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LA JUSTICIA MEXICANA EN PERSPECTIVA
Con el objetivo de homenajear a un destacado juzgador mexicano, en esta obra se recopila una serie de ensayos que desde el derecho, la filosofía o la historia nos ofrecen una panorámica general de tópicos como la administración de justicia, cuestiones éticas y argumentativas, los derechos humanos y su protección en el sistema regional, así como diversos abordajes de las últimas reformas constitucionales y legales, con lo cual se pretende una mejor aproximación a las tareas de impartir justicia en los órganos judiciales mexicanos. Destacan, por supuesto, los ensayos que revisan la labor jurisdiccional y administrativa del magistrado Julio César Vázquez-Mellado García, en un primer momento como juzgador y, posteriormente, como director general de la escuela judicial mexicana, pero que terminan por destacar el perfil de un excepcional hombre cuya caracterización describe la ministra Luna Ramos en su ensayo biográfico: “hombre habitado por un dinamismo excepcional, una sabiduría inmensa y una voluntad que, créanme, pocas veces se ve en alguien. […] Su lucha incansable, interesada solamente por una voluntad genuina de servicio, de búsqueda del bien, es la prueba más dura y fehaciente de aquello que, en el fondo, lo distingue de entre los hombres de su tiempo: un corazón cálido, lleno de franca nobleza”.
CARLOS BÁEZ SILVA DAVID CIENFUEGOS SALGADO RAFAEL ESTRADA MICHEL Coordinadores
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LA JUSTICIA MEXICANA EN PERSPECTIVA Estudios en homenaje a Julio César Vázquez-Mellado García CARLOS BÁEZ SILVA DAVID CIENFUEGOS SALGADO RAFAEL ESTRADA MICHEL Coordinadores JOSÉ MANUEL DE ALBA DE ALBA VÍCTOR HUGO GIL JULIO CÉSAR ANTONIO ROSALES ROBERTO LARA CHAGOYÁN CARLOS BÁEZ SILVA MARGARITA BEATRIZ LUNA RAMOS MIGUEL BONILLA LÓPEZ JULIETA MORALES SÁNCHEZ DULCE ALEJANDRA CAMACHO ORTIZ RODRIGO MORENO TRUJILLO EUGENIA P. CARMONA DÍAZ DE LEÓN JORGE OJEDA VELÁZQUEZ DAVID CIENFUEGOS SALGADO JORGE MARIO PARDO REBOLLEDO RAFAEL ESTRADA MICHEL CARLOS RÍOS ESPINOSA JESÚS BOANERGES GUINTO LÓPEZ GONZALO SANTIAGO CAMPOS ROSA MARÍA TEMBLADOR VIDRIO
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LA JUSTICIA MEXICANA EN PERSPECTIVA Estudios en homenaje a Julio César Vázquez-Mellado García
COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT LO BLANCH María José Añón Roig
Javier de Lucas Martín
Ana Cañizares Laso
Víctor Moreno Catena
Catedrática de Filosofía del Derecho de la Universidad de Valencia Catedrática de Derecho Civil de la Universidad de Málaga
Jorge A. Cerdio Herrán
Catedrático de Teoría y Filosofía de Derecho. Instituto Tecnológico Autónomo de México
José Ramón Cossío Díaz Ministro de la Suprema Corte de Justicia de México
Catedrático de Filosofía del Derecho y Filosofía Política de la Universidad de Valencia Catedrático de Derecho Procesal de la Universidad Carlos III de Madrid
Francisco Muñoz Conde
Catedrático de Derecho Penal de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla
Angelika Nussberger
Jueza del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Catedrática de Derecho Internacional de la Universidad de Colonia (Alemania)
Eduardo Ferrer Mac-Gregor Poisot
Héctor Olasolo Alonso
Owen Fiss
Luciano Parejo Alfonso
Presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM Catedrático emérito de Teoría del Derecho de la Universidad de Yale (EEUU)
José Antonio García-Cruces González Catedrático de Derecho Mercantil de la UNED
Luis López Guerra
Juez del Tribunal Europeo de Derechos Humanos Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Carlos III de Madrid
Ángel M. López y López
Catedrático de Derecho Civil de la Universidad de Sevilla
Marta Lorente Sariñena
Catedrática de Historia del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid
Catedrático de Derecho Internacional de la Universidad del Rosario (Colombia) y Presidente del Instituto Ibero-Americano de La Haya (Holanda) Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Carlos III de Madrid
Tomás Sala Franco
Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad de Valencia
Ignacio Sancho Gargallo
Magistrado de la Sala Primera (Civil) del Tribunal Supremo de España
Tomás S. Vives Antón
Catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Valencia
Ruth Zimmerling
Catedrática de Ciencia Política de la Universidad de Mainz (Alemania)
Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales
LA JUSTICIA MEXICANA EN PERSPECTIVA Estudios en homenaje a Julio César Vázquez-Mellado García Coordinadores
Carlos Báez Silva David Cienfuegos Salgado Rafael Estrada Michel Autores
José Manuel De Alba De Alba Julio César Antonio Rosales Carlos Báez Silva Miguel Bonilla López Dulce Alejandra Camacho Ortiz Eugenia P. Carmona Díaz de León David Cienfuegos Salgado Rafael Estrada Michel Jesús Boanerges Guinto López
