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sociedad • Por Susana Parejas (desde Nueva York) • FOTOS gentileza Mingjia Dai

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NY TAN GO En la Gran Manzana hay milongas que permiten despuntar el vicio del 2 por 4 todos los días de la semana. Una recorrida por los lugares y personajes más tradicionales, pero también por los que intentan algo nuevo.

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al vez muchos neoyorquinos no sepan que fue en la ciudad de Nueva York, donde un purrete de catorce años tocó su bandoneón para el “Zorzal criollo”. Tal vez haya que explicarles que ese niño criado en la calle St. Marks Place, en la zona del Greenwich Village, a pocas cuadras de Broadway, se llamaba Astor Piazzolla y que ese bandoneón se lo había comprado por pocos dólares su papá Nonino, a los nueve años. Lo más seguro es que no haya que explicarles quién es Gardel y mucho menos quién es Piazzolla. Por lo menos, a quienes forman parte del circuito que componen las milongas en la Gran Manzana. No sólo saben quiénes son, también bailan su música, y lo hacen a su manera en un ámbito que escenográficamente no se diferencia mucho de las milongas porteñas. El viaje a la Gran Manzana incluye un desafío: una milonga para bailar cada día de la semana. ¿Las hay? Sí, y más de una. Cada una de las milongas tiene su propia fisonomía, sus organizadores y sus lugares en distintos puntos de la ciudad. Cada una tiene sus propias historias hilvanadas entre tandas de tangos, que por momentos hacen olvidar el lugar. Amnesia temporaria que dura hasta que por la madrugada, cuando a la salida los taxis amarillos nos delatan que estamos a miles de kilómetros de Buenos Aires. Aldo Zamudio es argentino, vive en Nueva York desde 1987, es de Curuzú Cuatiá, Corrientes, y trabaja como investigador asociado senior en el Mount Sinai School of Medicine. Pero, sobre todo, es tanguero de alma, y es el guía “ad honórem” ideal: conoce a fondo el circuito. Su gusto por el tango comenzó cuando de chico veía a sus papás bailarlo, luego Piazzolla lo enamoró. “Fui siempre un enamorado de su música, sobre todo porque en mi juventud me identificaba más con su clase de tango, que con los que silbaba, cantaba, o bailaba mi padre, un tanguero de toda su vida”, admite. Aldo baila tango 3 o 4 veces a la semana y

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la milonga La nacionalfuncionaen eledificioAsociación Española, último vestigio de la little spain.

se anima a acercar una comparación con las milongas porteñas. “En términos generales, el baile en la Argentina es más tradicional, con más énfasis en la conexión, en el abrazo, en la musicalidad y en el respeto a la propia y demás parejas de baile en la pista. Tradición importada. Ubicada en la calle 14 entre la 7ma. y 8va. avenidas, en un edificio típico neoyorkino, está la sede de la Asociación Española, el último vestigio de uno de los enclaves españoles más grandes de Nueva York, que fue popularmente conocido como la Little Spain. Aquí es el lugar donde cada jueves, a partir de las 21, funciona la milonga La Nacional. Organizada por Coco Arregui, quien recuerda que cuando llegó, allá por fines de los setenta, el tango sólo se escuchaba en Queens, pero en restaurantes y boliches. “Acá venía Alberto Castillo, Alberto Podestá. Cuando apareció el espectáculo Tango Argentino en el ’85, fue un furor, todo el mundo se sorprendió. Ahí estaban los grandes, los veteranos, cuando lo vieron a Virulazo en el escenario la gente se reía porque lo veían gordo y se preguntaban qué iba a hacer y cuando empezó a bailar se caía el teatro”, recuerda Arregui. Tango Argentino fue un suceso tan grande que después todas las escuelas de danzas empezaron a dar clases de tango y empezaron a invitar a estos bailarines para enseñar. “En realidad nadie sabía cómo enseñar, cómo era el tema, y em-

