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La presente obra es un homenaje del Poder Judicial del Estado de México a un mexicano insigne que pasó una larga parte de su formación, vida política y docente, en la ciudad de Toluca, en el Instituto Científico y Literario. Ignacio Ramírez fue un adelantado social. Ignacio Manuel Altamirano, su biógrafo, nos dice: “Ignacio Ramírez se nos presenta como el verdadero precursor del adelanto científico, en nuestra Patria, como el más audaz y resuelto enemigo del oscurantismo y como el gran predicador revolucionario, que desde 1845 había adoptado como lema de su vida el Recedent omnia vetera; nova sint omnia (Dejar que lo antiguo se vaya y dirigirnos por todas las cosas buenas que acontezcan) que ninguno de sus predecesores ni de sus contemporáneos se había atrevido a pronunciar de una manera tan absoluta”.

homenajes & congresos

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OBRA CONMEMORATIVA DEL BICENTENARIO DEL NATALICIO DE IGNACIO RAMÍREZ CALZADA “ EL NIGROMANTE” (1818-2018)

Ignacio Ramírez Calzada fue un mexicano ilustre cuya personalidad y planteamientos de sus ideas le valieron ser encarcelado, principalmente por pretender que los indios tuvieran derechos humanos básicos, como se podrá apreciar en el Manifiesto a los Indios que se incluye en esta obra. Ramírez fue uno de los redactores, junto con Sebastián Lerdo de Tejada, de las Leyes de Reforma, igualmente participó con el Presidente Juárez en la redacción de las modificaciones a la Constitución de 1857, por las cuales se estableció la separación entre la Iglesia y el Estado.

OBRA CONMEMORATIVA DEL BICENTENARIO DEL NATALICIO DE IGNACIO RAMÍREZ CALZADA “EL NIGROMANTE” (1818-2018)

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OBRA CONMEMORATIVA DEL BICENTENARIO DEL NATALICIO DE IGNACIO RAMÍREZ CALZADA “EL NIGROMANTE” (1818-2018)


COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT LO BLANCH María José Añón Roig

Javier de Lucas Martín

Ana Cañizares Laso

Víctor Moreno Catena

Catedrática de Filosofía del Derecho de la Universidad de Valencia Catedrática de Derecho Civil de la Universidad de Málaga

Jorge A. Cerdio Herrán Catedrático de Teoría y Filosofía de Derecho. Instituto Tecnológico Autónomo de México

José Ramón Cossío Díaz Ministro de la Suprema Corte de Justicia de México

Eduardo Ferrer Mac-Gregor Poisot

Presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM

Owen Fiss

Catedrático emérito de Teoría del Derecho de la Universidad de Yale (EEUU)

José Antonio García-Cruces González Catedrático de Derecho Mercantil de la UNED

Luis López Guerra

Juez del Tribunal Europeo de Derechos Humanos Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Carlos III de Madrid

Ángel M. López y López

Catedrático de Derecho Civil de la Universidad de Sevilla

Marta Lorente Sariñena

Catedrática de Historia del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid

Catedrático de Filosofía del Derecho y Filosofía Política de la Universidad de Valencia Catedrático de Derecho Procesal de la Universidad Carlos III de Madrid

Francisco Muñoz Conde

Catedrático de Derecho Penal de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla

Angelika Nussberger

Jueza del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Catedrática de Derecho Internacional de la Universidad de Colonia (Alemania)

Héctor Olasolo Alonso

Catedrático de Derecho Internacional de la Universidad del Rosario (Colombia) y Presidente del Instituto Ibero-Americano de La Haya (Holanda)

Luciano Parejo Alfonso

Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Carlos III de Madrid

Tomás Sala Franco

Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad de Valencia

Ignacio Sancho Gargallo

Magistrado de la Sala Primera (Civil) del Tribunal Supremo de España

Tomás S. Vives Antón

Catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Valencia

Ruth Zimmerling

Catedrática de Ciencia Política de la Universidad de Mainz (Alemania)

Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales


OBRA CONMEMORATIVA DEL BICENTENARIO DEL NATALICIO DE IGNACIO RAMÍREZ CALZADA “EL NIGROMANTE” (1818-2018)

Ciudad de México, 2018


Copyright ® 2018 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de los autores y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch México publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com/mex/

© Archivo General del Poder Judicial

Editor: Dr. Leonel Pereznieto Castro Cuidado de la edición: Dra. Yaritza Pérez Pacheco Investigación: Dra. Yaritza Pérez Pacheco; Lic. en H. Iván Martínez Aguirre Paleografía: Mtra. Ana María González Lechuga; P. en H. Francisco Ernesto Valdés García (Archivo Histórico del Poder Judicial del Estado de México) Fotografías: cortesía de Emilio Arellano Digitalización del Periódico Temis y Deucalión, así como del Expediente Judicial: Coordinación General de Comunicación Social.

