Descodificando el Islám. Arturo Guerrero Enterría Todos los Males. La Violencia contra las mujeres en el Cristianismo Primitivo. Emma González González Teología Desde las Víctimas. AAVV Cátedra Chaminade Autonomía, género y diversidad. Octavio Salazar Benítez Librepensamiento e Islam. Waleed Saleh La renovación pendiente. AAVV Cátedra Chaminade San Romero de América. Juan José Tamayo (Director) Religión, razón y esperanza. El pensamiento de Ernst Bloch. Juan José Tamayo Maestros y testigos. AAVV Cátedra Chaminade Grito Africano. Por el derecho a existir. Cyprien Melibi Melibi Ignacio Ellacuría. Utopía y teoría crítica. Juan José Tamayo, Luis Alvarenga (Directores) Tiempo de disenso. Creer, pensar, crear. AAVV Cátedra Chaminade Mujeres, hombres y catolicismo en la España contemporánea. Nuevas visiones desde la Historia. Inmaculada Blasco Herranz (Editora)
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El Feminismo es un producto de la Ilustración, de sus valores y de sus ideales emancipatorios. Pero la Ilustración también ha desplegado sus armas teóricas para justificar la sujeción de las mujeres al situar lo femenino en ámbitos de lo pre-político o de la Naturaleza a dominar como sexo o deseo frente al espacio emancipatorio de la Razón. El libro reflexiona sobre estos mecanismos conceptuales discriminatorios. Las relaciones ente Ilustración y Feminismo se definen aquí en términos de una “dialéctica” no solo como la tensión descrita sino como un diálogo en que el feminismo ilumina y critica las recaídas de la Razón en “razón patriarcal” y donde la Ilustración, a su vez, sustenta las reivindicaciones feministas en marcos de racionalidad y valores humanistas. En tiempos de posverdad, de predominio de la razón tecnológica en forma de algoritmos , de Big Data y de la primacía neoliberal del deseo, se defienden aquí los valores e ideales de la Ilustración en el convencimiento compartido con Steven Pinker de que la Ilustración quizá sea “ la mayor historia jamás contada” y en el personal convencimiento de que el Feminismo es la mayor revolución social del siglo XX y el gran relato emancipatorio del XXI.
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Dirigida por Juan José Tamayo
Cristina Molina Petit
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Ciencias de las Religiones
DIALÉCTICA FEMINISTA DE LA ILUSTRACIÓN Cristina Molina Petit
COLECCIÓN DIÁSPORA
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Imagen de portada: An Old Woman Reading (la Profetisa Ana). Probable retrato de la madre del autor. Rembrandt van Rijn,1631. Rijksmuseum. Amsterdam
DIALÉCTICA FEMINISTA DE LA ILUSTRACIÓN
COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT HUMANIDADES
Manuel Asensi Pérez
Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada Universitat de València
Ramón Cotarelo
Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia
Mª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València
Juan Manuel Fernández Soria Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València
Pablo Oñate Rubalcaba
Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València
Joan Romero
Catedrático de Geografía Humana Universitat de València
Juan José Tamayo
Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid
Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales
CRISTINA MOLINA PETIT Autora
DIALÉCTICA FEMINISTA DE LA ILUSTRACIÓN
tirant humanidades Valencia, 2018
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Para las hijas —y nietas— de mis amigas. Que sepan de donde vienen sus derechos y ahora conquisten el “poder del amor” y lo ejerzan libres de opresión y explotación sentimental.