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“el cabeceo no existe, la gente te viene a invitar a la mesa, por lo general el ambiente es bastante oscuro, se ve poco y es más difícil cabecear.” pezaron a inventar de a poco. Y ahí surgió un interés, nacieron varias escuelas, pequeñas iniciativas, comenzaron a dar clases que mezclaban el tango americano con el argentino. Con el tiempo se fue puliendo, sobre todo a través de importar bailarines argentinos que empezaron a venir y a enseñar”, recuerda Arregui sobre el comienzo de un fenómeno que no paró. Desde hace 16 años que abrió La Nacional, junto con su socio Juan Pablo Vicente. “Siempre en el mismo lugar, todos los jueves, es una milonga tradicional, no vas a ver gente volando por el aire o nada por el estilo”, aclara. En La Nacional hay unas lamparitas rojas que asemejan a las viejas milongas de barrio, una pista se abre en el medio del salón, rodeadas por sillas donde los bailarines descansan entre tanda y tanda. “El cabeceo no existe. Acá la gente te viene a invitar a la mesa, por lo general el am-

biente es bastante oscuro y es más difícil el cabeceo. Ésta es la torre de Babel, hay japoneses, chinos, tailandeses”, agrega. códigoS. Es necesario tener los cuatro números que ofician de llave para que se abra la puerta del edificio que está a media cuadra del Madison Square Garden. Generalmente está pegado en el portero eléctrico, pero los habitúes ya lo saben de memoria. Allí, en el cuarto piso aparece Tango Café, una milonga organizada por Adam Hoopengardner y Ciko. “Queríamos algo diferente. Los miércoles era difícil, había muchas milongas en la misma noche y los martes y jueves fueron dos noches fuertes de la escena de Nueva York, así que creo que también era otra manera de sobrevivir, ofreciendo algo diferente”, explica Ciko. Esta milonga se caracteriza por funcionar en un estudio de danza y por ser más


Para sacarle viruta al piso… ENSUEÑO MILONGA

Lunes. 9.30 pm a 1 am, en Ukraininian Village, en el East Village (140 2da. Avenida y calle 9. Pista amplia, con un restaurante de comida ucraniana en el frente. Organizador y disc-jockey Tioma Maloratsky, co-organizador Jose Fluk. Buenos bailarines, música muy tradicional, atmósfera placentera y semiformal. Se puede llegar en los subtes 6, N, R o L, o en varios colectivos. u$s13 la milonga, u$s 5 la clase.

VOLVO TANGO

Miércoles 5 a 9 pm, domingos 3 pm a puesta del sol (depende de la época del año y del estado del tiempo), en el Pier 45, Christopher Street y Río Hudson (Greenwich Village), música con IPod, comida traída por bailarines, hermosas vistas, atardecer. Se llega en subte 1, parada Christopher St., caminando 6 cuadras hacia el río. Donación sugerida u$s10.

TANGO CAFÉ

Miércoles 10 pm a 2 am, en Club 412 (You Should Be Dancing), 8va. Avenida, entre 31 y 32, dos pistas, una alternativa (grande) y otra tradicional (chica), organizada por Adam Hoopengardner & Ciko. Bailarines jóvenes y alternativos en su mayoría. Se puede llegar en subte líneas A, C y E, a media cuadra del Madison Square Garden. u$s12.

LA NACIONAL

Jueves 9.30 pm a 1.30 am, en Centro Español Benevolente La Nacional, 14 calle entre 7ma. y 8va. avenida. La más tradicional. Buenos DJ, María Jose Sosa, Tioma, Ilene Marder. Coco Arregui y Juan Pablo Vicente co-organizadores. u$s14. Subtes E, A, C, L, 1, 2, 3, F, V.