© Poder Judicial del Estado de México Derechos Reservados Impreso en México © EDITA: TIRANT LO BLANCH DISTRIBUYE: TIRANT LO BLANCH MÉXICO Río Tiber 66, Piso 4 Colonia Cuauhtémoc Delegación Cuauhtémoc CP 06500 Ciudad de México Telf: (55) 65502317 infomex@tirant.com www.tirant.com/mex/ www.tirant.es ISBN: 978-84-9190-317-8 MAQUETA: Tink Factoría de Color Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicasde-empresa nuestro Procedimiento de quejas. Responsabilidad Social Corporativa: http://www.tirant.net/Docs/RSCTirant.pdf


DIRECTORIO Consejo de la Judicatura Mgdo. Dr. Sergio Javier Medina Peñaloza Presidente Mgdo. Mtro. Palemón Jaime Salazar Hernández Mgdo. Lic. Juan Manuel Trujillo Cisneros Juez Lic. Juan Manuel Télles Martínez Mtro. Luis Gerardo Peña Gutiérrez M. en D. Marco Antonio Morales Gómez Lic. Otoniel Campirán Pérez Consejeros

ESCUELA JUDICIAL Dr. Víctor Manuel Rojas Amandi Director General

ARCHIVO GENERAL Mtro. José Luis Lechuga Soto Director

CONSEJO EDITORIAL Dr. Leonel Pereznieto Castro Director del Centro de Investigaciones Judiciales, Editor responsable Dr. Arturo Argente Villarreal Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey M. en D. Faustino Carrillo Ahumada Juez de Control y Tribunal de Enjuiciamiento Poder Judicial del Estado de México Dr. Mario Cruz Martínez Universidad Iberoamericana Dr. Miguel Eslava Camacho Escuela Normal Superior del Estado de México Dr. Virgilio Ruiz Rodríguez Universidad Iberoamericana Dr. José María Serna de la Garza Instituto de Investigaciones Jurídicas-UNAM Dra. Yaritza Pérez Pacheco Secretaria Ejecutiva del Consejo


Índice Presentación............................................................................................. 11 Introducción: Ignacio Ramírez Calzada y su “Manifiesto Indígena”.... 13 Biografía de Ignacio Ramírez Calzada................................................... 25 Imágenes.................................................................................................. 73 Periódico Temis y Deucalión................................................................... 93 A. Imágenes del periódico................................................................. 97 B. Transcripción del periódico.......................................................... 101 Expediente judicial.................................................................................. 115 A. Imágenes del expediente.............................................................. 119 B. Paleografía del expediente........................................................... 209 Obras de Ignacio Ramírez Calzada......................................................... 253 Frases y citas célebres de Ignacio Ramírez Calzada “El Nigromante”. 263 Bibliohemerografía sobre Ignacio Ramírez Calzada, “El Nigromante”. 267


Presentación Con motivo de la conmemoración de los doscientos años del nacimiento de Ignacio Ramírez Calzada, conocido por su seudónimo de El Nigromante, el Poder Judicial del Estado de México a través de su Archivo Histórico, su Escuela Judicial y su Centro de Investigaciones Judiciales publica esta obra, como un homenaje al patriota valeroso e incorruptible, al escritor agudo y crítico, al jurista probo y ejemplar, y a uno de los pensadores que modeló el liberalismo social mexicano, movimiento que contribuyó a la transformación del México del siglo XIX, propugnando la separación de la Iglesia y el Estado y edificando el gran referente constitucional de la República de 1857, que proyectó visionariamente algunas de las atrevidas novedades que influyeron en el matiz igualitario de la Primera Constitución Social del Siglo XX, la de 1917, inquietudes de equidad y de justicia que 200 años después siguen siendo vigentes y dan pleno valor a un personaje digno de estudio, pero sobre todo de reconocimiento. El seudónimo de El Nigromante lo usó Ignacio Ramírez desde que se inició en el periodismo en 1845, lo usaba para firmar sus colaboraciones en Don Simplicio, el periódico que fundó junto con Guillermo Prieto y Vicente Segura Argüelles. En su fértil labor periodística también fundó y dirigió Temis y Deucalión, en donde publicó el Manifiesto Indígena que motivó el juicio por delito de imprenta en 1850. En la presente publicación, con el apoyo de imágenes de la época, se incluyen varios documentos de importancia: el ejemplar del periódico Temis y Deucalión en la que fue publicado el Manifiesto Indígena y enseguida el expediente del juicio que se siguió en su contra por dicha publicación. Documentos que realzan la estatura moral de El Nigromante. Es de destacar la detallada y emotiva introducción elaborada por Emilio Arellano, bisnieto de Ignacio Ramírez, a quien agradezco nos haya proporcionado el material con el que se ha podido editar la presente obra. En su introducción, el señor Arellano muestra algunos pasajes trascendentes del acontecer de nuestro personaje con motivo del Manifiesto Indígena, en los que se pueden apreciar las cualidades excepcionales de Ignacio Ramírez.


