L aL lorona y sus hijos Peludos
Hace mucho tiempo en Guatemala vivía una chica llamada María Remedios. Se dice que era una joven hermosa, alta y flaca, teniendo muchos hombres locos por ella pero ninguno le llamaba la atención. Cierto día que regresaba del mercado, se tropezó, botando una de sus frutas, al intentar recogerla vio que una mano la recoge antes que ella y al pararse se topó con un caballero apuesto, que le daba una sonrisa tímida mientras le entregaba su fruta. Rápidamente se hizo amiga del muchacho, el cual se llamaba Gabriel Rosales.
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Pasó el tiempo y los dos se volvieron buenos amigos, ambos se gustaban pero jamás lo decían, cuando un día Gabriel la sorprendió con un picnic y le pidió que fuera su esposa, María aceptó y se casaron. Al cabo de un tiempo llegó a la puerta de su casa, una canasta. Los dos curiosos, la abren y descubren adentro a tres lindos cachorritos, los cuales no dudaron en adoptar y criar como si fueran sus hijos. Los cinco eran felices juntos, pero la desgracia llegó a su familia cuando Gabriel Rosales, enfermo de gravedad, muriendo.
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Cuando Gabriel murió María Remedios lo iba a visitar todos los días a su tumba, estaba largas horas en el cementerio, los cachorritos, no entendían qué había pasado con su papá y no sabían porque su mamá desaparecía por mucho tiempo, hasta que un día María tardó tanto en regresar que los cachorritos se asustaron y salieron a buscarla, llegando a perderse.
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Cuando María llegó a casa descubre que sus hermosos hijos peludos habían desaparecido, los busco gritando y llorando por todo el pueblo:
¡aaaayyyy mis perritos! ¡aayyyy mis hijitos! Muchos pensaron que era un fantasma pero solo era una persona que había perdido a sus amados perritos, los cuales son parte de su familia y los amaba. Pasaron días, cuando María llegó a la salida del pueblo y a lo lejos vio a sus amados hijos peludos, ella no pudo contenerse y gritó esta vez de alegría: - “ ¡Ayyyyy mis hijos!”. Los cachorros escucharon la querida voz de su madre y corrieron a su encuentro, uniéndose los cuatro en un fuerte abrazo.
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Desde ese entonces María Remedios empezó adoptar más perritos y cada vez que veía que se le perdía o escapaba uno iba a buscarlos mientras les gritaba: - “ ¡Ayyyyy mis hijos!”, llegando a ganarse el apodo de “La Llorona”. Cuenta la leyenda que cuando María Remedios murió, su alma ronda por las calles buscando ayudar a perritos sin hogar, llamándolos con su famoso grito: ¡Aaaay mis hijos!.
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Fin
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