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UN PLANETA Ilustración: Oldemar
MINADO
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La furia de las llamadas bombas de racimo (UXO) tiene entre sus víctimas favoritas a los niños. EXPEDIENTE
Por Témoris Grecko
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¿Quién las tira, produce y almacena? ¿Quién las usa?
¿Quién las hace?
¿Quién las guarda?
Al menos 14 países han atacado a otros con ellas.
28 países las han producido
75 países las almacenan
Rusia
Gran Bretaña Holanda Estados Unidos
Francia
Ex Yugoslavia Tadyikistán
Marruecos
Israel Arabia Saudita
Sudán Eritrea Nigeria
S
ot era un chico tímido de 15 años cuyos muñones empezaban poco debajo de ambos codos. Cuando lo conocí, él armaba un rompecabezas con dedicación, encontraba las piezas, las levantaba, las sostenía con los brazos incompletos a la altura de sus ojos para estudiarlas con cuidado, y casi sin dudar, las colocaba en el lugar correcto. No tenía dedos, palmas, pulgares para hacer presión, pero había encontrado una forma propia de hacerlas embonar. Estábamos en el Centro Arrupe de la ciudad de Battambang, Camboya, donde se hospeda, educa y da preparación técnica a 78
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Etiopía
niños y adolescentes afectados por las largas y extremadamente violentas guerras camboyanas. La mayoría de ellos fueron víctimas de las minas antipersonales, un arma traidora que no distingue enemigo y que se queda escondida por décadas bajo la tierra; los soldados se van y nadie sabe de ellas hasta que un día, ¡bum!, un niño, una mujer, un campesino, se para sobre ellas y pierde una pierna, o dos, o la vida. En 1992, la Campaña Internacional para la Prohibición
de las Minas Antipersonales (ICBL) lanzó una iniciativa que ganó el patrocinio del gobierno canadiense, el Premio Nobel de la Paz en 1997, y la firma de una convención en la que los países firmantes se comprometen a no usar, almacenar, producir ni transferir esos instrumentos bélicos. Hasta ahora, 155 naciones lo han signado y ratificado, 40 nada más lo han firmado y sólo países de la categoría de Estados Unidos, Israel, Cuba, Irán, Pakistán y Rusia siguen produciendo minas.
EU, Israel, Cuba, Irán, Pakistán y Rusia siguen produciendo minas.
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Estados Unidos Gran Bretaña España Francia Alemania Israel China Brasil Bulgaria Egipto Grecia India Irán Iraq Italia Japón Corea del Norte Corea del Sur Pakistán Polonia Rumanía Rusia Serbia Singapur Eslovaquia Sudáfrica Suecia Turquía
El caso de Sot era distinto, sin embargo. A él no lo mutiló una bomba enterrada sobre la que se paró inadvertidamente. Dos años atrás, cerca de la aldea, sus amigos habían encontrado un objeto metálico entre la maleza. No hay muchos juguetes en las zonas rurales camboyanas y ellos parecían haber tenido suerte, porque además, parecía que estaba hueco y adentro tenía algo, ¿sería divertido? No había manera de abrirlo. Entonces llegó Sot, siempre tan hábil para descubrir cómo funcionan las cosas, y se lo dieron. Él lo tomó con las manos y, tras comprobar que estaba muy bien sellado, decidió golpearlo contra un árbol, y entonces...