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Presentación

En suma, este libro reúne por vez primera valiosos documentos, algunos incluso únicos, que se ponen a disposición de estudiosos pero en especial de todas aquellas personas que hallarán en El Nigromante un referente irrepetible de profunda convicción y pasión por sus causas y por su patria. Mgdo. Dr. Sergio Javier Medina Peñaloza Presidente del Tribunal Superior de Justicia del Estado de México


Introducción Ignacio Ramírez Calzada y su “Manifiesto Indígena” Que valioso es recordar a los prohombres que forjaron el concepto de nuestra nacionalidad única e irrepetible. Sobre todo, al coloso Ignacio Ramírez Calzada; personaje, que durante toda su existencia llena de adversidades, se proclamó como el emancipador intelectual del pueblo mexicano y, en especial, de los indios, que se encontraba subyugado entre la miseria imperante en el siglo XIX, en nuestro país, y por la notoria falta de derechos sociales, que luego fueron conquistados en la Constitución Liberal de 1857 y su reforma de 1917. A él, se le considera como el forjador e ideólogo de las garantías individuales o ciudadanas de las que ahora gozamos, con una aparente indiferencia o cotidianeidad, pero que fueran la base de los actuales Derechos Humanos. Pero, más relevante resulta la decisión del Poder Judicial del Estado de México, en celebrar el Bicentenario del Natalicio de Ignacio Ramírez Calzada “El Nigromante” (1818-2018) mediante una primicia nacional, al publicar en esta obra, y por tanto compartir con toda nuestra patria, uno de los expedientes judiciales más trascendentales de nuestra historia jurídica, política y social [en materia de libertad de expresión, de prensa y sobre garantías individuales] en virtud, de que se identifica a ese documento como el “Inicio formal del camino hacia la libertad del ciudadano” en la vasta obra intelectual y social de El Nigromante. Es un expediente judicial que versa sobre una denuncia penal por el delito de imprenta y otros delitos en contra de Ramírez, derivado de un artículo periodístico del 6 de abril de 1850 que publicó en la ciudad de Toluca, Estado de México, en un diario fundado por él (Temis y Deucalión) con matices liberales, que le generaron un repudio unánime de las clases conservadoras y acaudaladas de la entidad, así como del clero parasitario que vivía a expensas del pueblo pobre, que debía cubrir el diezmo puntualmente. En el expediente judicial del 9 de abril de 1850, contiene, como un documento anexo e incunable, el único ejemplar original existente del referido diario Temis y Deucalión, en perfectas condiciones de