Víctor Hugo Gil Roberto Lara Chagoyán Margarita Beatriz Luna Ramos Julieta Morales Sánchez Rodrigo Moreno Trujillo Jorge Ojeda Velázquez Jorge Mario Pardo Rebolledo Carlos Ríos Espinosa
Gonzalo Santiago Campos
Rosa María Temblador Vidrio
Ciudad de México, 2018
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Índice Semblanza del Magistrado Julio César Vázquez-Mellado García................ 9 Margarita Beatriz Luna Ramos
Hacia una Escuela Judicial para el siglo XXI............................................... 19 Víctor Hugo Gil
Jueces. Una propuesta de formación........................................................... 23 Julio César Antonio Rosales
¿Qué parte de la Ley Suprema de la Unión son los derechos humanos?.. 31 Carlos Báez Silva
Cuestiones generales sobre los recursos en el Código Nacional de Procedimientos Penales....................................................................................... 53 Miguel Bonilla López
Pensamiento problemático y el nuevo paradigma constitucional: diálogo con Viehweg a través de algunas tesis de García Amado......................... 75 Dulce Alejandra Camacho Ortiz
Ética del Legislador....................................................................................... 101 Eugenia Paola Carmona Díaz de León
El perfil del juez. Homenaje a dos juzgadores, desde la palabra y el sentir de uno de ellos............................................................................................ 125 David Cienfuegos Salgado
Análisis de los Elementos de la Suspensión surgidos de la Reforma Constitucional..................................................................................................... 149 José Manuel De Alba De Alba
El gozne y el cimiento.................................................................................... 163 Rafael Estrada Michel
Sentencia y gestión judicial........................................................................... 171 Jesús Boanerges Guinto López
Cine, enseñanza del Derecho y argumentación jurídica............................ 179 Roberto Lara Chagoyán
La “revolución” del sistema jurídico mexicano a raíz del artículo 1º constitucional..................................................................................................... 209 Julieta Morales Sánchez
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Índice
El fortalecimiento de la democracia a través de la figura del juzgador..... 239 Rodrigo Moreno Trujillo
Los caminos de la justicia.............................................................................. 255 Jorge Ojeda Velázquez
Reflexiones en torno a la contradicción de tesis 293-2011: La posición de los tratados en el ordenamiento constitucional y el valor de la jurisprudencia de la CIDH...................................................................................... 295 Jorge Mario Pardo Rebolledo
El juicio de amparo y los principios constitucionales del proceso acusatorio: una revisión de la institución de la suplencia de la queja................. 313 Carlos Ríos Espinosa
La investigación jurídica en el Instituto de la Judicatura Federal (19992004)............................................................................................................ 331 Gonzalo Santiago Campos
La justicia, virtud cardinal. Ensayo en homenaje al Magistrado Julio César Vázquez-Mellado......................................................................................... 345 Rosa María Temblador Vidrio
Semblanza del Magistrado Julio César Vázquez-Mellado García Margarita Beatriz Luna Ramos
Ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación
He pasado ya unos minutos frente a la página en blanco, pensando en la forma idónea de comenzar mi semblanza sobre el magistrado Julio César Vázquez-Mellado. Cuando lo recuerdo, cuando rememoro su gesto dulce y sus palabras gratas como los bálsamos, me digo que lo primero que viene a mi mente es un hombre noble. No hay mayor virtud para un impartidor de justicia, para un académico enorme como don Julio César, que un alma noble. Nikos Kazantzakis decía algo que, según me parece, define a la perfección el largo y notable tránsito de don Julio por la carrera jurisdiccional y la enseñanza de esta: Tenemos el deber, más allá de nuestras preocupaciones personales, más allá de nuestros hábitos cómodos, de fijarnos un objetivo por sobre nosotros mismos y esforzarnos por alcanzarlo, desdeñando las risas, el hambre y la muerte. No sólo alcanzarlo. Un alma altiva, cuando alcanza su objetivo, lo desplaza aún más lejos. No alcanzarlo, sino no detenernos nunca en nuestra ascensión. Es el único medio de dar nobleza y utilidad a la vida.