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Estados Unidos Gran Bretaña Francia Israel Brasil Chile España Perú Argelia Angola Austria Azerbaiyán Bahrain Bielorrusia Bosnia Bulgaria Croacia Cuba República Checa Dinamarca Egipto Eritrea Etiopía Finlandia Georgia Alemania Grecia Guinea
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Guinea Bissau Hungría India Indonesia Irán Iraq Italia Japón Jordania Kazajastán Montenegro Corea del Norte Corea del Sur Kuwait Libia Moldavia Mongolia Marruecos Holanda Nigeria Noruega Omán Pakistán Polonia Portugal Rumanía Rusia Arabia Saudita
Muerte indiscriminada
El término técnico para referirse a esos objetos es UXO y describe a una munición sin explotar. Hay un arma de alta tecnología
Tras comprobar que estaba bien sellado, decidió golpearlo contra un árbol... llamada “bomba de racimo”, que en realidad es una especie de garapiñado de centenares
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Serbia Singapur Eslovaquia Sudáfrica Sri Lanka Sudán Suecia Suiza Siria Tailandia Turquía Turkmenistán Ucrania Emiratos Árabes Unidos Uganda Uzbekistán Yemen Zimbabue
de pequeñas bombas o “municiones de racimo”, y que es una gran productora de UXO. Cuando los aviones la arrojan, la bomba de fragmentación cae hasta una altura en la que revienta para desparramar cientos de explosivos en un área similar a la de un estadio de futbol. La mayoría estalla —todo el mundo muere: soldados, campesinos, paseantes. Pero entre 10 y 40% de ellos no truena: los objetos mortales quedan dispersos en el suelo, ocultos bajo las piedras, sumergidos en los arroyos o cubiertos por la hierba, que con los años se recupera de la quemazón y crece. Poco a poco, la gente regresa al área de conflicto, la vuelve a poblar, rehace su EXPEDIENTE
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vida. Hasta que la vaca patea la UXO. O la mueve la mujer que limpia. O los niños la encuentran y la convierten en juguete. La organización británica Handicap International (HI) estima que 90% de las víctimas de este tipo de armas suelen ser civiles. Muchas en el momento del ataque, pero hay todavía más después, a lo largo de los años y las décadas en que permanecen “durmientes” las UXO. Pocos meses después de que conocí a Sot, el ejército israelí invadió Líbano. Entre otros grandes abusos que cometió contra la población civil está el uso masivo de municiones de racimo. Es difícil de creer que una nación que se dice civilizada pueda recurrir a esas armas, pero con todo y el estupor que esta situación provocó, cientos de personas morían a causa de ellas y tal vez miles encontraban la suerte de Sot. El uso de estas bombas “que son indiscriminadas por naturaleza” es evidencia de que Israel violó los acuerdos de Ginebra, los cuales obligan a “tener precauciones constantes durante las operaciones militares para evitar
a la población civil”, establece el informe de Amnistía Internacional. Los cálculos iniciales de Handicap International indicaban que 494 personas perecieron por efecto de las municiones de racimo sólo durante la etapa de acciones bélicas. Actualmente, un promedio de dos a tres personas más mueren o son mutiladas cada mes. Según la ONG estadounidense Human Rights Watch, 90% del millón de fragmentos explosivos que quedaron sin detonar en campos libaneses fue arrojado en las últimas 72 horas del conflicto, cuando las partes ya habían pactado un cese al fuego con la Organización de las Naciones Unidas. Israel se esforzó por dejar un goteo de muertes de inocentes para el futuro.
HI estima que 90% de las víctimas de este tipo de armas suelen ser civiles
Juegos peligrosos
Las minas antipersonales fueron prohibidas hace casi una década, pero las municiones de racimo “son mucho más peligrosas”, explica Cristian Wittmann, un joven abogado ambientalista que luchó contra las minas antipersonales y ahora representa a la campaña brasileña contra las bombas de
racimo. “La mina necesita que alguien la active al pisarla, en tanto que las municiones de racimo ya están activadas”. “¡Cualquier cosa las hace explotar!”, interrumpe Simona Beltrami, integrante italiana de ICBL. Ambos participan en la Coalición Municiones de Racimo, una alianza de grupos civiles que impulsa el llamado Proceso de Oslo, destinado a crear una convención similar a la que prohibió las minas. “Además, el costo de limpieza es mayor —insiste Wittmann—; como son más sensibles y se camuflan mejor (uno no puede estar seguro de si están en el suelo, entre la hierba, detrás de una piedra o atrapadas en la rama de un árbol), son más peligrosas, hay que tener más cuidado y causan más muertes entre quienes tratan de eliminarlas”. Sobre todo, tienen un maligno atractivo para los niños, sus principales víctimas, y los casos se repiten alrededor del mundo, donde han sido utilizadas estas armas. Hassan, por ejemplo, es un chico de 12 años del pueblito de Deir Qanoun, en el sur de Líbano, cerca de la frontera con Israel. A fines de agosto de 2006, días después del fin oficial de las hostilidades entre esos dos países, descubrió un objeto extraño entre las ramas de un naranjo. Los niños que jugaban cerca lo querían para ellos, por lo que Hassan
¿Cómo funcionan?
Infografía: Marino Pérez
I. Es lanzada
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La bomba de racimo, que en este caso es una CBU-87, es tirada desde un avión y puede volar alrededor de 14 kilómetros antes de soltar su carga de 200 municiones explosivas.
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II. Libera municiones
Empieza a girar y se abre a una altitud de 100 a mil metros rociando las municiones sobre un área enorme, las cuales se quedan en árboles, suelo, lagos o arbustos.
III. UXO en tierra
Cada munición es del tamaño de una lata de refresco y contiene cientos de piezas de metal. Cuando explota, provoca heridas mortales hasta a 25 metros de distancia.