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Introducción

conservación. Este ejemplar está al cuidado del Archivo Histórico del Poder Judicial del Estado de México. Vale la pena resaltar que dicho ejemplar periodístico, que es invaluable e insustituible, fue elaborado por Ignacio Ramírez con sus propias manos, con el uso de una prensa manual y con tipos o letras de plomo y estaño, que se utilizaban de manera individual. Cada letra se colocaba en líneas o canaletas de madera, en una superficie lisa, con lo que se armaban los textos a publicar. Impacta la visión del futuro que nos arroja el documento en cuestión y su autodefensa ante el jurado que hizo Ignacio Ramírez en esa causa penal, que en varios de sus párrafos magistrales envueltos de una sátira política, nos refieren: “¡Señores, si es un crimen pertenecer a un partido político, que como todos los otros ha regido algunas veces los destinos de la nación y los regirá todavía, yo soy criminal, yo soy puro! y continúa diciendo: Esta bandera la he heredado de mi padre (José Lino Ramírez Galván) que supo sostenerla con brillo en el poder... Ese papel, dice el Gobernador por medio de su secretario, es sedicioso, porque promueve la guerra de castas... Es una calumnia; dice el gobierno, que se quiera vender a los indios... ¡Se les ha vendido en Yucatán! Se dice que a los indios se les confiesa y casa por dinero. En adelante, no mantendrán los indios a los curas... si los indígenas huyen al monte en cuaresma, no es a la confesión a la que temen, sino al tributo sacramental. Existen en los curatos de los alrededores, tarifas en las que vemos dos huevos o dos cuartillos de maíz para confesar a los muchachos o a las mujeres, es una especie de peaje que pagamos en los tres lances más críticos de la vida: al nacer, al casarnos y al morir. Y remata su autodefensa con éstas palabras sacramentales: He dicho que mi conciencia está tranquila, pero debo confesar, señores, que mi espíritu se encuentra profundamente afligido; me afligiría de sobre manera un fallo injusto, no por mí, pues apelaría al cielo, a la posteridad, a la opinión pública, y a los cambios no difíciles de nuestras revueltas políticas; pero no quiero que en esta amada ciudad (Toluca) donde he desempeñado un puesto importante y donde está la cuna de mis hijos (José y Román) se proclame el exterminio de cinco millones de nuestros compatriotas [...] En el invaluable expediente judicial de fecha 9 de abril de 1850, se indica que el reo Ignacio Ramírez, fue absuelto por el jurado con ocho votos a favor y tres, en contra, de las acusaciones derivadas de la publicación del Manifiesto Indígena. Tanto temor han despertado siempre las palabras de Ramírez y su manifiesto social, que en años recientes, y censurando la voluntad del arquitecto constructor, Pedro Ramírez Vázquez, “alguien” mandó cubrir con mezcla y cemento el texto íntegro


Obra conmemorativa del bicentenario del natalicio de Ignacio Ramírez Calzada

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del Manifiesto Indígena de los muros del Museo del Templo Mayor de la Ciudad de México, para dejar sólo los dichos de Torquemada y de Hernán Cortés, para recordarle al pueblo mexicano lo grande que fue la conquista de la nueva España y como testimonio de la pequeñez intelectual de ese recinto público, guardián de nuestros tesoros prehispánicos. Por eso, la trascendencia y la grandeza de la aportación del Poder Judicial del Estado de México con esta publicación, que para los grupos conservadores y algunos sectores de la iglesia, será una publicación digna de las hogueras más incandescentes. Sorprende como ha sobrevivido dicho expediente judicial en tan notables condiciones de conservación, a pesar de tantos detractores ocultos, que en un siglo lo han tratado de desaparecer sistemáticamente. Para comprender a una mente superior como la de D. Ignacio Ramírez, se debe de analizar el contexto familiar e histórico en el que se forjó. Su padre, José Lino Ramírez Galván, fungió como el Interventor de Rentas del Estado de Querétaro durante la guerra de independencia y participó en la conspiración libertaria dirigida por Miguel Hidalgo e Ignacio Allende y Unzaga. Cuando triunfó la independencia nacional, el padre de Ramírez, fue electo Gobernador de la indicada entidad federativa y el 1833, promulgó con Valentín Gómez Farías, las primeras leyes de Reforma en México. Cuando Ignacio Ramírez estudió en el Colegio de San Gregorio de la Ciudad de México, dirigido por el clérigo Juan Rodríguez Puebla, en el discurso que le tocó dirigir a sus compañeros de generación, causó un gran estupor entre los padres de sus compañeros de colegio, cuando Ignacio Ramírez les sentenció: “Falaz y falsa resultará siempre la independencia nacional iniciada por el cura de Dolores, si la raza indígena, de la que desciendo honrosamente, no goza de una libertad económica, laboral, educativa o intelectual que los emancipe de la ignorancia y de su miseria involuntaria. Rechazo tajantemente la herencia española en nuestra nación, que sólo le brindó a sus entenados indígenas, tres siglos de esclavitud y explotación. Repudio la miseria de nuestros pueblos originarios, ¿Acaso los derechos anhelados por nuestros padres fundadores ya son ley suprema en esta patria afligida y mancillada?, nunca habrá independencia nacional, en tanto, no haya ciudadanos letrados y con el estómago lleno; con aspiraciones y sueños personales realizados, que les justifique y les permita libremente o de manera abierta, el ánimo de gritar a los cuatro vientos: ¡Señores, también nosotros somos mexicanos!, sin una constitución progresista, nunca habrá felicidad en nuestra nación. Sería muy cruel engañar