Índice AGRADECIMIENTOS..................................................................................... 13 PRÓLOGO DE CÉLIA AMORÓS.................................................................... 15 PRÓLOGO A LA SEGUNDA EDICIÓN........................................................... 19
INTRODUCCIÓN ILUSTRACIÓN Y FEMINISMO...................................................................... 25
PARTE I LA DICOTOMÍA PÚBLICO/PRIVADO EN EL PENSAMIENTO POLÍTICO ILUSTRADO Y LIBERAL 1. ILUSTRACIÓN Y LIBERALISMO............................................................ 31 2. EL CONTRATO SOCIAL Y EL CONTRATO SEXUAL............................. 36 3. JOHN LOCKE (1632-1704).................................................................... 40 3.1. El pacto social y el poder político................................................... 41 3.2. La sociedad familiar y el poder del padre....................................... 46 3.3. La propiedad, la autonomía y el poder........................................... 48 3.4. La mujer desposeída........................................................................ 52 4. JEAN-JACQUES ROUSSEAU (1712-1778)............................................ 53 4.1. Rousseau y el malestar de la cultura............................................... 54 4.2. El estado de naturaleza y el origen de la desigualdad.................... 58 4.3. La sociedad civil, el pacto y el deber moral del Estado.................. 63 4.4. La sociedad familiar frente a la sociedad política.......................... 68 4.4.1. El poder absoluto del padre................................................ 68 4.5. La sujeción de la mujer como condición de posibilidad del ciudadano................................................................................................. 72 5. JOHN STUART MILL (1806-1873)........................................................ 76 5.1. La esfera social externa y la esfera interna.................................... 76 5.2. La revisión del utilitarismo de Bentham........................................ 80 5.2.1. Felicidad y placer moral...................................................... 80 5.3. Hacia el progreso y la liberación individual por la educación....... 83 5.4. La sujeción de la mujer y la solución ilustrada individualista....... 86
APÉNDICE CONFIGURACIÓN DE LOS CONTENIDOS “PÚBLICO” Y “PRIVADO” EN SU EVOLUCIÓN ILUSTRADO-LIBERAL DESDE “NECESIDAD” VERSUS “LIBERTAD” HASTA “INDIVIDUO” VERSUS “ESTADO”..................................................................................... 91
PARTE II LA IDEOLOGÍA DEL “SITIO” DE LA MUJER 1. LA MUJER EN LA ESFERA PRIVADA.................................................... 99 1.1. Mujer Naturaleza, fuera de la Razón.............................................. 101 1.2. La mujer virtuosa............................................................................ 103 1.3. La utilidad de la mujer en su casa................................................... 107 1.4. El hogar como sitio de la mujer...................................................... 111 2. LA MUJER APARTADA DE LO PUBLICO.............................................. 113 2.1. La aceptación de “su sitio”.............................................................. 114 2.2. ¡Que viva la diferencia!.................................................................... 116 2.3. Implicaciones del apartamiento de la mujer de “lo público”......... 123 2.3.1. La mujer no ciudadana....................................................... 123 2.3.2. La mujer fuera de la ley. Ley y “ley de amor”..................... 127 2.3.3. La mujer sin estatuto de individualidad............................ 130
PARTE III LA CRÍTICA FEMINISTA A LA DICOTOMÍA DE LAS DOS ESFERAS 1. LA TEORÍA FEMINISTA Y SU INTERÉS................................................ 137 1.1. El género.......................................................................................... 142 1.2. El patriarcado.................................................................................. 149 2. EL FEMINISMO LIBERAL Y LA CONCILIACIÓN DE LAS DOS ESFERAS........................................................................................................... 154 2.1. Betty Friedan: de la “mística de la feminidad” a la “mística del feminismo”...................................................................................... 159 3. EL FEMINISMO SOCIALISTA Y LA REDEFINICIÓN DE LO PÚBLICO/PRIVADO COMO MODOS DE PRODUCCIÓN/REPRODUCCIÓN......................................................................................................... 171 3.1. Definiendo el problema del sexismo. La cuestión de “quién limpia después la oficina”..................................................................... 175 3.2. Las Teorías del Doble Sistema: capitalismo y patriarcado............ 178 3.2.1. Zillah Eisenstein: el estado capitalista y patriarcal........... 