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Comentario texto comunicación

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COMENTARIO En este texto se habla de esos procesos de comunicación que se producen en contextos o situaciones variados (la calle, las etiquetas, lugares públicos, etc.), y en los que un emisor, que frecuentemente es una institución y que no va a estar presente en el momento de la recepción, deja distintos mensajes de interés general (indicaciones, sugerencias, prohibiciones…), destinados a un receptor colectivo e indeterminado (los posibles usuarios de un lugar o un producto). El canal es siempre un soporte físico de una señal visual, y se trata de procesos de comunicación unidireccional, en los que emisor y receptor no pueden intercambiar sus papeles. El texto describe como en los últimos años, para este tipo de mensajes, signos no verbales e icónicos han ido sustituyendo a signos lingüísticos escritos. Es decir, se produce la sustitución de un código verbal (y por tanto, simbólico, dentro de la clasificación de Pierce, con una relación arbitraria o convencional entre significante y significado) por un código no verbal icónico (cuyos signos se basan en una relación de semejanza). Su principal ventaja tiene que ver con la descodificación, ya que gracias precisamente a esa relación de parecido, no necesitan de un aprendizaje del código por parte del receptor, como sí ocurre con los símbolos (entre los que se encuentran los signos lingüísticos a los que estas imágenes sustituyen). Así, la descodificación puede ser realizada por hablantes de distintas lenguas e incluso por personas analfabetas. También se alude en el texto al concepto de “ruido” como cualquier elemento que interfiere en el proceso de comunicación, dificultando la llegada del mensaje al receptor. De hecho, explica que estos signos pueden producir este efecto al introducir más imágenes en un mundo demasiado lleno de ellas, lo cual puede hacer que pasen desapercibidas para el receptor, que no recibiría así la información que quieren transmitirle. Aún así, en el texto se señala cómo estos signos icónicos han evolucionado, de forma que a veces esta descodificación (relación del significante con el significado por parte del receptor) no siempre es fácil, al irse haciendo esa relación menos evidente. Tienen su origen son los signos de circulación, aprovechando su carácter articulado; es decir, descomponible en signos menores que se pueden combinar para formar nuevos signos. Así, en estos signos visuales, se emplean algunos de esos signos menores combinados con nuevos iconos para transmitir nuevos mensajes adaptados a cada contexto o situación. Se alude también a las distintas finalidades de estos iconos, que se corresponden con algunas funciones del lenguaje. Básicamente, estos iconos se utilizan con una función representativa o referencial, informando objetivamente sobre distintos aspectos (“nos indican”,“nos advierten”, “nos guían”), con una función apelativa o conativa (“Nos prohíben”, “nos sugieren”), intentando influir el receptor para


que haga o no haga algo y con una función fática o de contacto (“llaman la atención de forma sintética”). La proliferación de imágenes en detrimento de palabras en el mundo actual es lógica por varios motivos. En primer lugar, como bien señala el texto, por la internacionalización, que hace que el mismo mensaje pueda llegar a cualquier persona independientemente del idioma que hable, y en segundo lugar, por resultar más llamativos. Vivimos en un mundo audiovisual, y estamos mucho más acostumbrados a fijarnos en imágenes, que transmiten información de forma mucho más automática que un texto, cuya descodificación es un proceso más complejo, por lo que estas ventajas superan, al menos de momento, a los posibles inconvenientes que señala el texto (poca claridad en algún caso o saturación de imágenes). Es decir, si el uso de este tipo de signos se está extendiendo incluso a ámbitos hasta ahora dominados por la palabra, es simplemente porque los usuarios de la comunicación (emisores y receptores) así lo van prefiriendo y en este caso, esta forma de comunicación no verbal resulta más eficaz que la lingüística, que exige un proceso más complejo por parte del receptor. También me parece muy importante que en un mundo lleno de mensajes estos tengan que resultar llamativos para que el receptor se fije en ellos y reciba así la información: la función fática del lenguaje es en muchas ocasiones la más importante, cuando es el receptor el que tiene la iniciativa para recibir o no las múltiples informaciones que le rodean y que tienen, antes que nada, que captar su atención. Y al parecer, esta función la cumplen más eficazmente elementos no verbales. Por último, es evidente que es el contexto o situación el que impone el uso de un tipo de signos u otros: en este caso estamos ante signos situados a la vista del todo el mundo, con información muchas veces importante que no debe pasar desapercibida y cuya llegada al receptor se garantiza, precisamente, utilizando unos signos llamativos y fácilmente descodificables: imágenes mucho más llamativas visualmente que cualquier palabra, y por tanto, más eficaces comunicativamente en estos contextos.


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Comentario texto comunicación by Teresa Losada Romero - Issuu