Una revisión cuidadosa de la trayectoria de don Julio César lleva a una certeza inevitable: es un hombre habitado por un dinamismo excepcional, una sabiduría inmensa y una voluntad que, créanme, pocas veces se ve en alguien. Su crecimiento, sin embargo, no se reduce a la configuración de sí mismo, sino a la capacidad de incrementar la bondad en aquello que él toca, la realidad en la que él vive. Don Julio César, pues, es uno de esos seres inusuales que inyectan vida a lo que está a su alrededor. Su lucha incansable, interesada solamente por una voluntad genuina de servicio, de búsqueda del bien, es la prueba más dura y fehaciente de aquello que, en el fondo, lo distingue de entre los hombres de su tiempo: un corazón cálido, lleno de franca nobleza. El magistrado Julio César Vázquez-Mellado García nació el 17 de septiembre de 1940. Don Julio César, al nacer, llevaba la marca que
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distingue a los hombres nobles. Desde muy jovencito, el magistrado se caracterizó por su notable trabajo académico. Estudió en el Centro Universitario México, escuela que ha sido cuna de grandes pensadores y artistas. Al llegar ese momento crucial para la vida de todos, que es la elección de una carrera universitaria, optó por estudiar filosofía. Sin embargo, siendo hijastro del Ministro Rafael Rojina Villegas, don Julio César decidió postergar sus estudios en filosofía para tomar la licenciatura en Derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México, de la que se graduó en 1959. Estamos frente a un hombre de academia, por lo que no debe sorprendernos la cantidad de posgrados que ha realizado. Posee un máster en Derecho Civil y Familiar por la Universidad Autónoma de Barcelona. Además, realizó una maestría en Ciencias Jurídicas por la Universidad Panamericana, grado que le fue concedido con mención honorífica. Es doctor en Derecho por la misma universidad, donde también obtuvo su merecido honor al graduarse. Ingresó al Poder Judicial como Oficial Judicial “J” en un tribunal colegiado. Su nombramiento fue expedido por el señor Ernesto Aguilar Álvarez, quien en nuestra Corte se desempeñó como Magistrado y luego como Ministro. De ímpetu incansable, don Julio César comenzó a proyectar apenas unos dos o tres años después de entrar a la Corte. Por lo demás, fundó el Colegio de Secretarios de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Después, entre muchas otras cuestiones, vino su primera adscripción como Magistrado en Hermosillo. En un principio, tuvo que confrontar una situación compleja, pero de allí aprendió que la adversidad puede enfrentarse con educación, humildad y paciencia. Como siempre ha sido su sello, allí se distinguió entre los colegas por su cualidad de innovación. Entonces, él ya hablaba de derechos humanos sin que la reforma al artículo primero constitucional se hubiera dado. Después, fue llevado a Querétaro donde inauguró el vigésimo segundo circuito. A partir de ese momento, tuvo un camino en ascenso. En 1999, recibió la llamada para ser invitado a dirigir el Instituto de la Judicatura Federal que, durante sus dos administraciones, tuvo logros sin precedentes en la historia de la Escuela Judicial. Don Julio César se ha desempeñado, al interior del Poder Judicial de la Federación, como Oficial Judicial y Actuario del Segundo Tribunal Colegiado del Primer Circuito; Jefe de Oficina de la Subsecretaría de Acuerdos de la Suprema Corte de Justicia de la Nación; Secretario del Segundo Tribunal Colegiado en Materia Civil del Primer Circuito;
Semblanza del Magistrado Julio César Vázquez-Mellado García