180 3.2.2. El matrimonio desgraciado entre el marxismo y él feminismo: Heidi Hartmann...................................................... 184 3.3. Las críticas al Doble Sistema.......................................................... 186 4. EN BUSCA DE LA BASE MATERIAL DEL PATRIARCADO. LA REDEFICIÓN DE “TRABAJO”.......................................................................... 190 5. LAS APORTACIONES DEL FEMINISMO SOCIALISTA A LA TEORÍA FEMINISTA.............................................................................................. 193 5.1. El sistema sexo-género de Gayle Rubin.......................................... 193 5.2. Nancy Chodorow: la función de madre y la reproducción del género.................................................................................................. 195
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PARTE IV HACIA UN MODELO EXPLICATIVO DE LA DINÁMICA DE LOS GÉNEROS Y DE LA PERVIVENCIA DEL SITIO DE LA MUJER 1. EL MODELO ANTROPOLÓGICO-ESTRUCTURAL DE MICHELLE Z. ROSALDO................................................................................................ 206 2. PÚBLICO Y PRIVADO DESDE LA PERSPECTIVA SEMIOLÓGICOFORMAL. LA VALORACIÓN COMO CÓDIGO DE REFERENCIA........ 210 3. EL SENTIDO DE LA DISTRIBUCIÓN ASIMÉTRICA DE LOS ESPACIOS DEL HOMBRE Y DE LA MUJER................................................... 215 4. LA PREGUNTA POR QUIÉN HABLA. El patriarcado como el poder de nombrar y de distribuir los espacios....................................................... 220
EPÍLOGO ILUSTRACIÓN, FEMINISMO Y POSTMODERNIDAD 1. EL DEBATE Y EL ETHOS POSTMODERNO.......................................... 237 2. LA POSTMODERNIDAD COMO DE-CONSTRUCCIÓN DE LA MODERNIDAD. LA CRISIS DE LA SUBJETIVIDAD MODERNA................ 240 2.1. La estética de la modernidad y sus rupturas. El tiempo moderno. La mistificación de lo nuevo y la transgresión como procedimiento.............................................................................................. 243 2.2. La crisis de la representación en la estética moderna. El gusto por el fragmento. Lo femenino como representación de lo irrepresentable...................................................................................... 248 3. LA POSTMODERNIDAD COMO RADICALIZACIÓN DEL PROYECTO ILUSTRADO....................................................................................... 251 ADDENDA 2018.............................................................................................. 259 POSTCRIPTUM............................................................................................... 261 BIBLIOGRAFÍA............................................................................................... 265
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AGRADECIMIENTOS Quiero expresar, en primer lugar, mi reconocimiento y agradecimiento a Cèlia Amorós. Su obra ha representado una fuente de referencia crucial para la realización de este trabajo. Su modo de hacer, en el que une la exigencia de un rigor metodológico profundo con la amenidad de un humor expresado en claves cotidianas, es siempre un ejemplo inestimable y gratificante. Su tarea de dirigirme la tesis doctoral que ha cristalizado en este libro fue una labor no sólo de orientación y corrección, sino de impulso y estímulo en todo momento con ese interés y ese sentido de la “sororidad” que ella pone en estas causas. Fui la primera doctoranda de Cèlia quien con gran osadía entonces, presentó mi tesis de feminismo en el departamento de Metafísica y Teoría del Conocimiento de la Complutense eligiendo un tribunal solo de mujeres (excepto el director del Departamento, mi antiguo profesor D. Sergio Rábade). Allí estaban ocupando la tribuna, Amelia Valcárcel, Victoria Camps, Mari Carmen Iglesias, Josefa Cordero….todo un lujo y toda una escenificación del protagonismo imparable de las mujeres en la Universidad… Hacia otra Universidad, quiero mandarle a Lucienne Muller un recuerdo agradecido y nostálgico por aquellos días en que fuimos compañeras en Columbia. Sus críticas, a veces despiadadas, sus discusiones, siempre clarificadoras, de muchas de las ideas que entonces apuntaban al texto base de la tesis, me estimularon enormemente. Sus sugerencias bibliográficas, sobre todo de la obra de Zillah Eisenstein, a partir de la cual planteé como un punto crucial la crítica feminista a la dicotomía de lo público-privado, me fueron de una gran ayuda e inspiración. A Raquel Osbome le agradezco la lectura paciente y las indicaciones que me ha hecho en varios capítulos de este trabajo, así como el constante ánimo —expresado muchas veces en la distancia a través del teléfono— que me ha dado. Margarita Guerra y el grupo de discusión de Tafira se convirtieron en un auditorio interesado y oportuno ante algunos temas de este libro y más de una vez me obligaron a revisar puntos del texto original que parecían oscuros.
