horror acuciante, como morbo a escala comunitaria. Los antecedentes más notorios de ambas formas de aproximarse al cuento policiaco los podemos ubicar en los relatos del escritor José María Barrios de los Ríos (1864-1903), quien llegó a ser juez en la parte sur de la Baja California y que debió viajar, por sus responsabilidades oficiales, por toda la península para encargarse de diversos casos criminales, y que entre 1895 y 1896 escribió el libro El país de las perlas y otros cuentos californios (1908), publicado póstumamente y en el que aparecen dos cuentos pioneros de este género narrativo: “Manilargo” y “La cueva de los murciélagos”. El primero, “Manilargo”, es un retrato hablado de un delincuente, de un ladrón ecuatoriano que llega a Baja California a hacer de las suyas. Escrito como una especie de cuento ligero, lleno de humor sobre el otro lado de la ley, nos hace ver que el propósito de Barrios de los Ríos es mostrarnos, desde una perspectiva lombrosiana, a un hombre que no puede dejar de tomar lo que no le pertenece, a un individuo que, a sus 40 años de edad, ya no tiene compostura. José María delinea aquí una noción del carácter y de la conducta de un ladrón cuyo “más cuantioso hurto ha sido un par de planchas”, “el metate de una casa” y “ropa tendida”. El relato está presentado en forma de una larga entrevista y casi puede pensarse que salió directamente de un expediente judicial que pasó por las manos del propio Barrios de los Ríos o fue él mismo quien llevó a cabo la entrevista con el ladrón preso: ¿Qué otros objetos ha robado usted y cómo lo ha hecho? La primera vez, en Panamá, un marinero me admitió a dormir sobre la cubierta de un bote grande. Tenía mucho frío y para abrigarme me prestó un pedazo de lona. Dormí tan bien y tan caliente, que me decidí a pedírsela, pues creo que ya no le hacía mucha falta. Pero como me desperté algo temprano y el no aparecía, me la llevé en el hombro y al saltar en tierra me alcanzó y me entregó a la policía. Estuve encerrado y como vi algunos clavos, una estaquita y un martillo puestos al descuido, y que iban a servir para reparar la puerta de un calabozo, los escondí, y cuando obtuve mi libertad los llevé conmigo en recuerdo de mi prisión. ¿Y no temió usted efectuar ese robo en la cárcel misma? De temor sí he tenido siempre; pero ahí verá usted, siempre me he escapado, porque después de este encierro de Panamá, hace quince años, no he vuelto a caer sino hasta ahora. Se me olvidaba decir que esa misma vez, al ser cali-
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ficado de ratero por el comisario de policía, me llevé de su mesa un pequeño tintero y un portaplumas que vendí en la cárcel a un preso que sabía escribir y me hizo mis defensas. (Barrios, 1990)
El dibujo que hace Barrios de los Ríos de este ladrón en “Manilargo” va más por el lado de la literatura picaresca que del retrato hablado de un criminal siniestro, pero sirve para ofrecernos una visión de la clase de delincuentes que llegaban a la península de Baja California, vía marítima, a finales del siglo xix. Más importante: para la narrativa detectivesca, “La cueva de los murciélagos” sigue las premisas del crimen como enigma a resolver a partir del hallazgo de restos humanos en la cueva de los murciélagos, hallazgo efectuado por unos gambusinos en busca de fortuna: Lo que sacamos mi hermano y yo no fue dinero ni cosa que lo valga, sino un esqueleto de mujer, bajo cuyas ropas, en una tira bastante ancha de lino perfectamente ajustada a la cintura a guisa de ceñidor, y medio carcomida y deshilachada, pudimos descubrir algunas letras, después de limpiarlas cuidadosamente y remendar unos con otros los raídos pingajos. La inscripción no pudo revelarnos una frase, una sola palabra completa. Era nuestro deber avisar a la justicia de tal hallazgo en que forzosamente mirábamos la huella de un crimen. (Barrios, 1990)
“La cueva de los murciélagos” funciona, en tal sentido, como el recuento de este enigma que acaba por obsesionar al protagonista, quien trata de descifrar, por todos los medios y bajo un método analítico, los datos dispersos de aquel mensaje hasta que resuelve las palabras que la mujer asesinada, a la que se identifica como Marcelina Ponce Terríquez, dejó en un pedazo de tela. Labor deductiva que lo lleva a descubrir que el mensaje contiene el nombre e identidad del asesino, a quien descubre como un tripulante de El Tinglado, un barco que recorre el mar de Cortés: Media hora después atracamos El Tinglado en una punta de la Salada: allí estaba el guía que debía conducirnos a través del desierto. Vino a bordo a saludarnos y a trasladar a tierra nuestras provisiones y equipajes, y cuando más entretenidos estábamos con su plática y bienvenida, he aquí que en medio del asombro y la estupefacción de todos el hombrecillo de las cicatrices salta
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en la playa y echa a correr como un gamo, perdiéndose de nuestra vista entre la maleza y los palo adanes que recubren aquellos parajes. Pregunté al patrón por su nombre. En el rol traía asentado el de Dimas Velarde, y en un lío de trapillos que se dejó a bordo al saltar en tierra encontramos un documento: era un pasaporte autorizado por el Departamento de Marina de Chile, en virtud del que, habiendo concluido Dimas Velarde el término de su enganche en la armada de aquella república, se le permitía pasar a las costas de México. La inscripción de Marcelina quedaba, pues, exactamente descifrada. (Barrios, 1990)
A principios del siglo xx, la narrativa de la frontera da un paso adelante con el cuento “Cipriana” (1903), publicado en el periódico El Progresista, de Ensenada, por su autor, Pedro N. Ulloa (1881-1912). Cipriana es una moza a la que rondan muchos hombres y es descrita por su autor como un personaje de un cuento de Edgar Allan Poe: una mujer misteriosa que pronto atrae las sospechas sobre sí, ya que un forastero que llega al puerto y la trata de enamorar termina desaparecido para siempre. Podemos aquí ver un primer esbozo de una mujer criminal que se venga de la sociedad machista que la acosa o del primer retrato literario de una asesina en serie, expuesta con tintes tremendistas y no carente de una aureola romántica; es decir, estamos ante un personaje femenino que se nos presenta bajo la influencia de la novela gótica con sus paseos nocturnos y sus paisajes en ruinas. “Cipriana” es, además, un cuento breve que nos muestra la vida comunitaria de una población de frontera, en la periferia de México, donde una mujer que hace desaparecer a sus amantes provoca toda clase de habladurías: Media localidad estaba intrigada en el asunto. El cura decía que era el diablo en persona y llegó hasta tratar de lanzar exorcismos al enviado de Satanás; el boticario decía que se trataba de un duende; el juez, que era un alma en pena y don Quirino, el presidente municipal, que ni en el diablo, ni en duendes, ni en almas en pena creía, no opinaba en el asunto por no externar los pensamientos de la propia corporación. (Ulloa, 1903)
A partir del cuento de Pedro N. Ulloa se empieza a dar esta clase de narrativa escrita principalmente por periodistas que asumen también el papel
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