ATLANTIC TANGO

abierta a ritmos no tan clásicos; se puede escuchar el jazz hasta a Kevin Johansen, pero siempre se baila al ritmo del tango. El ambiente es relajado e informal. “Nuestro objetivo en los últimos 2 años fue tratar de empujar el límite de las horas de una milonga en una noche de semana. Antes terminaba a la 1 de la mañana y ahora, a las 2.30. Quisimos romper esa sensación de ir a bailar y pensar que al otro día hay que levantarse para ir a trabajar. Es bueno ver a la gente quedarse a bailar cada vez más tarde”, se entusiasma Adam. Walter Pérez recaló en Nueva York por el 2000, es bailarín profesional y está comprometido con el llamado tan-

go queer. Además, organiza en Brooklyn junto con su pareja Leonardo Sardella, la milonga Atlantic Tango. “El tango va cambiando con el tiempo y con la sociedad. Las parejas del mismo sexo quieren ser reconocidas y quieren tener un lugar dentro del tango y por eso se organizan para tener sus propios lugares y organizan sus festivales. El festival más grande es en Hamburgo, que ya cumplió 10 años. Y como en el tango se habla de relaciones, las relaciones no son nada más entre hombres y mujeres. Por suerte acá no hay mucha homofobia”, reconoce. “Yo pasé por muchas etapas por el tango”, confiesa otro fanático, Tioma Ma-

Todos los martes por la noche en 388 Atlantic Av., Brooklyn, cerca de la estación de subte Nevins (Líneas: 2, 3, 4 y 5). Organizada por Walter Pérez, Leo Sardella y Glykeria Manis. Clase a las 19, el baile abierto 20-23. Ambiente agradable, buena música. Milonga: u$s10, clase y milonga: u$s15.

TANGO IN THE SQUARE

Domingos en verano, 6 a 9.30 pm. Glorieta en el parque Union Square, calle 17 entre Broadway y Park Ave. Baile afuera y adentro de la glorieta cuando no llueve. Clases gratis a las 7.30 pm. Performance a las 8.30. Organizador: Coco Arregui. Bandas en vivo una vez al mes. Carrito con empanadas y choripán a la entrada. Donación sugerida u$s 5-10. Punto de intersección de casi todas las líneas de subte de Manhattan.

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lamilongadeunion square un clásico del verano (arriba). tango café, la cita ofrece una propuesta más alternativa (abajo) .

“las milongas están centralizadas, lo que hace más fácil que la gente participe. Tener un sistema de trenes las 24 horas también ayuda.” 40

loratsky. Nació en Rusia, pero vino a los Estados Unidos hace 24 años: “ya no sé si soy ruso, americano o argentino”, dice este bailarín profesional y organizador de la milonga Ensueño. “Primero pasé por el estado de una persona que baila por el placer de bailar, después un profesional, y más tarde uno que se entrenó con los milongueros de Buenos Aires y quería el tango de ellos, el tango más auténtico. Pero después llegó un momento que me abrió una cosa más universal con el tango, que ya no es tango argentino, ruso, americano, que es tango como un arte que se puede usar para una evolución personal, física, psicológica, la posibilidad de progreso personal”, asegura Tioma, quien siempre luce de estricto traje oscuro. Mientras se escucha a Di Sarli, con el río Hudson de fondo, surge la gran pregunta, ¿por qué las milongas atraen a tanta gente en Nueva York? Para Coco Arregui el éxito del tango en esta ciudad tiene que ver con la intimidad del baile: “Es el momento del abrazo, esa parte del abrazo que tiene el tango es algo que atrae muchísimo a la gente. Hay una intimidad en el abrazo que es tan linda, en las grandes ciudades hay mucha gente que vive sola, viene acá y se abraza con alguien un ratito y es un gusto, realmente”. Adam Hoopengardner sostiene que “son convenientes, ya que están todas relativamente cerca, están centralizadas, lo que hace más fácil que la gente participe. Tener un sistema de trenes las 24 horas también ayuda, ya que da a la gente la opción de quedarse más tarde y no preocuparse por la molestia de volver a casa”. Es como dice Adam, mientras muchos neoyorkinos duermen, otros están bailando al ritmo de las grandes orquestas sin pensar para nada en lo que les espera luego del amanecer.


Milongas en Nueva York