Isabel Suárez, a través del Colectivo de Mujeres Canarias —al que las dos pertenecemos— se interesó en buscar ayuda para la coedición del libro. Como siempre, la he encontrado dispuesta a tenderme sus manos (a pesar de tenerlas permanentemente ocupadas en sus “triples jornadas”). A Javier Muguerza le debo valiosas indicaciones y sugerencias cuando le pedí que leyera partes del texto del Epílogo. Por fin quiero agradecer a mi madre y a Umberto el que me facilitaran el tiempo libre y “la habitación propia” para que yo pudiera dedicarme a escribir. Y por último, en esta Segunda Edición, quiero expresar mi deuda con María Hdez Reina por los apuntes y la contrastación de muchas ideas que fueron surgiendo a lo largo de la nueva redacción. Y ante todo, mi agradecimiento a Juan José Tamayo y a la Editorial Tirant Lo Blanch por el interés mostrado por este texto y su comprensión para soportar los continuos aplazamientos en la entrega del mismo.
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Cristina Molina Petit
PRÓLOGO DE CÉLIA AMORÓS El feminismo filosófico español —pues la obra que tengo el honor de presentar ha colaborado en no poca medida a que vaya tomando cuerpo en nuestro país un pensamiento feminista con ciertas señas de identidad— está de enhorabuena: por fin ve la luz la tesis pionera de Cristina Molina sobre Ilustración y Feminismo, leída en la Universidad Complutense en 1987. Y lo hace con el inspirado título de DIALÉCTICA FEMINISTA DE LA ILUSTRACIÓN. La idea de releer en clave feminista la Dialéctica de la Ilustración no puede ser más pertinente: las relaciones del feminismo con la razón ilustrada en su impostación patriarcal, atormentadas y ambivalentes, son muy adecuadamente caracterizadas como una tensión y un duelo dialógicos. Tensión por la que el feminismo forcejea con la razón ilustrada: trata de exprimirle su jugo emancipatorio para realizar la vocación universalizadora a la que no puede renunciar sin traicionarse a sí misma. Históricamente el feminismo, producto de la Ilustración, aplicó de forma precoz —mucho antes que Habermas: Poullain de la Barre, Mary Wollstonecraft, entre otras y otros, dan fe de ello— el tratamiento de cura homeopática cuya fórmula tan bien expresó Mme. de Stael: las Luces sólo se curan con más luces. Pues bien: el trabajo de Cristina Molina se inscribe en el programa de esta cura con su propuesta de que las Luces enfoquen con todo su potencial crítico el reducto de opacidad, tan bien señalado por nuestra autora, que venían “negándose a iluminar”: la mujer, como en la tabla de los opuestos de los pitagóricos, aún queda del lado de las tinieblas, de los prejuicios contumaces que la razón no logra disipar. Para entender la dialéctica feminista de la Ilustración, ese peculiar juego de luces y sombras, esa tensión entre la explotación de las virtualidades emancipatorias de la razón ilustrada y los bloqueos de las mismas bajo la presión