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Secretario de Estudio y Cuenta de la Primera y Tercera Salas de la Suprema Corte de Justicia de la Nación; a partir de 1990 ocupa el cargo de Magistrado de Circuito Director General del Instituto de la Judicatura Federal. Recuerdo cuando lo conocí, corría el año de 1984. El Magistrado fungía como Secretario Auxiliar. Desde entonces me percaté de ese halo de bondad e inteligencia que siempre lo han caracterizado. Dice Rosa Montero que la verdadera nobleza es caminar toda la vida con pasos que salen del corazón; que tus actos estén de acuerdo con tus ideas, aunque el precio sea alto. Estoy segura de que sus colegas, sus estudiantes, sus hijos y sus hermosos nietos pensamos eso de don Julio César. Finalmente, sus pasos, como sus palabras, son un maridaje perfecto de pasión e intelecto. Eso es la sabiduría, eso es la virtud: que la bondad de los hombres se constituya como un justo medio entre inteligencia y emoción. Sólo de esta forma es posible llevar un cauce como el que el magistrado ha logrado, cuya distinción es un constante servicio a la patria, una incansable lucha por el bienestar humano. No podríamos esperar menos de un lector voraz y un estudioso insaciable. Don Julio César, lo sabemos, se ha nutrido de un cúmulo incuantificable, casi borgeano, de títulos bibliográficos. A veces me da por pensar que su mente es una especie de laberinto infinito que carece de centro. No se me ocurre otra forma de definir su gran sabiduría, que siempre me ha asombrado mucho. Los efectos de su estudio sensible pueden apreciarse en los testimonios de sus discípulos. Se dice que su dinámica de trabajo es abierta, sí, pero nunca simplista. Esa es la marca más notable, y también la más sincera, de la complejidad intelectual. Nuevamente he pausado el ritmo de mi escritura. Es preciso hacerlo si se pretende aprehender, por medio de palabras, la significación de un espíritu como el de don Julio César. ¿Qué implica, para nuestro cuerpo de colegas, la irrupción de una mirada como la suya, de una labor dedicada en cuerpo y alma al quehacer y pensamiento jurisdiccional? Sabemos que su presencia no puede pasar desapercibida entre nosotros, que la totalidad de sus logros no cabrían en estas humildes páginas. Pero lo más importante, me parece, es que los frutos de su labor seguirán cosechándose con los años, mediante el trabajo de las generaciones de alumnos que ha ayudado a forjar. No debe sorprendernos: el trabajo de los hombres grandes gesta consecuencias a largo plazo, por eso marcan
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la historia de sus épocas respectivas. Tengamos por seguro que la carrera de don Julio César se distingue y se distinguirá por ello, durante muchos, muchísimos años más. Nuestro trabajo es impartir justicia. En este sentido, me gustaría recordar una pequeña cita de Cicerón que engloba el carácter más íntimo, más genuino de nuestra labor: La justicia no espera ningún premio. Se la acepta por ella misma. Y de igual manera son todas las virtudes. Sin embargo, me atrevo a disentir en un punto de la opinión de este personaje célebre. En efecto, no tenemos por qué esperar premios de la justicia. No obstante, el universo en ocasiones sabe reconocer la virtud. Nuestro premio, es estar en contacto con gente como don Julio César: aprenderle, escucharle, dejarse impregnar por aquello que tiene para ofrecer a las sociedades, los pueblos, los individuos. Somos una familia de colegas afortunado de tenerlo cerca, eso está fuera de toda duda. Sabemos que nuestra tarea no es fácil. Ella exige una gran responsabilidad, una gran disposición al trabajo arduo, pues en nuestras manos está la situación de los justiciables, de aquellos a quienes nos debemos en aras de gestar un tejido social que se traduzca en un estado de bienestar. El juez, como el magistrado, precisa de un temple agudísimo, de una capacidad para gestionar apropiadamente aquello que, en sí mismo, podría derivar en tendencias inapropiadas. Nuestro trabajo exige, pues, una especie de ojo clínico. Debemos hacer una lectura adecuada del caso concreto, una interpretación y aplicación de normas completamente desprovistas de vicios. No podemos desapegarnos de los principios que rigen nuestra función: resolver con apego a derecho y de acuerdo con lo que indique la técnica procesal; velar, desde nuestra Carta Magna, la base de nuestro estado de derecho. He allí lo que distingue a un juez comprometido, conocedor de la condición humana. Recuerdo una carta muy conmovedora que don Julio César escribió para aquellos que se iniciaban como jueces. Sólo puedo definirla como un manifiesto hecho de ternura y sensatez. En ella, el magistrado dice que “la primera virtud que debe ser puesta en práctica [como juez] será la humildad, pues a pesar de la importante labor que significa decir el derecho y dirimir controversias, todo el poder deviene de la ley y del servicio a los demás. La humildad le permitirá actuar con seguirdad y con firmeza frente a los demás y con sentido del deber cumplido frente a su propia conciencia. El justiciable y sus representantes merecen el mejor