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a los indígenas con falsas quimeras, cuando enajenan sus cosechas a vil precio y la mayoría de ellos, sólo saben lamentarse en su eterna desgracia, esperando mejores siglos venideros, mientras los criollos acaudalados, sustituyen a los temidos conquistadores españoles. Lo único que cambió con la independencia nacional, fue el nombre o la nomenclatura de los tiranos y el tipo de verdugos. Al leer la biografía de algunos santos católicos, los hace verse ridículos, cuando observamos la infame existencia que llevan nuestros campesinos en chozas de adobe rodeados de pobreza y enfermedad, que son reanimados por el chasquido del látigo de sus capataces”. El linaje indígena de Ignacio Ramírez provenía de ambas ramas de sus ascendientes, su abuelo paterno, Ambrosio Ramírez, fue el cacique Tarasco del Estado de Querétaro y su abuelo materno, Cesáreo Calzada, fue el último señor azteca de Tacuba, título que heredó su madre, la señora Sinforosa Calzada. Por eso, decía Ignacio Ramírez: En ser indio mi vanidad se funda, porque el indio en su miseria, socorre a los vasallos de Isabel II. Durante la intervención francesa (Ures, mayo de 1865) sostuvo con una grandeza inusual, no apta para ningún sabio del nuevo mundo, una polémica sobre la despañolización en México, que se podría considerar como la continuación del artículo periodístico que publicó en 1850, en la ciudad de Toluca (Diario Temis y Deucalión) objeto del juicio que sufrió a manos de Fiscal Manuel Aguirre, un incondicional del gobernador conservador del Estado de México, Mariano Riva Palacio. Dicho fiscal sería durante la intervención francesa, el Regente del imperio de Maximiliano. Para valorar las pugnas ideológicas permanentes que se dan en nuestra nación: Liberales en contra de conservadores... en el artículo sobre La Despañolización en México, Ignacio Ramírez, con su permanente verticalidad ideológica sentenciaba: ¡Mueran los gachupines! Fue el primer grito de mi patria; y en esta fórmula terrible se encuentra la despañolización de México. ¿Hay algún mexicano que no haya proferido en su vida estas palabras sacramentales? Yo, uno de los más culpados, reniego de la nación que, tropezando con nosotros, y desde entonces se ha complacido en devorarnos [...] La España que usted ama, no existe ni ha existido jamás; es el talento de su alma lo que la engendra. Una sola gota de sangre española cuando ha hervido en las venas de un americano, ha producido a los Almontes, a los Miramón y a Santa Anna; ha engendrado a los traidores y no es extraño este fenómeno, porque para darnos sangre no han venido a la América los más brillantes intelectuales de esas tierras. España, representa el lecho de rosas en dónde sucumbió nuestro


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último emperador Guautemozin [...] La intelectualidad de esa época declaró vencedor a Ignacio Ramírez y a Emilio Castelar no le quedó más que enviarle un retrato a la prisión de San Juan de Ulúa, en donde estaba confinado El Nigromante, con la siguiente dedicatoria: A D. Ignacio Ramírez, al que el talento y la elocuencia estuvieron siempre de su parte. Del Vencido, al vencedor, Emilio Castelar, 1865. Regresando en el tiempo, cuando Ignacio Ramírez llegó a laborar al Estado de México por una invitación del gobernador liberal Francisco Modesto de Olaguíbel, contaba con 27 años de edad y fue designado como Secretario de Finanzas, Guerra y Educación. Para dimensionar la colosal tarea que le fue encomendada, basta señalar que los límites geográficos de la entidad aducida comprendían, desde el puerto de Tampico, hasta Acapulco, en el actual Estado de Guerrero, pasando por la Ciudad de México. Se puso a reordenar la administración pública del Estado y una de sus máximas aportaciones fue la Ley de Educación del Estado de México, donde se establecían las becas para alumnos de escasos recursos, los viáticos y manutención estudiantil, los uniformes escolares, así como los ansiados libros de texto gratuitos, que fue su primer ensayo nacional sobre la educación laica y gratuita, motivo por el cual reabrió el Instituto Científico y Literario del Estado de México, con sede en la ciudad de Toluca. En esa época feliz de su existencia conoció durante una ceremonia en el palacio de gobierno, a la que sería su esposa, la señora Soledad Mateos Lozada, de rancia estirpe criolla y liberal. El 17 de octubre de 1846 contrajo nupcias con ella en la parroquia de San Buenaventura Merlín (Parroquia de San José) y en la capital mexiquense nacieron sus dos primeros hijos: José y Román. Prolífica resultó su labor en pos de los necesitados y por el progreso de la entidad, prohibió las corridas de toros, reorganizó las actividades catastrales y comerciales en la ciudad de Toluca. Durante la intervención norteamericana en el año de 1847, combatió en la batalla de Padierna y fiel a su nacionalismo, fundó en años posteriores el Batallón Hidalgo, en honor al padre de la patria, Miguel Hidalgo y Costilla. Ignacio Ramírez, durante su gestión como funcionario público de la entidad mexiquense, recorrió diversas zonas contiguas a la capital (Toluca y Lerma) en esos lugares se dio cuenta de la miseria que imperaba entre los campesinos y la incipiente clase popular. Le encantaba plas-