de los intereses patriarcales, se vuelve necesario el análisis de una dicotomía tan vieja como los pares de opuestos de los pitagóricos: la dicotomía de “lo público” y “lo privado”. Esta vieja dicotomía asume nuevos y significativos ropajes, como es sabido, en el pensamiento liberal. Sin embargo, desde cierto punto de vista, y aunque los foucaultianos se lleven las manos a la cabeza —una vez más, como diría Lévi-Strauss, es “la generalización lo que funda la comparación y
no a la inversa”—, puede ser asumida como una variante de una jerarquización ancestral entre dos espacios: el espacio de lo visible, lo abierto al reconocimiento y por tanto a la valoración social, y el de lo que se sustrae a la visibilidad y a la convalidación. Tales son, respectivamente, los espacios público y privado para la malograda antropóloga Michelle Z. Rosaldo, quien propuso la dicotomía así interpretada como un “modelo estructural” que podría dar cuenta de “aspectos recurrentes” de la organización social y cultural de sociedades muy distintas en el espacio y en el tiempo: lo público, el espacio en el que se enmarcan las actividades expuestas al reconocimiento y socialmente más valoradas, es el espacio de los varones, mientras lo privado, ámbito en el que se desarrollan las actividades femeninas, se relaciona con lo considerado socialmente menos importante. Ciertamente el pensamiento liberal otorgó un nuevo sentido a lo privado al adjudicarle las connotaciones de lo íntimo, lo irreductiblemente personal, y así lo constituyó en aquel ámbito respecto del cual el sujeto podía ejercer su derecho de apropiación sustrayéndolo a las miradas y a las interferencias de lo público. Lo privado ya no era de este modo definido por privación de reconocimiento y de derechos sin más —como era el caso, por ejemplo, entre los griegos—, sino que adquiría un contenido positivo y enormemente relevante —como han puesto de manifiesto estudios recientes tan sugerentes cuan discutibles, como el de Nancy Armstrong—1 en la configuración de la subjetividad moderna. Ahora bien, si se adopta, como se hace en la investigación de Cristina Molina, la perspectiva del género-sexo, resulta del todo pertinente la pregunta acerca de para quién se constituye lo privado en espacio de disfrute y este desarrollo personal, y la respuesta obvia es: para el varón. Lo privado sigue siendo aquel espacio “de la mujer” —en cuanto espacio “doméstico”— en el que la mujer resulta no tener su propio espacio —la “habitación propia” de Virginia Woolf—. Así pues, no parece que la redefinición de los espacios público y privado por parte del liberalismo como la plasmación históricamente más consolidada de la matriz ilustrada excluya esta dicotomía de las jerarquizaciones que el sistema género-sexo ha instituido por doquier.
1
Cfr. N. Armstrong, Deseo y ficción doméstica, l/tia historia política de la novela (trad. cast. de Marta Coy), Madrid, Cátedra, 1991.