Semblanza del Magistrado Julio César Vázquez-Mellado García
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de los tratos, la más democrática de las conductas y la comprensión del juzgador; merece el mayor de los respetos, al cual destruyen la altanería, la suficiencia y dese luego la prepotencia.” Don Julio César sabe que estas actitudes son contrarias a la impartición de justicia, trabajo que nos consume y, a la vez, nos nutre tanto. No puedo sino agradecer la hermosa noción que tiene de nuestra labor. Créanme, su visión es alentadora hoy, en estos tiempos tan difíciles y, por alguna razón, tan esperanzadores. Pocos tienen las virtudes necesarias para desempeñar un trabajo así. Para poder llevarlo a cabo adecuadamente se necesitan años de estudio y esfuerzo arduo. Es preciso resaltar algo que, para don Julio César, debe ser un motivo de orgullo, como lo es para todos nosotros. Me refiero a la integración de una terna para ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Aunque ya haya pasado tiempo de esto, vuelvo a felicitarlo cálidamente. Ha trabajado incansablemente cada uno de los días de su vida, por esa razón ha cosechado los enormes frutos que ahora goza en su vida. Él los merece, merece esa alegría corrosiva que inunda cada día de su existencia. Vale la pena hacer un repaso por los reconocimientos con los que don Julio César ha sido condecorado, pues ellos dan cuenta de sus incansables esfuerzos: Reconocimiento como Huésped Distinguido del Ayuntamiento de Querétaro, en 1979; Diploma al Mérito Universitario, Universidad Intercontinental, en 1982; Doctorado Honoris Causa en Derecho, Universidad Intercontinental, en 1986; Reconocimientos por 30, 40, 45 y 50 años de servicio en el Poder Judicial de la Federación, Consejo de la Judicatura Federal; Distinción al Mérito Judicial “Ignacio L. Vallarta”, correspondiente al año 2011; Integrante en la Terna para Ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, presentada por el Presidente de la República al Senado el día 16 de noviembre de 2012; Presea “Ministro Arturo Serrano Robles”, por parte de Instituto de la Judicatura Federal, en noviembre de 2015. La mayor parte de las personas se preguntan cuál es el sentido de la vida, buscan nociones determinadas en varias fuentes, varios refugios preestablecidos. Sin embargo, don Julio César es uno de esos hombres que saben que el sentido se forja desde uno mismo, que se construye con base en el trabajo, en los golpes que da la vida, pero también en las
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alegrías que ella sabe regalar a aquellos que han decidido vivir y, sobre todo, vivir con dignidad. Sabemos por él, y por sus alumnos, que sus dos pasiones son la academia y la judicatura. Prueba de lo anterior son las excelsas gestiones que usted hizo del Instituto de la Judicatura Federal, Escuela Jurídica, durante 1994 y 2013. Su trabajo allí da cuenta de una gran calidez humana, una notable vocación de servicio y, sobre todo, una visión vanguardista. Estamos conscientes, por lo demás, de que ha dedicado su vida también al Poder Judicial de la Federación, organismo en el que permaneció durante 56 años. Allí supo desempeñarse en todos los puestos y todos los niveles: desde Oficial Judicial hasta Magistrado de Circuito, pasando por funciones de actuaría, Secretaría del Tribunal Colegiado, Secretaría de Estudio y Cuenta en la primera y tercera salas de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Basta escuchar los testimonios de sus allegados para caer en cuenta de todo lo que ha nutrido el contexto en el que el magistrado se desempeña. Se dice que es un hombre cuya dinámica laboral es abierta, pero no por ello menos estricta. La libertad para trabajar que él otorga no es sinónimo de displicencia, sino de obligación a la responsabilidad: si cada allegado suyo tiene cierto margen de decisión personal, es porque el Magistrado lo