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La guerra secreta que duró 10 años Todavía hay entre 21 millones y 62 millones de UXO sin explotar en Laos, y los niños todavía son las principales víctimas.
Foto: Getty Images
lo quiso esconder en su casa. Pero al tratar de guardarlo, se le cayó y explotó: los fragmentos de metal se le incrustaron en los brazos, el estómago, los intestinos y la espalda. Los nervios del hombro quedaron seccionados y perdió tres dedos de la mano derecha. Daños parecidos sufrió Humyn al-Fawka, un muchacho de la misma edad y región que sí estaba al tanto del peligro que representan las UXO y trató de salvar a sus amigos, que habían encontrado una. En el intento, tropezó y cayó sobre ella. Tenía el sueño de estudiar y convertirse en ingeniero, pero ahora debe volver a aprender a mover los brazos y lo que le queda de las manos. Su recuperación será parcial. En Iraq, donde Estados Unidos y Gran Bretaña han arrojado alrededor de dos millones de bombas de racimo sólo desde 2003 (a lo largo de casi dos décadas de conflicto han tirado muchas más), los equipos de Handicap International han encontrado los hospitales desbordados por cientos de sus víctimas. A diferencia de Líbano, donde poco a poco se están llevando a cabo trabajos de limpieza en las áreas afectadas, las pésimas condiciones de seguridad en Iraq impiden que eso se pueda hacer. Sylvain Ogier narra el caso de Akim, un pastorcito de 13 años de Al-Radwaniya que jugaba cerca de la granja de sus padres cuando los aviones estadounidenses lanzaron bombas de racimo. Su cuerpo quedó marcado por un sinfín de esquirlas que lo atravesaron y su fracturada pierna derecha se mantiene firme gracias a que está sostenida externamente por una vara de hierro. También los adultos caen víctimas. Como Satar, de 34 años, quien vive con su esposa, seis hijos y sus padres en una granja cerca del pueblo de Alumaishiyah y durante años tuvo miedo de que algún miembro de su familia pudiera morir a causa de las municiones de racimo que saturan la zona. Como no llegaba nadie a limpiarlas, en 2006 decidió emprender el trabajo por sí mismo, sin el entrenamiento ni el equipo necesarios. Era predecible lo que ocurriría. Perdió tres dedos de cada mano y las quemaduras en el abdomen y los trozos de metal que todavía están en su cuerpo le producen un enorme sufrimiento.
En Laos, un país muy pequeño del sudeste de Asia, la gente todavía muere por una guerra de hace 40 años que EU llevó de 1964 a 1973 sin informar a la opinión pública. Washington lanzó operaciones aéreas masivas de tal dimensión (580 mil 944 vuelos en total) que superó en 50% las que realizó durante 15 años en Vietnam. A lo largo del conflicto dejó caer sobre Laos el cargamento completo de un avión bombardero cada ocho minutos. Al final, había arrojado 1.9 millones de toneladas de metal, el equivalente a media tonelada por cada hombre, mujer y niño que vivía allí.
mismo hizo la OTAN en Kosovo en 1999: fueron a echar a los serbios de allí para que los kosovares vivieran en paz en sus tierras... regadas con más de 300 mil bombas de racimo arrojadas por sus "salvadores". El 17 de agosto de ese año, Adnan, un niño de siete años, encontró una caja amarilla de metal mientras se bañaba en un lago y la entregó a su familia. Adnan no sabía que jugaba con una poderosa submunición BLU-97 que no había estallado. Pero lo supo cuando su hermano, Gazmend, de 17 años, la examinaba. La explosión mató instantáneamente a Gazmend y a su padre, mientras que Adnan fue herido en el brazo y en la pierna. Al día siguiente, su hermana fue a buscar las cosas que habían dejado durante el drama. El último error de su vida fue tropezar con otra
EU y GB han arrojado en Iraq dos millones de bombas de racimo sólo desde 2003.
Iraq: bajo el metal
Estados Unidos y sus aliados invadieron Iraq con el pretexto de liberar a su pueblo. Y lo 82
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submunición. Después de la doble tragedia sólo quedaron Adnan, su otra hermana y su madre, quienes ahora viven con la pensión de 90 dólares mensuales que dejó su padre. En Afganistán ya van a cumplir 30 años de vivir entre UXO. Primero las arrojaron los rusos, en los años 80, después las facciones afganas rivales, en los 90, y a partir de 2001, los "liberadores" estadounidenses.
Si te interesa Coalición Municiones de Racimo (CLC) www.stopclustermunitions.org Internacional Campaign to Ban Landmines www.icbl.org Handicap Internacional www.handicap-international.org
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