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mar sus experiencias en sendos dibujos en sus libretas de viaje, que años después, algunos críticos de arte creyeron que habían sido elaborados por un gran artista europeo. Con Guillermo Prieto, que también radicó en Toluca por el año de 1846, realizaron estudios sociales y costumbristas de la población del valle de México, que luego publicaron en el año de 1850, bajo el título: Los mexicanos, pintados por sí mismos. Existe un daguerrotipo único en la historia nacional que refleja al batallón de San Patricio, que se localiza en la colección personal de los descendientes de Ignacio Ramírez, que acompaña a esta modesta presentación, como un testimonio de gratitud a esos soldados que dieron su vida por haberse rebelado en contra de la invasión norteamericana de 1847, que nos arrebató casi la mitad de nuestro territorio nacional. La sociedad conservadora de la ciudad de Toluca ya estaba impactada con las ideas revolucionarias de Ignacio Ramírez y, cuando ingresó como catedrático del Instituto Científico y Literario del Estado de México, narraba Felipe Sánchez Solís, que sus cátedras eran sinónimo de sismos intelectuales y se gestó el antecedente al juicio del 9 de abril de 1850 generado por la publicación del Manifiesto Indígena, en el diario Temis y Deucalión. Causando su baja como maestro de dicho plantel académico, para vergüenza de esa gran institución educativa. Acto seguido, la sociedad conservadora quemó en el patio de la indicada institución docente, los libros de texto gratuito que había elaborado Ignacio Ramírez para sus alumnos de escasos recursos, los clérigos de la época argumentaban: “Que le quitaba la inocencia a los indios al enseñarlos a leer y a escribir”. Un esfuerzo didáctico que luego instauró su sobrinonieto, Adolfo López Mateos, a nivel nacional mediante la Comisión Nacional de Libros de Textos Gratuitos. En las dos últimas décadas del siglo XIX, el hijo más pequeño de Ignacio Ramírez, de nombre: Juan Ignacio Ramírez Mateos, fungió como Juez de la ciudad de Toluca e Interventor de Educación Pública. Publicó una guía didáctica notable que fue distribuida en todos los planteles educativos de la entidad, siguiendo el ejemplo de su notable progenitor. Como maestro de nuevas generaciones, Ignacio Ramírez, les inculcó un nacionalismo ideológico a todos sus alumnos del Instituto Científico y Literario del Estado de México, y en otras instituciones educativas nacionales en donde impartió sus legendarias cátedras. Fue tan impactante para sus alumnos las lecciones al lado de El Nigroman-