conoce y es capaz de discernir que, en última instancia, él sabrá hacer con ese margen lo más conveniente para el equipo y para la propia noción de justicia. Finalmente, no hay labor de vanguardia sin invitación a la innovación, a la imaginación creativa. Cada uno de sus estudios personales lleva la marca de los honores. Desde el inicio, don Julio César se distinguió como un estudiante ejemplar. Es poseedor de un alma libre, pero determinada; subversiva, pero de una ética dura como el roble. Esa debe ser la razón de su notable desempeño como responsable del Instituto de la Judicatura Federal. Durante sus gestiones, se crearon casi todas las 41 extensiones que actualmente existen de la Escuela Judicial. Además, durante su última gestión, ha desempeñado una labor que privilegia la actualización de la educación. Como el gran vanguardista que es, el Magistrado no se ha quedado atrás en cuanto a avances tecnológicos y tampoco ha descuidado las actualizaciones que exigen las reformas al sistema jurídico mexicano. Como ha bien mencionado durante su último informe de actividades al interior del Instituto, en este recinto se cultiva una cultura de la lega-
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lidad, pero no se fomenta un clima que exige arbitrariamente cumplir las reglas por ellas mismas. Busca que su alumnado concrete una generación genuina del conocimiento jurídico y, por lo tanto, fomenta en ellos un espíritu crítico, de interrogación constante, como el suyo propio. Finalmente, un maestro no es quien transmite conocimientos a un grupo de agentes pasivos, sino quien hace de sus estudiantes un grupo de personas que cuestiona la totalidad de sus saberes para reafirmarlos, o bien, para corregirlos si es necesario. La nobleza de la que yo hablaba en un principio se trasluce nítidamente en su labor académica y en lo que ha hecho por un organismo tan relevante para nuestro sistema judicial como el Instituto. La tarea de capacitar y formar constantemente a los funcionarios públicos del Poder Judicial de la Federación no es sencilla, pero se erige como una cuestión necesaria para el bienestar de todo el país. Los tiempos que corren exigen una educación de vanguardia. En este sentido, reconozco la implementación del desarrollo por competencias al nuevo diseño del modelo pedagógico del Instituto. En efecto, lo que se busca es el conjunto de cualidades personales para resolver problemas. Sin embargo, don Julio César sabe que esto no es suficiente. El trabajo de nuestros funcionarios públicos no se reduce a la supuesta solución objetiva de conflictos, sino que también contiene una parte notable de sensibilidad. Es por ello que él ha integrado un curso que busca despertar esa cualidad en su alumnado. El nuevo sistema jurídico mexicano no puede estudiarse sólo desde la intelección racional, sino que exige considerar la dimensión personal de los justiciables. Intelectualismo no es virtud, como sabiamente nos ha recordado en otras ocasiones. Es preciso considerar el nodo más íntimo que nos constituye, el nervio humano. No podríamos esperar menos de don Julio César. Durante su carrera ha dejado a su paso una estela de amistades y de bondades entre la gente que le ha seguido y con la que ha entablado amistad. Su visión moderna lo llevó a alcanzar grandes logros. Él supo empujar adelante a la primera generación de la Especialidad de Administración de Justicia en Juzgados de Distrito por parte de la Escuela Judicial. Hoy en día, su alumnado constituye un cuerpo de brillantes magistrados y jueces de distrito. Además, el Magistrado concretó proyectos de sentencias de publicaciones nacionales e internacionales sobre temas