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Cristina Molina Petit
De ahí la necesidad y la relevancia de la crítica feminista a la dicotomía de las dos esferas. Crítica que, si se repara bien en ello, no es sino una radicalización de la crítica ilustrada que se aplica al reducto, por emplear de nuevo la afortunada expresión de Cristina Molina, que “las luces se negaban a iluminar”. Dicho de otro modo, la crítica feminista, en cuanto crítica ilustrada, no hace sino desnaturalizar aquel presunto enclave de naturalización que venía representado por la esfera doméstica, enclave feminizado cuyo tratamiento teórico y práctico se sustraía a los criterios de legitimación —el pacto entre iguales, el consenso de sujetos autónomos— que se implantaron como los adecuados en la esfera de lo público. La esfera “privada” queda de ese modo configurada como un ámbito no regido por consideraciones de justicia —la justicia, como con tanta perspicacia lo vio Nietzsche, solamente se plantea como problema y como norma reguladora cuando se constituyen espacios de equipotencia cuando han de coexistir individuos que tienen aproximadamente el mismo poder— sino de “vida buena”, y la vida buena se convierte en el ámbito de las opciones2 personales, que quedarían de este modo próximas a las cuestiones del gusto, desde los gustos estéticos a los sexuales. Y es aquí donde cobra su pertinencia el leitmotiv feminista acuñado por Kate Millet: “lo personal es político”. Implica, como es sabido, tanto una redefinición del ámbito de la política convencional cuanto la redefinición correlativa —que tantas veces nos lleva a malentendidos como a discusiones con los liberales— de qué sea “lo personal”; el feminismo sostiene que ni siquiera “lo personal” tiene bula con respecto al género: no es lo mismo “lo personal” de un hombre que “lo personal” de una mujer, y esta diferencia misma es política. Hay —en esto sí coincidiríamos con Foucault— una construcción política de “lo personal” y por la misma razón se debe proceder a su deconstrucción —asimismo política— cuando encubre relaciones de poder no legítimas. El feminismo, al revelar el carácter político de la constitución de las dos esferas no pretende hacer sólo ontología del presente, diagnóstico de nuestros límites constitutivos, sino ética y política del presente en la medida en que contesta, no sólo con resistencia sino con la articulación
2
Cfr. Seyla Benhabib, “El Otro generalizado y el Otro concreto”, en S. Benha- bib y D. Comell (eds.), Teoría feminista y teoría crítica, Valencia, AJfons el Magnánim, 1990.
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de alternativas, el poder coreográfico-discursivo “de asignar espacios”. Para Cristina Molina, este poder de nombrar como poder de adjudicar espacios prácticos y simbólicos a los géneros, este “topo-poder”, si nos permite decirlo así, que constituyen el espacio público y el espacio privado como espacios jerarquizados, tiene a su vez un nombre y es algo más que un nombre: se llama patriarcado. ¿Se puede luchar contra el patriarcado con las armas de la Ilustración? ¿Acaso no es ella misma un constructo patriarcal? Sin duda, pero este peculiar constructo saber-poder ha generado tales virtualidades autocríticas que posibilita la pregunta radical por la legitimidad de que el patriarcado se autoinstituya en poder de nombrar y de adjudicar espacios. La Ilustración conlleva de forma irreversible, entre otras cosas, lo que hemos llamado una crisis de legitimación patriarcal, una irracionalización del poder basado en el género, y este cuestionamiento tiene implicaciones antropológicas importantes e inducibles para el proyecto feminista. Por ello, Cristina Molina, en un lúcido ejercicio de crítica feminista como hermenéutica de la sospecha, se muestra profundamente escéptica con respecto a las aminoraciones postmodernas de la razón, las distintas versiones de una razón light —pensiero debole, razón piadosa, razón estética— que, de acuerdo con sus recientes análisis3, no se encontrarían a la altura del cometido de irracionalización del patriarcado a que el feminismo no puede renunciar. Agradezcamos, pues, a nuestra autora su trabajo y su lucidez. CÉLIA AMORÓS
3
C. Molina Petit, “Lo femenino como metáfora en la racionalidad postmoderna y su (escasa) utilidad para la Teoría Feminista”, Isegoria, 6 (noviembre 1992), pp. 129-143.