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te, que muchos de ellos hasta la vida sacrificaron por no quebrantar esos conceptos libertarios, como fueron: el General Leandro Valle y Manuel Mateos Lozada, uno de los mártires de Tacubaya, fusilado por el general conservador Leonardo Márquez, durante la guerra de Reforma. Ejemplo de lo anterior, una anécdota más... Cuando en el año de 1853, Antonio López de Santa Anna realizó un plebiscito en la ciudad de Toluca, para ver si continuaba en el poder, las autoridades conservadoras de la entidad amenazaron al Instituto Científico y Literario, que debían votar los maestros y alumnos mayores a favor del dictador; más, los alumnos decidieron emitir su repudio generalizado al plebiscito y votaron en contra, lo que desencadenó una rebelión estudiantil por las aprehensiones decretadas en contra de sus compañeros. Los conservadores decidieron llevar una serenata a las puertas del Instituto y gritaron furibundos ¡Mueran las ciencias y las artes!, Ignacio Ramírez acabó en la cárcel de Tlatelolco por ser un instigador popular. En Cuba, se llegó a pagar dos onzas de oro fino por un artículo periodístico de El Nigromante. Cuando se realizó el Congreso Constituyente de 1857, uno de sus más aguerridos ideólogos sociales fue Ignacio Ramírez, al que se le considera como el precursor de las garantías individuales, como: La libertad de expresión, de imprenta, la igualdad del hombre y la mujer, el salario mínimo y la participación de los trabajadores en las utilidades de las empresas [propuesta aprobada hasta el año de 1962], el municipio libre, la abolición de las alcabalas y las corridas de toros, la abolición de la pena de muerte, la educación laica y gratuita, la separación de la Iglesia y el Estado, los derechos de los niños, los huérfanos, los sordomudos y de las madres solteras —que es un antecedente del actual Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia— los derechos de la naturaleza y la protección ambiental, el ejido y los derechos agrarios, el Fiscal Autónomo de la República Mexicana, la eliminación del fuero a los funcionarios públicos, el plebiscito y el referéndum popular, la libertad de profesiones y otras ideas visionarias, que son ya ley suprema en México. Al respecto, Ignacio Ramírez, mencionaba en esos debates legendarios del año de 1857: Para que un pueblo, como el mexicano, abandone las armas, debe de tener una constitución progresista y con un gran contenido social, que anime a los ciudadanos a realizar un fin común. El mayor problema social en México, es que existen diversos grupos étnicos que se consideran como naciones


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Introducción

independientes: Criollos, mestizos, indígenas u extranjeros, que debieran de invocar siempre los beneficios comunes de la carta magna. Se debe de erradicar, por ofensivo, esos términos distorsionantes de la convivencia social. Desde hoy, todos somos ciudadanos con los mismos derechos y obligaciones, lo demás, será siempre una ridícula deformación del lenguaje. Ignacio Ramírez, hizo profesión de fe democrática y libertaria y jamás quebrantó sus principios. Sustituyó las revueltas cuartelarias y clericales, por el imperio de una ley justa. Ignacio Ramírez, también se encargó de la redacción de las leyes de Reforma y su escribano fue Ignacio Manuel Altamirano, que había sido su alumno leal del Instituto Científico y Literario, los archivos y los manuscritos de las indicadas leyes se localizan en los acervos de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística de la capital mexicana. Como Ministro de Justicia y Director de la Oficina de Secularización de Bienes Eclesiásticos manejó millones de pesos y nunca se apropió de un solo centavo, manejó acervos bibliográficos colosales que fueron patrimonio de los recintos clericales y nunca se apoderó de un solo libro, a pesar de que le encantaba la cultura, con las obras de arte integró las colecciones nacionales, como la Tepotzotlán y la Biblioteca Palafoxiana en la ciudad de Puebla, su honradez acrisolada fue legendaria y uno de sus atributos mayores en su faceta personal, como la de servidor público. La verticalidad ideológica de Ignacio Ramírez fue vitalicia, no se escaparon de su juicio moral, la mayoría de los gobernantes del siglo XIX, en México. Cuando fue designado Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el Presidente Juárez lo mandó arrestar y en ausencia, el Congreso General lo nombró para dicho cargo por unanimidad. Fue Presidente de ese alto tribunal y sus aportaciones aún siguen vigentes, como criterios judiciales y procedimentales. El Ministro del Pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Juan Díaz Romero [uno de los más grandes oradores del siglo XX] en su alocución en honor de Don Ignacio Ramírez, nos indicaba: Cuando llegó a la discusión del Congreso Constituyente de 1857 el tema del artículo 22 de la Carta Magna, hubo legisladores que se opusieron a la prohibición sugerida por Ramírez, de usar grillos, cadenas o grilletes. Allí intervino Ignacio Ramírez e invocando algunos de sus pasajes biográficos, sentenció: “El orador ha tenido grillos en una de las prisiones por motivos políticos; saben son un verdadero tormento y una pena infamante. Por temor a que un reo pueda fugarse se defienden los grillos. Aunque se sabe que estos medios no bastan para evitar las


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