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particularmente complicados, esos asuntos que no todos son capaces de abordar. Así, su trabajo constituye una demostración única de autenticidad, de honestidad intelectual, de rebeldía ante las convenciones de su época, de innovación noble y consciente de la condición humana. Don Julio César ha forjado a varias generaciones de juristas y funcionarios públicos del Poder Judicial de la Federación. La importancia de su labor no lo ha llevado a pisar el terreno de la arrogancia intelectual, sino todo lo contrario. La transmisión del conocimiento suele confundirse, en ocasiones, con una vigilancia del estudiante que hace del profesor una especie de erudito verdugo. Sin embargo, los testimonios de sus allegados dan cuenta de que él posee una virtud inigualable: está enterado de que educar a un alumno no es estar arriba de él, sino a su lado. La pedagogía es un ejercicio de acompañamiento continuo y de gestación de conocimiento mediante la interrogación sobre el mundo, sobre la realidad. En este sentido, él ha hecho una labor notable: la de acompañar a incontables funcionarios públicos en el camino de la búsqueda de su propia voz, su propio sello. Es por eso que es tan querido entre sus discípulos. Eso y su gratitud lo acompañarán por siempre. Por otro lado, y por la colaboración que hemos sostenido, me siento honrada de agradecerle infinitamente el trabajo conjunto que la Escuela Judicial ha desarrollado con el Comité Interinstitucional de Igualdad de Género del Poder Judicial de la Federación, que yo tengo el honor de presidir. Celebro con orgullo y agradecimiento su significativo apoyo. El resultado lo hemos visto ya: hay una creciente sensibilidad y conciencia, entre todas y todos los juzgadores de México, en cuanto la igualdad que es producida por la implementación de la perspectiva de género. La base de todos los logros que él ha gestado reside no sólo en su extraordinario intelecto y en sus años de estudio, sino en la inmensa calidez humana que alberga su corazón. Don Julio César siempre ha sido un hombre de familia. Públicamente ha reconocido que la vida, esta vida que nos ha tocado cursar, le ha dado mucho y en cantidades enormes. Según sus palabras, usted ha cosechado fraternidad, cariño, respeto y amor. Estos son los dones más íntimos, más valiosos que la existencia ha podido regalarnos. Finalmente, el trabajo de la impartición de justicia consiste, en última instancia, en la gestación del bienestar social. La felicidad es el efecto ulterior de aquello que perseguimos, del cumplimiento de nuestro deber. Don Julio César es un hombre alegre y
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en ello percibo algo muy valioso. De mi padre aprendí lo que hoy constituye mi filosofía de vida: a pesar de la adversidad o de la niebla que a veces oscurece los días, siempre hay que ser feliz. De pronto, mientras escribo estas líneas, me pongo a pensar en aquello que el magistrado debe significar para su familia entera. Es maravilloso contar con el afecto incondicional de su esposa, doña Marcela, de sus cuatro hijos y sus catorce nietos. Hace poco, en un discurso, reconoció la entrañable importancia de sus seres queridos en la historia de su existencia. “¿Qué más se le puede pedir a la vida? Y aunque ustedes no lo crean, aún tengo un futuro promisorio por delante. Muchos proyectos y muchos planes. Donde la enseñanza y la judicatura tienen que estar fusionados, porque son los motores de mi vida. Nada hay más honroso para mí, que la honradez que llevan estas dos profesiones, estas dos vocaciones, estos dos amores.” Estamos convencidos de que ese futuro promisorio llegará pronto, de que don Julio César se llenará de dicha los próximos años, día con día. Aunque nuestros caminos no se hayan cruzado tanto, poseo un recuerdo nítido de él. Un hombre de saber y cultura admirables. Por lo demás, siempre he valorado la calidad de su pluma. Don Julio César no sólo es un hombre de leyes, sino también un escritor virtuoso. Su escritura es una de las más notables que he tenido el honor de leer entre nuestros colegas. El estilo es el hombre, decía George-Louis Leclerc, conde de Buffon. El Magistrado es poseedor de un estilo tan pulcro y honesto que, me atrevo a decirlo, no es sino la marca autoral de un ser tan brillante como bondadoso. Es inusual encontrar personas tan particulares, con virtudes tan específicas como las suyas. Don Julio César, celebro su paso por la carrera de la impartición de justicia. Es gracias a ejemplos como el suyo que, los que nos quedamos, podemos darnos aliento en los momentos difíciles. Que no le quede duda: su sola presencia en nuestras vidas ha dejado una huella indeleble en nuestro trabajo, en nuestros corazones. Mi enorme admiración.