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PRÓLOGO A LA SEGUNDA EDICIÓN Han pasado bastantes años desde aquel primer prólogo que Cèlia Amorós, mi admirada maestra —y hoy también entrañable amiga— redactó con su acostumbrada generosidad para este libro. Y otros bastantes años desde el Epílogo del final que me figuré iba a ser el definitivo. Pero he aquí que Juan José Tamayo se interesó por reeditar el texto de parte de la editorial Tirant lo Blanch, lo cual no puedo menos que agradecerle aunque me obligue a realizar una nueva revisión no prevista. Y aquí estoy releyendo estas páginas con la nostalgia de una época pasada y felizmente fructífera alentada y compartida con aquel grupo de compañeras del Seminario Ilustración y Feminismo que promovió y dirigió Cèlia Amorós en la Complutense desde 1987 por mas de veinte años. Trabajar con Cèlia ha sido para mí un verdadero privilegio y placer intelectual y moral: generosa para darnos protagonismo y al tiempo, inmisericorde en sus acertadas críticas a nuestras intervenciones. Podía acoger cualquier idea u ocurrencia que le pareciera oportuna y después de una reflexión —a veces en voz alta— devolvértela enmarcada y tejida en una red de teorías (“una se ve más favorecida mirándose en el espejo de Cèlia”—he comentado alguna vez—)… Allí y desde allí, en aquellas largas sesiones —que podían terminar en cenas amigables igualmente largas— pude someter a su juicio y al de las compañeras las propuestas de mi reciente tesis doctoral que así se reposaron y afinaron en el libro. También traía entonces mis lecturas y mi fascinación juvenil por la obra de Adorno, tanto en sus escritos de Teoría Crítica como en sus ensayos de Estética y Música, éstos últimos trabajados —no sin esfuerzo para entrar en su intrincada prosa— cuando fui profesora de Estética en la ETSA de Madrid, animada por mi colega Ignacio G. de Liaño al que quiero recordar desde aquí. Asimismo, agradecí a la pianista Ana Luisa Benítez me regalara un raro ejemplar de Disonancias que recoge varios ensayos de Adorno sobre la música de su tiempo, de la que fui —y soy— una aficionada entusiasta.
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Pero la obra que me caló profundamente fue Dialéctica de la Ilustración que sentía escrita desde el estupor, el dolor y la indignación por las derivas criminales de la racionalidad moderna en Europa y sin embargo, elaborada con el esfuerzo vigoroso de sus autores para tratar de salvar la Ilustración a toda costa. Y cuando redactaba la tesis y luego el libro, me pareció que el esquema de la dialéctica de la Ilustración era adecuado para expresar también aquel sentimiento de extrañeza y malestar y por qué no decirlo, de indignación cuando estudiaba en la carrera a mis autores admirados —Kant, Schopenhauer, Nietzsche— que, en cuanto trataban el tema de la mujer, se apeaban fácilmente y sin “sonrojo epistemológico alguno” —como diría Celia Amorós—, de sus principios e impecables argumentaciones filosóficas. De este modo —pensé— si Adorno y Horkheimer plantean en la D.I. cómo fue posible que en las sociedades más civilizadas, más ilustradas, más refinadas como eran las de Europa de mediados del siglo XX, aquellas que dieron los mejores frutos intelectuales, artísticos y musicales del siglo, pudieran haber causado también tantas catástrofes humanitarias (y económicas) como fueron las dos grandes guerras coronadas por crímenes inimaginables y si estos autores tratan de explicar esta inquietante contradicción por una inmanente dialéctica de la propia Ilustración que se origina y recae en su opuesto, se me ocurrió que en el caso del feminismo podía operar la misma dialéctica. En efecto, admitiendo que todo feminismo es, en su raíz y en sus planteamientos, un producto ilustrado, el hecho alarmante y obstinado es que la propia Ilustración tiende a eludir y a oscurecer cuando no a justificar las reivindicaciones feministas. Señalar este fenómeno y analizar los mecanismos ideológicos que operan en esta deriva, al parecer forzosa, así como indagar en sus consecuencias y proponer posibles salidas, fue el objetivo de este trabajo. El caso es que ahora, cuando me enfrento a este antiguo texto por el empeño —que agradezco— de Juan José Tamayo, se me ocurre que mi inmediato quehacer estaría en preguntarme cómo plantearía hoy una dialéctica feminista de la Ilustración, después de la crisis de la modernidad, y la postmoderniad, en esta era del mercado globalizado. Y la respuesta creo que estaría en las narrativas y en las prácticas del neoliberalismo que es el actual producto político “ilustrado” más extendido 20
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