Hacia una Escuela Judicial para el siglo XXI Víctor Hugo Gil*
Los jueces y magistrados federales tienen la exigencia de formarse continuamente, desarrollando las habilidades de análisis, crítica, creatividad e innovación para desempeñar su labor. Julio César Vázquez-Mellado, director general del Instituto de la Judicatura Federal, nos habla del trabajo que se hace en la Escuela Judicial de ese órgano para asegurar el profesionalismo de los servidores públicos jurisdiccionales. ¿Cuál cree que ha sido uno de los principales logros del Instituto de la Judicatura Federal-Escuela Judicial durante el primer periodo bajo su dirección? Que las primeras generaciones de la especialidad en administración de justicia en juzgados de distrito hayan sido jueces con una sólida formación, sin quejas ante el consejo ni problemas disciplinarios. En su mayoría —si no es que todos— se convirtieron en magistrados de distrito. En materia de investigación, haber creado diversos espacios de difusión de los estudios elaborados por nuestros especialistas, como es el caso de la revista Juez. Cuadernos de Investigación del Instituto de la Judicatura Federal, por mencionar un ejemplo. ¿Por qué aceptó dirigir nuevamente el Instituto de la Judicatura Federal? Es una oportunidad de revitalizar los programas de formación que, siendo exitosos, fueron dejados de lado sin justificación, pero también
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La presente entrevista fue publicada en la revista El mundo del abogado, México, DF, núm. 180, abril de 2014, pp. 42-45. Puede consultarse en https://issuu. com/elmundodelabogado_/docs/180_2014_abril
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representa la posibilidad de concluir proyectos ambiciosos que no tuve oportunidad de implementar. ¿Cuál es la misión y la visión del Instituto de la Judicatura Federal, pero principalmente de la Escuela Judicial? Somos un órgano auxiliar del Consejo de la Judicatura Federal, al cual apoyamos por medio del perfeccionamiento de profesionales del Derecho, a quienes se les proporcionan las herramientas necesarias para ejercer la función judicial y resolver problemas a través de la correcta aplicación del ordenamiento jurídico. En cuanto a la visión, somos una institución con liderazgo en Iberoamérica por la calidad de nuestras actividades formativas, pues coordinamos el sistema de formación judicial en el ámbito nacional, integrando a la docencia y a la investigación en nuestro modelo de enseñanza, formando y capacitando a servidores públicos judiciales altamente competitivos en la aplicación del Derecho y la justicia. ¿Considera que el rumbo que sigue el Instituto de la Judicatura Federal es el adecuado para los momentos que vive nuestro país? Sí. Actualmente la Escuela Judicial está en un proceso de transformación, sobre todo replanteando su diseño académico, pues tendrá a su cargo la formación y la capacitación de los juzgadores que requiere un país que ha sufrido profundas transformaciones legales y constitucionales en los últimos años. En consecuencia, la formación de jueces del siglo XXI requiere una Escuela Judicial del siglo XXI. ¿Qué mejoraría institucionalmente para que el Instituto de la Judicatura Federal pueda ser considerado la mejor Escuela Judicial en Latinoamérica? A partir de que asumí la dirección de la Escuela Judicial, hace algunos meses, he realizado una reorganización interna de secretarías, direcciones, subdirecciones y jefaturas de departamento, que se ajustan a la visión de una Escuela Judicial del siglo XXI. Se trata de una restructuración orgánica funcional que responde adecuadamente a las necesidades de formación, capacitación, actualización e investigación, soportadas con una metodología pedagógica que permite la planeación estratégica de nuestros programas académicos y convierte a esta institución en un centro de estudios a nivel de posgrado con un reconocimiento oficial que la proyecte como la “Escuela Judicial del siglo XXI”.